26 Sep 2008
En coma, después de una huelga de hambre, una torturada marroquí
El polvorín Marruecos
Se llama Zahra Budkur, tiene veinte años, es estudiante en la Universidad de Marrakech. Por haber participado en una marcha de protesta fue golpeada por la policía, encarcelada junto con centenares de compañeros en la siniestra comisaría de la Plaza Jamaâ El Fna (visitada a diario por miles de turistas) y salvajemente torturada. Los guardias la obligaron a permanecer desnuda, mientras tenía sus menstruaciones, durante días, delante de sus camaradas. Para protestar, Zahra inició una huelga de hambre, y se halla en estado de coma. Su vida pende de un hilo (1).
¿Ha oído alguien, en Europa, hablar de esta joven estudiante? ¿Nuestros medios de comunicación han citado acaso la trágica situacion de Zahra? Ni una palabra. Ninguna tampoco sobre otro estudiante, Abdelkebir El Bahi, arrojado por la policía desde lo alto de un tercer piso y condenado para el resto de sus días a la silla de ruedas por fractura de la columna vertebral.
www.monde-diplomatique.es/
http://www.monde-diplomatique.es/isum/Main?ISUM_Portal=1
08 Jul 2008
Recuerdos del exilio: LA “BILLO’S CARACAS BOYS”
Eran más que amigos. Trabajaban juntos y vivían juntos. Sus familias, compartían era, establo, fiestas y cosechas. La guerra los separó a pesar suyo. Su amigo se fue al frente, él, por edad, se quedó en la retaguardia. Su amigo fue comisario político y cuando ganaron los otros emprendió el camino del exilio. Él se quedó cuidando la era, el establo, sin fiestas y pocas cosechas. Pasaron siete años y no supo nada; pensó que quizás había muerto en algún campo de concentración o luchando contra los nazis. Por fin le dijeron que estaba en América. Un día de 1952, trece años después, el cartero le llevó un sobre grande. “Viene de Venezuela” -dijo. Era la primera carta que llegaba a casa con su nombre desde hacía mucho tiempo; entonces, más que nunca lamentó no saber leer. Su hija la leyó: “Querido amigo, estoy en Venezuela. Estoy muy bien. La guerra, la injusta, salió bien para mí; he encontrado lo que más quería: un nuevo mundo de ritmo y melodía. No pienso volver nunca más. Vente tu que aquí el paraíso se baila”. En el sobre grande había un disco de pasta con cuatro canciones, dos por cada cara y una nota: “Ésta es la orquesta más famosa de Venezuela y una de las mejores de todo el continente. Todos los venezolanos se sienten orgullosos de ella. En la foto supongo que adivinarás quién soy. Ya sabes de mi afición por el trombón; hice una prueba y me cogieron. Ya ves, del sudor de la era y los arados he pasado a vestir traje y dormir en buenos hoteles. Cómo me gustaría que vieras nuestras actuaciones: somos los reyes de la “guachafa” y el “bonchencito. Y cómo me gustaría que pudieras sintonizar Radio Caracas que hace un programa cada tarde donde no paramos de actuar. Se llama “A Gozar, muchachos”, y es maravilloso. “¡Vente para Caracas!”.
