11 Feb 2008
la ciencia y la fe

Hace unos días, cuando surgió la noticia del descubrimiento de un planeta enorme entre dos estrellas de una galaxia muy, muy lejana; mientras explicaban la forma en que lo habían descubierto, se me ocurrió pensar la cantidad de cosas de la ciencia que se me escapan, me superan y me dejan sumido en mi triste ignorancia.
Transcribo la noticia del periódico:
Es el componente Bb del sistema Gliese 22. Tiene un tamaño de 0,015 masas solares -5.000 veces la masa de la Tierra y dieciséis veces la del planeta Júpiter-, y se encuentra a dos millones de veces la distancia que separa la Tierra del Sol. Y los investigadores que han descubierto la existencia de este planeta gigante son un grupo de científicos liderados por el Observatorio Astronómico de la Universidade de Santiago.
Los resultados de este trabajo se han publicado este mes en la revista Astronomy&Astrophysics y es la primera vez que se descubre un planeta extrasolar mediante un nuevo procedimiento (se han descubierto más de 250). Habitualmente todos los descubrimientos se habían hecho por el método de velocidades radiales o la variación de la luz de la estrella al producirse tránsitos del planeta delante de ella. El primero de los métodos, el más utilizado, consiste en estudiar el espectro de una estrella -que de forma sencilla podría definirse como un arco iris de fondo y unas líneas negras delante-. Si hay un objeto, estas líneas se mueven, por lo que se descubre la existencia de un planeta."
En este caso, los investigadores del Observatorio Ramón María Aller, dirigido por José A. Docobo, así como del Special Astrophysical Observatory de Rusia, el Max Planck de Alemania y el Grupo de Mecánica de la Universidad de Zaragoza, utilizaron otro sistema, a través del movimiento de la estrella. Una estrella se desplaza lentamente y en línea recta, pero si va acompañada no realiza una elipse perfecta, sino que va haciendo eses.
Comentándolo a la mesa, tuvimos una discusión en la que me encontré diciendo algo así como que la ciencia y la religión en ciertos aspectos no son tan diferentes, puesto que nuestro nivel de conocimientos es tan bajo que las palabras de los científicos nos suenan a chino mandarín. Por lo que debemos poner nuestra fé en ellos y en sus investigaciones, y confiar en que no nos estén vendiendo la moto con lo que dicen. Eso es fe, porque de lo que deducen yo no tengo posibilidad de comprobar nada.
Quiero decir con esto que el hombre normalillo debe dar un salto de fe para creer al físico nuclear (donde digo físico nuclear, puedo decir ingeniero en genética, o astrofísico, da igual) y suponer que este ha hecho todas las comprobaciones pertinentes (ecuaciones, variables, observaciones, leyes físicas vigentes, etc) para demostrar que su teoría es verdadera. Comprobaciones que se me escapan, que no entiendo y que seguramente no seré capaz de entender en mi vida, teniendo en cuenta que llevo dos años intentando entender completamente mi teléfono móvil y todavía no lo he logrado.
Aún así, afirmando que en cierto modo tengo que tener fe en la ciencia y los científicos, encuentro una diferencia fundamental entre la FE (religiones) y el conocimiento científico y está muy bien explicado en el cuadro superior, el cuadro es autoría de Wellington Grey (profesor de física y cartonista) y la traducción es de MJS del blog El retorno de los charlatanes.
Unos días después, viendo Bones, la protagonista que es científica y atea, decía algo parecido a lo que yo argumentaba, y si lo dice la tele, debe ser que mi razonamiento no es tan errado.

