10 Oct 2008

San Vitero (Zamora) Hace Setenta Años

Escrito por: Aurelio Mena Hornero el 10 Oct 2008 - URL Permanente

Abuelo materno: Gerardo Poyo, camionero, nacido el 1919, en San Vitero (Zamora).

Abuelo paterno: Anastasio del Buey, molinero y agricultor, nacido el 1923, en San Vitero (Zamora)

1.- ¿Cómo se vivía cuando tú tenías 17 ó 18 años? (abuelo paterno)

Cuando yo tenía tu edad, se vivía en unas condiciones muy malas, porque se tenía que empezar a trabajar desde muy pequeño, ya que tanto mi trabajo como el de mis hermanos era muy necesario para el sostenimiento de la familia, como consecuencia de lo cual no podíamos ir a la escuela, por lo que mucha gente no sabía leer ni escribir, cosa en la que me sentía un privilegiado porque yo sí había logrado aprender a escribir y leer.

Aparte de esto, los alimentos que se tomaban eran de escasa calidad y de muy baja capacidad nutritiva, ya que casi única y exclusivamente tomábamos lo que nosotros mismos cultivábamos, y siempre los más asequibles de producir y de mantener, de ahí que aparecieran también más enfermedades con peores consecuencias que actualmente, porque por aquel entonces no se conocían tantos medicamentos como ahora, y un simple catarro en una persona un poco mayor podía tener consecuencias nefastas y ya ni hablamos de enfermedades más graves, y todo esto se agravaba un poco más con la falta de higiene, ya que por aquel entonces la gente se lavaba poco y mal porque no había agua corriente y había que ir a buscarla a la fuente, que no siempre quedaba cerca de casa, por lo que transportar un par de cubos desde la fuente a la casa se hacía muy pesado y costoso.

Para combatir las enfermedades, así como heridas o cualquier clase de mal, se utilizaban los remedios caseros, que no siempre eran beneficiosos, ya que la mayoría de estos remedios se hacían con plantas o con medidas no muy higiénicas, que en vez de acabar con el problema no hacían más que agravarlo.

Otra cosa que también ha cambiado mucho es que, por ejemplo, no había electricidad, por lo que cosas tan habituales como nos parecen a nosotros, el frigorífico, la lavadora o la televisión, y con las que sin ellas no nos hacemos a la idea de poder vivir, no las había, por lo tanto los alimentos no se podían conservar tanto tiempo como ahora, había que lavar a mano y de las cosas que pasaban en España casi ni nos enterábamos.

Otra de las carencias que teníamos por aquel entonces era la ausencia de medios de comunicación, ya que las únicas vías de comunicación con otros pueblos eran caminos de tierra que se hacían impracticables en invierno, transformados en auténticos barrizales, por lo que había épocas del año en la que prácticamente estábamos incomunicados.

Pero a medida que fue pasando el tiempo se fueron introduciendo mejoras hasta llegar a hacerse caminos asfaltados que son lo que conocemos en la actualidad.

En resumen vivíamos en unas condiciones casi infrahumanas, que eran todo lo contrario a las formas de vida de ahora.

2.- ¿Cómo era la relación con los padres? (abuelo paterno)

En la relación con los padres había de todo, como en todas las familias y en todas las épocas, momentos buenos y momentos malos, pero eso sí, era una relación de absoluto respeto, ya que se les respetaba mucho y se hacía todo lo que ellos decían sin reprocharles nada o casi nada, porque ya se sabe que los niños, niños son y no siempre les gusta hacer todo lo que les mandan. Pero es que, la verdad, no quedaba otro remedio que hacer lo que ellos decían, porque si no lo hacías lo único que podías ganar eran unos golpes y luego tener que hacerlo, así que era mejor hacerlo a la primera y te ahorrabas los golpes.

En otras familias la relación era casi inexistente ya que mucha gente tuvo que emigrar a otros países para poder encontrar trabajo y, debido a que los viajes eran costosos, no se podían realizar si no eran absolutamente necesarios, la única relación que se tenía era por medio de cartas, por lo que se pasaban años sin hablar ni una palabra con los padres. Pero sin duda la cara más amarga es la de los niños y mujeres que tuvieron que exiliarse como consecuencia de la guerra y que no han podido volver a saber nada más de sus padres, aunque algunos de ellos, después de muchos años y por medio de programas de televisión han podido volver a ver a sus padres. Por eso, aunque en esa época nuestros padres eran más bien duros y no nos consentían ningún capricho, no nos podemos quejar, porque tuvimos la suerte de estar con ellos durante casi toda su vida.

3.- ¿Había trabajo? ¿Cómo era el trato con los patronos? (abuelo materno)

Claro que había trabajo, porque, si no se trabajaba en el campo, a lo que se dedicaba la mayoría de la población, se podía hacer como ayudante de alguno de los oficios del pueblo, algo más raro porque normalmente la profesión la heredaban los hijos y no solían enseñar el oficio a gente de fuera. Aunque con el trabajo del campo ya sobraba, porque según la época del año había que hacer unas cosas u otras, como sembrar, cosechar, recoger la hierba, ir por leña... y un sin fin de cosas más que no te dejaban parar ni un momento quieto, aparte de cuidar de los animales que se tenían en casa: recoger los huevos de las gallinas, dar de comer a los cerdos, sacar a pastar a las vacas, hacerles la cama... y no sé cuantas cosas más. Y, por si no teníamos poco con esto, teníamos que ayudar a nuestros padres en todo lo que nos dijeran o en todo lo que pudiéramos. En mi caso el único patrón que había era tu bisabuelo y el trato era bueno, aunque con disciplina porque tu bisabuelo era una persona a la que le gustaban las cosas bien hechas y si tenía que hacer algo no paraba hasta que quedara bien hecho, para que nadie le tuviera que reprochar ni echar en cara nunca nada.

