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17 May 2009

18 de Mayo Día Internacional del Museo

Escrito por: museo-internacional-del-traje-folklorico el 17 May 2009 - URL Permanente

¿Qué es un museo?

Un museo (del latín musēum y éste a su vez del griego μουσεον) es una institución pública o privada, permanente, sin fines de lucro, al servicio de la sociedad y su desarrollo, y abierta al público, que adquiere, conserva, investiga, comunica y expone o exhibe, con propósitos de estudio, educación y deleite colecciones de arte, científicas, etc.

Origen del día internacional de los museos.

En 1977 la ONU declaró el 18 de mayo como Día Internacional de los Museos.

El Día Internacional del los Museos se celebra el 18 de mayo en todo el mundo desde el año 1977, tal día fue el resultado de la resolución tomada en la XII Asamblea General del ICOM (Consejo Internacional de Museos) en Moscú.

Origen de los museos.

En su origen, un museo era un templo de musas, un lugar sagrado que ellas frecuentaban, y no hay que olvidar que, en su origen, las musas eran las diosas de la memoria. Más tarde, en la época de la dinastía Ptolemaica, Ptolomeo Filadelfo mandó construir en Alejandría un edificio al que llamó Museo (otras fuentes aseguran que su fundador fue Ptolomeo I Sóter, padre del anterior). Estaba dedicado al desarrollo de todas las ciencias y servía además para las tertulias de los literatos y sabios que vivían allí, bajo el patrocinio del Estado. En aquel museo se fue formando poco a poco una importante biblioteca.

Los escritores latinos señalan la existencia de un significado adicional de “museo”. Todo parece indicar que así llamaban en la antigüedad romana a unas grutas con unas características especiales, y que, situadas dentro de las villas, sus propietarios las utilizaban para retirarse a meditar.

Actualmente existen una gran variedad de museos: museos de cera, museos de ciencias y técnica, museos de arte, museos históricos, museos de historia natural, museos dedicados a personalidades y museos arqueológicos, de instrumentos musicales, de trajes folklóricos, por nombrar sólo algunos.

Algunos de los museos más importantes del mundo.

1- El Louvre en Paris es posiblemente el Museo más famoso del mundo. Sus increíbles colecciones abarcan desde las antigüedades egipcias y clásicas hasta la pintura europea, incluyendo -por supuesto- la Gioconda de Leonardo.

2- El Museo Metropolitano de Arte en New York es sin duda el museo más importante de Norteamérica. Su colección es especialmente fuerte en antigüedades egipcias y pintura norteamericana.

3- El Museo Británico es el Museo más importante en el Reino Unido -y uno de los mejores en el mundo- de antigüedades, con una colección inmensa que abarca desde la prehistoria hasta la Edad Media

4- Los Museos Vaticanos albergan las inmensas colecciones de Arte de la Iglesia Católica, con algunas de las obras más famosas del Arte occidental, como la Capilla Sixtina o La Escuela de Atenas de Rafael

5- El Museo Hermitage (o Ermitage) es el Museo más importante de Rusia y el más extenso del mundo. Más de tres millones de obras de Arte formando una colección que abarca de la prehistoria al postimpresionismo

6- El Museo Kunsthistorisches de Viena es uno de los grandes museos del mundo. Posee una importante colección de antigüedades egipcias y clásicas,y una fantástica muestra de pintura europea.

7- La National Gallery de Londres alberga una maravillosa colección de pintura europea de los siglos XIII al XX. Es quizás la colección más completa de pintura europea de dicho periodo en todo el mundo.

8- El Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York posee la que es quizás la colección de arte moderno y contemporáneo más importante del mundo, con obras con Las señoritas de Avignon de Picasso o La noche estrellada de van Gogh

9- El Museo de Orsay en Paris es sin duda la mejor muestra de Arte impresionista y del siglo XIX francés de todo el mundo, con obras maestras de artistas como Monet, Delacroix, David o van Gogh..

10- El Museo de El Cairo es con mucha diferencia la colección de arte egipcio más importante del mundo. Sus obras más valiosas y admiradas son los objetos provenientes de la tumba de Tutankamón, descubierta en 1922

11- El Museo del Prado es el museo más importante en España, y la colección de pintura española más importante del mundo, con obras maestras como Las Meninas de Velázquez.

