28 Jul 2009

" MENOS MATERIALISMO Y MÁS ESPIRITUALIDAD "

Escrito por: Miguel Angel el 28 Jul 2009 - URL Permanente

El interés por lo trascendente le viene de lejos, pero fue en la cárcel donde el ex presidente de Banesto, el hombre más envidiado y emulado de los 80, dio rienda suelta a su debilidad por las cuestiones esotéricas. Hoy, recién publicado su libro Cosas del camino, se atreve a profetizar en Magazine la 'nueva conciencia' que vendrá tras la crisis.

Tiene algo de personaje de El Greco peinado hacia atrás, con esa elegancia que aportan la delgadez, algunas arrugas y un cierto aire de melancolía que no tenía el amo del universo de hace 20 años. Pero no, no va en chándal (como se ha leído por ahí), ni vestido con una túnica blanca, ni entona cánticos exóticos, ni, como él mismo remata, ha perdido la cabeza. «Hombre», apostilla con leve sonrisa, «no sería raro que alguien pudiera pensarlo. Pero eso es que no me conoce, porque yo siempre he estado interesado por estos temas, desde que tenía 17 años».

Con «estos temas», Mario Conde se refiere a la espiritualidad, y la espiritualidad, claro, va por dentro. Por fuera, Mario Conde nos recibe con su porte intachable de siempre: zapatos castellanos, corbata de seda y un impoluto traje gris cruzado.

Romper con el tópico es complicado. De entrada, resulta difícil creer en el nuevo Mario Conde que se ha dejado entrever en sus últimas entrevistas televisivas: un estudioso del mundo espiritual, sin aparente rencor después de la lluvia caída, que ha pasado los años de prisión meditando y estudiando el Tao y la Biblia. Porque recordemos de quién estamos hablando. De Mario Conde, el adalid del éxito, el hombre más envidiado, odiado, admirado y emulado durante los años 80… Si Tom Wolfe le hubiera conocido, seguro que le habría inspirado una nueva versión de La hoguera de las vanidades, tan larga, que ahora tendría una segunda parte de la novela aún más interesante que la primera.

P.Cuando usted estaba en la cárcel, su mujer le dijo que no iba a haber quién le sacara de allí, que estaba haciendo exactamente lo que llevaba años deseando: estudiar, leer, meditar…

R.Sí, efectivamente. En una visita que Lourdes me hizo con mi hija Alejandra, ésta me dijo que me veía feliz, cuando, claro, lo lógico, si vas a ver a tu padre a la cárcel, es que esté derrotado, deprimido… Pero tenía razón. Estaba haciendo lo que yo, a los 17 años, cuando Lourdes y yo nos conocimos, quería hacer. Levantarme de madrugada, disfrutar del silencio de esas horas, estudiar, profundizar en temas relacionados con la espiritualidad, la trascendencia y meditar, que es algo que me ayudó entonces y que sigue siendo muy importante en mi vida, porque al fin y al cabo, lo que consigue es ponerte en contacto contigo mismo, con tu esencia y eso sólo se logra así, con el silencio. Eso es lo que siempre me ha interesado y había tenido que dejar un poco de lado durante años, porque con Banesto había tenido menos tiempo para dedicarme a ello. Mario Conde ha abandonado su mirada de Mario Conde, la que imaginamos que pone cuando habla de su pasado financiero. Relaja la mandíbula, baja la voz, entrelaza los dedos…. Cuenta que, al principio, a los 17 años, pensó que la respuesta estaba en el catolicismo. Después, según confiesa, hacia el 68 –claro–, pasó por una etapa existencialista, pero Sartre tampoco le convenció e inició el largo recorrido, la investigación propia, sincrética, apartada de la ortodoxia de las religiones establecidas....

P. Usted ha dicho que las creencias son «analgésicos para el alma». ¿Vivimos en una sociedad de la analgesia, donde no se busca la cura sino la anestesia?

R. Sí, efectivamente, estoy convencido de que las creencias religiosas son analgésicos espirituales, pero no curan. Hay un momento en la historia de la farmacopea (no así en China) en la que se abandona al hombre y en vez de intentar curarle, se pasa a intentar apaciguar el dolor y se empieza a volcar todo el esfuerzo en crear analgésicos. Y eso se traslada, especialmente en la edad moderna, al tratamiento del espíritu. Es la necesidad de atenuar esa angustia de no saber quién soy, de dónde vengo y adónde voy. Y esta sociedad se preocupa de apagar el dolor físico, sin curar, se apoya en las creencias que aportan las religiones para amortiguar el dolor espiritual, pero también de una manera superficial, sin profundizar.