Te había dicho que el único patrón que tuve fue tu bisabuelo y no es del todo cierto, porque cuando tuve que emigrar a Francia a la vendimia, allí los patronos eran otros, pero con los que casi no tenía relación porque yo con los que trataba eran con los capataces y con éstos sí que la relación no era muy buena, porque nos tenían prácticamente explotados. Pero no quedaba más remedio si se quería llevar un poco de dinero para casa, que siempre venía bien. Allí estuvimos viviendo mis padres y yo durante cuatro años, pero hartos de aquello y ya con un poco de dinero ahorrado, decidimos volvernos al pueblo y es cuando empecé a trabajar con el camión en una empresa llamada "Los Alistanos" y allí es donde pasé trabajando todos los años posteriores.

4.- ¿Había mucha diferencia entre chicos y chicas? (abuelo paterno)

Por aquel entonces no era una diferencia, sino que los chicos tenían que hacer unas cosas y las chicas otras. Por ejemplo, todo lo relacionado con la casa eran cosas de mujeres y nosotros no hacíamos absolutamente nada, pero en cambio en las labores del campo trabajábamos tanto las chicas como los chicos, porque era necesario para poder comer y aún así no llegaba. Esta concepción de vida, que en los tiempos que corren ahora puede ser concebida como machista, era algo muy normal por aquel entonces porque era lo que te enseñaban tus padres desde muy pequeño y por lo tanto nadie discutía sobre quién tenía que hacer unas cosas y quien otras.

A la hora de desempeñar ciertos oficios también había diferencias, porque había unos oficios que se reservaban a los hombres (la inmensa mayoría) y otros a las mujeres. Como ya te he dicho las mujeres se dedicaban a lavar la ropa, hacer la comida, limpiar la casa... y a ningún hombre se nos pasaba por la cabeza hacer alguna cosa de éstas, salvo fuerza mayor.

Y no sólo había diferencias en el trabajo, sino también en la actitud y muchas de éstas promovidas por la propia Iglesia que tenía un papel fundamental en la vida de las familias religiosas. En teoría las mujeres tenían que respetar a los hombres y hacer lo que ellos dijeran sin reprocharles nada, ya que, según ellos, como eran quienes llevaban el dinero a casa, eran quienes mandaban. Gracias a Dios, esta concepción de la vida ha ido cambiando con el paso del tiempo hasta considerarla en la actualidad como disparatada y las relaciones de pareja están basadas en el respeto mutuo y en la tolerancia, salvo raras excepciones de energúmenos que todavía no saben en que mundo vivimos.

5.- ¿Cómo era una jornada laboral? (abuelo paterno)

Una jornada laboral en el campo por ejemplo en verano comenzaba más o menos cundo salía el sol a las siete de la mañana, te levantabas, te lavabas un poco la cara y tomabas un vaso de leche, eso el que pudiera, porque no todo el mundo tenía vacas que les dieran leche, y aquí era ya cuando verdaderamente empieza la jornada laboral, cogías algo para almorzar e ibas a la huerta a regar un poco o a recoger el trigo o la hierba, o al monte a coger leña para el invierno, a las dos o así, si estabas cerca de casa, ibas a comer allí y si no comías algo de lo que hubieras llevado adonde estuvieras. Si no había mucho trabajo, te podías echar una cabezadita debajo de un árbol y luego a seguir trabajando hasta que prácticamente anochecía. Entonces volvías a casa dabas de comer a todos los animales, cenabas tú algo y a la cama hasta el día siguiente.

Las épocas del año tenían sus ventajas y desventajas, porque por ejemplo en verano, que hay más horas de sol, para los patronos era maravilloso, ya que tenían a sus trabajadores más tiempo trabajando y por lo tanto podían conseguir mayores beneficios, pero la cara opuesta de esto era la de los obreros, porque los días en esta época del año se hacían interminables y aparte de esto las condiciones meteorológicas no eran las mejores, porque en agosto no se trabaja muy bien que digamos. Ah, y esa es otra, porque la gente que trabajaba en el campo, de vacaciones ni hablar, no conocían esa palabra que ahora tanto se espera durante todo el año. Esto era bueno si trabajabas para ti o para tu familia, ya que cuanto más tiempo trabajaras más beneficios sacarías, ya fueran de tipo productivo o monetario.

6.- ¿Cómo era el trabajo en el hogar? (abuelo paterno)

En el hogar había unas tareas que realizaban las mujeres y otras que hacían los hombres, pero al contrario de lo que sucedía en los oficios, aquí la mayor parte del trabajo lo tenía que realizar la mujer, ya que por aquel entonces, cosas como la limpieza o hacer la comida "eran cosas de mujeres", como las solían denominar el sector masculino de la población, pero nosotros tampoco teníamos tiempo para aburrirnos, porque teníamos que cuidar a los animales: darles de comer, quitarles los huevos a las gallinas, sacar a pastar a las vacas... y muchas cosas más. Por lo que, si no teníamos poco con el trabajo que teníamos que hacer en el campo, cuando llegábamos a casa más de lo mismo. Para cualquier otro trabajo que hubiera que hacer, como por ejemplo hacer un cobertizo o cualquier otro trabajo por el estilo, normalmente se aprovechaba la época de invierno ya que con el mal tiempo casi no se salía de casa. Aunque después, cuando me casé con tu abuela y su tía le dejó el molino en herencia, porque no tenía hijos, estuve trabajando en el molino en la ribera, pero allí sólo podía trabajar en invierno, cuando las crecidas de los ríos eran caudalosas, por eso decidimos cambiar el mecanismo del molino, pasarlo a luz y llevarlo al lado de casa, por lo que el trabajo de casa también era el del molino, porque siempre que estaba en casa y llegaba alguien que tenía que moler, lo tenía que hacer. Esto tenía la ventaja de que casi no tenía que salir de casa para trabajar, pero el inconveniente de que como estaba al lado de casa, mucha gente venía a moler a deshoras y no quedaba más remedio que ponerte a moler por no hacerles un feo y esto repercutía en más horas de trabajo de las debidas, más cansancio, aunque como contrapartida, más beneficios.

