Hay muchas formas de acercarse a esta joya de nuestro cine español, tal y como se puede constatar en el excelente librito (auténtico catálogo de arte, a pesar de su diminuto tamaño, por la riqueza de imágenes insertas: carteles, fotografías, dibujos, ilustraciones, etc.,) que se incluye en la estupenda edición “especial coleccionista” de este filme de Neville con doble dvd (uno de ellos contiene dos magníficos documentales como extras), de la distribuidora española “Versus”. En los diferentes estudios los autores nos informan de las vicisitudes de la producción y del rodaje, del soberbio reparto (Antonio Casal, Isabel de Pomés, Guillermo Marín, Félix de Pomés, Julia Lajos, Antonio Riquelme…), de la adaptación sui generis de la novela homónima de Emilio Carrere en que se basa el guion escrito por el propio Neville con la colaboración fundamental de José Santugini o de las tribulaciones con la censura de la época entre otros relevantes aspectos.
Así mismo, se incorporan una entrevista firmada por Domingo Fernández Barreira, un año antes de la realización, con el cineasta castizo por antonomasia (cuándo le va a dedicar el ayuntamiento de Madrid una calle al genial Edgar como merecido homenaje de su ciudad natal: a la que con tanto cariño mostró en toda su filmografía); un artículo de Neville: Defensa del sainete (1944), género predilecto suyo, y un delicioso reportaje del inolvidable crítico Alfonso Sánchez, que tan familiar y entrañable nos resultó a muchos desde la pantalla de TVE, especialmente durante la década de los sesenta del pasado siglo, por su inconfundible voz, su agudeza y perspicacia cinéfilas.
Ya no recuerdo con precisión las veces (más de media docena, seguro) que he disfrutado de las peripecias del supersticioso y bonachón Basilio Beltrán (extraordinario Antonio Casal), en sus afanes por ganar a la ruleta para poder invitar a comer a su novia, la cantante de vodevil La Bella Medusa (Manolita Morán) y a la carabina de su gargantuesca madre (Julia Lajos, divertidísima como siempre). Con la ayuda de una ficha pasada oportunamente por la joroba de un conocido y, sobre todo, con el respaldo visionario de un personaje sin par, don Robinsón de Mantua (excelente Félix de Pomés), nuestro simpático Basilio obtendrá pingües ganancias en el casino madrileño. En contrapartida, tendrá que sumergirse en una trama detectivesca para desenmascarar una banda criminal existente en una especie de torre invertida y subterránea en un edificio del casco histórico de Madrid (Plaza de la Paja, calles de Morería y del Alamillo), comandada por el inefable doctor Sabatino (un magistral Guillermo Marín). Y, simultáneamente que se enamora de Inés, la sobrina de Mantua (una preciosa Isabel de Pomés: hija suya en la vida real), descubrir a los asesinos de su tío.
Es sorprendente el que pudiera rodar este inolvidable clásico Neville en el año 1944, en medio de una época de miseria, hambre, miedo y con el férreo control censor de la dictadura franquista, empeñada en prolongar la guerra fratricida tras la victoria, mediante una criminal represión que duraría (con altibajos y las inevitables adaptaciones pragmáticas del régimen a la coyuntura internacional para su supervivencia), hasta el fallecimiento del dictador en 1975. Pero, sin embargo, el empeño del cineasta y sus astucias para “colar” a los censores el guion adaptado de la novela de Carrere, se vio coronado con el éxito, insisto, en un momento en el que todo lo que pudiera relacionarse con la fantasía, la imaginación, el submundo del hampa y de la delincuencia, lo sobrenatural, lo festivo-popular se encontraba a años luz del cine oficialista de tipo propagandístico, de consigna, historicista e imperial que hegemonizaba la producción cinematográfica coetánea. No obstante, ese “éxito” sería muy relativo, ya que el filme sufriría una clasificación comercial para su estreno y posterior distribución que lo condenaba directamente al fracaso, si no al olvido. Y allí hubiera languidecido, si no hubieran venido a rescartarlo la Seminci de Valladolid (homenaje en 1982 y monográfico de Julio Pérez Perucha) y la Filmoteca Nacional (estudios, conservación del negativo), por un lado; y TVE, por el otro, al incluirlo en un ciclo que dedicó a Neville en los años ochenta, en el que se emitieron, si no recuerdo mal, además de éste: La vida en un hilo, Nada, Domingo de Carnaval, El marqués de Salamanca, El crimen de la calle de Bordadores, El último caballo, El baile y Mi calle, su filme postrero, en el que es Madrid el auténtico protagonista junto al vecindario urbano y callejero.
