14 Abr 2013

TREN AVE, INCIDENCIAS. 3ª PARTE. POR UN MINUTO SE PIERDE UN TREN, Y POR TREINTA SEGUNDOS...

Escrito por: LUSA el 14 Abr 2013 - URL Permanente

Habiendo escuchado mi relato, y viendo mi nerviosismo y preocupación, el azafato se apartó de la puerta, me reiteró que no había recibido ninguna llamada, pero me invitó con la mano a subir al tren.
-Está bien, está bien. Suba usted señora-.
¡No me podía creer que estuviera de vuelta para donde tenía que haberme bajado! desde que me dijo el azafato que no sabía nada de mi incidente, empecé a verme en aquella vía sola con mi pobre macuto, perdida en aquel descampado, viendo cómo se alejaba el tren sin mí.
Entré en el vagón, esperaba alguna persona en él pero no había nadie, el azafato subió detrás de mí.
-Siéntese donde quiera , señora-.
-A mí no me llega la ropa al cuerpo, no se preocupe, estoy bien.
¿Cuánto tarda en llegar?-.
-No mucho, señora, unos... quince o veinte minutos más o menos-.
-Pues cuando llegue el momento esté usted por aquí, por favor, no me vaya a pasar otro percance igual o parecido, aunque por la cuenta que me trae, ya he visto dónde está el botón..., pero yo no me fío ni un pelo.
No se preocupe que yo estaré por aquí para lo que necesite-.
Me senté en el solitario vagón, muy cerca de la puerta de entrada, (por si las moscas) En todo el camino, desde que salí de Sevilla había venido disfrutando del paisaje, haciéndole mis fotos al campo que reventaba de flores, y también a algunas zonas anegadas por las lluvias. ¡Quien me iba a decir que iba a tener una tarde tan nefasta! Aunque la cara me ardía, el sofoco fue pasando. Sentí la presencia de alguien detrás de mí, era el azafato que volvía a entrar en el rellano.
-Señora, ya me ha llamado el compañero para decirme el problema que había tenido usted-.
¡Vaya hombre! ¿ahora me creerá usted, no?
-El compañero me llamó en su momento, pero no había cobertura, por eso no me lo pudo decir a tiempo, lo siento-.
-Perdone, pero tengo una curiosidad, cambiando de tema -le dije- Se nota la crisis ¿no? no veo un alma en estos vagones.
-. Señora, va gente, pero en los vagones traseros-
-¡Ah! ya decía yo.
-Usted se ha montado en un vagón de primera clase, señora -continuó-Este vagón es muy caro. El billete cuesta doscientos euros. Aquí puede comer a la carta, en platos de porcelana, cristalería, y cubertería, prensa. Puede repetir de toda la comida que quiera, y beber todo lo que quiera-.
¡Yo no quiero ni gloria! Lo que quiero es llegar a la estación, y a mi casa. ¡Me va a parecer mentira! Esta tarde me está pareciendo eterna, con ese dinero que vale el billete tengo yo para comer casi un mes. He cogido este tren porque no me ha quedado más remedio, ¡veremos a ver cuándo lo cojo otra vez!
Anunciaron la llegada, y ya estaba yo levantada. El señor me abrió la puerta, y le di las gracias. Pisé por fin el andén que se me había quedado atrás delante de mis narices. Subí las escaleras y entré en la estación. Estaba desierta, y yo más sola todavía. Mi sobrino aprovechó mi tardanza para hacer unas compras.
Me dirigí al mostrador hacia la única persona que vi, estaba hablando con el guardia de seguridad.
-Quiero poner un reclamación-
-¿Qué le ha pasado a usted?-.
-Es largo de contar, señor. Le expliqué por encima-.
Y como desafiándome me dice...
-Señora, tendrá que escribir.
-Sí, claro, y qué-.
Pues que tiene que poner aquí todos los datos del billete (señalándome en el papel la parte de arriba) y aquí escriba lo que le ha pasado, señalando más abajo. -
-Gracias, le dije-.
Se cruzó de brazos y se sentó delante de mí. Como esperando que yo me arrepintiera, o que no supiera hacerlo. Saqué mi bolígrafo, y si me temblaba la mano bien sabe Dios que era por el estado de nervios que tenía al evocar otra vez lo ocurrido. (Es ahora, y cada capítulo que escribo, me deja que no cojo bien el sueño)
Terminaba diciendo y subrayando entre otras cosas: NO-ME-HA- DADO- TIEMPO- DE- BAJAR- DEL- TREN-
NO SOMOS MÁQUINAS, SOMOS PERSONAS.

