05 Oct 2008

Fantasmas

Escrito por: Minea el 05 Oct 2008 - URL Permanente


Era bien entrada la noche cuando me senté a contemplar el misterio de la vida y pasé muchas horas preguntando, preguntando como se le pregunta a algo que no existe: ¿Qué es la vida?.

Y me invadió una tristeza, una gran tristeza fría y pasé mucho tiempo, mucho tiempo, minutos, horas, días con pena, con lágrimas, desde que me senté a preguntar y no hallé respuesta.

A veces una sonrisa, a veces el invierno. Y siempre anhelando un futuro, lento y gris, diminuto. Y la risa indiferente. Y no escuché a quien me respondía ni a quien me miraba como el primer enamorado para saber si mi alma estaba en consonancia.

Así me pregunté, me pregunto aún como le preguntaba a dios en la adolescencia, entre fiebres y delirios, cual es el secreto de la vida, qué busca, qué desea, para qué vive. Y administré cientos de palabras perdiéndome en la búsqueda, en el deseo de la vida misma.

Y vagué. Vagué por el mundo sin comprender aún del todo las riberas y las crecidas de los ríos ni el fin de las noches inmersas en mi insomnio. Y avancé por las grandes llanuras y tuve una sensación inmensa y amenazadora al cegarme el sol los ojos y dificultarme el camino entre la tierra.

Yo no sabía que mi mar tendría tantas tempestades ni que se iba a alzar con olas tan grandes. Con un tremendo esfuerzo comprendí que no era sólo mi corazón el que bullía sino todos esos corazones que se desmoronan, ascienden o emergen como árboles gigantes.

No sé quien soy pero sé quienes son ellos, los fantasmas que nos besan como mañanas de enero y los internos enemigos, los que traen y llevan el fluido de la sangre verde y amarilla, los que te ofrecen un sueño nocturno al borde del precipicio.

Y despierto estremecida, miro a mi alrededor y no veo nada y empaño con mi llanto los cristales. Soy pequeña y débil. Tiemblo ante las ciudades y ante las voces. Y me pregunto, sigo preguntándome cómo llenar mi jardín de flores.

Minea

02 Oct 2008

Compasión

Escrito por: Minea el 02 Oct 2008 - URL Permanente

Cierra, cierra los ojos

Y olvida, olvida los colores

La luz, su sensación.

Piensa, piensa las manos

Y acaricia, acaricia los roces

La piel, su emoción.

Siente, siente los pequeños dardos

Y recoge, recoge los amores

La sangre, su calor.

Y huye, huye de la vida

Corre, corre por los montes

Y pide, pide compasión.

Minea

01 Oct 2008

Octubre

Escrito por: Minea el 01 Oct 2008 - URL Permanente

Siempre que viene Octubre pienso que me gustaría ser pájaro para volar a los países donde hace calor o convertirme en oso para invernar calentito en una guarida. Los cambios de estaciones nunca los he llevado con alegría pero una vez que voy entrando en el nuevo clima me voy asentando en su belleza.

Septiembre ha quedado atrás, con sus rayos de sol y sus días aún de verano. La luz del día ya no es tanta y no hace calor. Y es que, ya va entrando el otoño y sus colores: los ocres y marrones de la tierra mojada, el amarillo y el verde de las hojas que van cayendo y que, como si fueran un manto dorado, adornan los caminos. La lluvia y el viento no han hecho presencia todavía pero no tardarán mucho en aparecer y con ellos las bufandas y los guantes y los abrigos, negros o blancos de invierno. Aún no hace frío y las ramas de los árboles tienden al cielo como si acaso pudieran alcanzarlo y buscaran las últimas caricias de sol.

En octubre, la atmósfera es cautivadora, divina, un poco eterna. Y trae con ella sensibilidad y nubes que cambian de color. Buscaré en este mes la fuente del agua milagrosa que manaba en la roca y la existencia de las encantadas en algún lugar del bosque. Y con el aire y la esencia del otoño, vuelvo a ocuparme del blog.