12- La Galería de los Uffizi en Florencia es la colección de pintura italiana más importante del mundo.

13- El Museum of Fine Arts de Boston es uno de los más antiguos y respetados museos de los Estados Unidos. Tiene un “museo hermano” en Japón, el Nagoya Boston Museum of Fine Arts

14- El Rijksmuseum de Amsterdam es el Museo Nacional de Holanda. Posee la colección de pintura holandesa más importante del mundo, incluyendo su pieza estrella: La ronda de noche de Rembrandt

15- La National Gallery de Washington incluye una colección muy completa de pintura europea y americana de los siglos XIII al XX. Sus puntos fuertes son el Renacimiento italiano y la pintura americana.

16- El Museo Guggenheim de Nueva York fue diseñado por el famoso arquitecto Frank Lloyd Wright. La Guggenheim Fundation tiene también importantes galerías en Bilbao, Venecia, Berlin y Las Vegas.

17- La Tate Modern en Londres es quizás la colección de Arte moderno y contemporáneo más importante de Europa, con obras de artistas tan admirados como Bacon, Lichstentein o Pollock

18- El Centro Georges Pompidou en Paris es el museo nacional de Francia para el Arte moderno y contemporáneo, alojado en un espectacular y famoso edificio de los arquitectos Rogers y Renzo Piano

19- El Art Institute of Chicago alberga una de las colecciones de Arte más completas de los Estados Unidos, incluyendo obras maestras como Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte, de Seurat

20- El Getty Center de Malibu es posiblemente el museo más acaudalado del mundo. Su creciente colección incluye antigüedades clásicas y pinturas como los Lirios de van Gogh o el Alfonso d’Avalos de Tiziano

Otros Museos importantes del resto del mundo.

Museos de África

Museo Egipcio de Arte Moderno (El Cairo).
Museo Nacional de Kenia (Nairobi).
Museo de las Ciencias de la Tierra (Rabat).
Museo de La Kasbah (Tánger).

Museos de América

Museo de Arte Contemporáneo (Méjico D.F.).
Museo Nacional de Buenos Aires (Argentina).

Museos de Asia

Museo Nacional de Arte Moderno (Tokio).
Museo de Arte Asiático (Fukuoka).
Asian Civilisations Museum (Singapur).

Museos de Oceanía

Australia National Gallery (Canberra).
Art Gallery of New South Wales (Sydney).
The Sutter Art Gallery (Nueva Zelanda).

Historia

Un museo es una institución pública o privada, permanente, con o sin fines de lucro, al servicio de la sociedad y su desarrollo, y abierta al público, que adquiere, conserva, investiga, comunica y expone o exhibe, con propósitos de estudio, educación y deleite colecciones de arte, científicas, etc., siempre con un valor cultural, según el International Council of Museums (ICOM).

Museística y Museología

La ciencia que los estudia y la técnica de su gestión se denomina museística.

Sin embargo, es reconocida la Museología (del griego μουσειόν = museión 'museo', lugar de las musas y λόγος = logos, razonamiento, argumentación, habla) es la ciencia que trata de los museos, su historia, su influencia en la sociedad, las técnicas de conservación y catalogación.

Los primeros museos, llamados "Gabinetes de Curiosidades", surgidos a fines del siglo XV o durante el XVI en la Edad Media, eran amontonamientos de objetos desconectados entre sí, sin clasificar o indicar, que llenaban todo el espacio, provocando un exceso visual que, prácticamente, no traía aparejada información.

Será a fines del siglo XIX que el Museo de Historia Natural de Londres exhibía sus objetos ordenados científicamente, gracias a las clasificaciones de Carlos Linneo.

A lo largo del siglo XX, las técnicas de exposición fueron incorporando los avances de la comunicación, hasta hoy, en que los museos pueden considerarse multimediáticos.

En la actualidad el museógrafo trabaja junto a las ciencias de la comunicación y la informática. Las informaciones escritas deben ser cortas, al estilo periodístico, pero con contenido científico. La televisión y la informática han sido incorporadas para trasmitir los contenidos de forma lúdica y efectiva. La manipulación de objetos pasó a ser prácticamente una condición esencial de muchos museos, así como la inclusión de tecnología que fue durante un tiempo exclusiva de parques de diversión (dinosaurios para cabalgar, trenes para recorrer réplicas de minas, etc.).

