13 Abr 2014

ESCUELITAS

Escrito por: nuri-9 el 13 Abr 2014 - URL Permanente


Siempre me han gustado las pequeñas escuelas que encontraba viajando. He querido reunir algunas de ellas de África, Asia y Sudamérica, en homenaje a sus maestros voluntariosos, entusiastas y entregados.
Esta es una de las escuelitas al aire libre que encontré viajando por Bolivia, en Uyuni. A pesar del frío (unos 4º),habían colocado los pupitres en el exterior y los niños hacían disciplinadamente sus deberes al sol, vestidos con sus uniformes rojos.

Escuela de Venezuela en el Archipiélago de los Roques. Al ser una isla alejada de la costa los niños sólo tienen acceso a la educación primaria y secundaria, y deben salir de la isla si quieren cursar estudios superiores.

Escuela en la selva ecuatoriana, próxima al río Napo, donde una organización repartía el desayuno con un vaso de leche con cereales como complemento nutricional para los niños.

Las escuelas africanas son las más básicas y en la mayoría de lugares carecen de materiales adecuados. La imaginación y la voluntad suplen la escasez de recursos.
Esta es una escuela que encontré viajando por Etiopía, en las afueras de Harar. Unas cuantas lonas azules extendidas bajo las ramas de un árbol. Un tablón de madera como pizarra. Un palo para señalar. Un maestro voluntarioso. Y los niños muy juntos, recitando la lección con una sonrisa.

En la actual Myanmar, llamada Birmania en la época en que estuve, visité esta escuela de un monasterio budista, donde los pequeños monjes vestidos con sus túnicas granates, escribían en sus pizarras.

Escuela de Mozambique en la población de Gurué, entre vegetación y plantaciones de té, una de las zonas más altas del país. Encontramos a los niños en el patio y provocamos una pequeña revolución. Todo eran saludos y querían mostrarnos sus libretas con los deberes.

Esta era una escuelita de Namibia, de paredes de adobe. Los niños pertenecían a la minoría himba. Se sentaban directamente en el suelo terroso y coreaban la lección que impartía un maestro entusiasta y entregado.

En todas estas escuelitas fuimos recibidos con una sonrisa por maestros y alumnos. Unas sonrisas imposibles de olvidar. Ellos nos recordaron las desigualdades que reparte el destino y que la educación es el pasaporte para cambiar la vida. Y como dice el cartel, que encontré en un muro de Bolivia, “la vida debe ser una educación continua”.

© Copyright 2014 Nuria Millet Gallego

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19 Nov 2008

LOS SABORES DE VENEZUELA

Escrito por: nuri-9 el 19 Nov 2008 - URL Permanente

¿A qué sabe un helado de “Beso de viuda”? ¿Y un helado de “Perdóname amor”? ¿Dulce o salado? La respuesta estaba en la heladería Coromoto de Mérida, en Venezuela, donde ofrecían más de novecientos sabores. Novecientos sabores!!!... Su dueño, Manuel do Silva Oliveira, era un portugués que se estableció allí hacía veintitantos años, según nos dijo. En la pared aparecían escritos la gran variedad de sabores, con fotos y artículos de periódicos de todo el mundo sobre la heladería.

Había conseguido salir en el libro record de los Guiness, pero eso nunca ha merecido mi atención; lo que realmente me llevó allí fue la imaginación y el sentido del humor que demostró el simpático propietario.
La variedad de sabores era sorprendente y curiosa: de bacalao, higo con nueces, vinotinto, garbanzos, pepino, rábano, maní, piña-coco, castañas, alcachofas, almejas calamares, martini, espinacas, yuca, berenjena, chicharrón, pepsi-cola, chile, cebolla, fresa-coco, palmitos, espárragos, zanahoria, kiwi, pollo frío, chicharrón...

A otros sabores los habían bautizado de forma original: que viva el amor, te deseo, mi primer amor, viagra, tentación, chicas de Brasil, amor eterno, dulces sueños, terremoto, no seas ingrato...
De momento no se les había ocurrido crear el sabor de helado de Chávez (¿qué ingredientes llevaría?). Todo se andará. Y aquí nos sorprendemos con la cocina creativa...No sé si Ferrán Adriá habrá pasado por allí...
Nosotros probamos el de crema de cangrejo, cerveza y canela, y el de caraotas (fríjoles negros), plátano y queso. Un menú completo. Deliciosos.
De momentos como este (y de otros de otro tipo, claro) están hechos los viajes...Y por cierto, ¿cuál es vuestro sabor favorito?

