25 Dic 2008

El Hada Catalina

Escrito por: Pilar el 25 Dic 2008 - URL Permanente

Catalina había hecho las oposiciones a Hada pero todavía no tenía una misión concreta, aún estaba en prácticas. Sus hermanas mayores ya llevaban tiempo ejerciendo de Hadas.

La pobre Catalina ya estaba cansada de hacer lo que a las demás no les apetecía, así que decidió ir a hablar con la jefa de todas las Hadas. Una vez allí tuvo que esperar bastante hasta que Blanca la recibió.

- Me han dicho que querías hablar conmigo, le dijo Blanca.

- Verás Hada Blanca, con todo el respeto estoy cansada de hacer los trabajos que las otras Hadas no quieren; yo ya me encuentro preparada para que me deis una misión concreta como a mis hermanas. Le contestó Catalina.

- Bien, veremos que tengo disponible que te pueda agradar. Ya tenemos al Hada musical, Hada de los sueños, Hada de fantasía, Hada de la infancia, Hada de cuentos, Hada madrina… no sé, creo tener ocupados todos los puestos y vas a tener que esperar a que nos surja algo nuevo que poder ofrecerte.

- Pero Blanca, habrá algo que yo pueda hacer, he aprobado mis oposiciones. Le respondió bastante contrariada Catalina.

- Si te enteras de algo en lo que puedas ser útil y no esté ocupado muy gustosa te lo daré.

Catalina salió echando chispas del enfado que tenía. Si te enteras de algo en lo que puedas ser útil y no esté ocupado muy gustosa te lo daré, repitió con cierta burla la pobre Catalina.

- Está bien, pensó, ya buscaré algo de lo que yo me pueda ocupar.

Estuvo cavilando:

- Podría pedir el hacerme cargo de los bebes cuando empiezan a andar, porque yo se de buena tinta que el Hada Rosa se despista de vez en cuando y se dan unos bofetones contra el suelo que para qué, y luego dice que es porque son torpes.

No sé, no sé...

- Claro también podría pedir el trabajo de Azul, el Hada de los sueños porque cuando tiene sueño se duerme y los niños tienen cada pesadilla.

Seguía pensando y pensando...

- El trabajo de Elena, el Hada de la infancia, no estaría nada mal, porque ella no da a basto y hay montones de niños muriéndose de hambre en el mundo. Pero no me atrevo porque es muy orgullosa y no le va a gustar nada que yo me entrometa en su trabajo.

También pensó en el trabajo de ...

- Desde luego no estaría nada mal ser el Hada musical porque la verdad es que Ana, se pasa todo el día sentada acariciando la lira y luego dice que tiene mucho trabajo. Será carota.

En su búsqueda atravesó un pequeño parque y allí se encontró a un niño, como de unos tres años, chupa y chupa sin parar el chupete, tenía los dientes hacía fuera y le afeaba bastante.

- Ya está, iré a ver a Blanca y le pediré el trabajo: ser el Hada recogechupetes. A cambio del chupete les dejo un regalo, dependiendo de cada niño claro está.

Ni corta ni perezosa se fue a ver a Blanca, pero no estaba; le dijeron que volviese otro día porque estaba de visita de inspección.

- Que fatalidad, ahora que he encontrado ocupación no está Blanca, así que me iré a buscarla, no sea que se lo pida otro Hada.

Recorrió bastantes ciudades para encontrar a Blanca; a su paso se encontró con Azul, el Hada de los sueños, estaba atareadísima, no era como Catalina se pensaba. Los niños tenían pesadillas, no porque Azul se descuidase en su trabajo, sino porque hay demasiada maldad entre los mayores y los niños pagan las consecuencias. Tenía tanto trabajo que no daba a basto.

Más tarde vio a Ana, el Hada Musical, debía estar todo el día tocando la lira para que el eco de sus melodías llegase a los músicos; últimamente estaban bastante poco inspirados, la verdad es que no se molestaban mucho, y confiaban demasiado en las "musas", como ellos las llaman. Los músicos de antes ponían mas interés y Ana trabajaba menos.

