20 Abr 2014

Semana tonta

Escrito por: Milano el 20 Abr 2014 - URL Permanente

Hay sensaciones encontradas. Tengo amigos y familiares a los que quiero, y tengo conocidos a los que respeto. En ambos grupos los hay que viven la Semana Santa con auténtica devoción, y los hay que quedan fascinados por esa liturgia de olores que embriagan, por la mezcla de silencio sobrecogedor y música estridente, por luces y penumbras sugerentes... Son parámetros estéticos que combinados llegan a conseguir un clímax místico singularísimo. Sin embargo a mi me avergüenza que me identifiquen con estas pantomimas. Ya sé que hay miles de asuntos más perentorios que la Semana Santa… Pero está tan empalagosamente presente —exactamente igual de presente que otros muchos eventos sociales—, y tan concentrada en estos días, que resulta imposible no prestar atención y reaccionar.

Me parece que la Semana Santa es una mezcla de sentimientos que apela a lo atávico, que sirven para identificar a un grupo humano y pertenecer a él. Algo así como un conjunto de sinrazones sentimentales aprendidas desde la más temprana infancia, y sin las cuales ahora permaneceríamos desnudos. Incluso la Semana Santa podría definirse como un tiempo que busca la identidad cultural y sociológica para dar consistencia a un pueblo, incluso a un barrio frente a otro. Siempre llegamos los hombres a la tentación de identificar nuestra propia tribu por oposición a las otras.

De todo un poco hay en esta semana, incluso una difusión patrimonial tangible e intangible, la imaginería prodigiosa, el colorido folclore, la estética en las formas, los comportamientos que se ajustan a frases y poses bien determinadas, los sentimientos a flor de piel… Algo que para muchos es incuestionablemente valioso, para otros resulta fascinante y para algunos más parece ridículo. Muchos o pocos, que no sé, no nos sentimos incluidos en tales representaciones aunque pertenezcamos a la misma comunidad cultural... y esa auto exclusión se percibe como un rechazo al que disiente. Y no me atrevería a señalar desde donde parte el rechazo, o qué o quién lo inicia, pero está latente porque tal vez cada parte se sienta agredida intelectualmente por la otra.

Existe una componente a-racional en todas las manifestaciones masivas, y las que ocurren en la Semana Santa no están exentas. En muchas de ellas, especialmente en las de contenido religioso, se desarrolla una histeria colectiva que se plasma en comportamientos que acaban siendo respetados socialmente, a pesar de su inconsistencia intelectual. Se apela al mimetismo gregario de un rebaño y se denigra la singularidad crítica del individuo. Tan arraigados están estos comportamientos que aquellos que los rechazan se auto señalan socialmente. El político local que no demuestra una adhesión inquebrantable a la Semana Santa de su pueblo apenas tiene posibilidad de salir elegido. Los políticos que quieran serlo, tienen que asistir al pregón engolado, fotografiarse con tal virgen o cual nazareno, o saludar a tal cuadrilla de cargadores para tener alguna posibilidad de ganar una concejalía. Pareciera que los que demostramos indiferencia y/o abominación por la Semana Santa no fuéramos patriotas, no amásemos a nuestro pueblo; pareciera que estuviéramos huérfanos de los sentimientos propios de la buena gente, que estuviéramos al margen de los comportamientos éticos que definen a los honestos y solidarios. En suma, parece que la bonhomía no es una condición que puedan tener los que no sienten la Semana Santa como propia. Y por eso los indiferentes nos sentimos extraños en nuestra propia tierra.

Fuente de la imagen

Pero ante todo la Semana Santa es un asunto confesional con ramalazos de intransigencia que es apoyado, desarrollado y mimado por un Estado teóricamente aconfesional. Por eso observar a las enchaquetadas corporaciones municipales, a representantes de los cuerpos de seguridad del Estado, y de nuestras fuerzas armadas, asistiendo como tales al sinsentido de una procesión que parece una pesadilla salida de lo más añejo del anterior Régimen, es, como mínimo, reprobable y objeto de crítica. Nuestros representantes no están para apoyar ninguna confesión religiosa por muy popular que resulte. No es su función ni fueron elegidos para tal cosa. En todo caso deberían participar a título personal, con o sin capirote en la cabeza, descalzos, arrastrando cadenas o dándose latigazos, pero sin representar a nadie más que a sí mismos. Personalmente no pertenezco a este mundo y no quiero que nadie me represente en estos aquelarres místicos. De todos modos, yo observo todo esto como el que mira una jaula de monos... Algo muy interesante, por cierto.

