23 Abr 2008

LA EDUCACIÓN NECESITA BUENOS CIMIENTOS

Escrito por: navarrovalero-patrocinio el 23 Abr 2008 - URL Permanente

LOS CINCO PILARES DE LA EDUCACIÓN

Por lo que estamos viendo a lo largo de este libro, resulta que nuestra cultura de mayorías es una cultura mutilada; nuestra civilización occidental, una civilización mutilada, una civilización sin alma; intelectual; un mundo de desheredados de la verdadera vida, de automarginados de la felicidad, de seres enfermizos, neuróticos y buscadores de placer como sustituto de la felicidad, hijos de unos sistemas educativos que vieron siempre a los estudiantes como mentes asomando sus pobres cabezas de calabaza vacía de conocimientos sobre un pupitre donde tres generaciones antes ya bostezaban otras calabazas vacías dispuestas a llenarse de los magníficos conocimientos de los programas escolares con todos sus aderezos. (Total, para ¿qué, después de todo?)

Pero tampoco el profesorado permanece indemne a este enorme desastre de alcance colectivo en Occidente. Cada vez resulta más difícil reclutar maestros en unas escuelas donde se van instalando cuotas de violencia cada vez más alta y de mayor frecuencia, donde no parece estar nadie a salvo y donde hasta los propios profesores tienen problemas de acoso laboral en los centros educativos.

La parte más consciente del profesorado de los países occidentales, es testigo vivo de cuánta degradación se percibe en la realidad de las relaciones con sus alumnos y de ellos entre sí, y a la vez de las instituciones educativas con las familias, donde no existen más contactos que los absolutamente imprescindibles por razones legales o puntuales; donde no existe mayormente mas que desconfianza y falta de entendimiento por parte de unos y otros, porque sobre todo se carece de algo tan fundamental como un propósito común de educar conjuntamente de acuerdo con unos criterios consensuados por padres y profesores. Y por supuesto, aceptados por las autoridades educativas que deberían asumir esos criterios con espíritu abierto y democrático. Todavía estamos muy lejos de llegar a este acuerdo tripartito debido a múltiples causas, como la ignorancia de esta necesidad, la pasividad, la falta de ideas pedagógicas, la desconfianza entre unos y otros, el miedo a “perder los papeles” de todos y de cada uno, la falta de tiempo socialmente necesario de los padres para educar, que debería ser considerado por los gobernantes como tiempo de utilidad social y descontado del tiempo laboral ,para que padre y madre atiendan y entiendan diariamente a sus hijos; la resistencia de todos a la asunción de nuevos compromisos personales...Y sin duda algo que siempre hizo fuertes a los grupos humanos : una filosofía trascendente de la existencia, compartida libre y mayoritariamente y una ética basada en sentimientos pacíficos y cooperativos. El sistema capitalista y las iglesias han manipulado tanto la verdad, han engañado y desengañado tanto a tantos y durante tanto tiempo, han desviado tanto la atención social mundial, a través de poderosos medios de difusión, hacia objetivos tan superficiales, hacia conductas tan contrarias a una supuesta ética civil o religiosa, hacia deseos tan triviales como ajenos al verdadero progreso personal, que sólo resulta de todo ello egocentrismo, ausencia de valores morales, despilfarro y miseria física, intelectual, emocional y moral que caracterizan el presente retrato-robot de nuestro mundo.

No son conscientes los ideólogos del Poder, los maquiavelos del márketing, los diseñadores del terror industrial, del terror ecológico y del terror militar, que están sembrando, en el Planeta que ellos desean dominar eternamente, las semillas de su propia destrucción, pues ¿qué puede ser de una sociedad que no reconoce más valor supremo que el del propio ombligo, desde los dirigentes hasta sus ciegos imitadores?...

Hace falta un enorme esfuerzo de imaginación y mucho arrojo para que esta sociedad asuma otros valores y consiga escapar del difícil pantano de la supervivencia y las catástrofes de todo tipo que se avecinan como inevitables resultados a la mala siembra colectiva realizada durante demasiado tiempo sin apenas oposición.

Para que un sistema educativo funcione correctamente necesita cinco pilares profundamente implicados y armonizados: estudiantes, profesores, programa, padres y recursos. Si uno solo de estos pilares falla, el sistema deja de funcionar correctamente. Y siempre falla alguno.

ENFERMEDADES ESTRUCTURALES EN EL SISTEMA EDUCATIVO

Pretende hacernos creer cualquier Estado que con su programa y su dinero todo está solucionado, a pesar de su tradicional tacañería en recursos humanos y monetarios, a lo que se añade el intelectualismo estéril de los libros de texto, y, sobre todo, la falta de interés real por formar ciudadanos de pensamiento crítico libre y verdaderamente preparados física, emocional e intelectualmente. El capitalismo no necesita más mentes prominentes que las económicamente necesarias para su funcionamiento. Los cerebros de los pueblos no son socialmente necesarios más que en la medida que favorezcan su estructura. Por eso se favorecen las escuelas privadas de alto nivel, mientras las escuelas públicas adolecen de todo tipo de deficiencias nunca casuales porque la educación de primera calidad está reservada de antemano.

