20 May 2013

La ideología como coartada ética

Escrito por: Milano el 20 May 2013 - URL Permanente

Quieras o no, hay conceptos básicos que descubres en la juventud. Son esas ideas que se convierten en peldaños sobre los que apoyar el resto de tus convicciones, las ideas que abren el camino a la comprensión de los hombres y de la historia. En concreto, recuerdo cuándo y dónde leí una definición de ‘ideología’ que me impacto de forma especial. Venía a decir que la ideología es un conjunto de creencias que emana de un grupo humano, que sirve para cohesionarlo, darle entidad y, sobre todo, sirve para justificar los intereses y comportamientos del propio grupo.

O sea: si esto es lo que quiero, aceptemos que es lo correcto y busquemos una justificación que ampare mi comportamiento. Es la coartada ética. ¡Genial!

Siendo así, siempre es posible inventar una ideología a la medida de tus intereses… o a la medida de tus alucinaciones. Siempre. Y encima, si te alías adecuadamente y te ganas la complicidad interesada de los poderosos, funciona como un código de valores que otorga respetabilidad al grupo. Seguramente, esto es la Historia, un exterminio sistemático de otras ideologías para derramar la tuya en el hueco creado, una lucha para imponer intereses, la supremacía de una tribu sobre otra. La Historia entonces no sería más que la búsqueda del poder justificando los actos con cualquier falacia. Seguramente hay poco más…

…se entiende, supongo, que estoy hablando de política, de religión, de manipulación; hablo de cambiar la historia para justificar posiciones que interesa a la clase dominante, o para crear nacionalismos que no existen, o para imponer obediencias a la gente… cosas así. De eso hablo, de reescribir cada momento histórico al dictado del poder de turno.

Por eso voy a transcribir literalmente unos párrafos extraídos del ‘Anuario-Guía Oficial de Marruecos y del África española’ de 1927, en plena dictadura del general Primo de Rivera… para que ningún nacionalista español se extrañe cuando los vecinos utilicen su idea nacional del Gran Marruecos… puesto que aquí, en España, lo hacíamos todavía más gracioso en esos tiempos, que para justificar el pírrico colonialismo español se apoyaron, entre otras, en las tesis africanistas de Gil Benumeya —bienintencionado ensayista, historiador y filósofo que ahondaba en las raíces andalusíes comunes de Andalucía y el Magreb— para declarar que el norte de Marruecos no era más que la Andalucía del sur…

El libro comienza con una declaración de principios inapelable: Marruecos es una parte de Iberia. Siendo Iberia «…el conjunto de los territorios que se extienden a ambos lados del Estrecho de Gibraltar, desde los Pirineos hasta el anti-Atlas…»


Andaluces del sur. Imagen tomada de aquí

Sigue unos párrafos más adelante concretando los límites geográficos de la pretendida Gran Andalucía, parte a su vez de una entidad espiritual superior que llaman iberismo: «El río Guadiana y el rio Sebú encuadran un territorio originalísimo, esencia del iberismo: es Andalucía, dividida geográficamente en cinco zonas. 1ª La de las tierras altas mariánicas y premariánicas. 2ª El valle del Guadalquivir. 3ª El valle del Segura y todas las tierras de Alicante, hasta cerca de Cullera. 4ª La Penibética superior, al norte del Estrecho. 5ª La Penibética inferior, al sur del Estrecho, con un pequeño anejo atlántico hasta el Jolot inclusive. Tierras con el mismo clima, paisaje, productos y raza humana…»

Y una vez delimitada geográficamente esa nueva Andalucía, los ideólogos apelan a la identidad cultural para definir un objetivo máximo: La unión absoluta de toda Iberia: «…la fraternidad y unión cultural entre ambas orillas andaluzas puede ser la base de nuestra influencia y garantía segura de todo porvenir. Con ella puede llegarse acaso a la unión absoluta de toda Iberia como máxima aspiración…»

Pero lo genial viene ahora, cuando dicen que los canarios no son más que ‘andaluces tropicales’ y, por tanto, hay que incluirlos en esa Gran Andalucía: «…la incorporación a este grupo andaluz (los de ambos lados del estrecho), vanguardia del hispanismo mundial, del pueblo canario, andaluz de espíritu y tendencia, de habla y poder de emoción: andaluz tropical que formaría el círculo mágico de nuestra cultura en las puertas del continente misterioso.»

