28 Ago 2008
ALDEAS DE FILIPINAS

En Filipinas todavía sobreviven algunas minorías étnicas en aldeas apartadas. Quisimos conocer a los kalinga, en el norte de la isla de Luzón. Desde Bontoc, llegar al punto de partida del trekking, que era el pueblo de Kinglayán, tardamos unas tres horas de bus. La pista discurría por un camino entre montañas alfombradas de verde. La rueda del autobús rozaba el borde del precipicio. Íbamos bordeando el río, que se veía abajo discurriendo con sus aguas marrones. En un recodo tuvimos que parar y retroceder porque estaban dinamitando la pista.. Los desprendimientos de grandes rocas obstaculizaban la carretera, y entonces debían usar la dinamita.

Estuvimos unos días caminando por la zona, visitando las aldeas Ambato, Tunglay, Luplupa y Butbut. Cruzamos un río a través de un puente colgante. El camino era entre las terrazas de arroz escalonadas, y búfalos de agua. Encontramos a la gente haciendo sus tareas cotidianas: moliendo el grano con el mortero, poniendo a secar al sol el arroz y el chili en esteras, cocinando, transportando cestas, lavando la ropa, haciendo la siesta, hablando entre ellos...Nos estrechaban la mano y sonreían, preguntaban de dónde éramos y querían saciar su curiosidad.
Vimos varios ancianos que habían sido cazadores de cabezas en el pasado: eso les daba derecho a tatuarse los brazos y el tórax con un tipo especial de tatuaje. Las mujeres kalinga también tenían los brazos tatuados. Nos dijeron que se tardaba un día en tatuar cada brazo. Al preguntarles qué edad tenían, muchos ni lo sabían. Otros contestaron que 85 o 90 años. Tenían los ojillos brillantes y la piel surcada por el tiempo.

Cerca de la aldea encontramos una catarata que caía con fuerza. Nos bañamos en la espumosa piscina que formaba. Era como un jacuzzi natural, y sentías la presión de la corriente contra piernas y cuerpo. Fue un baño refrescante y delicioso.
Butbut fue el último pueblo kalinga que visitamos. Sus casas eran más antiguas que las de otros pueblos, todas construidas en madera, con tejados de cáñamo y sin uralitas que las afeasen. Había ancianas muy arrugaditas, con los pechos desnudos colgando, y con el pelo blanco muy largo. Llevaban como diadema una piel de serpiente disecada. Muchas fumaban en pipa y escupían constantemente. Nos enseñaron la marihuana que cultivaban. Los cerdos y gallinas deambulaban por todas partes. Paseamos por todo el pueblo, vimos el arroz secándose al sol y alguna mazorca de maíz colgada del techo, nos metimos en las cocinas entre los fogones, y estrechamos la mano de todo el mundo. Durante aquellos días dormimos en sus casas, conversamos, jugamos con los niños y cenamos a la luz de las candelas. Fue una parte muy especial del viaje a Filipinas.

© Copyright 2008 Nuria Millet Gallego
13 Ago 2008
LOS ÚLTIMOS DE FILIPINAS

Aunque los españoles disfrutaron de las maravillas de Filipinas durante cuatro siglos de colonialismo, no es un destino turístico habitual. Este archipiélago conserva toda la magia de Asia y ofrece paisajes muy variados: junglas boscosas habitadas por minorías étnicas, cinturones coralinos donde hacer submarinismo, cataratas y parques nacionales, y treinta y siete volcanes; la última erupción de uno de ellos fue en 1988.
El transporte más popular es el jeepney. Son pequeñas furgonetas pintadas de colores y adornadas según el gusto del conductor. Parten cuando están llenas de pasajeros y bultos, y paran en cualquier lugar. Las pistas que se adentran en la jungla están bordeadas por dos muros verdes de espesa vegetación.

En los trekkings por la zona montañosa del norte de Luzón nos encontramos con los Ifugao y los Kalingas, antiguos cazadores de cabezas (lo fueron hasta principios de siglo). Los Kalinga tienen tatuajes azules en brazos y tórax, y sus ancianas fuman en pipa, mascan nuez de betel, que deja sus bocas rojas, y usan como diadema una piel de serpiente disecada.
El paisaje característico son las terrazas de arroz escalonadas, en Banaue. Algunos arrozales están inundados de agua y brillan como espejos al sol; otros tienen el tallo crecido y son de un color verde intenso. Entre las verdes terrazas se vislumbran los palafitos, las casas construidas sobre pilotes, con gallos, gallinas, cerdos, búfalos de agua y niños, muchos niños. Los filipinos bromean con la alta tasa de natalidad diciendo que el lugar de “planificación familiar” tiene “plantación familiar”.

La isla de Palawan, conocida como “la última frontera”, merece por sí sola el viaje. Ofrece densas junglas con lianas y árboles de raíces gigantescas, ríos subterráneos que transcurren por grutas naturales repletas de murciélagos, y las mejores playas (El Nido, Port Burton, Sabang) de aguas verdeazuladas y arenas blancas como las de la preciosa isla de Boracay. En esas zonas el viajero independiente puede encontrar alojamiento barato en encantadores bungalows de madera, con hamacas en el porche, desde donde contemplar el brillo de estrellas y luciérnagas.
© Copyright 2008 Nuria Millet Gallego
Sobre este blog
NuriaNómada
NuriaNómada
El viaje es más que ocio o entretenimiento, es desplazarse a lugares que formaron -o que formarán- parte de nuestros sueños. Todos llevamos un mapa propio, es el mapa de nuestros sueños. Sigo dibujando mi mapa.
Soy una viajera vocacional y literaria, viajo en el tiempo y en el espacio. Admiro a viajeros como Alexandra David-Néel, Richard Burton, David Livingstone o Ryszard Kapuscinski, cuya época y cuyos viajes son irrepetibles. Pero creo que aunque casi todo esté ya descrito y descubierto, un viajero siempre podrá ofrecer su mirada sobre aquello que ve y disfruta temporalmente.
El viajero es un testigo privilegiado y nuestros ojos tal vez pueden ver mejor las realidades lejanas gracias a los anteojos de los que nos precedieron.
Me gusta todo tipo de naturaleza (montaña y playa, selvas y desiertos, mares y ríos, lagos y glaciares), las ciudades históricas coloniales, las indumentarias y costumbres diferentes, la gastronomía, los mercados, las charlas con la gente y volverme invisible de vez en cuando para observar sin interferir. Me gustaría disponer de tiempo sin límite para viajar y escribir sobre lo que veo.
He sido trotamundos y he disfrutado en más de setenta países, y sigo buscando nuevos horizontes.
Me confieso letraherida, como lectora y como escritora. En cada viaje me acompaña mi cuaderno de ruta y varios libros sobre el pais que visito. La literatura es parte importante de mi vida (también soy nómada en el vasto territorio de los libros) y tiene un pequeño espacio en este blog.
BIENVENIDOS!
"NOS TRANSFORMAMOS EN NUESTROS PROPIOS SUEÑOS."
LAWRENCE DURRELL
"ENTRE LOS DONES DE LA TIERRA HAY POCOS PLACERES COMPARABLES A LA ALEGRÍA DE ENTRAR EN CONTACTO CON UN NUEVO PAÍS, UNA RAZA COMPLETAMENTE EXTRAÑA Y COSTUMBRES CONTRARIAS. TANTO DA QUE SE HAYAN ESCRITO BIBLIOTECAS ENTERAS; CADA NUEVO ESPECTADOR ES, PARA SÍ MISMO, UN NUEVO CORTÉS."
RUDYARD KIPLING
"CADA CONTINENTE SERÁ UNA ASIGNATURA, CADA PAÍS UNA LECCIÓN, CADA SITUACIÓN UN EJEMPLO, CADA PERSONA UN EJERCICIO."
"CUANDO VIAJO EXPERIMENTO QUE EL TIEMPO ES MÍO. NO CONCIBO UNA ACTIVIDAD MÁS APASIONANTE QUE LA DE VIAJERO."
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"...EL VIAJE PUEDE SEGUIR SIENDO AVENTURA PORQUE AVENTURA ES EL RECORRIDO DE LOS SUEÑOS. Y EL SUEÑO ES LA NATURALEZA QUE CONFORMA EL CORAZÓN DEL HOMBRE. SU DESTINO ES CUMPLIRLOS."
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