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    <body>&lt;IMG class=imgcen id=img_1 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/Bicicletacestasfir.JPG"&gt;


Las bicicletas son un medio de transporte habitual en los pa&#237;ses asi&#225;ticos. Y &lt;STRONG&gt;Camboya&lt;/STRONG&gt; no es la excepci&#243;n. Lo curioso es observar como acarrean todo tipo de mercanc&#237;as, a veces en un precario equilibrio. Todo tipo de objetos y animales se acumulan y apilan en arquitecturas imposibles que casi ocultan al conductor: cestas, frutas, pescados, barras de pan, palanganas, mazorcas de ma&#237;z, le&#241;a, flores, ca&#241;as de bamb&#250;...


&lt;IMG class=imgcen id=img_0 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/Bicicletacestas2fir.JPG"&gt;

Tambi&#233;n es habitual ver a monjes budistas con su t&#250;nica azafr&#225;n, y familias enteras sobre las bicis. Recuerdo haberme cruzado con una bicicleta con un padre, tres hijos y un beb&#233; en brazos de la madre, que todav&#237;a dispon&#237;a de una mano libre para saludar a la extranjera que los miraba asombrada.


&lt;IMG class=imgcen id=img_0 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/Bicis400fir.JPG"&gt;

La foto de las bicicletas con cestas es de &lt;STRONG&gt;Battambang&lt;/STRONG&gt;, la segunda ciudad m&#225;s grande de &lt;STRONG&gt;Camboya&lt;/STRONG&gt; despu&#233;s de &lt;STRONG&gt;Phnom Penh&lt;/STRONG&gt;, con el aspecto de una poblaci&#243;n peque&#241;a y tranquila a orillas del &lt;STRONG&gt;r&#237;o Sangker&lt;/STRONG&gt;.
All&#237; coincidimos con una &lt;STRONG&gt;celebraci&#243;n del final de la estaci&#243;n de las lluvias&lt;/STRONG&gt;. Al anochecer la multitud se agolp&#243; en las orillas para dejar sus ofrendas en el r&#237;o. Las ofrendas eran peque&#241;as balsas de bamb&#250; con comida, flores y velas. En la oscuridad de la noche se ve&#237;an decenas de ofrendas bajando por el r&#237;o, como luces oscilantes arrastradas por la corriente. Luego la gente se dispers&#243;, y regresaron a sus casas, a pie o en bicicletas. Ese es uno de los muchos recuerdos que tengo Camboya.


&lt;IMG class=imgcen id=img_3 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/Bicicletani&#241;os2fir.JPG"&gt;

&#169; Copyright 2009 Nuria Millet Gallego
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    <title>BICICLETAS DE CAMBOYA</title>
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    <body>&lt;IMG class=imgcen id=img_0 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/Sonrisatemplofir.JPG"&gt;

Estas sonrisas son del &lt;STRONG&gt;s.XII&lt;/STRONG&gt;. Sonrisas de piedra que nos hablan de un gran imperio del pasado, el &lt;STRONG&gt;Imperio Khmer&lt;/STRONG&gt;. Era impresionante observar de cerca los detalles de la piedra labrada, expuesta a lluvias y soles. S&#243;lo la decadencia del imperio las sumi&#243; en el olvido, y permanecieron durante siglos escondidas entre la vegetaci&#243;n, hasta que en 1860 fueron descubiertas por el explorador franc&#233;s &lt;STRONG&gt;Henry Mouhot&lt;/STRONG&gt;.

Encontrar en la jungla &lt;STRONG&gt;doscientas caras de piedra sonrientes &lt;/STRONG&gt;es algo que no se olvida. Las caras formaban parte del &lt;STRONG&gt;Templo Bayon&lt;/STRONG&gt;, uno de los &lt;STRONG&gt;Templos de Angkor&lt;/STRONG&gt;, en &lt;STRONG&gt;Camboya&lt;/STRONG&gt;. Estaban esculpidas en los cuatro lados de sus cincuenta y cuatro torres g&#243;ticas Como hab&#237;a varios niveles pod&#237;as acercarte junto a ellas. Cada cara ten&#237;a la altura de una persona. Los labios eran gruesos, sonrientes, y las orejas alargadas. Dec&#237;an que las caras representaban a su constructor, Jayavarman VII. Por todas partes hab&#237;a perfiles y rostros observ&#225;ndonos. Eso convert&#237;a al templo en &#250;nico.


&lt;IMG class=imgcen id=img_1 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/TemploBayonfir.JPG"&gt;

Vimos la salida del sol frente al Bay&#243;n. La luz ilumin&#243; sus caras de un tono amarillo p&#225;lido. Todo estaba en silencio, y se o&#237;a el canto de alg&#250;n p&#225;jaro en la jungla.

Y estas otras t&#237;midas sonrisas, de una ni&#241;a y una anciana, pertenecen a nuestro tiempo. Una vivi&#243; las atrocidades de los &lt;STRONG&gt;Jemeres Rojos &lt;/STRONG&gt;y del r&#233;gimen de &lt;STRONG&gt;Pol Pot&lt;/STRONG&gt;. La otra no. Pero las dos sonre&#237;an. Sonrisas de ese bello pa&#237;s asi&#225;tico que es Camboya.