Esto era en tiempos de Primo de Rivera. Franco hizo lo mismo… lo sé porque yo estudié en esos textos nacional-católicos. Musolini y Hitler harían lo propio. Y los serbios con la Gran Serbia. Todas las naciones (cuando había naciones) diseñaron su historia a medida… si es que esto es de risa.

Y cuando la ideología, ese sistema de creencias diseñado a medida, impregna el sistema educativo… apaga y vámonos.

Para saber más del pensamiento de Rodolfo Gil Benumeya véase “La mirada del otro: la visión del africanismo español (el Gil Benumeya de los años 20)”, de Mª Dolores López Enamorado, Universidad de Sevilla

Las citas están extraídas del “Anuario-Guía Oficial de Marruecos y del África española”, declarado de utilidad para el ejército por R.O. de 31 de diciembre de 1927, y con comentarios elogiosos del presidente del Consejo de Ministros, General don Miguel Primo de Rivera; de don Niceto Alcalá Zamora, don Jacinto Benavente y demás mentes preclaras del momento.

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17 May 2013

Tenían el dedo amarillento

Escrito por: Milano el 17 May 2013 - URL Permanente

En aquel tiempo había muchos hombres que tenían el dedo índice amarillento, impregnado en nicotina. La piel parecía pergamino porque sostenían el cigarrillo entre el corazón y el índice, y el humo los lamía continuamente. Recuerdo muy bien a don Francisco, mi maestro, pensativo entre castigo y castigo, con el humo denso envolviendo el dedo índice y formando las volutas más arriba. Fumaba mucho mi maestro… y tosía lo suyo también. Era un tabaco de liar áspero, de posguerra española, y los liaba con mucho oficio y mucho gusto. Mi tía Isabel, que vivía pegaba a las murallas merinidas, echaba a mi tío Asensio de casa para que fumara en la acera de enfrente porque no soportaba el humo de ese tabaco tan recio… A mí, a veces me gustaba, otras no. Y no sé por qué ocurría así.

En aquel tiempo de posguerra tardía, los bigotes también terminaban con ese color dorado de nicótica, y ocurría así a fuer de recibir el humo de una colilla abandonada en la comisura de los labios. Entonces había muchos hombres con una colilla eterna prendida en los labios, y era común que los pedigüeños te rogaran ‘la pava’ del cigarrillo… Algunos pasaban una ‘pava’ generosa, que venía a ser una colilla tercio del cigarrillo. Los menos generosos la apuraban hasta que apenas se podía entregar sin quemarse los dedos. La verdad es que seguimos siendo más o menos generosos, pero ya no se demuestra así.

Mi padre nunca fumó, y mi tío Chico construyó una máquina que liaba cigarrillos dándole a una manivela. Parecía una fábrica en miniatura… el tabaco en un sitio, el papel en otro y listo, cigarrillo liado, con filtro y todo. Mi tío inventaba cosas y las construía. ¡Qué buen ingeniero habría sido si hubiera tenido la oportunidad de estudiar! Pero no eran tiempos de estudios para los huérfanos de la guerra, eran tiempos de buscarse la vida cuanto antes…

Sí… recuerdo que entonces, “cuando el tiempo andaba en pantalones cortos”, las esquinas olían a meado y los portales a coles. Los bares a vino y adobo, y los parroquianos escupían en el suelo sin disimulo. Y había muchos borrachos por las calles, tantos como perros vagabundos y famélicos que los laceros recogían y desaparecían sin piedad…

Uno pensaba —¡qué iluso!— que la línea de la historia siempre progresaba en la buena dirección, y que para nuestros hijos estas iban a ser historias nostálgicas. No contaba uno con la pereza cómplice de casi todos nosotros, con la avaricia humana, con la codicia de los poderosos. Se nos olvida que esta gente jamás regala nada y que su tarea consiste en mantenernos sometidos a sus privilegios.

