08 Oct 2008

LA SELVA AMAZÓNICA DE ECUADOR

Escrito por: nuri-9 el 08 Oct 2008 - URL Permanente

Tena, en Ecuador, fue una de las primeras ciudades que se fundaron en la jungla. Desde allí hicimos una excursión de varios días a la selva amazónica, remontando el río Napo, hacia Misahuallí. El Napo es uno de los muchos que alimentan las aguas del gran río Amazonas, tras atravesar Perú y llegar a Brasil. Ramiro, un ecuatoriano jóven, fue nuestro guía. Estuvimos alojados en una comunidad de indígenas quechúa, en una cabaña palafito. Al atardecer y por las noches empezaba el gran concierto del sonido de las aves y los insectos. Las caminatas por la jungla fueron una experiencia a recordar. Ramiro nos explicó sobre los tipos de árboles y las plantas medicinales. Encontramos hormigas cortadoras de hojas, transportando grandes pedazos verdes. Muchas hojas de plantas estaban carcomidas por los insectos. Una gran hormiga Conga, de casi dos centímetros. pasó junto a nuestro pie y la evitamos; su picadura es dolorosa y puede producir fiebre. También probamos las diminutas hormigas limón, que tienen un sabor parecido. Vimos termiteros, bambúes gigantes, árboles de caucho, y nos bañamos en cascadas totalmente aisladas.

Con el machete, Ramiro hirió la corteza de un árbol del caucho, y al momento empezó a gotear la leche blanca y pegajosa que él recogió con una hoja. El árbol tenía antiguas cicatrices. A principios de siglo XX había mucho comercio de caucho; luego los precios bajaron. Los hombres tenían que recoger la leche blanca caminando durante horas de un árbol a otro, y los árboles estaban dispersos, por lo que el trabajo con la humedad y el calor, era agotador. En Brasil también habíamos visto plantaciones de árboles de caucho, en las que habían trabajado en régimen de esclavitud o semiesclavitud.

Un árbol curioso era el que llamaban Pene del Diablo. Una parte de sus raices tenía esa forma, y decían que las muchachas jóvenes no debían mirarlo, a riesgo de quedar embarazadas. Encontramos un termitero colgado en una rama. Ramiro desgajó un trozo y se lo frotó en los brazos, con las termitas incluidas. Olía a tierra, y decían que aquel olor peculiar resultaba ser un buen repelente para los mosquitos.

Recordaremos las caminatas por la jungla, los baños en la cascada y en el río, y sobre todo, a nuestro amigo Ramiro, que compartió con nosotros la belleza del lugar donde nació.

Pene del Diablo
Semillas
Termitero

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05 Oct 2008

DIVINAS PALABRAS DE ECUADOR

Escrito por: nuri-9 el 05 Oct 2008 - URL Permanente

"Que Dios te de el doble de lo que me deseas". Esa era la frase que leímos sobre el muro de una casa. A veces la sabiduría popular destila joyas como esta. Si es bueno lo que me deseas, que te de el doble.., y si no es bueno...pues eso. Justicia divina.

Viajando por Ecuador, encontré muchos letreros y advertencias curiosas. Por ejemplo, en la parte de atrás de los asientos del autobús que nos llevaba de Quito a Tena, estaba escrito: "Dios te espera. Búscalo." Preferimos dejar la búsqueda para otro momento, y disfrutar del paisaje.

Recuerdo que en otro viaje, creo que era por Guatemala, ví escrito en otro muro: "Son mejores las manos que ayudan, que los labios que rezan". Totalmente de acuerdo.

Aunque el castellano sea nuestra lengua común, las palabras que se utilizan en Sudamérica son juguetonas, innovadoras, y les dan una connotación diferente. Los parkings se llaman "parqueaderos", evitando nuestro anglicismo. En los autobuses la gente pide parada diciendo en voz alta "gracias". Las "gracias" se repiten constantemente como un mantra del camino. Y qué decir de las ricas salchipapas, los papi carne, papi huevo, papi gorda o papi chorizo...

Sobre la columna de mármol de una iglesia ecuatoriana encontramos otra curiosa advertencia pidiendo apagar el celular a la entrada y no botar basura. No hay que distraer ni ensuciar la comunicación con Dios.

