17 Dic 2008
Sangrientas Matanzas
Vidal Leal Bustamante nació 1904 en Campo de Criptana (Ciudad Real). Hacia los seis u ocho años comenzó a trabajar como labrador, por lo que apenas pasó dos años en la escuela. Lo crió su tío Alejandro porque había quedado huérfano de muy corta edad.
Te Cacheaban Y Ya Te Consideraban Sospechoso
El 18 de julio, estando trabajando en el campo, oyó rumores sobre una huelga general para el día siguiente. Hubo huelga, «una gran vigilancia y no te dejaban salir a ninguna parte».
El Ayuntamiento, cuyo alcalde, don Fernando Alarcón, era de derechas, fue tomado por los “rojos” o republicanos. En ese momento se conoció en el pueblo que la guerra civil había comenzado.
Desde ese momento, durante ocho días no se pudo salir al campo «porque te volvían a mandar a tu casa si te veían salir». Nadie podía salir de casa, las puertas estaban cerradas e incluso las persianas bajadas. «Si te veían por la calle, te cacheaban y ya te consideraban sospechoso». Luego se empezó a trabajar, pero muy vigilados y controlados.
Quemaron Los Santos De Semana Santa
Los republicanos «hacían mientras sus sangrientas matanzas. A veces llegaban a llevarse hasta treinta y dos personas en un camión, tratándolas como sacos. Cuando llevaban poco camino recorrido las mataban». Una vez, gracias a un conductor, dos hombres pudieron salvarse.
La iglesia de Nª Sª de la Asunción, el santuario del Sto. Cristo de Villajos y la ermita de Nª Sª la Virgen de Criptana fueron quemadas y reducidas a escombros. También quemaron los santos de los pasos de Semana Santa, menos uno que un campesino consiguió guardar y salvar.
Se comía como de costumbre de las reservas que había en la casa, aceitunas, pan y vino.
Estuvieron En El Bando Republicano Por Miedo
En ocasiones ponían multas [¿recaudación?] de mil pesetas (unas 50.000 pesetas de hoy) con el pretexto de que hacía falta en Ciudad Real, pero era un dinero destinado a bienes superfluos de los mandatarios republicanos de la capital. Sucedió el 27 de septiembre de 1936.
Un día de 1938 se presentó un "rojo" con una orden de movilización para Vidal Leal, le dijo que «la guerra lo llamaba y que tenía que defender a su patria». Lo mandaron al campo de fútbol "Agustín de la Fuente", donde estaban detenidos los partidarios de la rebelión militar, para hacer guardia.
Hizo guardia durante algún tiempo hasta que fue enviado al frente. Vidal Leal y otros movilizados como él eran de derechas, pero estuvieron en el bando republicano por miedo.
Los Peores Tiempos Vinieron Después
Estuvo en Mora de Toledo dos meses y medio, un mes en Orgaz, tres meses en Navalmorales, cuatro o cinco meses en Navalucillos y finalmente en Sevilleja de la Jara, donde estuvo hasta que terminó la guerra, todos de la provincia de Toledo y por los que se movieron siempre andando. Luego fue a Talavera de la Reina y de ahí al Romeral donde tomaron un tren hasta Alcázar de San Juan. Finalmente los ocho kilómetros hasta Campo de Criptana volvió a hacerlos andando.
Vidal no llegó a entrar en combate, tan sólo se instruía por si era necesario. Se alojaban y comían en casas particulares, cuyos dueños a veces les ponían mala cara, como estaban en el ejército “rojo”, pero tenían que tragar.
Los peores tiempos vinieron después de la guerra y uno de los mayores ieron otproblemas ________fue el abandono del campo, ya que durante la guerra las tareas agrícolas estuvieron en manos de muchachos. Pasaron mucha hambre, durante días no comieron otra cosa que aceitunas y uvas, y tenían que trabajar duro. Otro problema fue el dinero, que perdieron todos los ahorros que tenían por la invalidación del dinero republicano.
Este Trabajo
El hecho de haber realizado el trabajo me ha gustado y servido bastante porque me ha ayudado a entender mejor la historia y a situarme en la realidad del mundo en que vivimos. Jamás me había imaginado una guerra tal y como es verdaderamente, y este trabajo me ha ayudado a poner los pies en la tierra.
Madrid, a 3 de junio de 1996
B. L. M. curso 1995-96
16 Dic 2008
Y Pasó Lo Que Pasó
Mi abuelo se llama Valeriano Escobar García. Tiene setenta y dos años, y cuando estalló la guerra sólo contaba once de edad. Era vecino de Romangordo, un pueblo de Cáceres en la ribera del río Tajo, aunque tenía la casa a cinco kilómetros, justo a la orilla del río, y vivía de lo que le daban unas pequeñas huertas. Al lado pasaba la N-V, la carretera de Extremadura.
Mi abuela se llama Marta González Ramiro, tiene sesenta y ocho años y tenía siete cuando estalló la guerra, aunque ella, al contrario de mi abuelo, residía en el pueblo. Era hija única, mientras que mi abuelo tenía nueve hermanos más, de los cuales sólo él ha sobrevivido, los otros fallecieron a los pocos años de nacer.
Los dos me han ayudado para hacer el trabajo.
Localización Del Pueblo
Como ya he dicho, el pueblo se encuentra en la comunidad autónoma de Extremadura, provincia de Cáceres, en la partida de Navalmoral de la Mata, rodeado de pequeños montes y el pico más alto que hay es el puerto de Miravete. Pueblos colindantes son Higuera de Albalat, a tres Kilómetros, Las Casas de Miravete, a unos doce kilómetros, y más alejados están Almaraz, Valdecañas y Navalmoral de la Mata. Pasando el puerto está Jaraicejo y a cien Kilómetros al oeste Cáceres capital. Al este, a 94 Kilómetros se encuentra Talavera de la Reina y Madrid se encuentra a 202 Kilómetros siguiendo la N-V en el mismo sentido.
“¡Viva El Fascio!”
La guerra que vivió mi abuelo estaba muy centrada en su alrededor, quiero decir, que como era pequeño no le tocó combatir en ninguno de los frentes, ni irse lejos de su pueblo natal.
Antes de que empezase la guerra, ya había mítines por los pueblos, que vaticinaban una guerra inminente. Decían que iba a correr la sangre por las calles, por ejemplo. En uno de esos mítines estaba mi abuela, que, aunque era pequeña, le gustaba ir donde había mucha gente y andar por allí cuchicheando. Pues bien, a una mujer que estaba al lado de la casa del cura, se le ocurrió gritar “¡Viva el fascio!”. Claro, las personas allegadas al partido que daba el mitin se enojaron y pensaron que lo había gritado el cura. Éste se refugió en su casa y dice mi abuela que, si llegan a tirar la puerta abajo, matan al cura a balazos. El pobre hombre, que no había hecho nada, pudo escapar por el corral y explicar lo sucedido.