Pero nunca se hizo realidad el viaje. Ni tan siquiera se le pasó por la cabeza. Estaba atado a la tierra y no la podía ni la sabía dejar. Pero la percepción de la vida sí le cambió: que la alegría era posible, que el mundo giraba y el centro del universo no existía, que cuando se ponía el sol, en otro lugar nacía, lo aprendió de ese disco incluso antes de escucharlo. Lo miraba y lo remiraba como si fuera una obra de arte. Se emocionaba sólo de tenerlo entre las manos. Escucharlo, lo escuchó solamente una media docena de veces en la vieja gramola del Café Nuevo, antes Café Republicano. De su amigo nunca más supo. Muchas noches las pasó buscando Radio Caracas, pero sin suerte; y cuando venían las fiestas del pueblo y veía los carteles de las orquestas siempre exclamaba: “¡Va, comparada con la Billo’s Caracas Boys, esas orquestas son de segunda división!”. Cuando sintió que su vida expiraba, treinta años después, le pidió a su nieta que en el velatorio pusiera el tocadiscos, un artilugio ya en desuso, e hiciera sonar las cuatro canciones del disco. Ésa quería que fuera su despedida. La nieta así lo hizo, y ante su cadáver unos con disgusto y otros con sorpresa, todos asintieron: “Ciertamente, no había ninguna orquesta en el mundo como la “Billo’s Caracas Boys”
29 Jun 2008
Los niños del Pireo
A veces sucede: una canción inesperada suena por la radio, te hace recordar y ya no te deja durante días. Porqué forma parte de tu memoria y tus sentimientos profundos. Me ha ocurrido con “Los niños del Pireo”, interpretada por Melina Mercouri. Hace dos días que la tarareo en silencio en todas partes. Y los recuerdos me llevan al cine del pueblo, al populoso puerto del Pireo y a los años de lucha conjunta de Grecia y España (también Portugal) contra el fascismo más obvio. Y por encima de todo a Melina Mercouri, artista y combativa política; vital, exigente, siempre seductora. Y como olvidarse del gran Mikis Teodorakis, de sus sirtakis y del “Canto general” de Neruda. Y todo con una sencilla canción, pero llena de emociones y arte.
Los niños del Pireo
(Mi puerto en un rincón del mundo)
El cielo inunda con su azul un navío, dos navíos, tres navíos sobre el mar.
Las golondrinas al piar una aquí, dos allá, tres ahí presagian paz.
Los remos de una embarcación uno dos, uno dos, quieren echarse a volar.
Y alegre cantan su canción un muchacho, dos muchachos, tres muchachos junto al mar.
(Estribillo:)
Este es mi puerto, en un rincón del mundo
En donde en un segundo se puede ser feliz
Y en este puerto, puerto de mis deseos
los niños del Pireo hoy cantan para mí.
Se ve en el muelle pasear una niña con un niño como ayer fuimos tú y yo.
Cogidos de la mano van di cuál es, di cuál es, cuál es su conversación.
Yo sé que harán de nuestro amor, otro amor, y mil más bajo el cielo tan azul.
Y ante este puerto jurarán algo igual, algo igual, a lo que juraste tú.
Estribillo
24 Jun 2008
Caracas: UNA HADA EN BUSCA DE ABRAZOS
Se llama Gabriela, Gabi para todos. Vive en Caracas, la ciudad dónde nació. Se hizo en ésa ciudad y la conoce como la palma de su mano. Ha crecido, ha llorado y ha sido feliz en ella. La siente propia y se revela cuando los escuálidos la pretenden denigrar. Sabe de sus carencias, de sus necesidades… pero también de sus virtudes y del humanismo que la envuelve a poco que se sepa ver por encima de apariencias.
A Gabi le gusta el teatro y todo lo que es expresión corporal. Domina el baile y a menudo busca poesía en la cotidianidad de la calle. Ama lo diverso y se emociona con la belleza de lo sencillo. Se rebela contra lo injusto y goza con lo humano. No distingue condiciones, ni edades ni apariencias. Busca abrazos, los da y los recibe en Sabana Grande (el emblemático bulevar de Caracas) y dice que son sinceros. Ha probado otras ciudades (Barcelona, Bogotá, Valencia) pero sigue contando que los abrazos venezolanos tienen calidez diferente. Oye pana, que son mejores, dice ella, con la sinceridad que le brota del corazón grande y el alma noble.
No es una hada (sólo lo aparenta) es Gabi y te quiere dar un abrazo.
22 Jun 2008
La de la gorra verde. Nuestro Mayo francés.