© Copyright 2008 Nuria Millet Gallego

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01 Jul 2008

VENEZUELA: BAJANDO POR EL RÍO ORINOCO

Escrito por: nuri-9 el 01 Jul 2008 - URL Permanente

En el embarcadero en el Paseo Mánamo de Tucupita Luis nos presentó al resto de la tripulación: su hijo Luis de diez años y Jhony, el cocinero y barquero. Con Javier y conmigo éramos cinco. Emprendimos el viaje y empezamos cargando gasolina en una gasolinera-palafito. Allí vimos la primera curiara, canoa hecha de un árbol vaciado, con gente indígena warao. Las aguas del río Orinoco eran de color café con leche y bajaban con grupos de verdes plantas acuáticas, que formaban islas diminutas arrastradas por la corriente. En las orillas la vegetación estaba formada por manglares, grandes árboles forrados de hojas y palmeras. Decían que la marea subía cada cinco horas. Partimos con marea baja y en los troncos de los manglares podía verse la señal de hasta donde llegaba el agua al subir.

En el trayecto paramos en la orilla y vimos monos en la arboleda. Su pelaje rojizo destacaba más al sol, parecido a los orangutanes de Borneo. Luego encontramos grandes búfalos negros de agua, refrescándose. Su cornamenta era grande y curvada. También vimos tucanes con franjas amarillas en el pico, loros y otras aves que se llamaban guacharacas. Encontramos tres delfines oscuros que estaban jugando y saltaban sacando medio cuerpo fuera del agua. Eran tan rápidos y tan imprevisible el lugar por donde asomarían que, aunque los seguimos en círculos con la barca, no pudimos fotografiarlos. También encontramos una tortuga pequeña posada sobre el tronco cortado de una palmera, que enseguida se sumergió.

Nos adentramos por canales más estrechos que aquí llaman caños. En ellos la vegetación de las orillas es más exuberante y está más próxima, a veces llegaba a juntarse formando una bóveda sobre nuestras cabezas. En alguna ocasión Luis tuvo que utilizar el machete para cortar alguna rama que nos obstaculizaba el paso. Paramos en uno de los caños más angostos y bajamos a tierra pisando terreno pantanoso. Los mosquitos del pantanal nos acribillaron, como una venganza de la naturaleza por profanar su territorio. Luego Luis nos enseñó la planta del cacao, abrió un fruto y nos lo dio a probar. Tenía un leve sabor, para prepararlo había que dejarlo secar. También probamos naranjas verdes cogidas del árbol y la toronja, que era más amarga. Nos mostró el ají picante y unos frutos rojos pequeños que usaban como colorante.

Con la luz del atardecer vimos los palafitos de los indios warao. Quedaban unas doscientos cincuenta comunidades de waraos. Solían estar aislados por familias, repartidos por las orillas. En todos se distinguían las hamacas colgantes meciéndose con alguien que contemplaba el paso del tiempo. A veces los niños bañándose y jugando en el agua nos anunciaban la presencia de una casa más aislada. Algunas mujeres lavaban la ropa en el río. Nos saludaban tímidamente y seguían con sus tareas.

Otro día Luis nos enseñó las tarántulas. Fue sorprendente. Se escondían e una planta tipo palmera baja, como la planta de las piñas. Él abrió las hojas y apareció una araña tan grande como mi mano, negra y peluda. El extremo de sus ocho patas tenía una parte más clara, como si fuesen uñas. Estábamos junto a ella y nos agachábamos para verla mejor, aunque con precaución. Pero Luis colocó su mano a un centímetro de la tarántula y ni se inmutó. Dijo que si no se le atacaba no hacía nada. Pero ¿y si la tarántula creía que se le atacaba? Me sorprendió que los niños pequeños andaban por ahí y nadie se preocupaba de las tarántulas.