En Camiones Venían De Badajoz Hacia El Frente
Ya empezada la guerra, el puente de Albalat, la única manera de cruzar el Tajo sin necesidad de embarcaciones, estaba tomado y defendido por los “nacionales”. Eran pocos y por los alrededores, escondidos entre los matojos y las montañas, estaban los “rojos”.
Apareció un avión que bombardeó el puente. El padre de mi abuelo se hallaba a dos kilómetros de distancia y vio el humo, pero no vio uno de los tres ojos que tiene el puente y pensó que lo habían derribado, pero se equivocó, habían fallado en su intento de derribar el puente.
En ese momento los “rojos” empezaron a tirar desde lo alto de las colinas y los “nacionales”, como eran pocos, se defendían como buenamente podían. Pasado algún tiempo, los dos bandos se vinieron hacia Madrid, montaron un frente a cien kilómetros y por mi pueblo no hubo más batallas. Sí que se veían los batallones que venían de Badajoz, montados en los camiones que los llevaban al frente.
Tiraban Los Cadáveres Al Río
El puente estuvo un tiempo sin vigilancia y los “rojos” cogían a los falangistas, los fusilaban allí mismo y tiraban los cadáveres al río.
Mi abuelo, como ya he dicho, vivía dos kilómetros aguas abajo, así que veía pasar los cadáveres que, flotando, seguían el curso de la corriente. El padre de mi abuelo los cogía y los apartaba, porque se quedaban enganchados en las ramas y los animales que tenía, iban a ellos y podían morir.
Un día uno de los que iban a fusilar logró salvarse, porque se tiró del camión y consiguió agarrarse a unas ramas del puente. Los “rojos” pensaron que se había ahogado, porque el hombre tiró una piedra al agua.
Otro caso fue el de un médico de Cáceres, al que dispararon y arrojaron al agua, pero no murió, se despistó y fue a parar a Higuera, un pueblo a tres kilómetros de Romangordo. Allí un hombre que estaba en la huerta lo vio llegar y el médico le pidió ayuda. El hombre le dio alimento, ingresaron al médico y se curó.
Cuentan Que La Cabeza Caía Rodando
Luego hubo un tiempo en que hicieron trincheras en el puente. También hacían misas de campaña allí, a las que la gente del pueblo bajaba a caballo o en burro y luego volvía. Pasaba el tiempo y en un pueblo de al lado, Las Casas de Miravete, los “nacionales” decapitaron en la plaza del pueblo a un hombre que era “rojo”. Cuentan que se veía cómo la cabeza caía rodando por la plaza delante de todo el mundo.
En Valdecañas, otro pueblo cercano, los “rojos” tiraban los santos de las iglesias al suelo y los quemaban. También cortaron la carretera de mi pueblo para que no subieran coches. El alcalde era de izquierdas, lo encarcelaron y lo mataron. Otros se pasaron a la parte de derechas, pero él no quiso, lo que le costó la vida, porque pidieron al pueblo que declarara sobre el alcalde, pero el cura no dio buena referencia de él y pasó lo que pasó.
Los Listos Se Salvaron
Sólo mataban a los más destacados del pueblo y según palabras de mi abuelo “los listos se salvaron, pero los desgraciados no”.
La gente no quería ir a combatir y a los que destinaban lejos se tiraban de los camiones y se volvían al pueblo, pero al día siguiente la Guardia Civil iba a buscarlos.
Como se puede ver en el pueblo de mi abuelo no se vivió la guerra muy a fondo. Lo más significativo que pasó fue que cerraban comercios, porque los dueños eran del bando contrario o cortaban el pelo al rape a las mujeres y las hacían pasearse por todo el pueblo.
J. R. M. E., curso 1996-97
15 Dic 2008
Se Ponían Ciegos De Cordero
Juana Bravo Ballesteros es pensionista. Nació en 1926 en Aragosa (Guadalajara), un pueblo situado en un valle tallado por el río Dulce, que actualmente apenas si tiene treinta habitantes, la mayoría jubilados, que viven del campo y de sus pequeños huertos.
Aunque no venga a cuento, añadiremos que Aragosa, la Cabrera y Pelegrina son tres pueblos cercanos entre sí y situados cerca del río o más bien en la misma garganta que excava el Dulce entre ellos. La zona es de una belleza natural enorme y rica en fauna salvaje. Qué más se puede decir, sino que Félix Rodríguez de la Fuente rodó aquí varios de sus programas.
La zona merece una visita, ya que realmente es preciosa.
La Cosa Se Puso Fea
Pero vayamos a lo que nos ocupa. Juana, al estallar la Guerra, apenas si contaba con diez años recién cumplidos y casi no guarda recuerdos de ella.
Su padre era caminero y constantemente tenía que cambiar de lugar de trabajo, así que al comienzo de la guerra tuvo que marchar trabajar cerca de la capital, Guadalajara, y se llevó consigo a la familia.
Mi Padre Tenía Miedo De Que Pasara Lo De Madrid
«Cuando empezó a haber problemas en la capital porque venían los nacionales o los republicanos, la cosa se puso fea, porque, cuando se luchaba por la capital, la cosa era distinta. Cuando se ataca o se defiende una capital de provincia, se hace con toda la fuerza posible, con todos los soldados, con todos los aviones y con todas las balas que haga falta. Por eso mi padre nos llevó a otro lado, porque tenía miedo de que nos pasara algo.
«Yo creo que el miedo que tenía mi padre era que, si nos quedábamos en Guadalajara, pasara lo que pasó en Madrid, que nos quedáramos dentro y no pudiéramos salir o que pasara como en Teruel, que fuera una batalla terrible, que nos pudiera pasar algo.
«Por eso fue por lo que mi padre nos sacó de la capital.
«Dejó de trabajar y, pese a que estaba destinado en Guadalajara, dejó el trabajo y sin avisar un día nos fuimos de la capital.
Salíamos Y Nos Íbamos Al Monte
«Un amigo de mi padre le dijo que fuésemos con él a Valdeconcha, un pueblo que hay en dirección a los pantanos, y eso fue lo que hicimos.
«Nos fuimos de Guadalajara con lo justo, sin decir nada a nadie, y marchamos al pueblo del amigo de mi padre.
«Fue una suerte, porque mi padre encontró trabajo enseguida, ya que se puso a ayudar a su amigo en el campo, y mis hermanas y yo pasamos dos años allí muy bien.
«Además, tuvimos la suerte de que nos fuimos justo quince días antes de que entraran los “nacionales” y que pasara lo de Guadalajara.
«En el pueblo no pasó nada, entraron los “nacionales” y al poco tiempo volvieron a salir, aunque, por si acaso, cuando pasaba esto, salíamos y nos íbamos al monte, pero no pasó nada, ya que ninguno de los dos ejércitos defendió el pueblo, cuando unos entraban, los otros salían y al revés, casi no hubo tiros.