Esto, sin duda, genera polémica, pues no son todos los museólogos que aceptan la inclusión de elementos considerados "de cultura de masa" para llevar al público el resultado de investigaciones científicas, pero la cantidad de visitas a los museos que han aceptado la incorporación de las nuevas tecnologías demuestra que este es el camino para conciliar el saber (antes considerado) "erudito" con las nuevas formas de comprender.

Este tipo de colecciones, casi siempre valiosas, existió desde la Antigüedad: En los templos se guardaban objetos de culto u ofrendas que de vez en cuando se exhibían al público para que pudiera contemplarlos y admirarlos. Lo mismo ocurría con los objetos valiosos y obras de arte que coleccionaban algunas personas de la aristocracia en Grecia y en Roma; los tenían expuestos en sus casas, en sus jardines y los enseñaban con gran orgullo a los amigos y visitantes. Es en el Renacimiento cuando se da el nombre de "museo" tal y como lo entendemos hoy a los edificios expresamente dedicados a tales exposiciones. Por otra parte están las galerías de arte, donde se muestran pinturas y esculturas. Su nombre deriva de las galerías (de los palacios y castillos), que eran los espaciosos vestíbulos de forma alargada, con muchas ventanas o abiertos y sostenidos por columnas o pilares, destinados a los momentos de descanso y a la exhibición de objetos de adorno, muchas veces obras de arte.

Los museos comenzaron siendo templos: su propio nombre en griego los identifica como "templos de las musas"; y fueron templos donde se guardaban objetos valiosos, los tesoros de los dioses ("thesauroi"); su dimensión pública era solamente religiosa. La dimensión pública de los que sostuvieron los romanos estaba sin embargo teñida de publicista: en ellos se exhibían (en templos, termas y pórticos), los botines de guerra arrancados a los enemigos; los de Isis o Serapis, fueron así autenticas y magnificas colecciones de arte egipcio. El coleccionismo recibió, por iguales razones, un gran espaldarazo en Bizancio, de Constantino se ha dicho que solo tiene parangón en la historia con Napoleón Bonaparte, en relación con su afición por el coleccionismo.


En la Edad Media los tesoros religiosos de las iglesias ya fueron conviviendo con "las cámaras de tesoros" de las cortes, y hasta con algunas colecciones de carácter privado: las que luego se llamarían "cámaras de las Maravillas" en el Renacimiento. El XVI, vio ya el nacimiento de colecciones plenamente modernas (como las de Carlos V o Felipe II), a las que el manierismo supo dar en pocos años un tinte claramente intelectual y elitista. El Barroco vivió ya la preocupación, por la conservación y cierta accesibilidad publica de las colecciones, que se constituían así en buscado motivo de prestigio.


El siglo XVIII, vio el nacimiento del Museo como institución cultural: desde el "Museo Pictórico" de Palomino (1715), a la creación del Museo del Louvre (1781), se corrió una larga distancia, la institución pública había aparecido. En España, tras el fallido intento del Museo Josefino (de José Bonaparte, en 1809), surgiría el Museo del Prado (Museo Real de Pinturas) ya iniciado el siglo pasado (1819). Los museos fueron la gran creación del XIX, museos como concepto reverenciado, solo accesible a eruditos, y con el componente elitista de los propios precios de entrada.

.Definición moderna:

Actualmente podemos definir a un Museo como una institución cultural pública dedicada a la conservación, estudio y exposición de obras de arte; lugar privilegiado por tanto -si bien no el único- para el encuentro entre el arte y público.

Con el término “museo” entendemos actualmente el conjunto inseparable del lugar físico de las colecciones (edificio), de las obras y su organización, de las funciones desarrolladas por la institución (didácticas, promocionales, científicas) y de su papel social (público). A estos aspectos se refieren las disciplinas, de reciente formación, que se ocupan del museo: la museografía, relativa a los aspectos estructurales y técnicos (arquitectura, sistematización, equipamiento y exposición) y la museología, que tiene por objeto la historia de la institución y sus funciones sociales.

