29 Oct 2013

CINE: "LA ÚLTIMA PELÍCULA" (PETER BOGDANOVICH, 1971)

Escrito por: MARIANO JUAN-R. el 29 Oct 2013 - URL Permanente

Uno de estos días tiene que caer. Que sí, que ya es hora y el amigo Hank Williams (1923-1953) se lo merece. Desde aquella canción del gran Kris Kristofferson, disfrutada por primera vez en su long-play “Surreal Thing” (1976) -regalo londinense de mis beneméritas amigas de IB Mariluz y María Rosa-, en donde venía a decir algo así como que si no te gusta Hank “puedes besarme el culo”, en lo que no dejaba de ser un homenaje un tanto irreverente a este maestro del country, me picó muy mucho la curiosidad musical por conocer su trabajo musical. Y mira tú por dónde, en esta obra maestra absoluta de Bogdanovich, vista hace ya lo menos cuatro décadas (en el cinestudio Griffith, del barrio de San Pol del Mar, de Madrid, y una de mis primeras películas grabadas en vídeo “betamax”), pude asistir a lo que, sin duda, fue un auténtico recital del gran cantautor norteamericano. Casi desde el mismo principio del filme no dejamos de escucharlo en radios, juke-box y tocadiscos y con su melodiosa voz va dotando a todas las escenas de unos matices lánguidos, melancólicos que tanto se ajustan a la atmósfera nostálgica y dolorida de un mundo a punto de desaparecer, si no ya desaparecido, justo a comienzos de la guerra de Corea (1950-53).

Mucho de naufragio, amores no correspondidos y orfandad existencial van a saturar la vida de un poblacho de Texas, en donde sus habitantes cargan con sus respectivos lastres afectivos a la par que tratan de avivar las cenizas de una pasión no fenecida del todo en medio de un deletéreo aburrimiento. Siempre con un sostenido diálogo rememorador con el pasado y siempre también con las marcas de la frustración en las arrugas del rostro. El tedio lo impregna todo. Los años han transcurrido y no han ejercido ningún efecto benefactor. El viento barre las calles pero la polvareda sigue penetrando todos los ámbitos. Mucha soledad impera. Y la esperanza solo reside en empaquetar cuanto antes y coger el próximo autobús.

Sam "el León" (soberbio Ben Johnson) ha hecho mutis por el foro. Y con su inopinada desaparición, las hamburguesas ya no sabrán igual, crecerán las telarañas en el billar y estará a punto de proyectarse la última sesión cinematográfica: ya no se volverá a exhibir ni “Arenas sangrientas (Sands of Iwo Jima, Alan Dwan, 1949)”, ni “Winchester 73 (Anthony Mann, 1950)”. Ni, por supuesto, se volverá a pasar “Río Rojo (Howard Hawks, 1948)”. Con el chillido alegre y revulsivo de los vaqueros que comanda el gran John Wayne en este magistral wéstern, comenzará la estampida controlada del inmenso rebaño ganadero hollando las épicas praderas, pero tras el “The End” en la pantalla un regusto amargo a despedida impregnará al espectador mientras las luces de neón del cine pueblerino se apagan definitivamente.

Ya lo hemos dicho, Sam "el León" se ha marchado sin despedirse y un aglutinante esencial, vertebrador de la pequeña comunidad, ya no vivirá allí, como la Alicia de Scorsese que también huyó, y el crepúsculo lo inundará todo. Queda el poso del recuerdo, hondo, lacerante como una última caricia que se sabe postrera. Y, sobre todo, el rictus de frustración, de gran apagón vital y definitivo de una comunidad sin salida. Mucho dolor se agrupa en demasiados costados y la visión de este permanente duelo en tantos individuos enlutados se torna desasosegante, descorazonadora y hórrida, en fin, pues no solo cierra una sala cinematográfica, sino un mundo con sus estafas y, nunca mejor dicho, sus ilusiones cenicientas.

El amigo Bogdanovich nos ha acercado el dolor en carne viva a nuestras vidas cinéfilas de mirones recalcitrantes. Y no cabe duda que lo ha hecho cargando en exceso las sombrías y taciturnas tintas de este prodigioso filme, pero, sin embargo, qué de belleza (tanto la de una juvenil y esplendorosa Cybill Shepherd, como la de una madura y sensual Ellen Burstyn: la citada “Alicia scorsesiana”, con especial mención a la estupenda Cloris Leachman), de cómplice camaradería (soberbios Thimotty Bottoms y Jeff Bridges) y, sobre todo, de nostalgia omnipotente y abrasiva mientras el gran Hank, desde la melodiosa emisora, canta aquello de: “¿Por qué ya no me amas como solías?”

NB: tanto Ben Johnson como Cloris Leachman vieron premiadas sus excelentes interpretaciones con sendos oscars de la Academia como actores de reparto. La edición en dvd en España de esta maravilla cuenta con un documental muy recomendable: La última película: una mirada atrás, bastante generoso de duración, además, para la cicatera oferta habitual en materia “complementíl”.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

01 Oct 2013

CINE: "LA PRADERA SIN LEY" (KING VIDOR, 1955)

Escrito por: MARIANO JUAN-R. el 01 Oct 2013 - URL Permanente

Kirk Douglas, en este clásico “western” del gran King Vidor (deliciosas por cierto sus memorias editadas por Paidós en castellano: Un árbol es un árbol. una autobiografía), no tiene ninguna estrella en el cielo que le guíe, ni tampoco una constelación visionaria sobre su destino inmediato más allá de la dureza del camino tal y como canta Frankie Laine (El árbol del ahorcado) en el soberbio tema principal con el que comienza la película. Sólo el pasado ejerce su habitual función admonitoria, aconsejando al vaquero asilvestrado que huya de las alambradas de los ranchos, esas que en días no lejanos le dejaron ciertas huellas indelebles en su pecho. Los nuevos tiempos demandan cercas y delimitaciones territoriales de la propiedad terrateniente. Los pastos abiertos y libres comienzan a ser un recuerdo de la conquista y la civilización avanza incontenible llevándose por delante derechos y costumbres comunales bajo la vigilancia atenta del pistolero mercenario a sueldo del magnate ranchero de turno. Aprétense, pues, las cartucheras.

Un buen consejo, sin duda, que junto con el aprendizaje sobre cómo desenfundar el revólver y disparar con puntería, el gran Douglas le ofrecerá a su discípulo, un atolondrado vaquero en busca de aventura y experiencia. Un mucho en la línea pedagógica de su habitual maestría en estos menesteres, como ya demostrara con sin par desparpajo lúdico en la estupenda Río de sangre del maestro Howard Hawks, ya comentada con singular placer en este blog, en la que, así mismo, tutelaba a otro inexperto joven barbilampiño. Y es que estos papeles le vienen como anillo al dedo a Kirk, un actor siempre con su toque histriónico, pero bien ajustado, que tanto le permite demostrar su energía y dinamismo interpretativos, no exentos de una connatural ambivalencia moral. De ahí esa comodidad suya al dar vida a personajes ambiguos, de quebrada singladura existencial y con una violencia reprimida siempre a punto de estallar (Retorno al pasado; Cautivos del mal; Brigada 21 o la magnífica, y muy ilustrativa a tenor de lo dicho, El gran carnaval).

