27 Sep 2008

Un Cachaco A Medallas Contra Un Estadista Sagaz

Escrito por: tucho el 27 Sep 2008 - URL Permanente

«En los años sesentas, las ideas y valores de los Estados Unidos de América inspiraban al mundo entero. Hoy día, nadie puede decir que nuestra imagen, la forma en que los niños del mundo ven nuestra patria, es la misma»
Barack Obama*

«Les garantizo, como Presidente de los Estados Unidos de América, que sabré como sanar las heridas de la guerra, como lidiar con nuestros adversarios y como batallar contra nuestros enemigos»
John McCain*

*Debate McCain-Obama, 26/09/08

14 Sep 2008

Sarah Palin

Escrito por: tucho el 14 Sep 2008 - URL Permanente

La prueba fehaciente de que parte de la sabiduría Americana no ha avanzado ni evolucionado ni revolucionado y que jamás lo hará, es el Partido Republicano y es el nombramiento de la Señora Sarah Palin para la vice presidencia de una supuesta continuidad, la mejor ocasión para que Barack Obama llegue a la Casa Blanca. La simpatía arrolladora que ha despertado la Señora Palin en las canteras derechistas de los rincones Demócratas reacios a la raza de su candidato y en el Señor «todo el mundo», aquel que no ha decidido su voto, podría verse sometida si sus oponentes logran convencerlos de la posición extrema que profesan desde siempre los candidatos del Partido de Gobierno, del fanatismo del que son capaces sus paladines anti reformadores y de la fractura de sus principios filosóficos con la realidad presente y de todos los tiempos. Causaría escalofríos en el elector que busca distanciarse, por ejemplo, del Señor George W. Bush, uno de sus más célebres representantes. ¿Pero, qué nos queda del señor McCain y de su guapa colistière? El primero es sobreviviente de una estúpida guerra, la de Vietnam, es Republicano hasta la medula, se casó con una rica dama del Sur, no tiene pelos en la lengua, apoya la invasión militar a Irak y lo haría con cualquiera otra guerra. La ex reina de belleza tiene cinco hijos, es Gobernadora de Alaska, pertenece a la National Rifle Association, caza venados, le hechizan la pesca deportiva y hacer carreras en su moto sobre la nieve, está en pleitos con la ex familia política de su hermana, le fascinan los enredos y las facturas de viajes imaginarios; tiene buenas piernas y le encantan las guerras y las invasiones preventivas y, aunque no los entiende, detesta a los rusos y sus recursos expansivos y su linda hija de 17 años ha tenido sexo inseguro – o se le rompió el condón, nadie sabe- con un muchacho del barrio. Sabía de antemano que su último vástago nacería con Síndrome de Down y se opone religiosamente a la descriminalización del aborto. Ignoramos si todavía está en la fase aquella que los psicólogos llaman de Depresión Post-Parto, que si producto de la abstinencia le han salido granitos en la cara o si su periodo menstrual ya se ha regularizado. Sabemos que está en la calle en Estrategia Extranjera, que sabe nada sobre la «Doctrina Bush» y sus afanes provocadores, que está casi segura que lo de las Torres Gemelas fue un acto operado por Lucifer desde los Infiernos y que nunca ha salido de Alaska, salvo para visitar la familia de su esposo, a su suegra o para fotografiarse con Brat Pit cuando publicitaba su última película al lado de su amigo de reparto George Clooney en Toronto y que conoce América tanto como su mentor conoce de paz. Si bien es cierto que algunas de sus particularidades son parte del ideal le la mujer americana promedio, ¿qué hay de la dama, la política capaz que ha sido puesta allí para emular a Hilary Clinton, para recuperar el voto femenino, el voto blanco, el voto joven y la simpatía del sector conservador del Partido Demócrata? Hasta el día de hoy todo parece indicar que no es la indicada para el puesto de Vice Presidenta de ese poderoso país. Pero cuidado que quedan cincuenta y tantos días de campaña. Todo puede ocurrir si no se hila fino.

Tucho

06 Ago 2008

Para Transformar El Despecho De Las Mujeres Por Sus Maridos

Escrito por: tucho el 06 Ago 2008 - URL Permanente

Cómo Reconquistar A Tu Hombre:

No lo jodas por huevadas;

Dile lo mucho que lo quieres (exagera si puedes);

Dile lo guapo que es (por más feo que lo sea);

Se ordenada, limpia y ten siempre alegre y colorida la casa. Si puedes, de vez en cuando llena algunas masetas con flores que le gusten, sobre todo que sean naturales, alegres y armoniosas. Si nunca lo has hecho, ya es hora que lo hagas;

Hazlo sentir que es él quien lleva las riendas de la casa y él quien toma las decisiones últimas.

Pregunta o indaga su parecer con respecto a cualquier cambio que quieras hacer en la casa;

No hables con tu madre de asuntos que lo involucren ni des la última palabra sin antes consultarle. Acuérdate que los hombres son extremadamente inteligentes y tienen sentido de abstracción bastante agudo, capacidad de síntesis muy precisa y de análisis ilimitado;

Si tienes planificado un viaje, inclúyelo y diviértete con él haciendo y deshaciendo recorridos, ahí mismo, a cualquier parte o al confín del mundo;

Cuéntale tus inquietudes -por mas ridículas que parezcan-, tus sueños y tus pesadillas. Si son eróticas, con mayor razón: quien sabe aparezca alguna maroma nueva en la cama;

Comparte con él lo que le concierna y lo que no le concierna. Así le harás sentirse un machazo y tú asegurar su atención;

No hables mal de él -menos a sus espaldas-, ni con tus amigas ni con tu madre ni con tus hermanas;

No te burles de él ni le tomes el pelo descaradamente. Dejarlo en ridículo o disminuirlo intencionalmente (menos delante de sus hijos) es el golpe más bajo jamás recibido del peor de sus enemigos;

Si eres tu quien comenzó el pleito, pídele perdón y llénalo de besos. Demuéstrale que reconoces tu error, que te equivocaste, que perdiste los papeles por una tontería. El stress se fundirá con el calor de la calma;

Dile que te preocupan sus problemas, por más que no te incumban ni que nada puedas hacer para remediarlos;

Dile que lo necesitas, que lo extrañas y que siempre quieres estar a su lado;

Hazle cariño: acuérdate que él también tiene otra mujer a quien adorar: ¡Su Madre!