Un museo en la actualidad es un establecimiento complejo que requiere múltiples cuidados. Suele estar dotado de una amplia plantilla de trabajadores de las más diversas profesiones. Generalmente cuentan con un director y uno o varios curadores, además de restauradores, conservadores, analistas, administradores, conserjes, personal de seguridad, entre otros. Los expertos afirman que el verdadero objetivo de los museos debe ser la divulgación de la cultura, la investigación, las publicaciones al respecto y las actividades educativas. En los últimos años ha surgido la idea de las exposiciones itinerantes en las que museos de distintas ciudades aportan algunas de sus obras para que puedan verse todas reunidas en un mismo lugar (idealmente, otro museo). Es aún muy pronto para tener una evaluación correcta sobre los beneficios de esta nueva costumbre, siendo que hay conocedores del tema tanto a favor como en contra, y todos los razonamientos expuestos son respetables.

Ayer y Hoy

Esta concepción moderna del museo es un hecho relativamente reciente, dado que surge con caracteres precisos de autoconciencia y de voluntad programática a partir de la mitad del siglo XVIII en relación directa con la afirmación y difusión de la cultura ilustrada. Por tanto es oportuno distinguir la historia del museo de aquella, más extendida en el tiempo, del coleccionismo, término usado preferentemente para indicar las diversas formas de acumulación y de recolección de obras de arte con anterioridad a las organizaciones museísticas. El elemento más significativo para distinguir entre colección y museo reside en el destino público de este último, pues con el cambian la concepción misma y la estructura de la colección; el patrimonio de una colección privada, estrechamente ligado al mercado del arte, tiene siempre una característica de inestabilidad, en cuanto está sometido al riesgo de dispersiones y desmembramientos, voluntarios o no debidos a cambios políticos y económicos, a vicisitudes de sucesión familiar o simplemente al cambio en los gustos y las modas. El patrimonio de un museo tiene en cambio caracteres estables, si no inmutables en el tiempo, pues la función conservadora es una de sus tareas esenciales. De todos modos, situar la prehistoria del museo dentro de las variadas y complejas formas de organización habidas en la época del coleccionismo es posible; ya sea determinando la disponibilidad o potencialidad de las colecciones para ser visitadas, ya sea siguiendo criterios, por así decirlo, museográficos, en el ordenamiento y en la conservación de las colecciones.

Su bien, el término “museo” deriva de la voz griega museion, que indicaba la institución cultural pública creada por Tolomeo I Sóter en Alejandría en el siglo III a.C., en estrecha correlación con la celebre biblioteca: un lugar de reunión y de estudio para literatos, científicos, filósofos, entre cuyas funciones es probable -pero no seguro- que estuviera la de coleccionar y exponer obras de arte. De este ilustre modelo le ha quedado al museo, por mediación de la cultura humanística, un aura de sacralidad -el Museo como Templo de las Artes o de las Musas- retomada por la ilustración junto a su concepción global y universal de la cultura.

El término reaparece luego como voz docta en la cultura humanística para indicar ya sea una colección de objetos, ya sea una obra de compilación, preferentemente ilustrada, en la acepción de “serie coherente”. A propósito es interesante recordar la definición de “museo” dada por Paolo Giovio a su celebre colección de retratos de hombres ilustres para la cual hizo construir (1537-40) en el lago de Como una villa que en la compleja Simbología de su decoración estaba configurada como “Templo de las Musas”. El aspecto del coleccionismo renacentista que más se vincula con los orígenes del museo es, de todas formas, el de la colección de obras antiguas: éstas no sólo adornaban las salas de los palacios de las cortes italianas o estaban dispuestas en refinados studioli, sino que a menudo se las colocaba en jardines o patios (...), ofreciéndose así naturalmente, por el propio valor de modelos a ellas atribuido, a la admiración y al estudio por parte de artistas y viajeros. En este terreno se pueden rastrear precoces intentos de museo como la creación por parte de Bramante y Julio II del “jardín de las estatuas” en Belvedere (1506) con piezas celebres (entre las cuales figuraban el Lascoonae y el Apolo) estudiadas por generaciones de artistas; o la donación testamentaria por la cual el cardenal Grimani dejó a la Serenísima su colección de antigüedades (1523). Y es significativo que una de las primeras estructuras arquitectónicas dedicada ex profeso a una función expositiva haya sido realizada para una colección de antigüedades, la Galleria degli Antichi en Sabbioneta (1583-90).