Creen muchas familias que con enviar a sus hijos a la escuela o al instituto, todo está solucionado. Pero no hay nada solucionado si entre todos los componentes mencionados no existe la adecuada colaboración, no se cambian ciertas claves, no se establecen exigencias comunes y calendarios de trabajo desde la misma base para llevar a cabo programas de acción cooperativa familia-escuela ,añadiendo a estas los recursos que deberían aportar los gobiernos .

Creen muchos profesores que con la preparación recibida en la Universidad están capacitados para dirigir un grupo de alumnos, cuando sabemos de la pobreza de contenidos culturales, pedagógicos, psicológicos y prácticos de la profesión de maestros.

No aprenden en los ciclos de formación de su profesión técnicas de impostación de la voz, a pesar de que los problemas de faringe causan la mayor parte de las bajas laborales del profesorado. Tampoco se les enseñan en la Universidad técnicas de autocontrol mental y de relajación para sí y para ser aplicadas en sus clases, etc. Tampoco se enseñan otro tipo de técnicas, como podría ser la dinámica de grupos que permitiría un mayor rendimiento en las reuniones con padres y en el aula. Estas carencias provocan muchos problemas de salud física, ansiedad y estrés en el profesorado, y vienen a ser la causa segunda –pero más profunda y duradera- de bajas laborales y de alteraciones fisiológicas de los maestros, otra importante causa de bajas laborales.

En estas condiciones muchos maestros que ejercen su profesión como un trabajo que les da para vivir, aunque lo intenten hacer dignamente según los criterios de la administración educativa (dirigida siempre por un político del Partido más recientemente votado), ni sacan a brillar su espíritu crítico (que reservan para sus alumnos conflictivos), ni se plantean las cuestiones que aparecen en estos mismos escritos como algo útil ni necesario para su trabajo. Como no desean que los padres observen su método de trabajo y descubran parte de sus debilidades, prefieren tener a las familias a distancia y conformarlas con los mínimos legales en atención pedagógica y orientación educativa, y con su presencia en las fiestas del Curso. Así, para la mayoría de los profesores, por desgracia, los padres son más un estorbo en su trabajo que unos presuntos colaboradores en su tarea profesional, más centrada en que se cumplan las programaciones de las asignaturas que en temas de educación en valores, psicología del aprendizaje y la conducta, y en general en esas cuestiones ausentes en la formación inicial de los maestros, y que muchos ni se preocupan en actualizar a lo largo de su vida profesional. Ministros que diseñan sistemas educativos y funcionarios universitarios que dictan los cursos para maestros no piensan nunca en estas carencias básicas.

(¿Nunca se detuvo usted a pensar sobre el silencio social que pesa sobre los maestros, sobre la escasa valoración de la profesión de maestro, cuando ahora más que nunca necesita ser potenciada, valorada, “arropada” y reconocida como elemento de cambio social? A la vez, parece exigírsele cada vez más por esta sociedad progresivamente más necesitada de unas directrices educativas básicas. Es muy corriente criticar a los profesores por sus vacaciones, sus horarios de trabajo y su aparentemente fácil vida laboral. Existe un desprestigio social de la profesión perfectamente calculado por los poderes públicos, porque un maestro concienciado, prestigiado y dotado de los medios necesarios puede ser un elemento potencialmente peligroso estando en contacto con el pueblo .Por eso parecen convenir maestros “neutralizados”, con formación “ajustada” que además tengan mínimos contactos con los padres de sus alumnos. Se promociona la imagen del maestro- funcionario- distante.

La sociedad no tiene fe en sus profesores, ni los aprecia, pero en lugar de exigir a la administración pública cambios en los sistemas educativos ( que para eso están las democracias), calla, no valora la labor de los que enseñan a sus hijos, critica sus vacaciones y horarios y denigra la profesión misma, también delante de sus hijos; mira con recelo el salario que perciben esos profesores , pero nunca se preocupa de movilizarse para que esos profesionales al servicio de la sociedad tengan un mejor sistema educativo, mejor preparación, mejores condiciones de trabajo, mejores edificios escolares, mayor atención psicológica y sanitaria para sus hijos en los colegios, más tiempo para la relación personal y profesional profesor-alumno y profesor-padres, libros y materiales gratuitos para el aprendizaje y más becas, etc.