ESTO QUE ME HA PASADO SERÁ PUBLICADO EN LOS MEDIOS.
Lo firmé, lo selló, me dio la copia, y... muchas gracias. buenas tardes.
Mi sobrino me esperaba ya, aún me quedaba casi media hora para llegar a casa. Después de disculparme con mi sobrino por lo que le había hecho esperar, subimos por fin al coche. Me sentí muy cansada, la tensión nerviosa me había dado un palizón en mi cuerpo.
Justo llegando al pueblo, el coche pichó una rueda. ¡Vaya! sólo se me ocurrió ponerme la mano en la frente, cerrar los ojos, y dejar escapar poco a poco el suspiro que tenía guardado desinflándome como otra rueda.
Me bajé del coche, cogí mi macuto y...
Colorín, colorado,
me fui caminando
Por la calle abajo.
Mª Luisa Santos Pino

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11 Ene 2012

¡¡¡ALOPERIDOL!!! MEDICAMENTO CONTRAINDICADO A PERSONAS MAYORES CON DEMENCIA O ALZAIMER. Y LO SIGUEN ADMINISTRANDO

Escrito por: LUSA el 11 Ene 2012 - URL Permanente

A raíz de una investigación que han hecho en una residencia de ancianos de Lanzarote, con cámara oculta, Mercedes Milá nos mostraba la otra noche unas imágenes sobrecogedoras de cómo cuida el personal que trabaja allí a estas personas mayores.
Momentos antes había estado acordándome de mi madre, fallecida hace unos meses. Recordaba contemplando sus fotos los últimos meses de su vida. Ya lo venía pasando mal con su cabecilla, pero no tenía que haber pasado tanto como pasó por culpa de personas inhumanas que se encargan de aniquilarlos sin el más mínimo remordimiento.
Mi madre tuvo que ingresar en el hospital con una pancreatitis, justo cuando empezaba a tomar un tratamiento mandado por un prestigioso neurólogo, jefe de una unidad de geriatría de un hospital de Sevilla. Después de avisar lo que ocurría, nos dijeron que el tratamiento se interrumpía una vez allí, la pancreatitis necesitaba reposo absoluto y ellos administrarían medicación según sus criterios.
Después de unos días en observación pasó a planta. Allí estaría al menos arropada por nosotros y lo pasaría mejor, ya que ella sólo quería irse a casa, normal en una señora con cerca de noventa años, pero que no los aparentaba gracias a su buen estado físico.
Empezamos a notarle unos síntomas muy raros, las piernas se le fueron poniendo rígidas, las manos y los brazos le temblaban mucho, se los teníamos que sujetar, ya que se le agarrotaron y obstruía la vía del suero. Tenía muchas sudoraciones, mi madre nunca sudaba. Tenía miedo, mucho miedo a que nos separamos de su lado, le molestaba la claridad, estábamos dos personas siempre con ella. Le preguntamos a la doctora a qué se debía el cambio que había tomado mi madre, ya que ella no había entrado así en el hospital, sólo tenía dolor de estómago cuando llegó, y ahora estaba muy mal.
-¡Ah! Eso es del ALOPERIDOL, no se preocupe, se le pasará.-
Pero mi madre seguía peor, ya no podía hablar, nos hablaba por señas, nos indicaba que tampoco podía tragar, no tenía fuerza; el bloqueo era interno total.
Entonces, habiendo oído el nombre de aquel medicamento, investigué sus efectos, me quedé de piedra. Las dos semanas o tres que llevaba mi madre pasándolo tan mal era a causa de aquel medicamento, ¡calcaba todos sus síntomas! ¡Me la estaban dejando morir poco a poco!
Cuando llegó el enfermero aquella noche, para inyectarle su dosis de tranquilizante, le dije que no se lo pusiera, que mi madre estaba muy mal y no se podía mover, no necesitaba tranquilizantes, y que llamara al médico de guardia. El médico nunca llegó, nunca llegó, la enfermera me decía que hablaba con él y lo tenía al tanto. Mi madre se asfixiaba, se me moría y yo no podía hacer nada. Volví a llamar a la enfermera y le puso el oxigeno y unos aerosoles, hoy lo cuento porque ya no me hace tanto daño recordarlo, ¡pero aquella noche la pasamos las dos muy mal!
Al día siguiente se quedó mi hermana y le advertí que no le dejara poner ALOPERIDOL, pero me dijo que le querían poner RISPERIDONA, y ORFIDAL,
Le dije que le diera sólo el ORFIDAL.
Como teníamos que descansar, me fui a casa, y se quedó ella cuidándola aquella noche, pero me llamó muy temprano se complicaban las cosas, mi madre se ahogaba y pensaban que tenía neumonía. Nos fuimos toda la familia esperando lo peor, y después de hacerle una prueba, vieron que no había problemas de pecho. Volvió a subir a planta y el médico que le había mandado aquellas pruebas subió a verla y a hablar con nosotros. Le cuento lo que nos está pasando, y moviendo la cabeza me dice que de la pancreatitis estaba mejor, y que había dado orden de que le quitaran aquel medicamento.
Nos dimos cuenta entonces de muchas cosas. ¿Por qué ALOPERIDOL?
Aún así, Seguían dándonos RISPERIDONA, para que se la diésemos nosotros, por la noche, pero la tirábamos a la basura, Seguimos dándole sólo el 0RFIDAL, y en unos días mi madre mejoró, al menos dormía unas horas por la noche. Pero ya no era ella.
Le dieron de alta y nos la llevamos a casa. No caminaba, los temblores habían mermado, pero apenas comía, su vejiga no funcionaba si no era por sonda y con SEGURIL, y no nos podíamos retirar de su lado.
Empezamos una rehabilitación permanente con ella, a medida que el venenoso medicamento se eliminaba, mi madre cogía fuerza en sus piernas, seguridad en sus manos, y al cabo de muchos días pudo orinar por sí sola.
Estaba visto y comprobado que el “ALOPERIDOL HIZO ESTRAGOS EN ELLA” En un mes y pico, mi madre caminaba sola, aunque ya no la dejábamos, volvía a tararear sus canciones, y a tener otro carácter, aunque su memoria y su semblante no le acompañaban.
Decido hablar con el neurólogo que la había atendido antes de ingresarla, y cuando le cuento lo que había ocurrido, me dice: -¿cómo? Que le han puesto ALOPERIDOL?
¡Señora, si eso está totalmente contraindicado en estas personas!
Empecé a contarle los síntomas, y no había acabado cuando me dijo: -Le creo, le creo todo lo que usted me cuente y mucho más acerca de este medicamento. –
Desde aquí no le puedo cambiar el tratamiento, convendría que la trajeran y que yo la viera.
Pero mi madre no estaba para viajar tantos kilómetros, cada cambio era un empeoramiento de su memoria y su salud. El médico de cabecera le ajustó el tratamiento que no pudo continuar. Una caída le fracturó el brazo, tuvimos que volver al hospital, y le inmovilizaron el brazo, volvimos a casa aquella noche.
Al día siguiente mi madre moría. Continuos infartos la fueron dejando sin vida.

