30 Sep 2008

POLÍTICA Y SEMÁNTICA

Escrito por: vegalonso el 30 Sep 2008 - URL Permanente

Bertoldo siempre había defendido la conveniencia de cuidar mucho el lenguaje utilizado en las actividades humanas. Afirmaba que, si hablando se entiende la gente, había que hablar claro para conseguir ser entendido. Y remataba su convicción señalando que cuando alguien dice algo, lo hace pretendiendo que sus oyentes comprendan sus puntos de vista. Si no, lo lógico será callarse.

Era poco amigo de la televisión, pero nunca se perdía uno de los programas de la cadena oficial de su comunidad autónoma, “Las cosas claras”. Un espacio que trataba de explicar aquellos puntos oscuros que se producían con frecuencia en la vida local o nacional. Ese día estaban hablando de algunos de los problemas generados por la crisis económica. Se hacían eco de lo que el portavoz del gobierno de la nación había dicho días antes. La petición hecha a los ministerios para que estudiaran fórmulas de ahorro dentro de su competencia. En la pantalla aparecía un ministro de la tierra hablando de lo hecho en su departamento. Y le habían preguntado si tenía previstas ya las rebajas solicitadas y cuales eran estas. La respuesta, dicha en un tono que delataba la profunda convicción del que hablaba, fue:

- Por supuesto que hemos estudiado el tema pormenorizadamente. Y hemos llegado a una conclusión meridianamente clara. Es necesario aplicar una revisión a la baja de todos los gastos que consideremos que puedan disminuirse sin detrimento y menoscabo del buen funcionamiento de cada uno de los servicios que tenemos encomendados.

El periodista quería saber más y le pedía que precisase algunas de ellos, si no era una indiscreción el concretarlos.

- No hay ningún problema en entrar en detalles. Nosotros entendemos que la función pública es costeada por los ciudadanos y ellos tienen todo el derecho de saber en que se gastan sus aportaciones. Por ello nunca ocultamos nada. El análisis realizado ha incluido todos los capítulos, desde las dietas y viáticos hasta los gastos de mantenimiento de los inmuebles oficiales.

Es posible que el presentador pretendiera hacer una broma, porque afirmó que a lo mejor se habían hecho demasiados viajes o que las dietas eran más elevadas de lo que debían ser. El prócer hizo un gesto de contrariedad y elevando el tono afirmó rotundo:

- De eso nada, querido amigo. Nosotros nunca hacemos un solo viaje que no sea estrictamente necesario y nuestras dietas son las exactamente indispensables para hacer frente a las necesidades más elementales. Desde que yo estoy al frente del departamento he implantado un modelo de austeridad sin precedentes.

Bertoldo, asombrado, se preguntó en voz alta:

- Y si gastan lo mínimo, ¿qué pueden suprimir para ahorrar?

Tras otras interpelaciones contestadas de manera semejante a las anteriores la emisora indicó que iba a cambiar de canal, para interrogar al presidente de su comunidad autónoma sobre el mismo tema. Aunque el periodista era diferente, se veía que tenían preparadas idénticas preguntas para ambos personajes.

Ante la primera de ellas aseguró el entrevistado que tenían ya estudiadas con todo detalle las medidas idóneas para propiciar el ahorro. Al igual que el otro entrevistado habló de disminuir solo las dotaciones dedicadas a aquellas cosas que no afectaran a las necesidades básicas de sus conciudadanos. La diferencia con el gobernante central fue solo semántica, puesto que afirmó que “iban a reducir las partidas que se podrían considerar gastos superfluos”

Cuando le pidieron mayor concreción, salvo que no debiera aun hacerse pública en algún caso, no solo afirmó que se podía enumerar todo lo acordado sino que dijo que consideraba una obligación el hacerlo. Y acto seguido señaló que se habían estudiado todas las actividades que realizaba su gobierno desde las comidas protocolarias hasta el numero de actos públicos. La casi obligada pregunta fue puntualizar si eso se iba a lograr eligiendo menús más baratos e invitando a menos comensales y disminuyendo el numero de actividades oficiales. La respuesta fue clara y contundente.

- No, por favor. Ninguna de esas dos cosas se pueden hacer. Desde que yo soy el primer servidor de esta comunidad las comidas de trabajo han sido siempre las más económicas de todas las posibles y solo asisten a ellas las personas que tienen que asistir. Y en cuanto a las actividades públicas, durante mi mandato, se han reducido tan solo a las imprescindibles.

El asombro de Bertoldo fue enorme.

- No entiendo nada. Si no hay gastos superfluos, ¿cómo se pueden suprimir?

Dado que a él siempre le gustaba dejar las cosas claras se levantó a mirar el diccionario por si esa palabra, superfluo, pudiera tener otro significado. Y encontró que allí se decía literalmente: adj. No necesario, que está de más”. Ello le tranquilizó pues supuso que se trataba de dos acepciones diferentes. La primera correspondía a lo que él siempre creyó que era superfluo, o sea que no hacía falta. La segunda pensó que, a lo mejor, podía corresponder a una partida presupuestaria que siempre había estado de más en las cuentas anteriores. Partida que era lógico que se suprimiera.

