17 May 2013

Tenían el dedo amarillento

Escrito por: Milano el 17 May 2013 - URL Permanente

En aquel tiempo había muchos hombres que tenían el dedo índice amarillento, impregnado en nicotina. La piel parecía pergamino porque sostenían el cigarrillo entre el corazón y el índice, y el humo los lamía continuamente. Recuerdo muy bien a don Francisco, mi maestro, pensativo entre castigo y castigo, con el humo denso envolviendo el dedo índice y formando las volutas más arriba. Fumaba mucho mi maestro… y tosía lo suyo también. Era un tabaco de liar áspero, de posguerra española, y los liaba con mucho oficio y mucho gusto. Mi tía Isabel, que vivía pegaba a las murallas merinidas, echaba a mi tío Asensio de casa para que fumara en la acera de enfrente porque no soportaba el humo de ese tabaco tan recio… A mí, a veces me gustaba, otras no. Y no sé por qué ocurría así.

En aquel tiempo de posguerra tardía, los bigotes también terminaban con ese color dorado de nicótica, y ocurría así a fuer de recibir el humo de una colilla abandonada en la comisura de los labios. Entonces había muchos hombres con una colilla eterna prendida en los labios, y era común que los pedigüeños te rogaran ‘la pava’ del cigarrillo… Algunos pasaban una ‘pava’ generosa, que venía a ser una colilla tercio del cigarrillo. Los menos generosos la apuraban hasta que apenas se podía entregar sin quemarse los dedos. La verdad es que seguimos siendo más o menos generosos, pero ya no se demuestra así.

Mi padre nunca fumó, y mi tío Chico construyó una máquina que liaba cigarrillos dándole a una manivela. Parecía una fábrica en miniatura… el tabaco en un sitio, el papel en otro y listo, cigarrillo liado, con filtro y todo. Mi tío inventaba cosas y las construía. ¡Qué buen ingeniero habría sido si hubiera tenido la oportunidad de estudiar! Pero no eran tiempos de estudios para los huérfanos de la guerra, eran tiempos de buscarse la vida cuanto antes…

Sí… recuerdo que entonces, “cuando el tiempo andaba en pantalones cortos”, las esquinas olían a meado y los portales a coles. Los bares a vino y adobo, y los parroquianos escupían en el suelo sin disimulo. Y había muchos borrachos por las calles, tantos como perros vagabundos y famélicos que los laceros recogían y desaparecían sin piedad…

Uno pensaba —¡qué iluso!— que la línea de la historia siempre progresaba en la buena dirección, y que para nuestros hijos estas iban a ser historias nostálgicas. No contaba uno con la pereza cómplice de casi todos nosotros, con la avaricia humana, con la codicia de los poderosos. Se nos olvida que esta gente jamás regala nada y que su tarea consiste en mantenernos sometidos a sus privilegios.

Nuestros hijos tendrán que volver a pelear sus propias conquistas… Les ha llegado la hora.

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19 Mar 2013

Cartas al Viento

Escrito por: Milano el 19 Mar 2013 - URL Permanente

Mi amigo Pepe va a presentar un libro que habla de dos homosexuales que viven separados por el Estrecho de Gibraltar (“Cartas al Viento”, de Joaquina Cañadas)… y he recordado a algunos de los que vivieron en nuestro barrio, entre nosotros. De Fulanito, de Menganito, de aquel otro… Eran gente cercana, parte del barrio y de su vida cotidiana. Pero los que nacimos en mitad del siglo XX también hemos visto cosas que hoy serían inaceptables: una homofobia instalada a flor de piel. Simplemente, nos tocó vivir ese tiempo. Nadie elige el tiempo que le toca vivir, no se puede. Nadie nos ha enseñado qué pasaba con los ‘maricones de mierda’ —permítanme pronunciar las palabras que se usaban en ciertos círculos de entonces— cuando entraban en un calabozo. No lo hemos leído en libros de historia, para nosotros era la vida real y pasó hace apenas unos minutos…

También le he comentado a Pepe que cuando echo la vista atrás —a veces para recordar, otras para observar el camino que ya hemos andado— suelo buscar culpables. Y no sé si esa es la mejor forma de evocar los recuerdos. No estoy seguro porque por mucho responsable que busque, nada va a cambiar.