Nuestros hijos tendrán que volver a pelear sus propias conquistas… Les ha llegado la hora.

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14 May 2013

Crónicas de jubilación: Paredes viejas

Escrito por: Milano el 14 May 2013 - URL Permanente

Un folio pegado en la pared busca noticias positivas. Explica el papel que ya hay demasiadas negativas, y propone que llamemos a un teléfono para contar nuestra noticia positiva…

Al jubilado le agrada la idea, y también le gusta que no queden números para arrancar, especialmente hoy, que se ha levantado ofuscado y sin planes, con la cabeza puesta en nubes hostiles. Pasa a veces, y por eso sale a buscar espacios abiertos en los que disipar no_sabe_qué. Por eso encuentra esperanzador que alguien busque noticias positivas y que haya gente interesada en seguir la idea. Sí…

Sale el jubilado a buscar paredes viejas por la parte más ajada de la ciudad. No sabe bien por qué le atraen las paredes descarnadas… será porque es fascinante imaginar quien, cómo y cuándo las levantaron. Imaginar sus tiempos de esplendor, recién encaladas y alegres. Sí, al jubilado le gusta imaginar qué desdichas podríamos contar si las piedras lloraran… porque a veces las paredes viejas parecen rostros fruncidos de tristeza. No sé...

En la calle Bravo, una señora teñida de pelirrojo cuenta a gritos a su compañero no sé qué cosa sobre la farmacéutica. A mi cirujano ocular le pasa lo mismo, que no sabe hablar bajito, conteniendo la voz… hay personas que no saben susurrar y no me las imagino hablando de amor. Porque de amor y de sentimientos sólo se puede hablar en susurros.

Hay un barrendero en la calle Bravo vestido de verde fosforito. Tiene el hombre una melena negra y engominada, un notable mostacho color nicotina y una barba larga y blanca… Es una estampa rara para un barrendero, la verdad. El hombre barre con diligencia las aceras calle abajo, alejándose de las Siete Revueltas. Cuando el jubilado era jovencito ser barrendero era el trabajo más desprestigiado que se podían tener. Hoy, sin embargo, los poderosos nos están convenciendo de que tener trabajo es un privilegio. Pero es mentira, tener trabajo no es un privilegio, es un derecho… No deberíamos olvidarlo. No deberíamos dejarnos convencer.

Hay una historia de amor en la tapia trasera de un colegio de monjas… Imagino a la pequeña leyendo por primera vez esta declaración de amor. Seguro que el mundo se le puso a dar vueltas. El jubilado lanza la foto desde un paso de cebras, y una conductora tiene la deferencia de esperar pacientemente hasta que termina. Hay gente buena… la saludo agradecido y me sonríe. Debe tener unos cuarenta y cinco años. Me gusta que se haya esperado y le gustó a ella que le devolviera una sonrisa cómplice.

Y el bienestar de esa sonrisa me dura un buen rato…

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09 May 2013

Las salamanquesas cazaban mosquitos en el lienzo de la pantalla

Escrito por: Milano el 09 May 2013 - URL Permanente

Hubo un tiempo en el que teníamos pocos años y vivíamos en un pueblo de casas blancas ribeteadas de ocre. La calle Real era un hervidero de gente y cuando llegaba el buen tiempo abrían los cines de verano para que las salamanquesas cazaran mosquitos en el lienzo de la pantalla, cerca de la buganvilla que crecía a la derecha. Olía a dama de noche y, a ratos, cuando las ráfagas eran de poniente, a mar.

Las salamanquesas tenían los deditos abiertos, así, como un niño cuando cumple cinco años. Y unos ojos redondos y saltones… Lucía no tenía los ojos saltones. Los de Lucía eran soñadores, un poco entrecerrados y sonreían cada vez que me miraba. No su cara, sonreían sus ojos. Los de Lucía no eran ojos de salamanquesa precisamente, eran los más bonitos que había visto en mi vida.