«Al acabar la guerra, nos quedamos un poco más en el pueblo para que mi padre ayudara a segar a su amigo y después nos volvimos para Aragosa.
«El pueblo no había sufrido muchos daños, aunque a nuestra casa se le había hundido el techo y se habían llevado algunas cosas, pocas porque no dejamos nada.
Franco Engañó A Muchos Españoles
«La guerra estuvo muy mal, aunque yo no me puedo quejar, porque no lo pasé mal, pero hubo gente que lo pasó muy mal.
«No se pueden tirar tantas vidas humanas a la basura, porque haya gente de la de arriba que no se entiendan. En el fondo pasa lo de siempre, porque cuatro o cinco personas no se entienden, tenemos que morir los demás.
«Igual de tontos somos nosotros como ellos. Si quieren poder, que es por lo único que iba Franco, que se mueran ellos, no nosotros. Franco por un lado engañó a muchos españoles para que le tuvieran obediencia ciega y a algunos todavía los tiene engañados, se creen que con este o con el otro se iba mejor y es mentira.
«Ahora ya nadie se acuerda, pero cuando en invierno íbamos a hacer cola con la cartilla de racionamiento, para que apenas nos dieran una caja de queso o de magro, nadie decía que con Franco se vivía mejor, la gente sólo se acuerda de lo bueno, pero aquí en el pueblo, mientras la gente pasaba hambre, los requetés y los falangistas se ponían ciegos de cordero, de eso nadie se acuerda, ni la gente de la ciudad y muy poca gente de aquí del pueblo.
«Todavía no sé cómo hay gente que le puede agradecer nada a Franco.
«Pero no sólo fue Franco, sino también los “rojos”, también hicieron mucho mal y se llevaron muchas muertes. No se tiene que repetir».
F. R. L., curso 1996-97
12 Dic 2008
El Valle De Los Caídos
Tomás Rubio García nació en 1926 en Mandayona, provincia de Guadalajara. Hijo de labradores, ha pasado toda su vida hasta hoy trabajando en el campo. Todavía sigue trabajando y no piensa jubilarse hasta el año que viene, aunque sabe bien que él nunca llegará a jubilarse porque siempre ha trabado en el campo y no podría dejar de hacerlo.
El Ejército Franquista Se Llevó Al Alcalde
Como decíamos antes, nació en Mandayona, un pueblo situado en la ribera del río Dulce, afluente directo del Henares, que dista unos ocho kilómetros del pueblo. Para situarlo mejor, podemos decir que se encuentra entre las localidades de Sigüenza y Jadraque.
Tomás tenía apenas diez años cuando estalló la guerra y su padre, "el abuelo Rafa", como él dice, era alcalde del pueblo.
El problema fue que el ejército franquista, en cuanto llegó, se llevó al alcalde.
«Mi madre nos cogió y nos fuimos al monte y debajo de un chaparro pasamos toda la mañana y la tarde, pero padre tuvo que quedarse y, cuando volvimos, el secretario nos dijo que se lo iban a llevar no sé dónde. Lo dejaron ir a casa a recoger sus cosas, allí nos despidió y se lo llevaron por la fuerza.
«Nadie respondió a las preguntas de mi madre de que adónde se lo llevaban o cuándo volvería.
«Nos dejaron la casa vacía. Así que, entre mi hermano, un tío nuestro y yo, tuvimos que hacernos cargo de todas las tierras. Mi hermano y yo dejamos el colegio y nos dedicamos al campo».
La Gente Del Pueblo Nos Miraban Mal
«De mi padre no se supo nada más, sólo de vez en cuando llegaban cartas que decían “estoy bien, no os preocupéis”, pero nada más.
«Por lo visto estuvo una temporada en Jaén y Lugo, aunque luego acabó en Alicante y finalmente en Zaragoza.
«Durante la guerra, tuvimos que hacer los trabajos del campo y de la casa a veces.
«Hambre, lo que es hambre, no llegamos a pasar, siempre había que comer y, según nos contaban como lo pasaban en Madrid, no nos pudimos quejar.
«Nos miraban mal algunas gentes del pueblo, porque se habían llevado a mi padre, sobre todo los requetés y falangistas, pero eso fue mas bien después de la guerra.
Nos Contó Cosas Horrendas
«Mi padre no volvió hasta años después de la guerra, prácticamente hasta cinco años después.
«Volvió enfermo, no se sabe de qué, pero un par de años después, murió.
«Desde que volvió, se le veía muy débil, no aguantó más de dos años. Lo que nos contó de la guerra y de cuando estaba en la cárcel eran cosas realmente horrendas. No les daban de comer y apenas estaban en sitios medianamente limpios.
«Fue uno de los que tomaron parte en la obra del Valle de los Caídos. Dijo que allí eran auténticos esclavos y que se han silenciado muchas cosas de lo que allí pasó, ya que se cometieron barbaridades y salvajadas.
«Ya no era sólo la humillación del perdedor, sino el trato de esclavos que les dieron. Los que construyeron el Valle de los Caídos, eran todos prisioneros de guerra, a los que apenas se les daba de comer, no tenían apenas medios para trabajar y se encontraban en situaciones penosas.
«Cuando alguien tenía un accidente o moría, no había ningún problema, traían a otro y se acabo. Aquello fue una salvajada».
Finalmente el señor Rubio García resume:
«La guerra estuvo mal en los dos lados, pero hay cosas que hizo Franco que no tienen nombre. No voy a hablar de él con todo lo mal que lo he querido. Sólo digo que el día que murió me alegré».
F. R. L., curso 1996-97
11 Dic 2008
Maldecía A Los “Nacionales”
Cristina Romo Díaz, natural de Abánades (Guadalajara), tiene setenta y tres años y es pensionista.
Abánades es un pueblo situado en la ribera del río Tajuña, cerca de la localidad alcarreña de Alcolea del Pinar, que vive de la agricultura y la ganadería, y posee unos ciento cincuenta habitantes.
Teníamos Que Ir Siempre A Escondidas
La señora Cristina tenía apenas doce años cuando comenzó la guerra. Su padre se dedicaba exclusivamente a la ganadería, lo que lo obligó a ir de un lado a otro durante aquel tiempo como nos explica la señora Cristina:
«Mi padre tenía ciento y pico cabezas de ganado. Entonces, al empezar la guerra, tuvimos que llevarlo de un lado a otro, porque, si no, nos lo podían quitar o hacerle algún daño, y el ganado era de lo que vivíamos.
«Nada más comenzar la guerra, el frente se situó muy cerca del pueblo, entonces nosotros por miedo tuvimos que llevarnos el ganado hasta otro pueblo, donde la situación estuviese más tranquila y pudiéramos sacarlo a pastar sin peligro.