Son las divinas palabras que se encuentran viajando. Palabras ligeras para una mañana de domingo. Os deseo muchas cosas buenas, amigos, y que disfrutéis del aperitivo con moderación, porque “Se prohíbe estar trompudo”.

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02 Oct 2008

LETRAHERIDOS Y ESCRITORES

Escrito por: nuri-9 el 02 Oct 2008 - URL Permanente

La palabra más bonita del catalán para mí es lletraferit. Herido por las letras, por la palabra escrita. Confieso serlo. He comprobado que en esta comunidad de bloggers hay muchos lletraferits. Gente para quien la lectura y la escritura es importante y forma parte indisoluble de nuestras vidas.

En respuesta a la pregunta “¿Por qué se escribe?”, alguien dijo una vez:

“Escribimos para aumentar nuestra conciencia de la vida (...) Escribimos para paladear la vida dos veces, en el momento y en retrospectiva (...) Escribimos para aprender a hablar con los otros, para registrar el viaje a través del laberinto, escribimos para ensanchar nuestro mundo cuando nos sentimos asfixiados, constreñidos, solos. (...) Cuando no escribo, siento que mi mundo se encoge (...) yo lo llamo respiración,”

Ese alguien era Anaïs Nin

Yo escribo fundamentalmente por esos motivos: para aumentar mi conciencia de la vida, para paladear la vida dos veces, en el momento y en retrospectiva, o para ensanchar mi mundo cuando me siento asfixiada, constreñida o sola.

Decía el poeta Francisco Brines que la vida no le había concedido una emoción más plena que aquel encuentro secreto de su soledad con su palabra: “ante el papel blanco fluía, como un prodigio, el acontecer de las palabras”. Porque se escribe desde la soledad, que es sobre todo, un estado interior; por eso se convierte en salvaguarda de la individualidad del hombre. Son sus palabras, transformadas por mi lectura.

Escribir es también mi fortaleza. Creo que por escrito soy más yo. Delante de un folio me ordeno, me desordeno, me vuelvo a ordenar, me siento más capaz de todo, de verlo todo más claro, de sentirme cerca de alguien o hacer que ese alguien se sienta más cercano a mí.

Escribir es una forma de exaltar la vida, de otorgarle intensidad, y es el mejor medio que conozco de rescatar del naufragio del tiempo las presencias, los gestos, las palabras. Simone de Beauvoir observó: “Si relataba en una composición un episodio de mi vida, escapaba al olvido, interesaba a otras personas, estaba definitivamente salvado.” Ella también encontró “el hechizo gracias al cual los signos impresos se transformaban en narración: sentí el deseo de inventar esa magia.”

En literatura la cuestión está, como decía Cela, en encontrar la propia voz, la voz de uno. “Si no encuentras tu voz personal estás jodido.” No sólo decir cosas, sino que resulten dichas por ti.

Pero falta tiempo. Al poeta Gil de Biedma le arrancó de esa esclavitud del tiempo su enfermedad, una tuberculosis, que le permitió el lujo de “ser nuevo rico en tiempo”, toda una sensación. Opinaba que su situación debía ser lo más parecido al mecenazgo de otras épocas. No es la vida lo que me come el tiempo, sino el trabajo. Aunque el trabajo también es parte de mi vida. Es un medio a través del cual siento, me comunico, conozco, pienso, sufro, escucho, disfruto, hablo, quiero...El abanico de personas que he conocido a través de mi trabajo es único e insustituible. Es rico, polimorfo, contradictorio, ambiguo, expresivo, significante. Pero, aún reconociendo eso, necesito tiempo.

Querría tener todo el tiempo del mundo para leer a literatos y a filósofos, historiadores y antropólogos, para escribir sobre el hombre y la vida, para ir de paseo por la vida, para observar esa vida en los rincones de la tierra. Eso quiero. Sólo los dioses pueden concederme un poquito de ese tiempo.

Esta vez no os he contado un viaje, o tal vez sí, un viaje interior.

