22 Nov 2010
No entiendo nada
Me dice un administrador de la Comunidad que no puedo editar los artículos anteriores, porque no soy su autor propietario. Lo he hecho otras veces y ahora escribo esto otro para probar que puedo acceder al sistema como autor, pero no editar los artículos anteriores como él me asegura. Alguien me lo puede aclarar.
El asunto viene porque un antiguo alumno me ha pedido una corrección en uno de los artículos, pero no puedo hacerlo, como otras veces, no obstante haber sido su editor.
17 Dic 2008
Sangrientas Matanzas
V. L. B. nació 1904 en Campo de Criptana (Ciudad Real). Hacia los seis u ocho años comenzó a trabajar como labrador, por lo que apenas pasó dos años en la escuela. Lo crió su tío A. porque había quedado huérfano de muy corta edad.
Te Cacheaban Y Ya Te Consideraban Sospechoso
El 18 de julio, estando trabajando en el campo, oyó rumores sobre una huelga general para el día siguiente. Hubo huelga, «una gran vigilancia y no te dejaban salir a ninguna parte».
El Ayuntamiento, cuyo alcalde, don Fernando Alarcón, era de derechas, fue tomado por los “rojos” o republicanos. En ese momento se conoció en el pueblo que la guerra civil había comenzado.
Desde ese momento, durante ocho días no se pudo salir al campo «porque te volvían a mandar a tu casa si te veían salir». Nadie podía salir de casa, las puertas estaban cerradas e incluso las persianas bajadas. «Si te veían por la calle, te cacheaban y ya te consideraban sospechoso». Luego se empezó a trabajar, pero muy vigilados y controlados.
Quemaron Los Santos De Semana Santa
Los republicanos «hacían mientras sus sangrientas matanzas. A veces llegaban a llevarse hasta treinta y dos personas en un camión, tratándolas como sacos. Cuando llevaban poco camino recorrido las mataban». Una vez, gracias a un conductor, dos hombres pudieron salvarse.
La iglesia de Nª Sª de la Asunción, el santuario del Sto. Cristo de Villajos y la ermita de Nª Sª la Virgen de Criptana fueron quemadas y reducidas a escombros. También quemaron los santos de los pasos de Semana Santa, menos uno que un campesino consiguió guardar y salvar.
Se comía como de costumbre de las reservas que había en la casa, aceitunas, pan y vino.
Estuvieron En El Bando Republicano Por Miedo
En ocasiones ponían multas [¿recaudación?] de mil pesetas (unas 50.000 pesetas de hoy) con el pretexto de que hacía falta en Ciudad Real, pero era un dinero destinado a bienes superfluos de los mandatarios republicanos de la capital. Sucedió el 27 de septiembre de 1936.
Un día de 1938 se presentó un "rojo" con una orden de movilización para V. L. B., le dijo que «la guerra lo llamaba y que tenía que defender a su patria». Lo mandaron al campo de fútbol "Agustín de la Fuente", donde estaban detenidos los partidarios de la rebelión militar, para hacer guardia.
Hizo guardia durante algún tiempo hasta que fue enviado al frente. V. L. B. y otros movilizados como él eran de derechas, pero estuvieron en el bando republicano por miedo.
Los Peores Tiempos Vinieron Después
Estuvo en Mora de Toledo dos meses y medio, un mes en Orgaz, tres meses en Navalmorales, cuatro o cinco meses en Navalucillos y finalmente en Sevilleja de la Jara, donde estuvo hasta que terminó la guerra, todos de la provincia de Toledo y por los que se movieron siempre andando. Luego fue a Talavera de la Reina y de ahí al Romeral donde tomaron un tren hasta Alcázar de San Juan. Finalmente los ocho kilómetros hasta Campo de Criptana volvió a hacerlos andando.
V. no llegó a entrar en combate, tan sólo se instruía por si era necesario. Se alojaban y comían en casas particulares, cuyos dueños a veces les ponían mala cara, como estaban en el ejército “rojo”, pero tenían que tragar.
Los peores tiempos vinieron después de la guerra y uno de los mayores fue el abandono del campo, ya que durante la guerra las tareas agrícolas estuvieron en manos de muchachos. Pasaron mucha hambre, durante días no comieron otra cosa que aceitunas y uvas, y tenían que trabajar duro. Otro problema fue el dinero, que perdieron todos los ahorros que tenían por la invalidación del dinero republicano.
Este Trabajo
El hecho de haber realizado el trabajo me ha gustado y servido bastante porque me ha ayudado a entender mejor la historia y a situarme en la realidad del mundo en que vivimos. Jamás me había imaginado una guerra tal y como es verdaderamente, y este trabajo me ha ayudado a poner los pies en la tierra.
Madrid, a 3 de junio de 1996
B. L. M. curso 1995-96
16 Dic 2008
Y Pasó Lo Que Pasó
Mi abuelo se llama V. E. G. Tiene setenta y dos años, y cuando estalló la guerra sólo contaba once de edad. Era vecino de Romangordo, un pueblo de Cáceres en la ribera del río Tajo, aunque tenía la casa a cinco kilómetros, justo a la orilla del río, y vivía de lo que le daban unas pequeñas huertas. Al lado pasaba la N-V, la carretera de Extremadura.
Mi abuela se llama M. G. R., tiene sesenta y ocho años y tenía siete cuando estalló la guerra, aunque ella, al contrario de mi abuelo, residía en el pueblo. Era hija única, mientras que mi abuelo tenía nueve hermanos más, de los cuales sólo él ha sobrevivido, los otros fallecieron a los pocos años de nacer.
Los dos me han ayudado para hacer el trabajo.
Localización Del Pueblo
Como ya he dicho, el pueblo se encuentra en la comunidad autónoma de Extremadura, provincia de Cáceres, en la partida de Navalmoral de la Mata, rodeado de pequeños montes y el pico más alto que hay es el puerto de Miravete. Pueblos colindantes son Higuera de Albalat, a tres Kilómetros, Las Casas de Miravete, a unos doce kilómetros, y más alejados están Almaraz, Valdecañas y Navalmoral de la Mata. Pasando el puerto está Jaraicejo y a cien Kilómetros al oeste Cáceres capital. Al este, a 94 Kilómetros se encuentra Talavera de la Reina y Madrid se encuentra a 202 Kilómetros siguiendo la N-V en el mismo sentido.
“¡Viva El Fascio!”
La guerra que vivió mi abuelo estaba muy centrada en su alrededor, quiero decir, que como era pequeño no le tocó combatir en ninguno de los frentes, ni irse lejos de su pueblo natal.
Antes de que empezase la guerra, ya había mítines por los pueblos, que vaticinaban una guerra inminente. Decían que iba a correr la sangre por las calles, por ejemplo. En uno de esos mítines estaba mi abuela, que, aunque era pequeña, le gustaba ir donde había mucha gente y andar por allí cuchicheando. Pues bien, a una mujer que estaba al lado de la casa del cura, se le ocurrió gritar “¡Viva el fascio!”. Claro, las personas allegadas al partido que daba el mitin se enojaron y pensaron que lo había gritado el cura. Éste se refugió en su casa y dice mi abuela que, si llegan a tirar la puerta abajo, matan al cura a balazos. El pobre hombre, que no había hecho nada, pudo escapar por el corral y explicar lo sucedido.