UTOPIAS DE COLORES
UTOPIAS DE COLORESCuando tenía 20 años para él ella era su mundo: su rebeldía le sobrepasaba. Se alimentaba de la ira de los vencidos y leía a Marcuse. Iconoclasta, trituraba dogmas, escupía en los sagrarios y al atardecer subían los dos al campanario de la vieja seo para ver en el crepúsculo los colores de las utopías . Tocaban el cielo y luego venían los besos y las caricias. Sin ataduras gozaban los cuerpos. ?>
Se hicieron apostatas y bajaron a la clandestinidad. Entre maoístas se hizo viajera. Se fue a Italia. Le enviaba postales de desesperación: “la clase obrera es estúpida”, maldecía; y se frustraba el “compromiso histórico” con Aldo Moro cadáver en el maletero de un coche. Se fue a la Habana: se encontraron en el Malecón de los desasosiegos: él se quedaba rompiendo olas y ella se lo hacía con los mulatos de caderas danzantes y labia seductora. “Patria o muerte!”, se la imaginaba gritando entre sabanas de lujuria. La revolución de ella era excitante y el escepticismo suyo creciente: los pies en tierra le alejaban de paraísos futuros. Él volvió a casa a amasar el pan de sus padres y ella entró en Managua en un Jeep y pañuelo rojinegro, como la CNT de los abuelos. Le llamó una noche cuando ardía el fuego y percibió desasosiego en corazón de disidencia y no de orden. Ella se fue a Londres para terminar un master de relaciones internacionales. Conoció a un funcionario de las Naciones Unidas y se fue a vivir con él , en un dúplex de alto standing junto al lago Le Mans, en Ginebra.
El la vio por penúltima vez allí bajo los negros dibujos de Sert en la antigua sede de la Sociedad de Naciones y pudo percibir el pálpito de un corazón que se hacía de acero. Había caído el muro y como una vulgar reformista le vendía la nueva Europa que nacería con la reunificación de Alemania y la desaparición del Pacto de Varsovia. Años más tarde la vio por televisión defendiendo la orden de Solana de bombardear Belgrado y justificando los “daños colaterales”. Y ayer la vio por última vez. Ella le llamó para anunciarle su presencia en Barcelona en un simposio sobre el Plan Colombia, lógicamente para defender sus bondades. Le invitó a asistir y le pidió por favor que le trajera la foto que le había hecho un verano del 75, “La foto de la gorra verde ¿recuerdas?”. “Y la de las tetas”, dijo él. Como olvidarla, pensó. Preguntó si ocurría algo y ella dijo que no, que siempre había deseado tener aquélla fotografía de la loca juventud. Él le llevó la foto; ella le preguntó que tal y a él sólo se le ocurrió decir que de vez en cuando todavía subía al campanario de la seo para ver utopías de colores. (Mentira, porqué , ¡Oh paradoja!, con la llegada de la libertad han puesto rejas y no se puede acceder si no es con guía, y nunca de noche). No percibió ningún destello en sus ojos y su ¿ah si? sonó a indiferencia. Sin mirarse y sin decir nada más se fueron alejando, pero con la certeza que sus utopías ya no tenían colores.
Gris era la tarde. Gris el otoño. Y la socialdemocracia de cuerpo presente.
10 Jun 2008
BRIGITTE BARDOT POR UN PORTERO DE FUTBOL
CAMBIO DE FOTO
El niño envió una carta a su ídolo: un portero de fútbol. Puso en ello tenacidad e ilusión: se hizo con la dirección del club, compró el sobre y el sello, y en un papel pautado transcribió con buena letra el borrador redactado y corregido anteriormente.
Expresaba su admiración por el futbolista y le pedía una foto firmada: “Esa sería mi máxima ilusión, eres mi ídolo y yo quiero parecerme a ti”. Era la primera carta que escribía y en el momento de echarla al buzón sintió una emoción indescriptible. Después contó los días. “Ahora ya la debe haber recibido”, se decía. Pero pasaron días y semanas, y no llegaba ninguna carta. “A lo mejor se ha perdido”. “Quizás son tantas las que recibe que no puede contestarlas con premura”, se decía para sí, sin demasiado convencimiento.