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01 Oct 2008

EL ACCIDENTE DE BURKINA FASO

Escrito por: nuri-9 el 01 Oct 2008 - URL Permanente

El viejo Land Rover yacía boca arriba, envuelto en el silencio del sáhel africano castigado por el fuerte sol. A su alrededor había varios objetos esparcidos, después del accidente. Bidones de plástico de color naranja, cantimploras, una caja de herramientas, una colchoneta, un paquete de spaguetti...El depósito de gas-oil se había vaciado, bañándolo todo de una capa brillante y resbaladiza.

No recuerdo cómo salí, me encontré sentada en el suelo junto al coche volcado, sangrando por la cabeza, algo desorientada y con un fuerte dolor en el hombro. Una hilera de negritos nos rodeó, cuchicheaban contemplando la escena. El accidente ocurrió en Burkina Faso (la antigua Alto Volta, que estudié en el colegio), al desviarnos de nuestra ruta para entregar un paquete en un poblado, cerca de Gorom-Gorom. Entonces apareció milagrosamente un Toyota con tres cooperantes. Nos llevaron al hospital más cercano, donde recibimos la primera asistencia, y nos suturaron las heridas. Como no tenían aparato de Rx, tuvimos que ir hasta la capital, Ouagadogou, para hacernos radiografías. Éramos conscientes de que Burkina Faso es uno de los países más pobres de África, y que su sanidad tiene mucho que mejorar. Pero nos atendieron estupendamente. El balance total del accidente fue: fractura de tabique nasal, fractura de malar, dos fracturas de clavículas, y heridas y contusiones varias. Una de las clavículas era la mía. La del lado derecho, por ley de Murphy.

Había dos opciones: volver a casa para hacer reposo y convalecencia, o seguir el viaje. ¿Volver a casa? Ni hablar. El viaje seguía. Con vendaje y el brazo en cabestrillo, pero seguía. Dejé de ser autosuficiente, era imposible ponerme sola una camiseta o el sujetador, o lavarse el pelo, o incorporarse de la cama, o montar las tiendas, o escribir o hacer fotografías, cualquier cosa que necesitara los dos brazos. Hubo que aguantar el calor del vendaje, y el dolor por los saltos del todoterreno en las pistas de tierra. Pero el entusiasmo por el viaje y lo que íbamos viendo lo superaba todo.

Una vez “restaurados” los desperfectos humanos, fuimos al taller. Alguien dijo que había que limpiar el aceite vertido que todavía chorreaba. El mecánico dejó que una gota cayera en su dedo, se lo llevó a la boca y afirmó solemnemente: “Esto no es aceite: es miel”. Todos nos miramos y estallamos en una carcajada. Se había roto un bote de miel del equipaje. Durante varios días después de limpiar el coche, seguirían cayendo pequeñas gotas de miel del techo, derretida por el calor. Fue el punto dulce del accidente. Ah!...y el viaje fue fantástico.

El accidente sucedió hace un tiempo, pero he querido contar aquí la experiencia, y agradecer la ayuda de los cooperantes, y sobre todo, de las gentes de Burkina Faso, que nos atendieron y nos trataron de forma inmejorable, pese a sus carencias. Gracias África.. Por todo lo que nos diste, siempre gracias.
Y vosotros, los que leéis estas líneas, ¿hubierais regresado a casa?

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05 Sep 2008

AUTORETRATO Y DESPEDIDA

Escrito por: nuri-9 el 05 Sep 2008 - URL Permanente

Un viaje no empieza el día de partida. Se gesta con ilusión, imaginación y lectura. Creo que para disfrutarlo más, debe tener una preparación lenta y gradual, como la buena cocina. Leer todo lo posible sobre el lugar a donde se viaja, y preparar rutas e itinerarios. Estas fotos son mi mejor autoretrato: mis libros y yo. Los libros son un territorio inacabable, que siempre me descubren nuevos mundos. A través de ellos he hecho algunos de mis mejores viajes, sin salir de casa.

