09 Feb 2013
FOTOGRAFÍA (EXPOSICIÓN EN MADRID): VIRXILIO VIEITEZ

Yo a Galicia he viajado pocas veces, en verdad, pero las que lo he hecho han sido inolvidables y no solo por el impacto emocional recibido de esa tierra de maravillas infinitas, sino por haber disfrutado del contacto personal con sus gentes. En particular, recuerdo con singular agrado una estancia de unos pocos días visitando a la familia de mi padrino Pepe en el pueblo pontevedrés de Arcade, creo recordar que muy cercano a la ría de Arosa, o tal vez localizado en su mismo litoral. Del trato con aquellas personas tan amables y hospitalarias (¡vaya empanada de carne y guiso marinero con mejillones con que nos deleitaron un sensacional almuerzo!) siempre me quedó un gran estímulo, una apetencia recurrente a visitar esos terruños y, en efecto, en un par de ocasiones he vuelto a gozar de sendos viajes siempre en coche por casi toda Galicia.
En esa primera toma de contacto yo debía tener menos de diez años, por lo que fue en la segunda mitad de los sesenta. Y justo a esta época y a la década de los cincuenta pertenecen la amplia mayoría de las fotografías de esta soberbia exposición del fotógrafo gallego Virxilio Vieitez (1930-2008) que, comisariada por Enrica Viganó, se ha inaugurado hace dos días en la Fundación Telefónica de Madrid y que permanecerá abierta hasta el 19 de mayo, siendo la entrada gratuita.
Vieitez ha logrado reunir un catálogo de imágenes (en su aplastante mayoría en blanco y negro) casi antropológico de sus paisanos pontevedreses de la Terra de Montes, resaltando primordialmente la peripecia, el avatar, de las personas, su rostro y rastro casi diríamos genéticos, su impronta profundamente humana. Y por eso, más allá de la indudable penuria de bienes, de una cierta miseria rural y aldeana contrastando con la belleza de la naturaleza (cuando se aprecia y recrea), lo que se palpa, se goza, es ese mapa físico de la diversidad de semblantes, esa topografía de la faz humana, ese anhelo vehemente de vanidad y por qué no de exhibicionismo coqueto y hasta seductor. Porque quienes posan lo hacen bien con sorprendente naturalidad cómplice (bailes, fiestas, celebraciones…) o bien con la solemnidad rigurosa del acto ceremonial (fotografía para carné, bodas, comuniones, entierros…). Lo hacen lo mismo ancianos que adultos, jóvenes y niños y todos ellos empatizan con la mirada sabia del artista que, se constata, se halla feliz en su medio, su contexto y su paisanaje.
Los fotografiados, por su parte, igualmente aceptan esa mentada complicidad con sus gestos confiados, seductores insisto, o con la severidad que aflora al rostro e informa de una vida trabajada y penosa, sin duda. Se acicalan, se adornan con sus mejores vestidos (ay, esas faldas de cretona floreada que tanto realzan los “corpiños xeitosos” a los que cantó Andrés do Barro), se repeinan y lucen el mejor talante, casi como si estuviéramos siempre en ese lúdico domingo musical al que cantó, por su parte, la sin par y pizpireta Gelu. Y con ellos, cómo no, los visitantes de la exposición, encantados de asistir al envite fotográfico y de recrearse con unos tiempos, una época que sin duda no fue tan triste, sobre todo para los chiquilines (aficionados o no al vino quina vitaminado Sansón) y los jóvenes entre los que yo me encontraba entonces saturados de ansias de vivir y de experimentar la aventura humana. Esa de la que con gran maestría ha levantado acta fotográfica el gran Virxilio Vieitez. No se la pierdan.
01 Feb 2013
CINE: "CONVENCIÓN EN CEDAR RAPIDS" (MIGUEL ARTETA, 2011)
Bueno, no me negarán que el título es inequívoco y que le hace a uno pensar de inmediato en varios especialistas reunidos en un seminario, celebración o feria de casi segura impronta comercial. Si además sabemos que se trata de agentes de seguros, entonces ya no cabrá duda que, aunque no nos vayamos a encontrar con el Walter Neff (Fred MacMurray) de esa obra maestra que será eternamente Perdición (Billy Wilder, 1944), será más que probable que alguno de ellos comprometa a algún cliente a firmar una póliza, si no de doble indemnización, sí con alguna que otra cláusula más o menos sofisticada o, incluso, esotérica. Es curioso esto de las aseguradoras. Yo en cuanto oigo la más mínima mención en esta materia echo mano a la cartera y ya no digo más para que nadie se sienta incomodado o aludido por la ironía explícita. Pero claro, es que ya han sido varias averías en el hogar dulce hogar e inefables las experiencias tenidas con ese “benemérito” sector asegurador.
