07 Abr 2014

En el pretil del Paseo de las Palmeras

Escrito por: Milano el 07 Abr 2014 - URL Permanente

El 20 de diciembre de 1973 la policía me retuvo en el puerto de Algeciras poco antes de embarcar hacia Ceuta. Viajaba desde Tarrasa para pasar las vacaciones de Navidad en casa. Un policía vestido de gris, grandote y educado, me pidió la documentación y me retiró de la cola; luego me hizo abrir la maleta y la revisó… Me asusté mucho porque en un sobre llevaba la propaganda política que iba recogiendo en la facultad de ingeniería de Tarrasa. Siempre que iba a Ceuta hacía lo mismo para repartirla y comentarla con mis amigos de la basca (…por cierto, no recuerdo si fue esa vez, pero en una ocasión me dejé el sobre con toda la propaganda en el mostrador de Almenta después de liquidar unas cariocas con Guti, Rocío, Adelaida, Marga, Luci, Carlos, Tati, Rosi, Tomás, Ángel, Jhonny, Victoria, los Emilios…)

El policía pensaría que eran apuntes, no observó nada raro en la maleta y me dejó embarcar sin más. No supe qué pasaba hasta que llegué a casa. Mi padre me lo dijo: ese día ETA había asesinado a Carrero Blanco, primer presidente del gobierno con Franco.

Entre mis viejos compañeros de la OJE no era un secreto mis devaneos políticos. Pero no sólo los míos, otros miembros de la organización estaban abiertamente contra la situación política de la España del 73, y nos mostrábamos abiertamente cuando hacía falta. Esas inclinaciones políticas entraban en íntima contradicción con la esencia de la organización juvenil del Régimen… y por un tiempo se dieron. Luego, la diáspora propia de los ‘caballas’, nos llevó a cada cual a su destino.

No recuerdo el nombre de aquel chico. Era un dirigente local de la OJE, concienciado y preocupado por su país. Me abordó por el Paseo de las Palmeras, cerca del Puente Almina, al día siguiente del asesinato de Carrero Blanco. Y, a bocajarro, me recriminó que no era justo asesinar a un hombre para defender cualquier idea política…

…me apoyé en el pretil del Paseo de las Palmeras y hablamos. Hablamos hasta que la brisa se llevó el olor dulzón de las garrapiñadas, dejaron de pasear los paseantes y se hizo de noche.

Era Ceuta.

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25 Mar 2014

El viajero solitario - De Camarinal a Bolonia

Escrito por: Milano el 25 Mar 2014 - URL Permanente

Pero hoy es día de recordar a don Adolfo Suarez. Mañana lo enterrarán en la catedral de Ávila previa beatificación mediática… que no digo yo que no merezca todo lo bueno que se dice de él, pero la presión de los medios llega a jugar en contra. Tantísima luz sobre su figura, y tan concentrada en pocos días, acaba marcando las sombras con mucha más intensidad…

…por eso el viajero solitario apaga la radio y le dice a su amigo George que cante su disco póstumo en honor de Suarez. Uno prefiere recordar las sensaciones propias, las que vivió personalmente. Revivir la sorpresa que supuso la irrupción de Suarez en la política… El malvado Alfonso Guerra decía de Suarez que parecía un tahúr del Mississippi… seguramente porque encantaba hasta a las serpientes. Y por eso don Alfonso quedó, en consecuencia, encantado…

En verde el recorrido de Junio / 2013. En amarillo el de Marzo / 2014

El viajero solitario repite el camino de la primavera pasada, cuando las alambradas militares y lo abrupto del acantilado le impidieron bordear la costa y alcanzar la Gran Duna de Bolonia… Esta vez, un lunes de finales de marzo, la cala del Cañuelo está solitaria, y el viajero recuerda que hay pocas cosas tan bellas como una mujer caminando desnuda por una playa de arenas amarillas… Hoy no es el caso. Eva no está.