Es el caso, claro está, de este Dempsey Rae al que su idiosincrasia individualista y libre, paradigma tradicional en el género, no le otorga otra alternativa que la de ir desfaciendo tuertos al hilo de una peripecia viajera cuyo único destino es la vida errabunda y desarraigada. Estamos, pues, en pleno territorio “Shane” (Raíces profundas), por lo que, una vez eliminados los matones de mortífera puntería, ya solo quedará cabalgar por la pradera mientras se apunta un perfil paisajístico de ensueño y en unos instantes volverá a sonar la épica canción del “hombre sin estrella”, ya con el The End en pantalla.

Previamente, habremos disfrutado de un “western”, casi de serie B por su brevedad, de ágil montaje y con un ritmo endiablado, en donde Vidor demuestra de nuevo su saber hacer en el género (Paso al Noroeste; Duelo al sol), y su magistral dirección de actores con especial mención para estas dos maravillosas profesionales: Claire Trevor (La diligencia; Cayo Largo) y, sobre todo, Jeanne Crain (Carta a tres esposas; Pinky) que borda su singular papel de ganadera sin escrúpulos y hábil inversora especulativa, con mención especial a la escena de seducción con Douglas, con la que el siempre rutilante Vidor en estos aconteceres románticos (El manantial; Pasión bajo la niebla), nos vuelve a brindar un sensual (aun morigerado) clímax.

Así que, nada más, disfruten con este pequeño clásico, o vuelvan a hacerlo si ya disponen del dvd editado en su día en España por la Universal y distribuida por “Sherlock Films” que, por cierto, también se puso a la venta en la colección “Cine del Oeste” que publicó hace unos años el diario “El Mundo”.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

24 Sep 2013

CINE: "EL PROFESOR CHIFLADO" (JERRY LEWIS, 1963)

Escrito por: MARIANO JUAN-R. el 24 Sep 2013 - URL Permanente


En la década de los sesenta del pasado siglo mi cómico favorito, sin duda alguna, era Jerry Lewis (Newark, New Jersey, 1926). En esos años proto-adolescentes también le hacía competencia en mis preferencias, el simpático “gendarme” francés, Louis de Funes (Fantomas contra Scotland Yard, Hibernatus, el abuelo congelado o El hombre orquesta, por citar solo algunas), cuyas películas también se estrenaban con facilidad en España, pero sin llegar a la feracidad cinematográfica del gran histrión norteamericano. No me perdía ninguno de sus filmes en ese decenio, una vez abandonadas sus colaboraciones como pareja cómica de Dean Martin, en 1956, tras el estreno de Loco por Anita (recuerdo con mucho cariño, por ejemplo, su primer estreno en solitario Delicado delincuente, de 1957 -pero que yo vi en los sesenta- y, sobre todo, Lío en los grandes almacenes, de 1963)

Estas cosas del cine, hacía muchos años que tenía pendiente una deuda, sentimental casi, con el gran Lewis: revisar alguno de los títulos más destacados de su abundante filmografía. Pero venía postergando el momento por el temor a sufrir una decepción, ya que cuando esta tiene, podríamos decir, carácter retroactivo algo íntimo se conmueve en el alma, horadándola incluso, valga la inmoderada exageración. Pero, afortunadamente, no ha sido así. Y eso que tenía algún precedente un tanto equívoco de un trabajo mucho más moderno de Jerry en el espléndido filme El rey de la comedia (1982), en donde su habitual perfil de cómico revulsivo contrastaba bastante con el agridulce personaje adaptado para él por un admirado Martin Scorsese (por cierto qué gran canción el Wonderful Remark de Van Morrison que se escucha al final con los títulos de crédito). Y no lo ha sido, como decía, porque he vuelto a disfrutar como un enano de este “profesor chiflado”: que no otra cosa es que una original revisitación pop, de singular cromatismo, del mito stevensoniano del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, cuya versión cinematográfica interpretada por Spencer Tracy (y dirigida por Victor Fleming, en 1941) tanto había impactado al jovencito Lewis de 11-12 años, según él mismo declara en uno de los estupendos documentales que acompañan la edición del filme en dvd en el mercado español.

El desdoblamiento químico de la personalidad entre el profesor Julius Kelp y el seductor “crooner” Buddy Love nos proporciona diversas escenas hilarantes que le permiten a Lewis campar por sus fueros de histriónico mimo, aprovechando al máximo su inefable timbre de voz infantiloide que tantas risas suscitaba en nuestra época de chiquilines, si bien, claro está, en su magnífico doblaje al español. Y, lo más importante, esa alquimia taumatúrgica que tantos efectos sorprendentes provoca en un auditorio siempre estupefacto, el del centro universitario, el de la discoteca, el del propio espectador cómplice de este payaso universal, resulta ineficaz, pásmense, a la hora de llevarse a la chica más guapa de la clase: una deslumbrante Stella Stevens, pícara, seductora, magnífica, en fin, en un rol muy alejado del que pocos años después interpretaría, de forma rutilante "as usual", en ese “crepuscular” de Peckinpah conocido por La balada de Cable Hogue (1970), en donde tanto se recordaban en nostálgica canción las románticas “mariposas de la mañana”.

~

NB: el filme está editado en dvd por Paramount España en la colección "Imprescindibles" de El Corte Inglés y presenta subtítulos en español, aun cuando no se especifique esta circunstancia en la web de la película de este conocido distribuidor.

~

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

11 Sep 2013

FÉLIX FRUTOS GÓNGORA: UN MEMENTO

Escrito por: MARIANO JUAN-R. el 11 Sep 2013 - URL Permanente

MADRID, VERANO DE 1978

En este blog he dado muestras sobradas de mi condición nostálgico-tanguera (al fin y al cabo qué otra cosa es nuestra historia personal, sino pasado): recuerdos personales, impresiones estimuladas por fotografías pretéritas, paseos por los Madriles de la infancia-adolescencia, viajes varios, etc. A ello ha contribuido no pocas veces este afán indagador, este preguntarse por el qué habrá sido de tantos amigos perdidos en el túnel del tiempo mientras transcurría la singladura vital común.