Nada que ver con lo dicho por lo que se refiere a esta rutilante comedia del puertorriqueño Miguel Arteta, cineasta desconocido para mí, si bien veo en el “Imdb” que ha firmado la realización de varios episodios de afamadas series de TV norteamericanas, entre ellas mi muy admirada y absolutamente recomendable A dos metros bajo tierra. Y mira por dónde la sorpresa (y el estreno con ella) ha sido gratísima, ya que en esa convención celebrada en un hotel de una ciudad del estado de Iowa, lo de menos serán las pólizas, las coberturas o los arcanos de las cláusulas entre líneas. Y lo de más, será la absoluta celebración de las situaciones hilarantes, rompedoras, cómicas sin tasa resaltadas todas ellas con un ritmo prodigioso, diálogos sutiles y una chispa, una vena cómico-grotesca, que encarna la mayoría del reparto con un salero y un desparpajo incontestables.
Arteta ha sabido dotar de frescura y espontaneidad su historia, sin alardes de cámara ni sutilezas caligráficas de puesta en escena. Saca un gran partido al hotel, al espacio escénico en que se desarrollan la mayoría de las secuencias del filme y, como se ha matizado, se deja llevar por un guion medido al milímetro, equilibradísimo y con unas dosis de creciente comicidad soberbiamente representadas en unos personajes encantadores, cómplices máximos del espectador. En este sentido, me ha resultado especialmente atractivo el agente Tim Lippe, interpretado por Ed Helms, actor desconocido para este cinéfilo de guedejas más bien canas que teclea en este instante, al que he relacionado con el desopilante Jerry Lewis que tantos líos ocasionaba antaño, allá por los cincuenta-sesenta del pasado siglo, en los grandes almacenes, en las clínicas de caso clínico, en las trincheras del frente o allí donde la ocasión la pintaran calva, que diría Carpanta: el inefable comedor de pollos asados.
Junto a él, en un breve papel, casi cameo, una guapísima y madura Sigourney Weaver; un histriónico y simpatiquísimo John C. Reilly (Las horas, Magnolia); una encantadora Anne Heche (Donnie Brasco) y como convincente compañero de dormitorio, Isiah Whitlock Jr., el corrupto senador de Baltimore, Maryland, con una singularísima forma de pronunciar la “ese” de “Shit” (mierda) en esa obra maestra absoluta de serie de TV que es The Wire (David Simon, 2002-2008). En definitiva, una comedia excelente que te reconcilia con la vida, te anima a romper cortapisas y tabúes y, last but no least, ironiza hasta la caricatura con los remilgos de lenguaje y los amaneramientos impostores del oficio deshumanizado por el sacrosanto ánimo de lucro.
NB: el filme está editado en dvd en nuestro país por la Twentieh Century Fox-España dentro de su colección “Indie Project”, con una estupenda copia en V.O.S. en castellano.