Descartado el acantilado (ruta verde), dejo a un lado las alambradas militares que rodean los radares y sigo el curso del arroyo Cañuelo, que es un curso de agua estacional (ruta amarilla) Quedan algunas ranas y una culebrilla despistada serpentea en el agua. Una fronda de eucaliptos va marcando el curso, pero parecen enfermos. Por el contrario, el suelo arenoso aparece tapizado por enebros costeros, retamas en flor y lentiscos. Todos ellos con un vigor que da gusto verlos. No hay caminos y por eso conviene ir buscando huecos entre los manchones de vegetación. Cuando me separo del curso del río entro de lleno en el bosque de pinos. Huele muy bien… y eso que aún no hace calor.

Desde ese punto, para llegar a la Gran Duna de Bolonia tengo que caminar hacia el sol –me lo indica Google Maps en el móvil-. Y, monte través, me voy acercando… a veces, cuando se cierra demasiado el bosque hay que deshacer el camino y volver atrás. Pero me gusta, no tengo prisas. Llevo agua y un bocadillo de chorizo…

Finalmente el bosque se abre en una línea corta fuegos por donde discurren las torretas y el cableado que lleva corriente a la instalación militar… a lo lejos, por encima de los pinos, veo un radar dando vueltas. Debe vigilar el Estrecho de Gibraltar desde esta parte. Decido seguir acercándome a la Gran Duna por el corta fuegos… pero un cartel me vuelve a prohibir el paso (alguien enfadado ha llamado ignorantes a los militares) De todos modos no hago caso y sigo el sendero… hasta que una alambrada de espinos impide acceder a la carretera que me separa de la duna.

No tengo más remedio que retomar de nuevo el corta fuegos y seguir hacia el norte, paralelo a la carretera alambrada, hasta llegar a un vértice alambrado y sin salida. He llegado al fondo del saco, a una encerrona, al copo de una red. Me han conducido los militares hasta el cuello de un embudo alambrado. ¡¡¡Y no tengo más salida que retroceder!!!

Y allí delante, a un tiro de piedra, se me ofrece la última lengua de arena de la Gran Duna. Nace un par de kilómetros más al sur, en la vieja ciudad romana de Baelo Claudia y termina delante de mí, a unos quinientos metros. Se aprecia muy bien cómo las arenas blancas van cubriendo poco a poco los pinos, como si una ameba gigante los fagocitara.

Reconozco que en el fondo he venido soñando con eso, con desvestirme hasta quedar en pelotas picadas y dejar que la Gran Duna me tragara para sentir la suavidad del contacto y la tibieza de la arena calentada al sol. Pero las puñeteras alambradas me lo impiden…

Frustrado otra vez. El viajero solitario desface el camino, y en una duna de la playa del Cañuelo se come el bocadillo de chorizo. Eva ni aparece, por supuesto. Por no haber, no hay ni gaviotas…

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21 Mar 2014

La primera tarde de primavera

Escrito por: Milano el 21 Mar 2014 - URL Permanente

Primera tarde de primavera. He sacado el palo y el cúter al jardín, al atardecer... En realidad no es un jardín, pero tiene plantas que empiezan a reverdecer, y lo parece. Dejé de tallarlo el otoño pasado, cuando llegaba el frío. Entonces el limonero que me regaló mi Compi —y que colocamos en un macetón— apenas tenía vigor. Ahora maduran en él seis limones... Cuando estén en su punto haré con ellos crema de limón. Ya tengo seis zapatos viejos reconvertidos en macetas. A mi compi no le gustan, pero se aguanta. Por cierto, hay un cable alargador que ha pasado el invierno en el jardín, colgado de una alcayata...

...pero, no sé...

...creo que las cosas van por otro lado. Trato de congelar este instante en palabras, y comunicar de alguna forma que es un momento placentero, pero no acaba de serlo. En realidad tengo la cabeza en otra parte y un par de pellizcos por ahí adentro.