El uso de la galería (el término indica un largo ambiente de unión entre dos partes de un edificio) para conservar obras de arte se difunde a partir de fines del siglo XVI y conoce un amplio desarrollo en los siglos posteriores. Un ejemplo temprano es la sistematización de las colecciones medíceas en los largos corredores del primer piso del Palacio de los Uffizi (1581), con la creación de la elegante tribuna de Buontalenti (1585) proyectada y amueblada en función de las obras expuestas. Han llegado hasta nosotros ejemplos de las suntuosas galerías de los siglos XVII y XVIII pertenecientes a familias aristocráticas de Roma o de más modestas pero refinadas colecciones de la nobleza inglesa. En la misma época histórica se formaron las imponentes galerías de las dinastías reinantes en Europa, núcleos fundadores, a través de complejas historias de adquisiciones y traspasos dinásticos, de los futuros museos nacionales. Se trataba siempre de estructuras privadas, si bien visibles a categorías seleccionadas de visitantes.

El paso de privado a público transcurre de diversos modos en la Europa del siglo XVIII, relacionado con la consolidación del concepto del patrimonio artístico como bien de la colectividad. El decreto por el cual la Asamblea Nacional transformaba (1793) las colecciones reales del Louvre en el Musee Central des Arts asume el valor de inicio de una nueva era en la historia del museo, aun cuando el Louvre no fue el primer museo europeo abierto al público. En Inglaterra el Parlamento, mediante la adquisición de colecciones privadas, ya había decretado la formación y la apertura al público del primer núcleo del British Museum (1759); en Europa y en Italia las reformas de los príncipes ilustrados habían convertido en públicas las colecciones dinásticas (en 1769, en Florencia, el gran duque Pedro Leopoldo abrió al público los Uffizi); en Roma el papado, intentando unificar la dispersiones provocadas por un mercado de antigüedades muy activo, agregaba a las primeras acciones legales de tutela la apertura de los museos (...).

En Francia en la fase ilustrada revolucionaria, las funciones del museo están estrechamente integradas; el museo, apoyado y sostenido por la Academia, sirve a la educación de los artistas y a la formación del gusto del público; además acoge las obras provenientes de los patrimonios de las órdenes religiosas suprimidas y ofrece una respuesta al problema del “vandalismo revolucionario” (ejemplo principal es la creación del Musee des Monuments FranÇais de Alexander Lenoir en 1793, para recoger estatuas y fragmentos de iglesias medievales destruidas); finalmente se presenta como imagen simbólica, autorrepresentativa de la nación. Este último aspecto fue enormemente amplificado en la Francia napoleónica, cuando las requisiciones de obras de arte de los países conquistados hicieron del Louvre (donde en 1804 se abrió el Musee Napoleón) el museo más grande del mundo, símbolo de la universalidad del arte y la cultura.

Ya antes de la restauración, el modelo francés había estimulado en otros países europeos el nacimiento de los museos nacionales, inaugurados en gran parte en años sucesivos.

Estas grandes realizaciones representan el punto de contacto del pensamiento proyectual de la ilustración -a menudo tenido de utópica grandiosidad- con la arquitectura del museo, y por tanto no debe sorprender que los edificios presenten coherencia con el gusto de la época, forma de un solemne y riguroso clasicismo, como conviene al “Templo de las Musas”. La fuerza simbólica de este modelo explica la permanencia a través del tiempo de las formas clásicas, ya anquilosadas en planteamientos que intentan recuperarlas, revivalistas, si bien el historicismo del siglo XIX no dejara de sugerir el recurso a otros estilos (en particular el Renacimiento), para el museo. También en lo que atañe a la sistematización interna del museo Ia ilustración había actuado con el fin de poner “orden en la diversidad”, desmembrando las variadas colecciones principescas y asignando a cada clase de objetos su lugar especifico ; el ordenamiento de las pinturas en secuencias cronológicas y por escuelas pictóricas. precozmente adoptado por Luigi Lanzi para reordenar los Uffizi (desde 1775) y por Christian van Mechel para la sistematización de las colecciones reales en el Belvedere de Viena (1779), se convertirá en un punto de referencia constante para el futuro.