23 Ene 2013
CINE: "LA ALDEA MALDITA" (FLORIÁN REY, 1929)

Hacía dieciséis años desde la última vez. Creo que fue en uno de los añorados ciclos (actor, director, género específico…) de RTVE, en concreto uno dedicado a obras maestras del cine mudo, en donde se pudo degustar la crema y nata de las películas de los años diez y veinte del siglo pasado con cumbres tales como El nacimiento de una nación (David Wark Griffith, 1915), Metrópolis (Fritz Lang, 1927) o Y el mundo marcha (King Vidor, 1928), por citar solo unas cuantas de las emitidas. Y entre ellas, esta maravilla del cineasta Florián Rey, a la que se considera con razón la mejor película de nuestro cine silente, en una copia restaurada por la Filmoteca Nacional y acompañada de una espléndida banda sonora del gran José Nieto, de 1986, dirigiendo a la Orquesta Sinfónica de Valladolid. Rodada en 1929, una fecha un tanto tardía para el mercado cinematográfico español en la medida en que ya hacía dos años del estreno norteamericano de El cantor de jazz (Alan Crosland), en la que el inefable cantante de music-hall, Al Jolson, cantaba varios temas (Mammy) perfectamente sincronizados con la imagen (el sistema de sonido con disco Vitagroph de la productora Warner Bros.), en lo que iba a ser uno de los hitos de la aparición del cine sonoro y sus películas, pronto, “cien por cien habladas”. Esta adaptación para la gran pantalla de una historia tremebunda y melodramática de celos, honor y maldición celeste en forma de una naturaleza inmisericorde y áspera frente a los esfuerzos del campesinado por sacarle fruto a la cicatera tierra, sorprendía gratamente por su exquisita puesta en escena y acrisolados encuadres pictorialistas. El cineasta turolense movía virtuosamente la cámara (sobreimpresiones, actores que se acercan hasta confundirse con ella o que se alejan dándole la espalda, planos medios y de detalle…) dotando a las diversas secuencias de un ritmo ajustado y equilibrado en el que sobresalía una mirada antropológica, casi documental, sobre el éxodo rural de una aldea castellana, Luján, presumiblemente segoviana, en la que su población se veía obligada a emigrar huyendo de la miseria y del hambre, justo en 1900. Diversos planos de ricos matices impresionistas sobre la preparación del viaje, le permitían a Rey recrearse en el paisaje (gargantas, cañones, valles), en la aldea (ruinas del castillo, arcos y puentes) y en el atalaje de los carros y animales de carga. Y dentro de esa diáspora el personaje central de Acacia, interpretado por la atractiva y sobria Carmen Viance, que simboliza el honor mancillado del macho ibérico contemporáneo por su un tanto casquivana conducta al no hacer oídos sordos a los cantos de sirena de la capital segoviana. Unas elocuentes imágenes del callejeo urbano con su frenesí y ajetreo habituales se insertan para constatar la ineluctable seducción de la gran ciudad o de la capital de provincias. Y es entonces cuando la película despliega todo el poder redentor del perdón tras penar la protagonista, cómo no, la correspondiente penitencia, un mucho sádica. Es inequívoco y contundente el mensaje, sobre todo después de pasar la malhadada Acacia por toda una serie de males de impronta bíblica: prostitución, abandono, lapidación, marginación, rechazo y hasta locura; eso sí, redimida finalmente por la gracia del macho hispánico (en el rol del endemoniado Juan, un convincente Pedro Larrañaga, también productor del filme). Y es que ya lo dice, o mejor decía, el anacrónico refrán: “la mujer con la pata quebrada y en casa”. Aunque la fidelidad al sacrosanto honor de todos los demonios le hiciera morirse de hambre y… aburrimiento: ¡Muera conmigo el honor de Palencia, digo de Luján!. NB: la película fue editada en dvd hace unos años en la magnífica colección de clásicos españoles por la distribuidora Divisa Ediciones. Un “remake”, de 1942, dirigido por el mismo Florián Rey también ha sido editado en dvd, pero en este caso por Filmax y Mercury.
16 Ene 2013
CINE: "ALTO, BAJO, FRÁGIL" (JACQUES RIVETTE, 1995)

Bien es verdad que hay gente para todo. Incluso para negarse a ver una película porque ya se ha visto una vez. Y mira que uno insiste en el craso error cometido. Pero nada, que no hay opción ni nueva oportunidad y con ello el disparate crece hasta niveles… exponenciales que diría un exagerado tontiloco. Y, sin embargo, el arte cinematográfico es de los pocos que siempre te invita a la revisión y no tanto porque el placer de las imágenes se vuelva a ratificar indubitadamente, como porque la capacidad de sorpresa nunca queda satisfecha del todo más allá de inevitables decepciones: que también las hay, claro está. No es este el caso de esta parodia híbrida y sui géneris del director de la excelente Vete a saber (2001). Un filme provocador, irritante por momentos (seguro), pero vital, divertido, anárquico, libre y musical, sí, hasta un punto que resulta