En Camiones Venían De Badajoz Hacia El Frente
Ya empezada la guerra, el puente de Albalat, la única manera de cruzar el Tajo sin necesidad de embarcaciones, estaba tomado y defendido por los “nacionales”. Eran pocos y por los alrededores, escondidos entre los matojos y las montañas, estaban los “rojos”.
Apareció un avión que bombardeó el puente. El padre de mi abuelo se hallaba a dos kilómetros de distancia y vio el humo, pero no vio uno de los tres ojos que tiene el puente y pensó que lo habían derribado, pero se equivocó, habían fallado en su intento de derribar el puente.
En ese momento los “rojos” empezaron a tirar desde lo alto de las colinas y los “nacionales”, como eran pocos, se defendían como buenamente podían. Pasado algún tiempo, los dos bandos se vinieron hacia Madrid, montaron un frente a cien kilómetros y por mi pueblo no hubo más batallas. Sí que se veían los batallones que venían de Badajoz, montados en los camiones que los llevaban al frente.
Tiraban Los Cadáveres Al Río
El puente estuvo un tiempo sin vigilancia y los “rojos” cogían a los falangistas, los fusilaban allí mismo y tiraban los cadáveres al río.
Mi abuelo, como ya he dicho, vivía dos kilómetros aguas abajo, así que veía pasar los cadáveres que, flotando, seguían el curso de la corriente. El padre de mi abuelo los cogía y los apartaba, porque se quedaban enganchados en las ramas y los animales que tenía, iban a ellos y podían morir.
Un día uno de los que iban a fusilar logró salvarse, porque se tiró del camión y consiguió agarrarse a unas ramas del puente. Los “rojos” pensaron que se había ahogado, porque el hombre tiró una piedra al agua.
Otro caso fue el de un médico de Cáceres, al que dispararon y arrojaron al agua, pero no murió, se despistó y fue a parar a Higuera, un pueblo a tres kilómetros de Romangordo. Allí un hombre que estaba en la huerta lo vio llegar y el médico le pidió ayuda. El hombre le dio alimento, ingresaron al médico y se curó.
Cuentan Que La Cabeza Caía Rodando
Luego hubo un tiempo en que hicieron trincheras en el puente. También hacían misas de campaña allí, a las que la gente del pueblo bajaba a caballo o en burro y luego volvía. Pasaba el tiempo y en un pueblo de al lado, Las Casas de Miravete, los “nacionales” decapitaron en la plaza del pueblo a un hombre que era “rojo”. Cuentan que se veía cómo la cabeza caía rodando por la plaza delante de todo el mundo.
En Valdecañas, otro pueblo cercano, los “rojos” tiraban los santos de las iglesias al suelo y los quemaban. También cortaron la carretera de mi pueblo para que no subieran coches. El alcalde era de izquierdas, lo encarcelaron y lo mataron. Otros se pasaron a la parte de derechas, pero él no quiso, lo que le costó la vida, porque pidieron al pueblo que declarara sobre el alcalde, pero el cura no dio buena referencia de él y pasó lo que pasó.
Los Listos Se Salvaron
Sólo mataban a los más destacados del pueblo y según palabras de mi abuelo “los listos se salvaron, pero los desgraciados no”.
La gente no quería ir a combatir y a los que destinaban lejos se tiraban de los camiones y se volvían al pueblo, pero al día siguiente la Guardia Civil iba a buscarlos.
Como se puede ver en el pueblo de mi abuelo no se vivió la guerra muy a fondo. Lo más significativo que pasó fue que cerraban comercios, porque los dueños eran del bando contrario o cortaban el pelo al rape a las mujeres y las hacían pasearse por todo el pueblo.
J. R. M. E., curso 1996-97
11 Dic 2008
Maldecía A Los “Nacionales”
C. R. D., natural de Abánades (Guadalajara), tiene setenta y tres años y es pensionista.
Abánades es un pueblo situado en la ribera del río Tajuña, cerca de la localidad alcarreña de Alcolea del Pinar, que vive de la agricultura y la ganadería, y posee unos ciento cincuenta habitantes.
Teníamos Que Ir Siempre A Escondidas
La señora C. R. D. tenía apenas doce años cuando comenzó la guerra. Su padre se dedicaba exclusivamente a la ganadería, lo que lo obligó a ir de un lado a otro durante aquel tiempo como nos explica la señora C. R. D.:
«Mi padre tenía ciento y pico cabezas de ganado. Entonces, al empezar la guerra, tuvimos que llevarlo de un lado a otro, porque, si no, nos lo podían quitar o hacerle algún daño, y el ganado era de lo que vivíamos.
«Nada más comenzar la guerra, el frente se situó muy cerca del pueblo, entonces nosotros por miedo tuvimos que llevarnos el ganado hasta otro pueblo, donde la situación estuviese más tranquila y pudiéramos sacarlo a pastar sin peligro.
«Pero había otro problema, ya que mi hermano Pío estaba en edad de ser reclutado y teníamos que ir con él siempre a escondidas, porque, si se lo llevaban al frente, entre mi padre, mi hermana y yo no podríamos hacernos cargo del ganado, con lo que cada vez que veíamos soldados o alguna patrulla, mi hermano tenía que salir corriendo, ya que por aquel entonces era extraño ver a jóvenes que no fueran soldados.
Huyendo Con El Ganado De Acá Para Allá
«Apenas llegué a ver el frente, ya que íbamos huyendo con el ganado de un lado a otro. Primero estuvimos un tiempo en Baides, luego en Aragosa, luego en Matillas y Bujalaro, Valtablado y al final en Cogolludo, para luego volver a Jadraque.
«Claro, a cada lugar al que íbamos, no teníamos ni casa ni nada parecido, así que teníamos que buscar una cerrada para meter el ganado o hacerla nosotros con cuatro palos y después teníamos que dormir al raso algunos días hasta que mi padre nos encontraba algo para dormir.
«Hambre no pasamos, pero tampoco lo pasamos bien. Vendíamos la lana de las ovejas o incluso las ovejas.
«A veces para comer, mi hermano y yo nos acercábamos al río y cogíamos cangrejos para la comida, aunque íbamos con cuidado de que no nos cogiera el guarda, esto fue en Aragosa.
«En invierno, a veces sí pasábamos hambre, entonces teníamos que matar un cordero para poder comer.
Un Soldado Rojo Nos Ayudaba Con El Ganado
«Cuando acabó la guerra, todo volvió a ser normal, volvimos a Abánades y mi hermano se fue a la mili. En vez de mi hermano, un soldado rojo, que nos encontramos al volver para Abánades, nos ayudaba con el ganado. Al final se casó con una del pueblo».
La señora C. R. D. nunca opinó sobre si la guerra estuvo bien o mal, ella sólo recuerda lo mal que lo pasó a veces cuando en invierno tenían que dormir al raso y las veces que maldecía su padre a los “nacionales”.
F. R. L., curso 1996-97
10 Dic 2008
Intentaba Sobrevivir
Mi abuelo R. G. R. nació, hijo de M. y M., en Madrid en 1920. Es una persona con una mentalidad un poco cerrada, aunque con unas ideas políticas muy claras, es nacionalista o mejor era nacionalista.