«Pero había otro problema, ya que mi hermano Pío estaba en edad de ser reclutado y teníamos que ir con él siempre a escondidas, porque, si se lo llevaban al frente, entre mi padre, mi hermana y yo no podríamos hacernos cargo del ganado, con lo que cada vez que veíamos soldados o alguna patrulla, mi hermano tenía que salir corriendo, ya que por aquel entonces era extraño ver a jóvenes que no fueran soldados.
Huyendo Con El Ganado De Acá Para Allá
«Apenas llegué a ver el frente, ya que íbamos huyendo con el ganado de un lado a otro. Primero estuvimos un tiempo en Baides, luego en Aragosa, luego en Matillas y Bujalaro, Valtablado y al final en Cogolludo, para luego volver a Jadraque.
«Claro, a cada lugar al que íbamos, no teníamos ni casa ni nada parecido, así que teníamos que buscar una cerrada para meter el ganado o hacerla nosotros con cuatro palos y después teníamos que dormir al raso algunos días hasta que mi padre nos encontraba algo para dormir.
«Hambre no pasamos, pero tampoco lo pasamos bien. Vendíamos la lana de las ovejas o incluso las ovejas.
«A veces para comer, mi hermano y yo nos acercábamos al río y cogíamos cangrejos para la comida, aunque íbamos con cuidado de que no nos cogiera el guarda, esto fue en Aragosa.
«En invierno, a veces sí pasábamos hambre, entonces teníamos que matar un cordero para poder comer.
Un Soldado Rojo Nos Ayudaba Con El Ganado
«Cuando acabó la guerra, todo volvió a ser normal, volvimos a Abánades y mi hermano se fue a la mili. En vez de mi hermano, un soldado rojo, que nos encontramos al volver para Abánades, nos ayudaba con el ganado. Al final se casó con una del pueblo».
La señora Cristina nunca opinó sobre si la guerra estuvo bien o mal, ella sólo recuerda lo mal que lo pasó a veces cuando en invierno tenían que dormir al raso y las veces que maldecía su padre a los “nacionales”.
F. R. L., curso 1996-97
10 Dic 2008
Intentaba Sobrevivir
Mi abuelo Roque Galán Roldán nació, hijo de Manolo y María, en Madrid el 13 de septiembre de 1920. Es una persona con una mentalidad un poco cerrada, aunque con unas ideas políticas muy claras, es nacionalista o mejor era nacionalista.
Se Puso A Trabajar De Pastor
Roque vivió en Madrid sus once primeros años sin enterarse de nada. Iba a la escuela, aunque posteriormente tuvo que abandonarla para aportar ayuda económica a su casa, ya que eran tiempos difíciles para todo el mundo que tuviera una familia numerosa coma era la suya. Tenía doce hermanos en total, ocho hermanos y cuatro hermanas, debido a lo cual tuvo que ponerse a trabajar, para ayudar a su familia.
Trabajó de pastor, "arreando cabras", y ganaba un pequeño sueldo, que, con los de su padre y siete hermanos, les permitía ir tirandillo. Pero el padre murió luego y toda la familia cayó en una profunda pobreza que los llevó a pasar grandes calamidades.
En 1931 se instaura el nuevo régimen republicano, aunque todos los problemas que prometía resolver, no se terminaran de solucionar totalmente, ya que el campesinado y la clase obrera seguían pasando hambre. Roque vivió de cerca esta situación, debido a que él ya estaba ganándose un sueldo que no bastaba para mantener a su familia.
El Hambre Con Buen Humor Es Menos
El problema agrario no se solucionó, lo que provoca el descontento general de una población que pasaba hambre, incluido nuestro testigo, aunque no pierde el buen humor, del que es prueba este chiste:
Esta es una familia que vivía en una casa muy pobre y casi no tenía dinero para comer. En esto que llega el padre con un huevo y le dice a la mujer: “María, mira lo que he traído para comer. Fríelo rápido que voy a sentarme”.
La mujer fríe el huevo y lo pone encima de la mesa en un plato. Entonces dice el padre: “El huevo nos lo vamos a comer de esta forma”. Y dice al hijo pequeño: “Tú, Jorgito, pringas una vez en el huevo”. Luego dice al mediano: “Tú, Pedro, pringas una vez en el huevo”. Luego dice al mayor: “Tú, Luis, pringas una vez en el huevo y así coméis todos. Luego vuestra madre pringa dos veces y yo me como la clara y lo que quede de yema”.
En esto que están pringando cada uno su ración y dice el pequeño: “¡Papá, papá, que Luis ha pringado dos veces!”
Y dice el padre: “Déjalo, a ver si revienta!”
La Masacre Que Está Por Llegar
Después de la llegada al poder de la derecha, los países de España se van separando poca a poco y en 1936 se desata la guerra civil. Roque no fue a la guerra por un año debido a que la edad de reclutamiento era de diecisiete años.
Pero mi abuelo apareció en las listas de reclutas. Entonces se presentó diciendo la edad que tenía y nadie lo creía. Corrió a su casa para coger el documento que acreditaba su edad, pero advirtió que un cabo o sargento lo persiguió todo el camino gritándole e insultándolo. Entró en su casa, cogió el documento, pero cuando bajó el sargento, que lo esperaba, lo agarró del cuello y le preguntó por qué corría. Mi abuelo, sin darse cuenta de que era el mismo cabo o sargento, contestó que un capitán lo perseguía. El militar, al oír el grado que le había dado, se echó a reír, le dio una palmadita en la espalda y le dijo: “¡Gracias, chaval! Ya quisiera yo ser capitán, para poder mover todos los hilos e impedir la masacre que está por llegar!”
Estas palabras se le grabaran a Roque en la memoria para siempre y fueron la causa de su ideología nacionalista. Roque no volvió a tener noticias de este mal entendido y no fue a la guerra, dice él, porque aquel cabo o sargento habló en su favor.
Casi No Podía Trabajar
La guerra se desarrolló tal y como dijo ese militar. Hubo más de un millón de muertos, también hubo pérdidas en el campo industrial. Roque reparó en esto porque las industrias que él conocía desaparecieron con la guerra, igual que otras de vital importancia, como los ferrocarriles.
La guerra transcurrió lenta para Roque, debido a que casi no podía trabajar, sino era en algo que tuviera que ver con la guerra.
La Posguerra Fue Peor
Finalmente concluyó la guerra y Roque, con diecinueve años, ya sabía más o menos lo que estaba ocurriendo, no sólo en el sentido de los porqués de la guerra, sino en el económico y social, ya que su principal problema era el sustento de su familia y encontrar una estabilidad que le permitiera casarse con Julia, su futura esposa y mi abuela. Aunque se casaron con muchos problemas, un año después no sabían cómo estabilizarse económicamente, debido a que, si la guerra fue mala, la posguerra fue peor, porque coincidió con la II Guerra Mundial.
