24 Feb 2011

Khaddafi, asilado (23 02 11)

Escrito por: Nelson-Gustavo Specchia Checura el 24 Feb 2011 - URL Permanente

Reacción mundial

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Después del discurso del martes, en el que Muammar al Khaddafi llamó a sus partidarios a “resistir hasta el fin”, se declaró dispuesto a “morir como un mártir”, y trascendieran noticias sobre supuestos bombardeos de la aviación militar sobre la población civil, la reacción de la sociedad internacional, hasta entonces tímida, se aceleró.

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) censuró la reacción oficial, y la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, ratificaba la postura de la Administración Obama contra el uso de la violencia en la represión.

El peruano Alan García rompió relaciones diplomáticas; y Merkel y Sarkozy pidieron sanciones económicas urgentes.

La Unión Europea (UE) suspendió los envíos de armas a Libia, pero hasta anoche, reunida en Bruselas, no había decidido imponer otras sanciones restrictivas.

El aislamiento internacional de Muammar el Khaddafi se acentúa al máximo.

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Un discurso "a lo Mubarak" desde Trípoli (22 02 11)

Escrito por: Nelson-Gustavo Specchia Checura el 24 Feb 2011 - URL Permanente

Khaddafi anuncia su continuidad y llama a defender la revolución

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La ONU espera que miles de refugiados huyan por las fronteras.

Alemania amenaza con sanciones. Se reúne de emergencia el Consejo de Seguridad.

El barril de crudo Brent alcanza los 108 dólares y sigue en alza.

La Federación Mundial de Derechos Humanos cifra entre 300 y 400 las víctimas fatales.

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Los disturbios que sacuden a Libia en las últimas semanas tuvieron en la víspera un punto de inflexión, con el discurso televisado del líder del régimen, Muammar el Khaddafi.

Al día siguiente que la oposición en el exilio denunciara que el gobierno había bombardeado barrios enteros de las principales ciudades, incluida la capital, Khaddafi apareció en el balcón de las ruinas de la que fuera su residencia oficial en Trípoli, un edificio que sufrió el ataque de la aviación norteamericana en 1986, y que no se ha refaccionado para preservarlo como “memoria de la agresión extranjera”.

Durante más de una hora, en la que leyó largos trozos del código penal vigente, el dirigente descartó abandonar el gobierno, y fustigó a quienes protestan contra él, amenazándolos con la aplicación de la pena de muerte por traición, tal como establecen las leyes.

Khaddafi afirmó que no piensa moverse de Trípoli, desde donde resistirá y, si es preciso, morirá “como un mártir”. A renglón seguido, el mandatario exhortó a los jóvenes a seguir su ejemplo y a salir a la calle a defender este régimen sin preocuparse por sus vidas, “la revolución significa el sacrificio continuo hasta el final”, afirmó.

En su interpretación, las protestas en demanda de mayor apertura política que desde hace una semana toman cuerpo en Libia, el país más hermético y aislado internacionalmente de todo el norte de África, responden a intereses espurios, como el de favorecer la instalación de un régimen islámico que justificaría, a la postre, una intervención militar norteamericana; al tiempo que no ahorró calificativos para quienes salen a la calle a protestar, a los que llamó “ratas”, “bandidos”, “alucinados” y “terroristas”, insistiendo en que con ellos no habrá indulgencia y serán sometidos a la pena capital.

También hizo un lugar en su mensaje para referirse a los medios de comunicación. Toda la prensa extranjera está prohibida en Libia, y los servicios de Internet cortados desde el viernes pasado.

Sólo funciona, de una manera irregular, la cobertura de teléfonos celulares y desde ellos, miembros de la sociedad civil envían mensajes de texto, fotos y pequeños videos, que son retransmitidos por la agencia qatarí de noticias Al Jazeera.

Esta cadena parecía estar en la mente del dirigente libio al condenar a los “medios de comunicación retrógrados y traidores” que tergiversan los hechos de la movilización en las calles.

Aunque Muammar el Khaddafi lleva 42 años al frente del poder en Libia, desde que siendo un joven capitán de 29 años participara en el derrocamiento del rey Idris e instalara la Gran República Jamahiriya, en el discurso de ayer prometió a los jóvenes que transformará el país: prensa libre, Internet y acceso a las redes sociales, y promoverá la redacción de una Constitución para el Estado.

Desde su creación, toda la mecánica institucional del país pasa por un equilibrio de pactos tribales supervisado vertical y personalmente por Khaddafi. A partir de mañana “crearemos una nueva ‘Jamahiriya’”, les prometió al final de su discurso.

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Khaddafi, bombardero (22 02 11)

Escrito por: Nelson-Gustavo Specchia Checura el 24 Feb 2011 - URL Permanente

Khaddafi bombardea la protesta y causa una matanza en Libia

Estupor y condena mundial por la desmesurada reacción de la dictadura libia

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Demostrando que sus palabras tienen la fuerza de la ley absoluta, Muhammar el Khaddafi hizo realidad sus advertencias a quienes osaran desafiar su autoridad con demandas de apertura, y envió ayer a sofocar las protestas a la aviación militar, que bombardeó las movilizaciones y aplastó a sangre y fuego el incipiente brote rebelde.

Mientras otros regímenes de Medio Oriente balancean con cuidado la represión policial, respondiendo a una presión internacional cada vez más contundente, el gobierno libio ha decidido aislarse aún más, y acallar la revuelta con una fuerza inédita.

En tanto que nuevas manifestaciones comenzaban a organizarse en Argelia, Marrueco, Yemen e Irán, el rey de Bahrein, Hamad ibn Isa Al Khalifa, ha seguido las recomendaciones del príncipe heredero, Salman ben Hamad, y ha ordenado la liberación de los prisioneros chiítas encarcelados en las últimas jornadas, y postergará los juicios contra ellos.

Pero el tiempo que el monarca bahreiní accedía con estas decisiones a las exigencias de la oposición interna, y a las presiones de la secretaría de Estado norteamericana, el régimen de Trípoli aumentaba la represión hasta extremos difíciles de explicar.

Dada la cerrazón informativa imperante en Libia, era imposible precisar el número de víctimas de los bombardeos de la aviación, pero la ONG Human Rigths Watch difundía un cálculo de más de tres centenares de muertos hasta anoche.

La violencia oficial ha generado grietas en el propio entramado de poder del régimen, al tiempo que se asegura que 9 ciudades del este libio (incluyendo Bengasi) se encuentran en manos de los alzados.

El ministro de Justicia de Khaddafi, Mustafah Abul Jalil, anunció su renuncia al cargo, en desacuerdo con la represión de los manifestantes; dos aviones cazas libios aterrizaron en la isla de Malta, y sus pilotos, coroneles del ejército, pidieron asilo político aduciendo que habían recibido órdenes de disparar a las multitudes, y huyeron para no obedecerla.