Se Puso A Trabajar De Pastor
Roque vivió en Madrid sus once primeros años sin enterarse de nada. Iba a la escuela, aunque posteriormente tuvo que abandonarla para aportar ayuda económica a su casa, ya que eran tiempos difíciles para todo el mundo que tuviera una familia numerosa coma era la suya. Tenía doce hermanos en total, ocho hermanos y cuatro hermanas, debido a lo cual tuvo que ponerse a trabajar, para ayudar a su familia.
Trabajó de pastor, "arreando cabras", y ganaba un pequeño sueldo, que, con los de su padre y siete hermanos, les permitía ir tirandillo. Pero el padre murió luego y toda la familia cayó en una profunda pobreza que los llevó a pasar grandes calamidades.
En 1931 se instaura el nuevo régimen republicano, aunque todos los problemas que prometía resolver, no se terminaran de solucionar totalmente, ya que el campesinado y la clase obrera seguían pasando hambre. Roque vivió de cerca esta situación, debido a que él ya estaba ganándose un sueldo que no bastaba para mantener a su familia.
El Hambre Con Buen Humor Es Menos
El problema agrario no se solucionó, lo que provoca el descontento general de una población que pasaba hambre, incluido nuestro testigo, aunque no pierde el buen humor, del que es prueba este chiste:
Esta es una familia que vivía en una casa muy pobre y casi no tenía dinero para comer. En esto que llega el padre con un huevo y le dice a la mujer: “María, mira lo que he traído para comer. Fríelo rápido que voy a sentarme”.
La mujer fríe el huevo y lo pone encima de la mesa en un plato. Entonces dice el padre: “El huevo nos lo vamos a comer de esta forma”. Y dice al hijo pequeño: “Tú, Jorgito, pringas una vez en el huevo”. Luego dice al mediano: “Tú, Pedro, pringas una vez en el huevo”. Luego dice al mayor: “Tú, Luis, pringas una vez en el huevo y así coméis todos. Luego vuestra madre pringa dos veces y yo me como la clara y lo que quede de yema”.
En esto que están pringando cada uno su ración y dice el pequeño: “¡Papá, papá, que Luis ha pringado dos veces!”
Y dice el padre: “Déjalo, a ver si revienta!”
La Masacre Que Está Por Llegar
Después de la llegada al poder de la derecha, los países de España se van separando poca a poco y en 1936 se desata la guerra civil. Roque no fue a la guerra por un año debido a que la edad de reclutamiento era de diecisiete años.
Pero mi abuelo apareció en las listas de reclutas. Entonces se presentó diciendo la edad que tenía y nadie lo creía. Corrió a su casa para coger el documento que acreditaba su edad, pero advirtió que un cabo o sargento lo persiguió todo el camino gritándole e insultándolo. Entró en su casa, cogió el documento, pero cuando bajó el sargento, que lo esperaba, lo agarró del cuello y le preguntó por qué corría. Mi abuelo, sin darse cuenta de que era el mismo cabo o sargento, contestó que un capitán lo perseguía. El militar, al oír el grado que le había dado, se echó a reír, le dio una palmadita en la espalda y le dijo: “¡Gracias, chaval! Ya quisiera yo ser capitán, para poder mover todos los hilos e impedir la masacre que está por llegar!”
Estas palabras se le grabaran a Roque en la memoria para siempre y fueron la causa de su ideología nacionalista. Roque no volvió a tener noticias de este mal entendido y no fue a la guerra, dice él, porque aquel cabo o sargento habló en su favor.
Casi No Podía Trabajar
La guerra se desarrolló tal y como dijo ese militar. Hubo más de un millón de muertos, también hubo pérdidas en el campo industrial. Roque reparó en esto porque las industrias que él conocía desaparecieron con la guerra, igual que otras de vital importancia, como los ferrocarriles.
La guerra transcurrió lenta para Roque, debido a que casi no podía trabajar, sino era en algo que tuviera que ver con la guerra.
La Posguerra Fue Peor
Finalmente concluyó la guerra y R. G. R., con diecinueve años, ya sabía más o menos lo que estaba ocurriendo, no sólo en el sentido de los porqués de la guerra, sino en el económico y social, ya que su principal problema era el sustento de su familia y encontrar una estabilidad que le permitiera casarse con J., su futura esposa y mi abuela. Aunque se casaron con muchos problemas, un año después no sabían cómo estabilizarse económicamente, debido a que, si la guerra fue mala, la posguerra fue peor, porque coincidió con la II Guerra Mundial.
La posguerra fue vivida por R. G. R. muy de cerca porque tenía una mujer y una familia que mantener, ya que vivía en la casa de sus padres, que antes era muy normal este tipo de convivencia entre familias. La situación era crítica porque no había industrias ni dinero, el país estaba en quiebra y era preciso levantar una nueva España.
Este período fue muy lento. R. G. R. trabajaba de repartidor de género a las pollerías y otros lugares. Se movía por todo Madrid en bicicleta con un remolque detrás.
La posguerra fue un período tanto o incluso más duro que la guerra, ya que en la guerra la gente moría luchando por sus ideales, pero en la posguerra la gente moría de hambre y falta de recursos.
Su Astucia Hablaba Por Él
Los artículos que más valor tenían eran los pollos y los huevos, porque casi no había existencias, con lo que su precio estaba por las nubes, al alcance de muy pocos, la gente adinerada.
Sin embargo no le faltaron a R. G. R., que se los llevaba gratis sin que nadie lo notara, huevos y pollos. Y si llegaba el caso de dar explicaciones, su astucia hablaba por él y si le decían: "R., te he pedido treinta docenas y me traes veintisiete", mi abuelo respondía: "Es que de donde yo vengo no saben contar bien, señor. La próxima vez le traeré las tres que le he dejado a deber".
Y claro, esto nunca se cumplía, porque las docenas que faltaban ya se las había comido o vendido.
Desde 1945 hasta 1968 estuvo trabajando de repartidor de género, pero ya no tenía que llevar la bicicleta, que fue contratado por una distribuidora que le proporcionaba un camión para los servicios.
Más tarde, creó su propia pollería y estabilizó un poco su vida y la vida de los de su entorno de su entornalaapartidor de ge________________________________________________________________________________________________.
Sólo Interesaba La Comida
Un día iba R. repartiendo género en su camión y de repente un grupo de persona lo hicieron parar con la excusa de que la carretera estaba cortada. R. se bajó del camión y en ese momento lo cogieron entre varios y le dijeron: "A ver qué llevas en el camión”.
La gente que lo había parado eran asaltantes de caminos y robaban a todo el que pasaba por allí. R. mantuvo la calma y les dijo: “¿Qué hacéis, si yo vengo de hacer lo mismo que vosotros, o qué os creéis, que el camión es mío? Mirad en la guantera y veréis como el camión es de un tal José”.
Los asaltantes miraron en la guantera y efectivamente, en la documentación aparecía ese nombre. Y le dijeron: "Bueno, si el camión no es tuyo, no te importará darnos algo”. R. dijo que no le importaba y les dio un par de pollos y unas docenas de huevos, gracias a lo cual lo dejaron marchar.
Si Viviera Franco, Sería Mejor
R. G. R. era nacionalista, pero no porque pensara que eran los que mejor iban a defender el país, sino porque él sabía que eran los más poderosos y tenían la fuerza del Ejército.