Elena, el Hada de la infancia, estaba en un sin vivir por la cantidad del niños que había repartidos por todo el mundo sufriendo y muriéndose de hambre, por culpa de los adultos que se pasaban el día organizando guerras. En este mundo parece que no hay sitio para los niños porque incluso los mandaban al frente a luchar y a morir como hombres. Pensó que no estaba capacitada todavía para asumir esa responsabilidad.

Catalina se sentó al pie del camino muy triste por como se había encontrado el mundo; ella era demasiado joven y absurda como para darse cuenta de todo. Escuchó una voz que la llamaba:

- No te aflijas Catalina, aún eres muy joven, pero tú también nos puedes ayudar a conseguir un mundo más feliz. El trabajo que has pensado es fenomenal pues hará muy felices a algunos niños y eso le quitará trabajo a Azul y a Elena. Desde ahora mismo será el Hada recoge chupetes y a cambio cuando te los lleves deberás dejarles un regalo; algo que a los niños les haga mucha ilusión y no lloren. Le dijo Blanca.

Y así fue como Catalina se convirtió en el Hada recogechupetes. Por algo había que empezar.
(Registrado en la porpiedad intelectual)

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Registro del desamor

Escrito por: Pilar el 25 Dic 2008 - URL Permanente

Una mañana mientras tomaba café, como todos los días, Laura descubrió en la mirada de Juan, su marido, un perfume que no era el suyo. Cuando hubieron desayunado su marido se marchó al trabajo como todos los días. Laura terminó rápidamente sus diligencias domésticas, se lavo, vistió y se atusó el moño. Salió de casa como quien llega tarde al teatro. Sobre la mesa de la cocina dejo una nota a Juan, diciéndole:

"Juan tengo que hacer unas gestiones muy importantes.

No se cuando regresaré. No te preocupes por mí, estaré bien.

Te quiere Laura"

No sabía donde se dirigía, pero sí lo que quería encontrar. Tenía que localizar el departamento donde se inscriben los desamores, antes que quedase anotado el suyo para siempre. Sabía que los nacimientos, las defunciones, los matrimonios, los divorcios, todo quedaba reflejado en la oficina del Registro Civil. Pero en algún lado debía estar ese amor camino del registro y debía impedirlo antes que fuese demasiado tarde.

Juan y ella habían compartido veinte años de matrimonio y seguía tan enamorada de él como el primer día. Todas sus amigas seguían casadas y ninguna le había comentado nada extraño de su marido.

Cuando se casó, nadie le advirtió que esto podía suceder. Ella cuidaba de la casa y de su marido, con todo el amor que era capaz de dar. Se había volcado en su marido porque el cielo, como Laura decía, no les había querido conceder un hijo.

Mientras caminaba por la ciudad los pensamientos se le agolpaban en su cabeza sin saber que hacer con ellos. Se dirigió al Registro Civil para informarse dónde podría localizar el "registro de los desamores".

Cuando entró en la oficina se encontró al funcionario que, como todos los funcionarios, estaba bastante enojado con la Administración por cobrar un salario que apenas le llegaba para poder alimentar a su familia y por lo tanto un día decidió que le engañarían en el sueldo pero en el trabajo no.

Laura se dirigió a él muy amablemente:

- Buenos días señor, sería tan amable de decirme dónde puedo localizar la oficina del registro del desamor.

El funcionario levantó la vista por encima de sus gafas dejando de leer la prensa, remangándose los manguitos y levantándose la visera para poder ver mejor la cara de aquella mujer, que no sabía si estaba de guasa o era una chiflada a la que su marido había dejado de querer, y con una sonrisa socarrona le contesto:

- Como lo siento señora, esas cosas no se registran en ninguna parte, cuando se acaba el amor se acabó y no hay más vuelta de hoja. Tendrá que aprender a vivir con eso como hemos hecho la gran mayoría de las personas y ahora, por favor, no me interrumpa que tengo muchas cosas que hacer.

Laura le dio las gracias y se marchó de nuevo a la calle, no pensaba desfallecer, al menos por el momento.

Mientras continuaba caminando por la ciudad su pensamiento era uno, tenía que dar con el dichoso registro, pensó:

- Seguramente el funcionario tenía un mal día y a él no le importaría perder el amor de su mujer y, lo más probable, sería que ella sí le quería pero se habría resignado a su desamor.