Pero el hecho es ese, que la evocación me lleva al reproche. Y busco culpables de la educación que recibimos, que era una educación gris, sesgada y frustrante. Busco a los culpables de la historia oficial que nos impusieron, porque era una soberbia mentira. Me suelo preguntar quienes fueron los responsables de esa España negra a fuer de sotanas que nos castró la alegría.

Pero, seguramente no hay un sólo responsable para que ese tiempo fuera como lo vivimos. Como tampoco se nos puede reprochar nuestra sumisión porque no teníamos elementos para contestar nada… Por eso también recuerdo el esfuerzo que todos los de esta generación tuvimos que hacer para escapar —con nuestros propios medios— de ese mundo inventado… Pero no todos, no nos engañemos. Porque muchos siguen bien instalados en el mismo sistema de creencias. Estos son los que siguen sin ver muertos en las cunetas, maldiciendo al ‘maricón’ de la tele y comulgando domingos y fiestas de guardar.

A veces me pregunto —sin mucha convicción, la verdad— qué España tendríamos hoy si esa generación, la que nació a mitad del XX, hubiéramos crecido en libertad, pudiendo elegir un pensamiento u otro.

Pues eso, que espero que mi amigo Pepe, cuando presente el libro de Joaquina Cañadas, recuerde el tiempo que nos tocó vivir, recuerde el camino que hemos atravesado y que, tal y como están las cosas, nunca deberíamos desandar… Él lo sabe muy bien, no hace falta que nadie le diga nada.

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07 Ene 2013

El mundo es un pañuelo, viejo amigo, y el tiempo es un instante

Escrito por: Milano el 07 Ene 2013 - URL Permanente

Ceuta, Marzo de 1965

…coincides con un niño rubio en la banca del colegio de barrio. Compartes con él el terror a despertar la ira del maestro, que pegaba unas palizas que hoy resultarían de juzgado de guardia. Compartes con él el teorema de Pitágoras y el Principio de Arquímedes y, sobre todo, compartes con él la algarabía del final de la jornada, cuando recuperábamos la calle para nosotros… hasta que un día cada uno toma una derrota distinta y desaparecemos de la vida del otro.

Entonces, a mitad de los años 60, había muchos colegios en mi barrio. Uno lo piensa y resulta sorprendente. Villajovita sigue siendo un pequeño barrio de Ceuta, pero había —que yo recuerde— dos colegios nacionales (uno de niños y otro de niñas) y un rosario de minúsculas escuelas de barrio, y migas para pequeños, que daban una abundante oferta educativa… No existía aún la escolarización obligatoria, pero muy pocos niños de mi barrio quedaban fuera del colegio, entre otras cosas, porque todos los padres demostraban un extraordinario afán en que sus hijos tuvieran estudios.

Pedro era rubito, bien parecido y llevaba un arnés metálico en una pierna. Como muchos niños de esa época, la epidemia de poliomielitis que enseñoreó aquella España oscura le visitó y le dejó tal secuela… A veces nos peleábamos y dejábamos de hablarnos una temporada. Recuerdo una vez que, por mi culpa, el maestro le pegó dos bofetadas, una en cada carrillo, que seguro le estuvieron sonando los oídos dos semanas. ¡Y mira que el chiquillo era de lo más bueno y noble que he conocido! La mala conciencia por la faena me duró una temporada larga, que cada vez que miraba a Pedro me sentía fatal. Para compensar la fechoría estuve de lo más solícito con mi compañero de banca el resto del curso. Hasta que ocurre eso, que un día los caminos se tornan divergentes… y desaparecimos durante casi medio siglo.

Córdoba, Octubre de 2012

El Hotel Don Paula lo atiende ese día Rocío, hermana pequeña de mi compi de la vida, o sea, lo que viene a ser mi cuñada. Es un moderno hotel familiar en el centro de Córdoba. Cuando Rocío descubre que la familia que acaba de llegar es de Ceuta, se lo suelta a bocajarro:

— Pues mi cuñado también es de Ceuta…

Lo dice como si todos los de Ceuta tuviéramos la obligación de conocernos. Y añade para más señas:

— …y ha escrito un libro sobre Villajovita.