A lo largo del siglo XIX la institución museística conocerá un desarrollo impresionante articulándose, según las indicaciones del historicismo dominante, en sectores diferenciados para las diversas ramas del saber (ciencia, tecnología, historia, arte) dentro de los cuales es interesante observar el surgimiento de los museos de arqueología o de artes decorativas y aplicadas. La función didáctica muy evidente en estas instituciones, pensadas en estrecha relación con las escuelas de artes y oficios y con el objetivo de mejorar la calidad de la producción de objetos de uso y de decoración se pierde en cambio en los museos artísticos; su separación de las academias, la progresiva pérdida de prestigio de estas últimas respecto del desarrollo del arte, quitaron al museo su valor de escuela, de colección de modelos ejemplares. La función conservadora, solicitada no sólo por la ampliación del campo de las colecciones sino también por la necesidad de salvar los testimonios históricos del pasado, amenazados por el advenimiento de la era industrial y las profundas transformaciones impuestas a las ciudades antiguas por los desarrollos imponentes del nuevo urbanismo deviene cada vez importante. A la organización en toda Europa de los grandes museos nacionales opone Italia, por sus condiciones históricas particulares -marcado policentrismo, tardía realización de la unidad nacional- la creación de una compacta red de museos locales (cívicos).

Museos locales en España

También en España, tras la desamortización de 1835, aparecen los primeros museo locales. En 1844 se crearon las Comisiones Provinciales de Monumentos una de cuyas finalidades esenciales era la formación de colecciones museísticas, a las que siguieron los primeros museos municipales y eclesiásticos, algunos de ellos de gran importancia. Del mismo modo, mientras en otras partes los museos son preferentemente realizados ex novo, en Italia y también en España se afirma la tendencia a reunir las colecciones en edificios de relieve histórico y monumental y a mantener los antiguos núcleos museísticos en sus sedes históricas. En Italia y en nuestro país, por lo tanto, es menos evidente el valor de prestigio atribuido al museo en el crecimiento de la ciudad del siglo XIX, advertible en la creación de complejos monumentales, ... Dentro de una tipología arquitectónica ya consolidada ... el ordenamiento del museo decimonónico refleja los desarrollos de la nueva ciencia histórica del arte, articulándose en secuencias cronológicas por maestros y por escuelas.

Museos privados – Colecciones privadas

Es típica de esta fase la tentativa de “ambientar” las obras, según criterios posteriormente refutados por la moderna museografía pero que expresaban entonces la búsqueda de una relación coherente entre el espacio del museo y el carácter de las colecciones. Este aspecto es particularmente evidente en la creación de las “casas-museos” donde el mobiliario, la decoración de las salas y la disposición de las obras se proponen como expresión de los gustos y de las elecciones del coleccionista creando un clima especial que aún hoy se tiene en cuenta para el cambio de privado-público de las casas con sus colecciones en forma de donación o de fundación.

España

En España los museos surgidos del coleccionismo privado van estrechamente unidos a nombre tan ilustres como J. I sonro Galdiano, F. Mares, el marqués de Cerralbo, J. Camón Aznar o el conde de Valencia de don Juan. Asimismo, debe señalarse la importancia de las aportaciones privadas en la configuración de museo como el Museu d'Art de Catalunya (inaugurado en Barcelona en el año 1934). A partir de la segunda mitad del XIX se asiste al crecimiento en numero y entidad de los museos estadounidenses por un activísimo coleccionismo privado y a menudo de largo alcance, que se alimentaba, a través del intenso mercado del arte, en las fuentes inagotables del arte europeo e italiano especialmente, y sostenidos por la ambición autorepresentativa de la joven nación.

A fines del siglo XIX e inicios del XX el desarrollo de los movimientos artísticos de vanguardia y la afirmación de los nuevos canales para la relación entre arte y público -exposiciones periódicas, galerías privadas- llevaron a una visión del museo como lugar de pasiva conservación y de retrógrada exaltación del pasado contra la cual lanzaron sus flechas los futuristas. El arte moderno rechaza el museo; la ruptura de la alianza entre lo antiguo y lo moderno propuesta en la época ilustrada es gradualmente solucionada con la creación de los museos de arte contemporáneo, fenómeno característico de nuestro siglo. A partir de los años veinte se abren paso nuevos criterios en la arquitectura y la disposición de los museo; así como en el edificio se tiende a rechazar el recurso a los estilos históricos, en la disposición se abandona progresivamente el criterio de la ambientación decimonónica para crear espacios más accesibles, seleccionando las obras expuestas y preocupándose por la mayor visibilidad (se presta especial atención a los sistemas de iluminación). El tema del museo es afrontado por los mayores maestros de la arquitectura moderna, desde Le Corbusier a H. van de Velde, de F. L. Wright a Mies van der Rohe.