Besos a todos.


Minea.

06 Sep 2008

8- Ed y las lecturas de infancia

Escrito por: Minea el 06 Sep 2008 - URL Permanente

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Había un gatito que se llamaba Pumby y suponía, para la niña Ed una sana e imaginativa distracción. Pumby viajaba a rincones insospechados y fantásticos e incluso estuvo en Jauja y en El país de la suerte.

- Ah- qué suerte- pensaba ella- en su inocente pensamiento. Quién pudiera visitar estos países si de verdad existieran… Y cuando Pumby pasó a ser un super-héroe ese pensamiento se la incrementó más todavía.

Leía todo lo que caía en sus manos. Personajes antiguos para ella, que, andaban perdidos por el desván de la casa del pueblo y en las tardes de calor inmenso se entretenía en rescatar de las estanterias al Guerrero del antífaz, olvidado ya casi en el tiempo, Din Dan, el Tele Color (donde por primera vez leyó sobre Huckelberry convertido en un perrito de color azul), el Tío Vivo y algunos ejemplares raros de Florita, Mary Noticias o Susana, colecciones y revistas dirigidas a las muchachas jóvenes en la época franquista.

Más tarde verían la luz las revistas de Lily y de Esther, pero, a decir verdad, Ed nunca las hizo mucho caso. Igual que a Tintín… al que ella en su inocencia llamaba Tontón por que nunca le gustó demasiado.

Entre el polvo del olvido y el silencio de aquel cuarto vivían en tomos olvidados Super-Ratón, Porky, Tarzán, el Llanero solitario, Tom y Jerry, El Conejo de la Suerte, y algo así como Aventura Bonanza y Rin-Tin-Tín, algunas aventuras de Bengala y de La Pantera Negra. Y de Kas-Thor, el Vikingo. Y el Sargento Furia también estaba por esos rincones con El Caballero Blanco.

Le gustaba tanto leer que incluso sacrificaba la calle para correr aventuras con personajes imaginarios. Y compaginaba estos personajes ya antiguos para ella con los actuales de su época, Zipi y Zape, Mortadelo y Filemón, la Srta. Petra, Daniel, el Travieso, Carpanta, Pepe Gotera y Otilio, 13 Rue del Percebe, Rompetechos, Doña Urraca, Las Hermanas Gilda, El Botones Sacarino y como no, los personajes de Disney, dibujados en su mayoría por Hanna Barbera: el Pato Donald, sus sobrinos, su eterna novia Daysi, el Tío Gilito y su sonada tacañería… Micky y Minnie y Goofy. Pluto, Lobito y su feroz papá, Don Gato, Los Picapiedra, etc.

¿Y cómo entre tantas lecturas Ed no iba a leer los Cuentos de Hadas? Cuentos de hadas que enseñaban una realidad que en la realidad no existe, por eso se llamaban y se llaman cuentos. Ed aún recuerda a la Reina Silencio, a Los magos y a Los diablos burlados, a Los sueños de fantasía, a La mendiga que se convirtió en princesa, a La campana de la iglesia, El castillo del miedo y recuerda las fábulas de Esopo, de Fedro, la Fontaine y Samaniego: La mujer fea y La zorra rabicorta, El pájaro y el mar, la Lámpara y El joven y la golondrina, por poner un ejemplo. Y las ilustraciones de María Pascual y Antonio Ayné que no pocas veces dibujaban los cuentos de Andersen.

A Marvel no lo leería hasta la adolescencia y más tarde comenzaría con lecturas más serias. Primero para adolescentes y después para adultos. Así desde El señor de los anillos hasta Guerra y Paz, pasando por innumerables obras de toda época, género y autores de cualquier lugar del mundo, y se iba deteniendo en cada una de las frases, de los párrafos, saboreando las palabras, los mundos imaginarios o reales y los sentimientos expresados.