Y entonces parece que los caminos de la vida vuelven a ser próximos. La viajera le cuenta a Rocío que sus abuelos ceutíes precisamente vivieron en Villajovita. Y ocurre que ese libro se convierte en un estupendo regalo para los próximos reyes de la abuela…

Ceuta, Enero de 2013

El día de reyes recibo una llamada telefónica:

— Buenas tardes, ¿es usted Miguel Ángel Tal y Cual? — Suena a agente comercial de Vodafone y le contesto con muchísima desgana…

Pero en dos palabras la chica me explica que estuvo en el Hotel Don Paula, que conoce a Rocío y que recibió un ejemplar de Crónicas de Villajovita. Dice la joven viajera que hoy se lo han regalado a su abuela y que ha sido muy emocionante porque reconoce a muchas de las personas que se describen en el libro.

Luego me dice que su padre me conoce, que se llama Pedro…

Y entonces hablamos un rato a través del teléfono. Mi joven compañero de banca. La vida en dos parrafadas, en dos suspiros… El mundo es un pañuelo, viejo amigo, y el tiempo pasa en un instante, ¿verdad?

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11 Jul 2011

Otro vistazo a través de la puerta

Escrito por: Milano el 11 Jul 2011 - URL Permanente

El cadáver del conejo sigue su descomposición entre los geranios. No es el primero que observo. Hace años lo hacía mucho… y cuando los cráneos quedaban mondos y lirondos me los llevaba a casa. Atesoré una estupenda colección. Que recuerde, tuve cráneos de perro, gato, gaviota, conejo, rata, ratón, pollo, pato, salamanquesa, lagarto, culebra… La cosa se terminó cuando llevé aquel gigantesco cráneo del burro —lo desenterró un amigo, especialmente para mí—. Fue la puntilla. Mi santa madre, un aciago día, mientras estaba en la escuela, me los tiró todos. Decía que aquel cuarto olía a muerto… bueno, y también porque de los alveolos de las muelas del burro salían gusanos. Una santa, mi madre.

Van a tener razón aquellos amigos que admiraban mi colección (o eso decían) Son los mismos que ahora me confiesan, al cabo de cuarenta años, que de chico yo era un poco rarito… ¡Eso es que aún les corroe la envidia cochina por mi colección de cráneos!

Cadáver de conejo. ¡El cráneo es mío!

Pues ahí sigue el cadáver del conejo, a tres metros de la puerta del laboratorio, entre los geranios que plantó Jesús hace seis años. Un poco más y se hacen árboles… ¡como no los poda! Entre ellos ha crecido un lentisco frondosísimo. Se dan muy bien los lentiscos por esta zona; y entre los lentiscos anidan muchos conejos, por eso.

Cuando me agacho sobre el cadáver para estudiar si le falta mucho, mis compañeros del laboratorio me observan desde la ventana, y cuchichean. Los he visto, pero hago como que no me doy cuenta… a lo mejor piensan que estoy loco. Pero no me importa lo que piensen. ¡Saben que el cráneo es mío porque yo lo vi primero…! Espero que no me lo toquen. No se atreverán. Hoy sopla levante. No me gusta que sople levante. ¡Odio el levante! Cuando sola levante estoy nervioso y no veo las cosas con claridad… Espero que comprendan que el cadáver es mío. ¡Que no se atrevan a tocarlo! Je, je, je. ¡Ay, como lo toquen…!

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P.D. Bueno, por lo menos ha servido para no hablar de política. ¿No estáis cansados de política? Porque yo estoy aburrío de hablar de política… ¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Que no estais cansados?

