13 Ago 2008

Las Huertas Murcianas Eran Un Paraíso

Escrito por: Aurelio Mena Hornero el 13 Ago 2008 - URL Permanente

Félix Luengo Blanco nació en Madrid en 1921 y tiene pocos recuerdos anteriores a la guerra. Sólo recuerda su afición por los aviones, que aún conserva y le ha llevado a tener treinta y cuatro maquetas de aviones, una de ellas a tamaño real, y otra de automóvil expuestas en el Museo del Aire de Madrid.

Héroe De Guerra Republicano

Cuando comenzó la guerra, trabajaba en el número 4 de la calle Toledo como mecánico de máquinas de escribir. También estudiaba Orientación Profesional.

Recuerda cómo las autoridades cuidaban de que hubiera orden y la gente mayor, desconcertada, tenía miedo de lo que se les avecinaba.

Félix quería ingresar en Aviación, pero debido al conflicto tuvo que esperar hasta 1937. Hasta el 17 de febrero de 1937 permaneció en Madrid aguantando bombardeos y necesidades. Luego se trasladó a Murcia con su familia, ya que las posibilidades en Madrid eran pocas; él mismo describe las huertas murcianas como un paraíso, ya que la gente que allí habitaba no conocía el hambre.

Su padre era considerado como héroe de guerra de parte de los republicanos y copio textualmente un párrafo de la revista Ahora:

«...se concede el empleo de capitán al heroico teniente Félix Luengo Matesanz por orden del Ministerio de Marina y Aire del que fue alférez y posteriormente ascendió a teniente, Félix Luengo Matesanz, como recompensa a los méritos contenidos y valores demostrados en las operaciones del sector del centro y que murió a consecuencia de las heridas sufridas en Somosierra el 27 de Julio de 1936. Valencia, 21 de enero de 1937, Indalecio Prieto».

Por lo que su madre recibía el sueldo entero de capitán.

Los Falangistas Pretendían Hacerles La Vida Imposible

Debido a la muerte de su padre en una acción de guerra, Félix tenía derecho a ingresar en el Arma de Aviación. Por haber hecho el curso de Orientación Profesional como mecánico en una escuela del Estado, tuvo la posibilidad de incorporarse a la fábrica de aviones que había en Murcia. Se encontraba en la sección de utillaje, donde los hacían para el Polikarpov 1-15, conocido por “Chato”. Anteriormente estuvieron fabricando los aviones franceses Marcenbloch.

Confiesa que era fiel a la República, porque estaba en zona republicana; que todo dependía del lugar geográfico en que uno se encontraba, ya que si eras republicano y estabas en zona falangista tenías que amoldarte a aquella ideología para no ser fusilado.

Aún recuerda cómo a comienzos de la guerra los vecinos se denunciaban entre ellos por envidia, incluso por rencor y cómo los falangistas pretendían hacerles la vida imposible.

Intercambiaban Papel por Tabaco

Durante la guerra en Murcia los hortelanos no querían dinero, que no valía en un noventa por ciento, por lo que se empleaba el trueque. Uno de los bienes más escasos en el lado republicano era el tabaco, mientras que abundaba en el lado “nacional”, pero los librillos de papel llamados "paratodos" escaseaban. Aunque resulte paradójico en los frentes estabilizados los bandos contarios intercambiaban tabaco y papel; salían con bandera blanca y por el camino se hacía el trueque. Incluso se comunicaban entre ellos, Félix dice que eran casi como de la familia.

El Primer Bombardeo de Madrid

Félix regresó a Madrid y tuvo suerte debido a que se colocó en una buena empresa por lo que la familia salía adelante.

Además recuerda cómo la gente se agolpaba en la cola del pan para conseguir medio kilo por persona que apenas les valía. Un día, mientras todos sus primos y hermanos permanecían en ella, vio a un panadero salir y lo siguió; vio como se metía en un portal de la calle Virtudes, cogía trozos de pan y subía las escaleras. Entonces él se acerco y robó un pan de un kilo. Sabía que estaba mal, pero las circunstancias lo obligaban a ello, que aún no había cartilla de racionamiento.

Cuando los “nacionales” atacaron Madrid, los frentes se estabilizaron, como el de el alto de Extremadura, llamado la Torre Bufarul, por el de un hotel, incluso en la ciudad universitaria dentro de los edificios.

Recuerda el primer bombardeo en Madrid, que fue en Cibeles, en el paseo del Prado, y rompió el león de la izquierda, más tarde restaurado. Debido a esto, las puertas de las iglesias y demás fuentes y monumentos fueron protegidos de forma que no se dañaran.