15 Sep 2008

POLÍTICA Y RELATIVIDAD

Escrito por: vegalonso el 15 Sep 2008 - URL Permanente

Arbogasto siempre había tenido dos cualidades destacables. Una de ellas era la disposición constante a aprender cosas nuevas. La otra, estar convencido de que las ciencias son capaces de explicarlo todo. Por eso cuando alcanzó la edad de jubilación en el año de gracia del dos mil ocho, y dado que tenía todo el tiempo libre que quería, se dedicó a cultivar la primera curioseando aun más. En una de esas indagaciones encontró un artículo de divulgación sobre la Relatividad de Einstein, escrito en el quinto año del tercer milenio. Teoría que en esa fecha cumplía un siglo de su formulación. El trabajo era muy didáctico y podía ser entendido con facilidad. Y tal teoría le permitió satisfacer la segunda de sus aficiones, puesto que explicaba algunos aspectos del trasfondo de la política que nunca había logrado justificar.

Una de las cosas inexplicadas era el hecho de que cuando el gobierno de turno presentaba una propuesta, casi siempre era contestada por la oposición. Y lo hacían con una impugnación demoledora en la que prácticamente nada de lo planteado estaba bien. ¿Cómo era eso posible eso, cuando en esta vida siempre se halla algo bueno en casi todo? No lo entendió, hasta leer los fundamentos de la Teoría de la Relatividad. Allí se dice que cualquier problema presenta características diferentes según el marco de referencia desde el que se le analiza. Y en una primera aproximación estaba claro que en la actividad política no es igual estar mandando en el gobierno de un país, que estar esperando a que llegue la oportunidad de mandar. Es claro que se ven las cosas desde marcos diferentes.

Pero la teoría de Einstein concretaba aún más. Porque no solo podían ser diferentes las opiniones cualitativas al hablar de un tema determinado, sino que las cifras manejadas al respecto también eran distintas. Usándola se explicaban muchas afirmaciones de los portavoces gubernamentales y de los representantes de los opositores. Por ejemplo, cuando los responsables políticos de una obra pública habían prometido que estaría concluida en seis meses y entraba en servicio cuatro años más tarde. No hay que decir que estos no justificaban el retraso e incluso afirmaban que todo había salido según estaba previsto. Justo al revés que señalaban sus adversarios. Nunca entendió como medio año podía ser igual a cuatro, pero ahora sí lo creía comprender. Todo era cuestión del marco de referencia.

Lo mismo ocurría cuando se hablaba de los tiempos medios que duraba el paro de un trabajador. Los que manejaba el gobierno del momento eran cifras bajas y los de sus oponentes altísimas. ¿Por qué ocurrían esas cosas? La doctrina recién descubierta lo explicaba fácilmente.

Según la física relativista, los valores experimentales cambian porque unos medidores van más lentos que otros. Es decir, el estado de movimiento es el responsable de las diferencias entre unas y otras cifras. Arbogasto había creído entender que el tiempo transcurrido entre dos sucesos es mayor para los observadores más lentos que para los más rápidos. Por ello llegó a la conclusión de que los partidos políticos tenían que viajar a distintas velocidades y esa era la causa de las diferencias. Aplicando la ciencia de Einstein a los datos de la duración de la obra pública anterior, dado que cuarenta y ocho meses eran más que seis, estaba claro que el gobierno viajaba a mayor velocidad que la oposición.

Como no se dedicó a aplicar las ecuaciones para calcular las diferencias numéricas de velocidades, concluyó que los coches, helicópteros y aviones oficiales eran mucho más veloces que los de los oponentes, que no eran oficiales. Y supuso, dejando volar la imaginación, que las ideas y reflexiones se les ocurrían a unos y otros cuando estaban viajando. Posiblemente el único rato del día que tenían para recibir datos y poder pensar en sus declaraciones, dada la ajetreada vida que llevaban.

En los días fresquitos del final de verano del octavo año del siglo veintiuno acabó de rematar sus suposiciones con una noticia de actualidad, que las confirmaba totalmente. Los gobernantes decían que la crisis económica duraría poco tiempo y los opositores que mucho más. Otra vez volvían a cumplirse las previsiones de la teoría relativista. Los últimos viajaban más despacio.

Por eso Arbogasto, tras leer las ultimas declaraciones no pudo menos de comentar en voz alta.

- Tanto tiempo pensando mal de los políticos y luego resulta que sus comportamientos son de lo más normales y están explicados por la ciencia moderna. Porque todo se reduce a la diferencia de velocidades con la que viajan unos y otros.

31 Ago 2008

APLAUSO INFORMÁTICO

Escrito por: vegalonso el 31 Ago 2008 - URL Permanente

Paquito acababa de concluir la Enseñanza Secundaria Obligatoria, recién cumplidos los quince años de andar por estas tierras y estaba muy satisfecho de haber alcanzado su primer título. Muy aficionado a todo lo relacionado con la informática, era un experto en moverse por el mundo de Internet. Por ello sus padres le habían comprado un ordenador y charlaban con él de los temas que traía a colación relacionados con la World Wide Web, como al sentencioso chaval le gustaba nombrar a la red presumiendo de su dominio del inglés.

Pero además de esas aficiones tenía otras La primera, leer cuantos libros de ciencia ficción caían en sus manos y la segunda, consecuencia lógica de la anterior, redactar cuentos y relatos de la misma temática. Sus progenitores consideraban que había que mejorar la calidad de los mismos, pero le animaban a mantenerse en tales actividades.

En la tarde estival andaba Paquito buscando sitios donde poder publicar algunas de sus creaciones literarias cuando se topó con una frase que le resultó curiosa. Se la atribuían a un tal Orson Welles y decía así: "Lo peor es cuando has terminado un capítulo y la máquina de escribir no aplaude". Al joven informático le resultó extraño que un personaje, que suponía era importante, fuese tan inexperto. Aunque no le conocía, poco trabajo le supuso averiguar de quién se trataba, recurriendo primero a Google y terminando en Wikipedia. No entendió nada cuando descubrió su identidad. Y se dedicó a investigar cómo se podía conseguir tan curioso deseo, algo que suponía muy fácil de lograr.

