Agresiones

El copiloto viajaba ordenando ideas y paisajes. Dormia. Inventaba historias.
Mi padre dibujaba con el dedo en el vaho que se formaba en la parte interior del parabrisas mientras mi madre conducia y yo flipaba. Herede esa aficion paterna. Incluso diria que la perfeccione.
Ayer en cuanto el sol se oculto, mi mano lobo ataco a mis pobres y desprotegidos pies. Una autoagresion en toda regla que quedo solo en un susto.
Un par de horas despues me agredi de forma mas severa y menos voluntaria gracias a uno de esos cremosos geles con menta que estan tan de moda en los hoteles y logran que tras la ducha te ardan los güevos, el cuello y el culo; y que el capullo y las yemas de los dedos se vuelvan todavia mas suaves, como si les hubieran dado ese aceite que echan a las tapicerias y salpicaderos de los coches cuando los llevas a limpiar.
El sedoso escocimiento suele remitir con otra ducha y utilizando solamente la pastilla de jabon.
El copiloto viajaba ordenando ideas y paisajes. Dormia. Inventaba historias. De vez en cuando, se rascaba alguna parte de su cuerpo.