Aún hoy sigue pensando que, si viviera Franco, sería mejor, porque, aunque había más control, el país marchaba mejor.
La ideología de R. G. R. es clásica y no ha cambiado con el paso de los años, sigue creyendo que las cosas son como cuando España estaba en guerra y no se da cuenta que no es así. Por otro lado es normal, ya que gran parte de su vida la dedicó a intentar sobrevivir, hasta que por fin se estabilizó y pudo fundar su propio negocio, la pollería, que estuvo esperando durante tanto tiempo.
M. S. G., curso 1996-1997
06 Dic 2008
La Puerta Del Sol Bombardeada
«Todas las guerras son malas porque simbolizan el fracaso de toda política. Pero las guerras civiles, en que en ambas trincheras hay hermanos, son imperdonables, porque la paz no nace cuando la guerra termina».
Charles de Gaulle
R. C. había nacido en Madrid en 1920, contaba pues dieciséis años cuando empezó la guerra. La primera noticia que tuvo fue a través de la radio, escuchada atentamente por todos los miembros de su familia, que vivían en la calle Pozas en pleno centro de Madrid. Su padre, de profesión Guardia Civil con destino en la Estación del Norte, también contaba con un taller de cuero. R. C. y sus dos hermanas estaban estudiando.
Las Elecciones De Febrero De 1936
Según su opinión, la guerra no vino por sorpresa, ya que en el ambiente se respiraba una situación inestable, debido a las elecciones del 16 de febrero de 1936, que produjeron la victoria del Frente Popular, formado al principio como un Comité de Ayuda, con la participación de partidos obreros y republicanos, junto con los sindicatos CNT y UGT, a partir de la represión de 1934, motivada por la revolución en Cataluña, organizada por Companys, presidente de la Generalidad, y la revolución en Asturias, organizada por los socialistas con la ayuda de comunistas y anarquistas, que hubo de ser sofocada con la intervención del Ejército.
La guerra comenzó con el ataque militar a Melilla el 17 de Julio de 1936, al mando del general Yagüe, y con la llegada a Tetuán del general Franco sigue el ataque desde África.
Debido a esto España se divide en dos zonas: La España "Nacional", regida por una Junta de Defensa con sede en Burgos, y la España Republicana
Las Calles De Madrid Se Llenaron De Sangre
Según cuenta R. C., cuando estalló la guerra las puertas de las cárceles se abrieron y salieron tanto delincuentes políticos como comunes, por lo que las calles de Madrid se llenaron de sangre, hubo una situación muy violenta.
Se producían secuestros, llevaban a la gente a las checas, donde había un comisario comunista de la CNT. Las había en varios lugares de Madrid: Bellas Artes, Gobernación, etc...
Aparecieron patrullas armadas, milicianos, llegaban en la madrugada y se llevaban a los sospechosos a la zona de Moncloa, lo que era antes el campo de Legazpi, que se denominaba la China, era un lugar donde había fabricas que estaban desiertas.
Madrid estuvo sitiada durante un año aproximadamente, se pasó mucho hambre y el aprovisionamiento de la población se producía mediante las cartillas de racionamiento. La gente de Madrid se tenía que ir a los pueblos de alrededor para conseguir comida, aunque muchas veces no conseguían llegar a su destino ya que podían ser requisadas. Lo único que podían comer eran las recordadas lentejas de Negrín, puré de San Antonio (harina de almortas) y mondas fritas de patatas.
Todo El Mundo Corría Desesperado
El sonido de las sirenas de alarma era constante, por lo cual toda su familia, se trasladó a vivir al sótano de la tienda de cuero.
Uno de sus peores recuerdos de estos bombardeos tiene como escenario la Puerta del Sol: Pasaba un día por allí, cuando de repente empezó el bombardeo. Todo el mundo corría desesperado hacia un sitio seguro, como el metro, uno de los lugares donde va todo el mundo a refugiarse.
Sintió Tal Angustia Que Se Fugó
El sindicato de taxistas de la estación del Norte proporcionó a su padre una carta donde se pedía que no lo detuviesen, pero, si tenía algún problema, que se pusiese en contacto con ellos, que irían en su ayuda.
En el último año de guerra, R. C. se incorpora al Ejército. Fue destinado al regimiento de caballería-artillería de montaña en Alcalá de Henares. Tuvo la suerte de no tener que ir al frente, ya que fue destinado a patrullar por los alrededores.
En una ocasión venía hacia Madrid con un compañero, cuando fue arrestado y llevado a una especie de campo de concentración, donde se encontraba mucha gente. Al sentirse privado de libertad, sintió tal angustia que no aguantó más y se fugó. Aprovechó la ocasión, cuando la gente iba a ver a sus familiares o a comprobar si que estaban allí. Salieron por la puerta y se escondió entre la gente que llenaba la entrada. Así consiguieron llegar a Madrid.
Al poco tiempo acabó la guerra, pero la situación no mejoró. A la persecución de la Falange, se sumó la mucha hambre existente, una época que duró aproximadamente de seis a ocho años.
Evacuada a Guadalajara
Por el contrario su esposa, también natural de Madrid y con menos edad, sufrió una experiencia de la guerra muy diferente.
Cuando estalló la guerra se encontraba en un colegio con sus dos hermanas y fueron llevadas junto con los demás compañeros a un pueblo de la provincia de Guadalajara, donde fue acogida por un miembro de la milicia que vivía con sus padres.
Esta familia vivía acomodadamente, por lo tanto a ella y a sus hermanas no les faltó nunca la comida ni vivieron la situación angustiosa que se vivía en la capital en ese momento.
Con esa familia permaneció tres años, hasta que llegaron los “nacionales” y las cosas cambiaron. Ella regresó a su casa con sus padres.
Conclusión
Las consecuencias de esta guerra fueron terribles, familias destrozadas, hambre, sangre y lucha entre hermanos. Tenemos la esperanza que nadie tenga que volver a vivir esta situación por culpa de la intolerancia entre personas.
C. M. H., curso 1996-97
03 Dic 2008
Años De Sufrimiento Constante
J. M. y M. B. vivían en Cabezarrubios del Puerto, cerca de Ciudad Real, pero cuando en 1926 nació su hija P. se trasladaron a una finca de Ventillas, entre la estación de ferrocarril y Fuencaliente, de los señores de Moral de Calatrava, que en aquellos años era una de las familias más ricas de la zona.
Ayudaba A Su Padre A Espantar A Los Furtivos
Allí transcurrió la infancia de P., colaborando con sus padres, porque J. trabajaba como guarda de la finca y su madre como criada de los señores. P. era la mayor de cinco hermanos y ayudaba a su madre a criarlos. Recuerda que con seis o siete años también ayudaba a su padre a espantar a los furtivos que entraban en la finca. No pasaban hambre, pero sí muchas fatigas, que sólo se podía sobrevivir con un trabajo constante.
El Cura De Ventillas Había Desaparecido
Ya antes de la guerra escuchaban rumores de la mala situación política a los viajeros que paraban en el cortijo. Porfiria, a pesar de su corta edad, ya se daba cuenta de que la situación podía ser grave.