Precisamente, esas interrogantes curiosas me han estimulado lo suficiente en varias ocasiones como para utilizar el “google” introduciendo los nombres y apellidos de los amigos más añorados, de aquellos sobre los que desconocía por completo su peripecia vital y, lo que es peor, no conservaba ningún dato y/o referente personal. Y, en efecto, alguna que otra sorpresa más que agradable me he llevado gracias a esta tecnología cibernética que en la era de internet, quién lo iba a decir, ha provocado reencuentros entrañables entre amigos que uno creía perdidos definitivamente o desaparecidos en el insondable misterio de un destino anónimo. Pero no todas las sorpresas suelen ser gratas (aviso a navegantes). De hecho, y por primera vez, acabo de comprobar con tristeza (eso es lo que parecen confirmar palmariamente los datos en el buscador) que uno de los amigos más cercanos en mi juventud ha fallecido el pasado diciembre de 2012, en concreto el día 4. La página del

~

diario ABC del día siguiente, en su columna “Fallecidos en Madrid”, no deja lugar a dudas por la coincidencia absoluta de la edad, 56 años, y el nombre y los apellidos. Y otro enlace (el de la web “rememori.com”) detalla en una especie de ciber-esquela que la incineración tuvo lugar a las 11:30 horas en el crematorio del cementerio de la Almudena. Estos son los hechos. Pero ¿se tratará de la misma persona?.

Yo a Félix le perdí la pista hace más de treinta años en la ciudad de Valencia. Allí se había trasladado por motivos de trabajo en una naviera y allí le visité un fin de semana que, con el transcurso de los años, se convertiría en el último contacto personal. ¡Ah, la vida!. Qué lejos quedan ahora los recuerdos compartidos y qué amarga nostalgia la del final de la esplendente década de los setenta del pasado siglo. No quiero hacer pedestre literatura funeraria, amigo. Mucho menos cuando tu muerte cibernética, nunca mejor dicho, me resulta tan virtual. Pero es triste la circunstancia. Pensaba rememorar algunos momentos (aquel inefable viaje a Londres contigo y con Julio) y personas comunes a los dos (¿qué habrá sido de Mima y Françesca, aquellas estupendas amigas catalanas que tanto contribuyeron a desbastarnos?), pero no me apetece. Hoy no.

La verdad es que, todavía impactado por la brutal noticia, quería al menos dejar aquí estas breves líneas de desahogo, de homenaje al amigo muerto (insisto en que no me lo creo del todo). Ya no me llegará el aroma de tu predilecta colonia “Old Spice”. No volveremos jamás a viajar en coche juntos. Tú conduciendo con las manos enguantadas y como si compitieras en una carrera sin fin al estilo de las de Punto límite: cero (1971), aquella road movie típica de los setenta dirigida por Richard Sarafian con guion de Guillermo Cain (Cabrera Infante para los no entendidos). No proyectaremos pelis porno en el “Cinexin” de tu hermano pequeño, ni volverás a contarme las experiencias de tu infancia sudafricana. Tampoco estaremos a punto de cruzar los “guantes” por una fermosa "vaquera" como aquella noche en la calle Hermosilla. Ni volveremos a darnos un lingotazo del whisky de la petaquita de la “libertad de expresión”. Hasta aquí llego, Félix, estupefacto de constatar cómo, al parecer, se ha interrumpido abruptamente tu peripecia vital y motivado a escribir este “post” por dejar una pequeña huella amistosa de tu paso por esta vida en la que compartimos una intensa, si bien poca extensa en el tiempo, complicidad. Supongo, amigo, que ahora ya habrá más noticia y, al menos, un enlace adicional en forma de memento a la caquexia cibernética que, en tu caso y en el de muchos, tanto contribuye al olvido. Un fuerte abrazo.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

03 Sep 2013

UNA EXCURSIÓN CARABANCHELERA (LA ÚLTIMA) CON CARÁCTER RETRO-RETROACTIVO EN EL VERANO DEL 2006

Escrito por: MARIANO JUAN-R. el 03 Sep 2013 - URL Permanente

Pues sí, el susodicho lunes vine a Madrid para llevar a P. que (¡cómo no! Tenía consulta familiar en el Clínico) y, de paso, pues que me dije: Don’t Think Twice, It’s All Right, que diría Bob (Dylan para los no-cómplices), y me dirigí a la zona. Y bien, aquí viene la narración de lo sucedido en esa excursión por el “túnel del tiempo” (bien podríamos matizar) de unas cinco horas de duración. La primera parada fue en la avenida de Oporto, en donde aparqué el coche cerca del actual colegio de E. S. “Emilio Castelar” (que como habrás adivinado es el mismo que inauguramos como instituto masculino filial nº 5 del Ramiro de Maeztu: Virgen de las Gracias, en mi caso; y como filial femenino del ¿Lope de Vega?, en el tuyo). Bueno, voy a abreviar porque si soy muy detallista me voy a tirar toda la mañana con el correo…

El colegio se conserva bastante bien con sus pintadas características y con unas persianas bastante deterioradas que no creo sean las mismas, empero (la fotografía del instituto es mucho más reciente). Sigue el mismo patio cercado por altas vallas metálicas, ya que todo el recinto se encuentra cerrado por verjas de hierro. No obstante, por algún intersticio se puede apreciar que el enorme patio ya no está separado con carácter sexista como en tiempos, y es que la educación ya es mixta (¡igualico, igualico que el difunto de su…!). Bueno, de ahí me marché a localizar por la calle General Ricardos arriba el cine Los Ángeles, en donde se veían a veces películas de reestreno (¿Qué coño querría decir eso del “reestreno”: que no pagabas una entrada tan cara como en la Gran Vía, aunque la peli ya hubiera hecho su fatigado recorrido distribuidor?). Al respecto, recuerdo haber visto en este preciso cine la maravillosa La hija de Ryan con… ¡papá!. Estoy casi seguro, aunque, por otra parte, es claro que no vimos demasiadas películas juntos (¡esta memoria, tramposa y escurridiza como no puede dejar de ser!). Pues ahora, sigo relatando, ocupa el local lo que debe ser un centro evangélico ya que en lugar del cartel de reestreno y el nombre comercial de la sala cinematográfica encuentras un anuncio luminoso ribeteado con adornos (pero sin echadoras de cartas, ojo) que dice: “El cuerpo de Cristo”, nada más y nada menos. Ahí es nada.

El siguiente punto rememorador en la “tanguera” excursión fue la búsqueda del entonces llamadao cine Imperio (¿se nota que ya iba de cine la cosa?). Sí, aquél al que asocio el recuerdo más antiguo de películas vistas en la gran pantalla (“Supermán contra la banda negra”, “Superargo el gigante” o “Gotzilla contra los monstruos” que, por cierto, la primera y la última eran japonesas), y que debía localizarse cerca de la plaza de Carabanchel Alto, junto a una iglesia y la actual sede de la junta municipal de distrito. Puedo confirmarte que ya no existe no ya solo el cine sino ni siquiera el inmueble, dato que me corroboraron algunos vecinos presentes a los que pregunté.

