El "caso Pla "(wiki), junto con las reflexiones surgidas en el diálogo con Rafael a raíz de un minipost del pasado día 16 (vedlo aquí) me llevan a publicar el artículo de hoy.
Ayer, en la SER, el periodista Miguel Ángel Aguilar (wiki) lo decía muy claramente: La política es "un engorro" ... porque estás sometido a vigilancia: de los guardaespaldas por tu seguridad, de los medios de comunicación, de los otros partidos, de los compañeros de tu propio partido... Por lo tanto, enlazamos necesariamente con la vieja historia de la mujer del emperador (aquello de no sólo ser honrado, sino aparentarlo también).
Y es cierto que en política te pueden surgir verdaderas "amistades peligrosas". Un muy buen amigo mío, por ejemplo, concejal de un pequeño pueblo de Cataluña, quiso comprarse un apartamento. Fue a una inmobiliaria y le ofrecieron uno a muy buen precio. Mientras se lo acababa de pensar supo que la empresa propietaria de la inmobiliaria estaba negociando con el ayuntamiento unos temas urbanísticos. Él no tenía ningún tipo de relación con el tema pero la duda surgió inmediatamente: ¿Le ofrecían mejor precio como estrategia comercial? ¿O para influir? ¿E independientemente de eso, qué uso podría hacer la prensa si llegaba a sus oídos el tema? ¿Y la oposición? La decisión fue clara... No tiene apartamento ... Sin embargo... ¿es justo? ¿Y si no se hubiera enterado de las negociaciones que estaban teniendo el Ayuntamiento y la inmobiliaria?
Es complicado. Y por eso existe la presunción de inocencia. Pero ésta, nos guste o no, sólo afecta a la justicia, nunca al ámbito público (o de opinión publicada).
Por lo tanto, las apariencias son muy importantes. Porque se tiene que cumplir la ley, se tiene que ser honesto y se tiene que tener ética, huir de la corrupción y, además, que se vea todo.
¿Qué tiene que hacer, entonces, alguien a quien se acusa de un hecho relacionado con la corrupción o la falta de ética?
En primer lugar (y sé que es más fácil de decir que de hacer, y presuponiendo que no haya ni falta de ética ni corrupción) responder de forma clara, concisa y rápida. Ofrecerse a colaborar para aclarar los hechos y ponerse a disposición del Partido, o superior público si es el caso.
En segundo lugar, y por mucho que sea inocente, si las explicaciones no son suficientes para calmar el tema y si la sombra de duda se mantiene (no por parte de los grupos políticos contrarios, pero sí de la sociedad en general -es complicado definir la "sociedad en general" -) hace falta dimitir, aunque no te lo pidan los tuyos.
Y eso no es justo. Nada justo. Porque estropea el buen nombre de quien es acusado. Porque abre la puerta al abuso a las falsas acusaciones. Pero es mejor que mantenerse en el cargo dando la imagen de que los políticos sólo hacen política por el dinero.
Y en el caso de Pla, quiero dejar claro lo siguiente: Parece evidente que ha habido más un problema de formas que de ética y/o de corrupción. Parece también que hay un cierto interes por parte de algunos sectores de la política valenciana de hacer surgir dudas sobre la honradez de los políticos del PSPV para buscar un "pacto de silencio" en Valencia (y así hacer callar los temas Tierra Mítica, Diputación de Castellón, etc.). Si las explicaciones de Pla se demuestran ciertas, el dirigente no tendría razón para dimitir. Pero si finalmente lo hace, como indican algunas fuentes, hará un gesto honroso en beneficio de la imagen de los políticos y de la suya en particular, muy estropeada después de los acontecimientos que acaban de salir a la luz pública.
(este artículo es una traducción automática del original, publicado en QMenta, por lo que puede tener errores ortográficos y/o gramaticales... disculpen las molestias)


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