La posguerra fue vivida por Roque muy de cerca porque tenía una mujer y una familia que mantener, ya que vivía en la casa de sus padres, que antes era muy normal este tipo de convivencia entre familias. La situación era crítica porque no había industrias ni dinero, el país estaba en quiebra y era preciso levantar una nueva España.
Este período fue muy lento. Roque trabajaba de repartidor de género a las pollerías y otros lugares. Se movía por todo Madrid en bicicleta con un remolque detrás.
La posguerra fue un período tanto o incluso más duro que la guerra, ya que en la guerra la gente moría luchando por sus ideales, pero en la posguerra la gente moría de hambre y falta de recursos.
Su Astucia Hablaba Por Él
Los artículos que más valor tenían eran los pollos y los huevos, porque casi no había existencias, con lo que su precio estaba por las nubes, al alcance de muy pocos, la gente adinerada.
Sin embargo no le faltaron a Roque, que se los llevaba gratis sin que nadie lo notara, huevos y pollos. Y si llegaba el caso de dar explicaciones, su astucia hablaba por él y si le decían: "Roque, te he pedido treinta docenas y me traes veintisiete", mi abuelo respondía: "Es que de donde yo vengo no saben contar bien, señor. La próxima vez le traeré las tres que le he dejado a deber".
Y claro, esto nunca se cumplía, porque las docenas que faltaban ya se las había comido o vendido.
Desde 1945 hasta 1968 estuvo trabajando de repartidor de género, pero ya no tenía que llevar la bicicleta, que fue contratado por una distribuidora que le proporcionaba un camión para los servicios.
Más tarde, creó su propia pollería y estabilizó un poco su vida y la vida de los de su entorno de su entornalaapartidor de ge________________________________________________________________________________________________.
Sólo Interesaba La Comida
Un día iba Roque repartiendo género en su camión y de repente un grupo de persona lo hicieron parar con la excusa de que la carretera estaba cortada. Roque se bajó del camión y en ese momento lo cogieron entre varios y le dijeron: "A ver qué llevas en el camión”.
La gente que lo había parado eran asaltantes de caminos y robaban a todo el que pasaba por allí. Roque mantuvo la calma y les dijo: “¿Qué hacéis, si yo vengo de hacer lo mismo que vosotros, o qué os creéis, que el camión es mío? Mirad en la guantera y veréis como el camión es de un tal José”.
Los asaltantes miraron en la guantera y efectivamente, en la documentación aparecía ese nombre. Y le dijeron: "Bueno, si el camión no es tuyo, no te importará darnos algo”. Roque dijo que no le importaba y les dio un par de pollos y unas docenas de huevos, gracias a lo cual lo dejaron marchar.
Si Viviera Franco, Sería Mejor
Roque era nacionalista, pero no porque pensara que eran los que mejor iban a defender el país, sino porque él sabía que eran los más poderosos y tenían la fuerza del Ejército.
Aún hoy sigue pensando que, si viviera Franco, sería mejor, porque, aunque había más control, el país marchaba mejor.
La ideología de Roque es clásica y no ha cambiado con el paso de los años, sigue creyendo que las cosas son como cuando España estaba en guerra y no se da cuenta que no es así. Por otro lado es normal, ya que gran parte de su vida la dedicó a intentar sobrevivir, hasta que por fin se estabilizó y pudo fundar su propio negocio, la pollería, que estuvo esperando durante tanto tiempo.
M. S. G., curso 1996-1997
06 Dic 2008
La Puerta Del Sol Bombardeada
«Todas las guerras son malas porque simbolizan el fracaso de toda política. Pero las guerras civiles, en que en ambas trincheras hay hermanos, son imperdonables, porque la paz no nace cuando la guerra termina».
Charles de Gaulle
Ricardo Cañete había nacido en Madrid en 1920, contaba pues dieciséis años cuando empezó la guerra. La primera noticia que tuvo fue a través de la radio, escuchada atentamente por todos los miembros de su familia, que vivían en la calle Pozas en pleno centro de Madrid. Su padre, de profesión Guardia Civil con destino en la Estación del Norte, también contaba con un taller de cuero. Ricardo y sus dos hermanas estaban estudiando.
Las Elecciones De Febrero De 1936
Según su opinión, la guerra no vino por sorpresa, ya que en el ambiente se respiraba una situación inestable, debido a las elecciones del 16 de febrero de 1936, que produjeron la victoria del Frente Popular, formado al principio como un Comité de Ayuda, con la participación de partidos obreros y republicanos, junto con los sindicatos CNT y UGT, a partir de la represión de 1934, motivada por la revolución en Cataluña, organizada por Companys, presidente de la Generalidad, y la revolución en Asturias, organizada por los socialistas con la ayuda de comunistas y anarquistas, que hubo de ser sofocada con la intervención del Ejército.
La guerra comenzó con el ataque militar a Melilla el 17 de Julio de 1936, al mando del general Yagüe, y con la llegada a Tetuán del general Franco sigue el ataque desde África.
Debido a esto España se divide en dos zonas: La España "Nacional", regida por una Junta de Defensa con sede en Burgos, y la España Republicana
Las Calles De Madrid Se Llenaron De Sangre
Según cuenta Ricardo, cuando estalló la guerra las puertas de las cárceles se abrieron y salieron tanto delincuentes políticos como comunes, por lo que las calles de Madrid se llenaron de sangre, hubo una situación muy violenta.
Se producían secuestros, llevaban a la gente a las checas, donde había un comisario comunista de la CNT. Las había en varios lugares de Madrid: Bellas Artes, Gobernación, etc...
Aparecieron patrullas armadas, milicianos, llegaban en la madrugada y se llevaban a los sospechosos a la zona de Moncloa, lo que era antes el campo de Legazpi, que se denominaba la China, era un lugar donde había fabricas que estaban desiertas.
Madrid estuvo sitiada durante un año aproximadamente, se pasó mucho hambre y el aprovisionamiento de la población se producía mediante las cartillas de racionamiento. La gente de Madrid se tenía que ir a los pueblos de alrededor para conseguir comida, aunque muchas veces no conseguían llegar a su destino ya que podían ser requisadas. Lo único que podían comer eran las recordadas lentejas de Negrín, puré de San Antonio (harina de almortas) y mondas fritas de patatas.
Todo El Mundo Corría Desesperado
El sonido de las sirenas de alarma era constante, por lo cual toda su familia, se trasladó a vivir al sótano de la tienda de cuero.
Uno de sus peores recuerdos de estos bombardeos tiene como escenario la Puerta del Sol: Pasaba un día por allí, cuando de repente empezó el bombardeo. Todo el mundo corría desesperado hacia un sitio seguro, como el metro, uno de los lugares donde va todo el mundo a refugiarse.
Sintió Tal Angustia Que Se Fugó
El sindicato de taxistas de la estación del Norte proporcionó a su padre una carta donde se pedía que no lo detuviesen, pero, si tenía algún problema, que se pusiese en contacto con ellos, que irían en su ayuda.