El personal diplomático de Libia en las Naciones Unidas (ONU) comunicó que dejaba de obedecer al dictador de Trípoli, y lo instó a renunciar.

Otras informaciones reseñaban que varios grupos de oficiales del ejército se alineaban con los manifestantes, y llamaban a los soldados a que “se unan a la gente”, según la cadena qatarí Al Jazeera.

Como ya pudo constatarse en otros escenarios del alzado mundo árabe, la violenta represión ha exacerbado el tono de los reclamos de los manifestantes, y si durante el “dia de la ira”, el viernes de la semana pasada, se coreaban consignas pidiendo mayor apertura y libertades civiles, las columnas de ayer ya pedían “derrocar a Khaddafi”; un alzamiento completamente fuera de los cálculos políticos hasta hace sólo un par de semanas.

Encabezando la censura mundial, la jefa de la diplomacia estadounidense, Hillary Clinton, reclamaba anoche el cese del baño de sangre en Libia.

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21 Feb 2011

Khaddafi hunde la protesta en un baño de sangre (21 02 11)

Escrito por: Nelson-Gustavo Specchia Checura el 21 Feb 2011 - URL Permanente

Libia sofoca la rebelión popular en un baño de sangre, preocupación mundial

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El alzamiento que recorre Medio Oriente, ya de una manera imparable, está siendo contestado con violencia, aunque en forma diferente según la incidencia que la presión internacional pueda ejercer.

En Bahrein, un muy estrecho aliado de la Administración norteamericana, la postura de Barack Obama solicitando a la dinastía sunnita de los Al Khalifa que contuviese la represión, hizo que el ejército se retirara de la céntrica plaza de la Perla, en Manama.

El cambio de la táctica represiva, que había provocado 6 muertos, provocó que la plaza (rebautizada “de los Mártires” por los movilizados) volviera a ser ocupada por miles de manifestantes.

Al mismo tiempo, los entierros de las víctimas aumentaron el tenor de los reclamos, que han pasado de reformistas de mayor apertura, a consignas por el cambio total del régimen político.

La oposición bahreiní anunció ayer que, con reservas, acepta el llamado al diálogo formulado por el príncipe heredero, jeque Salman ben Hamad Al Khalifa, pero es posible que a estas alturas sea un gesto tardío.

En Libia, por el contrario, donde la presión de la comunidad internacional y de las principales potencias es mucho más relativo (de hecho, el régimen autocrático del coronel Muhammar el Khaddafi es uno de los más cerrados e impenetrables de todo el Magreb), la marcha convocada el viernes de la semana pasada, el “día de la ira”, fue disuelta sin piedad por las fuerzas antidisturbios, tanto en la capital, Trípoli, como en las ciudades del este libio, Bengasi (la segunda ciudad del país, en un virtual estado de caos), Misurata y Al Bayda; la emisora qatarí Al Jazeera habla de “guerra civil”.

El régimen de Khaddafi no permite la presencia de prensa extranjera en el país, y el viernes suspendió el servicio de Internet, por lo que el reporte de las movilizaciones y la cantidad de víctimas no ha podido precisarse.

Los grupos de oposición en el exilio en Londres y en Ginebra, en todo caso, aseguran que los muertos por la represión suman 208 personas, y más de 1.000 los heridos.

El recuento, que detalla también que frente a cierta confraternidad entre la policía y los manifestantes el régimen sacó al Ejército y comenzó a disparar con ametralladoras y morteros, fue difundido por la web Liby al Youm.

En el mismo lugar se da cuenta que algunas ciudades del interior fueron tomados por las columnas de protesta, y durante horas permanecieron “liberadas” del control del Estado; así como algunas emisoras de radio.

La televisión oficial libia, Jana, ha ignorado todas las protestas, y en su lugar sólo ha emitido unas imágenes del coronel Khaddafi junto a fieles del gobierno, que lo vitoreaban en la Plaza Verde de Trípoli; la única mención en los medios oficiales a las protestas denuncia la actuación de “conspiradores extranjeros”, haciendo referencia a los servicios secretos israelíes.

Como podía preverse, dado el hermetismo y el puño de hierro con que Khaddafi maneja Libia desde hace 42 años, la respuesta de su gobierno ha sido la más letal de los numerosos levantamientos que sacuden el mundo árabe.

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18 Feb 2011

Khaddafi, un león en apuros (18 02 11)

Escrito por: Nelson-Gustavo Specchia Checura el 18 Feb 2011 - URL Permanente

Khaddafi, un león en apuros

Por Nelson Gustavo Specchia

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Estudiar e indagar en los procesos políticos contemporáneos de África constituye un capítulo especialmente complejo de la política internacional. La intervención conjunta de factores (los étnicos; las relaciones tribales; las confesiones enfrentadas del Islam; la cercanía geográfica con Europa; el potencial de las reservas de petróleo; etc.) han hecho que, desde los procesos de descolonización, abordar la complejidad política del Magreb sea tarea difícil. En los últimos años, además, la introducción de células yihadistas afiliadas a la red de Al Qaeda en los países de la franja árabe del Mediterráneo (y en la segunda línea de Estados centro africanos, el Sahel), ha agregado todo un nuevo tipo de problemas a ese escenario tan disímil y plural: una auténtica “otredad” para cualquier occidental, sea europeo o americano.

En ese panorama, la colorida figura del coronel libio Muhammar el Khaddafi ha sido la nota exótica que, durante la segunda mitad del siglo XX y esta primera década del XXI, ha servido para ilustrar, de una forma muy especial, esa “otredad” con la que Occidente está obligado, de una manera indefectible, a dialogar, cada día en términos más simétricos.

La construcción del personaje

Khaddafi ha sido, por elección propia, la encarnación de la diferencia árabe y africana frente a Europa. El Viejo Continente sigue siendo, en el discurso populista y “revolucionario” del león libio, el lugar de la opresión y el colonialismo. En realidad, las potencias occidentales habían dejado de lado estas inmensas tierras agrestes, unas de las más inhóspitas del planeta, hasta que los italianos, que perseguían tardíamente la construcción de un imperio colonial, las invadieron en 1912. No les llevaron paz ni comercio a las tribus beduinas, que permanecían en los oasis del desierto libio casi con la misma rutina desde los tiempos del cartaginés Aníbal, pero sí les terminaron llevando la guerra.

Tras el fascismo, hacia el final de la segunda guerra mundial las arenas del gran desierto fueron el tablero donde los tanques del mariscal Rommel, al frente del Afrika Korps alemán, se batieron con las fuerzas aliadas, al mando del británico general Montgomery. Muy poco después de que los ruidos de los cañones se apagaran, hacía entrada en escena el coronel Muhammar el Khaddafi.

