Tabarca

Nos secuestran amablemente en un señor yate y nos tienen en cuarentena durante 12 espectaculares horas.
Confinados en las aguas del Mediterraneo y en la surrealista y maravillosa isla de Tabarca condenados al insufrible placer de comer Caldero.
El mar tiene moqueta verde alga y los peces beben champan mientras preciosas amantes de Neptuno emergen a la superficie buscando agua dulce.
Hay que partir. Se dicto sentencia. Nos ejecutan en Ronda.
