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28 Jun 2009

LOS TATUAJES MALAYOS

Escrito por: nuri-9 el 28 Jun 2009 - URL Permanente

Desde Kapit en Borneo, cogimos una canoa por el río Batang Rejang. Nuestro barquero se llamaba Aki y tenía setenta años. Era ágil, pequeño, delgado y fibroso. Pertenecía a la minoría étnica de los Iban. Luego nos metimos por el afluente Batang Balleh. En las orillas veíamos dos paredes impenetrables de vegetación. Ramas y hojas formaban una bóveda por encima de nuestras cabezas.

A las dos horas llegamos a la "longhouse" en la que dormiríamos. Las llamadas "longhouses" eran casas comunales, donde vivían varias familias. Eran palafitos como los otros pero alargados. En Myanmar también habíamos visto otras casas comunales.
Los hombres de la aldea tenían tatuajes por todo el cuerpo, en brazos, piernas y espalda, con flores y pájaros. Hasta en el la parte delantera del cuello, adornando la nuez. En todos los pueblos los tatuajes han tenido motivaciones estéticas, de diferenciación o señal de identidad y la voluntad de perdurar en el tiempo.

De aquellos días en las selvas de Malaysia recordamos los sonidos de la jungla, los gruesos troncos de árboles centenarios, las raíces entrelazadas, las alfombras de hojas caídas, la maraña de lianas, los insectos, las zonas pantanosas, los rostros y tatuajes de los hombres Iban...y muchas cosas más.

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04 Ene 2009

UNA ALDEA DE LAOS

Escrito por: nuri-9 el 04 Ene 2009 - URL Permanente

La aldea estaba a orillas del Mekong, llegamos hasta allí en canoa desde Luan Phabang. Estaba formada por unos cuantos palafitos, las casas elevadas sobre pilotes de madera, típicas de todo el sudeste asiático. La altura les protegía de la humedad, de las crecidas y de los bichos y animales.

La gran tinaja estaba en el centro del pueblo. Cuando preguntamos a los niños, nos dijeron que servía para recoger el agua de lluvia. Todos aquellos pueblos carecían de sistemas de canalización de agua potable y de cloacas. Lo que sobraba iba a parar al río, que todo lo arrastra. Tengo un amigo ingeniero que ha trabajado muchos años en ONGs y siempre comenta que el sistema de canalización de residuos y el del agua es lo más importante de cualquier población. Construirlos es construir el futuro. Son las arterias de la vida.

Laos ocupa un territorio tan grande como la mitad de España, pero su población es comparable con la de la ciudad de Barcelona. Sin salida al mar y rodeado por cinco fronteras, con Myanmar, China, Vietnam, Camboya y Thailandia, el río Mekong ha sido desde siempre una vía de comunicación importante, y fuente de vida.

En la aldea elaboraban el licor de arroz, nos enseñaron otras tinajas de barro en las que fermentaba el arroz. Probamos el licor, que tenía un punto dulzón. Despertamos una expectación enorme en el pueblo, sobre todo entre los niños, que nos rodearon enseguida. Nos bañamos con ellos, junto a un pequeño entarimado, jugando a salpicarnos, les enseñamos canciones que ellos coreaban en voz bajita, o entre risas y gritos. Repetían todos los sonidos y palabras que decíamos, aunque no las entendieran. Los bueyes saciaban su sed en las aguas fangosas, y algún pescador lanzaba sus redes que se desplegaban en el aire por unos instantes. Y así, entre canciones, niños, bueyes, pescadores, y sin sentir el tiempo, contemplamos la puesta de sol en aquella aldea laosiana.

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23 Ago 2008

LOS CAYOS DE BELICE

Escrito por: nuri-9 el 23 Ago 2008 - URL Permanente

Nuestro viaje fue a Guatemala, y decidimos acercarnos unos días a Belize. Según habíamos leído Belize era un país pequeño y encantador, con democracia y que nunca había sufrido un golpe de estado. No tenía ejército; sólo un pequeño cuerpo de fuerzas de defensa. La única pega era que era más caro que Guate.