Con el leonado pelo revuelto, lentes oscuros y un uniforme militar que pronto cambiaría por las brillantes túnicas y bonetes del desierto (desciende de la tribu beduina de los Khaddafa), el coronel, que había realizado parte de sus estudios militares en Gran Bretaña, desplazó al rey Idris el 1 de septiembre de 1969, antes de cumplir los 30 años, y se puso al frente del Consejo de Mando de la Revolución, que establecería el nuevo Estado, con el largo y aparatoso nombre de Gran República Jamahiriya Árabe Libia Popular y Socialista.

Khaddafi comandó la nueva entidad política norafricana, pero nunca asumió ningún puesto ni cargo. No es el jefe del Estado, ni el jefe del gobierno, ni nada. Sólo se da a sí mismo el título de “Líder y Guía Fraternal”. Y esa ambigüedad que comienza con su cargo es la misma que impregna todo su derrotero político. Cuando instauró la revolución se inclinó por el panarabismo y el socialismo (muy inspirado por el Egipto de Nasser), pero cuando vio que era una vía acotada, no tuvo problema de virar hacia el nacionalismo y el capitalismo, asentado en las buenas regalías de los pozos petroleros del subsuelo del desierto. Más tarde, una veta de misticismo islámico lo acercó al yihadismo fundamentalista, y apoyó acciones terroristas (como los atentados contra el avión de PanAm, que se estrelló en la ciudad escocesa de Lockerbie lleno de pasajeros, y el del vuelo francés de la aerolínea UTA).

Pero también terminó abandonando esos delirios políticos de base mística, y en los últimos años volvió a acercarse a Estados Unidos y a Europa, con la carta de presentación de sus pozos petroleros en la mano. Occidente, tan voluble en los temas de derechos humanos y respeto a las formas democráticas cuando hay recursos energéticos de por medio, le abrió los brazos, y hasta hoy el león libio era recibido tanto por el populista Berlusconi en Roma, por el conservador Sarkozy en París, o por el socialista Rodríguez Zapatero en Madrid. Eso sí: a todos lados va con su “jaima”, una inmensa tienda de beduinos del desierto, que los líderes occidentales deben instalar en parques y jardines de las ciudades europeas, para que coronel los reciba, sentados en el piso cubierto por alfombras.

Un colorido exotismo y una ambigüedad, en todo caso, que sólo lo es en las formas. Porque, independientemente que no haya asumido ningún cargo, el coronel es el titular de facto del poder en Libia, y de una manera concentrada, vertical, personalista y autocrática. Esta manera es la que está comenzando a ser contestada por las movilizaciones de protesta, al calor del nuevo tiempo político que ha traído la ola de cambio en el mundo árabe.

Vientos de revuelta

La revolución libia y sus mecanismos particulares (la “jamahiriya” hace referencia a una supuesta democracia de masas, organizada sin Constitución ni Parlamento ni instancias institucionales intermedias, canalizada por comités revolucionarios y negociaciones por sectores e intereses tribales), han permitido que Khaddafi sea, al día de hoy, el dictador africano más antiguo. A sus 68 años, lleva ocupando el poder en Trípoli la friolera de 42. Nadie, en todo el arco de países musulmanes, donde las permanencias en el poder suelen ser extensas, puede comparársele.

Y como acaban de revelar los cables de la diplomacia norteamericana, filtrados por la web Wikileaks, no hay contrato de más de 200 millones de dólares que no pase directamente por las manos de Khaddafi. Una “gran cleptocracia”, describen los papeles del Departamento de Estado, manejada por un hipocondriaco obsesionado por sus supuestas enfermedades, el control de sus cuentas bancarias, y su estética personal. A pesar de no haber sido físicamente muy agraciado, el coronel es un coqueto que se injerta cabellos en la calvicie y se inyecta bótox en el rostro. Al punto que el embajador estadounidense le escribía a su jefa, Hillary Clinton, que el león libio parecía haber tenido un derrame cerebral y había perdido parcialmente el control de los músculos de la cara, pero sólo era exceso de bótox.

A pesar de la originalidad de su persona y de su revolución, inclusive de la relativa prosperidad que ha acarreado la exportación de petróleo, Khaddafi ha caído, en las largas cuatro décadas que ocupa el poder, en el lugar común de las autocracias árabes. Una corrupción galopante, la limitación de la vida política a un sector (prácticamente familiar), la pauperización y el olvido de las grandes masas de habitantes del país, y el intento de perpetuación en el poder a través de la instalación de una dinastía. Como lo hizo en su momento el presidente sirio Hafez el Assad, al dejar en el cargo a su hijo Bashar; o como tenía en mente el egipcio Hosni Mubarak hacer con su hijo Gamal; Muhammar el Khaddafi les comunicó a los jefes tribales beduinos reunidos en Sebha, en 2009, que su sucesor sería su hijo Saif el Islam (su nombre significa “La Espada del Islam”, en árabe).

La caída de los regímenes de Zine el Abidine ben Ali en Túnez, y de Mubarak en Egipto (ambos defendidos hasta último minuto por Khaddafi), han puesto en problemas al león libio. Problemas inesperados, y para los que no tiene libreto. A los manotazos, anunció aumentos de salarios, subsidios a los productos básicos, y anuló impuestos al arroz, al aceite y al azúcar. Y, por las dudas, convocó a los jefes tribales y les dijo que si se identificaban entre los manifestantes miembros de sus comunidades, la que sufriría la reprimenda luego sería la tribu entera.

Pero no logró frenar la protesta. Ayer, 17 de febrero, miles de libios aparcaron el miedo a la represión y a los paramilitares Comités de Defensa de la Revolución, y salieron a la calle, convocados por Internet y por la Conferencia Nacional de la Oposición Libia (en el exilio, en Londres), para protestar contra la falta de libertades y el despotismo exótico y colorido –pero también asfixiante y opresivo- del León de Libia.

Fue el “día de la ira”. La revuelta que mueve todo el mundo árabe no hará una excepción con el desierto de Khaddafi.

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La revuelta llega a Bahrein (18 02 11)

Escrito por: Nelson-Gustavo Specchia Checura el 18 Feb 2011 - URL Permanente

La movilización árabe levanta el emirato petrolero de Bahrein

Estados Unidos debe rectificar sobre la marcha su estrategia en la región

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De una manera inédita y veloz, las reivindicaciones por apertura democrática que recorre Medio Oriente continúa imparable, haciendo foco ahora en el Golfo Pérsico y en Libia. Se informaba que la respuesta de las fuerzas de seguridad a las movilizaciones espontáneas, levantadas en la región tras la caída de los regímenes autoritarios de Túnez y Egipto, iban causando 19 muertos por la violenta represión; 4 en Yemen, 6 en Bahrein, y al menos 9 fallecidos en los enfrentamientos entre manifestantes y los paramilitares de los Comité de Defensa de la Revolución, en Libia.