Mientras tallo un palo con caritas de reyes góticos, unos se me irán lejos, tal vez al norte de Europa, y a ella no la veré crecer. Otro se verá obligado a entregar su tiempo, su valía y su conocimiento por una cama y un plato de comida. Y mi pequeña sabionda luchará al borde de sus fuerzas porque es lo único que puede hacer…

Para ser la primera tarde de primavera, no empezamos bien…

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17 Mar 2014

Crónicas de un jubilado: Mientras ella visita la peluquería

Escrito por: Milano el 17 Mar 2014 - URL Permanente

Tres jubilados mayores conversan en un banco al sol de medio día. La brisa fresca de levanté llega de vez en cuando. Una señora de gafas oscuras ayuda a su madre a caminar de nuevo. La mamá joven y rubia toma el sol con su bebé y con su compañero. Seguramente el padre del bebé está desempleado porque no son horas de estar en el parque. Al fondo se levanta vertical la fachada acristalada del hotel Playa Victoria... Ahí sigue desde los años cincuenta, entonces era un edificio aislado, en mitad de una playa de arenas amarillas. Hoy es un edificio más de la muralla de hormigón que obstruye el borde costero de Cádiz.

Dos gitanas de pelo tirante, recogido en un moño, ofrecen un ramito de romero a los que caminan hacia el hospital. En el rato que llevo aquí nadie les ha dado una propina, al contrario, les hacen un quiebro. La terraza está llena de ciudadanos y en el parque infantil abundan niños que no llegan a los dos años... lo sé porque los comparo con Vega. Y con esos niños hay mayoría de padres. Está claro que Cádiz es la provincia con más paro de España.

Hay un jubilado de pelo blanco y gorra de béisbol azul que da patadas a una bola de papel, y la va desplazando hasta el pie de una papelera. Allí lo deja y prosigue su camino sin rumbo, mirando al suelo y las manos a la espalda... Me fijo y no sé adivinar dónde va a dirigir el siguiente paso, si a izquierda o a derecha. Parece que no le importe. Tiene tiempo. Y uno piensa que ningún joven hace eso. Ni caminan sin rumbo ni desplazan un papel hasta una papelera porque tienen mil cosas que hacer en poco tiempo… el problema es que no les dejan. Pequeños gestos que definen nuestro estatus vital.

Un joven cambia los pañales de su hijo a la sombra de un viejo olivo trasplantado a esta plaza desde no se sabe dónde. Dos jovencitos han dejado su currículum en la recepción del hotel Playa Victoria... Una mujer boliviana —con un acento dulcísimo— le cuenta a una señora de pelo azul que en su pueblito tenía un puestecito de verduras que criaba en su huerto. La señora de pelo azul tiene un fox terrier que se pone a dar saltitos cuando llega su novia, una mil-leches rubia y simpática. Una señora con chilaba y velo hiyab atraviesa la plaza con su hijo obeso de 14 años. Otra señora, muy bien plantada, me ofrece gafas de sol de farmacia que saca de una bolsa y me llama muchacho... Le agradezco lo de muchacho, pero no necesito gafas de sol. Pasa una embarazada joven y guapa con la barriga gorda y muy baja... seguro que lo lleva encajado y va a romper aguas de un momento a otro. Dos chicas se hacen un 'selfie' en un banco de la plaza. Hay palabras que irrumpen con una fuerza enorme, y conquistan su hueco en un instante: 'Selfie' ¿de dónde puñetas habrá salido?

Y entonces aparece ella. La veo atravesar el semáforo en verde a grandes zancadas, con el pelo suelto y recién lavado. Es un pelo castaño que cada día se aclara más... yo la llamo rubia, pero no por el tono castaño claro, la llamo así porque la sigo viendo rubia platino, como a Marilyn... Esta noche se lo voy a explicar otra vez.

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14 Mar 2014

Hospital público

Escrito por: Milano el 14 Mar 2014 - URL Permanente

La vida es un trillón de momentos que pasan en un instante... Tal vez por eso nos parece tan corta.