Yo no dejo de preguntarme si el respeto que merecen a priori todos los comportamientos que no perjudiquen a los demás debe silenciar la crítica. O sea, ¿debemos obviar la sinrazón de esta semana apelando al respeto a los sentimientos y a las tradiciones, aunque sean un monumento a la irracionalidad, o debemos opinar libremente aunque cause molestias al personal?

Lo menos que podemos hacer, ya que invaden y alteran nuestras ciudades, y nos hacen sentir vergüenza ajena, es señalar que todo el que se exhibe públicamente se expone a ser observado y criticado… Incluso con acritud, aunque se arropé de religiosidad.

Imagen está tomada de internet, origen indeterminado: Rosario de la aurora en la Marina de Ceuta, años 60

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

07 Abr 2014

En el pretil del Paseo de las Palmeras

Escrito por: Milano el 07 Abr 2014 - URL Permanente

El 20 de diciembre de 1973 la policía me retuvo en el puerto de Algeciras poco antes de embarcar hacia Ceuta. Viajaba desde Tarrasa para pasar las vacaciones de Navidad en casa. Un policía vestido de gris, grandote y educado, me pidió la documentación y me retiró de la cola; luego me hizo abrir la maleta y la revisó… Me asusté mucho porque en un sobre llevaba la propaganda política que iba recogiendo en la facultad de ingeniería de Tarrasa. Siempre que iba a Ceuta hacía lo mismo para repartirla y comentarla con mis amigos de la basca (…por cierto, no recuerdo si fue esa vez, pero en una ocasión me dejé el sobre con toda la propaganda en el mostrador de Almenta después de liquidar unas cariocas con Guti, Rocío, Adelaida, Marga, Luci, Carlos, Tati, Rosi, Tomás, Ángel, Jhonny, Victoria, los Emilios…)

El policía pensaría que eran apuntes, no observó nada raro en la maleta y me dejó embarcar sin más. No supe qué pasaba hasta que llegué a casa. Mi padre me lo dijo: ese día ETA había asesinado a Carrero Blanco, primer presidente del gobierno con Franco.

Entre mis viejos compañeros de la OJE no era un secreto mis devaneos políticos. Pero no sólo los míos, otros miembros de la organización estaban abiertamente contra la situación política de la España del 73, y nos mostrábamos abiertamente cuando hacía falta. Esas inclinaciones políticas entraban en íntima contradicción con la esencia de la organización juvenil del Régimen… y por un tiempo se dieron. Luego, la diáspora propia de los ‘caballas’, nos llevó a cada cual a su destino.

No recuerdo el nombre de aquel chico. Era un dirigente local de la OJE, concienciado y preocupado por su país. Me abordó por el Paseo de las Palmeras, cerca del Puente Almina, al día siguiente del asesinato de Carrero Blanco. Y, a bocajarro, me recriminó que no era justo asesinar a un hombre para defender cualquier idea política…

…me apoyé en el pretil del Paseo de las Palmeras y hablamos. Hablamos hasta que la brisa se llevó el olor dulzón de las garrapiñadas, dejaron de pasear los paseantes y se hizo de noche.

Era Ceuta.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

21 Dic 2013

La Huerta de Pelegrina

Escrito por: Milano el 21 Dic 2013 - URL Permanente

Hace unos días, después de las primeras lluvias de otoño, el ambiente olía a la Huerta de Pelegrina. Dicen que no hay nada más evocador que un viejo aroma enquistado en las circunvoluciones del cerebro. Y debe ser verdad…

…a mitad de los años 60 salíamos del instituto camino de Villajovita. Y pasada la cuesta de Otero, frente a un lugar que se llamaba Arbitrios, la carretera discurría paralela a uno de los linderos de esa huerta —por cierto, en Arbitrios fue donde un día, don Arturo Company, aquel entrañable profesor de dibujo, cambió él solo una rueda de su coche… ¡con el único brazo que le quedaba!—. Y pasada la huerta Pelegrina, en una hondonada del terreno existía una enorme panadería que surtía a media Ceuta, Ufapance se llamaba. A esa panadería veníamos muy temprano cuando preparábamos las excursiones en busca de los Siete Lagos Subterráneos… era la única forma de conseguir pan del día a esas horas tan tempranas.