La salamanquesa se quedaba allí, en el lienzo de la pantalla de verano, cazando mosquitos mientras Robín de los Bosques le robaba los impuestos al malvado sheriff de Nottingham. Ni se inmutó el día que el fraile Tuck descargó un bastonazo justo donde estaba el bicho… a la salamanquesa no le interesaba la peli, sólo cazaba mosquitos. Y eso era bueno. Por encima de esa salamanquesa pasaron los carros de Ben-Hur, y Jhon Wayne mató a cientos de indios sin el mínimo remordimiento… pero ella –la salamanquesa, digo- siempre iba a lo suyo, a cazar mosquitos. Me gustaba a mí ese bicho y cada vez que entraba en el cine la buscaba en el lienzo blanco, cerca de la buganvilla, antes de que empezara la peli. Y a veces tenía que hacer un esfuerzo para seguir el hilo de la aventura porque era emocionante ver la carrerita del reptil cada vez que pillada un mosquito. Es uno de los símbolos de mi niñez… supongo que hay cosas peores.

Me han dicho que estuve viendo Los Hijos del Capitán Grant en ese cine de verano, pero yo no me acuerdo porque esa noche Lucía se sentó a mi lado… y lo llenó todo. Por no ver no vi ni las andanzas de la salamanquesa. Esas cosas se saben, y supimos los dos que las mismas mariposas revoloteaban por la barriga… Lucía era la niña más bonita que podía existir. Iba un poco despeinada, con una coleta baja, apenas una excusa para recogerse el pelo. Hablamos muy poco porque no había mucho que decir… para hablar, ya lo hacían las mariposa por nosotros. Su rodilla estuvo a menos de un centímetro de la mía, pero no llegamos a tocarnos. No hizo falta… me llegaba su calor y lo recuerdo como la cosa más viva que he sentido. No sé si alguien lo podrá entender, pero todo el universo estuvo concentrado en el pequeño espacio que había entre Lucía y yo. Ni siquiera el Capitán Trueno y la princesa Sigrid podrían haber sentido lo que nosotros la noche que pusieron Los Hijos del Capitán Grant.

Pocos días después su familia se marchó lejos de ese pueblo de casas blancas ribeteadas de ocre, y no volvimos a vernos. Ni siquiera pudimos decirnos adiós. Nada. No escuchamos de nuevo la conversación de mariposas en la barriga, mientras la salamanquesa cazaba mosquitos en el lienzo de la pantalla. No volvió a estallar un nuevo Big Bang entre nuestras rodillas… Sí, Lucía desapareció de golpe, y desde entonces las calles de pueblo y el cine de verano resultaron un lugar insulso.

Y al cabo de los años, casi sin quererlo, supe que Lucía murió joven, con apenas cuarenta y uno. Me habría gustado verla otra vez, y sonreír con sus ojos risueños, y decirle que el mundo fue un lugar insulso desde que se fue. Quisiera haber tenido ocasión de querer otra vez a la niña que eligió sentarse junto a mí el día que pusieron Los Hijos del Capitán Grant…

¿Me cuentas la peli? — Le habría dicho —. ¡Me lo debes!

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05 May 2013

Cuando se marchan, obligados por estos miserables

Escrito por: Milano el 05 May 2013 - URL Permanente

Hoy he dedicado un libro a mi segundo hijo. Le he dejado dicho en la solapa, más o menos, que escribir un libro o plantar un árbol no han sido tareas demasiado complicadas, que lo realmente importante era tenerle a él. Cerca o lejos, la distancia física no es lo más importante, lo que importa es mantenerlo pillado, aquí, en el corazón.

Pero mis hijos tendrán que marcharse lejos, igual que muchos jóvenes. Esta mierda de país los desecha con tal de cumplir con los deberes que mandan los mongo-liberales… esos que insisten en desmembrar el Estado y en dejar a la gente al albur de los mercados y dicen, mientras tanto, que vendrán tiempos mejores… ¿mejores para quién, so borrico?

Y cuando los hijos se marchan al otro lado del océano, obligados por estos miserables, el mundo se nos hace excesivamente grande, y los peligros afloran en cada pensamiento por mucho que apliquemos razón en las cosas.