Esperó uno, dos, tres meses, pero su ídolo no dio muestras de nada y empezó a olvidarlo. Su admiración fue bajando en intensidad y sus paradas como portero ya no le parecían tan buenas. Incluso diría que su obsesión por el fútbol se fue enfriando.
Pasaron casi cuatro meses y recibió una postal. Se trataba de una postal en color con una foto de la actriz de moda: Brigitte Bardot. Una foto sexy: labios entreabiertos, mirada insinuante, generoso escote… La postal la firmaba una mujer desconocida. El niño no entendía nada. Éste era el texto: “Querido amigo, he encontrado tu carta en un contenedor de basura. Tu ídolo no te ha hecho demasiado caso. Te recomiendo que te olvides de los ídolos de barro. No valen la pena. Lo importante en la vida es la amistad y el amor. ¿No te parece mejor esta foto que la de tu soso futbolista?".
El niño no acabó de entender la globalidad del texto pero intuyó el mensaje. El fútbol nunca más le emocionó. Con el tiempo cambió de pasiones
01 Jun 2008
"LA PIRENAICA"
La tahona estaba a oscuras. Subido a una silla encendía el viejo aparato de radio; apartaba las cortinillas que la mamá había hecho para preservarlo de polvo y harina y, absorto ante el cristal pintado con nombres de ciudades, giraba la ruedecita para hallar el dial exacto de la onda corta. La hermosa sintonía musical se escuchaba entrecortada entre pitidos e interferencias, pero la voz del locutor sonaba fuerte: “Aquí Radio España Independiente, estación Pirenaica. La única emisora sin censura de Franco”. No se hizo comunista sino antifranquista. Se hizo mayor y conoció la clandestinidad. Luego dudó entre las diferentes izquierdas. Vino la transición y La Pirenaica calló. Creyó que los socialistas harían la ruptura, pero se equivocó. Los comunistas desaparecieron y la república soñada no se hizo realidad. En lo primordial el franquismo subsistió sin Franco. En el frontispicio de los 56 años, el niño de entonces siente añoranza de la vieja radio, de la voz clara que proclamaba: “Aquí Radio España Independiente, Estación Pirenaica”, y de la hermosa sintonía musical que le ha acompañado toda la vida. MODEST
SINTONIA Y SALUTACIÓ DE LA PIRENAICA
Todos los días a las 6 de la tarde.
El niño escuchaba, y más que entender, intuía.

ULTIMA EMISION DE LA PIRENAICA. UN DOCUMENTO CON VALOR SENTIMENTAL Y POLÍTICO
25 May 2008
EN EL CARIBE. LA CAMIONETA
Subió a la camioneta para no ir a ninguna parte. Para sentir el pálpito de la ciudad desgarrada. Se impregnó del ensordecedor ruido de la radio vieja y el crujir de los hierros marcando el compás perfecto de la ciudad herida. “Pagar al bajar”, le dijo el conductor cuando observó el dubitativo gesto de su mano en el monedero. Se quejaba el motor y chirriaban los frenos en los semáforos de adorno. La puerta abierta permitía bajar en marcha y penetrar al pastoso Caribe con aromas de gasolina y arepas matutinas. La voz desgarrada del desamor la canturreaba el conductor y la chica escuchaba. Subían mujeres con bolsas y niños salidos de la escuela; parecía cansada la mañana pero danzaban los pies impregnados de salsa caliente y pegadiza. Cuerpos sudorosos, caderas perdidas, cansancio de viajes con la misma ida y vuelta. Y el hablar largo, para explicarse cotidianidades repetidas. Y la mirada cómplice con el desconocido. Y los calcetines blancos de la niña y la ropa limpia de todos. Y las gorras de colores exhibiendo sentimientos, cual anuncios del interior de uno mismo. ¡¡Pare!!, gritaba con voz firme quien quería apearse; y él, que no iba a ninguna parte, observaba el movimiento frenético de la calma chicha. Nadie se ponía nervioso. Ni lanzaba improperios ante el atasco. Seguía la música alta y el quejido de los hierros viejos. La canción del desamor en los labios del conductor, el ritmo salsero en los pies de todos; y la vida y la ciudad pletórica de adversidades adquirían autenticidad dando sentido al sinsentido. En el caos casi todo era perfecto, hasta que llegó la globalización y los puso nerviosos.