En las primaveras de Ceuta, después de un día de lluvias, con el cielo entreverado de nubes y azul, esa huerta olía exactamente igual que el otro día. Es un aroma antiguo que ilumina a un niño de 11 años que se agacha a observar cómo los caracoles depositan sus huevos excavando un pequeño orificio en la tierra. Entonces, rodeado del aroma embriagador de la tierra húmeda, el niño escarba un poco y recoge los huevos para meterlos en un tubo de Okal que siempre lleva en el bolsillo…

Aquella huerta sonaba a peregrino, como los halcones, pero ahora sabemos que en realidad era Pelegrina, el apellido de un notable y temido falangista que se paseaba por Ceuta con un pistolón al cinto indagando sobre la pureza ideológica del personal… “¡No era nadie Pelegrina!”, decían mis mayores, y se miraban entre ellos sin dar más explicaciones al niño. A cabo de los años, y después de algunas lecturas, comprendemos mejor la memoria ocluida de nuestros mayores, y la silenciosa mirada cómplice que se dedicaban entre ellos. Miradas que sabían a eruptos de aceite de ricino y a buches de valvulina… eso hacían nuestros mayores cuando citaban a Pelegrina, mirar para otro lado. Ellos habían aprendido a sobrevivir en el tiempo que les tocó vivir.

Es curioso. El aroma de la tierra mojada tiene esas cosas, que evoca a los caracoles poniendo huevos en las cunetas, y evoca también a los cientos de muertos que aún gritan desde las cunetas…

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

14 Ago 2013

Laura tenía más de cuarenta años

Escrito por: Milano el 14 Ago 2013 - URL Permanente

Laura tenía más de cuarenta años y tres hijos en el mundo cuando el marido se dedicó a irse con otra. La mayor era una chica rubia de ojos azules, muy guapa, novia de un medio cantautor que me enseñó los rudimentos de la guitarra. La segunda era mi novia… por entonces las cosas se llamaban así, y servidor entraba en su casa a esperar que terminara de arreglarse para ir al Paseo de las Palmeras, y mientras eso ocurría, me sentaba en el sofá del salón… así los padres calibraban la seriedad del pretendiente. Mi novia era una chica de quince años, pelo castaño oscuro y sabor a fresa. Ella me regaló mi primer beso de amor… luego cada uno seguimos singladuras distintas. Esas cosas pasan cuando se es así de joven… pero nunca la olvidé del todo. Luego, cuando supe que había fallecido tan joven, me dolió pese a la distancia temporal y emocional.

Tengo pocos recuerdos del tercero de los hijos. Era un jovencito pre púber cuando sus hermanas ya eran mocitas… y ahora nos hemos reencontrado a través de las redes sociales. Ayer me comunicó que Laura, su madre, había fallecido con 88 años, y que quiso que la enterraran junto a su hija, aquella chica dulce de sabor a fresa.

Curioso…

Apenas coincidí con Laura un puñado de tardes mientras mi novia terminaba de vestirse. De esto hace más de 45 años, y sin embargo la noticia me dejó cabizbajo… demasiado. Tengo recuerdos de ella, de Laura. Son recuerdos tristes y tal vez inoportunos… la grandeza de unos hombres a veces va unida a la mediocridad de otros. Creo que este es el caso de Laura.

Una noche, cuando dejé a mi novia en su casa, encontré al padre con la ‘otra’. Se resguardaban en una sombra. Furtivos. Él me saludó como si no pasara nada, pero la tensión era evidente. La ‘otra’ no llegaba a la suela del zapato de Laura… Pero los hombres somos así de tontos, que con cuarenta y tantos nos dejamos llevar por tres polvos mal ‘averiguaos’.

Ella, Laura, me lo había insinuado un día mientras esperaba a su hija. Me dijo que un matrimonio era como un jarrón, que si se rompía en pedazos, por mucho que se recompusiera, el agua siempre acaba por escapar. En ese momento pensé que aleccionaba sobre mi relación con su hija… luego comprendí las cosas.