7.- ¿Tienes algún recuerdo de la República o la guerra? (abuelo materno)

Esta experiencia me ha sido proporcionada por mi madre, que se las contó su padre, es decir, mi abuelo materno. Por aquel entonces mi abuelo era camionero, se dedicaba a transportar todo aquello que me mandaban y en la época de guerra le tocó transportar a presos y detenidos por el régimen autoritario, presos a los que llevaban a matar. Este tiempo fue muy duro para él, ya que, aunque en teoría el estaba desarrollando una labor a favor de la nación, no se libraba de que en cualquier momento uno de aquellos soldados por cualquier insignificante reproche le pegara un tiro.

Su labor fundamental era llevar a un descampado a los presos donde una vez allí serían ejecutados sin remordimiento alguno. Una vez de las que le tocó transportarlos, había un soldado (más en particular era un sargento) muy autoritario, éste no paraba de gritar recriminando a los presos que todo lo que habían hecho lo iban a pagar en unos momentos. Al llegar al descampado dicho sargento bajó a los presos y los puso en fila mandándo a mi abuelo dirigir los faros del camión hacía ellos; pero los nervios le jugaron una mala pasada, porque no acertó a la primera a iluminar y esto enfureció un poco más si cabía al sargento que ardió en cólera recriminándole que si no los iluminaba pronto le tendrían que pegar un tiro también a él. Pero esto no pasó a mayores y todo transcurrió con normalidad, si a este tipo de degradantes actos, que ahora no nos podemos imaginar, se les puede considerar normales. Este tipo de acciones se fueron repitiendo durante los siete años que le tocó estar en el ejército.

8.- ¿Tienes algún recuerdo o experiencia política? (abuelo paterno)

Pues la verdad es que con la política poco o nada tuve que ver, ya que aquí en el pueblo casi todo el mundo estaba “a favor del régimen”, no porque quisieras o porque tus ideologías fueran esas, sino porque todos aquellos que eran contrarios al régimen eran perseguidos y encarcelados.

9.- ¿Tuviste conciencia de la situación política? (abuelo paterno)

Sí tuvimos conciencia de la situación política, aunque nos daba igual tenerla que no, porque lo que había era el régimen de Franco y no quedaba más remedio que aceptarlo. Aunque con la aparición de las primeras radios en los pueblos, ya se conocían las noticias de primera mano y nos enterábamos de lo que pasaba en España, por ejemplo se vivió muy de cerca por todos los españoles la enfermedad de Franco y su posterior muerte. Hasta este momento de la aparición de la radio la única forma de enterarnos de lo que pasaba, era cuando llegaba algún diario regional en manos de alguna persona que viniera de fuera.

10.- ¿Conociste alguna huelga, manifestación o movimiento reivindicativo? (abuelo paterno)

Pues que yo recuerde no, porque como la mayoría de la población se dedicaba a la agricultura y no había huelgas ni nada de eso y además, como no quedaba otro remedio que estar a favor del régimen, no había este tipo de manifestaciones políticas.

11.- ¿Qué se hacía los domingos, días de fiesta o vacaciones? (abuelo paterno)

La verdad es que poco cambiaba con el resto de los días de la semana, por la mañana se iba a misa, cosa que nunca podía faltar ya que casi todo el mundo era católico, no como ahora que vamos cuatro a la Iglesia, después se comía y luego a uno le tocaba salir con las vacas para que pastaran y a otro le tocaba ir a recoger la comida (normalmente, esto le tocaba a tu abuela), ya que el ganado no entiende de domingos ni de nada, aunque se hacía una ligera excepción el día de la fiesta del pueblo, aquel día por la mañana temprano se le recogía la comida y se sacaban las vacas a beber agua y otra vez a la cuadra, después se iba a misa, se comía y por la tarde se iba al baile, que duraba una parte hasta las ocho, la gente se iba a cenar y luego seguía hasta las doce o así, porque, si seguía el baile durante la madrugada, venía la Guardia Civil y nos arrestaban a los que estuviéramos por allí, por eso lo mejor era irse a dormir a casa.

12.- ¿Cómo se vivía la religión? (abuelo paterno)

La religión sobre todo en las zonas rurales se vivía de una forma muy intensa que contrastaba con la situación en las ciudades, ya que allí durante los años 30 dos tercios de los españoles eran católicos no practicantes; es decir, aunque utilizaban las iglesias para bautizos, bodas y funerales, nunca se confesaban ni iban a misa. Pero estas cifras en los pueblos eran muy diferentes, porque se asistía a la iglesia todos los domingos, salvo fuerza mayor o imposibilidad física, y se les tenía mucho respeto a los párrocos de la época, en parte por su vinculación con el régimen, ya que les proporcionaban un respaldo económico, que les era muy útil para la construcción de iglesias o cualquier otra infraestructura religiosa, porque el dinero que recibían de las limosnas no les llegaban para nada.

13.- ¿Qué hacíais para divertiros cuando tú eras joven? (abuelo paterno)

Pues la verdad es que casi no teníamos tiempo para divertirnos, porque, como ya te he contado antes, no quedaba más remedio que trabajar y mucho, si se quería tener una vida un poco digna.

Durante la niñez, que fue la época en que tuve más tiempo para jugar y hacer todas esas cosas que hacen los niños, nos divertíamos con juegos tradicionales como el escondite, liebre... o juegos por el estilo, que no se necesitaba ningún tipo de materiales para poder jugar. Porque por ejemplo los juguetes que teníamos estaban hechos por nosotros o por nuestros padres con materiales fáciles de conseguir y que no nos costaran dinero, porque, si no había dinero para comer, imagínate para comprarnos juguetes.

Una vez que iba creciendo los juguetes y los juegos se fueron olvidando y no quedaba más remedio que trabajar, pero también teníamos momentos para divertirnos, como eran las fiestas de algún pueblo de al lado, a las que aprovechábamos para conocer a las chicas y bailar un poco y en una de estas fiestas es donde conocí a tu abuela.