Unos días más tarde y con el problema ya resuelto le contó a su padre atropelladamente, como hacia casi siempre, que él era mucho mas listo que algunos personajes famosos de los que se hablaba. Y explicó lo fácil que le había resultado conseguir que la máquina aplaudiese al acabar un escrito. Su progenitor no entendía nada y le pidió que se expresara con mayor claridad.

Paquito informó con detalle del origen del problema y luego expuso su descubrimiento.

- Para conseguirlo – concluyó - primero grabé, activando la Webcam, un video en el que aparecía yo aplaudiendo y luego preparé una hoja modelo para escribir las historias en la que al final puse un hipervínculo que enlazaba con el video. El enlace se llama “Aplauso informático”. Ahora, cuando voy a redactar un cuento cargo la hoja modelo, escribo lo que me parece y al acabar, antes de guardarla, pulso el enlace y sale el video en que están aplaudiendo lo bien que me ha quedado.

Agito la cabeza mientras remataba con una frase de orgullo profesional.

- Parece mentira que a un tío tan listo como dicen que era el Orson ese no se le hubiera ocurrido algo tan sencillo.

El padre no pudo impedir soltar una carcajada que al muchacho le hizo preguntar un tanto desconcertado.

- ¿Por qué te ríes?

- Muy sencillo. Cuando Orson Welles escribió eso, es probable que ni se hablara aún de los ordenadores.

Insistía el jovencito.

- Pero si he averiguado que ese señor murió en mil novecientos ochenta y cinco. Que no es tan lejos.

Dejó de reírse don Francisco y concluyó la charla.

- Hijo, la tecnología en ese campo ha avanzado a un ritmo endiablado. Por las fechas que dices andaba aún en la prehistoria.

12 Ago 2008

VIOLENCIA

Escrito por: vegalonso el 12 Ago 2008 - URL Permanente

Los señores de Pi tienen la costumbre de charlar animadamente mientras comen y cenan. Generalmente lo hacen comentando las noticias que han visto en el telediario o de las que se han enterado leyendo la prensa. Y casi todos los días se cuentan en ambos medios de difusión casos de violencia de todo tipo. Homicidios en parejas con problemas, agresiones en transportes públicos, palizas grabadas en video y difundidas luego. El maduro Anastasio Pi siempre termina diciendo más o menos lo mismo.

- No queda más remedio que volver a establecer la pena de muerte o al menos la reclusión perpetua.

Esa noche han quedado afectados por dos sucesos que les provocaron un hondo malestar. Uno de ellos es el caso de un parricida que ha dado buena cuenta de sus progenitores con la ayuda de un sable extravagante y tras haberse vestido con un atuendo oriental para realizar el asesinato. Según cuentan las crónicas fue seccionando meticulosamente a sus victimas tras matarlas. El otro, es el de un marido en trámites de separación conyugal que ha asesinado a su mujer cosiéndola materialmente a puñaladas con un afilado cuchillo de cocina. La pareja trata de buscar algún tipo de justificación para tales conductas y, sinceramente, no lo encuentran. Hablan de posibles accesos de locura, de la influencia del consumo de drogas, de dependencias del alcoholismo.

- Yo entiendo que dos hombres que están discutiendo acerca de las lindes de sus respectivas fincas puedan acalorarse y decirse cosas que les acaloren más – afirma el señor Pi -. Tanto que uno de ellos le empuje al otro y este le sacuda con una azada y se lo cargue. Eso es una burrada, pero se puede entender. Pero que alguien fríamente haga lo que han hecho estos es inconcebible.

- Tienes razón Tasio – le dice su esposa - . Porque todavía lo del loco ese se puede despachar suponiendo que está mal de la cabeza, pero que un marido vaya clavando el cuchillo a su mujer muchas veces, viendo como sale sangre y más sangre, es algo que no se puede concebir en un ser humano.

La pregunta que se hacen es la habitual, ¿qué puede propiciar actitudes como estas? De común acuerdo llegan a la conclusión de que la sociedad actual ha perdido el rumbo, pero no intuyen cuáles son las causas que provocan tal perdida. Saben que la violencia es algo unido desde los tiempos más remotos a las conductas y comportamientos humanos, más no encuentran justificación para que tal cosa se haya acrecentado en los albores del tercer milenio.

- Trastornados mentales los ha habido siempre, pero ello no explica la explosión de salvajismo que en estos momentos se da – afirma Anastasio.

Luego, cambia de asunto:

- Bueno, vamos a dejar el tema porque nosotros no podemos arreglarlo y yo quiero ver la serie de las once.

Se acomoda en el sillón y presta atención al televisor. Tras los títulos de crédito que llenan la pantalla con un letrero que sentencia “El justiciero”, aparece la imagen del protagonista. Alto, fuerte, con una cara de pocos amigos y una pistola en la mano. Se trata del detective privado Higgins, un ciudadano que resuelve los asuntos que le competen por expeditivos procedimientos que, en ocasiones y dada la poca ortodoxia de los mismos, le lleva a tener problemas con la policía. Porque no se anda por las ramas y sacude golpes a diestro y siniestro, palizas de las que la pequeña pantalla da cumplida y pormenorizada cuenta. Siempre está metido en resolver crímenes de los que las imágenes han dado previamente minuciosa información mostrando rostros tumefactos, cuerpos mutilados o sangrantes heridas. Una película que Anastasio Pi no perdona ninguna de las noches en que se emite.

Cuando al cabo de un rato se ha detenido la proyección para dar paso a la publicidad, el señor Pi vuelve al tema objeto de charla en el último condumio de la jornada.