Pero a raíz de la infidelidad, esa mujer se arremangó, retomó sus estudios de magisterio, se enfundó aquella falda horrorosa a rayas verdes y blancas que se ponían las estudiantes para hacer las prácticas de magisterio, y, sin miedo al ridículo, se confundió con las alumnas que podrían ser sus hijas. Lidió con don Jaime y con don Oscar… y acabó su carrera. Eran unos tiempos complicados para las mujeres en su situación, pero logró alcanzar una independencia económica en consonancia con el desprecio sufrido. Esa valiente mujer había conquistado su libertad en la España machista y gris de los años 70.

Ya sé que no es un recuerdo alegre; que la grandeza de una lleva unida la mediocridad del otro. Tampoco sé si los que reconozcan esta historia (Laura es un nombre ficticio) se sentirán cómodos… No lo sé.

Son viejos recuerdos y son sentimientos de admiración hacia ella. Y morirían conmigo si no los escribiera. Me habría gustado que ella supiera que la admiré por lo que logró hacer, por su valentía… pero ya es tarde. Ya es tarde, y lo lamento.

Laura es un nombre ficticio, pero la historia es real. Los que son sabrán reconocer los detalles. Y espero que entiendan el enorme cariño a pesar del agridulce recuerdo.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

28 May 2013

Caídos por Dios y por la Patria

Escrito por: Milano el 28 May 2013 - URL Permanente

Pues pasa que hay personas que no perciben los crímenes incrustados en la placa de mármol de la fachada de una catedral. Me refiero a todas esas placas que recuerdan a los ‘Caídos por Dios y por la Patria’ que aún se exhiben por la geografía española. Algunos me han dicho que es parte de la historia, y que la historia no se puede negar. Otros me cuentan que esa es precisamente la HISTORIA, escrita así, en mayúsculas. Otros muchos, seguramente los que lo han vivido (entre los que hay personas muy queridas), prefieren no hablar del asunto… o mirar para otro lado.

Pero esa HISTORIA de la placa es una historia asimétrica. Faltan muertos. Los que no murieron por esa España, los que no murieron en Santa Cruzada.


Fosa común. Imagen tomada de
AQUÍ

La guerra es una excusa perfecta para el criminal. Cuando el criminal se cree inmune, y se piensa respaldado, le aflora el ser con menos moral que una mantis religiosa. Y ante esto no hay color, ni rojos ni azules, el criminal está por encima de esas cosas. En mitad de una guerra, el criminal lo es porque lo es: un psicópata en el mejor caldo de cultivo, o un tonto incrustado en una masa de personas acríticas y apegado a una ideología que lo envalentona. En mitad de una guerra hay venganzas, robos, violaciones, torturas, matanzas de inocentes… porque es un placer hacerlo, porque interesa, o porque te va la vida en ello si no te mimetizas con lo que hay. Y sería estúpido negar los crímenes cometidos durante de Guerra Civil Española por ambas partes.

Pero la posguerra es otra cosa.

En la posguerra hay vencedores y vencidos. Y los vencedores tuvieron tiempo para pensar y planificar cómo silenciar a “los otros”. En España el vencedor no perdonó y premeditó su impunidad. Planificó criminalmente y con detenimiento su imperio… y escribió su historia, con sus códigos, sus héroes y su mitología. Y la dejó plasmada en los libros y en las placas de mármol que aún permanecen en las catedrales. Y silenció a los asesinados en las tapias traseras de los cementerios; a los enterrados en las cunetas de toda España; silenció a los represaliados condenados al ostracismo en sus pueblos. Olvidó las fosas comunes…

Sí, la HISTORIA del vencedor es una historia asimétrica y falsa. Los que gobernaron España en la posguerra, y los miles de colaboradores conscientes, cometieron un crimen que sigue impune y exhibido en esas placas de mármol. Todavía nadie les ha señalado con el dedo de la justicia, como los criminales que fueron.

Entiendo y respeto que muchos quieran olvidar. Lo entiendo. Pero no acepto que haya personas que llamen a esto HISTORIA, con mayúsculas.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

20 May 2013

La ideología como coartada ética

Escrito por: Milano el 20 May 2013 - URL Permanente

Quieras o no, hay conceptos básicos que descubres en la juventud. Son esas ideas que se convierten en peldaños sobre los que apoyar el resto de tus convicciones, las ideas que abren el camino a la comprensión de los hombres y de la historia. En concreto, recuerdo cuándo y dónde leí una definición de ‘ideología’ que me impacto de forma especial. Venía a decir que la ideología es un conjunto de creencias que emana de un grupo humano, que sirve para cohesionarlo, darle entidad y, sobre todo, sirve para justificar los intereses y comportamientos del propio grupo.

