30 Jun 2009

El que se va (Tan lejos)

Escrito por: Manuel Rodriguez Diaz el 30 Jun 2009 - URL Permanente

Manuel Rodriguez Diaz

El que se va, se va lejos y el que se queda, se queda lejos. Pero siempre creemos que estamos más lejos que los demás.

Se puede estar cerca de alguien que está a cinco mil millas náuticas y lejos del vecino. Cerca de la derrota y lejos de la rendición. Cerca de la muerte y lejos de las ganas de morir. Cerca de la puerta y lejos de la salida. Cerca del amanecer y lejos de la luz del día. Cerca de la playa y lejos del mar. Cerca del mar y lejos del agua. Cerca del amor y lejos de entenderlo. Cerca del suelo y lejos de la tierra. Cerca de llegar y lejos de cruzar la meta.

Podemos acercarnos al momento de alejarnos y no darnos cuenta.

Esos momentos cuando la cercanía es posible hay que aprovecharlos, no vaya a ser que amanezca el día en que nos demos cuenta de lo mucho que queremos estar cerca, pero ya estemos tan lejos.

Manuel Rodriguez Diaz, © 2009

28 Jun 2009

tarde (para siempre)

Escrito por: Manuel Rodriguez Diaz el 28 Jun 2009 - URL Permanente

Pintar las manos
Dejar los rostros expresando
Sin olvidar

Rehacer las viejas líneas
Pendían tan solas como valientes
Sin volver

Se hace tarde para siempre

© 2009 Manuel Rodriguez Diaz

23 Jun 2009

Rainy day

Escrito por: Manuel Rodriguez Diaz el 23 Jun 2009 - URL Permanente

© Manuel Rodriguez Diaz

21 Jun 2009

Sin Yo no hay Nosotros

Escrito por: Manuel Rodriguez Diaz el 21 Jun 2009 - URL Permanente

Manuel Rodriguez Diaz

Sin Yo no hay Nosotros. Si no existe individualidad no puede existir colectividad; sin no hay uno no hay dos, ni tres, ni cinco mil millones.

Izquierdas y derechas se reparten la geografía y van marcando los mapas con todo lo que tengan dentro. Se amenazan constantemente unas a otras; se asustan, se insultan, se pelean; pero los golpes y los moretones, como siempre, quedan en las almas y en la piel de aquellos que solemos llamar los más pendejos.

No me defiendas compadre. Ese tendría que ser un lema a repetir cual mantra sagrado, cuando diestras y siniestras te quieren reducir hasta convertirte en ficha inanimada de su tablero, para que seas un soldado que combata por las ideas que te habrán de implantar.

Desde su torcida visión no desean hacerte ningún mal, tan solo quieren nutrirte y protegerte y obsequiarte la felicidad.

Que alguien aparezca anunciando a todo grito que retroceder hasta atascarse en el siglo diecinueve es un propósito válido en nombre de la salvación de la humanidad o cualquier otra cosa que se le ocurra, no significa que haya que seguirle a cada paso.

Algunos ya estamos bastante creciditos para saber que contribuir con el bien común no significa negar de un porrazo la tan duramente ganada singularidad…

© 2009 Manuel Rodriguez Diaz

18 Jun 2009

Casi feliz

Escrito por: Manuel Rodriguez Diaz el 18 Jun 2009 - URL Permanente

En el empeño de ser

más que un instante

En el libre desafío

de procrear un signo de lucidez

Satírico y sarcástico

Perenne y casi feliz

© 2009 Manuel Rodriguez Diaz

14 Jun 2009

Trazos 9.1

Escrito por: Manuel Rodriguez Diaz el 14 Jun 2009 - URL Permanente

© 2009 Manuel Rodriguez Diaz

12 Jun 2009

Yo no fui

Escrito por: Manuel Rodriguez Diaz el 12 Jun 2009 - URL Permanente

Se partió la luz como mil mediodías
Una línea siguió brillando dos horas y lágrimas
El incendio duró poco y quemó nada

Dos alas volaron

Un reflejo culpó

Yo no fui

© 2009 Manuel Rodriguez Diaz

07 Jun 2009

Hilos rotos

Escrito por: Manuel Rodriguez Diaz el 07 Jun 2009 - URL Permanente

Manuel Rodriguez Diaz

En el estanque, la distancia entre el fondo y la superficie puede medirse en lógicos, obvios y precisos metros de profundidad, aunque también es verificable en la existencia o no de comunicación entre lo que está abajo y lo que está arriba.