Nunca he querido contar esto aquí, pero he visto que en esta residencia administraban ALOPERIDOL a todos los ancianos. No quiero que nadie pase lo que mi madre pasó, si alguno de vosotros tiene una persona mayor enferma vigilarle el tratamiento que le ponen. Las personas de esta residencia se sobrepasaban en la dosis, al menos los podían sentar en los sillones, ¿Qué no le pondrían a mi madre que no podía ni moverse? no entiendo que no haya un control por parte de las autoridades para detectar estas anomalías en los hospitales y en los centros. En Esta denuncia, (gracias a un aprendiz de prácticas que ha ido grabando lo que ha vivido allí,) se pueden ver las escenas más inhumanas que me haya podido imaginar y que no quiero volver a revivir. en este video no están todas.
Sólo me hundí en el sillón, y pensé que todos trabajamos duramente toda una vida para tener una vejez digna. ¿Y esto es lo que nos espera? Una agonía a cargo de cuatro desaprensivos que se quieren llenar sus bolsillos a costa de los viejecitos incapaces de defenderse. Nos convertimos en un objeto tan inservible y despreciable que después que le damos los ahorros de nuestra vida, y que le damos trabajo, a cambio sólo recibimos humillaciones, insultos y desatención.
Me alegré de que mi madre muriera en su casa, rodeada de los suyos, cuidada y mimada como nadie se imagina, al igual que mi padre y mi tía, pero me quedé con una incertidumbre, y con una pena, visto lo visto… ¡Qué pasará conmigo!

Lusa

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Estoy aquí porque valoro y admiro a toda persona que escribe. Aprendo y procuro enriquecerme personalmente. Cada uno en su estilo aporta algo distinto que hace de este rincón un lugar curioso de visitar.
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