En Manama, capital del emirato de Bahrein, las fuerzas de seguridad que responden a la dinastía sunnita de los Al Khalifa, cargaron contra más de dos mil manifestantes chiítas, que marchaban por las calles por cuarto día consecutivo y habían acampado en la plaza Perla, del centro de la ciudad. Más de 200 heridos, según los datos aportados por el presidente de la Asociación de la Juventud Bahreiní para los Derechos Humanos, Mohamed al Maskati, fue el saldo de la batalla campal en este pequeño reino árabe, de apenas 600 kilómetros cuadrados.

A pesar de su exiguo tamaño, este emirato insular de alrededor de un millón de habitantes posee una importancia estratégica alta, y constituye una de las bases de actuación privilegiada para los Estados Unidos en toda la región del Golfo Pérsico. Además de sus propias reservas de petróleo, su ubicación permite controlar el paso de la ruta del Golfo, por donde cruza un tercio del tráfico mundial de petróleo.

En sus puertos, además, se estaciona la Quinta Flota norteamericana, con capacidad de acción sobre 19 Estados, entre ellos algunos de los más conflictivos de toda la región: Irán, Líbano, Arabia Saudita, Siria, Irak, Afganistán y Pakistán. De hecho, desde Bahrein partieron los efectivos norteamericanos que participaron en las dos guerras contra Irak.

Al igual que con Túnez y Egipto, la política exterior del Departamento de Estado hacia Bahrein ha sido, hasta ahora, la de ignorar los reclamos democráticos de los ciudadanos en nombre de la estabilidad regional, el freno del islamismo radical, y la protección de sus intereses estratégicos en el área.

Las protestas que se viven estos días, al calor de la ola de cambios en todo el mundo árabe, ponen en cuestión las alianzas de Washington y también su estrategia de defensa en la inestable región. Sin embargo, anoche la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, manifestó el apoyo del gobierno de Barack Obama a un “cambio real y significativo” en el emirato; recordando que Bahrein es “un país amigo y aliado”, pidió públicamente al gobierno que respete a los que “protestan pacíficamente en favor de demandas razonables”, lo que sugiere un giro de la política estadounidense sostenida hasta ahora.

13 muertos en Yemen y Libia

Las movilizaciones de oposición al presidente yemení Ali Abdullah Saleh, que lleva más de 30 años en el cargo, se cobraron ayer nuevas víctimas fatales. 4 muertos por disparo de balas, y 17 heridos, fueron atendidos en dos hospitales de Adén.

Las refriegas se dieron entre los manifestantes, que recorren las calles de la capital por quinto día consecutivo, y la policía, a la que luego se agregaron columnas de leales al régimen de Saleh, un aliado clave de Washington en la lucha contra el fundamentalismo islámico de Al Qaeda.

En Libia, donde la dictadura personalista de Muhammar el Khaddafi se extiende desde hace 42 años, al menos 9 personas perdieron la vida, y se registraron 35 heridos en la capital, Trípoli, y en las ciudades de Bengasi y Al Baida, en el denominado “día de la ira”, que la oposición en el exilio de Londres, y activistas convocados por la red social de Facebook, llamaron para protestar contra la dictadura.

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16 Feb 2011

Alzamiento, represión, concesiones (17 02 11)

Escrito por: Nelson-Gustavo Specchia Checura el 16 Feb 2011 - URL Permanente

Revuelta en el mundo árabe

Prosiguen los alzamientos, entre la represión y las concesiones

Se multiplican las protestas en Yemen, Libia y Bahrein. Vuelven las manifestaciones contra el régimen en Irán.

En Túnez y Egipto los gobiernos provisionales enfrentan ahora reclamos sociales y económicos.

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La caída del régimen egipcio de Hosni Mubarak está generando una ola de movimientos en todo el mundo árabe y sus principales vecinos, que ya parece difícil de detener.

La chispa encendida en Túnez, que forzó la huída de Zine el Abidine ben Ali, no presagiaba un contagio de esta naturaleza, debido al limitado poder regional del pequeño país del Magreb. El cambio de régimen en Egipto, en cambio, está implicando una alteración en el norte de África, Medio Oriente y Asia Central.

Además, también es evidente que el clamor popular no está dispuesto a agotarse con el nuevo tiempo político, sino, por el contrario, que se está alimentando de ese envión popular para reclamar viejas demandas sociales y económicas, en torno a situaciones muy postergadas en la distribución de la renta, nivel de compra de los salarios, precios de los productos de primera necesidad, los alarmantes índices de desocupación y la reconquista de derechos gremiales, entre las principales demandas que comienzan a tomar cuerpo en las calles tunecinas y egipcias.

El contagio de la metodología de alzamiento social contra los gobiernos fuertes que han caracterizado toda la región, sigue la línea del mar Mediterráneo hacia la dictadura libia del coronel Muhammar el Khaddafi; hacia el régimen autocrático de Abdelaziz Buteflika en Argelia; y alcanza la monarquía alauíta de Mohamed VI en Marruecos.

Hacia el este, por su parte, la onda de la movilización egipcia ya ha alcanzado a los territorios de la Autoridad Nacional Palestina; al emirato de Bahrein en el Golfo Pérsico; y a la larga permanencia del presidente Ali Abdallah Saleh en el poder de Yemen. Inclusive el clima de malestar generalizado ha vuelto a alimentar la protesta persa, donde el movimiento de la “ola verde”, opositor al gobierno populista chiíta de Mahmmoud Ahmadinejad, volvió a intentar manifestarse en forma masiva contra el régimen.

La revuelta ha llegado también al ya de por sí inestable escenario iraquí, donde el débil gobierno de Nuri al Maliki ha tenido que salir a reprimir manifestaciones de protesta por la nula prestación de servicios públicos en Bagdad, cuando el grueso de la seguridad nacional sigue ocupada en sofocar la insurgencia sunnita.

En este complejo escenario, los gobernantes intentan responder a los alzamientos con una mezcla de concesiones y un aumento de la represión policial. El primer ministro argelino, Ahmed Uyahia, intentó calmar a las masas anunciando el fin del estado de excepción, vigente en Argelia desde hace 19 años. Khaddafi aumentó los salarios y los subsidios a los alimentos; Saleh anunció que no se presentará a la reelección ni cambiará la Constitución para perpetuarse en el poder.