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03 Oct 2010

La casa de Luisa

Escrito por: Milano el 03 Oct 2010 - URL Permanente

La casa de Luisa es simple y está rodeada de árboles frutales. Es un oasis en mitad de un bosque de alcornoques. Hay un enorme nogal y una gigantesca higuera que regalan una sombra fresca sobre la mesa y el poyete. Dice Luisa que este año apenas han salido nueces, pero que la higuera ha sido generosa.
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El camino para llegar no es muy conveniente para coches delicados. Pero es un vergel. Acompañan el camino chumberas coronadas de higos-chumbos maduros. Miguel, que no es hombre de campo, es más bien urbanita voluntarioso, los coge con cuidado y, para no pincharse con las púas, los pela con navaja y tenedor. Y siguiendo el carril, más allá de su casa, hay decenas de membrilleros, que, como estamos en el veranillo de San Miguel, están todos en sazón… las ramas saltan las cercas cargaditas de frutos y tapizan el camino de membrillos-gamboas que nadie recoge. Los hombres urbanos, que solo los vemos amontonados en el mercado con el precio encima, nos quedamos sin palabras…
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El hombre venido a menos ha dormido la siesta tumbado sobre la hierba, debajo de un caki, con un zapato por almohada, como cuando era de la OJE. Hay muchos cakis por allí. Son de los de siempre, de los que hay que comerlos muy maduros, que casi se rompen con solo tocarlos. Me comí dos para la merienda, sin remilgos, que la pulpa me llegó hasta los codos… la pena fue que el último higo-chumbo —el de la vergüenza— me lo comí a continuación de los cakis y apenas noté su dulzor.
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¡Que pena que el ciruelo que tiene Luisa estuviese pasado! Por eso me llevó a la huerta de su vecino, que tiene varios ciruelos tan cagados, tan cargados, que no da abasto a recogerlos. Dice el vecino que tantas han dado, que los asilos de ancianitos de Cortes y Ubrique están jartitos de sus ciruelas… Eran ciruelas de un precioso color ciruela, como Dios manda. Y llenamos dos cestas de mimbre en un momento... No cojáis las del suelo, no cojáis las del suelo, decía el vecino. Además de nueces, cakis, chumbos, membrillos y ciruelas, comí acerolas (que allí les llamas asofaifas) y tomatitos sherry, que son tan pequeños que perecen cerezas… y no le caían muy simpáticos al hombre porque dice que crecen fuera de su control, y que si las abejas polinizan los tomates corazón de toro —que son unos tomates grandes y retorcidos, que pueden pesar hasta un kilo— con el polen de los sherry, entonces le salen tomates corazoncitos de pollo. Y no está dispuesto el hombre. Por eso los arrancó como el que quita mala hierba y me los regaló …esto na más que con una chispita de sal y mijita aceite de oliva y tiene usté una cena la mar de apañá. Tuvo razón el vecino.
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Hablamos varias veces durante la tarde… hasta ese día no me había dado cuenta, pero empecé a descubrir lo guapísima que es Luisa.
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Al atardecer nos marchamos. Cada uno cargaba dos calabazas y varias bolsas de fruta. La generosidad de la gente del campo no tiene precio… le di un abrazo a Luisa. No sé si se percató de que fue un abrazo un poco más largo y un poco más apretado de lo que debiera ser…

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16 Sep 2010

El patriotismo hepático de Rajoy

Escrito por: Milano el 16 Sep 2010 - URL Permanente

Nací en Ceuta, pequeña ciudad en la costa africana del Estrecho de Gibraltar, y corrí por las calles de Villajovita, un pequeño barrio de las afueras. Y allí batallé a pedradas contra los niños del Mixto por la disputa del Llano, un descampado a pie de las murallas merinidas que usábamos como campo de futbol…
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Puerta de FEZ. Murallas meriníes de Ceuta

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…el barrio y la ciudad —Villajovita y Ceuta— son mi patria noble; la primera, la que se instala en el corazón cuando es virgen… porque las otras, las patrias que se aprenden en panfletos, o en libros de historia amañada, o en soflamas al son de músicas marciales y bajo banderolas coloristas, esas son patrias amañadas, patrias que a otros interesa imbuir de forma forzada. Y no me fío demasiado de ellas porque no residen en el corazón sino en el hígado…
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Rajoy viaja hoy a Melilla —ejerciendo su derecho incuestionable— pero me parece que lo hace de forma aviesa (por obvias razones) y apelando a este patriotismo hepático del que hablo. El mismo patriotismo que utiliza a su vez —ejerciendo su derecho incuestionable— el primer ministro del otro país para que sus conciudadanos se sientan agredidos en sus sentimientos patriohepáticos. Hay poca nobleza cuando ambos azuzan estos sentimientos tan fáciles de soliviantar.
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Me parece que no es bueno apelar a las patrias aprendidas, prefiero a las personas como objeto de deberes y derechos, amores y desamores… Sí, prefiero apelar a la patria noble porque cuando al cabo de los años me reencontré con Abselam, uno de esos niños malos del Mixto, en lugar de seguir con las pedradas, nos abrazamos. Es lo que tiene compartir la pequeña patria noble, la que aprendimos entre nosotros.
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Veremos qué pasa…