Hazle algún regalito de vez en cuando y no le digas lo poco que te costó;

Dile que tiene buen gusto y que es un padre excelente, único. ¡El mejor!

En fin: Dile que lo amas y, con palabras gestos o señales, dile que todos los días te haga el amor y que te lleve con él a las estrellas.

El Poeta Olvidado

Tucho

23 Jul 2008

!Bonsoir Les Québéquois!

Escrito por: tucho el 23 Jul 2008 - URL Permanente

Llegaba en su Jet privado el sábado a medio día, conducía el mismo Lexus híbrido que había dejado estacionado en la cochera de la casa, se alojaba en una de las diez suites que tomó en el Hotel, almorzaba vegetariano de una carta de siete menús y bebía vino Francés con sus invitados, cuando los primeros cientos de miles de gentes se acomodaban en los jardines contiguos al inmenso parque de alfombras verdes y coloridas flores, «les plaines d’Abraham», en un lugar privilegiado de las primeras filas o asegurándose la plaza más próxima al pedestal, sobre los declives montañosos donde se libraba una batalla sangrienta entre las fuerzas rebeldes y los invasores británicos del Siglo XVIII, conforme lo había leído en los libros de Historia de la secundaria del Liverpool de sus años mozos, que perderían los primeros, para desdicha del artista y de sus fans. «Esta será la segunda invasión británica» vociferaba el titular de algún cotidiano local, desencadenando la controversia a tres días de la llegada de Paul McCartney a Quebec: Nacionalistas e Independentistas se peleaban los principales titulares, pero el aplauso panegírico de la razón quebrantaría el arcaico patitieso y bullicioso juicio mediático pretendidamente político que solo sirve para saciar la voracidad troglodita de algunos pocos comechados que levantan los lábaros de la demagogia en el lugar de la sensatez y de las buenas formas. El Concierto terminaba tres veces y a cada ¡Paul-Paul-Paul!, desde todos los rincones de la batalla, el ex Beatle reaparecía cuatro en busca de su guitarra, sólo, pero ni bien comenzada la tonada, secundado solidariamente por sus músicos que también ponían toda su energía elevada a la máxima potencia para que el espectáculo fuera lo que fue para la historia. Paul es el mismo de hace treinta años: gentil, sensible y apasionado de su música y se divierte a rabiar como un muchacho de veintiuno. Bonsoir les québécois!, gritaba complacido cuando por primera vez apareció en el pulpito frente a su público. C’est ma première visite à Québec! Comment allez-vous?. On va jouer avec toute la gang!, tocaba «Drive My Car». ¿What do think avout my french?. Merci beaucoup!, Mais, je vais parler en anglais!. ¡This one is for you!, anunciaba y se lanzaba con «Michelle». En todo momento batallaba con alguna palabra gala. Je parle seulement un petit peu français! y al final de la algarabía cerraba el espectáculo con un sonoro y emocionante: À la prochaine!. Dedicaba la primera canción a su esposa Linda («I Love You») -quien muriera de un cáncer al ceno, no a la que le acaba de quitar cincuenta millones-, otra a su amigo John, a quien dirigió algunas palabras de afecto y tocó y cantó una o dos de sus mejores composiciones y otras tantas de su amigo George. A Quebec, La Madame –en sus palabras-, le regaló por su aniversario, «Birthday», otra de sus bellas melodías, y a todo el público presente dos horas cuarenta y cinco minutos inmensos con lo mejor de la música de todos los tiempos. Escuchamos la música eterna de los Beatles, una compilación de su paso por los Wings y parte de su repertorio actual como solista. Hizo bromas y presentó algunas de sus canciones en la lengua de Lévésque y Molière. Al final, paseó la bandera quebequense en el pedestal y volvió loco, esquizofrénico al público que quedaba absorto por su simpatía y originalidad. El furor y el calor humanos de la Vieja Capital quebrantaron toda proyección en inflamada interacción con el ídolo británico. El noventa y siete coma ocho por ciento de los asistentes lo seguía a la letra y cuando, comenzando el espectáculo, apuntaba que hablaría en su idioma, una traducción automática aparecía en la pantalla para quienes no le entendieran. Quebec había dejado de ser infeliz –por muchas razones- hacía más de cincuenta años, y hacía casi doscientos que se respiraba un aire de tolerancia y absoluta libertad pero, mientras el pueblo se divertía a morir con su ídolo, la crónica y atribulada desventura soberanista, cebada por el resentimiento y el deseo de revancha, prorrumpía al topetazo el espíritu de la celebración. Tabú de sus pesadillas, este inglés brillante, representaba -solo para ellos- la intrusión Británica de hacía cuchucientos mil años. Puesta su prosa al servicio de su voz de su corazón de su alma y de su humanidad toda en cada una de las treinta y siete interpretaciones, empezando a las nueve y veinte, terminando a las once y rematando cuarenta y cinco minutos después, en una oscuridad sin luna ni estrellas ni vacios ni pausas en el estrado, más la apoteósica y descomunal acogida del público francófono y de todos los lares, quedaba sepultada para siempre la pretendida censura, engañifa que habría muerto asfixiada en el barro de la intensa lluvia de la noche del sábado anterior. Quebec volvía al badén de la calma pero Paul partía de regreso hacia Liverpool esa misma madrugada. Era el cuatrocientos aniversario del Quebec francés, no del inquisidor imperial. El golpe había hecho efecto en la mente sensible del artista. Para hacer un balance, he visto el DVD «Paul McCartney: In Red Square», del concierto que jugó en el año 2003 en la Plaza Roja de Moscú. Funcionarios de corbata y obreros de todos partes ocupaban la Plaza color sangre, de la veinteava fila hacia atrás –porque las primeras, protegidas por jóvenes soldados de uniforme, estaban reservadas para los completos y los poderosos del carmín-. Democracia enfermiza, tullida por la voluntad de sus dirigentes que sin miramientos osan aniquilar a quienes se aventuren con sus voces de protesta. Ignominia, bozal, abuso de mando, miseria ordinaria, silencio letal. La putrefacción parece acogotarlos y sus expresiones aun oxidadas, exánimes, mustias, perturbadas, no sé si consternadas, pero muy tristes parecen sollozar. Ni la belleza inconmensurable de sus mujeres lograba disimular tamaña realidad. Paul se quedaría algunos días y recorrería parte de su territorio empobrecido por la desidia y la corrupción gubernamental y se toparía con la soldadesca, gente afectuosa y sin riquezas, en las calles, las iglesias y las escuelas. Los ex soviéticos necesitaban de este ícono de la Revolución Occidental, esperado tantos decenios, para alegrar sus vidas y cumplir un sueño hasta ese momento irrealizable. He vivido una escena real, junto a otras doscientas cincuenta mil almas exaltadas. Ha sido un espectáculo inolvidable y quedará grabado en mi mente para siempre. He visto y he escuchado en vivo al genio de los genios de la Revolución Cultural de los años setentas y me he divertido para siempre con su arte, su cultura y su extraordinaria música. Creo que se ha embolsicado algunos milloncitos esta noche (es que no vale menos que esos «algunos») –para todos los que estuvimos allí, muy bien ganados-, que debe de haber pagado el Municipio de la Vieja Capital gracias a algunos excedentes que servirán para subvencionar este y otros espectáculos de envergadura internacional, como el de Celine Dion, en la misma explanada el 22 de agosto próximo, festejando a lo grande el Aniversario de la Fundación del Quebec francófono, germen del Canadá actual, un día de julio caluroso, allá por el año 1608, por lo que no costó ni costará un céntimo al público venido de todos los rincones de este lado de América. ¿Será el comienzo de un nuevo embate de la Beatlemanía? No hay que exagerar por tanto.