- Al fin y al cabo, también se aprende a vivir con los libros, desde que somos pequeños, – decía Ed en una conversación que tuve con ella no hace muchos días.

Y todo nace y todo muere en las palabras, pero, si las palabras quedan escritas, el tiempo no escapa hacia lo infinito y los nombres no se borran de los corazones y nada queda ido.


Minea.

18 Ago 2008

7- Ed y el buceador

Escrito por: Minea el 18 Ago 2008 - URL Permanente

Ed salió de viaje con una pareja amiga suya. Durante todo el camino ellos se encargaron de decirle que allí estaba José, un chico bien parecido, de su edad, y bien situado. Estaban demasiado preocupados por su soltería y las horas de camino se le hicieron eternas escuchando lo joven y lo bonita que era y las posibilidades que tenía de encontrar una pareja.

Maldita la necesidad que tengo de encontrar un hombre -pensó Ed. Si yo no necesito buscar novio, ¿por qué ellos necesitan que lo busque?. Esta gente no deja vivir en paz a nadie, ni aún siendo amigos. Todo el mundo te dice, te habla, te cuenta lo que tienes que hacer y te dicen lo que es mejor para ti. Y qué sabrán ellos de lo que yo quiero, qué sabrán de mi vida. Si lo sé no vengo, vaya barrila que me están pegando y nada, no hay manera, por más que les digo que ese tema no me lo toquen siguen con la matraca…

Y llegaron a su destino. En frente del club de buceo estaban varias personas esperándoles. Y les ofrecieron cerveza fresca y algo de comer.

- Siempre se agradece – pensó Ed. Parece buena gente.

Pasaron allí la mañana, con las oportunas presentaciones, y al mediodía se encaminaron al hotel. Ed dejó la bolsa de viaje en la habitación. Apenas llevaba casi ropa: un par de pantalones, un par de camisetas, un vestido y prendas interiores.

José, el chico tan nombrado, se presentó a la hora del café y la primera impresión no fue buena para Ed. No era guapo y hacía gala de lo que tenía y lo mucho que sabía.

- Tengo un barco y soy buceador, también esquío en invierno. ¿Te vienes esta tarde a dar un paseo en él? – dijo José.

- ¿Y por qué no nos vamos los cuatro?, ¿no será mejor? – respondió Ed.

- No, no – replicó Marcia-. Nosotros después de comer siempre vamos a dormir un rato.

- Hija de puta – pensó Ed. Ya está, ya me la está jugando. Esta quiere que me quede a solas con él, vaya manera de liarme.

Y al final Ed aceptó. Fueron al muelle y salieron en el barco. No era tan grande ni tan bonito como él le había dicho pero eso a Ed no le importaba. Y surcaron el mar.

La conversación, ya en alta mar, fue un tanto extraña. José le contó que hacía tiempo que buceaba y que tenía tres estrellas en el carné de buzo. Y que no habría nada más que le gustase que encontrar una mujer que tuviera sus mismas aficiones o mejor aún, que las aprendiese por y para él.

- Oye… ¿Tú harías un curso de buceo para bucear conmigo? Te puedes bajar los fines de semana y luego, cuando aprendas, nos vamos los dos en el barco y nos metemos debajo del agua, ¿te parece?. Ahora, eso sí, el curso te lo pagas tú que para eso eres la que vas a aprender.

- Hombre, sí, muy bonito. No te conozco y ya tienes la pretensión de que haga algo por ti. Si me pides esto ahora… ¿qué no me pedirás después?. Supongo que estarás de cachondeo…

- No, no lo estoy. Mira, estas son las botellas de oxigeno y se cargan en el club, este es el respirador y este el reloj de tiempo, el traje tiene que ser de neopreno y…

- Calla, calla, que yo no voy a bucear contigo.

- Mujer, si empiezas poco a poco. Además yo tengo amigos que te pueden asistir en el bautizo. Luego, en invierno, también puedes aprender a esquiar, dan cursos intensivos de quince días.