O sea: si esto es lo que quiero, aceptemos que es lo correcto y busquemos una justificación que ampare mi comportamiento. Es la coartada ética. ¡Genial!

Siendo así, siempre es posible inventar una ideología a la medida de tus intereses… o a la medida de tus alucinaciones. Siempre. Y encima, si te alías adecuadamente y te ganas la complicidad interesada de los poderosos, funciona como un código de valores que otorga respetabilidad al grupo. Seguramente, esto es la Historia, un exterminio sistemático de otras ideologías para derramar la tuya en el hueco creado, una lucha para imponer intereses, la supremacía de una tribu sobre otra. La Historia entonces no sería más que la búsqueda del poder justificando los actos con cualquier falacia. Seguramente hay poco más…

…se entiende, supongo, que estoy hablando de política, de religión, de manipulación; hablo de cambiar la historia para justificar posiciones que interesa a la clase dominante, o para crear nacionalismos que no existen, o para imponer obediencias a la gente… cosas así. De eso hablo, de reescribir cada momento histórico al dictado del poder de turno.

Por eso voy a transcribir literalmente unos párrafos extraídos del ‘Anuario-Guía Oficial de Marruecos y del África española’ de 1927, en plena dictadura del general Primo de Rivera… para que ningún nacionalista español se extrañe cuando los vecinos utilicen su idea nacional del Gran Marruecos… puesto que aquí, en España, lo hacíamos todavía más gracioso en esos tiempos, que para justificar el pírrico colonialismo español se apoyaron, entre otras, en las tesis africanistas de Gil Benumeya —bienintencionado ensayista, historiador y filósofo que ahondaba en las raíces andalusíes comunes de Andalucía y el Magreb— para declarar que el norte de Marruecos no era más que la Andalucía del sur…

El libro comienza con una declaración de principios inapelable: Marruecos es una parte de Iberia. Siendo Iberia «…el conjunto de los territorios que se extienden a ambos lados del Estrecho de Gibraltar, desde los Pirineos hasta el anti-Atlas…»


Andaluces del sur. Imagen tomada de aquí

Sigue unos párrafos más adelante concretando los límites geográficos de la pretendida Gran Andalucía, parte a su vez de una entidad espiritual superior que llaman iberismo: «El río Guadiana y el rio Sebú encuadran un territorio originalísimo, esencia del iberismo: es Andalucía, dividida geográficamente en cinco zonas. 1ª La de las tierras altas mariánicas y premariánicas. 2ª El valle del Guadalquivir. 3ª El valle del Segura y todas las tierras de Alicante, hasta cerca de Cullera. 4ª La Penibética superior, al norte del Estrecho. 5ª La Penibética inferior, al sur del Estrecho, con un pequeño anejo atlántico hasta el Jolot inclusive. Tierras con el mismo clima, paisaje, productos y raza humana…»

Y una vez delimitada geográficamente esa nueva Andalucía, los ideólogos apelan a la identidad cultural para definir un objetivo máximo: La unión absoluta de toda Iberia: «…la fraternidad y unión cultural entre ambas orillas andaluzas puede ser la base de nuestra influencia y garantía segura de todo porvenir. Con ella puede llegarse acaso a la unión absoluta de toda Iberia como máxima aspiración…»

Pero lo genial viene ahora, cuando dicen que los canarios no son más que ‘andaluces tropicales’ y, por tanto, hay que incluirlos en esa Gran Andalucía: «…la incorporación a este grupo andaluz (los de ambos lados del estrecho), vanguardia del hispanismo mundial, del pueblo canario, andaluz de espíritu y tendencia, de habla y poder de emoción: andaluz tropical que formaría el círculo mágico de nuestra cultura en las puertas del continente misterioso.»

Esto era en tiempos de Primo de Rivera. Franco hizo lo mismo… lo sé porque yo estudié en esos textos nacional-católicos. Musolini y Hitler harían lo propio. Y los serbios con la Gran Serbia. Todas las naciones (cuando había naciones) diseñaron su historia a medida… si es que esto es de risa.