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28 Ago 2010

El marisco no ocupa lugar

Escrito por: Milano el 28 Ago 2010 - URL Permanente

Hasta ayer mismo yo estaba convencido de que la sabiduría no ocupaba lugar. Lo decía constantemente don Francisco, el maestro-escuela de Villajovita, mi barrio ceutí.
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— ¡Niños, el saber no ocupa lugar! Así que, quedad tranquilos: podéis aprender todo lo que queráis que la mollera no os crecerá—. Pero ni así, ¡oye!
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(De todos modos, no creáis, que ahora los neurocientíficos están diciendo lo contrario. Dicen, por ejemplo, que los taxistas veteranos de Nueva York tienen más desarrollado no_sé_que_zona del cerebro, justamente la que controla las funciones de orientación espacial… O sea, que la mollera sí crece. ¡Cómo se derrumban las convicciones más profundas, puñetas!)
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Hoy, durante unas cervezas con los compañeros de trabajo, uno de ellos ha lanzado una sentencia que me ha hecho sonreír y recuperar el sentido del humor de golpe. Es una tontería, pero ha obrado un pequeño milagro en servidor. Va y dice el nota, muy suelto él, sentenciando, sobrao:
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— El marisco no ocupa lugar, Chati
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¡Sí, señor, como la sabiduría!

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17 Dic 2009

Los pies de Franco

Escrito por: Milano el 17 Dic 2009 - URL Permanente

Franco era pequeño, más bien barrigoncete y con mala leche, con muy mala leche, la verdad —lo digo porque me acuerdo personalmente de los tres detalles—… aunque, por entonces, el niño tenía una idea más amable del personaje; que era la imagen que nos ofrecía el No-Do, o sea, un abuelete pescador de salmones, bonachón y cariñoso con sus nietecitas. Eso sí, al niño, las nietas le parecían repelentes y virtuosas niñas de colegio de pago… de monjitas, por supuesto.
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Imagen de la Santísima Virgen de África, patrona de Ceuta, protegiendo al Convoy de la Victoria. “…y la Virgen de África iba en nuestros corazones…”, decían los legionarios. / Postal de la época.

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O sea, estoy hablando de Franco, el dictador que gobernó a todos los españoles, quisieran o no, durante los cuarenta años… que había dejado sus huellas en Ceuta en el año 36, exactamente el 5 de agosto. Ese día, según cuentan las crónicas del Régimen, se apostó, prismáticos en mano, en la loma de San Antonio, a mitad de camino entre la playa de San Amaro y la fortaleza-presidio del Monte Hacho, y desde allí dirigió con resuelto ademán el Convoy de la Victoria, que fue cuando, en hábil y peligrosa maniobra —sin olvidar la inestimable ayudita de la Virgen de África, fervorosa defensora de los ejércitos nacionales—, logró burlar el bloqueo naval republicano del Estrecho (el de Gibraltar, claro), y transbordar buena parte del ejercito de África, la elite del ejército de España, a la península. Desde ese momento, la suerte estaba echada a favor de los rebeldes, que entonces eran los buenos de la película, porque, ¡válgamedios!, para eso se gana una guerra y una posguerra, sobre todo la posguerra.
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Pues en ese lugar de Ceuta levantaron los vencedores un monumento en torno a las huellas de los pies de Franco… cuando el niño veía la enormidad de esas huellas de hormigón comprendía la grandeza del personaje que tanto salía en el No-Do. Aquellas marcas en el suelo eran la referencia para medir el paso del tiempo… ¡¡Mira, papá, soy Franco!!
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Sí, recuerdo que el niño introducía los zapatos de domingo en la impronta del gran hombre… pero, inevitablemente, el tiempo las fue empequeñeciendo en todos los sentidos. Y llegaron a ser tan pequeñas que entonces fue un placer hollarlas con saña…
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Sí… con el tiempo pasa eso. A todos coloca en su sitio el tiempo. El tiempo convierte en efímeras las cosas que parecían eternas. Por eso, poco tiempo le debe quedar a los Pies de Franco… y no sé qué sería lo más honesto. Tampoco sé si hay que ser honestos, generosos, rectos o prácticos… ¿Hay que olvidar los Pies de Franco en un rincón o dejarlos en su sitio para recordar la ignominia de unos hombres contra otros hombres? O sea, ¿olvidar de una puñetera vez o tener presente la pedagogía de una guerra fraticida?
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No paro de hacerme la pregunta… tal vez porque no me gusta la respuesta que me doy a mí mismo.