- Que no, chico. Que tú estas loco.

- Y tú más loca todavía. Además, no sé por qué te digo esto, no eres tan guapa como me decían ni me pones… Así que, ¿para qué quiero estar contigo?. Bueno, si aprendes y vienes conmigo tengo compañera para bucear o esquiar y para compartir gastos, pero nada más…

- Pero, ¿quien te has creído que eres?, ¿cómo te atreves a hablarme así?, ¿es que te crees mejor que nadie?. Pues que sepas que tú tampoco me gustas.

Y de pronto, el barco hizo un ruido extraño y se paró.

- ¿Qué pasa? – preguntó Ed.

- No lo sé, tiene pinta de ser el motor.

- Lo que faltaba. ¿Puedes arreglarlo?

- Voy a intentarlo.

- Creo que es mejor que llames y que nos vengan a buscar.

- No, no llamo a nadie. Lo arreglo yo.

- Llama a alguien. No tienes ni puta idea de motores.

- ¿Por qué te pones la camiseta? Estas mejor sin ella.

- ¿Qué quieres, que me queme?. Preocupate de arreglar el motor y deja de mirarme las tetas. Pide ayuda. Hace mucho calor. Nos vamos a deshidratar. Pásame el agua. Joder, y no veo tierra, qué agobio.

- Tardarán en venir a buscarnos. Quítate la camiseta.

- Tu eres idiota.

- Y tú imbécil.

- Me estás cansando.

- Y tú a mi.

- Hay, madre mía, qué hartazón, qué hartazón… Quién me mandará a mí... - ser repetía Ed una y otra vez, cansada y agotada por lo absurdo de la conversación.

Y así, pasaron dos horas, discutiendo al sol, hasta que vinieron a buscarles.


Minea

16 Ago 2008

6 - Ed y la negación

Escrito por: Minea el 16 Ago 2008 - URL Permanente

fb1077_bLes-Escaliers-de-Montmartre.jpg image by Minea36

Te estuve esperando en un restaurante. Imaginé que aparecerías por la puerta del local mirándome con tus ojos mágicos y encantadores y que me sentiría la mujer más feliz del mundo.

Me había vestido casi como un acto ritual. Llevaba una combinación de prendas negras con una camisa blanca y había limpiado mis zapatos. Me había peinado y maquillado y en el tiempo de esperarte una rosa se marchitó entre mis labios.

Supe que nunca más te vería en mi vida y tuve angustia y sentí soledad. A mi alrededor la gente sonreía y la música sonaba y todos conversaban. Ya me habías dicho que no, un no que se clavó en mi corazón y que posiblemente ni siquiera lo hubieras meditado y que a mi se me repetía en el alma doliéndome, cada vez más, a cada paso.

Yo debía ir. Debía de esperarte. Seguramente la oportunidad de ser feliz estaba pasando y yo no quería que pasara, me prohibí llorar, me aguanté las ganas y no fui consciente de lo que estaba ocurriendo.

¿Sabes lo que me dijeron de ti? Me dijeron que serías capaz de matar en nombre de Dios y que contigo todo se iba a la mierda fuera de la forma que fuera y que eras cruel, soberbio e indignante.

Yo usé contigo las palabras y los besos, con la esperanza puesta en el alma: los estiré, los encogí, los retorcí, los mandé de un sitio a otro y no obtuve respuesta. Y cuando te fuiste supe que hay veces que el amor no alivia el dolor.

Me costó entender que sólo querías utilizarme y que tenías pasta de traidor. En esta vida tienes que ser un poco traidor –me decías- y yo no conocía la traición. Y ocurrió lo que tenía que ocurrir, que te amé en la sombra y me manché las manos, la boca y el corazón.