En el último año de guerra, Ricardo se incorpora al Ejército. Fue destinado al regimiento de caballería-artillería de montaña en Alcalá de Henares. Tuvo la suerte de no tener que ir al frente, ya que fue destinado a patrullar por los alrededores.
En una ocasión venía hacia Madrid con un compañero, cuando fue arrestado y llevado a una especie de campo de concentración, donde se encontraba mucha gente. Al sentirse privado de libertad, sintió tal angustia que no aguantó más y se fugó. Aprovechó la ocasión, cuando la gente iba a ver a sus familiares o a comprobar si que estaban allí. Salieron por la puerta y se escondió entre la gente que llenaba la entrada. Así consiguieron llegar a Madrid.
Al poco tiempo acabó la guerra, pero la situación no mejoró. A la persecución de la Falange, se sumó la mucha hambre existente, una época que duró aproximadamente de seis a ocho años.
Evacuada a Guadalajara
Por el contrario su esposa, también natural de Madrid y con menos edad, sufrió una experiencia de la guerra muy diferente.
Cuando estalló la guerra se encontraba en un colegio con sus dos hermanas y fueron llevadas junto con los demás compañeros a un pueblo de la provincia de Guadalajara, donde fue acogida por un miembro de la milicia que vivía con sus padres.
Esta familia vivía acomodadamente, por lo tanto a ella y a sus hermanas no les faltó nunca la comida ni vivieron la situación angustiosa que se vivía en la capital en ese momento.
Con esa familia permaneció tres años, hasta que llegaron los “nacionales” y las cosas cambiaron. Ella regresó a su casa con sus padres.
Conclusión
Las consecuencias de esta guerra fueron terribles, familias destrozadas, hambre, sangre y lucha entre hermanos. Tenemos la esperanza que nadie tenga que volver a vivir esta situación por culpa de la intolerancia entre personas.
C. M. H., curso 1996-97
03 Dic 2008
Años De Sufrimiento Constante
José Martín y Marcelina Barba vivían en Cabezarrubios del Puerto, cerca de Ciudad Real, pero cuando en 1926 nació su hija Porfiria se trasladaron a una finca de Ventillas, entre la estación de ferrocarril y Fuencaliente, de los señores de Moral de Calatrava, que en aquellos años era una de las familias más ricas de la zona.
Ayudaba A Su Padre A Espantar A Los Furtivos
Allí transcurrió la infancia de Porfiria, colaborando con sus padres, porque José trabajaba como guarda de la finca y su madre como criada de los señores. Porfiria era la mayor de cinco hermanos y ayudaba a su madre a criarlos. Recuerda que con seis o siete años también ayudaba a su padre a espantar a los furtivos que entraban en la finca. No pasaban hambre, pero sí muchas fatigas, que sólo se podía sobrevivir con un trabajo constante.
El Cura De Ventillas Había Desaparecido
Ya antes de la guerra escuchaban rumores de la mala situación política a los viajeros que paraban en el cortijo. Porfiria, a pesar de su corta edad, ya se daba cuenta de que la situación podía ser grave.
Su padre enfermó a los treinta y tres años y el trabajo se les hizo más duro a Porfiria y su madre. Solían comer potaje y jamón en las grandes ocasiones, cuando había matanza. No tenían salario, sino que trabajaban por la comida y la casa, que vivían de los animales de la finca.
Su padre murió el mismo día, 18 de julio de 1936, que comenzó la guerra. Porfiria se enteró porque, cuando fueron a enterrarlo, el cura de Ventillas había desaparecido y se rumoreaba que había sido por sus ideas políticas, que ya se sabía en el pueblo por la radio la sublevación del Ejército. Para Porfiria fue un duro palo, porque enterraron a su padre en medio de la preocupación y el miedo que les daba un futuro incierto.
El Barbero Cortaba El Pelo Al Cero
Durante la guerra sigue con su madre y hermanos en las mismas condiciones que antes, aunque el trabajo se hacía más duro por la falta del padre y con la preocupación de lo que pudiera pasarles a otros familiares más próximos a los frentes de guerra.
En Ventillas dominaban los franquistas y el barbero, por orden de las autoridades, cortaba el pelo al cero a todos los republicanos y les dejaba una coletilla donde se les prendía un lazo rojo. De esta manera se les hacía ir a la plaza del pueblo a la vista de todos.
Después de la guerra siguieron en la misma finca, hasta la muerte del señor, en que la viuda les comunica que tienen que abandonarla.
Los Peores Años De Su Vida
La madre de Porfiria se trasladó con sus hijos a un quinto [sic] del valle de Fuencaliente, cerca de Jaén, donde se casó de nuevo. Entonces empezaron los problemas económicos y sentimentales. Son años de sufrimiento constante por las consecuencias de la guerra, el país está destruido y no hay casi para comer. Porfiria trabaja en el campo para sacar su casa adelante. Conoce además la muerte de muchos conocidos o familiares que fueron fusilados o cayeron en el frente.
Los años de la posguerra fueron los peores de su vida. Se encontró en la calle. Sin nada, hundida y llena de sufrimiento, volvió a su pueblo natal, Cabezarrubios del Puerto. Ante esta situación de desesperación, una vez casada, se traslada «a un cortijo llamado Bienvenida donde poco a poco van sembrando juntos su familia y su hogar y a base de mucho esfuerzo salen adelante».
G. D. R., curso 1996-1997
02 Dic 2008
Ninguna autoridad estuvo para entregar la ciudad
Ninguna autoridad estuvo para entregar la ciudad
Pedro había nacido en 1927 y vivía en el pueblo de Carabanchel Alto, que Madrid entonces sólo ocupaba la orilla izquierda del Manzanares y en la derecha estaban los Carabancheles y pequeños hoteles de veraneo.
Su padre se alistó en la milicia para defender la República y fue destinado a un polvorín de aviación en Cuenca, pero vio alistarse a chavales de quince y dieciséis años, a los que llamaban la “Quinta del Chupete”.
Incluso Llegó A La Plaza De España
Cuando el ejército de Franco llegó a Madrid, mucha gente de la orilla derecha huyó y otros fueron evacuados al centro de la capital, porque decían que los fascistas iban a volar los puentes.
En opinión de Pedro, el ejército franquista pudo haber conquistado Madrid el primer día, si hubiera querido. Dice que incluso llegó a la plaza de España, pero retrocedieron a un cine en Matadores 80, ahora general Ricardos, y puso su campamento allí.
Los refugiados fueron alojados en colegios e iglesias, pero a Pedro y su madre les tocó pasar dos meses en el mercado de pescados.
La “Niña De Las Pecas"
Durante los tres años de guerra Pedro presenció innumerables bombardeos que afectaron particularmente a un cuartel, cerca de la iglesia de San Sebastián, que quedó destrozada, a [los almacenes] “El Globo”, en Antón Martín, y al edificio de la Telefónica, que lo llamaban la “Niña de las Pecas" de tantos impactos como tenía.
