09 Ene 2008
ENERGÍA ESPIRITUAL Y EXPERIENCIAS DE AULA
¿ENERGÍA ESPIRITUAL?
Energía espiritual y felicidad son dos hermosas palabras que vienen a poner el acento sobre el polo opuesto a las miserias que esta sociedad de la infelicidad arroja diariamente sobre quienes invariablemente somos sus artífices, pues una colectividad es una suma de componentes individuales que dan y reciben.
Energía espiritual y felicidad son dos profundos anhelos íntimos que el mundo también nos vende en forma de excitantes y placeres sensoriales: sucedáneos. El lema parece: “Ya que no puede ser feliz, al menos no se prive del placer. Disfrute todo lo que pueda de sus sentidos”.¿Cómo se puede construir algo perdurable con semejantes principios? Sin embargo, el mundo que vivimos se ha construido con estos principios.
En este paisaje de la decrepitud colectiva no existen mas que sembradores y cosechadores de causas y efectos: somos nosotros los autores de la decrepitud o la maravilla que vemos y de los infortunios o felicidad que experimentamos. Porque todavía hay algo más que debe ser superado: culpar a gobiernos o al sistema capitalista de todos nuestros males, ese victimismo social al que puede responderse aproximadamente que la sociedad no es culpable sin mí, ni se liberará sin mí. La energía que cada uno emite al conjunto a través de sus pensamientos o de sus actos, tiene una determinada cualidad vibratoria, y un determinado contenido emocional correspondiente a ese grado vibratorio. Todo eso nos vuelve como un boomerang. Y acaba por envolvernos en todo el Planeta. Esta es, en términos sencillos, la ley de acción y reacción, y también la ley de causa y efecto o ley del Karma: cada uno siembra y cosecha siempre lo que siembra. Toda violación de las leyes vuelve contra su autor en forma de efectos negativos, antes o después, pues nada escapa a la ley universal causa-efecto. Esto los niños lo comprenden muy bien cuando se utiliza para que entiendan sus conflictos de relación entre sí, el símil de la pelota que se lanza contra una pared. Si es de color verde, volverá verde y no roja o de otro color. Igual sucede con nuestros pensamientos y actos. Si hacemos lo correcto nos volverá lo correcto, y no lo desagradable. Ellos entienden fácilmente que la vida les devuelve lo mismo que ellos le dan.
En nuestro análisis apenas se ha hecho mención de los sectores de jóvenes a los que puede calificarse como auténticos héroes de este siglo, que se vienen afanando en vivir contracorriente en medio de este mundo caótico en lo académico, en lo familiar, en lo ideológico, en lo social, en lo ecológico, en lo político, y son capaces de tener en medio de este mar tempestuoso el buen juicio, la serenidad, la paciencia, la sabiduría, el altruismo, la sed de evolucionar, el amor a Dios y al prójimo sin sumisiones absurdas, sin dogmas que esclerotizan la mente; y los vemos empeñados en la vida diaria en mejorarse a sí mismos en medio del caos, pues habita en ellos la llama viva del Espíritu transformador, del Amor que transforma cuanto toca si es desinteresado. Ellos son portadores de las nuevas auroras; ellos con su actitud sencilla, su vida anónima, su templanza y su autodisciplina contribuyen a transformar día a día la atmósfera espiritual del mundo. Deberíamos preguntarnos y preguntarles en qué consiste el secreto exactamente; cómo es posible que habiendo soportado los mismos deficientes sistemas educativos puedan haber escapado de sus miserias y estar capacitados para vivir de un modo que pudiéramos llamar ”alternativo” en un sentido más profundo que el término al uso, porque abarca no solo lo externo y lo mental, sino un modo de manifestar una distinta conciencia de la realidad, basada en la conciencia de una realidad distinta. Eso es lo que estos escritos quieren humildemente señalar como necesario para que la juventud pueda transformar este caos en orden y armonía: Una distinta conciencia de la realidad y la conciencia de una realidad distinta.