Y todos han aumentado la presencia de los antidisturbios y de sus fieles en las calles, queda por ver si esto será suficiente para apagar la revuelta.

Protesta kurda en Turquía

El gobierno turco de Recep Tayyip Erdogan, que fue puesto como modelo a seguir por los movilizados en Túnez y Egipto, sufrió ayer el embate de cientos de manifestantes de la minoría kurda, tanto en la capital como en las ciudades de Estambul y Esmirna.

En un clima regional muy alterado, los kurdos de Turquía se movilizaron durante toda la noche del martes, incendiando autos y edificios, en marchas convocadas en el aniversario de la detención del histórico líder de esta minoría racial de unos 12 millones de habitantes, Abdullah Ocalan, fundador del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).

Ocalan intentó organizar una resistencia armada contra Ankara para separar el territorio de mayoría kurda del sur de Turquía, fronterizo con Irán e Irak, y permanece preso desde 1999 en la isla de Imrali. Los enfrentamientos con la policía dejaron heridos y unos 40 manifestantes detenidos.

La represión de las fuerzas de seguridad turcas ha causado la muerte de unos 45.000 kurdos desde el alzamiento de Ocaran.

Internet vuelve a convocar nuevas marchas en Libia

El coronel Muhammar el Khaddafi pondrá a prueba hoy la resistencia del régimen frente a las protestas convocadas por Facebook.

Los organizadores esperan reunir en Trípoli grupos numerosos, en recuerdo del 17 de febrero de 2006, cuando una manifestación en Bengazi –que el gobierno había permitido porque supuestamente era contra unas caricaturas de Mahoma- terminó siendo la primera protesta multitudinaria contra el propio Khaddafi y su dictadura de partido único.

En la víspera, además, unas columnas espontáneas de opositores se enfrentaron a los leales al gobierno, los temibles Comités de la Revolución, cuerpos paramilitares fieles al régimen de Trípoli.

Si bien los comunicados oficiales y la prensa gubernamental relativizaron el enfrentamiento, adjudicando la responsabilidad a “saboteadores” y delincuentes comunes, en videos colgados en la página de Internet de YouTube puede verse una importante movilización popular, de cientos de hombres y mujeres que marchan coreando consignas contra el régimen y el líder libio, mientras la policía utiliza camiones hidrantes para dispersarlos.

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15 Feb 2011

Revuelta árabe: La protesta pasa al Golfo (16 02 11)

Escrito por: Nelson-Gustavo Specchia Checura el 15 Feb 2011 - URL Permanente

La turbulencia árabe se encamina hacia alternativas democráticas

La policía iraní reprime violentamente un nuevo conato de protesta popular

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La ola de descontento social que recorre la mayoría de los países árabes obedece a una “frustraciones por déficit de democracia”, según la opinión del secretario general de las Naciones Unidas (ONU), Ban ki Moon, quien manifestó que, según la postura que está elaborando la máxima organización multilateral, las protestas, que ya tumbaron a los regímenes autocráticos de Túnez y Egipto, son parte de una “evolución” política, al tiempo que pidió a los líderes de estos países a que “escuchen con mayor atención y abran un canal de diálogo con su gente”.

Las declaraciones de Ban, que conforman la primera toma formal de postura de la ONU en torno a la revuelta árabe, se dieron al día siguiente de que una movilización juvenil volviera a intentar ocupar las calles de la capital iraní, y que la represión de las fuerzas de seguridad la neutralizara con violencia, causando al menos dos muertos.

Ayer, un sector de legisladores fieles al presidente Mahmmoud Ahmadinejad reclamó en el Parlamento la aplicación de la condena de muerte a los líderes opositores, como una manera de cortar el incipiente brote de protesta política en Irán.

La moción del oficialismo apunta especialmente al ex presidente Mohammad Khatami, y a los líderes reformistas Mir Hossein Mussavi y Mehdi Karrubi, que tuvieron un papel destacado en las movilizaciones contra Ahmadinejad tras su reelección en 2009, y que ahora cumplen arresto domiciliario.

El presidente estadounidense, Barack Obama, reaccionó frente a la represión de la protesta iraní con mayor celeridad de la que había mostrado en la crisis egipcia, y censuró el papel del ejército persa, al tiempo alentaba indirectamente nuevas movilizaciones al manifestar: “Mi esperanza y mi expectativa es que sigamos viendo cómo el pueblo de Irán tiene la valentía de ser capaz de expresar su anhelo de una mayor libertad y un gobierno más representativo”.

La jefa de la diplomacia de la Unión Europa, lady Catherine Ashton, también censuró al gobierno de Teherán desde Túnez, donde se encuentra en la primera visita oficial de un alto funcionario europeo tras la revuelta que tumbó al régimen de Zine el Abidine ben Ali. Ashton instó a Ahmadinejad a “abstenerse de utilizar la fuerza contra los manifestantes”, según comunicó su portavoz.

Los intereses en el Golfo

Mientras el ejército egipcio mantenía ayer conversaciones con activistas del levantamiento popular, en orden a pacificar las calles de El Cairo, las protestas llegan ya al Golfo, donde los intereses estratégicos se mezclan con el petróleo.

En Yemen, el segundo día de disturbios fue contestado ayer por partidarios del gobierno y se vivieron violentos enfrentamientos.

El presidente yemení, Alí Abdullah Saleh, un aliado de Washington, lleva 32 años en el poder.

Por su parte, en Bahrein, donde se estacionan los buques de la Vº Flota norteamericana en el Golfo, otra movilización fue reprimida, con el saldo de dos manifestantes muertos.

Bahrein, un pequeño Estado petrolero compuesto por 33 islas y un pequeño sector continental, tiene una población mayoritariamente chiíta, pero la dinastía reinante es sunnita, los Al Khalifa, también aliados cercanos de los Estados Unidos, así como de la vecina Arabia Saudita, y férreos opositores al régimen iraní de los ayatollahs.

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Egipto, la revolución del presente (04 02 11)

Escrito por: Nelson-Gustavo Specchia Checura el 15 Feb 2011 - URL Permanente

Egipto, la revolución del presente

por Nelson Gustavo Specchia

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Octavio Paz, el poeta y el pensador de México, solía clasificar los alzamientos sociales en revueltas y revoluciones. Firmemente parado en la modernidad, Paz sostenía que las revoluciones sólo eran aquellos cambios violentos de sistema político, inspirados en los acontecimientos de la Francia de 1789, que buscaban la implementación de un gobierno republicano –liberal o socialista- y que se inspiraban en el grueso tallo del árbol intelectual y filosófico de Occidente.