J. del B. P., curso 2003-04

08 Oct 2008

Morir Sólo Por Ideas Políticas

Escrito por: Aurelio Mena Hornero el 08 Oct 2008 - URL Permanente

Cuando la guerra comenzó, mi abuela Teresa tan sólo tenía seis años y su primer recuerdo es la evacuación a Valdelaguna en 1936, ya comenzada la guerra, desde Morata de Tajuña (Madrid), donde había nacido. Fue la única vez que salió del pueblo durante la de guerra.

Buscaban Refugio En Cuevas

Allí estuvieron hasta que terminó uno de los bombardeos que cayó en los alrededores del pueblo, ya que muy cerca se encontraba emplazado un frente, entre los montes llamados “El Pingarrón” y “La Jara”. Las demás veces que tuvieron que salir del pueblo, se refugiaban en cuevas que había en las afueras, donde tenían colchones para “descansar” y además algo de alimento que se podía conservar dentro de la cueva. Esto ocurría cuando les daba tiempo a alejarse, pero otras veces ni tiempo ni lugar donde refugiarse tenían, así que se tiraban al suelo y a aguantar. Un pequeño detalle era que se metían, atravesado, un palo en la boca, para que el ruido y la honda expansiva de las bombas no les produjese daños internos.

Asesinados Por Los Republicanos

En general cuando estalló la guerra, el pueblo se dividió en dos, los “nacionales” y los republicanos. Mi abuela, como no tenía edad , sólo adoptó una postura “nacional” cuando vio como muchos de sus familiares morían a manos de republicanos, sin embargo su familia, aunque tiraba hacía la derecha, no fue extremista.

En el pueblo había mayor número de republicanos que de “nacionales”, por lo cual dominaron el pueblo. Tampoco había autoridades [sic], por lo cual se vivió esta época con gran represión y miedo.

No se podía hablar, ya que no existía libertad de expresión y muchos de los que hablaban, por no decir todos, morían asesinados por los republicanos, incluso entre hermanos se mataban por defender su ideología.

Le Cortaron Sus Partes Y Se Las Pusieron De Corbata

La familia de mi abuela tenía unas tierras de cultivo que fueron quemadas y destruidas por los republicanos, igual que la iglesia del pueblo. También les arrebataron una mula y un carro.

Tanto la familia de mi abuela como la de mi abuelo eran muy creyentes, por lo cual estaban también en el punto de mira de los republicanos y varios de sus familiares murieron por ello. Un primo hermano de mi abuela iba por la plaza del pueblo y varios republicanos lo pararon y lo obligaron a decir “salud”, pero la respuesta de éste fue “a Dios”, expresión “nacional” que respondió ante la republicana, por eso lo apresaron y allí mismo le cortaron sus partes en vida y se las pusieron de corbata.

A otro lo quemaron vivo por llevar bajo la ropa una medalla de la Virgen. Tenían que tener mucho cuidado con lo que decían y a quien se lo decían, ya que corrían gran riesgo de ser apresados y represaliados por los republicanos.

En el pueblo había un par de familias ricas para la época. Una era la familia de Tomás Casano. Eran de derechas y tenían una fábrica de aceite, que era su medio de vida. Los republicanos estaban al tanto de cuando les llegaba el aceite para así romper las tinajas y derramar todo el aceite que iba calles abajo.

Hasta Que Se Cansaron Y Le Pegaron Dos Tiros

Tenían una pequeña taberna donde se reunían de vez en cuando personas de los dos bandos. Muchas veces los republicanos iban allí en busca de algún “voluntario forzoso” para provocarlo. Una vez elegido, se le acercaban y le decían que le iban a dar “el paseo” del que no volvería. A un primo hermano de mi abuela le dieron el mencionado paseo: lo metieron en un coche, con unos imperdibles le unieron sus partes a la tapicería del coche y lo llevaron por una carretera en muy mal estado, provocándole una tortura cruel, hasta que se cansaron y le pegaron dos tiros.

Había una señora mayor que llevaba algunas bebidas con su burra a la taberna. Un día la oyeron cantar una canción religiosa, que al parecer no les gustó, la mandaron bajar de la burra, buscaron un crucifijo, de los que se acostumbraba a poner encima de la cama, y con un trozo de hilo y un imperdible se lo colgaron de sus partes y ordenaron a la mujer que bailase una jota.

Así muchas otras barbaridades que no menciono porque mi abuela no las presenció.

Perdió Una Mano Por Una Mina Abandonada

Pasaron mucha hambre durante la guerra, ya que la gente no salía al campo por miedo a que los apresasen o simplemente por la cercanía del frente y, sobre todo, por que la mayor parte de los campos estaba destruida. Mis abuelos tenían y tienen un pequeño terreno donde tienen algunos olivos, que ahora dan poco dinero, pero que en esa época podía sacarlos de un apuro. Lo malo era que estaba muy cerca del frente y era muy arriesgado ir, por lo cual no se cosechaba y no podían sacarle dinero.

Cuando acabó la guerra y pudieron ir a la aceituna, al arar y remover el terreno en ocasiones sacaban cadáveres, infinidad de casquillos de bala e incluso minas. El padre de mi abuelo perdió una mano a causa de una de estas minas.

Mucha gente quedó mutilada o murió intentando desactivar estas minas, que llamaban “obuses”, no por el hecho de desactivarlas, sino porque la espoleta tenía plomo, que podían vender.

También buscaban balas, alambradas, fusiles y todo lo que fuese de metal para venderlo. Los más atrevidos se acercaban, con enorme riesgo, al frente en busca de metal, puesto que lo demás estaba muy buscado.

Había Mucha Hambre

No se sabía apenas nada de lo que pasaba en el resto de España, ya que no había ningún tipo de periódico o radio alguna, por lo cual no sabían que sucedía fuera del lugar.