La imagen es un atardecer sobre el río Arillo, San Fernando

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22 Abr 2013

La música del hombre muerto, el castro celta y Alange

Escrito por: Milano el 22 Abr 2013 - URL Permanente

La música del hombre muerto suena fresca mientras conduzco con el carnet caducado. Desaparece el hombre, pero permanece su voz nasal y los sonidos que ha construido con su guitarra. No es un cantor de prodigiosa voz. No, no es eso. Simplemente es la música póstuma de George Harrison… y me gusta conducir con ella a buen volumen.

A mediados de Abril el campo está verde y tapizado de flores. En Sevilla ya hace calor... pero la temperatura va bajando conforme nos acercamos a la Sierra de Huelva, tirando ya para Extremadura, la tierra donde los castúos —gente noble donde la haya— tienen migajón en lugar de alma. En Higuera de la Sierra hay un bar que ponen “Gambé planché” (sic)... será que tienen muy a gala haber vivido en la Francia (muy mal aprovechado, por cierto). Más arriba, en Higuera la Real, hay un Castro Celta que llaman Castrejón de Capote... Castrejón porque hay un risco de piedras que lo preside todo, y Capote porque uno de los dueños del lugar se llamaba así.

Interior del chozo de las runas celtas

Se dieron cuenta porque al maestro del pueblo (don Aurelio Salguerón) le fueron a decir que había una piedra con extrañas letras en el dintel de un chozo abandonado... Y resulto ser una piedra con signos tartésicos recogida in situ y reutilizada. La documentación que acopió el maestro y la publicación posterior del artículo propiciaron los sondeos arqueológicos hasta dar con una ciudad amurallada, jalonada de torreones defensivos, calles, casas y talleres… ¡la ciudad perdida de los celtas en la Beturia!, que acabaron siendo conquistados por los romanos a finales del siglo II antes de nuestra era. ¡Sorprendente: una ciudad extraordinaria y no existe en la carretera ni una sola señal que indique su presencia!

Pese a todo, lo que son las cosas, coincidimos en el castro con un grupo familiar estupendo… La señora guapa, de pelo blanco y piel extraordinaria, tenía 79 años y acababa de recuperarse de un ictus y una operación de carótida para mejorar la circulación, y estaba la mar de bien la señora. Fue la que me dijo que los tallos de hinojo se comían, que cuando eran niñas lo hacían en el pueblo; y el marido, como me vio coger un tallo demasiado leñoso, me dijo que ese no, que era mejor este otro. Y me estuvo recolectando tallos blandos de hinojo buena parte del recorrido. Por la noche todavía se me repetían… pero no me importó. Tomé nota para enseñárselo a mi nieta. Luego nos regalaron todos los espárragos que fueron encontrando y un manojo enorme de hojas de achicoria para la ensalada. El campo que rodea el Castro Celta es muy pródigo, ya lo creo. El marido de la señora de 79 años también me enseñó a hacer una especie de trompetas con las vainas de avena y hablamos de las cosas que hacíamos de pequeños en nuestros pueblos, él en Alange (creo) y yo en Ceuta… Buen rato pasamos, sí señor, mientras el arqueólogo que guiaba la visita contaba las cosas propias de estas ocasiones.

La señora guapa de 79 años y su marido iban con sus dos hijas, una morena de pelo rizado y otra rubia de pelo lacio, ambas muy guapas. La hija de la morena era una mocita muy mona, como de 14 años y voz muy dulce, que hacía fotos con su cámara. Nos fotografiamos mutuamente dentro del chozo donde se encontró la piedra con runas celtas. La otra hija de la señora de 79 años, la rubia, es la bibliotecaria (por cierto, un centro con actitudes muy novedosas) de la Biblioteca Pública de Alange, un pueblo precioso cercano a Mérida, que tiene unas termas romanas que son Patrimonio de la Humanidad… La bibliotecaria rubia está casada con el arqueólogo calvo que nos acompañaba, que no debemos confundirlo con el arqueólogo que guiaba nuestra visita. Y entre ambos fuimos entendiendo todo el entorno y dando forma a los vestigios… la rubia y el arqueólogo calvo eran padres de una jovencita, como de 10 años, que dejó escrito en el libro de visitas que cuando ella fuera arqueóloga vendría a este castro a seguir las excavaciones. Me hizo mucha gracia y la despeiné cuando pasé a su lado…