casi imposible no dejarse llevar por la cadencia sonora, melancólica, amorosa y subyugante de la vocalista homónima del grupo francés Enzo, Enzo, cuya voz ejerce una seducción irresistible con una calidad de matices jazzísticos en el acompañamiento instrumental que te atrapa y fascina por completo (cuatro hermosas canciones pertencientes a su segundo álbum: “Deux”, publicado en 1994). Mientras, los estupendos intérpretes, en especial el trío de maravillosas actrices que bordan sus papeles con increíble encanto: Nathalie Richard, Marianne Denicourt y Laurence Côte (la inolvidable rebelde "con causa" de esa obra maestra absoluta del gran André Téchiné que es Los Ladrones, de 1996), dan rienda suelta al poder revulsivo del gesto, del movimiento, del paso de baile con irrefrenable pasión liberadora en la pista del “Backstage” parisino. Me refería antes al carácter híbrido de esta apuesta del amigo Rivette, porque, no cabe duda, que no podemos incluirla con facilidad dentro de los géneros convencionales (comedia, drama, musical…). Además, la indudable autoría de estilo del cineasta francés -ya octogenario pero en plena forma de acuerdo con su gratísima y reciente El último verano (2011), con los magníficos Jane Birkin y Sergio Castellito en sendos personajes protagónicos-, se resistiría a tal encasillamiento y sus bellas imágenes se escurrirían como un congrio del habitual afán clasificatorio. Aquí nos encontramos con un inspirado “collage” narrativo, rabiosamente individual, irónico y distanciado que invita al espectador a dejarse llevar con los enredos existencialistas y lúdicos de sus criaturas: unos actores que se mueven (bailando, en verdad, con envidiable complicidad física) con un constante estímulo comunicativo, hablador (casi lenguaraz), pero sin que el magnético lenguaje corporal quede marginado: todo lo contrario. Lo de menos es la trama y de hecho hay muchos momentos en donde el lenguaje, las palabras, parecen sobrar, llenar un vacío entre pasos y coreografías asilvestradas, aparentemente. Estamos en territorio Rivette y, por tanto, la puesta en escena es exquisita, medida hasta un punto minucioso y delirante (recordemos su fascinante La bella mentirosa, de 1991). Nada queda a la arbitrariedad aunque sus libérrimas imágenes hagan pensar otra cosa. Y si la duración alcanza casi las tres horas, no será porque la historia se escape de las manos del cineasta, sino por la maravillosa alegría de vivir que se desprende de estas calidades visuales y sonoras que exigen continuidad y que parecen insinuarle, casi susurrarle, al espectador una irrechazable oferta seductora: ¿Bailas?.
08 Ene 2013
CINE: "FURTIVOS" (JOSÉ LUIS BORAU, 1975)

No estoy seguro del todo, pero creo que disfruté de esta obra maestra en su estreno madrileño a finales de 1975 (¡buen año este!) en el hoy desaparecido cine California, el de la calle Andrés Mellado del castizo barrio monclovita. Por entonces ya yo (yo ya: gracias por todo maestro don Fernando Fernán-Gómez) tenía casi dieciocho años y hacía ya varios que no tenía ningún problema para entrar en los cines sin necesidad de mostrar el dni: ventajas del palmito coetáneo. Pero sí que tuve alguno para volver a la normalidad y recuperarme del brutal impacto recibido con las imágenes de la película de Borau: un verdadero catálogo de la estulticia, corruptela, maldad y crueldad humanas que me dejó un poso sólido de amargura y desazón durante mucho tiempo.
No solo se trataba de varias secuencias tremebundas, impropias de la finura y sensibilidad constatadas del cineasta aragonés recientemente fallecido, sino de un auténtico horror, una violencia inaudita desatada contra un animal indefenso: una loba atrapada en un cepo de caza furtiva cuyos alaridos de dolor perforan el tímpano y el corazón del espectador y que, finalmente, recibirá unos golpes de gracia (maldita, desde luego) con un sanguinario azadón. No quiero yo contribuir aquí y ahora a reabrir un debate que ya en su día llevó a diversas asociaciones y protectoras animalistas a denunciar la violencia brutal, gratuita y canallesca de estas secuencias. Pero no se puede escribir mínimamente de esta gran película, sin hacer mención por escueta que sea, de este atropello bárbaro. Otro más de la asesina naturaleza humana: ayer mismo leía que un jinete menorquín se cebó a golpes con una barra de hierro contra su caballo trotón por haber cometido un error que le impidió ganar la carrera provocándole la muerte por las lesiones y la fatal caída que sufrió al intentar huir de la salvaje paliza: bendito país de todos los demonios y del toro de Tordesillas, del holocausto taurino, de gallos con la cabeza cercenada (Las Hurdes, 1932, de Buñuel), de galgos ahorcados, de encierros y demás jolgorios festivos del cafrerío nacional ante la permisividad y connivencia cómplice de nuestros gobernantes con el farias en la boca y la miseria en el corazón.