Había mucha hambre. Se comía lo que podían coger del campo, pero era muy escaso, por lo que muchas veces tenían que comer las cáscaras de las patatas e incluso una vez mi abuela encontró una mata de guisantes donde, con muy mala suerte, alguien había hecho sus necesidades, las apartó como pudo y a comer guisantes. El hambre siguió también después de la guerra, ya que una vez finalizada no recibieron gran ayuda. La única ayuda que recibieron fue una mula que tenía más hambre que ellos mismos.

La Legión Entró A Caballo

Para ellos la guerra terminó el día 28 de Marzo de 1939. Lo supieron porque la Legión entró en el pueblo a caballo, con banderas blancas, gritando victoria. El hecho quedó reflejado en una pequeña canción:

«El 28 de Marzo las mozas del pueblo

no sabían que hacer,

si irse con los nacionales o con la 110».*

Tras la guerra se pasó también mucho hambre. Los campos estaban destruidos y muchas casas también. Llegó entonces el momento de levantar lo caído y tras mucho trabajo se reconstruyó el pueblo hacia el año 1942.

Siguieron Odiándose, Pero No Se Vengaron

Insistí mucho en que mi abuela me aclarase si, tras la guerra y la victoria “nacional”, se llevó a cabo alguna clase de venganza contra los republicanos que permanecieron allí, después de tanto odio y tanta barbarie. La respuesta fue un “no”, que me pareció muy raro, pero según mi abuela no la hubo. Siguieron odiándose, pero no se vengaron. Incluso ahora sigue habiendo tiranteces en el pueblo entre las familias afectadas.

La única venganza, por llamarlo de algún modo, fue que a las mujeres que habían robado gallinas les afeitaron la cabeza dejándoles una cresta, igual que a los gallos, y cantaban: «Por robar un gallo y llamarlo fascista, te han cortado el pelo y te han puesto en la lista».*

¡NO A LA GUERRA!

La valoración personal de mi abuela se resume fundamentalmente en una idea: ¡NO A LA GUERRA!

Fue un suceso que no desea a nadie en el mundo y que ella sufrió en sus propias carnes y quién mejor para opinar que alguien que lo ha vivido. A quién le gustaría pasar hambre y ver morir a los suyos sólo por ideas políticas.

Quiero dejar bien claro que se refería tanto a los de un bando como a los del otro.

En mi opinión, después de haber escuchado las dos posturas en esta Guerra, los dos bandos cometieron actos de barbarie cuando se vieron con suficientes fuerzas, pero la mayor impresión que me llevo es que, después de hablar de tanto odio, los dos coinciden en el total rechazo a cualquier guerra.

* En los dos casos mi abuela no supo decirme a que se referían ese número, ni esa lista.

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Y. P. S., curso 2002-2003

07 Oct 2008

Es Bueno Que Los Jóvenes Conozcan

Escrito por: Aurelio Mena Hornero el 07 Oct 2008 - URL Permanente

Villarín de Campos, de Zamora, era en 1935 un pueblo agrícola y ganadero de unos setecientos habitantes. Se trabajaba todos los días de sol a sol, incluso los domingos había que trabajar, sólo se permitían tomar unos vinos después de la misa en las tabernas de la plaza o echar una partida por las tardes.

Las noticias se trasmitían boca a boca a partir de los pocos aparatos de radio que tenían algunos.

Denunció A Sus Hermanos

Conocieron el comienzo de la guerra cuando el alcalde convocó a los vecinos en la plaza y se lo comunicó. La Junta Municipal se alineó con los sublevados, que «veían en la figura de Franco la solución de una España que se iba a pique». La gente estaba preocupada por la duración del conflicto y los problemas que podrían tener para alimentar a los suyos.

Hubo entonces un caso dramático: En una familia había seis hermanos de unos veinte años, cinco de izquierdas y sólo uno de derechas. Éste último sin embargo denunció a sus hermanos, quienes fueron fusilados en medio del pueblo. Fue muy triste.

Comíamos Lo Justo

En esta situación, con el campo paralizado y viendo «que me iba a morir de hambre», Simón, que había nacido en 1914, decidió alistarse. En 1937 fue destinado a Ávila, a un cuartel próximo a la N-VI.

Lo pasé muy mal por el frío. Comíamos lo justo, un plato de garbanzos o lentejas y un vaso de vino. También nos daban tabaco, fue entonces cuando nos acostumbramos a fumar, que el miedo a un ataque no nos dejaba dormir tranquilos.

La guerra se alargaba y la añoranza de la familia, los días de tranquilidad y paz del pueblo, era muy grande. «Trataba de escribir a mi familia todos los meses, pero a veces me era imposible y nadie me aseguraba que las cartas que yo enviaba fueran recibidas por mi familia».

Era Muy Doloroso Ver Una Ciudad Llena De Cadáveres

Luego estuve en Valladolid, Madrid, Teruel, Cataluña, Guadalajara...

«Era muy doloroso pasar por una ciudad destrozada, llena de escombros y de cadáveres de todas las edades, adultos y niños, era espantoso».

También era muy duro ver morir a los hombres de tu compañía, con los que habías convivido y luchado, verlos caer y pensar que el siguiente puedes ser tú. Yo sólo tuve una herida que me llevó un dedo meñique.

Los Momentos Tan Duros Que Se Vivieron Antes

Cuando terminó la guerra regresé al pueblo como un héroe, como el resto de mis compañeros, y volví a la rutina de preguerra. La vida no era mala, la comida no abundaba, pero tampoco escaseaba.

Tuve tres hijos a los que me hubiera gustado enseñarles todos los pueblos y ciudades que conocí, pero me siento orgulloso de haberles proporcionado una vida digna en unos tiempos difíciles, de hambre y malvivir.

Me parece muy bien que en los Institutos manden hacer este tipo de trabajos, ya que permiten a los jóvenes, cuya vida es muy fácil, conocer los momentos tan duros que se vivieron antes y que hoy en día, si no fuera por esta entrevista, se estarían olvidando.