¿Y de qué realidad estamos hablando?....De una realidad íntima, espiritual, experimentable, que transforma la conciencia y la hace operativa en el vivir cotidiano, que convierte el vivir en un vivir desde la conciencia... Desde la conciencia, y no contra ella. Desde la conciencia, y no al margen de ella. Esto evitará que un día un científico pueda dar pistas para fabricar un arma; un rico, explotar a sus semejantes, un político atropellar, engañar y abusar de una nación; un cocinero poner comida transgénica o animal en un plato, un chico quiera ser un “rambo”, una mujer sea maltratada o un profesor piense que su alumno es una grabadora mental con alma de papagayo.
Es evidente que este sector de la juventud del que hablamos antes camina en esta dirección. Ha sabido hallar en la intimidad de su corazón, en su camino, o en sus familias, alguna filosofía de la realidad, alguna diferente manera de contemplar el mundo y de contemplarse en él bien distinta al modo primitivo del que en las escuelas de todo el mundo se hace en base a la concepción global del ser humano como cuerpo y mente intelectual, abandonando a los curas el asunto del alma, y olvidando la educación emocional. La mente, como heredera indiscutible del Siglo de las Luces, corona nuestra cabeza y nuestra vida de occidentales confusos pero cómodamente instalados entre cacharros de alta tecnología y sin horizonte. Porque desde niños se nos ha obviado una parte de nuestro verdadero Ser para dar mucho espacio a otras partes más útiles a los mercaderes: la parte del cerebro que razona, que calcula, que mide, etc., etc.,localizada en el hemisferio izquierdo. Sin embargo debería ser de derecha cerebral: más creativa, intuitiva, y mucho más bella en todos los sentidos. Pero eso son valores espirituales.¿A quién pueden interesar? Solo a las gentes de espíritu libre.
DESCUBRIMIENTO DE LA ENERGÍA PERSONAL
(RELATO DE UNA EXPERIENCIA DE AULA)
Una sola energía mueve la naturaleza y el conjunto del Universo; una energía en diferentes grados de vibración Y MANIFESTACIÓN. Entre la energía condensada que resulta ser esto que llamamos “ materia”,y la energía más sutil que podemos concebir, sentir, cada uno de nosotros, como cuerpos de energía, únicamente existen diferentes niveles de vibración. Cada nivel tiene una determinada frecuencia vibratoria y una determinada longitud de onda, lo cual determina que existan diferentes formas de manifestación de la materia. Así podemos comprender que un mineral, por ejemplo, resulte de una vibración de energía de baja frecuencia, mientras que la luz, los colores, correspondan a una vibración de alta frecuencia, con todas sus gamas intermedias.
Nuestro cuerpo de energía piensa y siente. Continuamente pensamos y experimentamos sensaciones, sentimientos, etc. que, a continuación emitimos con una determinada frecuencia, la nuestra, como una emisora de radio.
Cada pensamiento se manifiesta, como energía, con un color determinado, según la frecuencia con que es emitido por el emisor. Así, un pensamiento de baja frecuencia sería oscuro, mientras uno de alta frecuencia, sería claro y luminoso, dependiendo de cómo el que piensa sienta y actúe; por tanto, dependiendo de su estado de conciencia, y, en última instancia de su nivel de conciencia personal.
Una persona alegre, una persona espiritual y positiva elaborará pensamientos luminosos de alta frecuencia, mientras una persona triste, negativa o preocupada, elaborará pensamientos de baja frecuencia, y, por tanto, colores apagados, oscuros, sucios, etc.
Todo eso se manifiesta en formas de conducta y estados de salud o enfermedad.
