04 Ene 2009
UNA ALDEA DE LAOS
La aldea estaba a orillas del Mekong, llegamos hasta allí en canoa desde Luan Phabang. Estaba formada por unos cuantos palafitos, las casas elevadas sobre pilotes de madera, típicas de todo el sudeste asiático. La altura les protegía de la humedad, de las crecidas y de los bichos y animales.
La gran tinaja estaba en el centro del pueblo. Cuando preguntamos a los niños, nos dijeron que servía para recoger el agua de lluvia. Todos aquellos pueblos carecían de sistemas de canalización de agua potable y de cloacas. Lo que sobraba iba a parar al río, que todo lo arrastra. Tengo un amigo ingeniero que ha trabajado muchos años en ONGs y siempre comenta que el sistema de canalización de residuos y el del agua es lo más importante de cualquier población. Construirlos es construir el futuro. Son las arterias de la vida.
Laos ocupa un territorio tan grande como la mitad de España, pero su población es comparable con la de la ciudad de Barcelona. Sin salida al mar y rodeado por cinco fronteras, con Myanmar, China, Vietnam, Camboya y Thailandia, el río Mekong ha sido desde siempre una vía de comunicación importante, y fuente de vida.
En la aldea elaboraban el licor de arroz, nos enseñaron otras tinajas de barro en las que fermentaba el arroz. Probamos el licor, que tenía un punto dulzón. Despertamos una expectación enorme en el pueblo, sobre todo entre los niños, que nos rodearon enseguida. Nos bañamos con ellos, junto a un pequeño entarimado, jugando a salpicarnos, les enseñamos canciones que ellos coreaban en voz bajita, o entre risas y gritos. Repetían todos los sonidos y palabras que decíamos, aunque no las entendieran. Los bueyes saciaban su sed en las aguas fangosas, y algún pescador lanzaba sus redes que se desplegaban en el aire por unos instantes. Y así, entre canciones, niños, bueyes, pescadores, y sin sentir el tiempo, contemplamos la puesta de sol en aquella aldea laosiana.
© Copyright 2008 Nuria Millet Gallego
18 Ago 2008
LOS PESCADORES DE KOVALAM
Desde Cochín cogimos un tren hasta Trivandrum, en el sur. Cada vez nos gustaba más viajar en tren por
En estación de tren de Trivandrum cogimos un ricksaw directo a la playa de Kovalam, que según leímos, era la mejor playa de toda
Kovalam tenìa dos grandes calas con cientos de palmeras inclinándose a pocos metros del mar. Nos colocamos a la sombra de una de ellas, tumbados en una esterilla, mientras comíamos una deliciosa y jugosa piña, papaya o mango por unas pocas rupias. Las vendedoras de frutas paseaban con sus cestas de mimbre sobre la cabeza, por las que asomaban las crestas de las piñas o el color naranja intenso de las papayas. Mantenían las espaldas rectas y paseaban sus estilizadas figuras envueltas en saris de colores.
Por la mañana vimos como los pescadores recogían las redes. Se colocaban en hilera y tiraban de una gruesa soga, andando hacia atrás. Eran hileras de unas quince personas, y al llegar al término de la arena, volvían a colocarse al principio de la cadena para seguir estirando. Mientras, la soga iba enrollándose en vueltas circulares como una dócil serpiente. Los montones de soga llegaban a la altura de medio cuerpo de un hombre. Había varias sogas plegadas sobre la arena.
Estuvimos un buen rato mirando como sacaban las redes, hasta que uno de los pescadores nos invitó a que los ayudáramos, o mejor dicho, que lo intentáramos. Así que nos metimos entre la cadena de hombres y tiramos con todas nuestras fuerzas de las sogas, mientras oíamos como los hombres cantaban para mantener el ritmo. Todos iban con longuis, los pañuelos anudados a la cintura, como una falda corta, el torso desnudo o con una camiseta y otro pañuelo enrollado en la cabeza a modo de turbante. Los músculos de sus piernas y sus brazos se tensaban, y su piel brillaba mojada por el agua del mar.

Cuando se acabó la soga salieron finalmente las redes, y las tendieron en la arena. Un montón de brillantes peces plateados aleteaban dentro de la trampa, haciendo una especie de chasquido. Los pescadores esperaron unos minutos, y cuando los peces dejaron de moverse un poco abrieron las redes y sacaron a las medusas que se habían colado, echándolas en la arena. En cuestión de segundos colocaron el pescado en cestas, y luego los niños recogieron los peces pequeños que quedaban.
En uno de los extremos de la playa estaba el faro de Kovalam, pintado a franjas rojas y blancas sobre una colina rocosa salpicada de palmeras. Por las noches guiaba a las barcas de los pescadores cuyas luces veíamos a lo lejos. Al día siguiente partimos hacia Mahabalipuram, donde fuimos invitados a una boda. Pero esa es otra historia.