21 May 2008
QUIERO UN ORDENADOR DE LAS FARC (Como el de Raúl Reyes)
Yo quiero un ordenador como el de Raúl
Ayer entré a una tienda informática en el centro de
Barcelona y pregunté por el precio de “un ordenador
como el de Raúl Reyes”.
- ¿Y ése quién es?, me preguntó la dependienta con
cara de asombro y acento catalán.
- ¿Cómo que quién? El jefe guerrillero ése, al que
mataron por allá en la frontera 'colombo-palestina'.
Fue un bombardeo de padre y señor mío. Arrasaron con
media selva y su ordenador quedó intacto.
Saqué un recorte de periódico que guardo con esmero en
mi billetera, lo desdoblé con sumo cuidado y comencé a
leer con el ritmo de un locutor de radio caribeño
venido a menos: “Se usaron 10 bombas GBU 12 Paveway II
de 500 libras, que dejaron cráteres de 2,40 metros de
diámetro por 1,80 metros de profundidad. El explosivo
de esta bomba puede ser guiado por láser, GPS o
tecnología intersensorial (INS). Esta bomba fue muy
usada durante la Operación Tormenta del Desierto, en
Irak. La mayoría de las bombas cayó en el área de
dormitorios y de adoctrinamiento del campamento. Se
encontraron vainillas de proyectiles 0,50 disparadas
por ametralladoras emplazadas en helicópteros”.
Doblé mi recorte, lo introduje nuevamente en la
billetera y le dije, después de todo eso, el ordenador
no sólo quedó intacto sino que han encontrado,
enteritos, los archivos de Mis documentos, la Papelera
de reciclaje, de Correos enviados, de Mis sitios de
red, Mis conversaciones con Hugo, Mis préstamos a
Correa.... ¿Qué tiene un guerrillero que no tenga yo?
La mujer comenzó a ponerse nerviosa ¿Por qué un
ordenador mío, si se estrella contra el suelo, estará
fundido para siempre? ¿O si le caen tres gotas de
cerveza en el teclado ya perderá todos los archivos?
Yo quiero un ordenador como el de Raúl Reyes, pague lo
que tenga pagar.
La mujer, que ya no sólo no creía sino que no entendía
ni jota de lo que le iba diciendo, me sonrió con su
falsa sonrisa de vendedora frustrada, levantó la
mirada sobre mi hombro y dijo con su voz lapidaria.
El siguiente, por favor.
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Escrito por Felipe Villa de la Torre al cual mando un fraternal abrazo.
20 May 2008
SUEÑO DE OPOSICIÓN. 1968 EUROVISION


En el año 1968 el régimen tenía una importante oposición, intelectual, periodística, universitaria… Incluso algún sector minoritario de la Iglesia empezaba a disentir de quien había sido su más santo benefactor y aliado (lo entraban bajo palio en las catedrales). El turismo abría fronteras y el nacionalcatolicismo de mangas largas y obsesiones carnales se resquebrajaba con la invasión de biquinis en las playas mediterráneas. Lanzados machos ibéricos, clónicos de los omnipresentes Landa, Pajares y Ozores, exhibían represión persiguiendo suecas imaginarias y actuando sin saberlo de exótico reclamo turístico. En este contexto, algunos publicistas, modernos en lo aparente y serviles en contenido y continente, le vendieron al ministro de Propaganda y Playas la idea de “conquistar Europa” con el Festival de Eurovisión, y hacer así un salto cualitativo para darle al país presencia mediática, prestigio y apariencia de modernidad.