A todo esto, esta zona está llena de nuevas viviendas que rodean la entrada oeste, dijéramos, del enorme polígono que se dedica a múltiples edificios públicos (colegios, residencias de mayores, escuelas de huérfanos -en algún campo de fútbol jugué yo algún que otro partido contra el club de los tales, los huérfanos quiero decir-, dependencias municipales y policiales…) y que sigue teniendo un larguísimo perímetro amurallado con ladrillo (poco visto, en verdad), delimitado por barrios de Carabanchel Alto como los de: Pan Bendito, Camino Viejo de Leganés, Puerta Bonita -con su veterano campo de fútbol-, etc.).

La próxima estación melancólica se encontró ya en nuestra familiar colonia Velázquez, después de pasar por un lado periférico del territorio comanche más conocido por el Pan Bendito, ya citado. Observé los edificios nuevos, las calles, la fauna urbana… y, la verdad, es que me dio una buena impresión (tan alejada de la pretérita gitanería ambiental tan a gusto con el caos de los burros atados en las terrazas y la pobretería generalizada). En concreto, nuestro antiguo barrio con sus casas y plazas recién rehabilitadas en fachadas y estructuras de patios, con nuevo revoco en paredes, lucían como nunca. Y las plazas, en particular, destacaban por su mucha vegetación y por zonas ajardinadas bien cuidadas, con esmero incluso, y con columpios y zonas de recreo infantil respetados, como se debe.

En el número 9 de la plaza de la Rendición de Breda (¿te suena, verdad?), pregunté a un señor mayor que salía del portal por la rehabilitación tan lustrosa y el señor, muy amable, de nombre Luis, me dijo que vivía desde el inicio de la construcción de la colonia en el mismo número y en el piso 4º D. Me presenté, naturalmente, y ¡mira por dónde!, no sólo se acordaba de mí (o sea, del escuincle que yo fui), sino que me ofreció detalles y datos tanto de papá como de mamá. Excelente memoria. Recordaba que habíamos sido los primeros vecinos en emigrar de la casa (cosas de la movilidad social o de la recuperación de nuestra casa en barrio mesocrático venido a más), que había tenido buen trato con nosotros y que hasta le había realizado algunas reparaciones, posteriormente, a la abuela Viki. Y que seguro que nuestros padres se acordarían a su vez tanto de él como de su esposa (además de una señora de edad que vivía entonces con ellos: la abuela Isabel). Por supuesto, me dio recuerdos para todos de un modo afectuoso y, por ello, aquí quedan plasmados para que se los transmitas a los “paterfamilias”.

Asimismo, al yo mencionarle cuáles eran mis amigos coetáneos de la casa, se acordaba, claro, de todos (y sus travesuras, como las del que tecléa en este instante: verdadero travieso y zascandil según confirmó una vecina que se incorporó a la espontánea tertulia vecinal) y me apuntó que uno de ellos, Javier, el hijo de Carmen, la vecina de enfrente nuestro, era arquitecto y que, precisamente, había sido el responsable de las reformas mencionadas en la colonia. Ya no vivía allí, pero sí muy cerca en la avenida de los Poblados. Y nada más. Me despedí del tal señor Luis, con buen sabor de boca, naturalmente.

Recorrí la zona (no la de Tarkovski, claro está) y la verdad es que está estupenda. Donde había huertas, arroyos y riachuelos, es decir, en el terreno que iba de los laboratorios “Roche” hasta el campo de fútbol “Ernesto Cotorruelo” -¿te sitúas, criatura?-, pues ahora hay un gigantesco parque verde que se une con el que entonces llamábamos “del Sur”, en un continuo recreativo y natural lleno de zonas de esparcimiento, deportes varios, fuentes y bancos de reposo. Increíble de verdad cómo se había trocado aquel terreno asilvestrado en donde nuestros perros callejeros iban a cazar ratas y nosotros a masticar “el pan y quesito” y recoger las hojas de morera para los gusanos de crianza casera de algún que otro árbol en donde en nefasta ocasión vimos una vez a un ahorcado balancearse. Ya no era, por fortuna, zona de dreas por lo que nadie podría salir descalabrado. Cosas del progreso: eso dicen.

Regresé sobre mis pasos (no iban a ser los de otro) y comprobé que la vía Lusitana, la antigua pista abandonada en donde se hacían las pruebas de maniobras y aparcamiento para el examen de conducir, se había convertido en una verdadera cuasi-autovía rodeada de abetos esplendentes y exuberantes arbustos formando una feraz y frondosa medianera de carretera de doble sentido. Todo espléndidamente cuidado y con señores mayores y mamás paseando, jóvenes deportistas corriendo y todo así como en una "acuarela" edénica que diría el siempre poco admirado para sus méritos don Manuel Azaña Díaz.

Bueno, recorrí algunas plazas, hice algún descanso reparador en oportuno banco agradecido, y rememoré y di salida a la nostalgia tanguera (¡y no tan tanguera, qué coño, que me pasé los mejores años de infancia-adolescencia por esos pagos -cuando todavía se podía jugar en la calle- y ya se sabe que los animalitos tienen su querencia!). Y decidí dar por cerrado el paseo retroactivo (para evitar el exceso de edulcorante memorialístico), dirigiéndome hacia la avenida de Abrantes y dar buena cuenta de algún que otro menú barriobajero, ya en la avenida de Oporto y cerca de donde estuvo el antiguo cine homónimo, en la actualidad sala de bingo y juegos. Justo en la esquina dando ya a la plaza Elíptica hay un bar-cafetería bastante transitado por “representantes” de la oferta y la demanda laboral (sumergidas, claro está, ambas dos en esta España mía, esta España nuestra), en donde estuve descansando de la solanera ambiental.

Pues bien, cuando estaba a punto de marcharme me encontré con un señor absolutamente idéntico (con los trienios transcurridos de la edad muy evidentes, no obstante, en su faz, pero no en sus rebeldes rizos castaños) al Javier mentado de la infancia y sobre el que, como se ha matizado, me había hablado el tal Luis, vecino. Sin dudarlo un momento, le paré y le dije quién era yo y quién era él (¿te imaginas?, ante todo desparpajo si la ocasión la pintan calva, que diría Carpanta, y no cabe duda que esta se encontraba bastante alopécica). ¡Imagínate la cara de sorpresa que puso y su estupefacción!. Y, cómo no, salió… ¡bingo!, ya que estábamos tan a mano de uno. Y la verdad fue un encuentro maravillosamente surrealista [¡ay, don Luis Buñuel Portolés, cuánto le quiero y añoro!, sobre todo en este XXXº aniversario de su muerte], porque, de repente, dos desconocidos a los que les había caído la friolera de más de 35 años encima se encontraban como por encanto, nunca mejor dicho, aunque ni los soldaditos de Pavía ni los del Tercio en Flandes nos asistieran.