En el campamento nos tumbamos en las hamacas y nos entretuvimos con los niños mientras Jhony preparaba la comida. Una mujer mayor, con la melena gris recogida en una trenza, estaba sentada en el embarcadero. Con un machete grande empezó a quitarle las escamas a un pescado enorme. Nos dijo que era un morocoto. El pescado, cocinado por Jhony, fue nuestra comida, acompañado de arroz y banana frita.

En otro caño nos montamos en una curiara a remo, en compañía de un niño, para evitar el exceso de peso. El niño iba detrás con un remo, yo en medio y Javier en el otro extremo con otro remo. Era muy inestable, y sobresalía tan pocos centímetros de la superficie del agua, que cualquier movimiento hacía que entrara agua en la barca. Fue muy relajante deslizarnos con la curiara por aquel caño. Veíamos el reflejo de los árboles intacto, sin que lo rompiera la rapidez de las barcas con motor, y con el silencio como acompañante.

Por las mañanas el gran río despertaba poco a poco, se oía alguna lancha motora y se veían humaredas de las fogatas en algún punto de sus orillas, entre las copas de los árboles. Llegó el momento de regresar a Tucupita. Los tres días por el Delta del Orinoco nos supieron a poco.

© Copyright 2008 Nuria Millet Gallego

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Sobre este blog

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NuriaNómada

El viaje es más que ocio o entretenimiento, es desplazarse a lugares que formaron -o que formarán- parte de nuestros sueños. Todos llevamos un mapa propio, es el mapa de nuestros sueños. Sigo dibujando mi mapa.

Soy una viajera vocacional y literaria, viajo en el tiempo y en el espacio. Admiro a viajeros como Alexandra David-Néel, Richard Burton, David Livingstone o Ryszard Kapuscinski, cuya época y cuyos viajes son irrepetibles. Pero creo que aunque casi todo esté ya descrito y descubierto, un viajero siempre podrá ofrecer su mirada sobre aquello que ve y disfruta temporalmente.
El viajero es un testigo privilegiado y nuestros ojos tal vez pueden ver mejor las realidades lejanas gracias a los anteojos de los que nos precedieron.

Me gusta todo tipo de naturaleza (montaña y playa, selvas y desiertos, mares y ríos, lagos y glaciares), las ciudades históricas coloniales, las indumentarias y costumbres diferentes, la gastronomía, los mercados, las charlas con la gente y volverme invisible de vez en cuando para observar sin interferir. Me gustaría disponer de tiempo sin límite para viajar y escribir sobre lo que veo.
He sido trotamundos y he disfrutado en más de ochenta países, y sigo buscando nuevos horizontes.

Me confieso letraherida, como lectora y como escritora. En cada viaje me acompaña mi cuaderno de ruta y varios libros sobre el pais que visito. La literatura es parte importante de mi vida (también soy nómada en el vasto territorio de los libros) y tiene un pequeño espacio en este blog.
BIENVENIDOS!

"NOS TRANSFORMAMOS EN NUESTROS PROPIOS SUEÑOS."
LAWRENCE DURRELL

"ENTRE LOS DONES DE LA TIERRA HAY POCOS PLACERES COMPARABLES A LA ALEGRÍA DE ENTRAR EN CONTACTO CON UN NUEVO PAÍS, UNA RAZA COMPLETAMENTE EXTRAÑA Y COSTUMBRES CONTRARIAS. TANTO DA QUE SE HAYAN ESCRITO BIBLIOTECAS ENTERAS; CADA NUEVO ESPECTADOR ES, PARA SÍ MISMO, UN NUEVO CORTÉS."
RUDYARD KIPLING

"CADA CONTINENTE SERÁ UNA ASIGNATURA, CADA PAÍS UNA LECCIÓN, CADA SITUACIÓN UN EJEMPLO, CADA PERSONA UN EJERCICIO."
"CUANDO VIAJO EXPERIMENTO QUE EL TIEMPO ES MÍO. NO CONCIBO UNA ACTIVIDAD MÁS APASIONANTE QUE LA DE VIAJERO."
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"...EL VIAJE PUEDE SEGUIR SIENDO AVENTURA PORQUE AVENTURA ES EL RECORRIDO DE LOS SUEÑOS. Y EL SUEÑO ES LA NATURALEZA QUE CONFORMA EL CORAZÓN DEL HOMBRE. SU DESTINO ES CUMPLIRLOS."
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