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    <body>&lt;img src='http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/12ap&#243;stolesfir.jpg' id='img_0' class='imgcen'/&gt;

Caminamos al borde de los impresionantes &lt;STRONG&gt;acantilados&lt;/STRONG&gt; verticales de piedra caliza, de colores ocre y amarillo. Junto a ellos, en el mar, hab&#237;a gigantescos pin&#225;culos o agujas marinas que llamaban los&lt;STRONG&gt; Doce Ap&#243;stoles&lt;/STRONG&gt;. Est&#225;bamos en el Parque Nacional de Port Campbell, pr&#243;ximo a Melbourne. S&#243;lo quedaban ocho ap&#243;stoles y dec&#237;an que debido a la erosi&#243;n marina acabar&#237;an por desaparecer. Le&#237;mos que &lt;STRONG&gt;cada catorce segundos la piedra recib&#237;a el impacto de una ola&lt;/STRONG&gt;. Esa erosi&#243;n formaba cuevas y agujeros arqueados en las rocas. El mar ten&#237;a fuerza en aquella zona y una franja de espuma blanca festoneaba los acantilados.



&lt;IMG class=imgcen id=img_1 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/Doceap&#243;stoles.jpg"&gt;Vimos la ensenada donde naufrag&#243; un barco que viajaba de Londres a Sidney en 1878, tras tres meses de traves&#237;a. Estaba a punto de llegar y haciendo los preparativos de una fiesta para celebrarlo, cuando naufrag&#243;. S&#243;lo sobrevivieron dos personas. El lugar se bautiz&#243; &lt;STRONG&gt;Loch Ard Gorge&lt;/STRONG&gt; en recuerdo del barco. A pesar de lo dram&#225;tico de los sucesivos &lt;STRONG&gt;naufragios&lt;/STRONG&gt; en aquellas costas, las playas eran bell&#237;simas.



&lt;IMG class=imgcen id=img_3 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/Doceap&#243;stolessol.jpg"&gt;

&lt;IMG class=imgcen id=img_2 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/PuenteAustralia.jpg"&gt;Junto a la ensenada, una roca formaba un puente natural sobre el mar. La llamaban &lt;STRONG&gt;London Bridge&lt;/STRONG&gt;. Los ap&#243;stoles se ergu&#237;an imponentes resistiendo los embates de las olas, cuyo impacto pod&#237;amos oir. Una muestra m&#225;s del perfecto arquitecto que puede ser la erosi&#243;n en la naturaleza.


&#169; Copyright 2009 Nuria Millet Gallego

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    <title>LOS DOCE AP&#211;STOLES AUSTRALIANOS</title>
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    <body>&lt;IMG class=imgcen id=img_0 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/Koalagrandefir.JPG"&gt;

No se me ocurre ning&#250;n animal que simbolice mejor el perezoso mes de agosto que el simp&#225;tico koala. 

Desde &lt;STRONG&gt;Port Douglas &lt;/STRONG&gt;en las costa este australiana fuimos al &lt;STRONG&gt;Parque Nacional de Daintre&lt;/STRONG&gt;, donde encontramos los primeros &lt;STRONG&gt;koalas&lt;/STRONG&gt; en libertad. Tambi&#233;n los vimos cerca de Melbourne. Estos curiosos animales son mam&#237;feros y arbor&#237;colas. Estaban reposando en las ramas, algunos dormitando y otros moviendo la cabeza perezosamente. Se sentaban en las ramas altas para comer los brotes tiernos. Pero tuvimos a uno de ellos al alcance de la mano. Estaba con su cr&#237;a en una rama baja, comiendo hojas. Ten&#237;a una cara simp&#225;tica, con un hocico negro y plano, y ojos y orejas redondas.

 
Dos de ellos dorm&#237;an juntos, uno sobre otro en la misma rama, convertidos en dos bolas peludas. Le&#237; que los koalas &lt;STRONG&gt;duermen veinte horas al d&#237;a&lt;/STRONG&gt;. Podr&#237;a decirse que llevan una vida relajada. No s&#233; si advirtieron nuestra silenciosa observaci&#243;n, pero me llev&#233; sus im&#225;genes en la memoria.