La lectura es para mí un placer desmedido y absorbente (como todos los placeres), y el empezar un libro exige el final cuanto antes, y el acabar un libro exige iniciar otro, y una lista de libros sucede a otra, y unos autores buscan a otros, y unas épocas remiten a otras, y unas ideas evocan a otras que deben leerse y escribirse en otros libros.
Leer un libro es escuchar a un autor, a una época, a unas ideas. Es tener una conversación con su autor. Es obligarte a pensar, a formular tu réplica y tu contraréplica, es hurgar dentro de tí, es conocimiento. El subrayado es mi manera de conversar con el autor, de interpelarle. Entiendo que pueda no gustar leer libros sobre determinados temas, o de determinados géneros, o que en función del temperamento nervioso uno tenga necesidad de más concentración y lea en pequeñas dosis. Pero hay infinidad de temas, de géneros, de estilos, de autores. A veces pienso que quien no sabe disfrutar de la lectura, no sabe escuchar lo que le rodea. Tampoco sabrá escucharme a mí.
Me gusta todo tipo de literatura, clásicos y contemporáneos, poesía, filosofía, viajes, antropología...Y la lectura a veces, es un detonante para escribir. Sólo sé que necesito escribir como respirar.

Philippe Roth escribió que "un libro no es sólo un libro, también es una puerta." Y es apasionante abrir nuevas puertas a la vida. Ahora estoy a punto de abrir una nueva puerta, de hacer un nuevo viaje, esta vez en el espacio real. Me despido de vosotros, los amigos que leeis este blog, sólo temporalmente.
Antes de irme, quiero preguntaros ¿qué significan para vosotros los libros?

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03 Sep 2008

SEÑALES VIAJERAS

Escrito por: nuri-9 el 03 Sep 2008 - URL Permanente

El viajero encuentra señales curiosas en sus recorridos. Este es uno de las muchos avisos que pueden verse en Australia, advirtiendo de la presencia de cocodrilos en ríos y en el mar.
Los cocodrilos son los reptiles de mayor tamaño. En el mundo hay 26 tipos, y en Australia hay de dos tipos: de agua salada o de estuario (saltwater), y de agua dulce (freshwater). No es ningún problema no saber inglés viendo las mandíbulas abiertas del bicho.
Los cocodrilos de agua salada se conocen allí como "salties", un nombre simpático y casi cariñoso para un animal que puede llegar a medir 5 metros y pesar más de 700kg., como el que exponen disecado en el Museo del Territorio del Norte en Darwin. En el Parque Nacional de Kakadú tuvimos oportunidad de ver algunos muy, muy cerquita, junto a la barca y tomando el sol en la orilla del río.
El cocodrilo de agua dulce es una especie única de Australia; los "salties" pueden encontrarse en India, Sudeste Asiático y Pápúa Nueva Guinea.

Y por si fueran pocas las advertencias contra los cocodrilos, hay otras señales que avisan sobre el peligro de medusas (yellowfish) de picadura mortal en unos instantes. Sí, sí, mortal. La temporada de las medusas era de octubre a mayo. Nuestro viaje fue en octubre, pero sobrevivimos a medusas, cocodrilos, termitas, mosquitos y demás agresores de viajeros.


Pero esta es mi señal favorita. Un aviso que encontré este mismo verano en la región de Babia en León. Si es que lo que no tengamos en España...La verdad es que estuvimos tan tranquilos y relajados que no oimos ni a los gallos, dormimos a pierna suelta.

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01 Sep 2008

MADAGASCAR: LA AVENIDA DE LOS BAOBABS

Escrito por: nuri-9 el 01 Sep 2008 - URL Permanente

Madagascar es la cuarta isla más grande del mundo, después de Australia, Islandia y Borneo. Está situada frente a las costas de Mozambique, en pleno Océano Índico. Y es un país africano diferente.

Aunque se está deforestando rápidamente, sobre todo en la parte sur donde vimos muchas hogueras de la quema de árboles, conserva mucho encanto y atractivos. Las mujeres de Madagascar utilizan todavía sus ropas tradicionales de telas coloridas, al más puro estilo africano. La gente, con su mezcla de razas y culturas, es otro atractivo. Negros, mestizos, hindúes, chinos malayos.., todas las combinaciones de rasgos exóticos y todas las tonalidades de piel.

La Avenida de los Baobabs de Morondava justifica por sí sola el viaje. Los baobabs aparecían a ambos lados de una pista de tierra roja. Son un tipo de árboles altos, con flores amarillas, y que contienen agua en su interior. Cuando llegamos un rebaño de cebús pastaba en una campiña verde con flores lilas, junto a una charca. Un niño de unos diez años era el pastor, y dirigía a los cebús con una vara.