Fue una situación extraña, ciertamente, y sin embargo muy agradable pues estuvimos casi una hora haciendo recopilación testimonial de personas (él se había casado con una hija de Sancho el de la pollería en la avenidad de Abrantes, con la que tenía dos niñas: la mayor ya de 16 años), lugares (el bar de Basilio, la panadería de Dolores, la churrería de la esquina, la mercería de la otra esquina de la plaza Rendición de Breda, los ultramarinos de Aquilino -quien me apodaba “Batito”: vaya usted a saber la razón-, el colegio de don Isidoro, la consulta médica del doctor Pato, de cuyas inyecciones todavía doy un respingo memorialístico) y recuerdos en general (la línea de autobús P-18, la pretérita camioneta del gallego, la moto “guzzi” de color rojo de papá y sus perneras ajustadas con pinzas para no mancharse en exceso del barro de las calzadas…). Se acordaba con precisión de nuestros padres, pero no de mi cara infantil, aunque sí de quién era, claro, y de nuestros juegos compartidos en su casa con su colección de soldaditos de plomo. Bien es verdad que por poco tiempo, ya que nos llevábamos varios años (él había nacido en 1953 y yo en 1958). También recordaba que yo tenía una hermana mayor, rubia y bien galana (¡ahí es nada el benemérito calificativo: me lo acabo de inventar, la verdad!), casi de la misma edad que él. Su madre, Carmen, me comentó que seguía viva, con 87 años bien llevados y su padre (un señor alto, enjuto, con bigote y muy bien educado en mi magín nostálgico), ya no.

En fin, que como te digo (os digo) charlamos muy gratamente, con la sensación compartida de conocernos de toda la vida (¡qué barbaridad!). Nos despedimos allí mismo hasta siempre (con la convicción de que era nuestro, ahora sí, último encuentro) y nos dimos recuerdos para nuestros respectivos familiares; él matizó que estaba seguro que su madre los iba a recibir con mucha alegría, lo cual me alegró mucho también como es natural. Y bueno, punto final a este extraño “e-mail” por su extensión, contenido y oportunidad, pero así son las cosas. Como ves, esto de la ciber-tecnología comunicacional no deja de ser un medio que, aparte de la inmediatez y fugacidad, siempre puede retratar al usuario directo, es decir, aquí el que suscribe, ya absolutamente exhausto y con calambres en los dedos (las yemas más bien). ¿Os plau?. Bien, pues tómatelo no a beneficio de inventario llorón-tanguero, sino de regalito de cumple de este que sigue considerando que: “Tú vales mucho, nena”. Agurcito y ya que lo he citado implícitamente, quede constancia aquí, también, de mi tierno recuerdo al gran Fernando G. Tola que con los dioses se solace por siempre (entre muchos de sus aciertos por haberle dado vela en todos los entierros a aquel inolvidable juglar barriobajero de nombre Luis Pastor: hoy vivito y "cantautorreando" de ley: como siempre ha hecho. Besos.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

09 Feb 2013

FOTOGRAFÍA (EXPOSICIÓN EN MADRID): VIRXILIO VIEITEZ

Escrito por: MARIANO JUAN-R. el 09 Feb 2013 - URL Permanente


Figueroa Cerdedo, 1959 (Virxilio Vieitez) (Fuente: Guía del Ocio)

Yo a Galicia he viajado pocas veces, en verdad, pero las que lo he hecho han sido inolvidables y no solo por el impacto emocional recibido de esa tierra de maravillas infinitas, sino por haber disfrutado del contacto personal con sus gentes. En particular, recuerdo con singular agrado una estancia de unos pocos días visitando a la familia de mi padrino Pepe en el pueblo pontevedrés de Arcade, creo recordar que muy cercano a la ría de Arosa, o tal vez localizado en su mismo litoral. Del trato con aquellas personas tan amables y hospitalarias (¡vaya empanada de carne y guiso marinero con mejillones con que nos deleitaron un sensacional almuerzo!) siempre me quedó un gran estímulo, una apetencia recurrente a visitar esos terruños y, en efecto, en un par de ocasiones he vuelto a gozar de sendos viajes siempre en coche por casi toda Galicia.

En esa primera toma de contacto yo debía tener menos de diez años, por lo que fue en la segunda mitad de los sesenta. Y justo a esta época y a la década de los cincuenta pertenecen la amplia mayoría de las fotografías de esta soberbia exposición del fotógrafo gallego Virxilio Vieitez (1930-2008) que, comisariada por Enrica Viganó, se ha inaugurado hace dos días en la Fundación Telefónica de Madrid y que permanecerá abierta hasta el 19 de mayo, siendo la entrada gratuita.

Vieitez ha logrado reunir un catálogo de imágenes (en su aplastante mayoría en blanco y negro) casi antropológico de sus paisanos pontevedreses de la Terra de Montes, resaltando primordialmente la peripecia, el avatar, de las personas, su rostro y rastro casi diríamos genéticos, su impronta profundamente humana. Y por eso, más allá de la indudable penuria de bienes, de una cierta miseria rural y aldeana contrastando con la belleza de la naturaleza (cuando se aprecia y recrea), lo que se palpa, se goza, es ese mapa físico de la diversidad de semblantes, esa topografía de la faz humana, ese anhelo vehemente de vanidad y por qué no de exhibicionismo coqueto y hasta seductor. Porque quienes posan lo hacen bien con sorprendente naturalidad cómplice (bailes, fiestas, celebraciones…) o bien con la solemnidad rigurosa del acto ceremonial (fotografía para carné, bodas, comuniones, entierros…). Lo hacen lo mismo ancianos que adultos, jóvenes y niños y todos ellos empatizan con la mirada sabia del artista que, se constata, se halla feliz en su medio, su contexto y su paisanaje.

Los fotografiados, por su parte, igualmente aceptan esa mentada complicidad con sus gestos confiados, seductores insisto, o con la severidad que aflora al rostro e informa de una vida trabajada y penosa, sin duda. Se acicalan, se adornan con sus mejores vestidos (ay, esas faldas de cretona floreada que tanto realzan los corpiños xeitososa los que cantó Andrés do Barro), se repeinan y lucen el mejor talante, casi como si estuviéramos siempre en ese lúdico domingo musical al que cantó, por su parte, la sin par y pizpireta Gelu. Y con ellos, cómo no, los visitantes de la exposición, encantados de asistir al envite fotográfico y de recrearse con unos tiempos, una época que sin duda no fue tan triste, sobre todo para los chiquilines (aficionados o no al vino quina vitaminado Sansón) y los jóvenes entre los que yo me encontraba entonces saturados de ansias de vivir y de experimentar la aventura humana. Esa de la que con gran maestría ha levantado acta fotográfica el gran Virxilio Vieitez. No se la pierdan.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

01 Feb 2013

CINE: "CONVENCIÓN EN CEDAR RAPIDS" (MIGUEL ARTETA, 2011)

Escrito por: MARIANO JUAN-R. el 01 Feb 2013 - URL Permanente

Bueno, no me negarán que el título es inequívoco y que le hace a uno pensar de inmediato en varios especialistas reunidos en un seminario, celebración o feria de casi segura impronta comercial. Si además sabemos que se trata de agentes de seguros, entonces ya no cabrá duda que, aunque no nos vayamos a encontrar con el Walter Neff (Fred MacMurray) de esa obra maestra que será eternamente Perdición (Billy Wilder, 1944), será más que probable que alguno de ellos comprometa a algún cliente a firmar una póliza, si no de doble indemnización, sí con alguna que otra cláusula más o menos sofisticada o, incluso, esotérica. Es curioso esto de las aseguradoras. Yo en cuanto oigo la más mínima mención en esta materia echo mano a la cartera y ya no digo más para que nadie se sienta incomodado o aludido por la ironía explícita. Pero claro, es que ya han sido varias averías en el hogar dulce hogar e inefables las experiencias tenidas con ese “benemérito” sector asegurador.

