12 Abr 2008
Viajando en metro
El metro es una auténtica cátedra de humanidades. Viajando en metro se aprende mucho. Los viajeros conforman una concentración heterogénea de personas que integran todas las clases y categorías sociales. Gente bien vestida y gente desaliñada, unos huelen bien otros no tanto. Cada uno con su historia a cuestas, sentados o de pie, pensativos unos, otros leyendo para aprovechar el tiempo del viaje, nadie, aparentemente, se fija en nadie, parecen abstraídos. Para muchos viajar en metro es tiempo muerto, tiempo inútil, acto cotidiano que muchos ejercen por obligación a lo largo del día. Para mi no lo es tanto; me divierte, me enseña y aprendo.
Observo a cada uno de los de mi alrededor: en una esquina una parejita haciéndose carantoñas, recostados sobre un lateral otra parejita, con miradas cómplices, tomándose de las manos, estrechándose y besándose cariñosamente; estos dos se bajaron en Chueca, lugar muy gay de Madrid. A mí lado una muchacha lee el periódico y yo aprovecho para leer de soslayo, hurtándole su lectura. El titular dice: Gran Bretaña En busca de óvulos. Muchas parejas se desplazan a España en busca de tratamientos de fertilidad.
No es necesario comprar periódico para estar al día. Te sientas y seguro que encuentras alguno ya leído y releído de los numerosos ejemplares gratuitos que circulan por Madrid.
Entra un hombre orquesta: guitarra, flauta colgada del cuello y un carrito con amplificador con acompañamiento musical programado. Parece que suena bien y canta, canta aquello que hizo famoso Chiquetete: Esta cobardía. Es una letra pegadiza. Despiertan de su letargo los zombis viajeros y la susurran; yo también:
Esta cobardía de mi amor por ella
hace que la vea igual que una estrella,
tan lejos, tan lejos de la realidad,
que no espero nunca poderla alcanzar.
No se da ni cuenta que siempre ha tenido
los miles de besos que no me ha pedido,
que en mis noches tristes desiertas de sueño,
en loco deseo me siento su dueño.
Salgo en la misma estación que el hombre orquesta, me encamino hacia la salida, él corre al siguiente vagón a cantar lo mismo una vez más…yo voy tarareando….esa cobardía de mi amor por ella..................... Atrás, en el vagón, viaja un mundo.
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- Viajando en metro 1 comentario Anónimo
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Anónimo dijo
tantas cosas bellas podemos descubrir en un día cualquiera
un abrazo.
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