Así, decía el poeta, en América latina hemos vivido sucesiones de revueltas, pero muy pocas revoluciones. Pero los grandes ensayos de Octavio Paz, como El laberinto de la soledad, El ogro filantrópico ó Tiempo nublado, donde desarrolla estas ideas con mucha extensión, son textos de los años ochenta del siglo pasado, antes de que el muro de Berlín cayera y los particularismos culturales, que habían permanecido aplastados por las pesadas losas de un mundo bipolar, emergieran con una fuerza inusitada.

Entre los cambios de paradigmas que el mundo viene experimentando desde entonces, también los conceptos mediante los cuales intentamos aprehender la realidad social y política que nos circunda han tenido que flexibilizar sus bordes y sus límites, incorporar nuevos elementos y situaciones, y adecuarse a unos escenarios mucho más complejos y cambiantes, para mantener su capacidad analítica y explicativa. El concepto moderno de revolución ha sido, creo, uno de los más afectados por estas realidades emergentes. La revolución del presente ya tiene muy pocos elementos comunes con la Revolución Francesa, aquel modelo primigenio.

Egipto, también en este punto, ilumina las nuevas modalidades de transformación política. El alzamiento popular y espontáneo que vive el gigante país africano desde hace un par de semanas, si bien quedaría fuera del tradicional concepto de revolución moderna, no podría calificarse de otra manera sin descuidar aristas vitales en el análisis. A su manera, el alzamiento egipcio es una revolución con todas las letras. Y como toda revolución, su final, de momento, permanece abierto.

En ese frente incierto de tormenta, hay dos elementos que giran en torno al eje de salida de la crisis política. Algunos de estos elementos son de vieja data, que se arrastran desde el fondo más profundo de la cultura egipcia; otros elementos son novísimos, que han estado al mismo tiempo entre los pasillos que permitieron que la revolución llegara hasta donde ha llegado, y que también constituyen uno de sus productos.

Habrá, claro, muchos otros, pero yo identifico a estos dos como los factores más críticos en este momento de desarrollo de la revolución: me refiero al substrato árabomusulmano del Islam político que permea una porción importante de la sociedad egipcia; y al rol del entramado comunicacional por internet y el súbito acceso de miles de egipcios –sobre todo jóvenes- a las redes sociales.

Entre estos dos elementos se mueven, como las fichas de un juego de táctica y estrategia, los actores externos que tendrán un rol neurálgico en el rumbo que finalmente adopte la salida de la revolución. Desde los intereses norteamericanos a los de la Liga Árabe; desde la vigencia del tratado de paz entre Egipto e Israel a las posturas de la diplomacia comunitaria europea; desde el fino cristal de la frontera terrestre con la franja de Gaza que comunica con toda la cuestión palestina; desde el “contagio” del entorno en el Magreb africano al paso petrolero por el Canal de Suez; desde las líneas telefónicas privilegiadas con las plutocracias petroleras del Golfo hasta las relaciones especiales con Turquía; desde la tradicional amistad de El Cairo con la casa reinante en Jordania hasta la fluida comunicación con la Siria de los Asad. Demasiadas fichas, todas vitales, moviéndose juntas por los mismos casilleros.

La hipótesis de la islamización

En el medio de ese delicadísimo equilibrio de poderes e intereses, el primer elemento que surgió con fuerza al analizar la revolución egipcia fue el supuesto riesgo de una deriva teocrática e islámica del alzamiento popular. Durante los primeros días, una posible salida “a la iraní” era la línea recurrente en los análisis internacionales, especialmente en la prensa estadounidense y, con mucho más énfasis, en las columnas de opinión de diarios israelíes.

Los Hermanos Musulmanes, la cofradía religiosa fundada en Egipto por Hassan el Banna en 1928, y dedicada fundamentalmente a la asistencia social a las capas más humildes de la población, tiene, sin duda, un alto predicamento en todo el cuerpo social de este inmenso país de ochenta millones de habitantes. En cálculos muy aproximados, se estima que un tercio de esta población podría adherir a posturas o a dirigentes avalados por los Hermanos Musulmanes, especialmente en una situación de tensión social.

Pero las argumentaciones que intentaban asociar a esta organización con Al Qaeda (que fue, por cierto, el discurso sostenido por el gobierno de Hosni Mubarak para mantenerla proscripta), o aquellas que la comparan con los sectores teocráticos que terminaron cooptando la revolución iraní de 1979 tras el derrocamiento del shah Mohammed Raza Pahlevi, han ido perdiendo fuerza con el transcurso de los días, a medida que se conocían detalles y los verdaderos alcances de la organización. En esta línea, el artículo “La Hermandad”, firmado por Pepe Escobar y publicado en este diario ayer (HDC, 03/02/11) ofrece elementos esclarecedores.

Para Escobar, los sectores islamistas del substrato cultural egipcio, lejos de la experiencia iraní, están comprometidos con una salida laica y republicana de la revolución. Su ámbito de actuación principal son las mezquitas y los hospitales, y han llegado inclusive hasta las organizaciones sindicales y profesionales de los sectores más deprimidos. Los islamistas egipcios no ocultan su vocación política, y tanto por su peso demográfico como por el alcance de su organización, no podrían estar ausentes de ninguna hipótesis de salida del alzamiento contra Mubarak. Y aunque Escobar también anota que para los Hermanos Musulmanes “un Estado islámico no está en conflicto con la democracia”, este tipo de planteos quedarían postergados para un segundo momento, luego de que una transición laica haya reestructurado el gobierno y la constitución del Estado.

La hipótesis de una islamización “a la iraní”, entonces, parece no tener espacio en el futuro inmediato de Egipto. Aún así, también hay que tener presente que un futuro gobierno con los Hermanos Musulmanes como factor clave, seguramente dejaría sin efecto el acuerdo de paz con Israel. Y este acuerdo es el principal elemento para el equilibrio regional en Oriente Próximo.

El apoyo de la aldea global

El segundo elemento crítico en los escenarios de salida de la revolución es el que conforma el entramado comunicacional, con la confluencia de internet, los videos colgados en la red en tiempo real, las redes sociales, los teléfonos celulares y los canales de televisión.

La larga permanencia de las autocracias árabes se asentaron en varios pilares, uno de ellos fue, sin duda, la cerrazón frente al mundo, la baja o nula interacción (sólo limitada a una élite exclusiva y minoritaria) con otras realidades extra muros. La irrupción del mundo exterior le quita una de las columnas pétreas en que las tiranías del mundo árabe encontraban sustento desde los procesos de descolonización de mediados del siglo pasado.