Tucho

13 Jul 2008

¿Qué Es La Muerte?

Escrito por: tucho el 13 Jul 2008 - URL Permanente

Quizá sea el último e indefectible paso de la vida, el final de la aventura, el comienzo de otra historia, la ausencia de aquel que cumplía el papel adscrito a la existencia. Es la tristeza desgarradora por el distante ser amado, el ilustre impío, el ignorado perpetuo, el familiar enfermo y el guerrero herido. Es la Selección Peruana y el futbol peruano todo, después del Mundial de Argentina setenta y ocho. Es el recuerdo altivo del héroe que nos mira con absorbente despecho. Son los libros que dejaron de leerse, los sueños que dejaron de serlos. Es el traspié irreversible de la pesadilla, el olvido profundo del ausente. Es el rencor de la esperanza perdida, es la solución al infortunio y la otra instancia de la savia. Es el comienzo de la lucha terminada, la batalla redimida en la oscura sombra del fracaso, la masa turbia del influjo perdido, la ausencia del afecto y la negación absurda de la historia futura. Es la victoria del yo extraviado. Es el sueño de algunos, la impaciencia de muchos y la esperanza de pocos. Es el pasado, el recuerdo, el olvido. Es el objetivo final del homicida, es la batalla perdida del médico genial, la lucha desperdiciada de las almas buenas, la flaqueza del bravo, el bramido del cobarde. Es comer tierra, pisar caca y escupir mierda. Es el comenzar eterno del no sé donde ni para qué ni porqué, para los no creyentes, el mundo etéreo y volátil del cielo azul, el lapso inmortal entre alguna instancia altiva y el perfecto infinito donde el retozo inmaculado se apodera del alma y el edén señala el camino marcado por los ángeles del Supremo, para los píos. Es el final de la Tierra y el comienzo de los Cielos y de los Infiernos. Es la castidad impuesta y la abstinencia forzada. Es la afrenta sumisa a la desidia, el laberinto atroz de la injusticia y la pérdida perpleja del orgullo. Es el confín de la heredad, entre las nubes y el ras de marea. Es la sorpresa del azar, la calaña máxima de la desdicha, de la adversidad y la alteración vil de la civilidad. Es la pesadilla del anciano, del drogadicto, del culpable. Es el racismo, la xenofobia y la hipocresía. Es la complacencia injusta del desahuciado. Es el espejo roto de mi hermana, la cartera vieja de mi hembra y la minifalda verde de la vecina. Es la congoja eterna de los que le temen y la fantasía realizable de los suicidas. Es la batalla perdida del sobreviviente y del canceroso que encuentra una cura y del alma que encuentra al fin su camino. Es la preocupación de mi madre en sus años maduros, es el camino por el que mi padre aun no ha resurgido, es el olvido mismo, es la indiferencia, el desasosiego extremo, la inutilidad, la pereza. Es, quien sabe, la nada. Es la marca que han trazado indeleble entre nosotros mis retoñas. Es la senda por la que todos, sin excepción, deberemos transitar algún día. Es el fin de nuestros días.

