13 Ene 2013

Yoani habla de lo que no sabe ni vivió

Escrito por: nicolasaguila el 13 Ene 2013 - URL Permanente

La prohibición de los cantantes, en Cuba, se limitaba a la radiodifusión y a los espacios públicos. Afirmar otra cosa es exagerar las desgracias reales, ya de por sí exageradas, de la vida que nos tocó vivir en la isla de los absurdos. No hay que trivializar anecdóticamente, con cuentecitos inventados, la brutalidad de la represión castrista en estos 54 años de espantos sucesivos. El CDR (comité de delatores en cada cuadra), a pesar de que se inmiscuía prácticamente en todo, no creo que tuviera instrucciones de vigilar a los vecinos por oír a Meme Solís, tal como da a entender Yoani Sánchez en un post reciente, con motivo del tardío homenaje ofrecido al destacado baladista, el pasado 5 y 6 de enero, en el teatro América de La Habana.

Tampoco le hacía ninguna falta al régimen ese tipo de vigilancia musical. Antes de la era del casete, para perpetrar la muerte artística de una figura en el país de las prohibiciones bastaba con no difundirla por los medios. El deceso civil de Meme estaba absolutamente garantizado tras pedir permiso para irse de Cuba y ser fulminado en la radio por sus infames compañeros del cuarteto. A Meme solo se le permitía actuar en centros nocturnos de quinta categoría, pero no estaba prohibido del todo. De ahí que fuera improbable que el CDR te vigilara por oír sus canciones. O igualmente, si tenías el raro privilegio de poseer discos que no se grababan en Cuba, por escuchar a Nelson Ned o a Julio Iglesias, a quien Yoani describe extrañamente como un “cantautor”. ¿Sabrá ella realmente de lo que habla?

Por otro lado, los chivatos del Comité —o los mismos funcionarios de Cultura, en muchos casos— no podían estar al tanto de la enorme cantidad de artistas incluidos en las listas negras de las emisoras, por lo demás bastante variables. Una relación larga y penosa en la que un mismo cantante era prohibido hoy y permitido mañana, como fue el caso de Joan Manuel Serrat. Al cantautor catalán lo censuraron durante algún tiempo por su ‘pecaminosa’ canción “Poco antes de que den las diez”. Hasta esos extremos pacatos llegó la hipocresía castrista en los años sesenta y setenta, cuando el absurdo y la mojigatería iban de la mano y corriendo.

No pongo en duda que alguien oyera al cuarteto Los Memes “en un volumen muy bajo, con las ventanas cerradas”, ya fuera por paranoia o porque los vecinos fuesen particularmente intrusos y exhibieran eso que eufemísticamente algunos han llamado “exceso de celo revolucionario”, aunque más conocido en el seno del pueblo como chivatería y otros términos más fuertes. Pero un verdadero fan de Meme Solís podría haberse llegado a su show de Santa María del Mar y oírlo en vivo en el antiguo Club Bancario (creo que ese era el nombre), donde no había policía ni CDR que le prohibieran oírlo. Con la ventaja adicional de que siempre había mesas libres.

Allí no estaba prohibido, como solista, el director del emblemático cuarteto cuyos tres restantes vocalistas —tres cuervitos que lo poco que son se lo deben a lo mucho que aprendieron del maestro— lo tacharon públicamente de traidor para poder labrarse una carrera aparte. La única prohibición que pesaba sobre él era, aparentemente, la de no usar el nombre artístico de Meme. El cartel a la entrada del club, casi tan deslucido como el del teatro América en días pasados, lo anunciaba con su verdadero nombre, el que llevaba en el carné de identidad. La vedette Juana Bacallao compartía escena con Meme en el show y, con su estilo peculiar pero con mucho respeto, lo presentaba como el maestro José Manuel Solís. Imagínense. Es como si al Benny lo hubieran obligado a identificarse como Bartolomé Maximiliano Moré.

En ese sitio al aire libre, la mala acústica, combinada con el barullo ambiental, dejaba mucho que desear. Pero no sería peor que oírlo bajito en un disco viejo tocado con un equipo seguramente mono y, además, pasando calor con las ventanas cerradas para que no oyera Fefa la del Comité. Entre el público del ‘Bancario’, por cierto, predominaban los bebedores de cerveza y no la fanaticada nostálgica que se dio cita en el espectáculo homenaje del América, ‘Otro Amanecer’, que es el título de uno de los mayores éxitos del baladista. En la segunda ocasión que me llegué al “Show de José Manuel Solís”, vi a un Meme vulnerable defendiéndose de unos cheos inciviles que lo increpaban groseramente. Fue la última vez que visité esa chusmería de club.

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