Esos colores que elaboramos a través de nuestros pensamientos y emociones, de continuo nos envuelven, nos rodean a modo de huevo cromático, y a esto se le llama aura. El aura de una persona nos da información sobre su estado de salud o enfermedad, su estado anímico... No es una invención de tipos esotéricos o videntes que suelen ser sinónimo de fabuladores, sino que ha sido comprobada desde hace mucho más de medio siglo con la cámara fotográfica Kirlian, y se encuentra fuera ya de toda duda científica, aunque es conocida desde la más remota antigüedad en India. Pero además, los niños pueden verla en vivo y en directo cuando observan las formas de vida a su alrededor: personas, animales, o plantas. O a sí mismos en un espejo.
Los colores proceden de la descomposición de un sólo color que los contiene a todos: el blanco. Los distintos colores obtenidos desde la descomposición de la luz blanca existen por tener diferentes longitudes de onda. Todo esto es sabido.
Nuestros colores identificativos, pueden ser vistos también, aparte de la cámara fotográfica mencionada, por adultos entrenados convenientemente y por un número importante de niños, ya que los niños desde pequeños, cuando miran a una persona, la ven envuelta en su “huevo cromático”, y esta es la razón por la que niños muy pequeños no miran directamente al cuerpo físico de un recién llegado, sino alrededor, mostrando agrado o desagrado inmediatamente, lo que hace sospechar que perciben su vibración electromagnética a través de los colores que observan en su aura.
Como los adultos estamos imbuidos aún de prejuicios y no damos importancia a este hecho, la mayoría de estos pequeños dejan de ver los colores del aura poco a poco, y, finalmente olvidan que los vieron alguna vez. Conocemos experiencias de niños que fueron llevados al médico por sus padres debido a su exquisita capacidad de percibir el campo electromagnético más allá de la materia burda, creyendo todos ellos que algún mal aquejaba a su vista. Sin embargo, su capacidad de ver era perfecta, como demostraban finalmente los resultados exploratorios.” ¡Y tan perfecta!”, podríamos añadir...
En el libro “Las enseñanzas de D. Juan ”, el biólogo norteamericano Juan Castaneda narra cómo aprendió de don Juan ,un viejo indio mejicano de la tribu yaqui, que se convirtió en su maestro iniciático, esta experiencia de estar envuelto en un halo de colores precisamente de forma ovoide, y se le cita también aquí porque en sus enseñanzas se pone en cuestión el pensamiento occidental materialista.
Esta larga introducción era necesaria para poder comprender dentro de un contexto científico, y ajeno a interpretaciones de índole esotérica la experiencia que se expone a continuación, y que fue realizada con diferentes grupos de niños de entre ocho y diez años en dos escuelas públicas de Elda y Alicante entre los años 2000 y 2003.
La ocasión para iniciarla surgió de las clases de educación artística y del estudio del ojo humano, con lo cual se consideró por todos como un ejercicio de aplicación de los conocimientos adquiridos.
La primera sorpresa surgió cuando los niños tomaron contacto con los colores que surgían alrededor de una de sus manos colocada sobre un folio blanco. A los pocos minutos de observación atenta, y tras unas pocas respiraciones abdominales para relajarse, comenzaron a percibir que aquello que parecían inicialmente sombras que rodeaban a sus dedos iban adquiriendo tonalidades, y finalmente, colores concretos. El entusiasmo era general en todos los casos. Siempre acababan interesados unos y otros por los colores de sus compañeros y amigos, que se dibujaban sobre el folio blanco, extendiendo las manos con los dedos abiertos, a cuyo alrededor iban dibujando lo percibido en capas concéntricas, desde los más intensos a los más suaves. Algunos, percibían mejor sus dedos individualmente, y así pintaban a su alrededor. De aquí fue fácil pasar a la observación directa de un compañero-a situado delante de un papel contínuo blanco que servía de pantalla de fondo. De este modo se fueron colocando delante de la pantalla los niños y niñas del grupo-clase, alcanzando algunos tal capacidad de visión tras unas pocas experiencias que ellos mismos se asombraban, y todos querían ser observados por sus compañeros.