Tucho

06 Jul 2008

Departiendo Con Los Doce De Mi Hijo Luis

Escrito por: tucho el 06 Jul 2008 - URL Permanente

Hoy fui a pescar y después de interminable espera atrapé un solo pescado chiquitito que lo regresé en el acto al agua porque, como tú sabes, tiene que seguir viviendo para que cuando crezca tenga un montón de crías y puedan ser más los pescadores que los atrapen con sus redes o sus cañas. El próximo año volveré a echar el anzuelo para atraparlo y esta vez me lo quedaré pues estará más grande y gordito y me lo comeré frito, con cebollita, tomate, choclito y ese rico arroz que me encanta tanto, que preparo tan bien y que ustedes tienen que comer porque yo se los suplico. Solitario, cansado, molesto, exánime del calor que despunta y con un apetito inconmensurable -me había pasado las horas imaginando, soñando, desconcentrando mi atención, con el festín que me aventaría con la capturada presa-, regresé a casa con el barreño vacío y con un leve resfrío. Pero no te preocupes, mañana me levantaré temprano, prepararé la caña, los gusanitos de tierra, el hilo de nylon y me lanzaré esta vez para atrapar, si no a otro pez semejante, algo más crecidito, a un tiburón feroz o una gigantesca Ballena Azul, ese rorcual enorme, de más de treinta metros de largo y toneladas de peso, que atraviesa océanos y piélagos en las viejas historias de aventuras, leyendas de mares, trapisondas y cuentos con los que los traviesos, como alguno que yo conozco, se duermen de miedo. Si fuera el cetáceo Azul el que yo atrape, será como aquel de las fantasías y sueños, como la ballena que ronda el Saint Laurent, que muchos sueñan ver, tocar, montar en su dorso o enrrumbar al confín del cielo y los resquicios de la mar eterna. Cuando emerja de las aguas, estaré allí atento, muy cerca del Fanal, sobre los jardines adornados de flores, tulipanes y colores, respirando el aire puro y la brisa fresca del Canal Lachine, esperándola, listo para embelesarla con el ardid fullero del anzuelo o el astil curtido del arpón etéreo y me convertiré en una especie de campeón de la pesca marina y me darán una medalla o un diploma por ello. Lo que no sé es cómo la voy a llevar a casa: quien sabe atándola de una de sus gigantescas aletas, halándola hasta el puente, por el que autos, camiones y trenes van y vienen hacia territorio Indio o, allí mismo, en un inmenso cubil sumergido que construiré sin parar durante toda la noche, donde la cobijaré para cuando ustedes lleguen, la puedan ver, alimentar y tirar de sus grandes alas, darle caricias y mojarse de su colosal expiro, mezcla de vapor y aire que dispara a los cielos desde su espiráculo, ese hoyo inmenso que lleva sobre su cabeza. -Acuérdate que esos inmensos animales son también mamíferos, cetáceos que respiran, no por branquias, sino gracias a pulmones como los seres humanos y la mayoría de los animales que habitan en tierra firme-. Después la liberaremos para que siga su rumbo a la antártica (porque le encantan las aguas frías) donde, quien sabe, tenga una o dos crías que las regresará consigo el verano siguiente, surcando el invisible camino que solo las ballenas conocen a través de los mares nórdicos y las costas atlánticas, zambulléndose en las limpísimas aguas verde esmeraldas del Saint Laurent. Cuando estén a orillas de Montreal, entre Lachine y LaSalle, la reencontraremos junto a sus pequeñuelos. Como nos reconocerá, no será necesario ni cazarlas ni tirarles el anzuelo ni lanzarles el arpón ni echarles las grandes redes hechas para atrapar a los gigantes del mar, pues se aproximarán regalándonos de su afecto con su misterioso y mágico cantar y, con nuestros cubos llenos de esos miles de pececillos, como los que atrapamos en otros tiempos y que hoy día, allá en Lachine, también pesqué, les daremos de comer. Es que a las ballenas les encanta ese especie de animalitos, por cientos, por miles, por millares y, como no tienen dientes con que cogerlos, los succionan, los aspiran, los atrapan, se los tragan; por eso es que a muchos marineros y pescadores con los que se encuentra en las altas aguas, los engulle enteritos sin causarles daño ni rasguño alguno y cuando se encuentran atrapados en la bruna espesa de sus entrañas, avivando fuegos con velas o cerillos para no quedarse a tientas ni sentir desasosiego, el humo que se expande al interior le produce atoro, cosquilleo, ahogo, carraspeo, expectorándolos a la vida sanos y salvos pero empapados, medio ciegos y sedientos, aunque también muy tristes de saber que su barca ha sido hundida por el descomunal peso del monstruo antes de que se los tragara. Es que la ballena o pensaba o creía o imaginaba que ellos, los marineros, eran también parte de su dieta y un sabroso manjar.