P. ¿Qué es para usted la espiritualidad?

R. La espiritualidad es un sentido de trascendencia. Hay un fenómeno no tangible, que tiene que ver con lo que uno siente, por ejemplo, al ver determinados fenómenos de la naturaleza. A partir de esa emoción sutil, te empiezas a plantear que hay una dimensión con algo que podemos llamar El Todo. Y empiezas a pensar que, quizá, cabe la noción de una materia más sutil que a lo mejor no es aprehensible por los sentidos. Esto, en la Edad Media, sería motivo de herejía, pero ahora sabemos que hay una materia que nos rodea, que son las ondas. De ahí se asciende a lo que podíamos llamar el concepto «alma».

P. Pues ya puestos, ¿qué es el alma?

R. El alma es eso que nos individualiza mientras estamos por aquí.

P. Pero a eso hay quien le llama personalidad.

R. En este mundo del espíritu, hay que acostumbrase a que la terminología no tiene la misma precisión que la ciencia. Sí, hay quien le llama personalidad, pero la personalidad se compone con elementos intrascendentes, como tu nombre, de dónde eres o quiénes son tus padres. Por encima de esos factores tenemos un alto reconocimiento interior y eso coincide, precisamente, con la capacidad de emocionarse ante determinadas cosas.

P. En su libro Cosas del camino, usted se refiere a esa corriente que relaciona cosas tan dispares como la física cuántica y lo espiritual, Dios, el alma…

R. Los buscadores científicos del alma dicen que la física cuántica no consigue demostrar que el alma existe, pero es que tampoco encuentran la materia esa de la que hablan. Han descompuesto el átomo, han llegado a los quarks y, al final, lo que encuentran es un vacío… Ese vacío no es vacío, ese vacío está lleno de sustancia sutil. Tan sutil, tan sutil, que nosotros, que somos unos groseros, le llamamos alma. ¿Que quieren llamarle energía? Pues energía. ¿Que quieren llamarle lo que sea? Pues nos ponemos de acuerdo, y le llamamos «tunfun», pero está claro qué es.

P. ¿A qué achaca usted el auge de corrientes espirituales fuera de las religiones «oficiales»?

R. A que, por una parte, cuando confundes lo religioso con lo espiritual y lo religioso con una forma de poder, más pronto o más tarde aquello no funciona. Y, en segundo lugar, Occidente, el Occidente mayoritariamente católico, ha fracasado en la gestión del Misterio. No es tanto que la gente se separe de la creencia en el Misterio, es más bien que no se cree que ese intermediario tenga que ser el que lo gestione y quiere hacerlo él mismo, directamente.

P. ¿Y es ahí es donde se explica ese triunfo de algunas filosofías orientales?

R. Efectivamente, en Occidente se está produciendo una cosa interesante que es el orientalismo. Llevamos demasiado tiempo viviendo en una cultura de la frivolidad, y lo espiritual no cabía. Hay una serie de gente que está convirtiéndose, entre muchas comillas, a la espiritualidad oriental, porque está cansada de pelear con los curas y las iglesias. En muchos casos es un acercamiento anecdótico, epidérmico, pero bueno…

P. ¿Hay cierto esnobismo?

R. Algo de eso hay. Técnicas como la meditación están teniendo más aceptación porque no nos suenan a nada de lo que nos han inculcado, ni a esa lucha con los curas… A lo mejor, queda menos elegante decir que estás sentado en el banco de una iglesia de pueblo, rezando, que decir que estás asistiendo a un curso de meditación.

P. Algunos conectan la crisis económica actual con la digamos «cultura de la frivolidad» que ha vivido Occidente durante las últimas décadas…

R. Yo ya lo dije hace tiempo, que estamos en una crisis que no es sólo económica, que es algo mucho más profundo. Concretamente, hablé de ello en el Vaticano en 1992 y en la Universidad Complutense de Madrid. Yo creo que es una crisis de sistema. Sí, muchos hablan de una «crisis sistémica», pero dan a entender que es únicamente del sistema financiero. Pero los sistemas financieros los gestionan personas. Unos señores que son presidentes, que son consejeros delegados, que son directores generales de los bancos, de los que controlan los bancos…