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03 Jul 2008
BIRMANIA: EL LAGO INLE

Nyawngshwe es el pueblo base para recorrer el lago Inle. Nos alojamos en un bungalow de madera y cañas junto a la orilla. Bonito y barato. Un lugar perfecto para celebrar la nochevieja. Por la mañana embarcamos en una canoa. A primera hora había una neblina que envolvía la orilla más montañosa, aunque ya brillaba el sol. A lo lejos se veían las diminutas figuras de los pescadores, como dibujos en la bruma.
El lago Inle tiene 22km. de largo por 11km. de ancho. Estaba lleno de plantas acuáticas que sobresalían de la superficie del agua formando islotes verdes. Esos trozos de tierra los juntaban los agricultores formando estrechas franjas para cultivar huertos de verduras o flores.
Los pescadores manejaban el remo con el pie. Lo sostenían entre los dedos del pie, de forma que parecía fácil remar así. Para pescar utilizaban unas cestas cónicas de mimbre que introducían en el agua, luego removían el fondo con el remo, y finalmente subían la cesta con el pie. Sólo cogían la cesta con la mano en el último momento para ponerla en la barca. Era una curiosa habilidad. Algunos pescadores transportaban sus cestas de forma horizontal, ocupando casi toda la barca, o verticalmente. Resultaba estético contemplar la silueta de las barcas con los pescadores y sus cestas.
Fuimos a curiosear el mercado flotante de Ywamo, pero nos decepcionó un poco al ser bastante turístico. Tenía más canoas con artesanía que productos propios del mercado. De todos modos, el conjunto resultaba muy abigarrado y de gran colorido. Las mujeres usaban sombreros cónicos y algunas fumaban grandes puros, mientras ofrecían sus mercancías entrecruzando las canoas.
Paramos en una isla en el centro del lago, donde estaba el Monasterio Nga Pha Kyaung. Estaba construido en madera sobre pilotes y en su gran sala central tenía una colección de imágenes de Buda de estilo Shan, tibetano y Bagan. Había varios gatos por allí y los monjes los habían enseñado a saltar por un aro. Ya entonces se conocía como el “Monasterio de los gatos saltadores”. Nos hicieron una demostración en un rincón donde se colaba un rayo de sol.
En el Monasterio vivían cinco monjes. Hablamos con ellos; también mostraron curiosidad por nosotros preguntándonos todo lo que se les ocurría sobre cómo vivíamos, y nos enseñaron sus habitaciones. Eran estancias amplias con vistas al lago, tenían cortinillas naranjas en las ventanas y almanaques con paisajes de Italia y Suiza, regalo de un visitante. Como mobiliario, aparte de las camas con dosel, sólo tenían un armario donde guardaban los libros y sus cosas.
En una pasarela sobre el lago tenían colocadas unas tumbonas. Allí estuvimos un rato, contemplando como el sol se convertía en una esfera naranja, y disfrutando del silencio y de la paz del monasterio del lago. Esa fue nuestra manera de despedir el año. Inmejorable.
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Sobre este blog
NuriaNomada
NuriaNómada
Viajera vocacional, viajo en el tiempo y en el espacio. Admiro a viajeros como Alexandra David-Néel, Richard Burton o Ryszard Kapuscinski, cuya época y cuyos viajes son irrepetibles. Pero creo que aunque casi todo esté ya descrito y descubierto, un viajero siempre podrá ofrecer su mirada sobre aquello que ve y disfruta temporalmente.
El viajero es un testigo privilegiado y nuestros ojos tal vez pueden ver mejor las realidades lejanas gracias a los anteojos de los que nos precedieron.
Me gusta todo tipo de naturaleza (montaña y playa, selvas y desiertos, mares y ríos, lagos y glaciares), las ciudades históricas coloniales, las indumentarias y costumbres diferentes, la gastronomía, los mercados, las charlas con la gente y volverme invisible de vez en cuando para observar sin interferir. Me gustaría disponer de tiempo sin límite para viajar y escribir sobre lo que veo.
He sido trotamundos y he disfrutado en más de cincuenta países, y sigo buscando nuevos horizontes.
Me confieso letraherida, como lectora y como escritora. La literatura es parte importante de mi vida (también soy nómada en el vasto territorio de los libros) y tiene un pequeño espacio en este blog.
Bienvenidos.
"NOS TRANSFORMAMOS EN NUESTROS PROPIOS SUEÑOS"
LAWRENCE DURRELL
"...EL VIAJE PUEDE SEGUIR SIENDO AVENTURA PORQUE AVENTURA ES EL RECORRIDO DE LOS SUEÑOS. Y EL SUEÑO ES LA NATURALEZA QUE CONFORMA EL CORAZÓN DEL HOMBRE. SU DESTINO ES CUMPLIRLOS"
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