Había baobabs de todos los tamaños y grosores. Medimos con los brazos el diámetro de un baobab grande: seis personas con los brazos extendidos, unos dos metros. La figura de una persona se veía diminuta comparándola con los troncos. Las ramas cortas se retorcían en formas caprichosas contra el cielo azul.

Los troncos de corteza grisácea pasaron a ser dorados en la puesta de sol. Vimos todos los cambios de tonalidad de la luz entre los árboles. El disco del sol cambió de amarillo a naranja y a rojo fuego hasta desaparecer. Regresamos en silencio, envueltos en una luz violeta oscuro, y llegamos a Morondava ya de noche.

Pero no sólo recordaremos de nuestro viaje la Avenida de los Baobabs. También el Parque Nacional Perinet, más verde y tropical, con más vegetación, donde incluso se puede hacer una excursión nocturna fantástica; los lemures, un tipo de monos de pelaje blanco; el Parque de Tsingy es una curiosidad por sus formaciones rocosas en forma de agujas y picos, y resulta divertido recorrer sus cuevas y gargantas.; el río Tsiribihina, donde la gente se baña y lava la ropa al atardecer; el lago Tritriva; Miandrivazo; la costa de Ifaty; la bulliciosa capital Antananarivo (que los malgaches abrevian como Tana); las maravillosas islas de Saint Marie (Nosy Boraha) y Nosy Nato con sus playas de aguas turquesas del Océano Índico...

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28 Ago 2008

ALDEAS DE FILIPINAS

Escrito por: nuri-9 el 28 Ago 2008 - URL Permanente

En Filipinas todavía sobreviven algunas minorías étnicas en aldeas apartadas. Quisimos conocer a los kalinga, en el norte de la isla de Luzón. Desde Bontoc, llegar al punto de partida del trekking, que era el pueblo de Kinglayán, tardamos unas tres horas de bus. La pista discurría por un camino entre montañas alfombradas de verde. La rueda del autobús rozaba el borde del precipicio. Íbamos bordeando el río, que se veía abajo discurriendo con sus aguas marrones. En un recodo tuvimos que parar y retroceder porque estaban dinamitando la pista.. Los desprendimientos de grandes rocas obstaculizaban la carretera, y entonces debían usar la dinamita.

Estuvimos unos días caminando por la zona, visitando las aldeas Ambato, Tunglay, Luplupa y Butbut. Cruzamos un río a través de un puente colgante. El camino era entre las terrazas de arroz escalonadas, y búfalos de agua. Encontramos a la gente haciendo sus tareas cotidianas: moliendo el grano con el mortero, poniendo a secar al sol el arroz y el chili en esteras, cocinando, transportando cestas, lavando la ropa, haciendo la siesta, hablando entre ellos...Nos estrechaban la mano y sonreían, preguntaban de dónde éramos y querían saciar su curiosidad.
Vimos varios ancianos que habían sido cazadores de cabezas en el pasado: eso les daba derecho a tatuarse los brazos y el tórax con un tipo especial de tatuaje. Las mujeres kalinga también tenían los brazos tatuados. Nos dijeron que se tardaba un día en tatuar cada brazo. Al preguntarles qué edad tenían, muchos ni lo sabían. Otros contestaron que 85 o 90 años. Tenían los ojillos brillantes y la piel surcada por el tiempo.

Cerca de la aldea encontramos una catarata que caía con fuerza. Nos bañamos en la espumosa piscina que formaba. Era como un jacuzzi natural, y sentías la presión de la corriente contra piernas y cuerpo. Fue un baño refrescante y delicioso.
Butbut fue el último pueblo kalinga que visitamos. Sus casas eran más antiguas que las de otros pueblos, todas construidas en madera, con tejados de cáñamo y sin uralitas que las afeasen. Había ancianas muy arrugaditas, con los pechos desnudos colgando, y con el pelo blanco muy largo. Llevaban como diadema una piel de serpiente disecada. Muchas fumaban en pipa y escupían constantemente. Nos enseñaron la marihuana que cultivaban. Los cerdos y gallinas deambulaban por todas partes. Paseamos por todo el pueblo, vimos el arroz secándose al sol y alguna mazorca de maíz colgada del techo, nos metimos en las cocinas entre los fogones, y estrechamos la mano de todo el mundo. Durante aquellos días dormimos en sus casas, conversamos, jugamos con los niños y cenamos a la luz de las candelas. Fue una parte muy especial del viaje a Filipinas.