Y cuando la ideología, ese sistema de creencias diseñado a medida, impregna el sistema educativo… apaga y vámonos.

Para saber más del pensamiento de Rodolfo Gil Benumeya véase “La mirada del otro: la visión del africanismo español (el Gil Benumeya de los años 20)”, de Mª Dolores López Enamorado, Universidad de Sevilla

Las citas están extraídas del “Anuario-Guía Oficial de Marruecos y del África española”, declarado de utilidad para el ejército por R.O. de 31 de diciembre de 1927, y con comentarios elogiosos del presidente del Consejo de Ministros, General don Miguel Primo de Rivera; de don Niceto Alcalá Zamora, don Jacinto Benavente y demás mentes preclaras del momento.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

17 May 2013

Tenían el dedo amarillento

Escrito por: Milano el 17 May 2013 - URL Permanente

En aquel tiempo había muchos hombres que tenían el dedo índice amarillento, impregnado en nicotina. La piel parecía pergamino porque sostenían el cigarrillo entre el corazón y el índice, y el humo los lamía continuamente. Recuerdo muy bien a don Francisco, mi maestro, pensativo entre castigo y castigo, con el humo denso envolviendo el dedo índice y formando las volutas más arriba. Fumaba mucho mi maestro… y tosía lo suyo también. Era un tabaco de liar áspero, de posguerra española, y los liaba con mucho oficio y mucho gusto. Mi tía Isabel, que vivía pegaba a las murallas merinidas, echaba a mi tío Asensio de casa para que fumara en la acera de enfrente porque no soportaba el humo de ese tabaco tan recio… A mí, a veces me gustaba, otras no. Y no sé por qué ocurría así.

En aquel tiempo de posguerra tardía, los bigotes también terminaban con ese color dorado de nicótica, y ocurría así a fuer de recibir el humo de una colilla abandonada en la comisura de los labios. Entonces había muchos hombres con una colilla eterna prendida en los labios, y era común que los pedigüeños te rogaran ‘la pava’ del cigarrillo… Algunos pasaban una ‘pava’ generosa, que venía a ser una colilla tercio del cigarrillo. Los menos generosos la apuraban hasta que apenas se podía entregar sin quemarse los dedos. La verdad es que seguimos siendo más o menos generosos, pero ya no se demuestra así.

Mi padre nunca fumó, y mi tío Chico construyó una máquina que liaba cigarrillos dándole a una manivela. Parecía una fábrica en miniatura… el tabaco en un sitio, el papel en otro y listo, cigarrillo liado, con filtro y todo. Mi tío inventaba cosas y las construía. ¡Qué buen ingeniero habría sido si hubiera tenido la oportunidad de estudiar! Pero no eran tiempos de estudios para los huérfanos de la guerra, eran tiempos de buscarse la vida cuanto antes…

Sí… recuerdo que entonces, “cuando el tiempo andaba en pantalones cortos”, las esquinas olían a meado y los portales a coles. Los bares a vino y adobo, y los parroquianos escupían en el suelo sin disimulo. Y había muchos borrachos por las calles, tantos como perros vagabundos y famélicos que los laceros recogían y desaparecían sin piedad…

Uno pensaba —¡qué iluso!— que la línea de la historia siempre progresaba en la buena dirección, y que para nuestros hijos estas iban a ser historias nostálgicas. No contaba uno con la pereza cómplice de casi todos nosotros, con la avaricia humana, con la codicia de los poderosos. Se nos olvida que esta gente jamás regala nada y que su tarea consiste en mantenernos sometidos a sus privilegios.

Nuestros hijos tendrán que volver a pelear sus propias conquistas… Les ha llegado la hora.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

09 May 2013

Las salamanquesas cazaban mosquitos en el lienzo de la pantalla

Escrito por: Milano el 09 May 2013 - URL Permanente

Hubo un tiempo en el que teníamos pocos años y vivíamos en un pueblo de casas blancas ribeteadas de ocre. La calle Real era un hervidero de gente y cuando llegaba el buen tiempo abrían los cines de verano para que las salamanquesas cazaran mosquitos en el lienzo de la pantalla, cerca de la buganvilla que crecía a la derecha. Olía a dama de noche y, a ratos, cuando las ráfagas eran de poniente, a mar.