Nada que ver con lo dicho por lo que se refiere a esta rutilante comedia del puertorriqueño Miguel Arteta, cineasta desconocido para mí, si bien veo en el “Imdb” que ha firmado la realización de varios episodios de afamadas series de TV norteamericanas, entre ellas mi muy admirada y absolutamente recomendable A dos metros bajo tierra. Y mira por dónde la sorpresa (y el estreno con ella) ha sido gratísima, ya que en esa convención celebrada en un hotel de una ciudad del estado de Iowa, lo de menos serán las pólizas, las coberturas o los arcanos de las cláusulas entre líneas. Y lo de más, será la absoluta celebración de las situaciones hilarantes, rompedoras, cómicas sin tasa resaltadas todas ellas con un ritmo prodigioso, diálogos sutiles y una chispa, una vena cómico-grotesca, que encarna la mayoría del reparto con un salero y un desparpajo incontestables.

Arteta ha sabido dotar de frescura y espontaneidad su historia, sin alardes de cámara ni sutilezas caligráficas de puesta en escena. Saca un gran partido al hotel, al espacio escénico en que se desarrollan la mayoría de las secuencias del filme y, como se ha matizado, se deja llevar por un guion medido al milímetro, equilibradísimo y con unas dosis de creciente comicidad soberbiamente representadas en unos personajes encantadores, cómplices máximos del espectador. En este sentido, me ha resultado especialmente atractivo el agente Tim Lippe, interpretado por Ed Helms, actor desconocido para este cinéfilo de guedejas más bien canas que teclea en este instante, al que he relacionado con el desopilante Jerry Lewis que tantos líos ocasionaba antaño, allá por los cincuenta-sesenta del pasado siglo, en los grandes almacenes, en las clínicas de caso clínico, en las trincheras del frente o allí donde la ocasión la pintaran calva, que diría Carpanta: el inefable comedor de pollos asados.

Junto a él, en un breve papel, casi cameo, una guapísima y madura Sigourney Weaver; un histriónico y simpatiquísimo John C. Reilly (Las horas, Magnolia); una encantadora Anne Heche (Donnie Brasco) y como convincente compañero de dormitorio, Isiah Whitlock Jr., el corrupto senador de Baltimore, Maryland, con una singularísima forma de pronunciar la “ese” de “Shit” (mierda) en esa obra maestra absoluta de serie de TV que es The Wire (David Simon, 2002-2008). En definitiva, una comedia excelente que te reconcilia con la vida, te anima a romper cortapisas y tabúes y, last but no least, ironiza hasta la caricatura con los remilgos de lenguaje y los amaneramientos impostores del oficio deshumanizado por el sacrosanto ánimo de lucro.

NB: el filme está editado en dvd en nuestro país por la Twentieh Century Fox-España dentro de su colección “Indie Project”, con una estupenda copia en V.O.S. en castellano.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

23 Ene 2013

CINE: "LA ALDEA MALDITA" (FLORIÁN REY, 1929)

Escrito por: MARIANO JUAN-R. el 23 Ene 2013 - URL Permanente


Hacía dieciséis años desde la última vez. Creo que fue en uno de los añorados ciclos (actor, director, género específico…) de RTVE, en concreto uno dedicado a obras maestras del cine mudo, en donde se pudo degustar la crema y nata de las películas de los años diez y veinte del siglo pasado con cumbres tales como El nacimiento de una nación (David Wark Griffith, 1915), Metrópolis (Fritz Lang, 1927) o Y el mundo marcha (King Vidor, 1928), por citar solo unas cuantas de las emitidas. Y entre ellas, esta maravilla del cineasta Florián Rey, a la que se considera con razón la mejor película de nuestro cine silente, en una copia restaurada por la Filmoteca Nacional y acompañada de una espléndida banda sonora del gran José Nieto, de 1986, dirigiendo a la Orquesta Sinfónica de Valladolid.

Rodada en 1929, una fecha un tanto tardía para el mercado cinematográfico español en la medida en que ya hacía dos años del estreno norteamericano de El cantor de jazz (Alan Crosland), en la que el inefable cantante de music-hall, Al Jolson, cantaba varios temas (Mammy) perfectamente sincronizados con la imagen (el sistema de sonido con disco Vitagroph de la productora Warner Bros.), en lo que iba a ser uno de los hitos de la aparición del cine sonoro y sus películas, pronto, “cien por cien habladas”. Esta adaptación para la gran pantalla de una historia tremebunda y melodramática de celos, honor y maldición celeste en forma de una naturaleza inmisericorde y áspera frente a los esfuerzos del campesinado por sacarle fruto a la cicatera tierra, sorprendía gratamente por su exquisita puesta en escena y acrisolados encuadres pictorialistas.

El cineasta turolense movía virtuosamente la cámara (sobreimpresiones, actores que se acercan hasta confundirse con ella o que se alejan dándole la espalda, planos medios y de detalle…) dotando a las diversas secuencias de un ritmo ajustado y equilibrado en el que sobresalía una mirada antropológica, casi documental, sobre el éxodo rural de una aldea castellana, Luján, presumiblemente segoviana, en la que su población se veía obligada a emigrar huyendo de la miseria y del hambre, justo en 1900. Diversos planos de ricos matices impresionistas sobre la preparación del viaje, le permitían a Rey recrearse en el paisaje (gargantas, cañones, valles), en la aldea (ruinas del castillo, arcos y puentes) y en el atalaje de los carros y animales de carga.

Y dentro de esa diáspora el personaje central de Acacia, interpretado por la atractiva y sobria Carmen Viance, que simboliza el honor mancillado del macho ibérico contemporáneo por su un tanto casquivana conducta al no hacer oídos sordos a los cantos de sirena de la capital segoviana. Unas elocuentes imágenes del callejeo urbano con su frenesí y ajetreo habituales se insertan para constatar la ineluctable seducción de la gran ciudad o de la capital de provincias. Y es entonces cuando la película despliega todo el poder redentor del perdón tras penar la protagonista, cómo no, la correspondiente penitencia, un mucho sádica. Es inequívoco y contundente el mensaje, sobre todo después de pasar la malhadada Acacia por toda una serie de males de impronta bíblica: prostitución, abandono, lapidación, marginación, rechazo y hasta locura; eso sí, redimida finalmente por la gracia del macho hispánico (en el rol del endemoniado Juan, un convincente Pedro Larrañaga, también productor del filme). Y es que ya lo dice, o mejor decía, el anacrónico refrán: “la mujer con la pata quebrada y en casa”. Aunque la fidelidad al sacrosanto honor de todos los demonios le hiciera morirse de hambre y… aburrimiento: ¡Muera conmigo el honor de Palencia, digo de Luján!.