Papa

26 Jun 2008

Diferencias y Similitudes

Escrito por: tucho el 26 Jun 2008 - URL Permanente

En el año ochenta, en Chiclayo, escuché en una de las primeras (o la primera, no estoy seguro) de sus tantas campañas electorales para la presidencia de la República de las tantas a las que después se lanzaría y en una las tantas que tampoco conquistaría, exactamente la que se llevó, por segunda vez, su eterno contendor -preferido de los muchísimos malheridos y magullados supervivientes del oncenio militar que fenecía- el Señor Fernando Belaunde Terry - aristócrata sosegado y ambicioso, apasionado de sus sueños y proyectos; humano y arquitecto indiscutible de sus triunfos políticos; hábil en la política y sus formas pulcras (la pasión de su vida); sensible, honesto y ducho en el lenguaje de sus ancestros, gran conocedor del territorio peruano, de su gente y de su idiosincrasia; identificado a la distancia con las privaciones de su pueblo; abanderado del ¡Adelante Compañeros! -que añadiría popularidad a su abolengo partidario- y de la Lampa, ambos, símbolos del brío y acervo comunitarios-, al Señor Luis Bedoya Reyes, algo como esto decir: «Para bien vivir, tienes que trabajar duro, tienes que buscar, tú mismo, tu propio empleo. Tú eres el actor de tu propio futuro, de tu éxito y de tu propio fracaso; eres el constructor de tu destino. No te encandiles con un Estado que te proteja, ni sueñes con ello, pues tu vida y la de tu familia dependen solo de ti y de tu esfuerzo. De nada y de nadie más. Trabaja y hazlo bien, al cien por ciento» y más huevadas como esas, esencialmente ciertas, pero que, probablemente, hubieran tenido mayor eco en el electorado de un país del primer mundo, no en el de un pueblo, en su mayoría, discriminado, hambriento y desempleado. No en una sociedad cuya osmosis social no admite encuentros frugales o pasajeros. Pienso: El Tucán tiene razón: trabajo duro, mantengo a mi familia, hago lo que me gusta; hay chamba por todos lados o, aunque ahora no la tenga, siempre la hay y, como soy pilas, siempre la consigo o, si tuviera un trabajo y lo perdiera tendría, durante los diez meses seguidos a mi salida por renuncia forzada o despido intempestivo, un Seguro de Desempleo subvencionado por la Empresa, por el Estado y por mí mismo con parte de mi salario que me han descontado religiosamente todos los meses de mi planilla o, si simplemente nunca lo tuve ni lo tengo ni lo tendré, porque me pasé los meses, los años, la vida buscándolo sin lograrlo o porque no califiqué (porque no hay un trabajo para mi perfil, porque soy piña, porque lo que estudié no me sirve para nada, o porque, meramente, no estudié nada) o porque no sé ni leer ni escribir o sí sé lo que leo y escribo o porque tengo algún hándicap mental o físico, o porque sencillamente soy un idiota un tarado o un pobre diablo, etcétera, tienes la Asistencia Social que te procura un chequecito para cubrir tus necesidades mínimas mientras te preparas para cambiar de labor, seguir buscando trabajo o mirar las moscas en tu sofá bien sentado, apurando la muerte, si eso quieres. ¡No!. No era ese el escenario, ni el gentío a quien iba dirigida la cháchara. ¡No! No le hablaba a los pobladores de un pueblucho de Quebec, de Paris o de Viena, menos, de España. Se dirigía a un público del Norte peruano, que tenía una altísima tasa de analfabetismo, era pobre, mal papeado, mal nutrido y estaba frecuentemente –sino eternamente- desempleado. Sin embargo trabajador, corajudo, inteligente y dispuesto al cambio. Era el elector lambayecano y todo lo que su medio entrañaba, arrastraba, involucraba, llegado de todos los rincones de la circunscripción norteña, para escucharlo. Fue uno de mis primeros encuentros con un candidato de peso. ¿Habría quedado decepcionado para siempre de la política? ¿Sería todo esto una farsa? Ese día quedé afectado, estupefacto, cavilando que qué habría pensado esa masa en la que yo me fundía, ansiosa de oír un mensaje diferente y anhelado, que retumbara en las mismas entrañas nerviosas de sus cerebros que las mías, esperanzador, -que nunca llegó-, que aliente la vida, que dé ánimos, que abra el espíritu, que no solo trace un paralelo con el desastroso pasado arbitrario del que ellos fueron las principales víctimas sino que despierte siquiera la voluntad de elegir a ese viejo criollo erudito y curtido político limeño que fingía (porque, diciendo lo que dijo, si lo dicho tenía algún sentido práctico, no lo hubiera dicho de ese modo) conocer a sus prosélitos. ¿Qué, de aquel votante que no tenía ni nombre ni profesión ni empleo ni pensión ni comida ni casa ni vida siquiera; qué de aquel que tenía a sus hijos desparramados por todos lados, deambulando sabe Dios por dónde y hacia donde, pata en el suelo, rotosos, hambrientos, etcétera, que escuchaba a este bravo gárrulo nativo bien vestido de lenguaje pulcro pero sin sentido encabritado y dando cátedra de lo que debía hacerse para que los golpes de la vida no paralicen ni destruyan tu futuro y el de los tuyos sobre todo si el susodicho no salía elegido? Pensé que ese señor estaba, por lo menos, distanciado del contexto. Nunca más quise escuchar tanta ortodoxia plana, ni mentiras, ni descabelladas ironías. Por eso, mal que bien, elegí a Belaunde y por eso, hoy, mejor dicho, la próxima vez, no votaré por Lourdes, porque son lo mismo; en envoltorios diferentes, en estaciones diferentes, en realidades diferentes pero nadando sobre la misma corriente, envueltos de la misma doctrina partidaria, con los mismos mensajes, retocados, quien sabe, pero siempre ordinarios, siempre vacios. ¿O es que el PPC ha evolucionado? Además, no había otro interlocutor que fuera superior en aquellos tiempos. Por eso ahora, para las próximas, y para no gastarse tanto en buscar a cualquiera dentro de esa Unidad que solo de Nacional tiene el mote, un conglomerado de almas esencialmente unidas por su desmedida y subrepticia ambición por el poder y por el dinero, buscaré entre aquellos personajes solidarios (porque los hay) que no miren el color de la piel para aportar sus ideas, su ingenio empresarial, sus íntimos y más preclaros valores, que estén dotados de limpias y humanas ambiciones políticas; que no se valgan ni de la publicidad ni del brillo aparente de la repugnante politiquería; que les importe un bledo el juego astuto de la traza, aunque la tengan que retozar para dominar la tribuna; que conciban y apoyen toda causa justa que beneficie al electorado y a su territorio sin miramientos ni demagogia de alguna especie -porque quienes las practican, son puro cuento-. El candidato que podría travesear en el pedestal de la gloria, articulando, en vez de quebrantando, que va a deslumbrar con el éxito de sus obras y su predilecta sensibilidad social, que va a trabajar con la eficiencia que lo caracteriza y que todos conocen -construyendo, aportando, creando, gestionando-, porque es capaz y está dotado para ello; que es honesto, eficiente y desprendido, el político que tanto ha buscado el elector de la calle y que alguna vez acertó eligiéndolo para manejar la gran Capital de la República, alguien que, quien sabe, montará las bases de un futuro ciertamente diferente, para todos, es el Señor Luis Castañeda Lossio, actual Alcalde de la futura y moderna, Lima Metropolitana. ¿Qué, si pertenece al Popular Cristiano? Entonces: ¡Qué espera para quitarse!

Tucho

08 Jun 2008

¿Porqué No Es Posible Boicotear A Las Grandes Del Mundo?