&#169; Copyright 2009 Nuria Millet Gallego




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    <title>LOS KOALAS AUSTRALIANOS</title>
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    <body>&lt;img src='http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/AustraliaKakad&#250;.jpg' id='img_3' class='imgizqda'/&gt; 
&lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;FONT face="Times New Roman" size=3&gt;La primera noche en Australia la pasamos al raso, contemplando las estrellas del firmamento de las ant&#237;podas, la Cruz del Sur que orientaba a los antiguos navegantes. Est&#225;bamos en el Parque Nacional de Kakad&#250;, en Darwin, la zona tropical del continente. Australia tiene un territorio quince veces mayor que Espa&#241;a y mucha naturaleza variada que ofrecer. En todo el pa&#237;s hay setecientos (&#161;) Parques Nacionales; nosotros s&#243;lo visitamos ocho de ellos.&lt;/FONT&gt;

 &lt;P class=MsoBodyText style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt;&lt;FONT face="Times New Roman" size=3&gt;En Kakad&#250; cogimos un bote por el r&#237;o Allig&#225;tor para ver los cocodrilos. El barquero ten&#237;a las letras &#8220;L-O-V-E&#8221; tatuadas en los nudillos de la mano. Con un peque&#241;o espejo que reflejaba la luz solar nos se&#241;alaba las serpientes enroscadas en las ramas de los &#225;rboles. El r&#237;o estaba repleto de nen&#250;fares, algunos de m&#225;s de dos palmos de di&#225;metro, con flores lilas abiertas. A dos metros de distancia vimos un cocodrilo medio sumergido en la superficie del agua, como un tronco flotante, con la diferencia de que se distingu&#237;an sus negros ojos y sus escamas. Otro tomaba el sol en la orilla fangosa, junto a los manglares, totalmente inm&#243;vil.&lt;/FONT&gt;

 &lt;P class=MsoBodyText style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt;&lt;FONT face="Times New Roman" size=3&gt;Tambi&#233;n disfrutamos de las cascadas que formaban piscinas naturales. Llegamos a una garganta circular con altas paredes de roca. La catarata Jim Jim ca&#237;a en una laguna de unos cincuenta metros de di&#225;metro, con aguas profundas de color verde oscuro. Un cartel advert&#237;a de los peligros del ba&#241;o por la presencia de cocodrilos. Nos dijeron que en aquella &#233;poca no hab&#237;a, y nadamos con la esperanza de que no hubiera ning&#250;n cocodrilo despistado.&lt;/FONT&gt;

 &lt;P class=MsoBodyText style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt;&lt;FONT face="Times New Roman" size=3&gt;Cerca de Darwin est&#225; el Parque Nacional de Lichtfield con termiteros gigantes de varios metros de altura. El que llaman la Catedral tiene 6 metros de altura. Son pin&#225;culos de tierra rojiza endurecida. Las termitas construyen hacia arriba para mantener una temperatura c&#225;lida constante. Algunos los llaman mont&#237;culos magn&#233;ticos porque est&#225;n orientados hacia el norte.&lt;/FONT&gt;

 &lt;P class=MsoBodyText style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt;&lt;FONT face="Times New Roman" size=3&gt;Desde Darwin un avi&#243;n nos llev&#243; en dos horas hasta Alice Spring. Es la base para ver Uluru, la roca sagrada de los abor&#237;genes, conocida como Ayers Rock. Es cierto que la piedra arenisca tiene un color rojizo a pleno sol, que cambia a tonalidades anaranjadas y rosa azulado en la puesta de sol. Adem&#225;s de Uluru vale la pena hacer una excursi&#243;n guiados por rangers por las monta&#241;as llamadas Olgas y al King Canyon. El ca&#241;&#243;n tiene forma de herradura y paredes de cien metros de altura.&lt;/FONT&gt;