NB: la película fue editada en dvd hace unos años en la magnífica colección de clásicos españoles por la distribuidora Divisa Ediciones. Un “remake”, de 1942, dirigido por el mismo Florián Rey también ha sido editado en dvd, pero en este caso por Filmax y Mercury.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

16 Ene 2013

CINE: "ALTO, BAJO, FRÁGIL" (JACQUES RIVETTE, 1995)

Escrito por: MARIANO JUAN-R. el 16 Ene 2013 - URL Permanente

Bien es verdad que hay gente para todo. Incluso para negarse a ver una película porque ya se ha visto una vez. Y mira que uno insiste en el craso error cometido. Pero nada, que no hay opción ni nueva oportunidad y con ello el disparate crece hasta niveles… exponenciales que diría un exagerado tontiloco. Y, sin embargo, el arte cinematográfico es de los pocos que siempre te invita a la revisión y no tanto porque el placer de las imágenes se vuelva a ratificar indubitadamente, como porque la capacidad de sorpresa nunca queda satisfecha del todo más allá de inevitables decepciones: que también las hay, claro está.

No es este el caso de esta parodia híbrida y sui géneris del director de la excelente Vete a saber (2001). Un filme provocador, irritante por momentos (seguro), pero vital, divertido, anárquico, libre y musical, sí, hasta un punto que resulta casi imposible no dejarse llevar por la cadencia sonora, melancólica, amorosa y subyugante de la vocalista homónima del grupo francés Enzo, Enzo, cuya voz ejerce una seducción irresistible con una calidad de matices jazzísticos en el acompañamiento instrumental que te atrapa y fascina por completo (cuatro hermosas canciones pertencientes a su segundo álbum: “Deux”, publicado en 1994). Mientras, los estupendos intérpretes, en especial el trío de maravillosas actrices que bordan sus papeles con increíble encanto: Nathalie Richard, Marianne Denicourt y Laurence Côte (la inolvidable rebelde "con causa" de esa obra maestra absoluta del gran André Téchiné que es Los Ladrones, de 1996), dan rienda suelta al poder revulsivo del gesto, del movimiento, del paso de baile con irrefrenable pasión liberadora en la pista del “Backstage” parisino.

Me refería antes al carácter híbrido de esta apuesta del amigo Rivette, porque, no cabe duda, que no podemos incluirla con facilidad dentro de los géneros convencionales (comedia, drama, musical…). Además, la indudable autoría de estilo del cineasta francés -ya octogenario pero en plena forma de acuerdo con su gratísima y reciente El último verano (2011), con los magníficos Jane Birkin y Sergio Castellito en sendos personajes protagónicos-, se resistiría a tal encasillamiento y sus bellas imágenes se escurrirían como un congrio del habitual afán clasificatorio. Aquí nos encontramos con un inspirado “collage” narrativo, rabiosamente individual, irónico y distanciado que invita al espectador a dejarse llevar con los enredos existencialistas y lúdicos de sus criaturas: unos actores que se mueven (bailando, en verdad, con envidiable complicidad física) con un constante estímulo comunicativo, hablador (casi lenguaraz), pero sin que el magnético lenguaje corporal quede marginado: todo lo contrario.

Lo de menos es la trama y de hecho hay muchos momentos en donde el lenguaje, las palabras, parecen sobrar, llenar un vacío entre pasos y coreografías asilvestradas, aparentemente. Estamos en territorio Rivette y, por tanto, la puesta en escena es exquisita, medida hasta un punto minucioso y delirante (recordemos su fascinante La bella mentirosa, de 1991). Nada queda a la arbitrariedad aunque sus libérrimas imágenes hagan pensar otra cosa. Y si la duración alcanza casi las tres horas, no será porque la historia se escape de las manos del cineasta, sino por la maravillosa alegría de vivir que se desprende de estas calidades visuales y sonoras que exigen continuidad y que parecen insinuarle, casi susurrarle, al espectador una irrechazable oferta seductora: ¿Bailas?.NB: no me consta que esté a la venta en dvd en España esta deliciosa película de Rivette que, a no tardar, pronto tendremos la oportunidad de disfrutar en nuestro país. De momento, habrá que contentarse con las grabaciones caseras del ya venerable sistema Vhs pero con gran calidad de imagen todavía. 

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

08 Ene 2013

CINE: "FURTIVOS" (JOSÉ LUIS BORAU, 1975)

Escrito por: MARIANO JUAN-R. el 08 Ene 2013 - URL Permanente


No estoy seguro del todo, pero creo que disfruté de esta obra maestra en su estreno madrileño a finales de 1975 (¡buen año este!) en el hoy desaparecido cine California, el de la calle Andrés Mellado del castizo barrio monclovita. Por entonces ya yo (yo ya: gracias por todo maestro don Fernando Fernán-Gómez) tenía casi dieciocho años y hacía ya varios que no tenía ningún problema para entrar en los cines sin necesidad de mostrar el dni: ventajas del palmito coetáneo. Pero sí que tuve alguno para volver a la normalidad y recuperarme del brutal impacto recibido con las imágenes de la película de Borau: un verdadero catálogo de la estulticia, corruptela, maldad y crueldad humanas que me dejó un poso sólido de amargura y desazón durante mucho tiempo.

No solo se trataba de varias secuencias tremebundas, impropias de la finura y sensibilidad constatadas del cineasta aragonés recientemente fallecido, sino de un auténtico horror, una violencia inaudita desatada contra un animal indefenso: una loba atrapada en un cepo de caza furtiva cuyos alaridos de dolor perforan el tímpano y el corazón del espectador y que, finalmente, recibirá unos golpes de gracia (maldita, desde luego) con un sanguinario azadón. No quiero yo contribuir aquí y ahora a reabrir un debate que ya en su día llevó a diversas asociaciones y protectoras animalistas a denunciar la violencia brutal, gratuita y canallesca de estas secuencias. Pero no se puede escribir mínimamente de esta gran película, sin hacer mención por escueta que sea, de este atropello bárbaro. Otro más de la asesina naturaleza humana: ayer mismo leía que un jinete menorquín se cebó a golpes con una barra de hierro contra su caballo trotón por haber cometido un error que le impidió ganar la carrera provocándole la muerte por las lesiones y la fatal caída que sufrió al intentar huir de la salvaje paliza: bendito país de todos los demonios y del toro de Tordesillas, del holocausto taurino, de gallos con la cabeza cercenada (Las Hurdes, 1932, de Buñuel), de galgos ahorcados, de encierros y demás jolgorios festivos del cafrerío nacional ante la permisividad y connivencia cómplice de nuestros gobernantes con el farias en la boca y la miseria en el corazón.