Pero retornemos al asunto cinéfilo para matizar que, si bien he estado muchos años negándome sistemáticamente a volver a ver este filme por la barbarie apuntada, mira tú por dónde, la lectura del último número del mes de enero de la estupenda revista Caimán. Cuadernos de Cine me ha estimulado lo suficiente como para suspender el escrúpulo animalista. En concreto, varios artículos de homenaje al director de Leo y uno especialmente atractivo de Manuel Gutiérrez Aragón que rememora, entre otros aspectos, cómo llegaron a escribir Borau y él el magnífico guion de la película.
Una experiencia, la del rodaje, que rememora el que fuera presidente de la Academia del Cine Español, en un delicioso comentario incluido como extra en la edición en dvd de Furtivos que sacó hace ya algunos años el diario El País en su formidable colección de Cine Español. En particular, alude a cómo Gutiérrez Aragón y él pergeñaron una historia que tenía que tener como protagonistas indiscutibles dos elementos fundamentales: por una parte, la presencia de un bosque, de una naturaleza omnipotente con toda su belleza y brutalidad, como una metáfora de una sociedad hiperviolenta que acosa, acecha y persigue al individuo y, por la otra, la participación de la gran actriz Lola Gaos (la inolvidable Saturna en la obra maestra de don Luis Buñuel: Tristana).
Y, en efecto, esos dos elementos no solo casaron a la perfección, sino que vertebraron otra historia mágica de España, un cuento cruel, en donde los escopetazos recurrentes bien podríamos afirmar que se dirigían con sutileza y rigor no solo contra los ciervos y venados del coto boscoso, sino contra la propia dictadura franquista. Es increíble que esta maravilla lograra rodarse, primero, y estrenarse, después, en nuestro país cuando todavía la censura -y con ella el dictador- seguía dando sus últimos estertores (si bien acabando el inefable 1975 una película tan violenta y polémica como La naranja mecánica, de Stanley Kubrick, creo recordar que obtuvo el informe favorable de los cerriles censores franquistas).
Hablamos, pues, de uno de los grandes logros del cine español, con un ritmo modélico, gran riqueza de planos y una fotografía deslumbrante del gran Luis Cuadrado (director también de la de La caza y de la de El espíritu de la colmena, otras dos cumbres de nuestra cinematografía de Carlos Saura y Víctor Erice, respectivamente) con la magnífica colaboración como segundo operador de Teo Escamilla. Sobre el reparto, solo puedo decir que todos los actores ofrecen un auténtico recital, con mención especial para la ya citada Lola Gaos que borda un personaje inolvidable por su naturalidad, maldad, molicie y crueldad no exenta de un perturbador erotismo alacre. Alicia Sánchez, por su parte, personifica una joven rebelde y enamoradiza, sensual, guapetona y buena actriz. Mi querido Ovidi Montllor, el maravilloso cantautor de Alcoi tan añorado (Perque vull, Teresa, Sí, senyor…y tantas inolvidables canciones), en uno de sus primeros papeles cinematográficos, da el perfil adecuado al representar a un introvertido y enmadrado cazador furtivo de turbia convivencia familiar. Es de destacar que el papel del gobernador provincial lo representa el propio Borau con loable convicción, al no poder conseguir la participación prevista de José Luis López Vázquez.
No quisiera terminar estos apuntes sin mencionar el absurdo, la estupidez, perpetrados al doblar a varios de los actores principales como el propio Ovidi (con su peculiar tono viril y la soberbia voz que tenía), Alicia Sánchez o el mismo Borau (doblado, además, por un actor tan reconocible como Rafael de Penagos). Pero, constatados el dislate del doblaje y la insoportable crueldad contra los animales, este Furtivos no solo se mantiene fresco y lozano, eternamente joven (como la música de Vainica Doble, aquel dúo femenino de inolvidables voces, autor del pegadizo tarareo recurrente de la banda sonora), sino que se consolida como una de las imperecederas obras maestras del cine español.