Su padre enfermó a los treinta y tres años y el trabajo se les hizo más duro a P. y su madre. Solían comer potaje y jamón en las grandes ocasiones, cuando había matanza. No tenían salario, sino que trabajaban por la comida y la casa, que vivían de los animales de la finca.
Su padre murió el mismo día, 18 de julio de 1936, que comenzó la guerra. P. se enteró porque, cuando fueron a enterrarlo, el cura de Ventillas había desaparecido y se rumoreaba que había sido por sus ideas políticas, que ya se sabía en el pueblo por la radio la sublevación del Ejército. Para P. fue un duro palo, porque enterraron a su padre en medio de la preocupación y el miedo que les daba un futuro incierto.
El Barbero Cortaba El Pelo Al Cero
Durante la guerra sigue con su madre y hermanos en las mismas condiciones que antes, aunque el trabajo se hacía más duro por la falta del padre y con la preocupación de lo que pudiera pasarles a otros familiares más próximos a los frentes de guerra.
En Ventillas dominaban los franquistas y el barbero, por orden de las autoridades, cortaba el pelo al cero a todos los republicanos y les dejaba una coletilla donde se les prendía un lazo rojo. De esta manera se les hacía ir a la plaza del pueblo a la vista de todos.
Después de la guerra siguieron en la misma finca, hasta la muerte del señor, en que la viuda les comunica que tienen que abandonarla.
Los Peores Años De Su Vida
La madre de P. se trasladó con sus hijos a un quinto [sic] del valle de Fuencaliente, cerca de Jaén, donde se casó de nuevo. Entonces empezaron los problemas económicos y sentimentales. Son años de sufrimiento constante por las consecuencias de la guerra, el país está destruido y no hay casi para comer. P. trabaja en el campo para sacar su casa adelante. Conoce además la muerte de muchos conocidos o familiares que fueron fusilados o cayeron en el frente.
Los años de la posguerra fueron los peores de su vida. Se encontró en la calle. Sin nada, hundida y llena de sufrimiento, volvió a su pueblo natal, Cabezarrubios del Puerto. Ante esta situación de desesperación, una vez casada, se traslada «a un cortijo llamado Bienvenida donde poco a poco van sembrando juntos su familia y su hogar y a base de mucho esfuerzo salen adelante».
G. D. R., curso 1996-1997
02 Dic 2008
Ninguna autoridad estuvo para entregar la ciudad
Ninguna autoridad estuvo para entregar la ciudad
P. había nacido en 1927 y vivía en el pueblo de Carabanchel Alto, que Madrid entonces sólo ocupaba la orilla izquierda del Manzanares y en la derecha estaban los Carabancheles y pequeños hoteles de veraneo.
Su padre se alistó en la milicia para defender la República y fue destinado a un polvorín de aviación en Cuenca, pero vio alistarse a chavales de quince y dieciséis años, a los que llamaban la “Quinta del Chupete”.
Incluso Llegó A La Plaza De España
Cuando el ejército de Franco llegó a Madrid, mucha gente de la orilla derecha huyó y otros fueron evacuados al centro de la capital, porque decían que los fascistas iban a volar los puentes.
En opinión de Pedro, el ejército franquista pudo haber conquistado Madrid el primer día, si hubiera querido. Dice que incluso llegó a la plaza de España, pero retrocedieron a un cine en Matadores 80, ahora general Ricardos, y puso su campamento allí.
Los refugiados fueron alojados en colegios e iglesias, pero a Pedro y su madre les tocó pasar dos meses en el mercado de pescados.
La “Niña De Las Pecas"
Durante los tres años de guerra P. presenció innumerables bombardeos que afectaron particularmente a un cuartel, cerca de la iglesia de San Sebastián, que quedó destrozada, a [los almacenes] “El Globo”, en Antón Martín, y al edificio de la Telefónica, que lo llamaban la “Niña de las Pecas" de tantos impactos como tenía.
Cuando dejaron el mercado de pescados, vivieron en la calle Carranza o Serrano o plaza de Barceló. Se dedicaba a correr por las alcantarillas, donde conoció a otros niños que llevaban bombas y pistolas [sic] y se hizo amigo de ellos.
En Madrid se pasó mucha hambre, no había que comer, sólo había unas pocas algarrobas. Pero las lentejas tienen carne, le dijo un hombre sonriendo, porque tenían bichos. No obstante, la gente soñaba con ellas.
El Mejor Pan Que Ha Comido
Era tanta el hambre que, cuando los franquistas bombardearon Madrid con pan, muchos lo cogieron a pesar de la prohibición expresa de las autoridades, lo que les costó la vida a más de uno. Primero dijeron que estaba envenenado, luego hicieron que grupos de chavales, a los que llamaron pioneros, entre los que estuvo Pedro, recorrieran las calles con banderas en las que se leía: “¡No pasarán! ¡No comáis el pan!” Luego cambiaron la persuasión por las amenazas, se dispararía sobre cualquiera que cogiera el pan y muchos murieron por esta causa. Pero Pedro consiguió comerlo y cuenta que ha sido el mejor pan que ha comido.
En invierno no había leña y la gente buscaba lugares a resguardo. Pedro encontró un huequito en una iglesia derruida adonde llegaban los rayos del sol y lo calentaban.
Todos Los Altos Cargos Huyeron
En Madrid todos los jueves, en guerra y sin guerra, fusilaban gente.
Los socialistas consiguieron el poder, pero eran unos ladrones, porque al acabar la guerra huyeron con mucho dinero, todos los altos cargos que había en Madrid huyeron llevándose todo lo que pudieron y ninguno estuvo para entregar la ciudad dignamente, que lo hizo un comandante, lo que parece muy mal a Pedro.
La Esposa De Un Coronel Le Firmó El Aval
Tomada la ciudad, todos sus defensores fueron encarcelados y sólo podían ser liberados si un familiar del bando franquista los avalaba. Como su padre estaba preso en Alcalá de Henares, que fue hecho prisionero cuando cayó el polvorín en que estaba, y no conocía a nadie que pudiera avalarlo, como siempre había vivido en Madrid, recorrió toda la ciudad en busca de alguien que pudiera ayudarlo, hasta que dio con una mujer, esposa de un coronel, que se compadeció de él y le firmó el aval. Así P. pudo sacar a su padre de la prisión para que no corriera la suerte de otros muchos.
Todos Están En El Poder Para Hacerse Ricos
Acabada la guerra, Madrid quedaba destruido por los bombardeos o porque los soldados habían utilizado puertas, ventanas y marcos para hacer leña o barricadas y quedaban las casas con las cuatro paredes sólo.
Cuando volvió a Carabanchel encontraron todo destruido, su casa no existía y tuvieron que meterse en otra casa vacía que por allí quedaba.
La gente tenía miedo por si le pegaban un tiro al salir a la calle.
Como el hambre asediaba, se puso a trabajar de aprendiz en una ebanistería, cobraba dos pesetas en tanto que los jefes cobraban ocho o diez.
Pero se lamenta con amargura de los que se hacían pasar por militantes de los partidos, antes y ahora, para cobrar unas pesetas. Él se considera de izquierdas, pero luego de tanto como ha visto, «piensa que todos están en el poder para hacerse más ricos».
