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Nuestro viaje fue a Guatemala, y decidimos acercarnos unos d&#237;as a &lt;STRONG&gt;Belize&lt;/STRONG&gt;. Seg&#250;n hab&#237;amos le&#237;do Belize era un pa&#237;s peque&#241;o y encantador, con democracia y que nunca hab&#237;a sufrido un golpe de estado. No ten&#237;a ej&#233;rcito; s&#243;lo un peque&#241;o cuerpo de fuerzas de defensa. La &#250;nica pega era que era m&#225;s caro que &lt;STRONG&gt;Guate&lt;/STRONG&gt;.

Desde Flores, en Guatemala, cruzamos la frontera en bus. Atravesamos la capital &lt;STRONG&gt;Belmopan&lt;/STRONG&gt;, de casas de colores de dos plantas, y seguimos hasta Belize City. Tardamos cinco horas en llegar. Desde all&#237; una lancha nos llev&#243; hasta Cayo Caulker en unos cuarenta y cinco minutos.
El pueblo de &lt;STRONG&gt;Cayo Caulker &lt;/STRONG&gt;estaba formado b&#225;sicamente por dos calles paralelas. Eran calles de arena, sin pavimentar, y los &#250;nicos veh&#237;culos eran bicicletas y buggies el&#233;ctricos y silenciosos. Algunos hablaban &lt;STRONG&gt;castellano con acento cubano&lt;/STRONG&gt;. Hab&#237;a una comunidad de poblaci&#243;n negra con &lt;STRONG&gt;rastas&lt;/STRONG&gt;, con su estilo inconfundible, con gorros coloridos abultados por las trenzas.

Los &lt;STRONG&gt;Cayos&lt;/STRONG&gt; son islas dentro de la barrera del arrecife. Cuando llegamos desde la playa se ve&#237;an a lo lejos las crestas de espuma blanca y se o&#237;a el rugido de las olas. El color del &lt;STRONG&gt;Mar Caribe &lt;/STRONG&gt;alternaba franjas verdes y azul turquesa. Toda la l&#237;nea de playa ten&#237;a embarcaderos con pasarelas sobre postes de madera, que se adentraban en el mar, ya que la marea bajaba mucho. Nos alojamos en unas &lt;STRONG&gt;caba&#241;as-palafitos &lt;/STRONG&gt;pintadas de color lila. Nos dimos una merecida ducha y salimos a explorar el Cayo. En la primera l&#237;nea de la costa hab&#237;a construido demasiado para nuestro gusto. Fue curioso encontrar tambi&#233;n en primera l&#237;nea un &lt;STRONG&gt;cementerio&lt;/STRONG&gt;. Deb&#237;a ser el cementerio con mejores vistas. La mejor zona para ba&#241;arse estaba a la derecha del muelle. All&#237; nos remojamos.

Contratamos una excursi&#243;n para hacer &lt;STRONG&gt;snorkelling&lt;/STRONG&gt;, con Carlos y Oswaldo, un chileno de larga melena como gu&#237;as. Hicimos dos inmersiones en lugares diferentes y comimos en &lt;STRONG&gt;Cayo San Pedro&lt;/STRONG&gt;. Carlos se sumergi&#243; con nosotros con traje de neopreno y una vara larga que utilizaba para hacer salir a los peces de sus escondites. Vimos una &lt;STRONG&gt;morena&lt;/STRONG&gt;, alargada y sinuosa como una serpiente, de un color verde oscuro. Las rayas, de cuerpo plano y cola afilada, iban en parejas. Eran de color gris oscuro, aunque tuvimos la suerte de ver una &lt;STRONG&gt;raya &#225;guila&lt;/STRONG&gt;, un poco m&#225;s ancha y con manchas en su piel. En la primera inmersi&#243;n encontramos una gran &lt;STRONG&gt;tortuga &lt;/STRONG&gt;marina a pocos metros de nosotros. Flotaba ligera en el agua, moviendo la cabeza y las patas. Ten&#237;a un bonito caparaz&#243;n. 

&lt;IMG class=imgcen id=img_2 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/bel.jpg"&gt;

Adem&#225;s vimos &lt;STRONG&gt;an&#233;monas de mar&lt;/STRONG&gt;, corales con surcos como laberintos, &lt;STRONG&gt;corales ramificados &lt;/STRONG&gt;como uno de color lila que llaman &#8220;abanico real&#8221;, y tubulares con forma de dedos que se mov&#237;an con la corriente. Hubo un momento en que est&#225;bamos rodeados de &lt;STRONG&gt;grandes peces&lt;/STRONG&gt;, que se cruzaban entre nuestras piernas. Vimos peces amarillos, rayados, azul el&#233;ctrico, peces trompetas, alargados y con la forma de la boca que realmente recordaba a ese instrumento. Un peque&#241;o &lt;STRONG&gt;tibur&#243;n&lt;/STRONG&gt; con las aletas dorsales pas&#243; cerca y se perdi&#243; en el l&#237;mite del abismo de la &lt;STRONG&gt;barrera de coral&lt;/STRONG&gt;. &#205;bamos nadando bordeando el l&#237;mite de ese abismo, envueltos en ese silencio acu&#225;tico que nos impresionaba.

&lt;IMG class=imgcen id=img_1 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/bel2.jpg"&gt;

Como despedida cenamos en &#8220;Los Habaneros&#8221; en un porche a la luz de un quinqu&#233;. Pescado al grill con acompa&#241;amiento de fr&#237;joles, y pur&#233; de papas con ajito. Riqu&#237;simo. El cielo estaba repleto de &lt;STRONG&gt;estrellas &lt;/STRONG&gt;que se distingu&#237;an con una nitidez especial. Reconocimos a &lt;STRONG&gt;Ori&#243;n&lt;/STRONG&gt;.

Al d&#237;a siguiente volvimos en lancha a Belice City, y all&#237; cogimos un bus a &lt;STRONG&gt;Punta Gorda&lt;/STRONG&gt;, en el extremo sur, para cruzar de nuevo a Guatemala. Tardamos unas nueve horas en hacer el trayecto. La inmersi&#243;n en los cayos nos hab&#237;a dejado un recuerdo inolvidable. Pero el viaje segu&#237;a...

&#169; Copyright 2008 Nuria Millet Gallego</body>
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    <title>LOS CAYOS DE BELICE</title>
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