Pero es sobre todo después de la II guerra mundial cuando el museo debe afrontar una profunda revisión, no sólo de sus estructuras, sino también de sus funciones tradicionales. En Italia las obras de restauración y reparación después de la destrucción bélica ha dado la oportunidad para realizaciones de alto nivel, de F. Albini, del estudio BBPR, de C. Scarpa, de F. Minissi y otros. En España, más recientemente, sobresalen las realizaciones de J. L1. Sert en la Fundació Joan Miró de Barcelona y de R. Moneo en el Museo de Arte Romano de Mérida. A esta renovación de las estructuras, no le ha seguido empero una puesta al día de las funciones en relación con las nuevas exigencias planteadas al museo por el advenimiento de la cultura de masas.

El aumento del público, el incremento del turismo internacional, el surgimiento de nuevas necesidades culturales, las exigencias planteadas a la sociedad por el espectáculo y los medios de comunicación de masas han impuesto al museo transformaciones -llevadas a cabo en los Estados Unidos más rápidamente que en Europa- de lugar de conservación-contemplación estética a lugar de activa elaboración cultural. Lo cual implicó la recuperación, con nuevas formas y medios técnicos actualizados, de la antigua función didáctica: la actuación de los servicios técnicos (depósitos, laboratorios de restauración, etc.) y para el público (biblioteca, sala de conferencias, servicios de restaurante); la previsión de amplios espacios para actividades expositivas temporales; la implantación de una política promocional en relación con el arte contemporáneo.

El museo actual

El museo actual tiende por ello cada vez más a configurarse como centro polivalente de actividades culturales: bajo el impulso de la gestión empresarial ya consolidada en los grandes museos estadounidenses, en Europa la realización del Centre Pompidou en Paris ha asumido el papel de símbolo del museo de la edad contemporánea. Entre los elementos que testimonian la renovada vitalidad de la institución se pueden citar: el crecimiento y difusión de los museo en los países de nueva formación (en función autorepresentativa del logro de la independencia nacional); la ampliación de los intereses museísticos a aspectos particulares de la producción (folclore; cultura campesina; cultura material; arqueología industrial); la extensión del concepto de tutela sobre el territorio, con la creación de parques arqueológicos o arquitectónicos y de los “museos al aire libre”; la realización, en años recientes de museo con estructuras espectaculares en los Estados Unidos y en Europa. La reaparición en el proyecto de ampliación del Louvre del M. Pei (1984), del tema simbólico y monumental de la pirámide pareciera querer vincular nuevamente el museo del futuro con sus lejanos orígenes ilustrados.

Otras versiones:

Puede decirse que la historia del museo es la historia del coleccionismo continuada y hecha pública. Los gabinetes, las colecciones y las galerías privadas sólo eran visitadas ocasionalmente por intelectuales, eruditos, científicos o amigos de los propietarios. El Museo del Vaticano, por ejemplo, era visitado únicamente una vez al año, los Viernes Santos.

Pero desde la segunda mitad del siglo XVIII algunas colecciones pasan a ser patrimonio nacional, constituyendo el inicio de la apertura de los grandes museos. Los más prematuros fueron el British Museum de Londres (1753), la Galería de Kassel, abierta al público por Guillermo IV en 1760, y el Louvre, en 1798.

A partir de estas fechas, y a todo lo largo del siglo XIX, se van abriendo paulatinamente las más importantes colecciones, para que puedan ser visitadas públicamente y constituir el patrimonio público coleccionado: National Gallery de Londres, Tate Gallery, Kunsthistorisches Museum de Viena, Pinacoteca de Munich, Galería Nacional de Praga, Museo del Ermitage de Leningrado, Museo Uffizi de Florencia, Museos Vaticanos, Museo del Prado, Metropolitan de Nueva York, Museo Canario en Las Palmas, etc.

Este fenómeno tiene unas explicaciones sociales y científicas:

1) La socialización de los bienes reales, constituyendo el patrimonio a raíz de la Revolución francesa de 1789.