29 Dic 2012
ANTE TODO SEAMOS ORIGINALES: UNA ANTOLOGÍA PERSONAL DE LIBROS Y PELÍCULAS RECOMENDABLES SIN NADA QUE VER CON LA ACTUALIDAD MEDIÁTICA
* William GOLDING, El señor de las moscas

* Juan Francisco ARANDA, Luis Buñuel. Biografía crítica
* Edgar NEVILLE, Obras selectas

* Pío BAROJA, “La lucha por la vida” (trilogía): La busca, Mala hierba, Aurora roja



* LA ÚLTIMA NOCHE DEL TITANIC (Roy Ward Baker)
* HOMBRES ERRANTES (Nicholas Ray)
* ÁGORA (Alejandro Amenábar)
* UNA HISTORIA VERDADERA (David Lynch)
* POLICE (Maurice Pialat)
* ÉRASE UNA VEZ EN HOLLYWOOD (Jack Haley Jr.)
* THAT’S ENTERTAINMENT (ÉRASE UNA VEZ EN HOLLYWOOD, PARTE II) (Gene Kelly)
* EL JUSTICIERO (Elia Kazan)
* ANOTHER YEAR (Mike Leigh)
* LOVE ACTUALLY (Richard Curtis)
* EL PÍCARO (Fernando Fernán-Gómez) (serie tv)
* NADER Y SIMIN: UNA SEPARACIÓN (Asghar Farhadi)
* EL INDOMABLE WILL HUNTING (Gus Van Sant)
* LAS MALAS HIERBAS (Alain Resnais)
* BREAKING AND ENTERING (Anthony Minghella)
* EL HAVRE (Aki Kaurismäki)

21 Dic 2012
MI AMIGO NAZARÍN EL CIEGO Y YO DESEAMOS A LOS VISITANTES DEL BLOG FELICES "PLÁCIDOS", O SEA NAVIDADES
16 Dic 2012
CINE: "EL INVISIBLE HARVEY" (HENRY KOSTER, 1950)
09 Dic 2012
"RESEARCH ENTERTAINMENT" O UNA EDITORA DE DVDS QUE HACE HONOR AL REFRANERO: "RECTIFICAR ES DE SABIOS" ("MI HIJO EDWARD", DE GEORGE CUKOR, 1949)
Enviado el: jueves, 22 de noviembre de 2012 16:51
Para: info@resen.es
Asunto: Fw: QUEJA EDICIÓN EN DVD "MI HIJO EDWARD" (GEORGE CUKOR)
04 Dic 2012
CINE: "LA TABERNA DEL IRLANDÉS" (JOHN FORD, 1963)
DE QUÉ VA LA COSA
MISCELÁNEAS CULTURALES COMPARTIDAS
MARIANO JUAN-R.EN ESTE BLOG VOY A ESCRIBIR DE MODO DESENFADADO SOBRE BUEN CINE Y LIBROS RECOMENDABLES, PERO TAMBIÉN DE LO QUE APETEZCA AL HILO DE LA PERIPECIA VITAL (MISCELÁNEAS AL FIN Y AL CABO), PROCURANDO NO FALTAR A LA CITA DEL FIN DE SEMANA CON NUEVAS ENTRADAS, SIEMPRE QUE A LA INSPIRACIÓN (¡ESA CANALLA!) NO LE DÉ POR IRSE A CORTAR EL CUPÓN.
TAMBIÉN IRÉ PUBLICANDO ALGUNAS FOTOGRAFÍAS ESTIMULADAS, SIQUIERA MIAJITA, POR AQUELLOS "MAGIC TIME" QUE TANTO CELEBRABA, SIN MORIGERACIÓN ALGUNA EL GRAN JACK LEMMON DE "DÍAS DE VINO Y ROSAS". AUNQUE AQUÍ SERVIRÁN, APARTE DE ESTÍMULO VISUAL, COMO PRETEXTO PARA ESCUCHAR CANCIONES PREDILECTAS O PARA DIVAGAR A VUELA TECLA.
Y BUENO, AMIGOS, YA SOLO QUEDA DAROS LA BIENVENIDA, SI NO CON EL "RANGOLI" BENGALÍ (VÉASE: "EL RÍO" DEL GRAN RENOIR), SÍ CON MI MEJOR DISPOSICIÓN. TENIENDO EN CUENTA, ESO SÍ, QUE LA VIDA ES "ONDULANTE" (MONTAIGNE DIXIT): ¡POR FORTUNA! (AÑADO YO).
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