El Festival de Eurovisión era el referente más cosmopolita que llegaba a la única televisión existente. Un festival de canciones donde los países de cola podían aparentemente tratar de igual a los de delante. El ministro intuyó que este triunfo sería el mejor spot publicitario para el régimen y también su mejor campaña política. Personalmente quiso dirigir la operación que denominó “Eurotriunfo”. Le presentaron el dossier del cantante elegido: “Alto, guapo, seductor”. “Te come con la mirada”. “La cámara le quiere”. “No canta mal”. “Se mueve con soltura”. “Tiene ritmo”. “Da imagen de europeísmo y modernidad”. “Fuera de los escenarios se expresa con convicción”. “Excelente fluidez verbal”. Sólo un aparente handicap podía enturbiar tan buen currículum: había nacido en París en el seno de una familia de exiliados y era hijo de madre soltera. Pero el ministro pensó que esto bien utilizado políticamente aún podría ser elemento de propaganda y afirmación patriótica. Cuando charló con el chico, en una larga comida, se ratificó en esta apreciación: “Tiene madera y será un excelente propagandista”, pensó. Y lo nombró representante en Eurovisión.
Con los publicistas diseñó la operación como si se tratara de una campaña electoral. Había que vender un producto político bien elaborado. Portadas de revistas, páginas de prensa, radio, televisión… El chico se comportó de maravilla y dio excelentes titulares: “Nací en París, pero me siento español” “Lo que más valoro de España es la Paz” “No me interesa el pasado, sino el futuro”. “La juventud española no tiene nada que envidiar a la europea”.”Me gusta el sol, la playa y las noches de fiesta en cualquier rincón de España”. “No entiendo de política, ni me interesa; creo que todo lo ensucia”…
La canción elegida empezó a pegar con fuerza. Las apariciones en televisión fueron un éxito y el spot, repetido hasta la saciedad, penetró en todos los segmentos del gran público. Paralelamente se movilizaron embajadores, corresponsalías de televisión, prensa y radio, para fabricar una macro campaña continental. Todo ello se acompañó con operaciones comerciales millonarias: se compraron series y programas de TV a cambio de apoyos; se mandaron regalos a directivos en forma de vacaciones en Mallorca, Benidorm, etc.
Y llegó el gran día. El ministro tenía más que apalabrados los votos de países con gobiernos conservadores y directivos agradecidos con las “atenciones” recibidas. Faltaba cerrar algunos flecos, pero todo hacía presagiar una victoria histórica. El The Royal Albert de Londres era el escenario. Participaban 17 países y se retransmitía por primera vez en color para los más punteros tecnológicamente (obviamente el nuestro no estaba entre ellos). La intervención del cantante patrio fue excelente. De “poderío y nobleza” la calificó el encargado de la retransmisión. Una mesa de invitados se deshizo en alabanzas: “Ha estado fenomenal”, “el más carismático”, “el más atractivo”, “el más europeo”, “nuestro país ha dado un golpe de modernidad”, “qué gran éxito de todos los que amamos esta patria”… Y como siempre la emoción llegó con las votaciones. Un solo voto de diferencia respecto a Inglaterra le daba la victoria, pero los “quisquillosos” británicos exigieron repetir la votación que volvió a dar el mismo resultado. La explosión de júbilo entonces aún fue más inenarrable, si cabe. La verborrea patriótica, henchida de orgullo no tuvo contención: elevó a los altares al cantante que había hecho la proeza: “Un auténtico héroe nacional”. “En nuestra patria ya no se vuelve a poner el sol”. “Este muchacho no tan sólo representa a la patria, sino también al Caudillo invicto que nos ha dado paz, progreso y bienestar”, apostilló un director de periódico presente en la mesa. Se hizo el silencio y el locutor todavía añadió: “Compatriotas: esta es la victoria que nos resarce de Trafalgar”. Y dicho esto el cantante, cogiendo a todo el mundo por sorpresa, pronunció con claridad y rapidez las siguientes palabras:

