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    <body>&lt;img src='http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/Filipinas2red.jpg' id='img_0' class='imgcen'/&gt;

En &lt;strong&gt;Filipinas&lt;/strong&gt; todav&#237;a sobreviven algunas &lt;strong&gt;minor&#237;as &#233;tnicas &lt;/strong&gt;en aldeas apartadas. Quisimos conocer a los &lt;strong&gt;kalinga&lt;/strong&gt;, en el norte de la &lt;strong&gt;isla de Luz&#243;n&lt;/strong&gt;. Desde &lt;strong&gt;Bontoc&lt;/strong&gt;, llegar al punto de partida del &lt;em&gt;trekking&lt;/em&gt;, que era el pueblo de &lt;strong&gt;Kinglay&#225;n&lt;/strong&gt;, tardamos unas tres horas de bus. La pista discurr&#237;a por un camino entre monta&#241;as alfombradas de verde. La rueda del autob&#250;s rozaba el borde del precipicio. &#205;bamos bordeando el r&#237;o, que se ve&#237;a abajo discurriendo con sus aguas marrones. En un recodo tuvimos que parar y retroceder porque estaban &lt;strong&gt;dinamitando la pista.&lt;/strong&gt;. Los desprendimientos de grandes rocas obstaculizaban la carretera, y entonces deb&#237;an usar la dinamita.

&lt;img src='http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/Filipinas3red.jpg' id='img_1' class='imgcen'/&gt;

Estuvimos unos d&#237;as caminando por la zona, visitando las aldeas &lt;strong&gt;Ambato, Tunglay, Luplupa y&lt;/strong&gt; &lt;strong&gt;Butbut&lt;/strong&gt;. Cruzamos un r&#237;o a trav&#233;s de un &lt;strong&gt;puente colgante.&lt;/strong&gt; El camino era entre las &lt;strong&gt;terrazas de arroz escalonadas&lt;/strong&gt;, y b&#250;falos de agua. Encontramos a la gente haciendo sus tareas cotidianas: moliendo el grano con el mortero, poniendo a secar al sol el arroz y el chili en esteras, cocinando, transportando cestas, lavando la ropa, haciendo la siesta, hablando entre ellos...Nos estrechaban la mano y sonre&#237;an, preguntaban de d&#243;nde &#233;ramos y quer&#237;an saciar su curiosidad.
Vimos varios ancianos que hab&#237;an sido &lt;strong&gt;cazadores de cabezas &lt;/strong&gt;en el pasado: eso les daba derecho a tatuarse los brazos y el t&#243;rax con un tipo especial de tatuaje. Las mujeres kalinga tambi&#233;n ten&#237;an los brazos tatuados. Nos dijeron que se tardaba un d&#237;a en tatuar cada brazo. Al preguntarles qu&#233; edad ten&#237;an, muchos ni lo sab&#237;an. Otros contestaron que 85 o 90 a&#241;os. Ten&#237;an los ojillos brillantes y la piel surcada por el tiempo.

&lt;img src='http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/Filipinas1red.jpg' id='img_2' class='imgcen'/&gt;

Cerca de la aldea encontramos una &lt;strong&gt;catarata&lt;/strong&gt; que ca&#237;a con fuerza. Nos ba&#241;amos en la espumosa piscina que formaba. Era como un &lt;em&gt;jacuzzi&lt;/em&gt; natural, y sent&#237;as la presi&#243;n de la corriente contra piernas y cuerpo. Fue un ba&#241;o refrescante y delicioso.
&lt;strong&gt;Butbut&lt;/strong&gt; fue el &#250;ltimo pueblo kalinga que visitamos. Sus casas eran m&#225;s antiguas que las de otros pueblos, todas construidas en madera, con &lt;strong&gt;tejados de c&#225;&#241;amo &lt;/strong&gt;y sin uralitas que las afeasen. Hab&#237;a ancianas muy arrugaditas, con los pechos desnudos colgando, y con el pelo blanco muy largo. Llevaban como diadema una &lt;strong&gt;piel de serpiente disecada&lt;/strong&gt;. Muchas fumaban en pipa y escup&#237;an constantemente. Nos ense&#241;aron la marihuana que cultivaban. Los cerdos y gallinas deambulaban por todas partes. Paseamos por todo el pueblo, vimos el arroz sec&#225;ndose al sol y alguna mazorca de ma&#237;z colgada del techo, nos metimos en las cocinas entre los fogones, y estrechamos la mano de todo el mundo. Durante aquellos d&#237;as dormimos en sus casas, conversamos, jugamos con los ni&#241;os y cenamos a la luz de las candelas. Fue una parte muy especial del viaje a Filipinas.

&lt;img src='http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/Filipinas4red.jpg' id='img_0' class='imgcen'/&gt;

&#169; Copyright 2008 Nuria Millet Gallego</body>
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    <nicetitle>aldeas-filipinas</nicetitle>
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    <title>ALDEAS DE FILIPINAS</title>
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    <body>&lt;img src='http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/Ni&#241;osfilipinas.jpg' id='img_0' class='imgcen'/&gt;
Aunque los espa&#241;oles disfrutaron de las maravillas de &lt;strong&gt;Filipinas&lt;/strong&gt; durante &lt;strong&gt;cuatro&lt;/strong&gt; &lt;strong&gt;siglos de colonialismo&lt;/strong&gt;, no es un destino tur&#237;stico habitual. Este archipi&#233;lago conserva toda la magia de Asia y ofrece paisajes muy variados: junglas boscosas habitadas por minor&#237;as &#233;tnicas, cinturones coralinos donde hacer submarinismo, cataratas y parques nacionales, y &lt;strong&gt;treinta y siete volcanes&lt;/strong&gt;; la &#250;ltima erupci&#243;n de uno de ellos fue en 1988.

El transporte m&#225;s popular es el &lt;em&gt;jeepney&lt;/em&gt;. Son peque&#241;as furgonetas pintadas de colores y adornadas seg&#250;n el gusto del conductor. Parten cuando est&#225;n llenas de pasajeros y bultos, y paran en cualquier lugar. Las pistas que se adentran en la jungla est&#225;n bordeadas por dos muros verdes de espesa vegetaci&#243;n.    
	
&lt;img src='http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/tatuajefilipinas.jpg' id='img_0' class='imgcen'/&gt;

En los &lt;em&gt;trekkings&lt;/em&gt; por la zona monta&#241;osa del norte de &lt;strong&gt;Luz&#243;n&lt;/strong&gt; nos encontramos con los  Ifugao y los &lt;strong&gt;Kalingas&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;antiguos cazadores de cabezas &lt;/strong&gt;(lo fueron hasta principios de siglo). Los Kalinga tienen &lt;strong&gt;tatuajes azules &lt;/strong&gt;en brazos y t&#243;rax, y sus ancianas fuman en pipa, mascan &lt;strong&gt;nuez de betel&lt;/strong&gt;, que deja sus bocas rojas, y usan como diadema una piel de serpiente disecada.

El paisaje caracter&#237;stico son las &lt;strong&gt;terrazas de arroz escalonadas&lt;/strong&gt;, en &lt;strong&gt;Banaue&lt;/strong&gt;. Algunos arrozales est&#225;n inundados de agua y brillan como espejos al sol; otros tienen el tallo crecido y son de un color verde intenso. Entre las verdes terrazas se vislumbran los palafitos, las casas construidas sobre pilotes, con gallos, gallinas, cerdos, b&#250;falos de agua y ni&#241;os, muchos ni&#241;os. Los filipinos bromean con la alta tasa de natalidad diciendo que el lugar de &#8220;planificaci&#243;n familiar&#8221; tiene &#8220;plantaci&#243;n familiar&#8221;.

&lt;img src='http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/nuri-9/playafilip.jpg' id='img_1' class='imgcen'/&gt;

La isla de &lt;strong&gt;Palawan&lt;/strong&gt;,  conocida como &#8220;&lt;strong&gt;la &#250;ltima frontera&lt;/strong&gt;&#8221;, merece por s&#237; sola el viaje. Ofrece densas junglas con lianas y &#225;rboles de ra&#237;ces gigantescas, r&#237;os subterr&#225;neos que transcurren por grutas naturales repletas de murci&#233;lagos, y las mejores playas (&lt;strong&gt;El Nido&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;Port Burton&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;Sabang&lt;/strong&gt;) de aguas verdeazuladas y arenas blancas como las de la preciosa isla de &lt;strong&gt;Boracay&lt;/strong&gt;. En esas zonas el viajero independiente puede encontrar alojamiento barato en encantadores bungalows de madera, con hamacas en el porche, desde donde contemplar el brillo de estrellas y luci&#233;rnagas.

&#169; Copyright 2008 Nuria Millet Gallego</body>
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    <nicetitle>los-ultimos-filipinas</nicetitle>
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    <title>LOS &#218;LTIMOS DE FILIPINAS</title>
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