- ¿Cómo es posible que haya tanta violencia desatada en el mundo moderno? ¿Qué factores pueden colaborar a ello?

Su esposa, que ha retornado al salón momentáneamente, tiene que reconocer que no encuentra ninguna respuesta válida para tal pregunta.

05 Ago 2008

COMPLICES

Escrito por: vegalonso el 05 Ago 2008 - URL Permanente

El espabilado y curioso Pepito estaba hablando excitado con sus padres. El motivo de su estado era el hecho de que esa mañana descubrió desde el balcón coches policiales en su calle y mucha gente aglomerada ante la relojería que se halla frente a su casa. Un establecimiento que comprobó que tenía roto el cristal del escaparate.

Por eso, a la hora de la comida, Pepito había comenzado a pedir información y detalles acerca de lo ocurrido. Siempre ha sido un muchacho muy preguntón y es un rato espabilado como demuestran las buenas notas que saca en sus estudios. Sus progenitores han tenido que explicarle que unos ladrones, gente mala, habían roto el cristal para llevarse relojes.

- Claro, lo habrán hecho – afirma el jovencito razonador – porque ellos no tenían ninguno.

Le aclaran que lo más probable es que sí los tuvieran, lo que le hace suponer que ese no es el motivo para apropiarse de ellos. Por eso sigue preguntando:

- Y si los tienen, ¿por qué quieren tener muchos? Les bastaría con tener otro de repuesto por si se estropea el suyo.

Su padre, conocedor de las infinitas interpelaciones que el chaval plantea constantemente, le contesta con una corta frase.

- Para hacer negocio.

No entiende lo que quieren decirle y pide que le expliquen qué es hacer negocio. Por ello tienen que contarle que luego los venden y así ganan dinero.

- ¡Ah, claro!, o sea que los ladrones tienen otra relojería.

Acostumbrados a sus largos interrogatorios, le cuentan pacientemente que los pueden vender en cualquier lugar que no sea tienda o directamente ofreciéndolos en las calles de cualquier otra población cercana.

- Y en la calle el que los vende, ¿es el ladrón?

- Es poco probable que los venda él. Pueden hacerlo otros que le ayudan, los que se llaman cómplices del delito.

Hay que enseñarle el significado de la palabra cómplice, que desconoce. Se impone aclarar que cualquiera que facilite que el ladrón obtenga beneficios de su fechoría es un cómplice. La duda le surge al infante por otro lado.

- Y, ¿por qué la gente compra relojes en esos otros sitios y no en las relojerías? – pregunta.

- Porque, a lo mejor, lo venden mucho más barato.

- ¿Mucho, mucho más barato? – vuelve a interrogar

- Es posible que sí.

El jovencito da de momento por zanjada la conversación y se queda callado. Sus padres se miran, poco convencidos de que haya olvidado el incidente, e inician una conversación sobre otro tema. Conversación en la que el muchacho, silencioso, no interviene. De golpe se le ilumina el rostro y vuelve a la carga.

- ¿Y también los ladrones puede robar comercios donde tengan carteras de cole, para venderlas luego?

Le contestan que es posible, sin comprender a donde pretende ir a parar el avispado chaval. Pero tardan poco en enterarse puesto que enseguida explica lo que ha debido estar maquinando su caletre.

- Pues los padres de mi amigo Paquito seguro que son cómplices de ladrones. Porque me ha contado él que le compraron una cartera igual que la mía, la que trajimos de El corte inglés, por un precio muy barato. Vamos, casi regalada.

Intercambiaron un gesto los progenitores entre sí y, como descubrieron en una conversación posterior, a ambos les pasó la misma idea por la cabeza. El día anterior habían comentado una noticia aparecida en la prensa acerca de un fraude consistente en que un grupo de delincuentes compraba automóviles nuevos con una financiación conseguida con documentación falsa. Vehículos que inmediatamente vendían, se supone que por un precio inferior al coste oficial. Pepe trajo a colación un consejo que le daba su abuelo materno en épocas muy anteriores a la presencia de los euros, cuando se llamaba “duro” a una moneda equivalente a cinco pesetas. Un consejo que rezaba así:

- Hijo, recuerda que nadie vende duros a dos pesetas.

Por eso, ante la tajante afirmación de su hijo, ambos cónyuges habían pensado lo mismo. Si es cierto que en la boca de los niños está la verdad, ¿no tendrá razón este arrapiezo y algunas veces, sin reparar en ello, habremos sido cómplices de latrocinios?

26 Jul 2008

EL NAVEGANTE SOLITARIO

Escrito por: vegalonso el 26 Jul 2008 - URL Permanente

La llegada del verano casi siempre es bien recibida. El clima suave y cálido de la estación se presta, sin duda, a emprender apasionantes y atractivas aventuras. Por eso en la cubierta del “E.C.L” está manejando el timón que gobierna las maniobras de la nave el joven timonel. Hace ya muchas horas que, soltadas las amarras que la mantenían inmovilizada, abandonó el pequeño astillero en que fuera construida. Poco a poco han ido quedando atrás las tierras desde las que iniciara la navegación. El navegante observa y piensa.

No tiene duda de que se ha embarcado, y nunca mejor empleada la palabra, en un lance apasionante. Porque el buque que lo conduce hacia su destino no es un buque cualquiera. Es algo de cuya paternidad no tiene duda puesto que se trata de una obra íntegramente suya. Siempre se caracterizó por su destreza manual y también destacó sobre sus conciudadanos por su valor y espíritu aventurero. Pero además, nunca dejó de enfrentarse con decisión y arrojo a las dificultades que el ordinario vivir depara. Mas eso sí, mientras sus conocidos y amigos seguían las costumbres de siempre y continuaban navegando en barcos convencionales, él decidió que iba a distinguirse de todos ellos y a navegar en un navío único, su navío.