P. Cuando habla de «sistema», ¿a qué se refiere exactamente?

R. Un sistema es algo muy sencillo. Es la manera que tiene el hombre de relacionarse con el hombre y con las cosas. La gente percibe actualmente que, en el capitalismo en su versión más salvaje, el modo de relacionarse el hombre con el hombre, y el hombre con las cosas, no sirve. Y se pueden poner muchos parches, se pueden aplicar miles de trillones de dólares, pero ahí no está la solución… Hay un refrán: «Que tus bienes reparen tus males», pero los bienes del dinero no pueden reparar estos males, porque la cuestión es que no son males del dinero. Se trata de una crisis mucho más profunda, es una crisis de valores.

P. De valores, pero hay que advertir que no estamos hablando de los bursátiles…

R. Sí, sí, claro. Pero lo que puede parecer una broma no lo es tanto. Hace unos meses di una conferencia en Galicia hablando de todo esto, comentando que estábamos asistiendo a una crisis de valores, etcétera. Al final, en el turno de preguntas, un señor bastante mayor pidió la palabra y me dijo: «Don Mario, ya que usted habla de la crisis de valores, ¿nos puede decir en qué valores tenemos que invertir para ganar dinero?». Hubo una carcajada general, claro. A aquel hombre no le cabía en la cabeza que se pudiera hablar de otros valores. No he visto nunca una manera más gráfica de explicar que estamos ante una crisis de valores.

P. ¿Usted es de los que creen que esta crisis es positiva, que va a traer algo bueno?

R. Sí. Yo tengo mucha ilusión con lo que viene después de esta crisis. Me gusta vivir esta etapa de cambio. Cuando tenía pocos años, pensaba: «Al descubrimiento del cosmos no voy a llegar, América y todo eso ya está descubierto… ¡Pues vaya aburrimiento!». Pero ahora vamos a descubrir algo realmente nuevo: un nuevo proceso en las relaciones humanas, y eso me hace estar muy contento.

P. Habla de una transformación total, y las transformaciones suelen ser dolorosas.

R. Por supuesto, hay cosas inevitables. Yo creo que, lamentablemente, habrá rebrotes racistas. Sí, habrá momentos duros, pero todo eso pasará y lo que está por venir es muy positivo. Las estructuras básicas van a cambiar. Yo veo un nuevo sistema financiero, veo una sociedad que se va a fijar más en la estructura social de la convivencia y no en la acumulación por la acumulación.

P. Quizá ahora sea el momento de retomar esa idea que tuvo en 1993 de hacer una Fundación del Hombre…

R. Pues es algo que me vuelve a rondar la cabeza. Sí, estando en Banesto, en 1993, estaba muy enfadado con el hombre, con el producto humano que estábamos construyendo. Quería montar una Fundación del Hombre para decir: «Reflexionemos sobre lo que estamos haciendo, hacia dónde vamos», desde una dimensión espiritual. Eso ha sido algo que, como ya digo, me ha preocupado siempre, lo que pasa es que pocas veces trascendía a los medios de comunicación. Pero durante mi etapa en Banesto también organicé un Encuentro de las tres religiones, por ejemplo.

P. Una de las personas con las que contactó para crear esa Fundación del Hombre fue el marqués de Nothfort, uno de los nombres más relevantes de la masonería británica. Siempre se ha hablado de su relación con esa institución. ¿Pertenece usted a ella?

R. Efectivamente, el marqués de Nothfort era el gran maestre de Inglaterra, pero yo ya hace más de 20 años que no tengo ningún contacto con la masonería. En España ha sufrido muchos ataques. Por una parte, desde fuera, con el franquismo, que tenía una especie de obsesión con la conspiración judeomasónica. Y, por otra, desde dentro, porque había mucha gente que estaba metida en ella movida por cualquier cosa menos por una cuestión espiritual. Lo veían como una hermandad de socorros mutuos o como una vía para llegar al poder… Y eso mismo ha provocado su muerte. Se están haciendo, según me consta, esfuerzos muy notables por regenerarla en nuestro país, para devolverle su verdadero sentido, pero no estoy seguro de que se consiga.