Quise llamarte y quise verte. Y, paradójicamente, en esta búsqueda viví intensos momentos de amor. Nadie sabía de ti y yo casi me volví loca. Sólo con haberte visto me habría conformado. Y entonces te escribí, te mandé una carta que más tarde me responderías con una amarga y cobarde despedida. Mientras habías desaparecido te mantenías vivo pero tu contestación me hizo constatar la negación y entonces se me desbordó la conciencia y salí corriendo y me fui a algún lugar donde pudiera detener el tiempo y romper tu lengua rosa y los trazos negros de tus palabras.

Y mientras deshacía el rojo de mi sangre y olvidaba tu nombre, apareció Ignacio y me dió, sin pedirlo, el frescor de la vida. Y jamás podré negar la noche en que llegó a mí, ni el posterior encuentro ni el momento en que me entregué y fui recibida, para mi sorpresa, con amor.

Minea.

08 Ago 2008

5- Ed y la desnudez del alma

Escrito por: Minea el 08 Ago 2008 - URL Permanente

Ex_Animotomasrut.jpg image by Minea36Ex-animo. Tomas Rutz


¿Y cómo abandonar las penas y dar esquinazo a los pecados?, ¿cómo vivir sin tener un pasado? ,¿Cómo deshacerte de tus ropas?,¿cómo posar las manos sobre el amor?. Me siento como una niña al pecho de mamá y soy consciente de que el dolor y la alegría no sólo es cosa mía. Todos sufrimos el llanto y nos desbordamos en la risa. El llanto y la risa nos pertenecen, hasta la muerte.

Estoy llena de rarezas y de manías. Ya sé que trabajo demasiado y que me conviene un poco de descanso. Esta mañana me hablaron sobre los fondos y las formas y yo contuve una mueca desagradable al tragarme el café sin azúcar y me pregunté, mientras me hablaban, sobre cuál es el secreto de la libertad del hombre.

La vida es tierna a veces y otras tantas es como una melodía difícil de construir y cuando los nubarrones tapan los pocos rayos de sol te sientes mal y parece que todo se acaba. Sin embargo, todos los días nacen niños y el sol sale siempre por las mañanas.

Sin saber muy bien cómo ni por qué, me encontré con Ignacio otra vez. El apenas me recordaba y, a decir verdad, no sabía muy bien por dónde iba ni por dónde venía. Enseguida supe que él, como el cantar de la lluvia en esos días que no termina de caer, tenía miedo a despertar y a sentir de nuevo. Demasiadas cosas olvidadas, demasiados ecos de recuerdos. Sí, la vida duele demasiado para todos.


Ya había follado con él en una noche sin retorno, que se quedó grabada en mi memoria como fuego infinito. Pero en ese segundo encuentro, tan fortuito como casual donde yo seguía sin saber absolutamente nada de él, dejé caer el vestido al suelo y me quité el sosten. Y no sólo me quité la ropa. Quedé desnuda por primera vez ante él y le dije:


- Éste es mi cuerpo, ésta soy yo. Y lo que ves aquí es un acto humano, un acto de valor personal, más grande del que yo pudiera pensar. Te enseño mis pechos y no preguntes, tan sólo si los tocas no dejes que la caricia se quede en la superficie, intenta meter tus manos por dentro y empapalas de mi sangre, que en estos momentos, es la tuya. Recojo mi pelo porque quiero enseñarte mi cuello. Si lo besas plasma en él el beso deseado y si lo muerdes, hazlo despacio. Si me sujetas el rostro mírame a los ojos y haz que en esa mirada se distraiga el firmamento. Llévame a tu lado y sostén mi alma, que en estos momentos está rota en mil pedazos. Y te abro mi sexo, caliente y húmedo, no para que te adentres en él sino para que simplemente me conozcas, para que puedas oler lo que llevo dentro, para que sientas la palpitación que me confirma que aún estoy viva. Y soy visible, en este momento, como pocas veces lo he sido. He perdido la fuerza, la he perdido a cantaros y a chorros pero tu presencia me trae a la memoria que aún hay dioses y que cada uno tiene su nombre. No sé si me equivoco, perdóname. Perdóname por ofrecerme y por no saber cómo ser digna de ti, perdóname esta desnudez y este dolor, este miedo que me aterra.