Por esa razón estuvo largo tiempo dedicado íntegramente a construir el bajel en el que ahora surca las aguas azules. No regateó esfuerzos, no dudó en recorrer distintos lugares para buscar las piezas más adecuadas a fin de lograr su objetivo. Hasta que en la tarde del día anterior dio la obra por concluida. Hizo las pruebas que consideró oportunas y en la amanecida elevó la vela para salir del pequeño puerto. Y ahora descansa sobre la cubierta de su obra maestra, el admirable “E.C.L”, que sigue dócilmente el rumbo prefijado de antemano.

Aunque no le preocupe tal cosa es evidente que el empeño en el que se ha metido va a hacerle entrar de pleno derecho en El Libro de los Récord. Nadie ha recorrido tan largo trayecto con un barco de vela construido por el tripulante, que viaja en él como único pasajero. No tiene duda de que su vida va a cambiar a partir de la llegada al destino elegido. Y no por la fama que su proeza origine, como por las consecuencias económicas que le va a suponer. Su espíritu emprendedor lo tiene todo meticulosamente calculado. Al fin y al cabo, aun cuando siempre le apasionó el riesgo y el peligro, no está de más el dinero y la riqueza en la vida de los seres humanos.

Siente una cierta melancolía pensando en el pedazo del planeta Tierra que le ha acogido hasta ese momento. Incluso le entran remordimientos acerca de sí ha hecho las cosas cómo las tenía que hacer. Sabe que hace mucho rato los suyos habrán leído la hoja con la que se ha despedido de ellos, contándoles la aventura que iba a iniciar. Una aventura de la que nunca les dio la más mínima información. ¿Hizo bien en adoptar tal decisión? Es consciente de que si lo hubiese anunciado hubieran tratado de disuadirle de llevarla a cabo. Sobre todo su madre, que siempre se arruga ante las dificultades en que el inquieto retoño acomete con excesiva frecuencia. Desecha los remordimientos. El viaje va a cambiar su vida, llevarle a lugares imaginados pero no vistos, acercarle al éxito. Y él triunfará como siempre han triunfado los héroes en todos las batallas.

Interrumpe sus cavilaciones algo que empieza a preocuparle. El viento, tranquilo y moderado hasta el momento, comienza a soplar con una fuerza creciente y vigorosa. Duda un rato acerca de sí debe o no arriar la vela, pero al final no le dan la oportunidad de decidirlo. El dios de los mares toma la decisión por él. Una ráfaga silbante arranca del pequeño mástil el blanco saco que ha estado haciendo las veces del velamen y lo arrastra sobre las olas. No puede lamentar el suceso porque tampoco le dan tiempo para hacerlo. Los esclavos de Neptuno sacuden violentamente la lancha, la elevan por la proa y la invierten con inusitada brusquedad. Tanta, que el marino se siente arrojado violentamente al agua agitada en la que trata de mantenerse a flote agarrado a un madero desprendido de la embarcación y haciendo acopio de toda su fortaleza física. Y mientras lucha con el oleaje, se siente solo, perdido y abandonado entre las aguas azules del mar Mediterráneo. Porque a su mente acude la idea de que no solo se van a ahogar sus sueños sino que también puede ahogarse él.

Le asalta la desesperación cuando contempla como se aleja, arrastrada por los húmedos torbellinos acuosos, su obra maestra, la pequeña barquita que responde al nombre de “E.C.L”, “El Cayuco Ligero”. Y el inmigrante que intenta alcanzar las hispánicas costas sureñas maldice la indiferencia del mundo civilizado que a lo mejor ni se va a enterar del trágico final de su aventura.

18 Jul 2008

ATUENDOS ESTIVALES VARONILES

Escrito por: vegalonso el 18 Jul 2008 - URL Permanente

El recién licenciado en Sociología acaba de encontrar el primer trabajo. La empresa multinacional P.E.P.T.E, sigla comercial de “Prendas Estivales Para la Tercera Edad”, le ha encargado que realice un estudio en lugares de veraneo de los gustos y aficiones en el vestir de las personas mayores. Jubilados que tienen una posición acomodada y que no reparan en gastos para mantenerse lo más elegantes posible. Reconoce que dado que siempre ha sido muy distraído y poco observador de los ropajes del entorno humano que le rodea, no sabe nada del tema que le toca investigar. Pero estimulado por el acicate que supone el primer empleo, se pone manos a la obra con entusiasmo y dedicación. Y ya en la jornada inicial de trabajo encuentra cosas que le llaman poderosamente la atención.

El primer caso observado es el de una pareja entrada en años. La mujer lleva unos pantalones largos color crema que solo dejan ver sus zapatos y una blusa marrón claro con un cuello y mangas largas de encaje transparente. Por ello solo se aprecian arrugas en el rostro. Por el contrario, el varón lleva un pantalón corto que le permite exhibir unas piernas extremadamente delgadas con una piel plagada de rugosidades que denuncia a todos los vientos que el propietario de ellas lleva muchos lustros a las espaldas. Pero lo más llamativo es que recubre la parte superior de su cuerpo con una camiseta de sisas amarilla adornada por un dibujo espectacular del ratón Mickey. Por ello sus brazos, íntegramente desnudos, aparentan ser solo unos huesos recubiertos por una arrugada tela blanquecina. “¡Qué diferencia con el atuendo de su consorte!”, se dice asombrado el observador.