E. G. G., 2002-2003

05 Oct 2008

Vivían Trabajando Mucho Y Comiendo Poco

Escrito por: Aurelio Mena Hornero el 05 Oct 2008 - URL Permanente

Cuando estalló la guerra en 1936 mi abuela Pilar solamente tenía cinco años, por lo que no puede acordarse de muchas cosas, aunque sí de los aspectos más elementales de la vida que llevaba y también de cosas y hechos que le han contado.

Tenían Diversos Toques De Campana

Entonces mis abuelos eran pequeños y sólo acompañaban a sus padres al campo o jugaban a los "cartones", con cajas de cerillas, y al "pitón" con chinas.

Sus bisabuelos y abuelos labraban el campo con arados de madera y con animales, caballerías y vacas, y tocaban las campanas para que la gente fuera con las vacas.

Tenían diversos toques de campana o trompeta que se hacían para llevar las cabras al monte o las vacas, los caballos, etc. Toque de misa, toque de procesión, toque de Calvario, toque de ánimas, toque de muerte de niños, toque de muerte de mayores, toque de concejo, toque de fuego, toque de la vacada para arriba, toque de la vacada para abajo, toque de la vacada para Valseco, toque de la yeguada...

Con un cuerno se llamaba a los dueños de las cabras para que salieran a la calle y se tocaba para llevar los caballos, la yeguada, al monte.

Tenían diferentes toques, por ejemplo diferenciándose en las veces que tocaran: si tocaban tres, se subía y si tocaban seis se bajaba.

Utilizaban Molinos De Agua

Segaban a mano con la hoz. Era un trabajo muy cansado que requería levantarse muy temprano y permanecer en el campo con muy poco descanso hasta que anochecía.

Después de cortados, se limpiaban el trigo y el centeno al aire libre y luego se cribaba con cribas de alambre o de piel, ya que no había maquinas para ello, hasta después de la guerra no las hubo.

En el campo utilizaban molinos de agua para moler, que de viento no había allí.

iban de otros pueblos a matarlos

En Ayoó de Vidriales (Zamora) había un juez, un fiscal, un alguacil por las calles, para dar los avisos a las casas y a la gente [sic], y un pregonero, que tocaba un cuerno anunciando lo que se debía hacer o se había decidido.

El alcalde del pueblo era de derechas, incluso mi bisabuelo José, al que yo conocí de pequeña, fue alcalde después de la guerra y antes había sido juez.

En Ayoó de Vidriales (Zamora), el pueblo de mis abuelos, había más gente de derechas que de izquierdas. Y mataban sobre todo los de derechas a los de izquierdas, también al revés, pero los de derechas eran los que más fuerza tenían y eran más numerosos.

Además iban de otros pueblos a matarlos, por ejemplo, los habitantes de Santibáñez de Vidriales, un pueblo cercano a Ayoó de Vidriales, y mataron a un familiar de mi abuela, su tío Nicolás.

Mi bisabuelo era de derechas, pero no fue a la guerra. El tío de mi abuela en cambio era "rojo" y durante la guerra estuvo mandando en la izquierda por un tiempo.

Cuando empezó a mandar Franco, los de derechas iban matando a todos los de izquierdas y murió mucha gente.

Habían matado a gente del pueblo y murieron militares que conocían en la guerra. A un tío de mi abuela le cortaron una mano los de derechas.

Trabajando De Sol A Sol

La Guerra alteró la vida diaria de la población y, en concreto, la de mi abuela, porque no tenían casi para comer y cuando tenían un poco más de comida, mucho trigo o hacían matanza, venían los guardias y se la quitaban para dársela a otros.

Las mujeres tenían que labrar la tierra y hacer lo que eran las tareas de los hombres, porque sus maridos estaban en la guerra, incluso las muchachas desde los catorce años ya tenían que hacerlo.

Los niños se quedaban en casa, pero también tenían que llevar a cuestas a algunos con ellas para arar u otras tareas. Las mujeres tenían que amamantar a sus hijos hasta que tenían dos años o más, ya que no tenían para darles de comer.

Se tenían que pasar todo el día trabajando de sol a sol, desde que amanecía hasta que anochecía e incluso a veces se tenían que levantar a las tres o cuatro de la madrugada para ir a acarrear (transportar en carro) el trigo, el centeno...

Durante El Recreo Iba A Echar Patatas Al Pote

De los seis a los catorce años los niños iban a la escuela y el que más sabía se ponía el primero en la fila, mi abuela llego ponerse la primera. Pero a los catorce años acababan la escuela y tenían que ir a trabajar al campo.

Mi abuela tenía que ir a casa durante el recreo a echar las patatas al pote. Entonces no se comía como ahora, que la comida no es un problema y podemos elegir, se comía de todo y, si a los niños no les gustaba la comida, se quedaban sin nada.

Tenían para comer tocino, pan, cebolla, alubias del campo... pero siempre en poca cantidad. Y además Franco racionaba la comida.

Comían Lagartos Asados

Había solo dos comercios en Ayoó de Vidriales y en la tienda de ultramarinos, donde se compraba el azúcar, el aceite..., lo vendían todo por raciones, según las personas que hubiera y solo podías comprar la ración que te tocara.

Las madres tenían que vender los huevos y los jamones para comprar ropa y comida. En un caldero de tres patas cocinaban patatas con tocino y ya no tenían que echar el aceite porque el tocino hacía su función. Incluso hacían chorizos de patatas y comían lagartos asados.

Otras veces, por ejemplo en el campo, comían un trozo de pan en el que ponían cebolla y pimientos, si tenían, y alguna vez un cacho de tocino. Cuando iban a sembrar llevaban un poco de pan, tocino y uvas normalmente.

Si matabas un cerdo, había ocasiones en que te lo quitaban para dar de comer a los militares.

Cocían La Ropa Para Matar Los Piojos

Las mujeres, por las noches, tenían que hilar, que entonces decían "filar", lino y lana para hacer mantas, jerséis, calcetines, medias, refajos y demás ropa, porque no tenían para comprarlos.