Paseaba por todas las calles céntricas de su ciudad, mirando por todas partes anuncios de empresas y todo cuanto pudiera darle la pista para su localización.

Notó que el estómago se le quejaba y miró el reloj, eran las dos de la tarde, decidió parar un momento para tomar fuerzas y se metió en un lugar de comidas rápidas, donde las personas que trabajan comen deprisa para regresar de nuevo a sus oficinas. Se sentó en la barra, al lado de una señora de aspecto maduro tardío y decidió entablar conversación con ella, puesto que pertenecía a la clase trabajadora tal vez conociese la maraña de las oficinas y le pudiese orientar.

Se presentó muy cortésmente:

- Buenas, me llamo Laura. ¿Podría hacerle una pregunta?

La señora de al lado le respondió con aire de fastidio:

- ¿Qué quiere? No ve que tengo prisa. He de volver a mi trabajo dentro de media hora y estoy comiendo y si me paro a hablar con Vd. o no como o regreso tarde.

- Verá señora estoy intentando localizar la oficina donde se registran los desamores, tengo que llegar antes que se inscriba definitivamente el mío, sabe Vd., yo quiero mucho a mi marido pero en sus ojos hay otro perfume que no es el mío.

- Señora, dijo que se llamaba Laura ¿verdad?, no existe ningún lugar dónde se inscriban esa clase de cosas. Si su marido, y disculpe que sea tan franca, le ha dejado de querer, eso ya no tiene remedio. Hoy hay otro perfume y cuando se canse de él, habrá otro y otro. Ya se sabe los hombres son así. Dígamelo Vd. a mí, que un buen día al mío le pasó lo mismo y ahora estoy sola, claro que mejor así, yo era su criada y la otra se llevaba la mejor parte.

- Pero yo no quiero que me ocurra eso, algo se podrá hacer. Respondió Laura.

- Si, por lo pronto dejar de molestarme para que pueda terminar de comer y vuelva a mi trabajo a tiempo. No me puedo permitir el lujo de retrasarme porque con mi edad no me pasan ni una y no tengo quien me pueda mantener. Ha sido un placer.

Laura continuó comiendo en silencio, pensaba que aquella pobre señora no había sabido salvar su matrimonio, se vio arrastrada por su propia desidia y ahora se encontraba sola y malhumorada.

Eso no me pasará a mí. Yo si sabré localizar el registro y antes que llegue a inscribirse yo estaré allí esperando y hablaré con él para intentar convencerle y le haré recapacitar.

Al salir del restaurante se dirigió hacía un parque próximo para descansar un rato mientras volvían a abrir las oficinas al público.

Se sentó en un banco y al cabo de un rato vio como desde lejos se acercaba hacía ella un hombre enjuto, con los hombros cargados por el peso invisible de la tristeza que se podía ver reflejada en su rostro, el traje que llevaba era tan gris como su apariencia y el sombrero que cubría su cabeza parecía como si intentase cobijar sus penas para que no se le escapasen.

Se le fue acercando hasta llegar a la altura del banco donde se encontraba ella y quitándose el sombrero para saludarla le dijo:

- Buenas tardes señora, su nombre es Laura ¿cierto?. Permítame que me presente soy el Desamor.

Laura abrió tanto los ojos como era capaz y la boca pareció que tenía un dispositivo y éste se le había disparado y no podía volverse a cerrar.

- Entiendo que se sorprenda, pero Vd. me andaba buscando. Y aquí estoy.

- Verá caballero, yo era muy feliz con mi marido, se llama Juan sabe Vd., cada día desayunábamos juntos antes de irse al trabajo y luego yo me ocupaba de las cosas de la casa, y le esperaba hasta que él regresaba cada día. Entonces él se sentaba en su butaca a leer la prensa mientras yo preparaba la cena y después cenábamos juntos y mientras lo hacíamos me hablaba de como le había ido el día. Después regresaba a su butaca y se encendía su pipa, mientras yo lavaba los platos y cuando terminaba me sentaba en otra butaca a su lado a tejer, mientras él leía algún informe de su trabajo hasta la hora de acostarnos. Eramos muy felices.