La madre del arqueólogo calvo, que era consuegra de la señora de 79 años, era una etnógrafa espontanea porque, a lo largo de su vida, había ido coleccionando vasijas de cerámica, herramientas y utensilios antiguos que ya no tenían uso. Debe ser una colección estupenda (…por cierto, estamos invitados a verla y a tomar café en su casa) Había en el grupo otra señora, coetánea de las consuegras, y otro joven con los que anduvimos hablando un rato, pero no logré ubicarlos en el clan familiar.

Desde luego Alange tiene un precioso patrimonio histórico… pero también una familia la mar de simpática, culta, que organiza una visita a un castro celta y demuestra una curiosidad envidiable. Va a ser verdad lo del migajón de los castúos, y, sobre todo, va a ser verdad que hay mucha más gente buena que mala.

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10 Abr 2013

Río Tinto: Las cicatrices de la tierra

Escrito por: Milano el 10 Abr 2013 - URL Permanente

Dicen que el río Tinto es así porque lleva disueltas sales férricas… pero yo creo que es la sangre de miles de trabajadores esclavos que dejaron su salud en esa comarca desde la prehistoria hasta 1957. Dicen que ese año dejó de ser rentable la extracción de cobre, y sólo por eso los explotadores abandonaron la tierra dejando unas cicatrices visibles desde el cielo, y un río que aún chorrea sangre…

La historia es esa. Lo que pasa hoy no es nuevo. Siempre ha sido así cuando se deja al capitalismo campar a sus anchas. Si el negocio es rentable no importa la agresión al planeta, ni la salud de la gente, ni su dignidad, ni la razón de los oprimidos que reivindican mejoras. Sólo importan los beneficios económicos. ¡Puta mierda!

Las “teleras” lanzaban al aire 500 Tm diarias de gases tóxicos

En el último tercio del siglo XIX, los ingleses, propietarios de las minas, extraían el cobre calcinando el mineral al aire libre. Colocaban toneladas de mineral sobre un entramado de ramaje formando montones que llamaban “teleras” —recuerdan a las carboneras de los bosques del norte—. Prendían fuego y la combustión lenta desprendía al ambiente cantidades enormes de anhídrido sulfuroso. Luego lavaban el resto con las aguas ácidas del río y por último precipitaban la cascarilla de cobre puro sobre ladrillos de hierro. Este sistema ya estaba prohibido en Portugal y, por supuesto, en Inglaterra… pero a las autoridades españolas no parecía importarles las consecuencias.

El desprendimiento de gases sulfurosos que resultaba de esta operación llegó a ser de magnitudes impensables, lanzando al aire las teleras (que debían arder ininterrumpidamente de 6 a 12 meses al año) hasta 500 Tm. de gases tóxicos diariamente.” (Fuente: Mª Dolores Ferrero Blanco / LOS CONFLICTOS DE FEBRERO DE 1888 EN RIOTINTO. DISTINTAS VERSIONES DE LOS HECHOS )

La acción antrópica dejó montañas de escorias y cicatrices inmensas en la tierra.

Los nativos de la comarca llamaron “manta” a la nube tóxica que se formaba en tiempos de calma atmosférica. Durante esos periodos no se podía trabajar, la gente se encerraba en sus casas y los que podían se marchaban a otros lugares. Por supuesto, en la lógica del explotador (en el último tercio del XIX, eran capitalistas ingleses con la connivencia total de las autoridades españolas): si no se trabajaba, no se cobraba. Pero no sólo eso, la nube tóxica persistente arruinó la agricultura de toda la zona, que era la base económica de la comarca.

Los propietarios de las minas contrataban a niños menores de 14 años (en jornada de 12 horas) para hacer el trabajo de un adulto por la mitad del salario. Era legal. Cada trabajador que asistía al médico de la empresa tenía que abonar una peseta. Pagaban parte de los salarios en bonos que los trabajadores canjeaban por comida en los economatos de la propia compañía inglesa. Esto llevó a la ruina a los pequeños negocios de la comarca minera. Trabajar en las minas inglesas de Río Tinto, a pesar de la explotación, acabo siendo a única posibilidad de subsistir.