La capital quedó destrozada después de los bombardeos. Los grupos republicanos salían a la calle y comenzaron a colocar carteles en los que ponía “No pasarán”. Félix tuvo la oportunidad de colocar uno de ellos, ya que pertenecía a un grupo comunista.

Fusilamiento En El Puente De Segovia

Félix cuenta que un día cayó un proyectil de artillería en la calle Segovia donde murieron cuatro o cinco soldados; el se libró ya que tuvo la suerte y el tiempo suficiente para esconderse en un portal.

Unos de sus recuerdos más significativos fue el de un día de verano cuando por curiosidad siguió a unos hombres que marchaban hacia el puente de Segovia y allí, entre los castaños, presenció el fusilamiento de una persona, sacerdote o sacristán, porque llevaba una especie de sotana.

A Punto De Pasearlo

Pero lo que recuerda con exactitud, como si hubiese ocurrido ayer, fue el día de San Antonio de 1939, cuando lo detuvieron a las doce de la noche con la intención de fusilarlo.

Lo llevaron al centro de Falange, allí lo redujeron entre doce hombres y le dieron una paliza que casi lo mata; pero con la buena suerte de que no llegaron a fusilarlo. Félix fue a la casa de socorro, a pesar de que el sereno le aconsejo que no lo hiciera ya que tendría que dar explicaciones a la policía de lo ocurrido. Pero no importaba ya que eso era lo que pretendía.

Después de la cura, un policía lo acompañó hasta la comisaría, que se encontraba al lado de su casa, donde denunció lo ocurrido. El comisario ordenó la detención de los doce individuos, que no volvieron a molestarlo.

El hombre que ordenó su detención, marchó luego a la División azul y a través de uno de sus hermanos le hizo llegar una nota en la que le pedía disculpas por lo ocurrido y le decía que había sido una cosa de niños. Falleció poco después en Stalingrado, donde también se encontraba Jesús, un hermano de Félix.

Enfrentados Por La Ideología

También recuerda una serie de hechos muy tristes como a su vecino e intimo amigo Pedro Martín; además ambos eran grandes aficionados a la aviación.

Terminada la guerra, Félix bajaba las escaleras del metro de Sol a la vez que este amigo subía. Félix se alegro mucho de verlo, ya que hacia tiempo que no se veían, lo saludó y lo abrazó, a lo que Pedro contestó que no quería nada con rojos, lo cual lo entristeció, porque habían sido como hermanos.

Pedro era de ideología nacionalista debido a que su padre fue retirado por la Ley de Azaña, que pretendía reducir el Ejército considerablemente; por ese motivo padre e hijo eran contrarios a la República.

Su afición a la aviación le hizo llegar a sargento mecánico. Murió en un accidente con un Junker en Sierra Nevada en 1941, que Félix sintió pese a todo.

Aún hoy, Félix piensa que, pasado un tiempo, habrían vuelto a ser grandes amigos.

Félix piensa que las guerras no deberían de existir. Conserva sus ideas políticas, pero no como antes, y dice que los ideales cuando uno es joven se viven con mucha euforia política, pero que, camino de los 82 años, todo eso se borra.

Opinión De La Alumna

Yo creo que, como dice mi abuelo, en las guerras nadie gana.

Las guerras no solamente se hacen con bombas, sino también en las oficinas, comedores, hospitales, es decir, las guerras no las sufren quien las convoca, sino el pueblo.

Creo que todo esto resulta demasiado evidente, más aún cuando tenemos una guerra cercana como la de EEUU e Irak. ¿Qué mueve esta guerra? El dinero por supuesto. El Gobierno español quiere entrar en ella para alcanzar una mayor participación en el reparto de petróleo, ya que España tan solo posee el uno por ciento del petróleo que consume.

¿Merece la pena quitarle la vida a miles de personas a cambio de unos miles de millones de dólares o euros?

Lo más triste y desconcertante es que a Bush y Aznar sí les merece la pena.

Por lo que una vez más repito esa frase tan escuchada en los dos últimos meses: "NO A LA GUERRA"

M. P. L., curso 2002-03

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Sobre este blog

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Memorias de un Tiempo de Horror y Muerte

Soy profesor de historia jubilado. He trabajado en el I.E.S. “Mariano José de Larra” con alumnos de 3º de BUP primero y de 2º de Bachillerato LOGSE después. Al comienzo de los años noventa, para que entendieran la continuidad del tiempo histórico con el tiempo de la vida, para que valoraran su presente en relación al pasado, les propuse un cuestionario y les pedí que entrevistasen a sus abuelos. El resultado son dos informes que genéricamente titulo “La Guerra de Nuestros Abuelos”: El primero se puede ver en el enlace abajo indicado, el segundo se inicia en este “blog”.

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