Desde Flores, en Guatemala, cruzamos la frontera en bus. Atravesamos la capital Belmopan, de casas de colores de dos plantas, y seguimos hasta Belize City. Tardamos cinco horas en llegar. Desde allí una lancha nos llevó hasta Cayo Caulker en unos cuarenta y cinco minutos.
El pueblo de Cayo Caulker estaba formado básicamente por dos calles paralelas. Eran calles de arena, sin pavimentar, y los únicos vehículos eran bicicletas y buggies eléctricos y silenciosos. Algunos hablaban castellano con acento cubano. Había una comunidad de población negra con rastas, con su estilo inconfundible, con gorros coloridos abultados por las trenzas.

Los Cayos son islas dentro de la barrera del arrecife. Cuando llegamos desde la playa se veían a lo lejos las crestas de espuma blanca y se oía el rugido de las olas. El color del Mar Caribe alternaba franjas verdes y azul turquesa. Toda la línea de playa tenía embarcaderos con pasarelas sobre postes de madera, que se adentraban en el mar, ya que la marea bajaba mucho. Nos alojamos en unas cabañas-palafitos pintadas de color lila. Nos dimos una merecida ducha y salimos a explorar el Cayo. En la primera línea de la costa había construido demasiado para nuestro gusto. Fue curioso encontrar también en primera línea un cementerio. Debía ser el cementerio con mejores vistas. La mejor zona para bañarse estaba a la derecha del muelle. Allí nos remojamos.

Contratamos una excursión para hacer snorkelling, con Carlos y Oswaldo, un chileno de larga melena como guías. Hicimos dos inmersiones en lugares diferentes y comimos en Cayo San Pedro. Carlos se sumergió con nosotros con traje de neopreno y una vara larga que utilizaba para hacer salir a los peces de sus escondites. Vimos una morena, alargada y sinuosa como una serpiente, de un color verde oscuro. Las rayas, de cuerpo plano y cola afilada, iban en parejas. Eran de color gris oscuro, aunque tuvimos la suerte de ver una raya águila, un poco más ancha y con manchas en su piel. En la primera inmersión encontramos una gran tortuga marina a pocos metros de nosotros. Flotaba ligera en el agua, moviendo la cabeza y las patas. Tenía un bonito caparazón.

Además vimos anémonas de mar, corales con surcos como laberintos, corales ramificados como uno de color lila que llaman “abanico real”, y tubulares con forma de dedos que se movían con la corriente. Hubo un momento en que estábamos rodeados de grandes peces, que se cruzaban entre nuestras piernas. Vimos peces amarillos, rayados, azul eléctrico, peces trompetas, alargados y con la forma de la boca que realmente recordaba a ese instrumento. Un pequeño tiburón con las aletas dorsales pasó cerca y se perdió en el límite del abismo de la barrera de coral. Íbamos nadando bordeando el límite de ese abismo, envueltos en ese silencio acuático que nos impresionaba.

Como despedida cenamos en “Los Habaneros” en un porche a la luz de un quinqué. Pescado al grill con acompañamiento de fríjoles, y puré de papas con ajito. Riquísimo. El cielo estaba repleto de estrellas que se distinguían con una nitidez especial. Reconocimos a Orión.

Al día siguiente volvimos en lancha a Belice City, y allí cogimos un bus a Punta Gorda, en el extremo sur, para cruzar de nuevo a Guatemala. Tardamos unas nueve horas en hacer el trayecto. La inmersión en los cayos nos había dejado un recuerdo inolvidable. Pero el viaje seguía...