Por poner un ejemplo de lo que supone para los padres un maestro es como si uno necesita urgentemente a un médico pero a la vez no siente por esa profesión ningún respeto, ninguna confianza. No se detiene a considerar que ese desprecio puede producirle al enfermo un agravamiento de su enfermedad al no tener fe en sus remedios. Y son finalmente los alumnos los que captan que los maestros no merecen respeto: se habla mal de ellos en casa y son invisibles en los medios de comunicación, fundamentales centros de referencia de la realidad para las familias .Los más pequeños ven allí muchos cantantes, futbolistas, policías y demás, pero pocos maestros y apenas si fugaces imágenes de algún premio literario muy de tarde en tarde. Con tantos datos familiares y mediáticos sobre el profesor deben pensar que está totalmente justificada su falta de consideración, y lo único que detiene su mal comportamiento es el miedo a las represiones dentro de los colegios si falta al respeto de sus maestros: Pero en cuanto se pisa el primer curso del instituto, si no es antes, las cosas cambian .Ahora el miedo ya no es el elemento que detiene al alumno para demostrar el poco aprecio que siente hacia aquellos que desean enseñarle...Y esto es un fenómeno creciente que coge a los maestros sin las herramientas apropiadas para defenderse de las muchas formas de indisciplina en las aulas y de los muchos modos de expresar los alumnos poco aprecio hacia la figura de sus maestros y hacia aquello que pueden enseñarle.

Así que nos encontramos ante el pez que se muerde la cola.

La familia tiene todo el derecho, y el deber primero de educar a sus hijos e hijas con el sistema de valores religiosos, políticos, o los que estime conveniente; los profesores tienen todo el derecho a enseñar que les concede la libertad de cátedra dentro de unos planes de estudio y programas de objetivos que el Estado suministra... Todo eso está muy bien, pero nada de lo que se hace en las aulas tiene valor alguno si no es capaz de producir en los estudiantes cambios personales positivos desde los puntos de vista físico, mental y emocional, y una proyección social cooperativa alejada también del egocentrismo personal, incluyendo el de los propios educadores.

En mis muchos años de experiencia profesional, he descubierto que son urgentes acuerdos mínimos en la comunidad educativa sobre los requisitos fundamentales que se deben cumplir para el desarrollo de un ser que tiene que ser educado coordinadamente por padres y escuelas para poder desarrollar sus potencialidades personales y su actuación social armónica y cooperadora. Esta sociedad en que vivimos no lo permite: cada uno de los dos sectores humanos adultos señalados entre los pilares de la educación vive inmerso en sus propios problemas, y olvida la existencia de los otros en la práctica. Familias, instituciones educativas, alumnos , viven dinámicas separadas en función de necesidades e intereses propios.

En esa dinámica social compleja basada en códigos sociales superestructurales de derechos y deberes se suelen olvidar los más elementales de uno de esos grupos: los escolares, los estudiantes. ¿Cuáles son sus derechos como hijos del Cosmos, como almas libres que deben ser ayudadas? ¿Tienen derecho a ser atendidos en ese campo?¿O sus derechos acaban cuando se les viste, se les alimenta, se les envía a la escuela para que aprendan asignaturas inconexas y se satisfacen sus pequeños caprichos? ¿Quién les ayuda a crecer por dentro sin caer en la trampa de adoctrinarles?... ¿Quién les enseña las leyes del pensamiento correcto y el cultivo sistemático del auto-descubrimiento?

Es verdad que existen las clases de religión de la iglesia católica, pero en los colegios existen niños de otras religiones y niños cuyos padres no practican ninguna. La política tradicional de los gobiernos del área católica ha sido incorporar a las escuelas la enseñanza religiosa como asignatura. Tenía su sentido cuando el maridaje Iglesia-Estado perseguía la manipulación de las conciencias de los pequeños, la iniciación en la doble represión que tendrían que soportar de por vida, y el aprendizaje de la sumisión a la doble autoridad que regía sus destinos. Tenía sentido cuando la escuela era el vivero para ciudadanos listos para ser pasivos, ser adoctrinados y aceptar las reglas del juego social y religioso sin rechistar. Pero ese tipo de educación no ha producido precisamente mejores personas en la dirección del mundo, y, en el caso de la iglesia católica, ni siquiera esas vocaciones sacerdotales que posibilitarían su pervivencia a largo plazo, pues todos sabemos que la Iglesia católica pierde fieles por días. La enseñanza de las religiones es asunto privado de las familias y no de las instituciones escolares, pero los estados son muy sumisos con el Vaticano: entre ellos se entienden muy bien en el reparto de privilegios.