La superficie puede mantenerse calma durante un largo periodo. La vida luce entonces perfecta y nada indica, para el que no hunde la cabeza y mira, que existan razones que hagan dudar que el futuro será igual de idílico, impecable.

Mientras, en el fondo van cayendo los desechos, acumulándose y haciéndose parte indivisible de esa realidad oscura, ajena al sol, la brisa fresca y el horizonte. La existencia allí se convierte en hazaña de supervivencia al tiempo que, como si de vapor se tratase, va levantándose un resentimiento que se ha arrastrado sin rumbo por tanto tiempo que ha perdido el sentido de orientación.

Los analistas, nacidos, criados y entrenados en la superficie, calientan sillones, barras y micrófonos forjando teorías, pretendiendo explicar todo lo que pasa, pasó y pasará en las profundidades. Con aire de suficiencia desgranan las conclusiones fruto de su ciega labor, al tiempo que dan recomendaciones, que pretenden sabias, sobre como mantener la maravilla de existencia que, según ellos, todos llevan. Lo que no han sabido quienes les escuchan, es que, en realidad, se trata de conjeturas hechas al vuelo, cuando no de plagios descarados de lo que han leído acerca de cómo se desarrolla la vida en lejanas charcas de otras latitudes.

Alguna vez hubo hilos que conectaban ambos extremos del estanque haciendo posible, si no un entendimiento, al menos un flujo constante de información que mantenía a los habitantes de un lado sabedores de cuanto ocurría en el otro. Estos hilos, que en el lejano pasado se mantuvieron tensos debido al permanente intercambio, se fueron deshilachando por el uso, el paso del tiempo y la irresponsabilidad de quienes debían velar por su mantenimiento.

Los hilos rotos ya no dejaron escuchar, ni avistar, mucho menos entender a los pobladores de la superficie, que abajo crecía la necesidad de cambios, que ya no podían con la podredumbre, que la indiferencia era la primera causa de muerte.

Tras décadas de inconexión, crecieron varias generaciones de individuos, en uno y otro lado, completamente indiferentes a la suerte de los otros.

Un día todo explotó. Toneladas de fango se agitaron cubriendo el estanque de una espesa capa que negaba la visión. Se formaron remolinos. Se vino la noche de repente y nadie, arriba, sabía que hacer.

Tras la confusión, el mundo ya no era lo que habían conocido. Nuevas voces gritaban. Nuevas caras daban la cara. Y buena parte de quienes permanecieron aislados se lanzaron a conquistar la superficie.

Los analistas siguen explicando que eso no pasó.

Manuel Rodriguez Diaz, © 2009


31 May 2009

Estas calles (otra vez)

Escrito por: Manuel Rodriguez Diaz el 31 May 2009 - URL Permanente

Tierra marchita
Viejas glorias arrasadas
como granos de polvo que insultan a la brisa

Delirios frustrados
Promesas de goce que se van quedando muertas

Así la hora de viajar a la deriva
Derribando los carteles y demoliendo la idea de mirar estas calles otra vez

© 2009 Manuel Rodriguez Diaz

24 May 2009

Ellos siempre pierden

Escrito por: Manuel Rodriguez Diaz el 24 May 2009 - URL Permanente

Manuel Rodriguez Diaz


Ellos quieren seguir creyendo que La Tierra es cuadrada, que no existe cura para la diarrea, que mañana es igual a ayer. Ellos. Los que ven en la inteligencia un enemigo, los que le temen a la capacidad de pensar. Ellos quieren salvar a la gente encerrándola detrás de muros muy altos.

Ellos tienen armas y, como creen que tener armas les da poder, se masturban el cerebro creyendo que tienen El Poder. Ellos dicen que someterse a sus designios es el camino a la redención, que tan sólo son víctimas inocentes de los caprichos de la historia, que ha puesto en sus manos la responsabilidad de determinar las condiciones y los límites en la vida las personas.

Ello se reproducen como hongos y van apareciendo por aquí y por allá, a todo lo ancho y largo y cansón del planeta y de la humanidad. Como aspirantes a vampiros tratan de matar el espíritu de las gentes para manejarlas a su antojo y así regodearse, panzones y engreídos, en la ilusión de creerse los más vivos.

A la larga ellos siempre pierden. Van dejando heridas y lecciones y cicatrices y lamentos capaces de retumbar por siglos pero su tiempo se termina como se terminan todos los tiempos; el final siempre llega y al final (ellos) siempre pierden.

Ellos siempre pierden. No hay eternidad que los aguante.

© 2009 Manuel Rodriguez Diaz

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