Escrito por: tucho el 08 Jun 2008 - URL Permanente


Hace unos días viene circulando por la Web un mensaje exhortando a los internautas a dejar de comprar combustibles a la estatal Petróleos Canadá y a la holandesa Shell, pero parece que esto no camina o no está dando resultados ya que las estaciones de servicio objeto del boicot continúan atiborradas de vehículos y a la masa le interesa un chiflo esta inocente medida de presión. Antes mas bien, incontables familias han parado en seco el coche familiar, en el aparcamiento o en la cochera de la casa, tomado el metro y comenzado a utilizar con más y más frecuencia los servicios de transporte público -salvo los sábados y domingos, para ir al mercado, al cine, dar una vuelta cerca o para salir de Montreal-. De seguir así las cosas, como parece, la descongestión de las calles, de los caminos, de las carreteras, de las pistas, de las autopistas y la disminución de la polución empezarán a palparse en esta gran ciudad. Saltaremos de felicidad, pero la subida de los precios de los combustibles, como las gasolinas y el diesel, no se va a detener, porque el petróleo ha comenzado a escasear, en Canadá y en el resto del planeta, probablemente hasta doblarse, arrastrando consigo los precios del arroz, del trigo y del maíz: Kjell Aleklett, profesor de la Universidad sueca de Uppsala, quien trabaja en un estudio sobre los picos de la producción del hidrocarburo y del gas natural en el mundo, afirma que la producción petrolera anual se está reduciendo, que el consumo cuadruplicando y que los hallazgos de nuevos yacimientos, estancando (revista L’Actualité, Montreal, julio 2008). Para Canadá, los motivos son varios: es productor del petróleo más caro de la tierra, un amasijo de recebo bituminoso y otros elementos fósiles, tratados en dispendiosas y contaminantes refinerías Albertanas, lo que perturba considerablemente los costos de producción, siempre ha abastecido a los norteamericanos, sus principales clientes, tiene voz y voto en la OPEP y reservas para no más de cincuenta años, si continua dilapidándolo como lo está haciendo. En América Latina, exceptuando Venezuela, es el impacto el que cuenta, y no la mano dura ni las negociaciones con los grandes, pues ningún país del territorio es productor importante como para inclinar la balanza de los precios en el mundo, pero, hay que enfrentar al electorado, calmarlo, terciarlo. Por eso es que algunos gobiernos bien intencionados, ciertas democracias enclenques y otras enfermizas, pretenden tapar el sol con un dedo haciendo creer al electorado, con sempiternas mentirillas caseras: que los costes van a reducirse, a estabilizarse; que la proterva muñeca del diablo, que el influjo perverso de los que se oponen siempre a todo, que la hegemonía yanqui, que los usureros, que el decreto, que etcétera, hechos que no sirven ni de galga ni de brida para frenar o amortiguar, solo mentalmente, el aumento de las gasolinas, que sigue su curso arrollador al imperecedero infinito. En la orla de este escenario difuso, otros especulan, con cierto relativismo metafórico, que el arranque de esta grave crisis internacional se deba más bien a las inconmensurables imbecilidades del presidente G.W. Bush, a los arreglos manifiestamente anti Norteamericanos de gorilabocafloja –Chávez- con sus socios de la OPEP, a Irán y su vilipendio a Israel y sus ortodoxos enhiestos nucleares, al letal ascendiente sionista de los lobbies atornillados en Washington al poder y al desgaste del control estadounidense sobre sus cofrades en el mundo. Por eso, y sencillito nomás, el Perú, sirviéndose de este artejo, debería escrutar mercados para nuestros productos nacionales como el gas natural, el variadísimo tubérculo andino, etcéteras y su excelente fruta, etcétera. Por cierto, el gas arequipeño no es patentable -como sí lo es la papa-, ni por los chilenos, ni por los rusos, ni por los marcianos, pero negociable y una fuente de riqueza incalculable, prisionera, cautiva en las entrañas de la tierra que debemos aprovechar, y la papa, tubérculo bendito con el que los peruanos ni soñamos ver en las vitrinas del mundo, sobre todo el que se siembra en el Ande, más rico en nutrientes y almidones que la papa corriente que se siembra en el mundo entero, ignoto y en peligro de extinción, menos esperar que los campesinos que lo cultivan progresen económicamente y prorrumpan de la indiferencia y del olvido. Ni el gobierno ni la empresa privada parecen tener la intención ni los medios suficientes para mercadear convenientemente esta maravillosa hortaliza andina, arrinconando a las comunidades campesinas serranas en el pábulo y la inopia. Es el triste escenario de la gente que vive en las altas cumbres heladas, a lo largo de toda la sierra peruana. Si las comunidades agrarias, el campesino alto-andino del Perú, obtuvieran el apoyo técnico y financiero suficientes -como está ocurriendo con la Comunidad Campesina El Parque De La Papa en el Valle Sagrado de Cusco, que tiene en vía de registro internacional más de sesenta de las casi cuatrocientas variedades que se cultivan en la zona, créditos-, donaciones o inversión internacional, rebasarán la trinchera de los desheredados, de los afligidos, de los diezmados, los seres más pobres y olvidados de la tierra, «Los Yagunzos de Canudos», para ser parte del engranaje económico que precisa tanto nuestro país y una pequeña contribución al mercado de alimentos y a la lucha contra la hambruna, corolario de este desbarajuste mundial.