I. S. de P., curso 1996-97
26 Nov 2008
En Lo Más Profundo Del Valle
Me llamo Menodora Barroso Encinas, tengo el DNI n° 7.352.629, nací en Valdehúncar (Cáceres), el 10 de septiembre de 1918. Valdehúncar se encuentra muy cerca de Toledo y a su alrededor están otros pueblos, Navalmoral de la Mata, Peraleda de la Mata. Interna En Un Colegio De Monjas Mis padres eran terratenientes, tenían propiedades agrícolas y casa en Cáceres. Por lo tanto durante la guerra no tuve que pasar las precariedades y sufrimientos que padecieron otras personas. Cuando estalló la guerra, yo estaba interna con mis hermanas en un colegio de las monjas de la Concepción, que hoy en día son del Loreto. Mis padres, asustados, avisaron al colegio para que me pusieran de camino a mi pueblo, Valdehúncar, pero no había medios de transporte, ya que habían cortado las comunicaciones. Un amigo nuestro, Inspector de Hacienda, el señor D. Enrique de La Monja, me buscó un taxi que me llevó hasta Trujillo. Allí cogí el coche correo que me dejó en Valdehúncar el día 5 de Agosto. Mis padres estaban terminando de recoger la cosecha de cereales. Vienen Los Regulares Unos días más tarde un muchacho, que trabajaba para nosotros, vino a Valdehúncar y dijo que las tropas de Regulares [o sea, el Tábor, formado por marroquíes, los temidos moros] habían entrado en Peraleda, el pueblo de al lado, y matado al sacerdote del pueblo, amigo de mi padre, D. Paulino, y además venían matando y maltratando a las mujeres. Como podrás entender, mi padre sintió pánico, pues éramos siete hermanas, tres casadas y cuatro solteras, ocho mujeres con mi madre. Así que nos fuimos a esconder a la ribera del Tajo, lo que nosotros llamábamos El Ribero. Cogimos algo de ropa, una burrita que había y salimos del pueblo lo más rápido posible. Cuando llevábamos andados unos cuatro o cinco kilómetros, vimos una casa de campo, donde paramos a descansar un poco, ya que era pleno día y hacía mucho calor. Después seguimos andando hasta alcanzar el Ribero del Tajo, en lo más profundo del valle, donde no había comunicación. Allí estaba un matrimonio de Peraleda de la Mata, médico él, su mujer, que estaba a punto de dar a luz, y el padre de ella. También estaba mí tía Teresa, hermana de mi madre, con dos niños pequeños... En total seríamos unas veinte personas las que nos encontrábamos allí. Mi padre, al ver cuántos que éramos y que la situación podría alargarse durante días, dijo que teníamos que ir a casa por comida, que de lo contrario no aguantaríamos. Una de mis hermanas y mi tía marcharon con mi padre en busca de comida al pueblo, donde cogieron jamones, pan, etc., todo lo que pudieron traer. En la Ribera del Tajo estuvimos cinco días. El día 16 de agosto, a primera hora de la mañana, se presentó mi cuñado, el militar, con una tropa que le habían dado para buscarnos y llevar a mi tía Teresa y los niños a la casa que teníamos en Cáceres. Acababan de entrar las fuerzas Pero cuando llegamos a Almaraz eran las fiestas patronales de San Roque y en ese momento acababan de entrar las fuerzas Regulares y el Tercio, que venían al mando del General Valera. Mi cuñado tenía un familiar allí, pero no nos dejaron pasar. Tenía una casa impresionante, pero dijo que no pasáramos, que nos quedáramos hasta ver qué sucedía, porque estaban entrando las fuerzas. Era el día 27 de agosto. Los “nacionales” habían ocupado distintos pueblos y los “rojos” estaban entrando en Navalmoral, pero ya habían entrado en Valdehúncar, Belvís, Las Casas y Millanes. En Almaraz se produjo un tiroteo entre “nacionales” y “rojos”. Los “nacionales” pasaron a Navalmoral por la carretera donde siguió el combate. Como los “rojos” habían tenido muchas bajas, se vieron obligados a retirarse porque no podían seguir luchando. Al final los regulares ordenaron poner paños blancos como señal de rendición. Entonces uno de los criados de mi padre, que se había quedado para cuidar el ganado, al oírlo salió a poner algo, pero los regulares que lo vieron correr pensaron que era un enemigo y le dispararon. Las tropas de los “rojos” salieron dirección a Peraleda y los “nacionales” iban siguiéndolos. Las Fuerzas “Nacionales” Avanzaban Hacia Toledo Mi padre y los generales no pudieron entrar en mi casa, sino que tuvieron que esperar hasta vaciarla. Mientras que nosotras volvíamos al pueblo, la casa volvió a servir de hospital, pero esta vez para los “nacionales”. Los de izquierdas, al ver la situación en la que se encontraban, que apenas tenían soldados, se iban llevando con ellos a la fuerza a todos los hombres útiles para el frente, de esta manera dejaban los pueblos desolados. A un tío mío, que estaba con Leonoro en el campo, lo obligaron ir con ellos, a pesar de que tenía ya sesenta y cinco años, en cambio a Leonoro, como estaba discapacitado, no se lo llevaron. Mientras las fuerzas “nacionales” avanzaban hacia Toledo, que se encuentra a unos 50 kms., la Comandancia permaneció durante un tiempo en Valdehúncar, cubriendo la retaguardia. Allí se encontraba la intendencia y los suministros, que repartía mí tío Florencio en los camiones de los soldados. De la Comandancia de Navalmoral salían grupos que se instalaban en los pueblos colindantes, Millanes, Las Casas, Belvís, etc. A partir de aquí fueron avanzando hacia la provincia de To1edo, donde hubo un combate muy fuerte, exactamente en el Alcázar, según una amiga del colegio, Concha Rodríguez, me contó, ya que ella lo vivió. Dejaron la casa totalmente arrasada Poco después, abandonaron el pueblo y pudimos volver a nuestra casa, que la dejaron totalmente arrasada. No nos dejaron nada, así que tuvimos que empezar a comprar ropa y comida. Se llevaron toda la cosecha. También desvalijaron la Iglesia y se llevaron consigo a mucha gente joven. Éramos un pueblo de doscientos cincuenta vecinos, cada vecino era como cuatro o cinco personas, es decir cada vecino era como una casa, y murieron quince personas aproximadamente. Nosotras nos quedamos en Almaraz, hasta que el día 27 de agosto vino mi padre a buscarnos, porque ya habían limpiado la casa y el pueblo había quedado completamente desolado. En nuestra casa apenas quedó algo, nos dejaron sin matanza, sin aceite, la cosecha se la llevaron toda. La casa de labor que teníamos quedó destrozada, allí teníamos además de la comida para nosotros la comida de los segadores que también se la llevaron. De la iglesia sólo quedaron las paredes, los rojos habían destrozado las imágenes. Los “nacionales” mataron al cura nuestro y a otro señor que salió corriendo porque pensaban que les iban a hacer una emboscada. Un Lugar Estratégico En mi pueblo tuvieron un destacamento unos cuatro o cinco años, era una comandancia militar de sanidad. Se quedaron tanto tiempo en mi pueblo porque estaba a unos siete kilómetros aproximadamente del puente del Tajo, un punto estratégico del que podían salir hacia otras regiones. Por culpa de esto mucha