A la curiosa indagación inicial se suma la siguiente en la que hay otros dos personajes no menos llamativos que los anteriores. Ambos están metidos en carnes, pero tal característica se disimula hábilmente en la fémina y se resalta descaradamente en el compañero. La primera lleva una falda blanca hasta los pies con abundante vuelo y se libra del sol mediante un coqueto sombrerito de paja que, a lo mejor, disimula sus canas. El segundo luce un pantalón de un color verde chillón, que deja al descubierto sus tobillos. La prenda está sujeta por un cinturón que se cierra casi a la altura de la ingle. Y a causa de tan rebajado cierre, por la parte superior de ese cinturón sobresale una prominente barriga mal cubierta por la camisola estampada de la que asoman al aire los bajos en el centro de la panza. Eso sí, calza unos elegantes zapatos de piel con calcetines a juego y cubre su cabeza con una gorra que anuncia “Coca Cola”.

La tercera pareja descubierta poco después no desmerece de las anteriores. La señora lleva un vestido de color azul liso hasta los pies con media manga y tiene un aspecto distinguido. Pero el caballero viste en la parte superior un jersey de manga corta amarillo con un letrero que anuncia una conocida marca de vino y un pantalón con rayas verticales azules y coloradas que no le llega a la rodilla. Tal cortedad deja al descubierto unas extremidades inferiores blancas como la leche y considerablemente torcidas, además de permitir admirar unas pantorrillas anormalmente rechonchas.

El neófito investigador comienza a aplicar la estadística a los nuevos casos que va descubriendo y llega a la conclusión de que un número muy elevado de ellos guardan bastantes semejanzas con los tres primeros. Piensa que quizá lo que a él se le antoja como apariencias inelegantes son propias de todos los varones. Por ello amplía el estudio a jóvenes de sus años y a otros no tan jóvenes, pero lejos aún de la ancianidad, y cambia impresiones con amigos y amigas sobre el tema. Las conclusiones que alcanza son muy ilustrativas. El mal gusto a cualquier edad se nota más en los atuendos de los varones que en los de las hembras. En verano, la mayoría de ciudadanas llevan atavíos acordes con sus anatomías, cosa que no ocurre con un número igual de ciudadanos. Pero donde las diferencias baten todos los record es en la tercera edad, eufemismo de moda para evitar la palabra viejos.

Por ello, al cabo de una semana y tras analizar los datos obtenidos y los comentarios que ha escuchado de sus camaradas, decide emitir el primer informe. Señala algunos detalles que pueden ser útiles en relación con los atuendos femeninos, pero escribe algo que su vehemencia juvenil le impulsa a redactar para los masculinos. Lo primero que afirma respecto a ellos es la imposibilidad de sacar alguna idea válida de sus observaciones, dada la anárquica variedad de indumentarias descubiertas. Y lo segundo que escribe, llevado de su habitual costumbre de buscar una explicación racional a todo, es un intento de justificación de lo descubierto. Porque señala que en bastantes casos los uniformes adoptados por buena parte de los machos veteranos solo se pueden entender por dos motivos. Uno, a que han perdido el gusto estético y otro a que no tienen en sus domicilios espejos en que mirarse y por supuesto, como es habitual en los caballeros, no se detienen nunca delante de los escaparates. Si lo primero no es cierto cualquier forma de contemplar su imagen les permitiría darse cuenta de la estrambótica pinta que llevan.

08 Jul 2008

TECNOLOGIA ANTIVIOLENCIA

Escrito por: vegalonso el 08 Jul 2008 - URL Permanente

El verano del año dos mil treinta y uno se había presentado caluroso en la península Ibérica. La elevada temperatura de la habitación había dificultado a H.S.? dormir apaciblemente la siesta, actividad que no perdonaba nunca a sus cincuenta y seis años. Pero además de la molestia térmica tuvo dificultades para conciliar el sueño por otro motivo, decidir cómo resolver el problema que en ese momento le estaba amargando la vida. Es posible que la calorina estival le indujera a solucionarlo por el salvaje procedimiento que se le acababa de ocurrir.

Una semana antes había sido conducido por la policía al “Juzgado Antiviolencia” de su ciudad donde, tras prestar declaración, tuvo que someterse a un reconocimiento médico que concluyó con una sesión de sedación. El motivo de todo ello era la denuncia presentada por su mujer pidiendo la separación y acusándole de usar con ella la violencia en su relación conyugal. Algo totalmente falso como le había dicho al juez. Él no había practicado violencia alguna con su cónyuge nunca. Sí era cierto que cuando se ponía pesada a veces le arreaba una buena bofetada y que si empezaba a gritar, se le iba la mano y le atizaba algunas más, pero eso era todo. Nunca se quejó de las comidas que le preparaba, del cuidado de su ropa o de cómo tenía el hogar. Bueno..., quizá la sacudiera también si llegaba y no encontraba el almuerzo preparado. O si veía los pantalones mal planchados o algo sucio. Pero era lógico porque él era el amo de casa y había que hacerse respetar y además las mujeres a veces parecen niñas pequeñas y hay que educarlas.

Nada de lo argumentado aceptó el magistrado, que parecía tener información de vecinos y familiares, a la vista de lo que decidió: El traslado provisional de su consorte a un centro de acogida y la prohibición de que él se le acercara. Y ahí estaba el problema. ¿Cómo iba a permitir que se saliese con la suya la prójima esa, si él era un macho de cuerpo entero? Tenía que pagar lo que acababa de hacer.