Tucho

28 Feb 2008

Las Blancas Borras De La Sierra Central

Escrito por: tucho el 28 Feb 2008 - URL Permanente

Viajaba con frecuencia a Tarma, pintoresco pobladito serrano, a unos ciento cincuenta kilómetros, hacia el Este limeño, siguiendo la larga derrota asfaltada a través de pueblitos abrasados de Andes y de nubes blanquísimas suspendidas de su cielo azul. Después de un vertiginoso tramo, pasando por Tíclio en su punto más alto, descubro el níveo de sus nubes y la belleza intacta de su cielo, a cuatro mil metros y algo más, límpido azul que nace en Huancayo y se funde en el gris limeño de la gran capital. Era la Sierra olvidada del Perú, allá arriba, muy alto, cerca de Dios: el primer tramo abarrotado de mercados y fruterías, de ambulantes y triciclos, de combis y ticos asesinos, de bocinazos sordos que abren paso a no importa que gallo que se atreva a cruzar la marcha de su alteza, sumados a la batería de conchesumadres y carajos que te ganas vanamente y sin ninguna razón. Es la Lima joven, marginal y cholificada traída por el provinciano, el nuevo invasor, embuste de hispanismo y embrollo racial, amalgama de culturas y riqueza social mas o menos homogénea que el limeño aristocrático y el capitalino burgués –que han guethoizado voluntariamente su existencia, alienando su hábitat dorado de los rededores que los acogotan y de las comunidades dispersas por el resto del país, resucitando símbolos abstractos en una especie de apartheid étnico-cultural mentalmente infranqueable-, se resisten a reconocer o incluir o integrar, pero él estaba hecho de norte y de sol, de campo y de caña de azúcar, de Pomalca y de caballos de paso, de lagunas y acequias, de Tinajones y de Boro; de las cosas simples y las amistades sin piel, del camarón de las acequias y del barro en los pies, del aire puro y del polvo en las pistas, del caminar descalzo y las caminatas por los cañaverales, del bosque de mi casa y la lagunita de mi jardín, de los pinos altos y de las fogatas nocturnas, del incendio del «Choli» y la Marcela, de los campamentos por todos lados, de la cantina y su barman gruñón, de mi asma crónica, mis alergias de siempre y de mi madre a punto de dar a luz, de mi padre esclavo del trabajo, del humo de sus cigarrillos, de sus veinte cajetillas Norton y de su mal humor, de las abejas que me picaron allá arriba en el cerro de regreso a casa un día de mucho sol, de mis amigos: del Fidel, del pesado del Rafo, del Beni; de la Luci, de la China Tita y de la Liliana Ching, del Calín, del Pulpo Manotas y del Popo; de las amigas de mi hermana, del colegio, de la pobreza en las rancherías, de las madrugadas en la panadería y la delicia de su sabroso y oloroso pan, del cajón de la muerte del abuelo de Hernán y de la viuda negra que pasaba recogiendo nuestros pasos cuando subíamos a la huaca en busca de algún tesoro del Inca, ¡cómetelos, muérdelos!, cuando gritaba ella desde su invisible existencia a todo terror; del mercado y la melaza en las pistas, de las vacas del corralón y la pajilla donde saltábamos y jugábamos a rabiar, de la fábrica de azúcar y del pito voceando la llagada del medio día y el inicio de la siesta ¡silencio, duerme papa!, de mis libros, de Julio Verne y sus historias de ensueño y del carrito con llave que me regaló mi mama. De la iglesia del frente. De mi vida y de mi niñez. Lima en cambio era para mí una madre ajena, impuesta, abrumadora y autoritaria; lejana, falsa, complicada y desleal, una trama de marginación y racismo traídos de la España, hurtadora de tesoros y destructora de un grandioso y antiguo Imperio ancestral. Nunca fui ni quise ser parte de ella aunque cada verano soñaba con llegar a casa de mis parientes que vivían en los barrios los más blancos de la Ciudad, donde yo era un extraño, un invitado, un invasor, uno más, uno de esos miles de gentes, que mochila a la espalda o alforja en la mano, buscaba un futuro, un empleo seguro, un negocio propio o estudios en el Instituto o en la Universidad. ¿Oye viejo, tu familia toda, es decir, padres, abuelos, tíos, primos, hasta dos de tus hermanos y parentela, son limeños también, por qué entonces te dices ajeno, invitado, un extraño, uno más? No me huevées. Aparece Chaclacayo, alumbrado de sol -dicen que norteño- y me detengo en la primera bodega que encuentro a mi paso, empujado a olvidar el sonido descompuesto del primer tramo de mi viaje de siempre rumbo a Tarma por la Carretera Central, a contemplar el paso de camiones que, cargados de mercancías, enrumban hacia los Tambos que abundan a lo largo de la pista -el Inca había sido un hombre muy sabio pues había hecho construir caminos que conectaban los Cuatro Suyos de su Imperio y los Tambos hacían de almacenes para cereales y tesoros que los súbditos guardaban en previsión de tiempos de sequia, de escases o de guerras y de albergues para cuando el viajero, generalmente mensajero de las buenas y malas nuevas, el Chasqui, descansase de sus largas caminatas y carreras a lo largo de los cientos de kilómetros que tenían los Caminos del Imperio Inca del Perú. Tiempos de pujanza y grandeza de un poder en declive, quién sabe por la ambición desmedida del soberano, los conflictos internos que se sucedían o la llegada abrupta del invasor, y yo me encontraba allí, en la frontera, tal vez en la línea divisoria de dos mundos dispares que se alejan el uno del otro sin mirar atrás, quizá en el límite que separa singularmente el presente del pasado, el progreso de la tradición, la Costa de la Sierra, la ciudad del campo, las mentes progresistas del anquilosamiento cultural; quién sabe en el confín de mi país consigo mismo, con su difícil realidad- y de esos caminantes que pasan del otro lado de la calzada, dos de ellos bastante ancianos, septuagenarios quizá y el nieto o bisnieto en el albor de la vida. El viejo, a dos o tres pasos delante, ella, atrás. El peso de los años los ha vuelto jorobados y a pesar de la inclinación forzada de su cuerpo cansado, tan pronunciado que su visión casi pega al suelo, él, como aquella fiera que busca una presa que jamás encontrará, aparece firme en el andar. El niño, de una mano asida a la de la abuela o tatarabuela y de la otra, prendido de su honda para cazar. El viejo calza unos zapatos deshechos y sin amarras, de color confuso y suelas acabadas. Porta un chalequito plomo y harapiento que descansa sobre una camisa muy angosta y gris. Su pantalón, más bien holgado, parece limpio pero lleno de costuras, remaches y vejez. Ella viste una falda bastante grande que cae por debajo de las pantorrillas, de un fucsia desteñido, como desgarrado por el sol; sus medias recogidas al borde de los tobillos aparecen vencidas y sin fuerzas, como agotadas del continuo trajinar. Su andar es lento y sus piernas arqueadas parecen endurecidas por la fatiga y la edad. Ese cuadro matinal y solitario, en mi país, representa el martirio diario del pan o las yuquitas fritas en la mesa, de un desangrado té o de una soya insípida y repasada, quizá del día anterior, con lo que quede de la pensión, ridícula, en caso la tuvieran, estirada al máximo los primeros días del mes. Pero como, inequívocamente, no la tienen, de la caridad del hijo o del nieto que tiene un puestito ambulante o un triciclo repartidor de gas, de dulces, de helados D’Onofrio, en alguna esquina o callejón de la gran ciudad. A lo mejor de la bondad de quien se duela de la verdad aciaga de esos pobres seres que personifican a más del ochenta por ciento de la masa pobre que vive en mi terruño, gravísimo problema social venido de muy atrás que bien corresponde al Estado remediar, ¡Si, al Estado! ¿Cómo? Asistiendo la canasta del pobre con los impuestos que se deben cargar a las industrias, a las empresas y a la riqueza en general. ¿Solo eso? Si, solo eso. ¿Pero la promoción, la reinversión y la industria foránea que tanto escuchamos a los políticos hablar? Mira viejo, habrá inversión, reinversión y mejores negocios cuando el pueblo tenga para comer y deje de ser una bomba a punto de explotar en la cara de quienes exponen sus dólares en un territorio socialmente inestable como el mío, el Perú, mi país ancestral. ¡Pero!. No hay peros. El resto son cuentos. La pobreza, en cualquier parte del mundo, agota esperanzas y abate orgullos, diluye sueños y frustra futuros; la miseria en mi patria, no solo hiere la dignidad de los que sobreviven en el espectro melancólico del infortunio y en la vicisitud terrible de la marginación, sino que, además, aleja al inversionista, retroalimenta la exclusión y reproduce la pobreza a lo largo y ancho del territorio del Perú ¿Será ese el destino trágico que le depara a aquel niño de la honda para cazar, atado a la mano de sus abuelos o bisabuelos, frente a mí, a mi paso por la Carretera Central? Tenía que apurarme pues la pendiente, que empezaba algunos kilómetros arriba, pasando el puente colgante, después de Chosica, se volvía peligrosa en caso las lluvias y el barro se interpongan a mi paso, en las montañas que se elevan conforme avanzas embelesado sobre su regazo, rocoso lúgubre y sin vida los primeros kilómetros, verde-esmeralda de ensueño en lo alto y más arriba, en la densa cumbre, cerca del cielo, platinadas por el reflejo eterno de sus hielos, el hermoso azul del cielo y el incandescente dorado de nuestro Dios sol.