A veces, sin venir a cuento, la vida se reduce a la habitación de un hospital. La conciencia se constriñe a las escasas necesidades que exige la existencia en una habitación blanca, sin decisiones propias, abandonado al criterio de hombres que visten de verde y miran como entomólogos observando un insecto. El universo se declara pequeño y condensado en esa cama que limpian cada mañana. Es una cama que se desarbola día a día a fuer de dar vueltas y vueltas, cada una de ellas más dolorosa que la anterior...

Y entonces la vida es un microcosmos de luz artificial, sin espacios abiertos, sin ventanas luminosas, sin aire fresco, sin huracanes. Sin pasiones. La vida sugiere languidez, susurros y acaba siendo un silencio. En ese momento la vida parece la llama de una vela cansada y triste... una llama que no traspasa ni un palmo la oscuridad que la rodea.

Y piensas que cada día que pasa hay menos cosas que merezcan la pena. Uno encuentra que todo es bastante inútil. La palabra "emprender" o el concepto "comenzar desde cero" resultan insufribles... Uno ya no está para emprender tonterías porque lo único realmente necesario escasea. Uno ya solo está para agotar las cosas iniciadas en otro momento, simplemente porque parece que hemos pasado una y otra vez por las mismas e idénticas circunstancias. Y eso cansa porque uno ya está de vuelta y porque resulta infantil... Y uno es cualquier cosa menos eso.

Creo que hoy me he levantado muy viejo. ¡Ojalá mañana sea otro día!

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05 Mar 2014

Sólo el siguiente paso

Escrito por: Milano el 05 Mar 2014 - URL Permanente

Se aprenden cosas cuando abandonas la monotonía y te lanzas a caminar con una mochila en la espalda, ya sea hacia a Santiago o hacia cualquier otro sitio. Recuerdo que mi compi y servidor dejamos el coche en un descampado de O Cebreiro, justo donde empieza Galicia. Cargamos las mochilas y comenzamos a separarnos del viejo Vectra. Es decir, a abandonamos la seguridad garantizada y lo previsible. Al principio fue curioso, parecía que unos tirantes elásticos nos retuvieran... Hasta qué se rompen y entonces comienzas a gozar de una sensación de libertad exquisita, a percibir mucho mejor el entorno, los olores y los sonidos. Y comprendes enseguida que casi todo es innecesario. Conforme pasan los días caminando, aprendes a vivir solamente con lo que llevas encima. Y eso es muy poco. Sobra la inmensa mayoría de las cosas que normalmente nos poseen y nos aprisionan. No hubo ninguna motivación espiritual en nuestro camino a Santiago, pero mi compi y yo aprendimos una pequeña lección que recordamos con frecuencia...

Te levantas muy temprano porque a las ocho ya tienes que abandonar el albergue de peregrinos. Son las reglas. Y allá vamos todos los caminantes, cada uno con su ritmo vital y con sus dolores acumulados camino de la siguiente meta. Recuerdo que siempre había cerca del albergue algún tugurio donde acopiar un buen desayuno... Con el tiempo el desayuno se me ha convertido en la mejor comida del día. Pero luego tenías por delante esa cantidad de kilómetros que al principio parecían inabordables. Los primeros días fueron francamente difíciles por culpa de la cantidad de músculos doloridos que afloran como por ensalmo... Es cuando parece imposible dar un solo paso más porque no puedes levantar las piernas. Y entonces aprendes que para llegar vivo al final de la jornada, incluso al final de la cuesta que tienes delante, solo tienes que dar un pasito. Sólo uno: el siguiente. Nada más que el siguiente... los demás serán otro asunto.