- Quizá Vd. pensase que lo eran, pero en el fondo ninguno de los dos lo fuese. Mi compañera Rutina se va apoderando de los hogares poco a poco y cuando se quieren dar cuenta ya no hay nada que hacer. Intente regresar a su casa y mírele con esa mirada que Vd. probablemente ya no recuerde, pero haga un verdadero esfuerzo y piense como era Vd. cuando se casó con él. Eche de su hogar a Rutina y abra las puertas, descorra los cortinajes y abra las ventanas para que entre el Amor de nuevo. Yo todavía no he sido avisado para acudir a su domicilio pero me llamarán pronto y entonces ya no se podrá hacer nada. Buenas noches señora, lo siento pero me tengo que marchar. Hasta nunca Laura, yo se que Vd. lo conseguirá.

Se marchó con el mismo paso triste que le había visto llegar hasta perderse en la noche.

Laura se levantó arreglándose la falda y como si no supiese que hacer dirigió sus pasos hacía su casa. Cuando llegó al umbral vio como las luces del salón estaban encendidas y sintió el calor de su hogar recorrerle la piel provocándole un escalofrío. Abrió la puerta y sintió como Juan se abalanzó sobre ella besándola y abrazándola y noto como las lágrimas le corrían por las mejillas.

- ¿Dónde has estado todos estos días?. Temía que algo malo te hubiese ocurrido. No sabía dónde buscarte.

Por un momento Laura pensó que ella solamente se había ido unas horas de su casa, había transcurrido mucho tiempo, pero a ella se le había pasado sin sentir.

Nunca se habló de aquel perfume, pero en los ojos de Juan nunca hubo otro que no fuese el de Laura.

Sus desayunos nunca fueron los mismos, había miradas de complicidad en las que se adivinaban restos de pasión.

Sus veladas tampoco fueron las mismas, cambiaron las butacas por un sofá en el que permanecían largas horas abrazados compartiendo lectura, emociones y sensaciones olvidadas hace tanto tiempo.

Laura pensó que sin saber cómo había dado con el "registro del desamor" y había recuperado lo que era suyo para siempre.

Octubre 1997

(Registrado en la propiedad intelectual)

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25 Nov 2008

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Escrito por: Pilar el 25 Nov 2008 - URL Permanente

El balance de este año que se termina, 2008, ha hecho honor a su calidad de bisiesto: crisis en el sistema financiero, crisis en el sector del automóvil, y en el sector inmobiliario. A alguno nos ha pillado de pleno. Una casa a la venta y otra comprada con idea de vender la anterior. Nada se vende y te encuentras sumergido en un gran problema económico y sin apoyo alguno de las entidades financieras.

Esta situación comenzó su declive ante la globalización del mundo financiero, y de los mercados de las materias primas, los ricos más ricos y los pobres más pobres. Tenemos un primer mundo que vive del despojo legal de otro mundo, África y algunos lugares de Asia, y no parece que vaya a cambiar. Los causantes de la misma, algunos de ellos han sido despedidos con cifras de millones de dólares, otros siguen, pero lo más chocante es que el sistema político encima apoya económicamente la recuperación de los bancos y aseguradoras para que el futuro vuelva a los cauces conocidos y el robo siga su curso. Es decir, se invierte el papel de "Robin de los Bosques" que venían ejerciendo los Estados, inyectando miles de millones de su moneda a los bancos, para comprar la "confianza" de los mercados bursátiles, recortando los presupuestos por la parte más débil: las políticas sociales.

La famosa frase de Lampedusa que pronuncia el príncipe Salinas en el Gatopardo "es preciso que todo cambie para que todo siga igual"

El triunfo de Obama abre una puerta de esperanza para el resto del mundo.

No todo ha sido malo este año, también ha habido cosas buenas para mí. Estoy en el sprint final de mi carrera, pero lo más importante es que he sido abuela de un niño precioso, Guillermo; cuando me asalta la desesperanza le abrazo y le beso para recoger fuerzas y seguir mirando al frente con la esperanza de intentar aportar un granito de arena a este mundo para que el futuro, su futuro, sea un poco mejor.

Mi deseo para el 2009 es un poco de paz mundial y que los países ricos se acuerden que hay otros que no lo son, sólo eso.

P.D. tiene 366 palabras, una por cada día de este año bisiesto

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Escrito por: Pilar el 25 Nov 2008 - URL Permanente

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