Dispuesto a concluir cuanto antes, saltó del lecho en busca del cuchillo mas afilado de la cocina, lo ocultó en una bolsa y salió a la calle a hacer justicia. Con decisión enderezó sus pasos hacia el lugar donde había averiguado que se encontraba el centro de acogida. Iba pensando llamarla desde una cabina pidiéndole que accediera a verle pero no precisó hacerlo porque, al divisar la entrada del edificio, descubrió que salía ella acompañada por otra mujer. Avivó la marcha e inició el acercamiento dispuesto a resolverlo enseguida. Le preguntaría si estaba dispuesta a volver con él y si se negaba no dudaría ni un minuto, la acuchillaría. Avanzaba rápido y ganaba terreno con facilidad. Hasta que... pasó lo que pasó.

Cuando se hallaba bastante cerca de su presunta victima las piernas empezaron a comportarse anormalmente y comprobó que no podía reducir distancias. Asombrado, observó que no tenía problemas para moverse hacia atrás ni tampoco para avanzar pero no podía acercarse más a ella. Asaltado por una súbita desesperación y recordando que siempre había sido un buen lanzador de navajas, gritó el nombre de su esposa, alzó la mano y pretendió tirar el cuchillo hacia ella. Cuando la mujer se volvió lo que pudo ver no inspiraba miedo, sino risa. H.S.? tenía la mano levantada enarbolando el arma, pero era incapaz no solo de arrojarla sino ni tan siquiera de moverla. Tan grotesca era su figura que unos chavales se quedaron mirándole y comenzaron a reírse de él. ¡Y no podía cambiar de postura!

La causa de tan extraño comportamiento procedía de la aplicación de las normas que tenían en el séptimo lustro del tercer milenio los países más avanzados. Algo que, por fin, había conseguido controlar en ellos de manera casi perfecta los casos de violencia doméstica, vergonzante lacra padecida en el mundo siglo tras siglo. Por desgracia, el éxito alcanzado no se debía a las campañas de sensibilización, ni a los denodados esfuerzos de policías y juzgados. Solo fue posible lograrlo aceptando como último recurso la T.A, “Tecnología Antiviolencia”, propuesta del informático americano Bill Justice Right. A los gobiernos no les quedó mas opción que legitimar primero y legislar después su uso. La técnica era sencilla.

A los acusados de violencia doméstica, sí se comprobaba su peligrosidad, se les abría una ficha especial en la que al lado del nombre genérico, “Homo sapiens”, se ponía una interrogación para destacar la duda evidente acerca de esa sapiencia y se les introducía mediante una rápida intervención quirúrgica un chip específico y personal en el cerebro. Si se acercaban demasiado a la posible victima, un ordenador de control remoto enviaba una orden al chip y el individuo no podía aproximarse a más de medio hectómetro de ella. Y si pretendían realizar algún tipo de movimiento violento, les paralizaba totalmente las extremidades superiores e inferiores.

25 Jun 2008

ESCAPADA SEMANAL

Escrito por: vegalonso el 25 Jun 2008 - URL Permanente

Raúl Rey, plácidamente acomodado en el asiento anatómico, tiene los ojos cerrados y medita. Algo que realiza pocas veces porque no encuentra momento para hacerlo. El trabajo y la ajetreada vida que lleva, no le dejan tiempo libre. Su amigo Amós afirma que antes de conciliar el sueño le da vueltas a muchas cosas en el magín, pero él desde niño está habituado a dormirse tan pronto toma posesión del lecho. Solo piensa en las contadas ocasiones en que, tras el almuerzo, logra sentarse cómodamente y cae en una especie de letargo. Entonces, aunque mire apenas repara en lo que ve y aunque oiga no se entera de lo que oye.

En esta tarde de viernes cuando Raúl entreabre los párpados le da igual dirigir la vista hacia adelante que hacia atrás. En los dos sitios ve una placa blanca en la que hay escrito un conjunto de cuatro números y tres letras. Las cosas cambian si desvía la mirada un poco hacia su derecha. Allí, en otra placa semejante, lo primero es una letra, le siguen cuatro números y al final hay otra letra. Vuelve a entornar los ojos y escucha algo que se parece mucho a la voz que narra, con paréntesis musicales, los cuentos infantiles que entretienen a veces a sus dos retoños, la parejita. Se olvida de todo y piensa en el último viaje que ha hecho a la playa.

Sabe que llegaron muy avanzada la tarde del viernes y que estaba agotado. Así que al arribo tomaron unos pinchos en el bar de la urbanización, se acostó enseguida y el sábado no dejó el tálamo costero hasta el mediodía. Imma se fue a la playa a tomar el sol con los chavales, pero él no apareció hasta la hora de comer.

La mención a la pitanza le hace recordar los problemas gástricos que le crearon los percebes. Da la razón a su pareja que le reprocha comer tanto marisco, pero... ¡está tan sabroso! También recuerda que durante el almuerzo habló poco. Su esposa y él sí lo hacen cuando están solos, pero si se unen Clota y Amós algo habitual los fines de semana, la situación cambia. Ellas se lían a parlotear de tonterías como si les diesen cuerda y su amigo... casi nunca dice nada. Pero no porque no tenga nada que decir, sino porque su lenguaje es telegráfico. Como de costumbre los críos, jugando, se cayeron de la silla y agarraron una llorera considerable. Una vez más le tocó a él consolarlos, ya que las madres se hicieron las desentendidas. Y Amós se puso nervioso y se limitó a repetir “ya”, sin aclarar si lo hacía para recordar a un periódico desaparecido o para asentir en alemán.