E Ignacio, en silencio, me abrazó y me llevó a caminar dentro de él, envolviéndome en sus brazos. Y me dijo que la tristeza también llora y que la tinta va marcando el tintero y las plumas las hojas. Y los rayos de luz se colaron por las rendijas de la ventana y nos regalamos caricias y besos, repletos de amor y de llanto fresco.


Y a lo lejos, a lo lejos del crudo invierno, se perdía el sordo rumor del viento.

Minea.

4- Ed y la fragilidad

Escrito por: Minea el 08 Ago 2008 - URL Permanente

GrecianMuse_iconCsabaMarkus.jpg image by Minea36

Carmen, la modista, trabajaba en los últimos arreglos del nuevo vestido de Ed. Ed no era demasiado exigente y confiaba en la modista, era cliente de ella hacía muchos años. Y Carmen era una buena consejera. Ese día, le dió un buen consejo a Ed.

- Como si eso fuera fácil – dijo Ed.

- Es más fácil de lo que parece. Aún eres demasiado joven para saberlo. Hazme caso, que he vivido demasiado.

- Tembló. Él tembló entre mis manos, Carmen. Cuando me acerqué a él y le besé sentí cómo se estremecía y cómo su mirada se perdía en algo infinito. Aún no sé muy bien qué es.

- Y no quieras saberlo. A veces es mejor dejar las cosas como están.

- No puedo, Carmen. No sé dónde voy a encontrarlo, sólo sé de él que no tiene memoria. Pero sus besos me han dado la cordura necesaria para buscarlo. Es increíble cómo uno se puede desnudar con un beso, con un abrazo.

- Pero Ed… parece que nunca te han besado.

- Me han besado muchas veces, lo sabes, Carmen, pero con esos besos fue como si de pronto me conociera a mi misma. Nunca creí que en un momento todo lo que eres se pudiera volcar en unos labios.

- Niña, has caído en el embrujo de ese hombre.

- Lo sé, puedo tener el hombre que quiera y, sin embargo, no busco a ningún otro.

- Eso no es malo, en realidad tú nunca has buscado nada.

- Cierto, pero esta vez me ha podido la ternura. Le ví frágil y percibí que se deshacía entre mis brazos. Es extraño tener a un hombre al lado al que le asusta besarte.

- ¿Y tú, que hiciste entonces?

- No sé. Le correspondí, supongo. Pero apenas hice más que mirarle. Tanta fragilidad me daba miedo. Era como una copa de cristal, de ese cristal tan fino, que parece que va a romperse. Y yo no sabía si él quería que yo rompiese la copa y desbordase el contenido. Bueno, en realidad yo tampoco sabía si quería hacerlo. Y en esos momentos yo pensaba que lo peor de todo es que si algo se cae al suelo nada puede contenerlo.

- Pero Ed… supongo que no perderíais el tiempo en contemplaros…

- No, después de las miradas, un beso llevo a otro beso y un miedo a otro miedo. Él acariciaba mi cabello y temblaba y yo veía cómo se nublaban sus ojos. Y sentí como su corazón se aceleraba. Sudaba, se estremecía y yo, apartaba la mirada. Intenté irme porque no sabía muy bien lo que estaba pasando y en ese preciso momento fue cuando el hombre nació. Me agarró de golpe al ver que me retiraba y me atrajo hacia sí y yo noté sus manos en mi cintura, fuertes y seguras y entonces la que se quebró por completo fui yo y él notó que estaba a punto de desmayarme y me sujetó mirándome fijamente y hundió su boca en la mía, sin contemplación alguna, y nuestras lenguas entablaron un baile de amor.

- Jesús, Ed, cómo lo vives… ummm ¿y casi te desmayas?.

- Sí, yo también soy frágil. Hace mucho tiempo que sé que soy frágil. Lo que ocurre es que me visto de dureza. A mi hay que quitarme la ropa despacio, despacito, cada botón, cada cierre y desabrocharme los zapatos. Y luego, abrazarme sin hacerme daño. Es complicado.