Se lo dije a mi amigo hace unos días. Hablábamos de la necesidad de recuperar la democracia para la gente y decíamos que si queremos hacerlo civilizadamente es indispensable introducirnos en el sistema, y para eso hay que votar a partidos que propongan una democracia directa. Es decir, una democracia real, que recupere para la gente el poder legislativo a través del voto directo, a través del flujo libre de la información. Sabemos lo difícil que resulta modificar el rumbo de las cosas en este mundo globalizado, donde el poder financiero ha secuestrado la democracia y la soberanía de las naciones. Y decíamos también que sirve de poco cambiar las cosas en España si el cambio no se produce también en nuestro entorno, en Europa. Decíamos que es necesario que el cambio sea global...

...es decir, la meta está lejísima. Me duelen todos los músculos que tengo, y llegar al final de la cuesta, con una mochila de 15 kilos, me resulta insufrible...

‘...sólo un paso, amigo: el siguiente. No pensemos más allá porque un hombre corriente como nosotros poco más puede hacer. Posiblemente sea buena idea votar a los partidos pequeños que propongan recuperar la democracia real. Los grandes partidos –ya lo vemos- sólo atienden a sus intereses y a los intereses de sus viejos afiliados. Los grandes partidos son viejos dinosaurios, torpes y cegatos, que comen demasiado, cagan más y lo dejan todo hecho un asco...’

Recuerdo que hace tres años mi compi y servidor tuvimos que recordar la enseñanza que aprendimos en el Camino de Santiago...

"...sólo un paso, cariño. Sólo el siguiente paso. No te preocupes del posterior, ni de lo lejos que está el final de la batalla. Ni de lo difícil que resulta vencer".

Y lo consiguió. No sólo consiguió llegar a Santiago, dolorida, pero entera, sino que consiguió, pasito a pasito, salir del peor de los trances que la vida nos prepara a veces...

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01 Mar 2014

Café y churros en el 44

Escrito por: Milano el 01 Mar 2014 - URL Permanente

He bajado hasta el 44, en la plaza del Rey. Ahí en medio sigue la estatua ecuestre del señor Varela, general franquista bilaureado, con sus palomas cagándole la calva. Y en la esquina de la plaza permanece la placa de mármol hablando de la gesta heroica de dos hermanos muertos por Dios y por la Patria en la Cruzada de Liberación Nacional. Sigo sin entender como averiguan aquí la Memoria Histórica... Mejor dicho, está claro cómo entienden en San Fernando la Victoria del 39.

En el mismo banco de piedra, el más cercano al 44, vive el mismo sin-techo desde hace unos meses. Debe ser muy duro pasar el invierno en la calle... Hoy atesora dos maletas ajadas y una mochila que deja abandonadas cuando se marcha a cualquier sitio. ¿Quién se las va a llevar? Se ha cortado el pelo blanco pero sigue con el rostro tan atezado como en primavera. Le veo beber a buchitos cortos de una litrona caliente, como en primavera. Fuma una marca de tabaco chino, de esas baratas y lee el Viva Cádiz, que es un periódico que se reparte gratuitamente. Y se calienta al sol que asoma por donde estaba la Torre Cimbrelo...

La terraza del 44 acaba llenándose con la fauna vecinal propia de esta franja horaria. Jubilados, desempleados, señoras paseando carritos de bebés, ciudadanas con el carrito de la compra —el mercado está aquí detrás—... por cierto, hay una concentración de parados en la puerta del ayuntamiento. De momento hablan entre ellos y no exhiben pancartas, pero son hombres recios y se les nota el nivel de desesperación.

En la mesa colindante a la de servidor, un jubilado se queja de los partidos políticos. La misma rumana ha pasado dos veces pidiendo una moneda. La gente busca sentarse en las mesas al sol. En invierno el sol proporciona una luz preciosa, con esas sombras alargadas que me regalaban aquellas imágenes en la mesa de mi laboratorio. Desde que no se puede fumar dentro de los edificios, las terrazas echan humo...