Le agrada pensar en el buen rato que disfrutó después de la comida. En él, dio un largo paseo por la playa moviéndose al borde del agua, sintiendo el aire fresco del mar en su piel, el ruido del oleaje en sus oídos y recreando la vista en el horizonte donde se confunden el azul del cielo y el de la mole acuosa. Lo hizo en solitario, porque los demás se echaron la siesta. Él no se la echa nunca. Pero después, a media tarde, tuvo que irse de paseo con los retoños. Y le tocó estar mercando chucherías y cargar con la niña. Una duda acude a su mente: ¿Compensa la caminata al borde del agua, único rato agradable de viernes y sábado, el pesado y largo viaje habitual de casi todas las semanas al apartamento de la costa?

Intenta evocar la corta estancia mañanera dominical, por si hallara algún otro motivo de satisfacción, pero no lo hace porque los dígitos de la placa blanca que tiene ante él comienzan a alejarse. Vuelve de golpe de su ensoñación y repara que estaban atrapados en un atasco de tráfico contemplando matrículas de automóviles y escuchando cuentos de infantes, cosa que ocurre casi todos los viernes. Atasco que desaparece de momento por lo que se reanuda la marcha.

- Papi, mañana quiero comer langostinos - oye decir a su pequeño.

Retorna a la realidad y se alejan las especulaciones improcedentes.

- Pues comemos langostinos. Y percebes y cigalas - contesta.

- Luego no te quejes del estómago – le advierte su consorte.

Raúl Rey sonríe satisfecho. La vida vuelve a ser la feliz vida habitual de casi todos los fines de semana.

16 Jun 2008

CAMBIO CLIMÁTICO

Escrito por: vegalonso el 16 Jun 2008 - URL Permanente

E.V.S había terminado de consumir la parca ración del mediodía y descansaba a la entrada de su alojamiento. Le asaltaba una pesada somnolencia como casi todas las jornadas tras concluir el almuerzo. Incluso se le cerraban los párpados con frecuencia, pero siempre hacia un esfuerzo por abrirlos y mirar al frente, cosa que repetía varias veces. Lo entrevisto en la última apertura visual le había llevado, una vez más, a quejarse con amargura.

- Dichoso cambio climático. ¡Que triste ha dejado todo esto!

Rebelándose contra lo que acababa de ver, cerró de nuevo los ojos y en su mente se dibujó una imagen distinta. Ante él apareció el paisaje que disfrutara en su niñez en la hermosa granja de sus abuelos. Por doquier crecían plantas de los más variados tipos y clases. Recubriendo el suelo aparecían jaras y tomillos, hierbabuena y musgo. En algunos rincones elevaban sus tallos espléndidos lirios y multicolores rosales. A varios metros de la superficie se agitaban las ramas de vigorosos y bellos árboles, mecidas por la suave brisa. Balanceándose en ellas, variedades diversas de pajarillos canoros llenaban el ambiente con sus gorjeos. Evocando esas monótonas canciones, venía a su memoria que en la primavera el cuco repetía una cantinela que no le hacía ninguna gracia. Y, sin embargo, en el lugar donde ahora se encontraba, la recordaba como un trino arrobador.

Puede que a ello no fuera ajeno que en el presente un silencio total lo envolvía todo, como si las fuentes sonoras naturales hubieran sido silenciadas definitivamente. Abandonó su éxtasis y volvió a mirar el panorama que tenía ante sí. Un polvo espeso recubría el suelo, fragmentos diminutos de piedras destrozadas se apilaban en pequeños montones anárquicamente distribuidos. Y si miraba un poco más lejos, entre los pedruscos aparecían algo semejante a cráteres provocados quizá por la caída de alguna pesada roca.

- ¡Cómo ha quedado todo a cuenta del cambio climático!

Retornó a cerrar los ojos y en su imaginación se proyectó el monte que se encontraba frente al balcón de la casa de su infancia. Un monte poblado de árboles y retamas, esplendorosamente verde. Miró de nuevo al frente y detuvo su vista en las montañas que lo limitaban. Unas elevaciones desnudas de vegetación alguna, que reflejaban en algunos puntos los rayos del sol con destellos deslumbradores. A pesar de las empinadas pendientes de algunas de las estribaciones, por ninguna parte aparecía la más mínima corriente de agua despeñándose con estrépito.

- El cambio climático acaba con…

Interrumpió la frase porque percibió algo diferente que le sacó del estado de adormecimiento en que se hallaba. Frente a él se acababa de levantar bruscamente del suelo una nube de polvo que luego regresaba despacio a la superficie.

- El meteorito del mediodía – masculló retornando a la realidad.

Luego, se lamentó con una expresión de hastío en el rostro.

- ¡Maldita sea! Cómo cada vez que conecto con la Tierra están hablando del cambio climático, estoy tan obsesionado que lo veo por todas partes.

Y mirando su reloj comprobó que le tocaba relevar al compañero de tareas. Por eso E.V.S, El Vigilante Selenita, encaminó sus pasos hacia la cabina de observación de la estación espacial Astro XXXVIII que vigilaba el espacio desde la base ubicada en la Luna, el fiel satélite de nuestro planeta Tierra.

Sobre este blog

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Historias del tercer milenio

Modesto Vega, el autor de este blog, fue profesor de Física durante cuatro décadas y reflexionó por obligación acerca de como enseñar mejor su materia. Y también reflexionó, como espectador curioso, sobre los comportamientos humanos. Aunque ya está jubilado sigue haciendo más o menos lo mismo. Y sus cavilaciones acerca de las conductas del “homo sapiens” le sugieren historias como las recogidas en estas páginas. En la primera de ellas, que lleva el título del blog, se bosqueja por donde van a discurrir esas narraciones. Por eso el autor se permite sugerir que se lea antes de acceder a cualquiera de las otras que irán apareciendo.

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