Cuando dejaron el mercado de pescados, vivieron en la calle Carranza o Serrano o plaza de Barceló. Se dedicaba a correr por las alcantarillas, donde conoció a otros niños que llevaban bombas y pistolas [sic] y se hizo amigo de ellos.
En Madrid se pasó mucha hambre, no había que comer, sólo había unas pocas algarrobas. Pero las lentejas tienen carne, le dijo un hombre sonriendo, porque tenían bichos. No obstante, la gente soñaba con ellas.
El Mejor Pan Que Ha Comido
Era tanta el hambre que, cuando los franquistas bombardearon Madrid con pan, muchos lo cogieron a pesar de la prohibición expresa de las autoridades, lo que les costó la vida a más de uno. Primero dijeron que estaba envenenado, luego hicieron que grupos de chavales, a los que llamaron pioneros, entre los que estuvo Pedro, recorrieran las calles con banderas en las que se leía: “¡No pasarán! ¡No comáis el pan!” Luego cambiaron la persuasión por las amenazas, se dispararía sobre cualquiera que cogiera el pan y muchos murieron por esta causa. Pero Pedro consiguió comerlo y cuenta que ha sido el mejor pan que ha comido.
En invierno no había leña y la gente buscaba lugares a resguardo. Pedro encontró un huequito en una iglesia derruida adonde llegaban los rayos del sol y lo calentaban.
Todos Los Altos Cargos Huyeron
En Madrid todos los jueves, en guerra y sin guerra, fusilaban gente.
Los socialistas consiguieron el poder, pero eran unos ladrones, porque al acabar la guerra huyeron con mucho dinero, todos los altos cargos que había en Madrid huyeron llevándose todo lo que pudieron y ninguno estuvo para entregar la ciudad dignamente, que lo hizo un comandante, lo que parece muy mal a Pedro.
La Esposa De Un Coronel Le Firmó El Aval
Tomada la ciudad, todos sus defensores fueron encarcelados y sólo podían ser liberados si un familiar del bando franquista los avalaba. Como su padre estaba preso en Alcalá de Henares, que fue hecho prisionero cuando cayó el polvorín en que estaba, y no conocía a nadie que pudiera avalarlo, como siempre había vivido en Madrid, recorrió toda la ciudad en busca de alguien que pudiera ayudarlo, hasta que dio con una mujer, esposa de un coronel, que se compadeció de él y le firmó el aval. Así Pedro pudo sacar a su padre de la prisión para que no corriera la suerte de otros muchos.
Todos Están En El Poder Para Hacerse Ricos
Acabada la guerra, Madrid quedaba destruido por los bombardeos o porque los soldados habían utilizado puertas, ventanas y marcos para hacer leña o barricadas y quedaban las casas con las cuatro paredes sólo.
Cuando volvió a Carabanchel encontraron todo destruido, su casa no existía y tuvieron que meterse en otra casa vacía que por allí quedaba.
La gente tenía miedo por si le pegaban un tiro al salir a la calle.
Como el hambre asediaba, se puso a trabajar de aprendiz en una ebanistería, cobraba dos pesetas en tanto que los jefes cobraban ocho o diez.
Pero se lamenta con amargura de los que se hacían pasar por militantes de los partidos, antes y ahora, para cobrar unas pesetas. Él se considera de izquierdas, pero luego de tanto como ha visto, «piensa que todos están en el poder para hacerse más ricos».
I. S. de P., curso 1996-97
26 Nov 2008
En Lo Más Profundo Del Valle
Me llamo Menodora Barroso Encinas, tengo el DNI n° 7.352.629, nací en Valdehúncar (Cáceres), el 10 de septiembre de 1918. Valdehúncar se encuentra muy cerca de Toledo y a su alrededor están otros pueblos, Navalmoral de la Mata, Peraleda de la Mata. Interna En Un Colegio De Monjas Mis padres eran terratenientes, tenían propiedades agrícolas y casa en Cáceres. Por lo tanto durante la guerra no tuve que pasar las precariedades y sufrimientos que padecieron otras personas. Cuando estalló la guerra, yo estaba interna con mis hermanas en un colegio de las monjas de la Concepción, que hoy en día son del Loreto. Mis padres, asustados, avisaron al colegio para que me pusieran de camino a mi pueblo, Valdehúncar, pero no había medios de transporte, ya que habían cortado las comunicaciones. Un amigo nuestro, Inspector de Hacienda, el señor D. Enrique de La Monja, me buscó un taxi que me llevó hasta Trujillo. Allí cogí el coche correo que me dejó en Valdehúncar el día 5 de Agosto. Mis padres estaban terminando de recoger la cosecha de cereales. Vienen Los Regulares Unos días más tarde un muchacho, que trabajaba para nosotros, vino a Valdehúncar y dijo que las tropas de Regulares [o sea, el Tábor, formado por marroquíes, los temidos moros] habían entrado en Peraleda, el pueblo de al lado, y matado al sacerdote del pueblo, amigo de mi padre, D. Paulino, y además venían matando y maltratando a las mujeres. Como podrás entender, mi padre sintió pánico, pues éramos siete hermanas, tres casadas y cuatro solteras, ocho mujeres con mi madre. Así que nos fuimos a esconder a la ribera del Tajo, lo que nosotros llamábamos El Ribero. Cogimos algo de ropa, una burrita que había y salimos del pueblo lo más rápido posible. Cuando llevábamos andados unos cuatro o cinco kilómetros, vimos una casa de campo, donde paramos a descansar un poco, ya que era pleno día y hacía mucho calor. Después seguimos andando hasta alcanzar el Ribero del Tajo, en lo más profundo del valle, donde no había comunicación. Allí estaba un matrimonio de Peraleda de la Mata, médico él, su mujer, que estaba a punto de dar a luz, y el padre de ella. También estaba mí tía Teresa, hermana de mi madre, con dos niños pequeños... En total seríamos unas veinte personas las que nos encontrábamos allí. Mi padre, al ver cuántos que éramos y que la situación podría alargarse durante días, dijo que teníamos que ir a casa por comida, que de lo contrario no aguantaríamos. Una de mis hermanas y mi tía marcharon con mi padre en busca de comida al pueblo, donde cogieron jamones, pan, etc., todo lo que pudieron traer. En la Ribera del Tajo estuvimos cinco días. El día 16 de agosto, a primera hora de la mañana, se presentó mi cuñado, el militar, con una tropa que le habían dado para buscarnos y llevar a mi tía Teresa y los niños a la casa que teníamos en Cáceres. Acababan de entrar las fuerzas Pero cuando llegamos a Almaraz eran las fiestas patronales de San Roque y en ese momento acababan de entrar las fuerzas Regulares y el Tercio, que venían al mando del General Valera. Mi cuñado tenía un familiar allí, pero no nos dejaron pasar. Tenía una casa impresionante, pero dijo que no pasáramos, que nos quedáramos hasta ver qué sucedía, porque estaban entrando las fuerzas. Era el día 27 de