P. Volviendo al día después de la crisis, ¿ve usted ya algún atisbo de esa «nueva sociedad» en la que tanto confía?

R. Sí, se está conformando una masa crítica de conciencia. Me refiero a eso que, si aludimos a Jung [Carl Gustav, psiquiatra suizo fundador de la psicología analítica], también podríamos decir que es un «inconsciente colectivo», aunque yo lo llamaría «consciente colectivo». Está empezando a surgir esa masa crítica, que es muy importante, porque ese pensamiento colectivo en una dirección concreta hace que el resto sintonice con esas ondas de pensamiento. No es algo nuevo. Un monasterio cisterciense, por ejemplo, es un lugar donde se crea una masa crítica de pensamiento, donde los monjes rezan, piensan y crean esa corriente que beneficia a toda la Humanidad.

P. Donde parece que no acaba de llegar esa masa crítica es a algunas grandes instituciones…

R. Sí, a mi todo esto me recuerda a la película El sexto sentido. Hay instituciones que están muertas, pero ellas no lo saben. Es como en la Revolución Francesa, cuando llevaban a los nobles para guillotinarlos y ellos saludaban a la muchedumbre, pensando que en vez de abuchearlos, los estaban aclamando.

P. Alguno podría pensar que dice esto (si obviara que ya lo decía en los 90) porque está resentido con todo «aquello»...

R. Si yo mintiera al decir que salí de allí sin odio y sin rencor sería un imbécil, entre otras razones, porque esas cosas se notan... Realmente, me permito ver el sistema financiero sin ningún tipo de rencor y decir claramente, porque lo sé: «Es que esto no es». Y, además, lo digo desde el que ya no tiene ninguna aspiración, de ningún tipo. A estas alturas: ¿a qué voy a aspirar? Pero sé que puedo ser muy útil y por eso tengo que decirlo aquí o en mi blog, donde ya hay una serie de gente que se da cuenta de todo esto.

Fuente: Entrevista de Silvia Grijalba en el Magazine del periódico El Mundo.

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11 May 2009

"Mario Conde: ahora soy libre porque no tengo vanidad"

Escrito por: Miguel Angel el 11 May 2009 - URL Permanente


El materialismo es tóxico como la heroína y ha fracasado; y las leyes no pueden resolver nada hasta que no restablezcamos el sentido trascendente del hombre y acabemos con la idea de que estamos separados unos de otros. Es una convicción de Mario Conde (Tui, Pontevedra, 1948) (www.marioconde.com) plasmada en esta entrevista con Fundación Ananta.

Seis meses después del fallecimiento de su esposa, Lourdes Arroyo, el que fuera presidente de Banesto entre 1987 y 1993 permite ver, a través de sus respuestas, el dolor tremendo de este desgarro, que él considera el acontecimiento de su vida, pero también la necesidad casi biológica de ayuda a los demás que le nace de este sentimiento.

La proximidad y la intensidad de esta pérdida parecen haber borrado otro hito doloroso que ha resultado también determinante en su evolución espiritual y humana: su paso por la prisión de Alcalá Meco, donde estudió, entre otros textos espirituales, el Tao te King. A partir de las reflexiones provocadas por la comparación de varias versiones, ha escrito el libro La palabra y el Tao, publicado por Editorial Séneca.

El episodio que él llama “accidente” y del que se responsabiliza en primera persona porque pudo haberlo evitado, provocó que mejoraran sus relaciones familiares. Y le dio la oportunidad de demostrar a sus hijos que somos lo que somos y no lo que tenemos, y que su esencia es la misma en el patio de presos que en los palacios financieros. Son algunas de las razones por las que le resulta imposible guardar rencor a nadie en relación con su ingreso en prisión, pese a delatar que los motivos fueron otros distintos de los oficiales.

Su paso por la cárcel le ha devuelto entre otras cosas además una certeza: ser libre no es algo material sino espiritual; ser libre es tener dignidad. En eso no valen medias tintas, o se tiene o no se tiene. Lo da la limpieza de corazón, que está mucho más allá de las construcciones mentales y que conviene depurar día a día. Y se consigue practicando el silencio…..

Fundación Ananta: ¿Qué querría que recordara de usted su nieto Fernando, que figura como autor de Memorias de un año de vida?
Mario Conde: Lo que cuenta ese libro. Lo hice para su primer cumpleaños el verano pasado; su abuela materna estaba viva todavía. Está destinado a que entienda un poco mi filosofía. Me gustaría que la entendiera y que la aplicara. Las personas no son sus palabras; ni siquiera son sus actos; son su conducta. Yo sólo creo en las conductas. El libro cuenta quién es él y cómo va naciendo la idea del “yo”, diferente a los demás… Me da pena. Es bonito el libro, es muy bonito. Cuando él lo lea, yo ya no estaré por aquí, al menos en esta forma; se dice en el libro.