Las reivindicaciones para mejorar las condiciones laborales no fueron atendidas ni por ingleses ni por españoles, y acabó el 4 de Febrero de 1888. Ese día, la Guardia Civil y el Regimiento Pavía acabaron a tiros con la protesta pacífica de 14.000 trabajadores.

La historia se repite milimétricamente (precisamente acaba de morir Margaret Thatcher, que en esto de reprimir mineros a sangre y fuego sabía mucho) No se puede dejar que el capitalismo dirija la vida de la gente. Hoy los propios capitalistas y sus secuaces se cuidan muy mucho de citar la palabra maldita: “capitalismo”. Hoy la camuflan bajo la engañifa de “sociedad de libre mercado” o “democracia liberal”… pero la realidad es la misma: un río de sangre.

Si quieres saber más:
“1988. El año de los tiros” / Libro en PDF
Maximiliano Tornet. Líder minero

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03 Abr 2013

Sin confianza no se puede vivir

Escrito por: Milano el 03 Abr 2013 - URL Permanente

Dice el mecánico que eso va a ser de la transmisión, que tiene holgura en la rueda derecha… Bueno, pues será. Me puede decir lo que quiera pero no me importa demasiado porque le tengo confianza. Y eso es muy bueno, tranquiliza. Y también es bueno confiar en el fontanero, y en el médico y en el dentista; pero sobre todos, deberíamos tener confianza en nuestros políticos, esos personajes que elegíamos con nuestros votos.

“Sin confianza no se puede vivir”, lo escribía mi abuelo —en teniente López— que murió en el 37, en la batalla de Brunete. Él no confiaba en la República y se alzó en armas contra ella. Yo hoy no confío en que este sistema devuelva el poder a la gente… —hablo de este sistema como una democracia falsa; que mantiene la forma pero que está sometida al poder financiero—.

Por eso sería estupendo volver a tener confianza en mis políticos, porque sin confianza no se puede reconstruir el país. En este sentido, no se me va de la cabeza lo que decía hace dos días un contertulio de la radio local, decía, con mesura y buena intención, que habría que dar tiempo al gobierno, que era prematuro condenar su política y que habría que esperar a que acabe la legislatura para ver qué consigue… Si esta opinión se generaliza es que tenemos una democracia fallida desde la raíz.

¿Por qué digo esto?

© La imagen, la letra y la idea es de Carlos Bernal L.

Lo digo porque los partidos reciben votos para que ejecuten el programa de gobierno que han explicado: El que presentan públicamente antes de las elecciones. Los diez millones de personas que votaron al Partido Popular en 2010 —quieran ellos o no— están apoyando ESE programa electoral de gobierno, y no otro. No votamos a dictadores para que ejecuten programas ocultos o gobiernen a golpe de decretos… Si Zapatero o Rajoy traicionan la voluntad popular (como lo han hecho) y no pueden ejecutar sus programas de gobierno por las presiones externas —o por situaciones sobrevenidas— DEBEN DIMITIR y proponer nuevas elecciones con programas que se ajusten a los nuevos planteamientos, sin mentiras para captar votos ingenuos. Y nosotros decidiremos, no ellos, porque no son quiénes para tomarse la voluntad de la gente a la ligera. Si Partido Popular y Partido Socialista gobiernan a espaldas de los votos que recibieron no tienen suelo en el que apoyarse y convierten la democracia en una parodia criminal.

Pues eso, que no se me va de la cabeza la opinión de aquel contertulio. Si en este tiempo no hemos conseguido formar ciudadanos críticos, difícil va a ser construir una democracia real.

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01 Abr 2013

Crónicas de jubilación: De recados por la Isla

Escrito por: Milano el 01 Abr 2013 - URL Permanente

Debe ser poniente, pero el viento se encaja entre las callejuelas y me llega que parece del norte. No sólo por la dirección, también por lo fresco… Me revuelve los pelos y deja mis orejas al viento. Siempre me ha gustado recibir el viento en las orejas, la verdad. Mi padre solía decir –señalando nuestros notables apéndices- que éramos gente de buena casta. Lo decía en broma, pero yo sufrí mucho de pequeño con ese asunto… que los niños con las orejas grandotas somos una diana fácil para los demás. No sé… por lo menos me quedan pelos y eso amortigua la dimensión de las orejas, incluso hoy día.

