24 Dic 2012

Los Americanos Deben Corregir Su Constitución

Escrito por: A.R. (Tucho) Novoa el 24 Dic 2012 - URL Permanente

Controlar la venta y el uso de armas de fuego significaría que todo individuo que quiera poseerlas sea capaz de portarlas y registrarlas como propiedad única e intransferible para que la policía, es decir el Estado, sepa quién es el propietario. Tener una licencia debe significar que el individuo es apto psicológicamente para portarla y manearla en defensa propia. Hasta ahora no se puede prohibir el uso de armas de fuego en Estados Unidos porque es un derecho adquirido y está en la Constitución. Pero se debe limitar o trabar la venta y distribución y controlar las millones de armas que están en la calle de todo tipo y calibre a pesar de que hacer un registro estaría prohibido por la Constitución. Pero tiene que haber alguna fórmula legal y política para que el uso de armas de fuego no sea indiscriminado y abierto y potencialmente peligroso como lo es hasta el día de hoy. La intención política del actual gobierno parece ir por esa vía. Sin embargo, portar un arma ha sido y es parte de la cultura y de la historia americanas. Se remonta a la época en que buscadores de oro atravesaban el país y eran asaltados por los indios y los pillos y bandidos que irrumpían en las rutas que llevaban a los pioneros hacia el precioso metal. Es así como conquistaron y se asentaron en el Oeste americano y como redujeron gran parte del territorio vecino y porqué exigieron a Washington la institucionalización y constitucionalizarían luego el derecho a portar y utilizar armas para defenderse de los forajidos. Pero esas épocas de conquista y violencia quedaron atrapadas en la historia de la nación. Los territorios conquistados han sido integrados en un Estado-nación muy rico poderoso e inmenso que goza de una democracia casi perfecta a la que los colonos le dieron forma y todavía no terminan de inventar. Una nación con gobiernos representativos y poderes intermedios autónomos, con un Estado de Derecho que define bien los derechos y obligaciones de todos los ciudadanos y con sociedad política y civil múltiples autónomas y muy bien organizadas. Los ciudadanos norteamericanos conocen bien sus derechos y cohabitan pacíficamente en una dimensión en la que la libertad y la igualdad legitimadas por la ley son condiciones sine qua non de la existencia democrática de ese país. Conocen y aceptan y respetan las leyes y tienen un poder judicial absolutamente independiente y autónomo. Los americanos han inventado un cuerpo de funcionarios armados hasta los dientes que da protección y seguridad a toda la ciudadanía: la policía federal y la guardia nacional. Dicho esto, el Estado (es decir, el ciudadano a través de sus representantes) debe mejorar o modernizar las reglas convenciones leyes o acuerdos de convivencia pacífica porque existe un Estado sólido y unido que brinda protección a sus ciudadanos, un cuerpo jurídico autónomo y un cuerpo policial súper equipado y moderno. El ciudadano norteamericano ya no se encuentra a merced de los pillos ni en la tierra de nadie como lo estaba antes de la guerra civil. Los americanos no necesitan de las armas que hoy día compran en cualquier parte sin registro como entonces para defenderse de los bandoleros los apaches y asaltantes de las diligencias que atravesaban las nuevas rutas en expansión. Los americanos han inventado los sistemas de comunicación y detección más sofisticados y avanzados del mundo, los satélites, el GPS, así como la TV, la computadora, la radio, Internet y Facebook. Hoy día el ciudadano norteamericano no necesita portar armas ni guardarlas para defenderse o protegerse, pues las comunicaciones y la reacción federal, estatal, comunal, policial, civil y ciudadana son casi inmediatas y eficaces. Sin embargo, así como existen ciertos lobbies y grupos de interés que defienden y protegen a través de sus representantes en los poderes intermedios los derechos de algunos poderosos grupos industriales como los grandes consorcios farmacéuticos que dominan e invaden los mercados con productos de marca inalcanzables y caros en detrimento de los genéricos y baratos y de la gente sin acceso a algún sistema mínimo de protección de salud o como las grandes compañías aseguradoras que impiden a cualquier precio el manejo o el control estatal de programas esenciales de protección social a los más necesitados o como algunos poderosísimos lobbies que promueven y prácticamente obligan al Estado norteamericano a asociarse incondicionalmente y a enredarse política y militarmente con el Estado de Israel para protegerlo financiarlo y proveerlo de las armas más sofisticadas del planeta con el fin de atacar y defenderse del enemigo árabe con la plata del ciudadano estadounidense existe, digo, lamentablemente también un grupo de presión poderosísimo y muy rico e influyente que impide e impedirá cualquier variación o modificación o discusión política de la actual ley que garantiza el derecho hasta ahora incontestable de portar y usar armas de todo tipo y calibre al ciudadano de ese país. Si el actual gobierno de Estados Unidos de Norteamérica decidiera actuar contra ese desfase histórico, replantearía el tema de las armas en un debate que favorezca un acuerdo equilibrado justo y seguro para toda la población. La presión moral de los últimos sucesos parece haber volcado la opinión pública en favor de algún cambio racional inmediato. Es absurdo que un muchacho con problemas psiquiátricos pueda violentar la casa de su madre, tomar cuatro de las armas súper modernas que ella coleccionaba legalmente, la masacre a tiros, salga muy tranquilamente hacia la escuela donde ella enseñaba, irrumpa no sé cómo en el interior del edificio, se dirija al aula donde hasta ese día su madre era titular, asesine a tiros a veinte de sus pequeños niños y dispare mortalmente contra la directora, la psicóloga y contra otros tres adultos que ese viernes fatídico se encontraban en el lugar. Esto JAMÁS hubiera ocurrido, JAMÁS, la fatal mañana de aquel día horrible, si en la casa de la profesora y madre del causante de esa tragedia humana, no hubiera encontrado uno solo de esos artefactos mortales que para las leyes y la constitución de ese país debieron usarse como herramientas de persuasión o defensa personal, pero que en la mente enferma de ese chico de veinte años se transmutaron en letales artefactos para asesinar y acabar con las vidas inocentes de veintiséis personas. Para las leyes de ese país y para muchos ciudadanos, las armas deben servir para defenderse, para muchos otros, para conferirse cierta superioridad o compensar alguna carencia, para otros, son una costumbre, una tradición, una herencia, un hobbies, etc., pero para ese muchacho de veinte años que ha enlutado a veintiséis familias y a toda una nación destruyendo la vida de su madre, de veinte pequeñitos inocentes y de cinco de sus custodios, para matar y asesinar y morir, sabe Dios por qué razones, o sin alguna razón. Todos los ciudadanos norteamericanos tienen derecho a tener armas para defenderse. ¿Pero, qué es de las trescientas y más millones de potenciales víctimas? Ellas tienen derecho a ser protegidas por leyes que impidan o eviten o reduzcan las probabilidades de ser atacadas por quienes usan las armas, no para defenderse, sino para matar. ¿Quién garantiza los derechos de quienes no pueden protegerse de aquellos que usan esas armas legales, no para defenderse, como lo dice la Constitución, sino para destruir al otro? La constitución americana necesita de una ley negativa que neutralice aquella que yace escrita en ella misma, inventada por los colonos europeos hace más de doscientos años para garantizar en cierta forma la protección física de los pioneros, contra los asaltos de los indios y los crímenes y los robos de los bandoleros, en sus largos viajes de conquista hacia el Oeste. Hoy esa ley es inoperante. No sirve para nada. Excepto para llenar las arcas de poderosos fabricantes y comerciantes de armas que se agitan por todo el país. Esa es la razón por la que se han conformado como un grupo de presión con muchísimo poder e influencia política. Sin embargo, tener una "cuatro por cuatro", calzar botas vaqueras, poseer una gran mansión en el barrio más caro de la ciudad (nada de esto hace daño a nadie) y portar armas, son modos y costumbres bastante arraigados en la identidad colectiva de la nación. No obstante, con lo sucedido el pasado viernes allá en Newtown, Connecticut, la visión mayoritaria parece haber dado un vuelco sólido, aunque todavía tímido, hacia lo que probablemente sería o será un gran debate nacional y de una nueva y saludable forma de entender el mundo americana. Diferentes mitos de la historia republicana se han ido desacoplando de la consciencia colectiva nacional. El impedimento legal a los negros a los indios y a las mujeres a participar en la vida ciudadana, la persecución de los japoneses hasta el final de la segunda gran guerra, la exclusión y discriminación de los inmigrantes europeos no británicos -y hoy día de los latinos ilegales- eran convenciones arraigadas en la cultura y en la consciencia nacional. Uno tras otro han ido cayendo, pues todos faltaban indiscutiblemente a los principios más elementales de la democracia liberal. Es lógico entonces que hoy día la NRA, la más preciada imagen de los WASP, quiera impedir a todo precio que las armas de fuego dejen de ser parte del sueño y de la identidad de ese país. El derecho a portar armas está escrito burilado grabado tallado en la Constitución de esa gran nación, como lo estaban otrora, la esclavitud, la exclusión y la segregación racial. ¿Prohibir el uso indiscriminado de armas de fuego o limitar su comercialización va a impedir o evitar esos crímenes espantosos que ya estamos habituados a ver por la TV? No. Probablemente no. Pero ello no es razón ni motivo ni justificación para seguir arrinconando negligentemente en el olvido las consecuencias desastrosas y la complicidad irracional de una ley obsoleta desfasada y travestida de libertad y de igualdad. Una ley o enmienda constitucional que proteja a los indefensos de los impulsos tanáticos de aquellos que quieren hacer daño y destruir al otro, que neutralice o reequilibre o corrija la primera, se hace necesaria e imprescindible. Esta vez sí.