FA: También dice “tenemos toda la eternidad para charlar”. Es una expresión muy elocuente…

MC: La eternidad existe, nosotros aquí estamos muy de paso. Hay algunos que creen que estamos sin ningún sentido, y otros, como yo, que creen que nuestra gran tarea es averiguar el sentido de la existencia. A mí me resulta inconcebible que estemos aquí porque estamos y que después sencillamente dejamos de estar. Esa es una idea que se ha ido poniendo en marcha a partir del triunfo del materialismo y del racionalismo, que ahora se están encontrando con problemas muy serios y son incapaces de encontrar dónde está la materia última. A medida que profundizan en la física cuántica, se alejan del concepto de materia para encontrar un vacío. Es un vacío que está lleno de lo que nosotros llamamos Espíritu. El sentido de la existencia, por qué estamos aquí, es absolutamente capital. Unos dicen “para nada, simplemente para morir”; otros, “para mejorar”.

FA: Y usted, ¿Cuál considera más acertada?

MC: Es muy complejo. Distinguir la personalidad del yo es muy fácil. La personalidad es un conjunto de atributos externos que no tiene ningún valor: “me llamo así, he nacidoaquí, pertenezco a no sé qué familia…”. El yo, en cambio, es el “trozo” del Espíritu que se guarda en nosotros. Eso tiene una cierta individuación en la forma, pero sólo una cierta individuación en la forma. Nosotros creemos que somos individuos, pero es porque hacemos referencia a los factores externos de la personalidad. Yo tengo muchas dudas de que ese “trozo” del Espíritu, cuando regresa, regrese con el mantenimiento de una cierta individualidad; no tengo ninguna duda de que no regresa manteniendo toda la individualidad. Es el tema capital, es donde se mueve el individuo y donde personajes como Sri Aurobindo tratan de encontrar una solución que satisfaga, como explica Vicente Merlo, que es un experto en Sri Aurobindo, y de quien yo he leído todo.

FA: ¿Están recogidas sus creencias en los autores que menciona?


MC: Al final, yo trato de evitar las creencias; las creencias me parecen peligrosísimas. Los que hemos estado en la industria farmacéutica sabemos lo peligrosos que son los analgésicos, porque no curan, sólo adormecen el dolor. Las creencias, para mucha gente, funcionan como adormecedores de angustias. Yo lo que quiero no es adormecer mis angustias sino encontrar un camino espiritual sabiendo que tengo que renunciar a muchas cosas, como la autoestima. Hay mucha gente que cree que el camino espiritual se construye sobre el intelecto: “yo soy más espiritual que tú porque soy más erudito que tú, porque soy más que tú, porque he entendido mejor al Tibetano”. Ese es un camino hacia la erudición, y la erudición y la espiritualidad no son lo mismo. O, sencillamente, “yo renuncio a todo eso y tengo una creencia muy sólida y creo porque creo y si no creo, creo”. Bueno, de acuerdo, al que le funcione así…..

FA: ¿Desde cuándo está en esa búsqueda?


MC: A los 17 años intenté llegar a un Dios católico y llegué casi por percusión. Estudiaba en Deusto, iba todos los días a misa, comulgaba catorce veces, no salía de la iglesia… Aquello no funcionó. Era un dios muy inmediato, muy amigo mío, con el que yo procuraba mantener un diálogo y me di cuenta de que la única manera de hablar con Dios es sin palabras. El lenguaje de Dios es el silencio, el lenguaje de los humanos son las palabras

Lo pasé mal, porque me noté que aquello no me satisfacía; evidentemente hubiera podido acudir a las creencias, adormecer mis angustias, refugiarme en el dogma y tirar para adelante, como tanta gente. Entonces hubiera transformado el espíritu en religión. Uno de los grandes problemas es que la espiritualidad se viste de religión y se pierde.

No era la solución. La vacuidad budista puede ser una respuesta, pero la nada sartriana, no. No podía dormir; me di cuenta de que había caído en un insomnio del Espíritu. Estaba permanentemente despierto, buscando. El Espíritu por dentro no dormía, el cuerpo, sí. Yo le pedía que me enseñara el camino, y lo único que me decía es “anda”; y andando, andando fui por el camino del esoterismo y el esoterismo me llenó…..