Según explica el sociólogo Manuel Castells, este novísimo elemento irrumpe en las estructuras anquilosadas de las autocracias siguiendo una pauta común: un suceso extra-ordinario en la vida rutinaria (como fue el suicidio a lo bonzo del tunecino Mohammed Buazizi, cuando la policía le destruyó su carrito de venta de frutas) despierta la indignación social, que viene sostenida y acallada por la represión policial desde tiempo atrás. Ese estado individual encuentra su réplica en otros, y desencadena manifestaciones grupales, que siguiendo el guión represivo clásico de las dictaduras, son desarticuladas por los cuerpos policiales.

Pero la novedad es que ahora esa represión se sube inmediatamente a la página de videos de YouTube en internet, y esas imágenes de la represión y los mensajes de protesta que la acompañan duplican espontáneamente la protesta. Luego, las imágenes captadas por los teléfonos móviles de los propios movilizados llegan hasta medios de comunicación que están fuera del área de control oficial (como ha sido el caso de la agencia qatarí de televisión Al Jazeera en estos días), que retrasmite por los canales de la web a todo el mundo.

Cuando los usuarios de internet toman conocimiento de la movilización, los videos de la represión y los mensajes de protesta, se activan las redes sociales, los mensajes de texto, los “hashtags” de Twitter y los grupos de Facebook, entre otras redes menores, y ese sistema de comunicación interactiva y en tiempo real ya no puede ser controlado por nadie. Sin cabezas visibles y sin centro, funciona con eficacia y burla cualquier censura.

En Egipto, inclusive cuando el régimen de Mubarak decidió cortar la cobertura de la telefonía celular y los accesos a internet, los cyberactivistas de todo el mundo se organizaron para ofrecer vías de acceso alternativas a los movilizados de El Cairo. En las dos semanas que dura la revuelta egipcia, el crecimiento de usuarios de redes sociales ha crecido exponencialmente, día a día.

Las comunicaciones soñadas para el futuro ya son las herramientas de la revolución del presente.

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Egipto, la revolución del presente (04 02 11)

Escrito por: Nelson-Gustavo Specchia Checura el 15 Feb 2011 - URL Permanente

Egipto, la revolución del presente

por Nelson Gustavo Specchia

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Octavio Paz, el poeta y el pensador de México, solía clasificar los alzamientos sociales en revueltas y revoluciones. Firmemente parado en la modernidad, Paz sostenía que las revoluciones sólo eran aquellos cambios violentos de sistema político, inspirados en los acontecimientos de la Francia de 1789, que buscaban la implementación de un gobierno republicano –liberal o socialista- y que se inspiraban en el grueso tallo del árbol intelectual y filosófico de Occidente.

Así, decía el poeta, en América latina hemos vivido sucesiones de revueltas, pero muy pocas revoluciones. Pero los grandes ensayos de Octavio Paz, como El laberinto de la soledad, El ogro filantrópico ó Tiempo nublado, donde desarrolla estas ideas con mucha extensión, son textos de los años ochenta del siglo pasado, antes de que el muro de Berlín cayera y los particularismos culturales, que habían permanecido aplastados por las pesadas losas de un mundo bipolar, emergieran con una fuerza inusitada.

Entre los cambios de paradigmas que el mundo viene experimentando desde entonces, también los conceptos mediante los cuales intentamos aprehender la realidad social y política que nos circunda han tenido que flexibilizar sus bordes y sus límites, incorporar nuevos elementos y situaciones, y adecuarse a unos escenarios mucho más complejos y cambiantes, para mantener su capacidad analítica y explicativa. El concepto moderno de revolución ha sido, creo, uno de los más afectados por estas realidades emergentes. La revolución del presente ya tiene muy pocos elementos comunes con la Revolución Francesa, aquel modelo primigenio.

Egipto, también en este punto, ilumina las nuevas modalidades de transformación política. El alzamiento popular y espontáneo que vive el gigante país africano desde hace un par de semanas, si bien quedaría fuera del tradicional concepto de revolución moderna, no podría calificarse de otra manera sin descuidar aristas vitales en el análisis. A su manera, el alzamiento egipcio es una revolución con todas las letras. Y como toda revolución, su final, de momento, permanece abierto.

En ese frente incierto de tormenta, hay dos elementos que giran en torno al eje de salida de la crisis política. Algunos de estos elementos son de vieja data, que se arrastran desde el fondo más profundo de la cultura egipcia; otros elementos son novísimos, que han estado al mismo tiempo entre los pasillos que permitieron que la revolución llegara hasta donde ha llegado, y que también constituyen uno de sus productos.

Habrá, claro, muchos otros, pero yo identifico a estos dos como los factores más críticos en este momento de desarrollo de la revolución: me refiero al substrato árabomusulmano del Islam político que permea una porción importante de la sociedad egipcia; y al rol del entramado comunicacional por internet y el súbito acceso de miles de egipcios –sobre todo jóvenes- a las redes sociales.

Entre estos dos elementos se mueven, como las fichas de un juego de táctica y estrategia, los actores externos que tendrán un rol neurálgico en el rumbo que finalmente adopte la salida de la revolución. Desde los intereses norteamericanos a los de la Liga Árabe; desde la vigencia del tratado de paz entre Egipto e Israel a las posturas de la diplomacia comunitaria europea; desde el fino cristal de la frontera terrestre con la franja de Gaza que comunica con toda la cuestión palestina; desde el “contagio” del entorno en el Magreb africano al paso petrolero por el Canal de Suez; desde las líneas telefónicas privilegiadas con las plutocracias petroleras del Golfo hasta las relaciones especiales con Turquía; desde la tradicional amistad de El Cairo con la casa reinante en Jordania hasta la fluida comunicación con la Siria de los Asad. Demasiadas fichas, todas vitales, moviéndose juntas por los mismos casilleros.

La hipótesis de la islamización

En el medio de ese delicadísimo equilibrio de poderes e intereses, el primer elemento que surgió con fuerza al analizar la revolución egipcia fue el supuesto riesgo de una deriva teocrática e islámica del alzamiento popular. Durante los primeros días, una posible salida “a la iraní” era la línea recurrente en los análisis internacionales, especialmente en la prensa estadounidense y, con mucho más énfasis, en las columnas de opinión de diarios israelíes.

Los Hermanos Musulmanes, la cofradía religiosa fundada en Egipto por Hassan el Banna en 1928, y dedicada fundamentalmente a la asistencia social a las capas más humildes de la población, tiene, sin duda, un alto predicamento en todo el cuerpo social de este inmenso país de ochenta millones de habitantes. En cálculos muy aproximados, se estima que un tercio de esta población podría adherir a posturas o a dirigentes avalados por los Hermanos Musulmanes, especialmente en una situación de tensión social.