Hay una tertulia en la radio local. Son contertulios de la calle, gente de a pie que me cae bien. Dan vueltas y vueltas sobre los síntomas visibles de la crisis… pero no acaban de identificar al enemigo. Me frustra un poco porque uno de ellos dice que habría que esperar los cuatro años a ver si el gobierno consigue mejorar las cosas… Todavía no se ha enterado que esta crisis no es una cuestión de partidos. ¡Madre mía, este hombre vive en las nubes! Pero, mira, al menos debaten en libertad…

La tarjeta de débito no sirve para sacar dinero en el cajero. ¡Escalofrío! No veas lo que tiene que ser haber sido estafado con las preferentes y quedarte sin los ahorros de toda una vida. Pues así, miles de engañados. Me guardo la tarjeta. Al fin y al cabo, para un café tengo… y como es lunes, no hay churros. Eso que me ahorro.

Están desmontando los palcos de Semana Santa… por lo menos estos trabajadores están en lo suyo, trabajando. Me encantaría preguntarles cuántas horas trabajan, cuánto cobran, hasta cuándo van a trabajar y cuál será el finiquito y el paro… Pero no lo hago.

No me lo puedo creer, mi farmacéutica dice que no hay Vivotif (la vacuna contra el tifus) en toda España. ¿Y ahora qué hago? No es para servidor, es para una de las víctimas de la crisis que han generado los mongo-liberales que nos gobiernan. El joven científico se tiene que ir de su patria. Se va a Costa Rica a cuidar tortugas marinas… Ojala no pille el tifus. Porque como lo pille y le pase algo malo por culpa de que en España no hay Vivotif, saco el kalashnikov del armario y mato algo o alguien, me da igual.

Nos estamos quedando sin jóvenes. Esa es la verdadera catástrofe.

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24 Mar 2013

El tiempo le quita aristas al recuerdo

Escrito por: Milano el 24 Mar 2013 - URL Permanente

El tiempo le quita aristas al recuerdo y nos lo deja amable. A todos nos pasa. Pero a veces no puedo ni quiero entender la nostalgia de algunos…

Ceuta. En la fachada de la catedral colocaron una enorme cruz de piedra y un Águila Imperial. Conmemoraba sólo a los Caídos por Dios y por España. No eran todos los muertos que produjo la guerra. El monumento sólo recordaba a los de un bando. Así ocurría en todos los pueblos de España aunque sus cunetas estuviesen llenas de cadáveres maniatados y asesinados sin juicio. Los vencedores de las guerras civiles gestionan así sus victorias. Nosotros no fuimos menos.

He visto la foto en facebook. Conozco muy bien el lugar porque he estado allí a finales de los años 60, vestido con camisa azul y boina roja, firme el ademán, escuchando las diatribas de algún preboste fascista… Pero no recuerdo esto con amabilidad sino con un enorme desasosiego.

Es verdad. Será lo que sea, pero esta foto es parte de la historia. Pero es una historia triste. Dice mi paisano que nuestra guerra fue una guerra entre hermanos, que todos perdieron y que nadie ganó. Y tiene razón. Pero yo hablo de la posguerra. La Cruz de los Caídos es la imagen de una posguerra plagada de maestros tragando aceite de ricino y aceite de coche. Lo que me horroriza es que se sienta nostalgia de ese tiempo profundamente injusto, ciego y vengativo. Un tiempo que no debería volver.

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Sobre este blog

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El Blog del Milano

Sólo un homo sapiens venido a menos... y acostumbrao. Vive en la Vieja Isla de León (San Fernando), el Sur de España; y recuerda con frecuencia Villajovita, el barrio de su niñez, en Ceuta, allá por el norte de África. Algunas incoherencias, algunas fotos... y me parece que poco más. Así de simple son las cosas.

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