Mientras estuve en el mundo de las finanzas tuve que parar un poco por razones laborales -vamos a decirlo así-, no tenía tanto tiempo. Y afortunadamente, cuando me metieron en prisión pude retomar. Mi familia comentaba que no se me veía triste; y mi mujer decía que lo complicado iba a ser sacarme de ahí, porque decía que estaba en mi mundo y en lo que me gustaba desde pequeño, que era lo que yo le comentaba cuando éramos novios.

Fui caminando… el budismo tiene aspectos muy atractivos en cuanto ciencia de la mente. Poco a poco, los nuevos descubrimientos científicos le van dando la razón a los planteamientos budistas, pero no alcanzo a que en mi torrente sanguíneo se haya metido íntegramente la idea de la vacuidad. Entiendo la impermanencia de lo manifiesto, pero no la idea de la vacuidad como última respuesta al planteamiento del Espíritu. Estoy más cerca de la vacuidad que de la pervivencia de la híperindividualidad después de esta manifestación, pero no por eso me atrevería yo a decir que profeso el budismo….

FA: Excluye claramente todo dogma.

MC: Sí, absolutamente. El camino espiritual construido a base de creencias es muy cómodo pero el camino religioso en demasiadas ocasiones no es espiritual, es epidérmico. El camino espiritual es muy duro, muy difícil; exige un esfuerzo y una constancia. Y, sobre todo, una renuncia a esa vanidad ridícula de creerse que porque uno es más inteligente, más listo, más culto, va a tener un mayor grado de realización.

FA: ¿Lo que motivó su reclusión en Alcalá-Meco pudo ser un empujón del Espíritu?


MC: Seguro, nada sucede sin más. Yo creo que a lo largo de mi vida, en todas las encrucijadas vitales he ido tomando las decisiones más dolorosas para mí. En aquel
accidente yo hubiera podido elegir otro camino, pero elegí uno que sabía que más tarde o más temprano tenía que producir mi ingreso en prisión. Recuerdo que lo hablé con mi padre. Y me dijo “esto es así, esto te toca”. Uno puede apuntarse a la tesis del materialismo puro y duro, pero yo creo que las cosas son así porque tienen un sentido, aunque algunas personas no lo puedan entender. Incluso la muerte de Lourdes, que es el acontecimiento de mi vida, se produce en este momento por algo; no es "porque sí”.

Cuando le detectaron el tumor, al poco tiempo de la operación, tuve una conversación con ella y le dije: “esto pinta mal, pero se puede pactar con la vida; si tu vida tiene un sentido, podemos alargarlo, lo que tenemos que hacer es trabajar en tu interior”. Y ella, que me conocía, trabajó conmigo y murió muy bien, murió en paz, y la enseñanza de la muerte de Lourdes es un norte para mí, una guía de cómo vivir. Es evidente que algo ha muerto de mí, algo muy potente, pero me ha dejado una libertad para seguir mi camino espiritual. Y ése es mi compromiso conmigo mismo. Lourdes ha muerto ahora, en este momento, ¿por qué? Bueno, pues porque había alcanzado su nivel de realización, y porque yo tengo una viudedad formal, pero no soy emocionalmente viudo. Y espiritualmente estoy complementado, en el sentido de que es un camino en el que me va a ayudar.


Lola Bastos
www.fundacionananta.org

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YOGA Y DEPRESIÓN

En numerosas ocasiones se escucha o se lee sobre enfermedades mentales desde un punto de vista facultativo (psiquiatras, psicólogos, etc).

Queremos hablar de estas enfermedades desde el "punto de vista del que la sufre", y bajo esta perspectiva quiero ayudar a mucha gente que está en esta situación, mediante el yoga, como me ha ayudado a mi.

Podéis contactar conmigo si necesitáis ayuda, consejos, conocer más sobre el yoga, etc., a través del correo electrónico del final de esta página, sin coste alguno claro, por e-mail, facebook, twiter, videoconferencia, etc, y hablamos.

Pero no entiendo el yoga como una serie de ejercicios físicos, sino como una filosofía de vida, una forma de alimentación, una sabiduría que hay que adquirir, etc., que ayudan y curan estas enfermedades (sin olvidarnos de los tratamientos tradicionales, claro está).

Aquí el que importa eres tu. Este blog está dedicado a ti, para ayudarte y darte que pensar, sobre diferentes aspectos de la vida.

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Y si quieres saber más sobre el yoga que practico, visita la página:
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