Pero las argumentaciones que intentaban asociar a esta organización con Al Qaeda (que fue, por cierto, el discurso sostenido por el gobierno de Hosni Mubarak para mantenerla proscripta), o aquellas que la comparan con los sectores teocráticos que terminaron cooptando la revolución iraní de 1979 tras el derrocamiento del shah Mohammed Raza Pahlevi, han ido perdiendo fuerza con el transcurso de los días, a medida que se conocían detalles y los verdaderos alcances de la organización. En esta línea, el artículo “La Hermandad”, firmado por Pepe Escobar y publicado en este diario ayer (HDC, 03/02/11) ofrece elementos esclarecedores.

Para Escobar, los sectores islamistas del substrato cultural egipcio, lejos de la experiencia iraní, están comprometidos con una salida laica y republicana de la revolución. Su ámbito de actuación principal son las mezquitas y los hospitales, y han llegado inclusive hasta las organizaciones sindicales y profesionales de los sectores más deprimidos. Los islamistas egipcios no ocultan su vocación política, y tanto por su peso demográfico como por el alcance de su organización, no podrían estar ausentes de ninguna hipótesis de salida del alzamiento contra Mubarak. Y aunque Escobar también anota que para los Hermanos Musulmanes “un Estado islámico no está en conflicto con la democracia”, este tipo de planteos quedarían postergados para un segundo momento, luego de que una transición laica haya reestructurado el gobierno y la constitución del Estado.

La hipótesis de una islamización “a la iraní”, entonces, parece no tener espacio en el futuro inmediato de Egipto. Aún así, también hay que tener presente que un futuro gobierno con los Hermanos Musulmanes como factor clave, seguramente dejaría sin efecto el acuerdo de paz con Israel. Y este acuerdo es el principal elemento para el equilibrio regional en Oriente Próximo.

El apoyo de la aldea global

El segundo elemento crítico en los escenarios de salida de la revolución es el que conforma el entramado comunicacional, con la confluencia de internet, los videos colgados en la red en tiempo real, las redes sociales, los teléfonos celulares y los canales de televisión.

La larga permanencia de las autocracias árabes se asentaron en varios pilares, uno de ellos fue, sin duda, la cerrazón frente al mundo, la baja o nula interacción (sólo limitada a una élite exclusiva y minoritaria) con otras realidades extra muros. La irrupción del mundo exterior le quita una de las columnas pétreas en que las tiranías del mundo árabe encontraban sustento desde los procesos de descolonización de mediados del siglo pasado.

Según explica el sociólogo Manuel Castells, este novísimo elemento irrumpe en las estructuras anquilosadas de las autocracias siguiendo una pauta común: un suceso extra-ordinario en la vida rutinaria (como fue el suicidio a lo bonzo del tunecino Mohammed Buazizi, cuando la policía le destruyó su carrito de venta de frutas) despierta la indignación social, que viene sostenida y acallada por la represión policial desde tiempo atrás. Ese estado individual encuentra su réplica en otros, y desencadena manifestaciones grupales, que siguiendo el guión represivo clásico de las dictaduras, son desarticuladas por los cuerpos policiales.

Pero la novedad es que ahora esa represión se sube inmediatamente a la página de videos de YouTube en internet, y esas imágenes de la represión y los mensajes de protesta que la acompañan duplican espontáneamente la protesta. Luego, las imágenes captadas por los teléfonos móviles de los propios movilizados llegan hasta medios de comunicación que están fuera del área de control oficial (como ha sido el caso de la agencia qatarí de televisión Al Jazeera en estos días), que retrasmite por los canales de la web a todo el mundo.

Cuando los usuarios de internet toman conocimiento de la movilización, los videos de la represión y los mensajes de protesta, se activan las redes sociales, los mensajes de texto, los “hashtags” de Twitter y los grupos de Facebook, entre otras redes menores, y ese sistema de comunicación interactiva y en tiempo real ya no puede ser controlado por nadie. Sin cabezas visibles y sin centro, funciona con eficacia y burla cualquier censura.

En Egipto, inclusive cuando el régimen de Mubarak decidió cortar la cobertura de la telefonía celular y los accesos a internet, los cyberactivistas de todo el mundo se organizaron para ofrecer vías de acceso alternativas a los movilizados de El Cairo. En las dos semanas que dura la revuelta egipcia, el crecimiento de usuarios de redes sociales ha crecido exponencialmente, día a día.

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Sobre el autor

Nelson G. Specchia (Las Breñas, 1964), Politólogo, Catedrático Jean Monnet y Profesor Titular de Política Internacional de la Universidad Católica de Córdoba (Argentina); Profesor Visitante de la Universidad de Passau (Alemania); y Profesor de Postgrado de la Universidad Tecnológica Nacional.

Se licenció en Ciencia Política en la Universidad Católica de Córdoba (Argentina); obtuvo el Magíster en Ciencias Sociales, en el Ilades de Santiago (Chile). Estudió luego en el AEC College (West Palm Beach, Estados Unidos de América); Relaciones Internacionales en la Flacso de Buenos Aires; el programa de Estudis Internacionals en la Universitat de Barcelona (Catalunya, España); el Doctorado en Política y Gobierno de la Universidad Católica de Córdoba, y el Doctorado en Gobierno y Administración del Instituto Universitario Ortega y Gasset – Universidad Complutense de Madrid (España).

Libros publicados:

Poemas Montunos – Cantos a la tierra mía (Resistencia, 1985)
América Latina entre las apariencias y la sumersión (Santiago de Chile, 1989)
Incendios Forestales y otros poemas (Buenos Aires, 1998)
Giuseppe (Barcelona, 2001)
Poemas Montunos (2da., Barcelona, 2001)
Crisis, rupturas y tendencias (con G. Morello, Córdoba, 2003)
Giuseppe (2da. Córdoba, 2003)
Cuaderno de Bitácora (Córdoba, 2004)
Idolatrías de Occidente (con G. Morello, Córdoba, 2005)
Cadáveres Exquisitos (Con Babalooo, Córdoba, 2005)
La Unión Europea, ¿Un modelo para América Latina? (Córdoba, 2005)
Espejos Nublados (Córdoba, 2006)
Ilustración y emancipación en América Latina (con G. Ortiz, 2008)
El Brujo (Plan Nacional de Lectura, Buenos Aires, 2009)
Camino al bicentenario. Programas presidenciales en 25 años de democracia argentina, (con G. Graglia, Córdoba, 2009)
El color de los turbantes. Rumbos de la política internacional 2005-2010 (Córdoba, 2010)
El último año de las FARC. Conflicto, guerrilla y búsqueda de paz en Colombia (Córdoba, 2010)

En 2003 fundó la revista de análisis político internacional Studia Politicae, y la continúa dirigiendo. Colabora habitualmente con columnas de opinión en diferentes medios de prensa.
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e-mail: nelson.specchia@gmail.com
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