2) La exclaustración de los religiosos y la venta de los bienes eclesiásticos promovida por distintas legislaciones. En España, la desamortización de Mendizabal (1835) provoca un abandono total del patrimonio, que se expolia, se colecciona en malas condiciones en edificios públicos, y exige un estudio y catalogación.

3) Los estudios y descubrimientos arqueológicos (Herculano, Pompeya, Egipto, Mesopotamia, Grecia, etc.), que aumenta el número de museos.

4) El romanticismo como añoranza de las culturas pasadas, especialmente de las medievales, que provoca la incorporación del arte medieval a los museos y a las colecciones.

5) La reflexión científica sobre la historia y su estudio, que despierta el interés por los nacionalismos y su conocimiento a través de los monumentos y el arte.

6) El colonialismo y su extensión por Asia, África y Australia, motivando el interés por la antropología de los pueblos no europeos y el estudio de sus culturas.

7) La teoría del evolucionismo y de las especies de Darwin que, en paralelismo, fomenta la catalogación, ordenación de géneros, especies y técnicas de las artes.

Sin las colecciones reales o burguesas o eclesiásticas no existirían los museos, tal como se produjeron a lo largo del siglo XIX: monumentos, palacios, monasterios transformados en cajas fuertes, en almacenes y templos para guardar los tesoros acumulados de la antigüedad y de las nuevas culturas.

Se inicia la era de los museos y de la museografia. Pero estos museos seguían interesando únicamente a eruditos y especialistas.

La museografia y la museología

Estos museos, heredados de las grandes colecciones, son el escenario donde se desarrollara la ciencia de la museografía, que podría definirse como "arte de colocar el arte dentro del museo". Posteriormente el termino será sustituido por el de museología, que definiríamos como la "ciencia del museo y de la conservación del patrimonio".

El desarrollo de esta disciplina museográfica tiene tres momentos importantes:

l ) El museo es un edificio singular para conservar obras de arte, donde el objeto, las obras, son más importantes que el sujeto, los visitantes. Las obras se amontonan en salas, cubriendo espacios, superficies, estanterías y vitrinas, esperando una ordenación y clasificación, como las especies naturales. Se datan, se estudia la técnica, se ordenan por autores y escuelas. Las preocupaciones de conservación se manifiestan en restauraciones y su presentación dentro del museo, estudiando la iluminación adecuada. Son las preocupaciones del siglo XIX y principios del XX, tal como se deducen de los boletines, revistas y catálogos de la época. El órgano mas característico de este primer largo momento de la ciencia de los museos es la revista Museion, publicada desde 1927. Es un periodo amplio, dominado por la museografía y el inicio de la historia del arte.

2) El segundo momento podríamos iniciarlo desde 1948, cuando la revista anterior cambia su nombre por el de Museum, como órgano oficioso del ICOM (Internacional Council of Museum) de la Unesco. Se inicia la época de la utilización del museo para algo más que conservar obras de arte. La función del arte y del museo se plantea como educación, y con un sentido pedagógico. Es la hora de la museología como ciencia del patrimonio y del museo, tal como se deduce de los boletines, artículos y recomendaciones que proceden del ICOM.

3) La tercera fase de la ciencia de los museos, museografia/museología, se inicia hacia los años setenta con la introducción del museo o museo-centro (Pompidou, Miró, Caam, Ivam) en sentido integral (danza, música, cine, teatro, vídeo, mimo, pintura), donde se crean y se exponen obras como en lugares llamados Centro de Estudios de Arte Moderno (CEAM). Es el momento de la llamada museología, mostrada en coloquios, congresos, y la construcción de grandes museos en África, Asia y América.

Una manifestación de la importancia de los museos es su incorporación a las rutas turísticas y la introducción de las nuevas tecnologías en la administración y catalogación de las piezas y colecciones.

Responde esta nueva ciencia como museología a varios principios:

1) Acentuación del valor del sujeto hombre sobre el valor de los objetos, que deben estar a su servicio.

2) Socialización de la cultura y de los bienes culturales.

3) Introducción en los museos del arte contemporáneo.

4) Popularización y conocimiento del patrimonio artístico y cultural.

Los centros de estudio del arte contemporáneo han fomentado el conocimiento del arte y, aunque en este momento presentan una cierta crisis y ofrecen dificultades financieras, han confirmado la importancia de los museos en la vida cultural.

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