gente tuvo que emigrar porque eran pueblos pequeños que dependían de la labor y no había capitales fuertes y siempre en casi todos los pueblos había un rincón donde se encontraba la gente pobre. En mi pueblo esto no sucedía ni tampoco era mi caso. Pendientes De Los Aviones Tras un año de guerra yo me encontraba en Cáceres en casa de una hermana, la que estaba casada con el militar. Cuando por la mañana venían los aviones bombardeando nos teníamos que bajar al refugió que tenía la casa en el sótano. Nuestra casa se encontraba en la parte antigua, cerca de la catedral de Santa María. Cuando iba al colegio, tanto mis amigas como yo, teníamos miedo porque teníamos que estar pendientes de los aviones. Una vez tuvimos que meternos en el Palacio de Montenegro, que era de un noble. Por aquel entonces, todas las iglesias y palacios permanecían abiertas para más seguridad de los ciudadanos. Me acuerdo que un día estando en el colegio nos bajaron a marcha forzadas. Fue un bombardeo horroroso y una chica se cayó por las escaleras y se rompió un brazo. En el colegio nos daban pan de maíz Estuve un año en Cáceres y dos en Plasencia, pero no pasé demasiadas necesidades, pero sí bastante hambre, aunque mi padre, que iba al colegio cada quince días, me llevaba matanza y pan de trigo, no como el de maíz que nos daban en el colegio, que yo se lo regalaba a una amiga que no tenía tanta suerte como yo y estaba allí con una beca. Cuando se ganaba una ciudad tocaban las campanas de la catedral y se hacia un Tedeum, una acción de gracias y así, cuando se terminó la guerra, se hizo lo mismo presidido por el obispo y autoridades, y claro las monjas de la Concepción, que hoy en día son las de Loreto, también asistieron y con ellas fuimos mis compañeras y yo. De está manera celebramos el final de la guerra. Después de la guerra, mi padre seguía siendo el juez del pueblo y la comandancia de Cáceres le pidió que fuera el alcalde, pero él lo rechazó porque ya era mayor, tenía sesenta años. Así que nombraron a un primo hermano mío, José Letiana. [N. del E.: Por algún despiste, no apunté al pie del relato el nombre del alumno/a. Pero lo incluyo en estas memorias porque el testigo está perfectamente documentado]
25 Nov 2008
Vivía En Zona “Neutral”
Mi abuela P. T. G. nació en 1909, en Tornadizos De Arévalo, un pequeño pueblo de Ávila, en una casa que sus padres, L. e I., habían alquilado. Pronto se trasladó a un pueblo muy cercano, Palacios de Goda, donde su padre trabajaba de pastor y también vivieron en una casa alquilada. Eran seis hermanos, de los que mi abuela era la mayor, por lo que su trabajo por aquel entonces era cuidar de ellos.
A los trece se fue a Arévalo, que estaba a muy cerca de Palacios de Goda, a trabajar como asistenta en casa de un viudo que vivía con sus dos hijas. Pasa en Arévalo tres años y poco después marcha a Burgos con dos de sus hermanas a una barriada militar, donde estuvo sirviendo seis años, hasta que se va a Madrid por desavenencias con sus señores.
El Madrid republicano
A Madrid llega en Octubre del 32, en los albores de la II República. Vive en la calle Augusto Figueroa durante tres años, también en una casa militar, la familia de un dentista que trabajaba en el Ministerio de Marina. P. T. G. no recuerda bien si le pagaban 30 ó 40 pesetas al mes.
Al militar lo destinaron a Cádiz, pero ella no quería marchar, por lo que gracias a unos tíos entró a servir en la calle Hermosilla, en la misma finca que servía una hermana suya, a un militar jubilado y viudo que vivía con sus dos hijos y una prima. Los hijos se llevaban doce años y uno de ellos trabajaba en un Comité de aceite.
Unos meses antes de la guerra les faltó agua, por lo que tuvieron que irse durante un tiempo a la calle Velázquez, donde había una manga de riego. Cuenta como anécdota que el portero de Hermosilla regañaba a mi abuela y a su hermana M. por subir el agua en el ascensor.
Ya No Pasaban Los Trenes
También pasaba las vacaciones con esta familia, que el viudo tenía un hotel en Galapagar donde residían en verano. Allí estaban cuando estalla la Guerra, por lo que tuvieron que esperar siete meses hasta volver a Madrid. Paula vivió el día antes del estallido con mucho temor. El cura dijo en la misa del día del Carmen que el Ejército se había levantado en África y, cuando volvió al hotel, un portero muy asustado dijo que ya no pasaban los trenes.
Pudieron volver a Madrid después de siete meses gracias al Alcalde de Galapagar que se llevaba muy bien con el jefe de P. T. G., ya que, como carpintero, le había hecho todo el hotel. Ella dice que el alcalde era “muy rojo" y después de esos meses les puso un camión de las milicias para la familia y los muebles.
Se Oían Las Ametralladoras En Valdemorillo
En este tiempo que pasó en Galapagar sólo notó la guerra cuando se combatía en el frente de Valdemorillo, ya que estaba cerca de los hoteles y se oían las ametralladoras. Ella recuerda el día que Valdemorillo fue tomado por los “nacionales”, el día de la Purísima.
Añade Dice luego que los “nacionales” no entraron a Madrid por miedo a lo que podría haber dentro. El trayecto de Galapagar a Madrid fue muy largo, dieron muchas vueltas y había muchos camiones.
Un Madrid Lleno De Colas
Cuando llegaron a su casa, se encontraron dentro a dos evacuados, una madre con su hijo y siete gatos. Además se encontró un Madrid lleno de colas por los alimentos.
Cuando había bombardeos, no se enteraban, ya que el barrio Salamanca era zona neutral [sic], solo algunas veces recuerda alguna bomba.
Paula trabajaba con otra chica en la casa, así que iban juntas a las colas, además que, gracias a sus evacuadas, sabían en qué calles se formaban, porque tenían algún familiar en los Comités, aunque dice que algunas veces informaban que iban a dar algo en una determinada cola y luego no daban nada. El hijo de la evacuada se ponía en las colas de comida de animales para los siete gatos.
Tapiaron Las Fuentes De Cibeles Y Neptuno
Estos evacuados vivían en la calle de Santo Domingo, cerca de la Gran Vía, pero allí caían muchos obuses, sobre todo por el Metro, que no estaba donde ahora, sino en el medio de la Gran Vía. Recuerda que había muchas escaleras, por lo que había un ascensor.
Cuando había bombarderos la gente se metía en los sótanos y, cuando los bombarderos pillaban en las colas, se metían en los portales más próximos. Recuerda también que tapiaron las fuentes de Cibeles y Neptuno por los bombardeos.
El metro desde Ópera hasta Norte estaba cerrado, ya que se utilizaba como polvorín. Después de guerra tardó en funcionar.
Una Tortilla De Patatas Muy Especial
En las colas entregaban la comida por cartillas de racionamiento que daban a las familias. La comida cada vez era más escasa, daban verduras y en casos excepcionales pequeños pescados revueltos. Daban una especie de hierbas, decían que eran espinacas, por esto mi abuela odia las espinacas.