Tucho

25 Dic 2007

Las Noticias De Hoy

Escrito por: tucho el 25 Dic 2007 - URL Permanente

Estos días las noticias anuncian tormentas de nieve y de hielo a todo lo largo del Medio Oeste y del Este Norteamericanos situación que podría desencadenar lo que en Quebec, allá por el año noventa y cinco, se llamaría «la crisis del verglás», cuando toda la infraestructura telefónica y eléctrica quedo reducida a un amasijo de cables y postes inservibles, interrumpiéndose los servicios de luz, calefacción, agua y teléfonos durante más de tres semanas y la gente casi muere de frio de no haber sido por la actitud solidaria de la población quebequense y el trabajo bien coordinado entre las municipalidades y los gobiernos Provincial y Federal; a un Bush y su banda dándole los últimos toques a una «justificación real», como la farsa con Irak, que les permita crear un nuevo conflicto, esta vez con Irán y la consiguiente invasión militar; el ansiado proyecto de los Escudos Antimisiles, para contrarrestar el terrorismo internacional -todos sabemos que para neutralizar el creciente poderío Ruso, autosuficiente en recursos naturales y dispuesto a retomar posición en el tablero estratégico del equilibrio mundial, asegurándose su propia subsistencia, con el apoyo cada vez más creciente de una Europa menos dependiente de los grandes intereses del poderoso norteamericano. Posee una de las reservas de gas natural más importante del planeta, inmensos reservorios de petróleo, misiles de largo alcance -intercontinentales que les dicen-, los más sofisticados y precisos hasta hoy existentes en el planeta y el sistema de navegación por satélite «Glonass», -equivalente al «GPS» Norteamericano y al «Galileo» Europeo- que comienza a operar al ochenta y cinco por ciento a partir de febrero próximo para escanear - y apuntar - el planeta todo, a partir del año 2009. Veo también a un Obama, con su particular estilo que parece remontar en las preferencias del electorado para las próximas primarias a su más cercana rival, hasta hace pocos días invencible, Hilary R. Clinton. En Montreal (en Quebec, que es la provincia o el estado en donde se encuentra...) las cosas están más bien calmas: la temperatura aun clemente parece oscilar entre la media y la media-alta. En la Capital, Ottawa, los grandes del poder (Partido Conservador equivalente al Partido Republicano) se apuran por expatriar hacia Alemania al más importante acusador (o difamador, esta por probarse) inmigrante alemán de estos tiempos, que asegura haberle roto la mano al ex primer ministro y ex-líder en sus filas, Brian Mulroney, en un gran negocio de armas, aviones y millares de dólares, allá por los años noventa, etc. Pero lo rico del asunto es que te abrigas bien y llegas a tu casa que esta siempre calientita, te tomas un café aun más caliente y, sin tanto trapo encima, te vuelves a encontrar rodeado de tu familia, único soporte que te queda en este mundo solitario y frio.

Tucho

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