Para realizar el experimento de un modo que fuera lo más objetivo y científico posible, se colocaban los niños en sillas separadas lo suficiente como para evitar el informarse los unos a los otros durante el experimento, y entonces comenzaba la observación. Al finalizar, se comprobaban los resultados, y esto es lo que pudimos constatar a lo largo de estos experimentos: Los colores que ellos veían no tenían las mismas tonalidades que las de sus cajas de colores, por muy completas que fueran, sino que eran más sutiles, más brillantes y más bonitos.
Algunos niños tenían los colores muy pegados a su cuerpo, configurando una cinta estrecha, apenas expandidos, mientras que otros mostraban una ancha estela luminosa que se expandía alegremente alrededor de su cuerpo físico. Esto nos llamó bastante la atención, de modo que se nos ocurrió comprobar si la relación entre emociones y colores justificaba este comportamiento. Efectivamente, pudimos ver que los niños más alegres y positivos mostraban: a) colores más luminosos; b) mayor riqueza cromática; y c) mayor expansión de su aura. Algunos mostraban tonalidades doradas o plateadas que llamaban la atención a los propios niños observadores. Sin embargo, los colores de los niños con menor vitalidad y peor salud y humor resultaban menos luminosos, más “sucios”, menos expandidos y de menos tonalidades en comparación con los del otro grupo. Además aparecía el gris, color que se relaciona siempre con estados de baja vibración, de decaimiento emocional.
Los profesores que quisieron participar y se sometieron a la experiencia de la pantalla, vieron con asombro cómo sus estados de ánimo eran captados enseguida por los observadores, independientemente de su expresión corporal o verbal.
El porcentaje de coincidencias observado tanto en los colores como en el grado de intensidad de los mismos por los diferentes alumnos y alumnas se aproximaba al 80 % como mínimo, lo cual nos indicaba su fiabilidad.
El siguiente paso fue realizar esta experiencia en casa, con los animales domésticos, y en las plantas y árboles a las que podíamos acceder. Y esta experiencia arrojó el siguiente resultado: los animales y plantas también tienen colores a su alrededor, observaron los experimentadores.
Los colores visualizados como más frecuentes fueron los siguientes: rojo, rosa, naranja, verde, amarillo, azul, lila y violeta. Aunque la inmensa mayoría de los niños que hicieron la prueba ( alrededor de 100, pertenecientes a diferentes clases), tenían en su aura la mayoría de los colores, en los más vitales y nerviosos destacaba más el rojo; en los más intelectuales el amarillo; en los más relajados, el verde; en los más cariñosos, el rosa ; en los más bondadosos, el azul; y en los más tristes aparecían tonos de gris, o incluso negro.
Introducidos ya en el tema realizamos el siguiente juego: nos colocábamos por parejas. Uno observaba atentamente al otro, que, con los dedos enfrentados tocándose por los extremos sobre un fondo blanco o azul ( el azul del cielo era perfecto) los iba separando muy lentamente, hasta ver cómo entre ellos se iban dibujando unos haces de luz continua con la que se proyectaba de cada dedo. Una vez visualizados los haces de luz por los dos componentes de la pareja, el que permanecía como observador introducía su dedo índice como si fuese un gancho y se “llevaba” visiblemente toda la luz, que se curvaba con el mismo efecto que si hubiesen sido finas gomas en vez de corrientes de fotones lo que se manejaba.¡ Descubrieron que jugaban con su propia energía!
Ahora faltaba por determinar, para concluir la experiencia, qué significado tenían los colores, y qué partido podíamos sacar en nuestra vida cotidiana a este interesante descubrimiento.