Las salamanquesas tenían los deditos abiertos, así, como un niño cuando cumple cinco años. Y unos ojos redondos y saltones… Lucía no tenía los ojos saltones. Los de Lucía eran soñadores, un poco entrecerrados y sonreían cada vez que me miraba. No su cara, sonreían sus ojos. Los de Lucía no eran ojos de salamanquesa precisamente, eran los más bonitos que había visto en mi vida.

La salamanquesa se quedaba allí, en el lienzo de la pantalla de verano, cazando mosquitos mientras Robín de los Bosques le robaba los impuestos al malvado sheriff de Nottingham. Ni se inmutó el día que el fraile Tuck descargó un bastonazo justo donde estaba el bicho… a la salamanquesa no le interesaba la peli, sólo cazaba mosquitos. Y eso era bueno. Por encima de esa salamanquesa pasaron los carros de Ben-Hur, y Jhon Wayne mató a cientos de indios sin el mínimo remordimiento… pero ella –la salamanquesa, digo- siempre iba a lo suyo, a cazar mosquitos. Me gustaba a mí ese bicho y cada vez que entraba en el cine la buscaba en el lienzo blanco, cerca de la buganvilla, antes de que empezara la peli. Y a veces tenía que hacer un esfuerzo para seguir el hilo de la aventura porque era emocionante ver la carrerita del reptil cada vez que pillada un mosquito. Es uno de los símbolos de mi niñez… supongo que hay cosas peores.

Me han dicho que estuve viendo Los Hijos del Capitán Grant en ese cine de verano, pero yo no me acuerdo porque esa noche Lucía se sentó a mi lado… y lo llenó todo. Por no ver no vi ni las andanzas de la salamanquesa. Esas cosas se saben, y supimos los dos que las mismas mariposas revoloteaban por la barriga… Lucía era la niña más bonita que podía existir. Iba un poco despeinada, con una coleta baja, apenas una excusa para recogerse el pelo. Hablamos muy poco porque no había mucho que decir… para hablar, ya lo hacían las mariposa por nosotros. Su rodilla estuvo a menos de un centímetro de la mía, pero no llegamos a tocarnos. No hizo falta… me llegaba su calor y lo recuerdo como la cosa más viva que he sentido. No sé si alguien lo podrá entender, pero todo el universo estuvo concentrado en el pequeño espacio que había entre Lucía y yo. Ni siquiera el Capitán Trueno y la princesa Sigrid podrían haber sentido lo que nosotros la noche que pusieron Los Hijos del Capitán Grant.

Pocos días después su familia se marchó lejos de ese pueblo de casas blancas ribeteadas de ocre, y no volvimos a vernos. Ni siquiera pudimos decirnos adiós. Nada. No escuchamos de nuevo la conversación de mariposas en la barriga, mientras la salamanquesa cazaba mosquitos en el lienzo de la pantalla. No volvió a estallar un nuevo Big Bang entre nuestras rodillas… Sí, Lucía desapareció de golpe, y desde entonces las calles de pueblo y el cine de verano resultaron un lugar insulso.

Y al cabo de los años, casi sin quererlo, supe que Lucía murió joven, con apenas cuarenta y uno. Me habría gustado verla otra vez, y sonreír con sus ojos risueños, y decirle que el mundo fue un lugar insulso desde que se fue. Quisiera haber tenido ocasión de querer otra vez a la niña que eligió sentarse junto a mí el día que pusieron Los Hijos del Capitán Grant…

¿Me cuentas la peli? — Le habría dicho —. ¡Me lo debes!

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

24 Mar 2013

El tiempo le quita aristas al recuerdo

Escrito por: Milano el 24 Mar 2013 - URL Permanente

El tiempo le quita aristas al recuerdo y nos lo deja amable. A todos nos pasa. Pero a veces no puedo ni quiero entender la nostalgia de algunos…

Ceuta. En la fachada de la catedral colocaron una enorme cruz de piedra y un Águila Imperial. Conmemoraba sólo a los Caídos por Dios y por España. No eran todos los muertos que produjo la guerra. El monumento sólo recordaba a los de un bando. Así ocurría en todos los pueblos de España aunque sus cunetas estuviesen llenas de cadáveres maniatados y asesinados sin juicio. Los vencedores de las guerras civiles gestionan así sus victorias. Nosotros no fuimos menos.