&lt;IMG class=imgcen id=img_2 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/SonrisaCamboya2fir.JPG"&gt;

&lt;IMG class=imgcen id=img_3 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/SonrisaCamboyafir.JPG"&gt;


&#169; Copyright 2009 Nuria Millet Gallego</body>
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    <nicetitle>sonrisas-angkor</nicetitle>
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    <title>SONRISAS DE ANGKOR</title>
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    <body>&lt;IMG class=imgcen id=img_1 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/Camboya1.jpg"&gt;
La visita de los &lt;STRONG&gt;templos de Angkor&lt;/STRONG&gt;, las viejas piedras entre la verde vegetaci&#243;n, se queda grabada para siempre en la memoria. Pasamos tres d&#237;as enteros recorriendo los templos, en dos motos alquiladas. Boram y Chetra fueron nuestros simp&#225;ticos conductores. La moto era el transporte ideal porque van a poca velocidad, puedes disfrutar del paisaje y alivias el calor.
La primera parada fue el impactante &lt;STRONG&gt;Angkor Wat&lt;/STRONG&gt;. Un amplio foso de agua lo rodeaba. La civilizaci&#243;n khmer ten&#237;a un complejo sistema de regad&#237;o. La avenida que conduc&#237;a hasta el templo era largu&#237;sima; le&#237;mos que ten&#237;a 475 de longitud y 9,5m. de anchura. A lo largo de toda la avenida hab&#237;a una balaustrada de piedra con forma de serpiente, la mitol&#243;gica Naga, y a ambos lados estaban dos estanques con nen&#250;fares flotantes. Al fondo aparec&#237;an las tres torres principales, de piedra oscura, y el resto de torres asomando por los laterales. El entorno era muy h&#250;medo y verde. Era un templo enorme, nos sorprendi&#243; su gran tama&#241;o. 
Recorrimos durante horas el laberinto de galer&#237;as. Hab&#237;a muy pocos turistas, y de vez en cuando nos cruz&#225;bamos con un monje de t&#250;nica azafr&#225;n. Las paredes de las galer&#237;as ten&#237;an bajorrelieves muy bien conservados, considerando que eran del s. X. Representaban escenas de la mitolog&#237;a hind&#250;: guerreros luchando, figuras en elefantes, hombres en barcas...En las paredes hab&#237;a muchas apsaras, una especie de capillas esculpidas en la piedra con bailarinas de pechos redondos y descubiertos, y aretes en los tobillos. Cuando sal&#237;a el sol iluminaba las figuras y bajorrelieves d&#225;ndoles una tonalidad dorada.

Seguimos visitando el &lt;STRONG&gt;Angkor Tom&lt;/STRONG&gt;, que es una ciudad fortificada con cinco puertas. Las puertas impresionaban porque parec&#237;an una entrada a la selva, y delante ten&#237;a cincuenta y cuatro estatuas de dioses y demonios, casi todas decapitadas por el expolio que sufri&#243; Camboya despu&#233;s de la guerra. Dentro de la ciudad de Angkor Tom recorrimos los templos Bayon, Bapturon y la Terraza de los Elefantes.

El &lt;STRONG&gt;Templo de Bay&#243;n&lt;/STRONG&gt;, pese a lo le&#237;do, fue otra gran sorpresa. &#191;C&#243;mo no va serlo encontrar en la jungla doscientas caras de piedra sonrientes? Las caras estaban esculpidas en los cuatro lado de las cincuenta y cuatro torres g&#243;ticas que formaban el conjunto. Como hab&#237;a varios niveles pod&#237;as acercarte junto a ellas. Cada cara ten&#237;a la altura de una persona. Los labios eran gruesos, sonriendo, y las orejas alargadas. Dec&#237;an que las caras representaban a su constructor, Jayavarman VII. Por todas partes hab&#237;a perfiles y rostros observ&#225;ndonos. 

 
El &lt;STRONG&gt;Bapturon&lt;/STRONG&gt; ten&#237;a forma de pir&#225;mide y representaba el Monte Meru. Caminamos por la Terraza de los Elefantes, de 350m. de longitud, donde celebraba las ceremonias el rey del imperio Khmer. Pas&#233; todo el d&#237;a pregunt&#225;ndome c&#243;mo una cultura capaz de construir aquellos templos tan magn&#237;ficos hab&#237;a pasado del esplendor a la decadencia y destrucci&#243;n. 

Visitamos muchos m&#225;s templos de forma relajada, entrando en las peque&#241;as capillas done un monje quemaba incienso, sent&#225;ndonos en las antiguas piedras para leer, charlar, tomar frutos secos y simplemente contemplar el espect&#225;culo. Encontr&#225;bamos algunos ni&#241;os, o a alg&#250;n gu&#237;a oficial y guardi&#225;n del templo, vestidos con un uniforme gris con un brazal blanco en la manga. Pero eran muy discretos y no impon&#237;an sus servicios.

&lt;IMG class=imgcen id=img_3 src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/Camboya2.jpg"&gt;
Mi templo favorito fue &lt;STRONG&gt;Ta Prom&lt;/STRONG&gt;, una simbiosis entre la naturaleza y la arquitectura. Hab&#237;a m&#225;s &#225;rboles de lo que pens&#225;bamos creciendo sobre muros y puertas, abraz&#225;ndolos, desplegando sus tent&#225;culos. A veces parec&#237;an resquebrajar las piedra, y otras apuntalarlas. Creo que hab&#237;a sido un acierto no talar aquellos magn&#237;ficos y altos &#225;rboles de gruesos troncos, que embellec&#237;an el conjunto del templo y le a&#241;ad&#237;an encanto. Era salvaje. Esa es una de las im&#225;genes que me quedaron grabadas con m&#225;s fuerza.

&#169; Copyright 2008 Nuria Millet Gallego

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    <title>CAMBOYA, LOS TEMPLOS EN LA JUNGLA</title>
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