Pero retornemos al asunto cinéfilo para matizar que, si bien he estado muchos años negándome sistemáticamente a volver a ver este filme por la barbarie apuntada, mira tú por dónde, la lectura del último número del mes de enero de la estupenda revista Caimán. Cuadernos de Cine me ha estimulado lo suficiente como para suspender el escrúpulo animalista. En concreto, varios artículos de homenaje al director de Leo y uno especialmente atractivo de Manuel Gutiérrez Aragón que rememora, entre otros aspectos, cómo llegaron a escribir Borau y él el magnífico guion de la película.

Una experiencia, la del rodaje, que rememora el que fuera presidente de la Academia del Cine Español, en un delicioso comentario incluido como extra en la edición en dvd de Furtivos que sacó hace ya algunos años el diario El País en su formidable colección de Cine Español. En particular, alude a cómo Gutiérrez Aragón y él pergeñaron una historia que tenía que tener como protagonistas indiscutibles dos elementos fundamentales: por una parte, la presencia de un bosque, de una naturaleza omnipotente con toda su belleza y brutalidad, como una metáfora de una sociedad hiperviolenta que acosa, acecha y persigue al individuo y, por la otra, la participación de la gran actriz Lola Gaos (la inolvidable Saturna en la obra maestra de don Luis Buñuel: Tristana).

Y, en efecto, esos dos elementos no solo casaron a la perfección, sino que vertebraron otra historia mágica de España, un cuento cruel, en donde los escopetazos recurrentes bien podríamos afirmar que se dirigían con sutileza y rigor no solo contra los ciervos y venados del coto boscoso, sino contra la propia dictadura franquista. Es increíble que esta maravilla lograra rodarse, primero, y estrenarse, después, en nuestro país cuando todavía la censura -y con ella el dictador- seguía dando sus últimos estertores (si bien acabando el inefable 1975 una película tan violenta y polémica como La naranja mecánica, de Stanley Kubrick, creo recordar que obtuvo el informe favorable de los cerriles censores franquistas).

Hablamos, pues, de uno de los grandes logros del cine español, con un ritmo modélico, gran riqueza de planos y una fotografía deslumbrante del gran Luis Cuadrado (director también de la de La caza y de la de El espíritu de la colmena, otras dos cumbres de nuestra cinematografía de Carlos Saura y Víctor Erice, respectivamente) con la magnífica colaboración como segundo operador de Teo Escamilla. Sobre el reparto, solo puedo decir que todos los actores ofrecen un auténtico recital, con mención especial para la ya citada Lola Gaos que borda un personaje inolvidable por su naturalidad, maldad, molicie y crueldad no exenta de un perturbador erotismo alacre. Alicia Sánchez, por su parte, personifica una joven rebelde y enamoradiza, sensual, guapetona y buena actriz. Mi querido Ovidi Montllor, el maravilloso cantautor de Alcoi tan añorado (Perque vull, Teresa, Sí, senyor…y tantas inolvidables canciones), en uno de sus primeros papeles cinematográficos, da el perfil adecuado al representar a un introvertido y enmadrado cazador furtivo de turbia convivencia familiar. Es de destacar que el papel del gobernador provincial lo representa el propio Borau con loable convicción, al no poder conseguir la participación prevista de José Luis López Vázquez.

No quisiera terminar estos apuntes sin mencionar el absurdo, la estupidez, perpetrados al doblar a varios de los actores principales como el propio Ovidi (con su peculiar tono viril y la soberbia voz que tenía), Alicia Sánchez o el mismo Borau (doblado, además, por un actor tan reconocible como Rafael de Penagos). Pero, constatados el dislate del doblaje y la insoportable crueldad contra los animales, este Furtivos no solo se mantiene fresco y lozano, eternamente joven (como la música de Vainica Doble, aquel dúo femenino de inolvidables voces, autor del pegadizo tarareo recurrente de la banda sonora), sino que se consolida como una de las imperecederas obras maestras del cine español.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

DE QUÉ VA LA COSA

Avatar de MARIANO JUAN-R.

MISCELÁNEAS CULTURALES COMPARTIDAS

EN ESTE BLOG VOY A ESCRIBIR DE MODO DESENFADADO SOBRE BUEN CINE Y LIBROS RECOMENDABLES, PERO TAMBIÉN DE LO QUE APETEZCA AL HILO DE LA PERIPECIA VITAL (MISCELÁNEAS AL FIN Y AL CABO), PROCURANDO NO FALTAR A LA CITA DEL FIN DE SEMANA CON NUEVAS ENTRADAS, SIEMPRE QUE A LA INSPIRACIÓN (¡ESA CANALLA!) NO LE DÉ POR IRSE A CORTAR EL CUPÓN.

TAMBIÉN IRÉ PUBLICANDO ALGUNAS FOTOGRAFÍAS ESTIMULADAS, SIQUIERA MIAJITA, POR AQUELLOS "MAGIC TIME" QUE TANTO CELEBRABA, SIN MORIGERACIÓN ALGUNA EL GRAN JACK LEMMON DE "DÍAS DE VINO Y ROSAS". AUNQUE AQUÍ SERVIRÁN, APARTE DE ESTÍMULO VISUAL, COMO PRETEXTO PARA ESCUCHAR CANCIONES PREDILECTAS O PARA DIVAGAR A VUELA TECLA.

Y BUENO, AMIGOS, YA SOLO QUEDA DAROS LA BIENVENIDA, SI NO CON EL "RANGOLI" BENGALÍ (VÉASE: "EL RÍO" DEL GRAN RENOIR), SÍ CON MI MEJOR DISPOSICIÓN. TENIENDO EN CUENTA, ESO SÍ, QUE LA VIDA ES "ONDULANTE" (MONTAIGNE DIXIT).

. . . . . . . . . . .

MATIZ ÚLTIMO (31 DICIEMBRE 2013): DIVERSAS Y ABSURDAS DIFICULTADES TÉCNICAS ME IMPIDEN SEGUIR PUBLICANDO EN ESTA COMUNIDAD, POR LO QUE DOY POR FINALIZADA ESTA AVENTURA CIBERNÉTICA DE CUATRO AÑOS (2010-13). GRACIAS A LOS VISITANTES, COMENTARISTAS Y AMIGOS "COMUNEROS". HA SIDO UN PLACER, SIN DUDA. Y COMO CREO QUE LA PERMANENCIA DEL BLOG ES UNA MODESTA CONTRIBUCIÓN AL BIEN PÚBLICO CULTURAL, QUE TANTO HAY QUE CUIDAR SIEMPRE, NO SERÉ YO QUIEN LO ELIMINE DE LA WEB.

UN ABRAZO.

ver perfil »

TODOS LOS POSTS DE UN VISTAZO EN "ARCHIVOS"

Tags

Suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):