El sin-techo se encasqueta un gorro de lana, blanco roto (bastante roto el blanco, diría servidor), pero no de cualquier manera, se lo coloca con cuidado, procurando que el peló le quede recogido... Podrá no tener techo, ni trabajo, tal vez ni siquiera tenga familia; podrá ser un excluido del sistema, pero conserva esa pizca de coquetería. Yo diría que ese detallé le mantiene en el seno de la dignidad.

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13 Feb 2014

Crónicas de un viajero del IMSERSO - Svetlana

Escrito por: Milano el 13 Feb 2014 - URL Permanente

Todos los del IMSERSO vamos a Valldemossa cuando viajamos a Mallorca. Es un bonito camino que atraviesa campos con olivos centenarios, plantaciones de naranjas y limones, y manchones con almendros en flor (esto último, ya se sabe, solo en enero y febrero, que es cuando nos llevan) También viajamos a Valldemossa para probar la coca de patata y las ensaimadas de cabello de ángel acompañadas de un chocolate a la taza. Los del IMSERSO somos así, que nos dejamos llevar por nuestros guías de MundoSenior.

En la plaza de Rubén Darío este viajero entra a pasear y mirar en el taller-galería de Alexander Sorikim, un pintor ruso, retratista con seis años de estudios en una prestigiosa academia de Moscú, que lleva 12 años en España. Y piensa el viajero jubilado que no debe ser un nuevo rico ruso, uno de esos mafiosos que se enriquecieron de la parcelación y venta a precio de saldo del Estado soviético. Más bien debe ser uno de los que se tuvieron que marchar para no morir de inanición tras la implosión de la URSS, en el periodo de conversión en una dictadura capitalista... De esos miles de extraordinarios artistas rusos (músicos de cámara, cantantes de ópera, pintores, bailarines, retratistas...) que vemos ejerciendo su arte por las calles de cualquier capital de la opulenta Europa. Alexander ha debido tener más suerte que muchos de sus conciudadanos y vive de su arte con bastante dignidad en Valldemossa, un coqueto pueblecito de Mallorca.

Su compañera es muy guapa y se llama Svetlana Sherbina. También es pintora, tiene a la venta acuarelas muy interesantes. Va enfundada en un anorak negro con cuello de piel, y unas botas que no desentonarían para nada en la taiga rusa... Es verdad que hace frío en el taller-galería de Alexander pero el viajero piensa que no es para tanto y que, para ser rusa, se pasa un poco.

Saludo al entrar y la chica se me queda mirando a hurtadillas. Lo noto. Luego se acerca y, con un acento muy marcado, me dice que al artista le gustaría hacerme un retrato, y que si no me importa posar para él, que solo serían unos quince minutos.

Bueno, le digo pensando que es una emboscada, pero no te aseguro que después lo compre, porque no están los tiempos... Pero no me deja terminar y aclara que el retrato no estará a la venta, que el artista está realizando una serie de rostros masculinos y femeninos para hacer sendas exposiciones. Bueno, vale, si es así, adelante.

Unos trazos más tarde, Alexander Sorokin, el artista que hace años se exilió de la nueva Rusia, tiene sobre el lienzo una interpretación de mi rostro y de mi alma que encuentro fascinante. Le pregunto que por qué me ha retratado, y dice que Svetlana ha visto fuerza en mi rostro, en la barba, en lo singular de los ojos. Una cara singular y viril, y que si ella lo dice...

...el resto de la jornada el viajero deambula por la isla con el ego por las nubes. Para ser un jubilado del IMSERSO no está nada mal que una chica tan guapa se haya fijado en uno…