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12 Ago 2009

En la cola del DNI (1ª Parte)

Escrito por: Milano el 12 Ago 2009 - URL Permanente

Niñ@s de Villajovita esperando pacientemente

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Si los ciudadanos se organizan entre ellos para guardar una cola, es que viven en un país civilizado. Seguro.
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Yo recuerdo que al salir del instituto de Ceuta —hace ya cuarenta años o más— corríamos a la parada del autobús, junto a los jardines del Ángulo, en las Puertas del Campo. Y jamás se guardaba orden. Cuando llegaba el autobús, todos a una, nos apelotonábamos delante de la puerta a ver quien empujaba más. No existía orden ni concierto, aquello era un sálvese quien pueda para que el más avispado o el más fuerte consiguiera entrar… Y en las carnicerías, pescaderías y pequeñas tiendas de barrio había que estar con cuatro ojos para evitar que se te colaran las parroquianas. Y podías tener la seguridad de que siempre existía la lista de turno que solapadamente intentaba colarse delante del chiquillo… esto era aún más evidente y esperable en las colas que se formaban para sacar las entradas del Apolo, del Cervantes o para la matiné del cine África. ¡Siempre aparecían los que intentaban colarse! Existía toda una picaresca para hacerlo en las colas del cine (que cabroncetes éramos, jolines)… y, encima, tal cosa se llevaba con orgullo.
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Pero desde que pusieron una raya en el suelo de los bancos (Espere AQUÍ su turno), a metro y medio del mostrador (ya ni siquiera son ventanillas) parece que nos hemos civilizado. Incluso parece que en las colas guardamos cierta distancia vital y todo, y cuando llegamos a un sitio pedimos la vez: ¿Quién es el último?... pues detrás de usted voy yo. Y así ya no hay pegas… nos hemos civilizado. Sí…
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Hoy he pasado más de dos horas en la cola del DNI de San Fernando, y lo he pasado muy bien… porque en Cádiz y su bahía se pasa muy bien en las colas largas. Hay mucha tradición. Mañana o pasado os lo cuento.

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10 Ago 2009

Fotos furtivas: ¡Adiós, luego hablamos!

Escrito por: Milano el 10 Ago 2009 - URL Permanente

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Si alguien nos infunde recelo —por su comportamiento o por su aspecto— lo más probable es que nos pongamos alerta y mantengamos una distancia prudencial para sentirnos seguros. Una distancia que nos asegure margen para escapar a la mínima. Esto lo tienen muy observado los etólogos y antropólogos… que para eso les pagan.
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Esa distancia se reduce mucho cuando las relaciones sociales son profesionales o de amistad. Pero, como mamífero que somos, siempre establecemos a nuestro alrededor un mínimo espacio vital de seguridad. Y cualquiera que penetra dentro del espacio de otro sin ser invitado se arriesga a una reacción airada —o sea, uno no puede ir por ahí arrimándose a la gente, hay que mantener una cierta distancia—.
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Marisa, la directora del cole de mis hijos, tenía un radio vital tan pequeño que se acercaba muchísimo cuando te hablaba (lo mismo es que era miope y no se ponía las gafas por coquetería), y a mi me hacía gracia observar cómo sus interlocutores se separaban con cierta brusquedad hasta recuperar su propia distancia de seguridad. Sí, me gustaba observar este comportamiento y preverlo, que hasta lo comentaba con quien estuviera… mira, Fulano, fíjate como Marisa se va a acercar a Mengano y ya verás como Mengano va a recular… ¡Y ocurría!
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Por eso tocarse, permitir que otro te toque invadiendo tu propio espacio, es una señal de confianza total… es una demostración de cariño. Para muchos es una necesidad. Me gusta abrazar a los amigos y pellizcar la mejilla de las amigas, o apretarles el antebrazo; y dar una palmada en el hombro de los compañeros, o un pequeño puñetazo en la tripa. Y me gusta besar a los amigos de Villajovita, mi viejo barrio de Ceuta… son los únicos hombres a los que beso. Lo he pensado muchas veces, hombres como trinquetes que se besan como nenazas… debe ser que cuando nos vemos somos como los niños que éramos hace 40 años…
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…y ahora los médicos, a cuenta de la Gripe A, nos amenazan con prohibir los besos, los abrazos e incluso darse la mano. Me va a costar hacerles caso, la verdad…

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El Blog del Milano

Sólo un homo sapiens venido a menos... y acostumbrao. Vive en la Vieja Isla de León (San Fernando), el Sur de España; y recuerda con frecuencia Villajovita, el barrio de su niñez, en Ceuta, allá por el norte de África. Algunas incoherencias, algunas fotos... y me parece que poco más. Así de simple son las cosas.

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