23 Ago 2008

LOS CAYOS DE BELICE

Escrito por: nuri-9 el 23 Ago 2008 - URL Permanente

Nuestro viaje fue a Guatemala, y decidimos acercarnos unos días a Belize. Según habíamos leído Belize era un país pequeño y encantador, con democracia y que nunca había sufrido un golpe de estado. No tenía ejército; sólo un pequeño cuerpo de fuerzas de defensa. La única pega era que era más caro que Guate.

Desde Flores, en Guatemala, cruzamos la frontera en bus. Atravesamos la capital Belmopan, de casas de colores de dos plantas, y seguimos hasta Belize City. Tardamos cinco horas en llegar. Desde allí una lancha nos llevó hasta Cayo Caulker en unos cuarenta y cinco minutos.
El pueblo de Cayo Caulker estaba formado básicamente por dos calles paralelas. Eran calles de arena, sin pavimentar, y los únicos vehículos eran bicicletas y buggies eléctricos y silenciosos. Algunos hablaban castellano con acento cubano. Había una comunidad de población negra con rastas, con su estilo inconfundible, con gorros coloridos abultados por las trenzas.

Los Cayos son islas dentro de la barrera del arrecife. Cuando llegamos desde la playa se veían a lo lejos las crestas de espuma blanca y se oía el rugido de las olas. El color del Mar Caribe alternaba franjas verdes y azul turquesa. Toda la línea de playa tenía embarcaderos con pasarelas sobre postes de madera, que se adentraban en el mar, ya que la marea bajaba mucho. Nos alojamos en unas cabañas-palafitos pintadas de color lila. Nos dimos una merecida ducha y salimos a explorar el Cayo. En la primera línea de la costa había construido demasiado para nuestro gusto. Fue curioso encontrar también en primera línea un cementerio. Debía ser el cementerio con mejores vistas. La mejor zona para bañarse estaba a la derecha del muelle. Allí nos remojamos.

Contratamos una excursión para hacer snorkelling, con Carlos y Oswaldo, un chileno de larga melena como guías. Hicimos dos inmersiones en lugares diferentes y comimos en Cayo San Pedro. Carlos se sumergió con nosotros con traje de neopreno y una vara larga que utilizaba para hacer salir a los peces de sus escondites. Vimos una morena, alargada y sinuosa como una serpiente, de un color verde oscuro. Las rayas, de cuerpo plano y cola afilada, iban en parejas. Eran de color gris oscuro, aunque tuvimos la suerte de ver una raya águila, un poco más ancha y con manchas en su piel. En la primera inmersión encontramos una gran tortuga marina a pocos metros de nosotros. Flotaba ligera en el agua, moviendo la cabeza y las patas. Tenía un bonito caparazón.

Además vimos anémonas de mar, corales con surcos como laberintos, corales ramificados como uno de color lila que llaman “abanico real”, y tubulares con forma de dedos que se movían con la corriente. Hubo un momento en que estábamos rodeados de grandes peces, que se cruzaban entre nuestras piernas. Vimos peces amarillos, rayados, azul eléctrico, peces trompetas, alargados y con la forma de la boca que realmente recordaba a ese instrumento. Un pequeño tiburón con las aletas dorsales pasó cerca y se perdió en el límite del abismo de la barrera de coral. Íbamos nadando bordeando el límite de ese abismo, envueltos en ese silencio acuático que nos impresionaba.

Como despedida cenamos en “Los Habaneros” en un porche a la luz de un quinqué. Pescado al grill con acompañamiento de fríjoles, y puré de papas con ajito. Riquísimo. El cielo estaba repleto de estrellas que se distinguían con una nitidez especial. Reconocimos a Orión.

Al día siguiente volvimos en lancha a Belice City, y allí cogimos un bus a Punta Gorda, en el extremo sur, para cruzar de nuevo a Guatemala. Tardamos unas nueve horas en hacer el trayecto. La inmersión en los cayos nos había dejado un recuerdo inolvidable. Pero el viaje seguía...