Y mientras Carmen, la modista, terminaba de ajustar las largas y acampanadas mangas del vestido aconsejó a Ed que abandonara sus penas y pecados y que se deshiciera de sus vestiduras. Y que posara sus manos sobre el amor.


Minea

05 Ago 2008

3- Ed e Ignacio

Escrito por: Minea el 05 Ago 2008 - URL Permanente

Intorno_icon-1-1.jpg image by Minea36Intorno

Esa noche, Ed se había largado. Como bien dijo ella, se le había desbordado la conciencia. Y comenzó a conducir sin conocer su destino. En realidad, tampoco podía ir muy lejos, las obligaciones del día siguiente eran inevitables.

No quería ir al cine, ni leer los periódicos ni oír la radio. Buscaba un lugar donde pudiera estar a solas, donde pudiera respirar tranquilamente y donde pudiera tener unas horas para pensar cómo olvidar las palabras de aquella carta. Dolían demasiado.

Ahora su memoria le jugaba una mala pasada. Sólo le hacía recordar los trajes sucios, el olor a rancio y el desorden de la habitación, todo eso que le hacía llorar y que en otros momentos de su vida ni siquiera le habría importado. Y era urgente parar en algún lugar y deshacerse de todos estos recuerdos. Le llevaría su tiempo, pero lo conseguiría.

Paró sin saber muy bien cómo en el principio del camino de un cementerio. Poco sabía ella que iba a entablar una conversación con alguien desconocido sobre la filosofía de la vida y la muerte. Poco sabía ella, que, Ignacio, aparecería aquella noche en su vida.

Ignacio compartió su bebida y su locura. Hablaron y hablaron como si se conocieran desde siempre mientras Ed iba calmando su alma. Y cuando Ed le contó cómo había amado, cómo había llorado y en los brazos de quien había muerto, Ignacio la abrazó. Y un calor extraño inundó su cuerpo. Y fue inevitable que las bocas se unieran y que hubiera una comunión perfecta de saliva entre los dos. E Ignacio recordó los besos.

Y un soplo de aire fresco, un instante de tiempo detenido se entrelazó en ellos. Ed congeló el tiempo sólo para verle, para sentirle, para abrazarle. La piel de Ignacio era suave e invitaba a recorrerla, sus ojos, profundos y sentidos, la invitaban a partir en un viaje sin retorno. ¡Qué ganas de perderse del mundo! ¡Qué anhelo de no tener problemas! ¡Qué ganas de amar bajo las estrellas sin contar el tiempo!... No contuvieron el deseo, al fin y al cabo, estaban solos. Solos en aquel camino, solos en la vida. Se encontraron como dos perros a la deriva y olvidaron en esa noche el dolor y el fracaso. Se unieron como dos amantes solo se pueden unir, en cuerpo y alma. Y bebieron el uno del otro, con la respiración contenida y la emoción dispersa. Y se dieron mutuamente la vida. Y en esa noche tan oscura, algo brilló en el cielo.

Claro, alguna bebida se derramó por el coche y el saquito del tabaco con sus filtros cayó por todos lados y se rompió una presilla de uno de los asientos y a Ed le daba absolutamente igual. Cuando llegó a casa no encontraba las llaves, no las llevaba en el bolso. Se habían caído y de milagro, ya amaneciendo, las encontró casi en la parte trasera de los asientos. Como si nada hubiera sido real, se metió en la cama. Faltaban dos horas para que sonara el despertador. Y otra vez, iría con falta de sueño a trabajar y, de nuevo, con el corazón estremecido.

Minea.

04 Ago 2008

2- Ed y el trabajo

Escrito por: Minea el 04 Ago 2008 - URL Permanente


hddnd.gif image by Minea36

- ¿Qué le pasa a Ed?

- No lo sé, últimamente no saluda por las mañanas.