Desde entonces esta película maldita se ha convertido en un clásico de culto, uno de los títulos más sobresalientes de nuestro cine español, con una colección de imágenes de las que dejan una huella indeleble en el espectador. Su feliz mezcolanza entre lo sainetesco, la trama criminal y detectivesca, lo fantástico, lo castizo, en fin, otorga un hálito popular, amable, divertido, lúdico y, sobre todo, imperecedero a uno de los mayores logros artísticos de nuestro mejor director español, después de Buñuel: el liberal, bondadoso, humorístico, humanista y genial Edgar Neville y Romrée (1899-1967).
11 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Loulou dijo
Cómo me gusta esta peli también y me recuerda a la merienda de los días de colegio, no sé por qué, porque en esa época la tele tenía dos canales y había que esperar a que se encendieran poco a poco sus lamparitas.
MARIANO JUAN-R dijo
Que no, Loulou, que no puedes ser tan "lontana": eso de las dos lamparitas, ejem, me suena, casi, a "Reina por un día" y a "Esta es su vida", por lo menos: y sólo había un canal o el de UHF emitía, racanillo él, unas pocas horas. Claro que qué horas: "Bonanza", "El virginiano", "Viaje al fondo del mar", "Jim de la selva", "Johnny Yuma" y etecé de los eteceses.
Saludos cordiales, y no leas tanto "Leelee" que el exceso siempre es insalubre.
MARIANO JUAN-R. dijo
Loulou, he intentado dejarte este comentario en tu blog, pero no hay tu tía. Así que aquí te lo transcribo y ya tú me avisarás más adelante cuando se normalice el asunto:
"En algún cuaderno cultural atrasado, pero conservado con deleite, tengo yo una cita del amigo Prévert que dice más o menos así (la anotación es de 12 de noviembre de 1987):
"Es terrible / el crujido del huevo duro al ser cascado contra el estaño de un mostrador / es terrible ese ruido cuando resuena en la memoria del hombre hambriento".
Y, sin embargo, tengo más referencias directas de monsieur Jacques gracias a Jean Renoir que a él mismo. Uno y sus contradicciones."
Saludos cordiales.
NuriaNómada dijo
Pues esta no la he visto. Por cierto, esos carteles antiguos son irrepetibles. Yo colecciono fichas de películas desde hace muchísimos años....Como dices, no parecían tiempos muy propicios para rodajes, pero la creatividad sea como sea siempre encuentra su espacio. Un abrazo.
MARIANO JUAN-R. dijo
Una afición esa del coleccionismo de carteles estupenda, Nuria. Yo tengo una que no está nada mal, si bien de tipo virtual. La web "Carteles de películas" tiene un catálogo impresionante con una gran variedad por países en muchos casos. Te la recomiendo. La web la tengo incorporada en la lista de enlaces y debajo justo del cartelito de esta "torre nevilleana" que es pura delicia.
Un abrazo y buen finde.
j.m. salcedo dijo
quiero verla
(colgué este post en mi Línea del Tiempo del Facebook)
Loulou dijo
No soy tan tan mayor pero en mi casa tuvimos tele de esa con lamparitas y UHF hasta el 82. Girábamos la ruedita para que se empezara a encender y nos íbamos a hacer otras cosas mientras o nos quedábamos expectantes viendo cómo se iban encendiendo por detrás las cosas misteriosas del televisor.
Ya se puede comentar lo que se quiera, es que estoy pez con el CSS y dejé todo escacharrado al toquetear.
MARIANO JUAN-R. dijo
Pues adelante, J. M. Salcedo. Saludos.
MARIANO JUAN-R. dijo
Vale, Loulou. Tomo nota de ambas cosas: que tienes ya bien la entrada de comentarios en el blog y que no eres "tan-tan" (como los tambores de Tarzán)... mayor.
Un abrazo.
Agueda Conesa Alcaraz dijo
La verdad es que esta película no la he visto, pero la buscaré si tu la recomiendas. Los carteles antiguos son ya tesoros. Un besito
MARIANO JUAN-R. dijo
Águeda, encanto, si puedes, hazte con esta maravilla de Neville que te divertirás y pasarás una hora y media (no llega, la pobre) de encanto, como pocas experiencias cinéfilo-culturales.
Un beso, guapetona.
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