Los estudiantes y sus complejas necesidades espirituales y emocionales están ausentes de toda consideración a la hora de elaborar unos planes ministeriales que vienen a ser más de Lo Mismo, aunque sea en materia religiosa y aunque se legisle para favorecer a otras religiones como la islámica o la protestante. Mas todo eso es sólo una parte de la educación espiritual si no ha sido falsificada la religión original ni el sentido de lo espiritual, como ha sucedido con el catolicismo Aún así, ¿acaso tiene derecho un Estado que se declara laico y aconfesional a inmiscuirse en la educación religiosa de los pequeños ciudadanos aportando recursos que son de todos para que a unos cuantos se les adoctrine en una dirección determinada a causa de la presión sempiterna del Vaticano y de otras religiones en menor grado?... ¿Acaso no pertenece al terreno de la privacidad más íntima la manera de ver la religión individualmente cada familia o cada uno de sus miembros? ¿Puede ser un asunto de interés oficial o social la relación del alma de cada uno con Dios? Mas bien parece una intolerable intromisión propia de épocas pasadas. ¿Por qué no hablar de una educación en valores consensuados escuela-familia que sienten las bases del desarrollo espiritual de los pequeños, complementariamente de las pautas religiosas concretas de las familias? Este es un tema extraordinariamente delicado y complejo que debe resolverse en la comunidad escolar de base sin que ningún Estado imponga criterio alguno en ningún caso más allá de garantizar la convivencia y el respeto debidos a todas y cada una de las partes. Y en todo caso dejar el estudio concreto de las materias religiosas a las confesiones correspondientes en sus propios lugares de culto oficial, que para eso están.

Mientras tanto, ¿se tiene en cuenta para la formación de los más jóvenes lo que la propia Ciencia oficial y grupos de investigación diversa han aportado en los últimos años sobre el conocimiento del cerebro, de la mente, de las leyes físicas y del espíritu humano y sus posibilidades más allá de cualquier definición religiosa concreta?.... ¿Se tienen en cuenta siquiera por los gobiernos,-más allá de premiarlas sobre el papel- las experiencias punteras que dentro del propio sistema educativo se realizan por profesores o equipos de profesores con alumnos y familias?...¿ Se tienen en cuenta por los responsables públicos de la educación los conocimientos que aportan filosofías o pedagogías consideradas con un matiz espiritual libre ? Claramente no. Los poderes fácticos en el campo educativo tienden a censurar en la práctica, o a minimizar, como buenos aliados del cristianismo “reconvertido”en católico o protestante, todo aquello que merme su hegemonía estatal, impidiendo de hecho que otros conocimientos y experiencias alternativas y/ o espirituales tengan acceso al sistema normal de enseñanza. Ahí esta el ejemplo de las escuelas Waldorf , ahí está el ejemplo de las escuelas cristianas alemanas de Baviera, ahí está, en fin, el poco interés de que los estudiantes conozcan otras filosofías e intenten comprender otros tipos de pensamiento alternativo en los campos de la medicina, la sociedad o el medio ambiente. Ahí están los movimientos alternativos antiglobalización como testimonio. ¿Acaso es casualidad?

No podemos ser ingenuos. Existe muy poco interés en los poderes públicos y en sus funcionarios por la renovación profunda de la sociedad, la educación y la enseñanza; existe muy poco interés en los derechos de los estudiantes como mentes con derecho a pensar por sí mismas con todas las consecuencias que eso supone en grados de libertad; como seres sociales y espirituales con derecho a ser escuchados a la hora de establecer las grandes líneas de los planes de estudio, formando parte de los otros estamentos que debieran estar en la misma mesa: padres y profesores y no únicamente los gobiernos. Pero para que esto suceda verdaderamente han de darse cambios muy importantes en las conciencias individuales de la actual humanidad, y desde luego, la pérdida de poder de los grupos de presión política, económica o religiosa por su carácter negativo y retrógrado. La ausencia de voces críticas dentro de los sistemas educativos nos aboca a todos a un mundo condenado al inmovilismo y finalmente abocado a autodestruirse por falta de metas compartidas.

Se precisa un enorme ejercicio de sinceridad por todos y cada uno de los que tenemos relación con la educación de las generaciones presentes para reconocer en nuestro corazón cuán alejados vivimos realmente de aquellos hermosos propósitos de los maestros de todos los tiempos, de cuyas rentas vivimos en la realidad (aunque cada vez menos); cuán profundamente alejados estamos de los ideales de la Humanidad que a lo largo de los siglos han enarbolado los mejores de entre nosotros para recordarnos en todas las épocas el sentido trascendental de la existencia, la grandeza de ser humano, el respeto por la propia vida y la de nuestros semejantes, el amor como categoría suprema. Y la libertad, la igualdad, la tolerancia, la fraternidad, la justicia y el sentimiento de unidad universal como objetivos para un mundo nuevo en paz.

Este es el desafío de la nueva educación. Esta es el remedio contra la sociedad de la fragmentación y el desorden real que nos toca vivir hoy.

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