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25 Ene 2014

La sorpresa de don Rafael

Escrito por: Milano el 25 Ene 2014 - URL Permanente

Cada día que pasa me parezco más a don Rafael. Lo tengo que reconocer, aunque me pese. En el 36, cuando el Golpe de Estado de Mola y Franco, en un arranque de arrojo, entró en zona roja y rescató a su novia para llevarla de vuelta a zona nacional. En ese momento, el joven Rafael y su familia tenían tierras y privilegios que defender. La elección del bando estaba escrita desde mucho antes del 18 de Julio. En los pueblos del campo cordobés o se era señorito con cortijo y olivos, o vivías de recoger las aceitunas del señorito. Tal vez nadie tuvo elección. Los primeros apoyaron la rebelión contra la República y se hicieron azules, los otros se hicieron rojos porque no tenían nada que salvar y todo por conquistar. Esa viene a ser la historia de los hombres, la lucha de una inmensa mayoría de desarrapados contra los privilegios de cuatro gatos que esclavizan a los primeros. Una y otra vez repetimos el mismo esquema. Le ocurrió a la generación de don Rafael y nos ocurre ahora con la cruzada neoliberal que aplasta los derechos que creíamos haber conquistado para nuestros hijos.

Don Rafael recibió un balazo en julio del 36, cuando entró en Baena a rescatar a su novia, y luego lucho en el frente durante el resto de la guerra civil. Lo hizo de alférez, porque tenía estudios… los rojos difícilmente podían estudiar a pesar de las 7000 escuelas que la República levantó en pocos meses. Y cuando terminó la guerra se hizo policía y ejerció su profesión en una sociedad autoritaria y represora. Fue un policía de calle, curtido en cien batallas callejeras con los delincuentes de la época, que a veces eran pillos casi entrañables, de los que te decían para romper el hielo: “Don Rafael, ¿qué tal su señora?” Y los problemas se solventaban con un par de hostias bien dadas y una amenaza contundente: “Como te vea otra vez por aquí te arranco la cabeza”. Y mano de santo, el delincuente —lo fuese o no lo fuese— se cuidaba muy mucho de volver a aparecer por la zona. Eran tiempos en los que la policía actuaba con total impunidad y nadie osaba levantar ni la voz ni el pensamiento. Ese era don Rafael... consecuencia de su tiempo, como todos y cada uno de nosotros.

Por eso cuando murió Franco y se dieron los primeros pasos hacia la democracia —no entremos ahora en calificarla— se le rompieron los esquemas vitales. Para él significaba el fin de una época, su época. Yo recuerdo el desasosiego y la incredulidad de ese hombre, ya canoso, cuando comprobaba que los valores de su vida ya no servían. ¿Qué estaba pasando con su mundo? ¿Para qué la Victoria? Don Rafael no se resignaba, ni se adaptaba a los tiempos democráticos. Era un animal a punto de extinguirse, de otro mundo...

…exactamente igual que muchos de nosotros cuando vemos que la democracia por la que luchamos es ahora una caricatura; que ha sido deglutida por la cruzada neoliberal y ya no defiende a la gente porque trabaja para otros intereses. Quién me iba a decir que treinta años más tarde entendería a la perfección el desconcierto de don Rafael. Puede que no coincida con sus coordenadas ideológicas, pero entiendo su desvarío emocional. Él y nosotros nos resistimos al devenir de los nuevos tiempos porque los percibimos profundamente injustos.

Sí, creo que cada día que pasa me parezco más a don Rafael. Le entiendo porque cada uno, a su nivel y en su tiempo, luchó por encontrar un paradigma más justo y más humano para nuestros hijos… Y nos traicionaron.

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17 Ene 2014

Los gatos de la Sauceda

Escrito por: Milano el 17 Ene 2014 - URL Permanente

Hay una espesa zona boscosa entre las provincias de Cádiz y Málaga que se llama La Sauceda. Extrañamente apenas queda algún sauce en las riveras del arroyo Pasada Llana, lo que hay son miles de alcornoques y encinas que tapizan las laderas de la Sierra del Aljibe. Y a pesar de estar tan al sur de la península Ibérica, tiene un microclima tan húmedo que parece un bosque gallego.

El nombre le viene de la corrupción de la palabra ‘desahuciados’, puesto que desde los tiempos de Felipe II en esa zona de la Sierra se emboscaron proscritos y prófugos para vivir al margen de las tiranías. La población dispersa llegó a ser tan notable —la gente malvivía allí del carbón vegetal, corcho, madera, caza y de lo poco que daba el monte— que La Sauceda tuvo iglesia desde 1923, plaza pública, molinos de agua y cabañas.