© Copyright 2008 Nuria Millet

18 Ago 2008

LOS PESCADORES DE KOVALAM

Escrito por: nuri-9 el 18 Ago 2008 - URL Permanente

Desde Cochín cogimos un tren hasta Trivandrum, en el sur. Cada vez nos gustaba más viajar en tren por la India. El paisaje era bonito, y si no mirabas hacia fuera, mirabas hacia dentro, que es todo un espectáculo ver cómo se trasladan los hindúes con sus bártulos.

En estación de tren de Trivandrum cogimos un ricksaw directo a la playa de Kovalam, que según leímos, era la mejor playa de toda la India. Veníamos de las playas de Goa y no nos decepcionó. Nos alojamos en un bonito y sencillo bungalow frente al mar, y comimos viendo las crestas de espuma.

Kovalam tenìa dos grandes calas con cientos de palmeras inclinándose a pocos metros del mar. Nos colocamos a la sombra de una de ellas, tumbados en una esterilla, mientras comíamos una deliciosa y jugosa piña, papaya o mango por unas pocas rupias. Las vendedoras de frutas paseaban con sus cestas de mimbre sobre la cabeza, por las que asomaban las crestas de las piñas o el color naranja intenso de las papayas. Mantenían las espaldas rectas y paseaban sus estilizadas figuras envueltas en saris de colores.

Por la mañana vimos como los pescadores recogían las redes. Se colocaban en hilera y tiraban de una gruesa soga, andando hacia atrás. Eran hileras de unas quince personas, y al llegar al término de la arena, volvían a colocarse al principio de la cadena para seguir estirando. Mientras, la soga iba enrollándose en vueltas circulares como una dócil serpiente. Los montones de soga llegaban a la altura de medio cuerpo de un hombre. Había varias sogas plegadas sobre la arena.

Estuvimos un buen rato mirando como sacaban las redes, hasta que uno de los pescadores nos invitó a que los ayudáramos, o mejor dicho, que lo intentáramos. Así que nos metimos entre la cadena de hombres y tiramos con todas nuestras fuerzas de las sogas, mientras oíamos como los hombres cantaban para mantener el ritmo. Todos iban con longuis, los pañuelos anudados a la cintura, como una falda corta, el torso desnudo o con una camiseta y otro pañuelo enrollado en la cabeza a modo de turbante. Los músculos de sus piernas y sus brazos se tensaban, y su piel brillaba mojada por el agua del mar.

Cuando se acabó la soga salieron finalmente las redes, y las tendieron en la arena. Un montón de brillantes peces plateados aleteaban dentro de la trampa, haciendo una especie de chasquido. Los pescadores esperaron unos minutos, y cuando los peces dejaron de moverse un poco abrieron las redes y sacaron a las medusas que se habían colado, echándolas en la arena. En cuestión de segundos colocaron el pescado en cestas, y luego los niños recogieron los peces pequeños que quedaban.

En uno de los extremos de la playa estaba el faro de Kovalam, pintado a franjas rojas y blancas sobre una colina rocosa salpicada de palmeras. Por las noches guiaba a las barcas de los pescadores cuyas luces veíamos a lo lejos. Al día siguiente partimos hacia Mahabalipuram, donde fuimos invitados a una boda. Pero esa es otra historia.

Sobre este blog

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NuriaNomada

Viajera vocacional, viajo en el tiempo y en el espacio. Admiro a viajeros como Alexandra David-Néel, Richard Burton o Ryszard Kapuscinski, cuya época y cuyos viajes son irrepetibles. Pero creo que aunque casi todo este ya descrito y descubierto, un viajero siempre podrá ofrecer su mirada sobre aquello que ve y disfruta temporalmente.
Me gusta todo tipo de naturaleza (montaña y playa, selvas y desiertos, mares y ríos), las ciudades históricas coloniales, las indumentarias y costumbres diferentes, la gastronomía, los mercados, las charlas con la gente y volverme invisible de vez en cuando para observar sin interferir. Me gustaría disponer de tiempo sin límite para viajar y escribir.

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