- Es verdad. Y viene con ojeras. No debe de dormir mucho.

- Bah… y además esa chica no está muy bien. El otro día me contó que habló con un fantasma.

- Para mí que se pone. El viernes me llevó a casa. Y no me gusta como conduce, va como en otro mundo. Y además, esparcidos por los asientos del coche había filtros de tabaco, salían por todos lados. A ésta se la calló un paquete de esos filtros y ni se dió cuenta, te lo digo yo. Yo se los quise recoger pero me dijo que no, que así estaban bien, que ella sabía lo que se hacía, cualquiera la entiende.

- Pues sí, parece que ésta un poco volada. El otro día la vimos con un chico, no estaba mal el muchacho, pero ella no cuenta nada. No se daban la mano pero parecía que querían dársela. Eso sí, la cabrona, los enamora a todos, con esa sonrisa y esa dulzura y ese deje que no se le acaba.

- Vete tú a saber, esa mujer es rara, ¿no ves como tiene la mesa de la oficina? ¿no observas esa costumbre de cómo ordena las cartas?. Tiene todo desordenado, menos las cartas. Cada carta tiene su sitio, y algunas no las abre. Y luego, guarda los sobres. Lo que te digo, que ésta debe de alucinar en colores. ¿Tú crees que se acordará de los recados que la damos? A mi me da que no se acuerda de nada.

- No sé, el caso es que deja las cosas hechas, pero a su ritmo. Hay veces que no hay quien le sople por la espalda.

- Estas tías son idiotas, no se dan cuenta de que las estoy oyendo. Sólo se las ocurre a ellas, al lado de mi oficina, hablar de mí. Madre mía, qué paciencia tengo. Y qué cansada estoy, de los encargos, de los clientes, de estrechar manos y de estas cosas tan innecesarias y ridículas. ¿Nadie puede entender que me gusta mi soledad, mis costumbres, mis hábitos?, ¿nadie puede comprender que me gusta trabajar en silencio y sin hablar demasiado?. Claro, lo que quieren es que les cuente mi vida. Y que les cuente quién era él. Y de paso qué marca de compresas uso. Hay que joderse, yo no soy tan cotilla. Y mi jefe, que me tiene hasta arriba. No le soporto cuando me mira. Me dan ganas de mandarlo a la mierda y un día lo hago, bueno, mejor un día no le presento el informe y con eso seguro que le da un ataque… ¡Lo que me iba a reír!... joder… que los 17 folios los haga él, que se haga sus presupuestos en vez de tanto café. Y estas tías siguen, mira que me cansan.


- Oye… ¿y tú crees que Ed folla?...

- Anda... ¡ha pegado un portazo… !. Y se va por la puerta de atrás. Joder, se va sin despedirse otra vez… cuando yo te digo que no está bien…


- Me largo. Yo me largo. Lo juro. Pero no sólo a cenar fuera… yo me voy a una isla con cuatro personas, con cuatro calles y me pierdo, me encierro. Bueno, no, que al final me aburriría. Los informes los hago mañana, como siempre, trabajo atrasado. Bueno, total, sé que la oferta no me la van a rechazar… tengo ganado el terreno… pero...joder... ¡coño, una administración de lotería!, voy a echar una primitiva…


Minea.

Sobre este blog

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La Cuerda

Siendo nueva en esta sociedad, que en estos momentos es poco numerosa, me debo todas las atenciones de uso. Por ello, si vamos a cenar presentaré mi mano y tendré la malicia, al aceptarla, de fingir un leve temblor, bajar los ojos y respirar forzadamente. Tendré el aire de quien presiente su derrota y un poco de temor. Así, las personas que aparezcan por aqui se volverán sensibles y tiernas y afectuosas. Pretendo conseguir voces dulces y sonrisas de contento. También acepto el fuego de la agudeza en el lenguaje y el ingenio de las palabras. Mis bellos y considerados amigos, estais en vuestra casa...

Minea

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