Tucho

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

auroraaguado64 dijo

Tucho, no puedo añadir nada pues estoy totalmente de acuerdo contigo. Genial.
Muchas gracias y un saludo.

dezabaleta dijo

Un verdadero descubrimiento poder leer este gran artículo.

Un cordial saludo.
Feliz 2013

Mark de Zabaleta

Carisdul dijo

Muchas gracias por tus buenos deseos, Tucho. Yo también te deseo mucha salud y felicidad en este año que entra y espero sigas escribiendo tan bien como lo haces.
Un saludo cariñoso.Feliz años!.

A.R. (Tucho) Novoa dijo

Gracias Carisdul, dezabaleta y auroraaguado64. Feliz año 2013 para ustedes, de este peruano en Montreal.

Antonio Fernández López dijo

Podría ser un buen momento para iniiar un intercambio de comentarios que estoy sewguro que nos beneficiaría a ambos. Te invito a ello. Por lo pronto, cobn lo del control de las armas nada que discutir. No va a ser fácil. Ya hay quien está diciendo que lo mejor para combatir a un malo con armas es que se encuentre frente a él un bueno con armas. No va a ser fácil. Un abrazo

francisco Cañero Suanes

francisco Cañero Suanes dijo

Hola ,Tucho,gracias pòr ecercarnos la amistad,veo tu gran despliege de escritura y se que sty ante un gran blogero,bien tu articulo de las armas ,que estan dando mucho problema en USA,,espero que te gusten mis articulos y poder colaborar en todo saludos Francisco

auroraaguado64 dijo

Tucho, mis más sinceras felicitaciones por este nuevo año al que acabamos de entrar.
Un abrazo.

Escribe tu comentario


Si prefieres firmar con tu avatar, haz login
Inserta un emoticono