Durante la Guerra Civil española, los que huían de la represión Franquista tras la toma de Jerez y la Janda, se refugiaron y se hicieron fuertes en la zona. Pero, al final, cuando las tropas nacionales abandonaron la Sauceda, dejaron las mayores fosas comunes de España, llenas de republicanos torturados y asesinados, en el Cortijo el Marrufo.

Hoy sólo quedan ruinas… la iglesia, molinos y cabañas. Y un intento tras otro de entregar la naturaleza a empresas privadas para explotar lo que es patrimonio etnográfico de todos…

…y quedan los gatos asilvestrados. Descendientes de la colonia humana que abandonó la Sauceda en los años 60 del siglo pasado. Los Gatos de la Sauceda son gatos muy notables… me lo ha recordado un estudio sobre la adaptación de los perros vagabundos de Moscú al cambio de vida, desde el régimen comunista al capitalista… Parece asombroso lo que son capaces de hacer los perros, pero ya lo hacían los gatos asilvestrados de la Sauceda.

Recuerdo que a mitad de los años 90 del siglo pasado acampamos unos días con unos amigos en una de esas cabañas. Eran cuatro paredes húmedas y un hogar para la lumbre en una esquina, con un tiro de chimenea bastante rústico. Había que portear todo lo necesario para pasar esos días desde la carretera, hasta la cabaña, a unos tres kilómetros montaña arriba. El camino serpenteaba entre alcornoques viejos, atravesaba varias veces el arroyo, dejaba atrás viejos molinos y cabañas totalmente arruinadas. La cara norte de los troncos de los árboles estaba cubierta de musgo, como en Galicia y el suelo era jugoso después de las lluvias.

Y nada más tomar posesión de la cabaña aparecieron los gatos. Eran enormes gatos de movimientos pausados y sinuosos, que se apostaban a distancia prudencial y observaban abiertamente a los intrusos humanos. Uno los vigilaba con cierta prevención… ¿de dónde salían esos gatos tan grandes en mitad de la sierra del Aljibe, sin un núcleo humano cerca? Sin duda eran gatos asilvestrados; descendientes de las mascotas de otro tiempo, que habían sobrevivido en la montaña adaptándose a la situación y ajenos a la presencia de los hombres. Sin embargo, habían aprendido que los humanos que ocupaban las cabañas cada fin de semana eran una fuente de alimentos a poco que actuaran con inteligencia. ¡Y lo consiguen!

Primero se hacían visibles a cierta distancia de la cabaña, y evitaban miradas desafiantes contra el depredador humano. Su actitud suponía un acercamiento paulatino y sumiso. Lomo levantado, cola relajada y ronroneo de ternura. Sobre todo cuando preparábamos la comida se acercaban hasta restregarse con nuestras piernas buscando la caricia y marcarnos para hacernos suyos… hasta que conseguían que les lanzáramos una rodaja de salchichón.

El problema surgía entonces entre ellos. Una rodaja de salchichón y cinco adultos que se peleaban por el botín. Era entonces cuando comprobábamos la ferocidad de esos animales que tan sumisos y cariñosos parecían unos segundos antes… Entre ellos se apañaban, por supuesto. Y el resto de los días, el gato dominante se convertía en la única mascota que vigilaba nuestra cabaña. Sin competencia.

Yo no sé, pero donde se ponga la nobleza de un perro que se quite la doblez de un gato. La verdad…

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El Blog del Milano

Sólo un homo sapiens venido a menos... y acostumbrao. Vive en la Vieja Isla de León (San Fernando), el Sur de España; y recuerda con frecuencia Villajovita, el barrio de su niñez, en Ceuta, allá por el norte de África. Algunas incoherencias, algunas fotos... y me parece que poco más. Así de simple son las cosas.

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