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13 Ago 2008

LOS ÚLTIMOS DE FILIPINAS

Escrito por: nuri-9 el 13 Ago 2008 - URL Permanente


Aunque los españoles disfrutaron de las maravillas de Filipinas durante cuatro siglos de colonialismo, no es un destino turístico habitual. Este archipiélago conserva toda la magia de Asia y ofrece paisajes muy variados: junglas boscosas habitadas por minorías étnicas, cinturones coralinos donde hacer submarinismo, cataratas y parques nacionales, y treinta y siete volcanes; la última erupción de uno de ellos fue en 1988.

El transporte más popular es el jeepney. Son pequeñas furgonetas pintadas de colores y adornadas según el gusto del conductor. Parten cuando están llenas de pasajeros y bultos, y paran en cualquier lugar. Las pistas que se adentran en la jungla están bordeadas por dos muros verdes de espesa vegetación.

En los trekkings por la zona montañosa del norte de Luzón nos encontramos con los Ifugao y los Kalingas, antiguos cazadores de cabezas (lo fueron hasta principios de siglo). Los Kalinga tienen tatuajes azules en brazos y tórax, y sus ancianas fuman en pipa, mascan nuez de betel, que deja sus bocas rojas, y usan como diadema una piel de serpiente disecada.

El paisaje característico son las terrazas de arroz escalonadas, en Banaue. Algunos arrozales están inundados de agua y brillan como espejos al sol; otros tienen el tallo crecido y son de un color verde intenso. Entre las verdes terrazas se vislumbran los palafitos, las casas construidas sobre pilotes, con gallos, gallinas, cerdos, búfalos de agua y niños, muchos niños. Los filipinos bromean con la alta tasa de natalidad diciendo que el lugar de “planificación familiar” tiene “plantación familiar”.

La isla de Palawan, conocida como “la última frontera”, merece por sí sola el viaje. Ofrece densas junglas con lianas y árboles de raíces gigantescas, ríos subterráneos que transcurren por grutas naturales repletas de murciélagos, y las mejores playas (El Nido, Port Burton, Sabang) de aguas verdeazuladas y arenas blancas como las de la preciosa isla de Boracay. En esas zonas el viajero independiente puede encontrar alojamiento barato en encantadores bungalows de madera, con hamacas en el porche, desde donde contemplar el brillo de estrellas y luciérnagas.

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NuriaNomada

Viajera vocacional, viajo en el tiempo y en el espacio. Admiro a viajeros como Alexandra David-Néel, Richard Burton o Ryszard Kapuscinski, cuya época y cuyos viajes son irrepetibles. Pero creo que aunque casi todo esté ya descrito y descubierto, un viajero siempre podrá ofrecer su mirada sobre aquello que ve y disfruta temporalmente.
El viajero es un testigo privilegiado y nuestros ojos tal vez pueden ver mejor las realidades lejanas gracias a los anteojos de los que nos precedieron.

Me gusta todo tipo de naturaleza (montaña y playa, selvas y desiertos, mares y ríos, lagos y glaciares), las ciudades históricas coloniales, las indumentarias y costumbres diferentes, la gastronomía, los mercados, las charlas con la gente y volverme invisible de vez en cuando para observar sin interferir. Me gustaría disponer de tiempo sin límite para viajar y escribir sobre lo que veo.
He sido trotamundos y he disfrutado en más de cincuenta países, y sigo buscando nuevos horizontes.

Me confieso letraherida, como lectora y como escritora. La literatura es parte importante de mi vida (también soy nómada en el vasto territorio de los libros) y tiene un pequeño espacio en este blog.
Bienvenidos.

"NOS TRANSFORMAMOS EN NUESTROS PROPIOS SUEÑOS"
LAWRENCE DURRELL

"...EL VIAJE PUEDE SEGUIR SIENDO AVENTURA PORQUE AVENTURA ES EL RECORRIDO DE LOS SUEÑOS. Y EL SUEÑO ES LA NATURALEZA QUE CONFORMA EL CORAZÓN DEL HOMBRE. SU DESTINO ES CUMPLIRLOS"
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