Cuando los hombres iban a la guerra, las mujeres y los niños iban a despedirlos al monte. Cuando los militares venían de permiso, volvían llenos de piojos y tenían que cocer la ropa en calderos con agua hirviendo para matar los piojos. Entonces había mucha miseria y no había lejía, ni polvos para lavar, sólo jabón y agua.

Todos Comían De Una Cazuela, Porque No Había Platos

El final de la guerra, cuando la guerra acabo, que ganó la Falange, la derecha de Franco, mi abuela y otra gente del pueblo quedaron contentos porque hubiese acabado, pero a la vez desolados por toda la gente que había muerto.

En las calles de los pueblos y Ayoó de Vidriales hacían arcos de flores y hierbas para celebrar y festejar el fin de la guerra. Pero todo quedó muy arruinado.

Mi abuela vivió mal el final de la guerra. Todo lo daban a ración, durante un tiempo se siguió dando a ración, y había que comer poco, por lo que mi abuela pasó algo de hambre.

Comían fríjoles, pimiento y cebolla, y dejaban un cacho de tocino para la merienda y el pan que comían estaba muy duro, casi no se podía comer. Comían en una cazuela, todos de ella, porque no había platos. También hacían sopas en vino con el pan duro y amasaban el pan en casa para unos quince días.

En época de fiestas, tocaban al baile con una pandereta y, cuando no tenían, con un caldero. En el día de Todos los Santos se hacía una comida y luego se sorteaban los chicos y chicas que se habían de emparejar.

La Gente Caminaba Cientos De Kilómetros En Época De Cosecha

Venía un tendero a vender telas, aunque la mayoría lo usaban de lana, que a veces teñían de negro, y las telas que las mujeres hacían hilando.

Cuando mi abuela era niña, tenía que ir a labrar, segar y trillar, etc., e iban con unos zuecos o chanclos, que tenían herraduras de hierro por abajo.

Iban con la hoz a segar a Tierra de Campos, por Valladolid y Palencia, para ganar algo de dinero, pero ganaban muy poco.

Antiguamente tenían la necesidad de subsistir y eso obligaba a la gente a caminar cientos de kilómetros para aprovechar los trabajos temporales que se ofrecían en época de cosecha por poco más que la comida diaria y a costa de abandonar a la familia durante semanas.

Los domingos los hombres iban a las cuevas, las mujeres se quedaban en casa y los hijos iban al baile y volvían a las diez para atender las cabras y las ovejas.

Hasta Que Empezó La Emigración

En la posguerra vivían trabajando mucho y comiendo poco, un poco mejor que cuando la guerra, ya que por lo menos no había guerra, pero los primeros años de la posguerra no les llegaba casi para comer a pesar de tener animales y tierras, e incluso vendiendo jamón de la matanza de los cerdos para comprar tocino y comiendo frutas y verduras.

Durante la posguerra siguieron racionando la comida durante mucho tiempo.

El día de fiesta se mataba una oveja o una cabra para comer y en Nochebuena cocinaban dos potes que llenaban de berzas, huesos, etc...

Fue mejorando todo poco a poco pero tardó bastantes años, hasta que empezó la emigración y entraba un poco más de dinero.

La hermana de mi abuela se fue a Alemania y pudo ganar un poco más de dinero para vivir un poco mejor.

Lo que mi abuela desea es que aquello no vuelva a pasar por toda la gente que murió y porque se pasaba mal teniendo que trabajar mucho y comer poco.

N. Á. P., curso 2002-2003

15 Sep 2008

Ese Infierno

Escrito por: Aurelio Mena Hornero el 15 Sep 2008 - URL Permanente

Era una niña. Vivía en el pueblo, Quismondo (Toledo), con mis padres y seis hermanos. Todos, los seis, íbamos a la escuela y después ayudábamos a nuestros padres.

El año que yo había de cumplir catorce, estalló la guerra, el 18 de julio de 1936.

Yo estaba en la casa de mi abuelo cuidándolo, debido a que mi abuela había muerto y alguien tenía que ocuparse de la casa, la comida, etc. y mi madre no podía con todo. Ese día ya sabía que algo iba a suceder, algo tenía que estallar, pero mi niñez no me permitía entender qué. Todo el pueblo lo sabía y supongo que el resto del mundo también se imaginaba que tarde o temprano tenía que haber un conflicto entre los distintos bandos.

Hospital De Sangre

Recuerdo que un día, antes de que comenzara todo, llegaron a casa de mi abuelo varios milicianos y pidieron una cama para llevarla a la escuela, donde iban a poner un hospital de sangre. Ayudé a mi abuelo y a los hombres, pero estaba muy asustada, no sabía exactamente lo que era un hospital de sangre, ni tampoco para qué querían la cama.

El día 18 me levanté pronto, como hacía siempre, para recoger agua en el pilón y vi cómo la gente gritaba asustada porque había visto un avión y creía que iba a bombardear. También asustada corrí a casa de mi abuelo, pero al rato me enteré de que había sido una simple avioneta que iba a aterrizar.

Enferma De Miedo

A la mañana siguiente no me pude levantar, porque tenía fiebre, y me quedé en la cama. De repente me asusté cuando una mujer vino corriendo hacia mí para esconderse, porque decía que iban a bombardear. Debido al miedo, notaba cómo la fiebre me aumentaba, tanto que esa noche no pude dormir.

Al día siguiente el gabinete [sic] ordenó que todos los enfermos debían marcharse. Nos recogió una camioneta. Cada enfermo sólo podía llevar un acompañante y mi madre vino conmigo.

Nos llevaron a Manzanares (Madrid). Después todos se marcharon y mi madre y yo nos quedamos solas en aquel coche. ¿Adónde nos llevaban? ¿Qué íbamos a hacer? La desesperación llegó a tal extremo, que nos pusimos a llorar. Una mujer nos vio, era de Quismondo, pero residía en Madrid. Mi madre le explicó lo ocurrido y esta señora tan amable nos abrió las puertas de su casa.