agosto. Los “nacionales” habían ocupado distintos pueblos y los “rojos” estaban entrando en Navalmoral, pero ya habían entrado en Valdehúncar, Belvís, Las Casas y Millanes. En Almaraz se produjo un tiroteo entre “nacionales” y “rojos”. Los “nacionales” pasaron a Navalmoral por la carretera donde siguió el combate. Como los “rojos” habían tenido muchas bajas, se vieron obligados a retirarse porque no podían seguir luchando. Al final los regulares ordenaron poner paños blancos como señal de rendición. Entonces uno de los criados de mi padre, que se había quedado para cuidar el ganado, al oírlo salió a poner algo, pero los regulares que lo vieron correr pensaron que era un enemigo y le dispararon. Las tropas de los “rojos” salieron dirección a Peraleda y los “nacionales” iban siguiéndolos. Las Fuerzas “Nacionales” Avanzaban Hacia Toledo Mi padre y los generales no pudieron entrar en mi casa, sino que tuvieron que esperar hasta vaciarla. Mientras que nosotras volvíamos al pueblo, la casa volvió a servir de hospital, pero esta vez para los “nacionales”. Los de izquierdas, al ver la situación en la que se encontraban, que apenas tenían soldados, se iban llevando con ellos a la fuerza a todos los hombres útiles para el frente, de esta manera dejaban los pueblos desolados. A un tío mío, que estaba con Leonoro en el campo, lo obligaron ir con ellos, a pesar de que tenía ya sesenta y cinco años, en cambio a Leonoro, como estaba discapacitado, no se lo llevaron. Mientras las fuerzas “nacionales” avanzaban hacia Toledo, que se encuentra a unos 50 kms., la Comandancia permaneció durante un tiempo en Valdehúncar, cubriendo la retaguardia. Allí se encontraba la intendencia y los suministros, que repartía mí tío Florencio en los camiones de los soldados. De la Comandancia de Navalmoral salían grupos que se instalaban en los pueblos colindantes, Millanes, Las Casas, Belvís, etc. A partir de aquí fueron avanzando hacia la provincia de To1edo, donde hubo un combate muy fuerte, exactamente en el Alcázar, según una amiga del colegio, Concha Rodríguez, me contó, ya que ella lo vivió. Dejaron la casa totalmente arrasada Poco después, abandonaron el pueblo y pudimos volver a nuestra casa, que la dejaron totalmente arrasada. No nos dejaron nada, así que tuvimos que empezar a comprar ropa y comida. Se llevaron toda la cosecha. También desvalijaron la Iglesia y se llevaron consigo a mucha gente joven. Éramos un pueblo de doscientos cincuenta vecinos, cada vecino era como cuatro o cinco personas, es decir cada vecino era como una casa, y murieron quince personas aproximadamente. Nosotras nos quedamos en Almaraz, hasta que el día 27 de agosto vino mi padre a buscarnos, porque ya habían limpiado la casa y el pueblo había quedado completamente desolado. En nuestra casa apenas quedó algo, nos dejaron sin matanza, sin aceite, la cosecha se la llevaron toda. La casa de labor que teníamos quedó destrozada, allí teníamos además de la comida para nosotros la comida de los segadores que también se la llevaron. De la iglesia sólo quedaron las paredes, los rojos habían destrozado las imágenes. Los “nacionales” mataron al cura nuestro y a otro señor que salió corriendo porque pensaban que les iban a hacer una emboscada. Un Lugar Estratégico En mi pueblo tuvieron un destacamento unos cuatro o cinco años, era una comandancia militar de sanidad. Se quedaron tanto tiempo en mi pueblo porque estaba a unos siete kilómetros aproximadamente del puente del Tajo, un punto estratégico del que podían salir hacia otras regiones. Por culpa de esto mucha gente tuvo que emigrar porque eran pueblos pequeños que dependían de la labor y no había capitales fuertes y siempre en casi todos los pueblos había un rincón donde se encontraba la gente pobre. En mi pueblo esto no sucedía ni tampoco era mi caso. Pendientes De Los Aviones Tras un año de guerra yo me encontraba en Cáceres en casa de una hermana, la que estaba casada con el militar. Cuando por la mañana venían los aviones bombardeando nos teníamos que bajar al refugió que tenía la casa en el sótano. Nuestra casa se encontraba en la parte antigua, cerca de la catedral de Santa María. Cuando iba al colegio, tanto mis amigas como yo, teníamos miedo porque teníamos que estar pendientes de los aviones. Una vez tuvimos que meternos en el Palacio de Montenegro, que era de un noble. Por aquel entonces, todas las iglesias y palacios permanecían abiertas para más seguridad de los ciudadanos. Me acuerdo que un día estando en el colegio nos bajaron a marcha forzadas. Fue un bombardeo horroroso y una chica se cayó por las escaleras y se rompió un brazo. En el colegio nos daban pan de maíz Estuve un año en Cáceres y dos en Plasencia, pero no pasé demasiadas necesidades, pero sí bastante hambre, aunque mi padre, que iba al colegio cada quince días, me llevaba matanza y pan de trigo, no como el de maíz que nos daban en el colegio, que yo se lo regalaba a una amiga que no tenía tanta suerte como yo y estaba allí con una beca. Cuando se ganaba una ciudad tocaban las campanas de la catedral y se hacia un Tedeum, una acción de gracias y así, cuando se terminó la guerra, se hizo lo mismo presidido por el obispo y autoridades, y claro las monjas de la Concepción, que hoy en día son las de Loreto, también asistieron y con ellas fuimos mis compañeras y yo. De está manera celebramos el final de la guerra. Después de la guerra, mi padre seguía siendo el juez del pueblo y la comandancia de Cáceres le pidió que fuera el alcalde, pero él lo rechazó porque ya era mayor, tenía sesenta años. Así que nombraron a un primo hermano mío, José Letiana. [N. del E.: Por algún despiste, no apunté al pie del relato el nombre del alumno/a. Pero lo incluyo en estas memorias porque el testigo está perfectamente documentado]
Sobre este blog
Memorias de un Tiempo de Horror y Muerte
Aurelio Mena HorneroSoy profesor de historia jubilado. He trabajado en el I.E.S. “Mariano José de Larra” con alumnos de 3º de BUP primero y de 2º de Bachillerato LOGSE después. Al comienzo de los años noventa, para que entendieran la continuidad del tiempo histórico con el tiempo de la vida, para que valoraran su presente en relación al pasado, les propuse un cuestionario y les pedí que entrevistasen a sus abuelos. El resultado son dos informes que genéricamente titulo “La Guerra de Nuestros Abuelos”: El primero se puede ver en el enlace abajo indicado, el segundo se inicia en este “blog”.
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