He visto la foto en facebook. Conozco muy bien el lugar porque he estado allí a finales de los años 60, vestido con camisa azul y boina roja, firme el ademán, escuchando las diatribas de algún preboste fascista… Pero no recuerdo esto con amabilidad sino con un enorme desasosiego.

Es verdad. Será lo que sea, pero esta foto es parte de la historia. Pero es una historia triste. Dice mi paisano que nuestra guerra fue una guerra entre hermanos, que todos perdieron y que nadie ganó. Y tiene razón. Pero yo hablo de la posguerra. La Cruz de los Caídos es la imagen de una posguerra plagada de maestros tragando aceite de ricino y aceite de coche. Lo que me horroriza es que se sienta nostalgia de ese tiempo profundamente injusto, ciego y vengativo. Un tiempo que no debería volver.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

19 Mar 2013

Cartas al Viento

Escrito por: Milano el 19 Mar 2013 - URL Permanente

Mi amigo Pepe va a presentar un libro que habla de dos homosexuales que viven separados por el Estrecho de Gibraltar (“Cartas al Viento”, de Joaquina Cañadas)… y he recordado a algunos de los que vivieron en nuestro barrio, entre nosotros. De Fulanito, de Menganito, de aquel otro… Eran gente cercana, parte del barrio y de su vida cotidiana. Pero los que nacimos en mitad del siglo XX también hemos visto cosas que hoy serían inaceptables: una homofobia instalada a flor de piel. Simplemente, nos tocó vivir ese tiempo. Nadie elige el tiempo que le toca vivir, no se puede. Nadie nos ha enseñado qué pasaba con los ‘maricones de mierda’ —permítanme pronunciar las palabras que se usaban en ciertos círculos de entonces— cuando entraban en un calabozo. No lo hemos leído en libros de historia, para nosotros era la vida real y pasó hace apenas unos minutos…

También le he comentado a Pepe que cuando echo la vista atrás —a veces para recordar, otras para observar el camino que ya hemos andado— suelo buscar culpables. Y no sé si esa es la mejor forma de evocar los recuerdos. No estoy seguro porque por mucho responsable que busque, nada va a cambiar.

Pero el hecho es ese, que la evocación me lleva al reproche. Y busco culpables de la educación que recibimos, que era una educación gris, sesgada y frustrante. Busco a los culpables de la historia oficial que nos impusieron, porque era una soberbia mentira. Me suelo preguntar quienes fueron los responsables de esa España negra a fuer de sotanas que nos castró la alegría.

Pero, seguramente no hay un sólo responsable para que ese tiempo fuera como lo vivimos. Como tampoco se nos puede reprochar nuestra sumisión porque no teníamos elementos para contestar nada… Por eso también recuerdo el esfuerzo que todos los de esta generación tuvimos que hacer para escapar —con nuestros propios medios— de ese mundo inventado… Pero no todos, no nos engañemos. Porque muchos siguen bien instalados en el mismo sistema de creencias. Estos son los que siguen sin ver muertos en las cunetas, maldiciendo al ‘maricón’ de la tele y comulgando domingos y fiestas de guardar.

A veces me pregunto —sin mucha convicción, la verdad— qué España tendríamos hoy si esa generación, la que nació a mitad del XX, hubiéramos crecido en libertad, pudiendo elegir un pensamiento u otro.

Pues eso, que espero que mi amigo Pepe, cuando presente el libro de Joaquina Cañadas, recuerde el tiempo que nos tocó vivir, recuerde el camino que hemos atravesado y que, tal y como están las cosas, nunca deberíamos desandar… Él lo sabe muy bien, no hace falta que nadie le diga nada.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

Sobre este blog

Avatar de Milano

El Blog del Milano

Sólo un homo sapiens venido a menos... y acostumbrao. Vive en la Vieja Isla de León (San Fernando), el Sur de España; y recuerda con frecuencia Villajovita, el barrio de su niñez, en Ceuta, allá por el norte de África. Algunas incoherencias, algunas fotos... y me parece que poco más. Así de simple son las cosas.

ver perfil »

Ídolos

  • lola-gj47
  • JOSE IGNACIO DI PIERRO
  • starlaight33
  • joan
  • callerubial
  • Érina  Zaitut

Suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

Twitter

Oops! Este módulo parece que todavía está sin configurar..

EL PAÍS en Facebook

ELPAIS.com on Facebook