Habían Entrado Para Llevarse A Su Padre

Yo estaba cada vez más enferma. Mi madre y esta señora me pusieron en una cama, llamaron a un médico, quien dijo que debía que estar en el hospital.

Esa misma tarde me trasladaron, pero no había camas. Aconsejaron a mi madre que me llevara a un convento, convertido en hospital de sangre. Ahí me instalaron, pero mi madre no podía estar conmigo y se marchó con el médico, que nos acompañó hasta que encontraran un lugar donde estar juntas e instalarme.

Nos llevó a su casa, pero al entrar la portera lo avisó de que no pasara porque habían entrado a su casa para llevarse a su padre. El médico tuvo que esconderse y nosotras quedamos a cargo de un familiar nuestro que vivía en la calle Montera.

Tribulaciones En Una Ciudad Bombardeada

Yo seguía enferma, pero mi madre debía volver a casa. Me quedé al cuidado de mi tía, la cual tenía una casa de novias donde nos escondíamos su familia y yo de los bombardeos durante los meses de octubre, noviembre y diciembre. Pronto tuvimos que marcharnos de allí a unas naves situadas en el número 47 de la calle Padilla. Aunque éramos ocho, no teníamos dinero suficiente para pagar el alquiler y así pasamos mucho tiempo. Cada vez llegaban más personas que eran una ayuda para pagar.

No teníamos casi dinero para el alquiler, ni tampoco para comer, lo que me ocasionó trastornos por la insuficiencia alimenticia. Por ello decidí marchar a casa de una amiga que vivía en el número 19 de la calle Zurbarán. Le ofrecí mi trabajo, a cambio de comida y cama.

Estuve en esa casa varios meses, hasta que se acabó la guerra, y gracias a mi amiga pude localizar a mi familia. Aunque ellos siguieran en el pueblo y no los pudiera ver frecuentemente, era un alivio para mí.

Llorando De Emoción Me Abracé A Todos

Fueron tres años eternos de guerra, hasta que un buen día una amiga me dijo que todo había acabado. En esos momentos yo no sabía qué hacer, reír, llorar, gritar o todo a la vez. Tenía algo dentro de mí que me iba a estallar, pero no podía creer que acabase ese infierno.

Volví a la casa donde me servía y de camino me encontré con mucha gente que gritaba: «¡Ya ha acabado la guerra!» Yo salí corriendo hacia ellos y llorando de emoción me abracé a todos. ¡Por fin había acabado esa maldita guerra! Ahora lo que quería era volver a mi querido pueblo y ver a mi familia y a mi gente.

Así lo hice, un hombre me recogió para llevarme y, cuando llegué, allí estaba mi madre esperándome, la abracé y sin soltarla fui abrazando al resto. Había vuelto a mi pueblo con mi familia y allí continuaría mi vida.

Todo Debido A La Falta De Diálogo

Ahora me pongo a pensar en todo aquello y se me pone la piel de gallina recordando la frialdad que podían tener para matar, el odio y rencor que había entre los distintos bandos Era pequeña, pero parte de mi adolescencia la pasé entre bombardeos y matanzas, todo debido a la falta de diálogo.

Esto aún sigue sucediendo en muchos países y espero que algún día se olviden todos los rencores que todavía quedan clavados en algunas personas y en su pasado, y que ningún niño pase por las situaciones que yo pasé.

Testimonio de Matea Tapias Valverde, 2003

Ninguno De Los Dos Bandos Tuvo Razón

Escrito por: Aurelio Mena Hornero el 15 Sep 2008 - URL Permanente

Un día escuchó un pregón en el Ayuntamiento de Sta. Cruz del Retamar (Toledo) en el que se decía que había estallado la guerra. María no sabía muy bien de qué se trataba, que sólo tenía once años, pero la palabra le dio miedo y un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. Ese día vio a muchas personas mayores llorando desde que oyeron el pregón. En un abrir y cerrar de ojos las calles del pueblo quedaron vacías, nadie se atrevía a hacer ni decir nada, todos tenían miedo de hablar y salir a la calle.

Huyeron Del Pueblo

Por aquellos días los “rojos” dominaban el pueblo y fueron los que comenzaron a matar. La mayoría de las familias tuvieron que huir a otros lugares más seguros. María, sus padres y hermanos se trasladaron a Camarma de Esteruelas (Madrid) y dejaron a los abuelos maternos, que nunca habían tenido problemas políticos, en el pueblo. Así su familia se puso del lado “nacional” y vivió en una casa de campo con otras familias que estaban en su misma situación, no salían a la calle y estaban aislados. Sólo uno de sus hermanos fue llamado a filas.

En aquella finca no les faltó de nada. Las mujeres hacían las tareas domésticas y los hombres acondicionaban la casa y otras tareas pesadas. Dormían en el piso alto, que era diáfano y dividieron en habitaciones con cortinas, acostados en colchones de lana y todo estaba muy limpio.

Cerca había una vaquería y una huerta donde cultivaban patatas, melones y tomates. También había muchas gallinas, buenas ponedoras, y un olivar, y siempre tenían barreños llenos de aceitunas. Disponían de luz eléctrica y de un arroyo donde podían lavar.

Tres Nochebuenas Pasaron Allí

Un día pasaron por la finca unos jerarcas y la madre de María, Petra, los saludó con un “Salud, camaradas”, según estaba acostumbrada. Entonces ellos se pusieron muy serios y les dijeron que ahora mandaba el general Francisco Franco y que esa no era forma de saludar. Aquel incidente las asustó mucho.

A veces tenían que comprar en el pueblo, donde hacía largas colas, provista de la cartilla de racionamiento.

Tres Nochebuenas pasaron allí, pero no cantaron villancicos, sino que lloraron y añoraron mucho a la familia, aunque comieron bien, con pollo y diversos dulces caseros.

No Pudo Estudiar

María dejó la escuela muy pronto, por eso hoy apenas