 &lt;P class=MsoBodyText style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;FONT face="Times New Roman"&gt;En Alice sobrevive una peque&#241;a comunidad de abor&#237;genes; muchos han ca&#237;do en el alcoholismo, pero otros venden sus productos de artesan&#237;a a trav&#233;s de las tiendas de recuerdos. Hay cuadros pintados con t&#233;cnica puntillista sobre cortezas de &#225;rbol, boomerangs, digeridoos...Las pinturas abor&#237;genes representan sue&#241;os o im&#225;genes sagradas.&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;  &lt;/SPAN&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/FONT&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;FONT face="Times New Roman" size=3&gt;En la costa este, nos esperaba Port Douglas y Cabo Tribulaci&#243;n. All&#237; disfrutamos de fant&#225;sticas y solitarias playas con palmeras y arena blanca, y de la Gran Barrera de Coral, donde los peces de todas las formas y colores posibles nadaban a nuestro alrededor. Pueden verse peces payaso, rojos con franjas blancas, los alargados peces trompeta, y otros azul el&#233;ctrico con la cola amarilla, negros con la cola blanca, verdes con toques de azul, rosados con manchas negras, amarillos con franjas negras...Alguno mir&#243; insolente el objetivo de nuestra c&#225;mara submarina; est&#225;bamos invadiendo su mundo. La vegetaci&#243;n llega cerca de la orilla, hay zonas de manglares, y altas monta&#241;as custodian la playa. Tambi&#233;n aqu&#237; encontramos se&#241;ales advirtiendo del peligro de cocodrilos, estos de agua salada, llamados &#8220;salties&#8221;, que bajan por la desembocadura del r&#237;o.&lt;/FONT&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;FONT face="Times New Roman" size=3&gt;La &#250;ltima etapa fueron las ciudades de Melbourne, que conserva el tranv&#237;a y edificios antiguos, y&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;  &lt;/SPAN&gt;la gran Sydney con su inolvidable bah&#237;a y sus verdes parques. &lt;/FONT&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;FONT face="Times New Roman" size=3&gt;En el Parque Nacional de Otways nos impresionaron los inmensos troncos de los bosques tropicales, algunos con huecos donde cab&#237;a una persona., y los acantilados de Port Campbell de roca horadada por la fuerza del mar; hay un grupo de grandes rocas en el mar que se conoce como los Doce Ap&#243;stoles. A Port Campbell se llega desde Melbourne por la famosa Great Ocean Road, la carretera que bordea el Oc&#233;ano Pac&#237;fico y que ofrece unas vistas espectaculares.&lt;/FONT&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;FONT face="Times New Roman" size=3&gt;Los simp&#225;ticos canguros pueden verse en varios lugares del pa&#237;s, en parques y en libertad. Es curioso comprobar que los coches van equipados con una barra anticanguros delantera porque son frecuentes los accidentes. Y hasta los pilotos, azafatas y todos los miembros de la tripulaci&#243;n de Quantas tienen un canguro bordado en la espalda de su camisa. &#193;dem&#225;s de los canguros, em&#250;es y koalas, sorprende poder ver ping&#252;inos, en el Parque Nacional de Philip Island. Los ping&#252;inos beben agua de mar y excretan la sal a trav&#233;s de una gl&#225;ndula que tienen en el lagrimal del ojo. Al oscurecer los vimos venir nadando por el mar; atravesaban la playa y se dirig&#237;an a sus nidos dispersos entre las vegetaci&#243;n de las dunas. Las olas depositaban en la arena a grupos de unos diez ping&#252;inos, de movimientos torpes e indecisos, como si desconfiaran o pudieran intuir la presencia de extra&#241;os en sus dominios. Ser testigos de su llegada nocturna fue nuestro &#250;ltimo recuerdo de Australia.&lt;/FONT&gt;

&#169; Copyright 2008 Nuria Millet Gallego</body>
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    <title>COCODRILOS Y PING&#220;INOS EN AUSTRALIA</title>
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