Tuvimos que recurrir a la bibliografía existente sobre el tema y que se acercara a lo experimentado por nosotros. Vimos que existían algunos libros interesantes en el mercado. Excluímos para nuestro propósito los que tenían que ver con la sanación por los colores (Cromoterapia) por no parecer que fuera útil para la experimentación,- aunque sí como ayuda para padres y profesores- y elegimos algunos de ellos, que relacionan los colores del aura con la personalidad, y que también figuran en nuestra guía bibliográfica final.
Con los datos aportados los niños aprendieron a conocerse desde otro punto de vista, y los padres se mostraron en muchos casos muy interesados por esta experiencia, que luego se comentaba en las reuniones periódicas como algo nuevo y curioso.
Conservo numerosos folios con dibujos de manos de niños envueltas en sus colores, que para un cromoterapeuta podrían ser de utilidad para un diagnóstico a distancia, y para un psicólogo, un profesor o un padre interesado una fuente de información adicional sobre carácter y tendencias emocionales de la personalidad.
Saque cada uno su propia conclusión sobre este trabajo del color aplicado a la vida, vea las posibilidades que tiene en su caso, y reflexione, si le parece, sobre la evidencia de la energía que nos envuelve, de la energía que emitimos y la profunda interconexión existente entre todos y entre el todo continuo del Cosmos. Muchos entenderán ahora, por qué se producen atracciones y repulsiones entre personas sin que haya entre ellas un contacto verbal o físico en apariencia. Algunos entenderán por qué se sienten cómodos o incómodos en un ascensor con un desconocido, (donde las auras entran en contacto)lo que descubre así la importancia de los colores como expresión inevitable de nuestros pensamientos y emociones, y como seña de identidad personal para aquel que es capaz de ver el juego cromático de la Vida manifestándose.
En la escuela se puede sacar mucho partido a este conocimiento como un buen aliado auxiliar para el análisis de la personalidad de los niños, como un hermoso, sencillo y barato sistema de comprender la personalidad y las emociones de los escolares, incluso para orientarles sobre los colores más adecuados en sus ropas y en sus dormitorios, a fín de facilitar su armonización.
Resulta interesante observar cómo los colores favoritos de cada uno son los que se encuentran más abundantemente en su aura, tanto si se trata de vestir como de pintar. No es casual que un niño manifieste tendencias hacia un color u otro, ni que elija sentarse con uno u otro compañero, pues todo es vibración, tal como los colores lo evidencian externamente. Los niños se agrupan por vibración emocional, y elijen sus amigos en función de esa vibración. Si se hace un test del color del aura en cada uno se descubrirá físicamente ese parentesco vibratorio.
Con estas experiencias se amplia la capacidad de observación y percepción de los pequeños, se afina su sentido de la vista y se prepara a la mente para comprender que la realidad no se limita a la apariencia, y que es estimulante el descubrir por sí mismo cosas que parecían inexistentes, lo que lleva a la motivación por la investigación.
¿Cuánto habremos de esperar para que estos conocimientos y otros de esta índole se estudien en las universidades como formación inicial de los maestros, los médicos, los psicólogos?
¿Hasta cuándo Newton y Descartes triunfarán sobre Einstein?
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Rod Di Casta dijo
¡Hola!
Un fraternal saludo desde este lado del mundo... He leído tus blogs y me gustaron, te felicito por asumir un tema bastante olvidado en las aulas: La espiritualidad.
Reconozco que desde que leí a la obra de Miguel de Unamuno, "Pedagogía y Amor", la inquitud por comprender más la dimensión de la espiritualidad y afectividad en las relaciones sociales dentro y fuera de las aulas, desde el nivel educativo básico hasta la educación superior, es de suma importancia para mejorar las condiciones de trabajo docente y, por consecuencia, las condiciones subjetivas de aprendizaje de nuestros estudiantes.
Un abrazo, estaré al tanto de tus contribuciones y sí me permitis, usaré algunas de tus reflexiones para que mis estudiantes en Comunicación Educativa, las consideren en sus lecturas. Gracias.
Fraternalemente
RDC
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