Hacían una tortilla de patatas muy especial, que consistía en mondas de patatas bien lavadas: las cocían, le echaban harina y azafrán, y cuenta que parecía una tortilla, no estaba mala. Cocían lechugas, comían algarrobas en vez de lentejas. Bebían un café peculiar hecho con cebada muy tostada. En la casa donde estuvo mi abuela no faltó el aceite, ya que como he dicho antes uno de los hijos del jefe de mi abuela trabajaba en un comité de aceite. Los comités almacenaban la comida y la llevaban al frente para los soldados, pero, claro, los que trabajaban allá se llevaban todo lo que querían.
En Nochebuena daban más comidas, por ejemplo, daban un huevo extraordinario. Después de la guerra había cartillas de racionamiento especiales para el tabaco.
La ropa se acabó antes en la zona “nacional”, ya que la industria textil que estaba en Barcelona, correspondía a los republicanos. Cuenta mi abuela que los “nacionales” se vestían con sábanas y su hermana se hizo un abrigo con la capa de su padre y mi abuela se hizo un cojín. En la zona “nacional” tampoco había aceite.
Apagaban La Luz Para No Atraer A Los Aviones
En Madrid no encendían la iluminación para que los aviones no tuviesen ninguna ayuda al bombardear. Recuerda un día que iba con su hermana a visitar a unos tíos a Hortaleza y al volver, por no pasar por la Gran Vía, que, como he dicho antes, era muy atacada, subieron por la plaza de Sta. Teresa y Colón hasta Hermosilla a oscuras. Ya en las casas había orden de que en los domicilios que daban balcones a la calle se apagase la luz a las 22:00 para no atraer a los aviones.
Por la noche daban en la radio los partes de guerra: a las 23:00 el de los republicanos y a las 00:00, en casa de mi abuela, cuyos jefes estaban con el bando “nacional” escuchaban el parte del Ejercito de Franco. Los partes, como se puede pensar fácilmente, eran totalmente distintos. Dice Paula que los "rojos" nunca decían que perdían.
A la una de la madrugada la “Zona Nacional” daba por radio la misa y la escuchaban en la casa donde trabajaba.
Un Duro De Plata Valía Dos Pesetas
Todas las iglesias estaban destrozadas, la de la Concepción, que está en la calle Goya, se utilizaba como almacén de comida.
El frente más cercano era el de la Casa de Campo. Madrid estaba cercado hasta un poco más allá de Villalba.
El sueldo que tenía era el de unas 40 ó 50 pesetas, pero no había nada que comprar y después de la guerra el dinero de los republicanos no sirvió. Los duros de plata se cambiaban a dos pesetas y algunos billetes de 100 pesetas que tenían unas letras determinadas sí servían. Había que ir al Banco de España a cambiar el dinero "rojo” y cuando fue vio una habitación llena de billetes republicanos.
Radiogramas
Para saber de los familiares había una especie de telegramas que se llamaban radiogramas tenían el tamaño de algo menos de una cuartilla donde se ponía, en muy pocas líneas, cómo se estaba. Mi abuela lo utilizó nada más salir, gracias a una amiga suya que estaba empleada en Telégrafos. Tardó siete meses en ir y volver, luego tardaban tres meses y, cuando acabó la guerra, un mes. Antes de acabarse dejaban poner fotografías muy pequeñas. El primer radiograma que llegó a Palacios de Goda fue el suyo y su madre no se lo creía, aunque miró las firmas de alguna carta que tenía de sus hijas y comprobó que eran iguales.
Los falangistas cantaban el Cara al Sol
Los “nacionales” entraron en Madrid por la mañana. La noche anterior, en el último parte, dijeron que Madrid se entregaba. Unos días antes de la llegada de las tropas de Franco a Madrid, pusieron camiones a las puertas de la ciudad llenos de comida.
Al lado de donde vivían, una sucursal de correos puso una bandera blanca. M., la hermana de P. T. G., la vio y fue a avisar a la casa de su hermana, donde la prima de su jefe y una amiga estaban haciendo colgaduras con la bandera “nacional” para poner en los balcones, y, cuando se lo dijo, las pusieron.
Paula, cuando se le pregunta por el final de la guerra, dice que no sabe explicar la situación. Había cientos de camiones llenos de soldados “nacionales” cantando el himno nacional. Los falangistas cantando el Cara al Sol entraban por Velázquez. La gente se echaba a la calle, los balcones estaban llenos de banderas. No se podía creer que ya había acabado la guerra, porque habían dicho tantas veces que iba a acabar…
Dio Con El Número 33 De Hermosilla
Después de unos meses hubo un Desfile de la Victoria en la Castellana, con tanques, armamento y camiones en él que iba Franco.
Acabada ya la guerra, a los soldados que tenían familia en Madrid se les permitió entrar en la capital. Así que A., un hermano de P. T. G. que estuvo en Toledo, iría a la capital donde sus hermanas le estaban esperando para todos juntos al pueblo a ver a su madre y sus novios.
Los “nacionales”, que, como he dicho entraron por la mañana, pusieron tiendas de campaña en la Plaza de Santa Teresa, así Paula y sus hermanas fueron por la tarde a buscarlo. Había muchísimos soldados y preguntando supieron que los de Toledo llegaban al día siguiente por la mañana en camiones especiales. A. llamó a la puerta de Hermosilla a las 8:00. Él nunca había venido a Madrid y no sabia leer ni escribir, pero dio con el número 33 de Hermosilla.
Faltaban Algunos Amigos Muertos Por Los “Nacionales”
Por la tarde viajó a Palacios en un camión de los que iban y venían por las carreteras, pero ellas no fueron porque, tenían una hermana enferma de los nervios a causa de los continuos bombardeos, que vivía junto al Congreso. A. volvió al día siguiente y trajo dinero para pagar el tren, que salió a las 8:00 de la mañana y llegó a Palacios hacia las 17:00. Delante del tren había una máquina que exploraba las vías, por lo que marchaba muy despacio. El tren iba a rebosar y en Palacios estuvieron hasta octubre.
Paula no encontró cambios en su pueblo, ya que el frente más cercano estuvo en Peregrinos. Solo echaba en falta algunos amigos y vecinos que los “nacionales” mataron al principio de la guerra.
Lo Obligaron A Tomar Aceite De Ricino
Un año después se casaría con A.C.G., en la iglesia de la Concepción, ya que mi abuela estaba empadronada en Madrid, el 29 de noviembre de 1941.
Durante la República A.C.G. había fundado con sus hermanos la Casa del Pueblo en Palacios De Goda. Después de la guerra tomaron represalias contra uno de sus hermanos, lo obligaron a tomar aceite de ricino y le dieron algunas palizas.
P. A. C., curso 1996-1997
Sobre este blog
Memorias de un Tiempo de Horror y Muerte
Aurelio Mena HorneroSoy profesor de historia jubilado. He trabajado en el I.E.S. “Mariano José de Larra” con alumnos de 3º de BUP primero y de 2º de Bachillerato LOGSE después. Al comienzo de los años noventa, para que entendieran la continuidad del tiempo histórico con el tiempo de la vida, para que valoraran su presente en relación al pasado, les propuse un cuestionario y les pedí que entrevistasen a sus abuelos. El resultado son dos informes que genéricamente titulo “La Guerra de Nuestros Abuelos”: El primero se puede ver en el enlace abajo indicado, el segundo se inicia en este “blog”.
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