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07 Jun 2009

SONRISAS DE ANGKOR

Escrito por: nuri-9 el 07 Jun 2009 - URL Permanente

Estas sonrisas son del s.XII. Sonrisas de piedra que nos hablan de un gran imperio del pasado, el Imperio Khmer. Era impresionante observar de cerca los detalles de la piedra labrada, expuesta a lluvias y soles. Sólo la decadencia del imperio las sumió en el olvido, y permanecieron durante siglos escondidas entre la vegetación, hasta que en 1860 fueron descubiertas por el explorador francés Henry Mouhot.

Encontrar en la jungla doscientas caras de piedra sonrientes es algo que no se olvida. Las caras formaban parte del Templo Bayon, uno de los Templos de Angkor, en Camboya. Estaban esculpidas en los cuatro lados de sus cincuenta y cuatro torres góticas Como había varios niveles podías acercarte junto a ellas. Cada cara tenía la altura de una persona. Los labios eran gruesos, sonrientes, y las orejas alargadas. Decían que las caras representaban a su constructor, Jayavarman VII. Por todas partes había perfiles y rostros observándonos. Eso convertía al templo en único.

Vimos la salida del sol frente al Bayón. La luz iluminó sus caras de un tono amarillo pálido. Todo estaba en silencio, y se oía el canto de algún pájaro en la jungla.

Y estas otras tímidas sonrisas, de una niña y una anciana, pertenecen a nuestro tiempo. Una vivió las atrocidades de los Jemeres Rojos y del régimen de Pol Pot. La otra no. Pero las dos sonreían. Sonrisas de ese bello país asiático que es Camboya.

© Copyright 2009 Nuria Millet Gallego

10 Nov 2008

EL ORFANATO DE ELEFANTES DE SRI LANKA

Escrito por: nuri-9 el 10 Nov 2008 - URL Permanente

PAUL BOWLES TIENE LA CULPA. Los escritores escriben su obra y desconocen las consecuencias que provocarán en futuros lectores. A veces provocan profundos movimientos sísmicos y grietas emocionales. Pero ellos lo ignoran.
Y allí estábamos nosotros, en la costa del Océano Índico, frente al islote que Bowles compró el siglo pasado. Nosotros éramos Javier, mi amor y compañero de vida, y yo. Javier es mi Jane Bowles y yo soy su Paul. O viceversa. Que más da. En ese islote Bowles vivió un año de amor, sexo y literatura con su amigo y con su amada, Jane. Un amor a tres bandas que acabó de forma turbia. Quien quiera saber más que lea su biografía. Decía que Paul Bowles tiene parte de la culpa de mi vocación de viajera nómada. Y tal vez de aquel viaje a Sri Lanka, la antigua Ceilán.

A él también la luz, la temperatura y la vegetación le producían una euforia especial. En cada viaje volvía a “sentir que la vida se abría y adquiría sentido una vez más, esa sensación indefinida que me embarga inexplicablemente cuando voy a regiones desconocidas” y en cada viaje “tenía la ilusión de estar a punto de añadir otro país, otra cultura, a mi experiencia global, y también la ilusión de que tal cosa era valiosa en sí misma” Eso. Justo eso es. Se abre la vida.

En Sri Lanka visitamos el Orfanato de Elefantes de Pinnawella. Lo mejor fue la hora del baño. Hacia el río desfilaron junto a nosotros una manada de cincuenta elefantes con sus crías, guiados por dos cuidadores. Con la trompa se tiraban agua por encima del lomo, refrescándose. Alguno se tumbó de lado en el agua junto a la orilla y se dejaba cepillar por su cuidador. No pude evitar meterme en el agua y bañar a uno pequeño, tocando su áspera y rugosa piel, mientras él se dejaba hacer, mansamente. Me sentí niña y me olvidé del tiempo.
De vez en cuando se les oía barritar, y algunos jugaban entre ellos enfrentándose, juntando sus cabezas y sus trompas. Movían las orejas a modo de abanico para airearse y espantar las moscas, y parecían estar a gusto con las patas sumergidas en el agua. El entorno era precioso, con las orillas del río bordeadas de palmeras y vegetación. Siempre resulta interesante seguir las huellas geográficas de los escritores. Pero Sri Lanka era mucho más que el orfantato de elefantes y que uno de los lugares elegidos por Paul Bowles...

© Copyright 2008 Nuria Millet Gallego

19 Jul 2008

CAMBOYA, LOS TEMPLOS EN LA JUNGLA

Escrito por: nuri-9 el 19 Jul 2008 - URL Permanente


La visita de los templos de Angkor, las viejas piedras entre la verde vegetación, se queda grabada para siempre en la memoria. Pasamos tres días enteros recorriendo los templos, en dos motos alquiladas. Boram y Chetra fueron nuestros simpáticos conductores. La moto era el transporte ideal porque van a poca velocidad, puedes disfrutar del paisaje y alivias el calor.
La primera parada fue el impactante Angkor Wat. Un amplio foso de agua lo rodeaba. La civilización khmer tenía un complejo sistema de regadío. La avenida que conducía hasta el templo era larguísima; leímos que tenía 475 de longitud y 9,5m. de anchura. A lo largo de toda la avenida había una balaustrada de piedra con forma de serpiente, la mitológica Naga, y a ambos lados estaban dos estanques con nenúfares flotantes. Al fondo aparecían las tres torres principales, de piedra oscura, y el resto de torres asomando por los laterales. El entorno era muy húmedo y verde. Era un templo enorme, nos sorprendió su gran tamaño.
Recorrimos durante horas el laberinto de galerías. Había muy pocos turistas, y de vez en cuando nos cruzábamos con un monje de túnica azafrán. Las paredes de las galerías tenían bajorrelieves muy bien conservados, considerando que eran del s. X. Representaban escenas de la mitología hindú: guerreros luchando, figuras en elefantes, hombres en barcas...En las paredes había muchas apsaras, una especie de capillas esculpidas en la piedra con bailarinas de pechos redondos y descubiertos, y aretes en los tobillos. Cuando salía el sol iluminaba las figuras y bajorrelieves dándoles una tonalidad dorada.

Seguimos visitando el Angkor Tom, que es una ciudad fortificada con cinco puertas. Las puertas impresionaban porque parecían una entrada a la selva, y delante tenía cincuenta y cuatro estatuas de dioses y demonios, casi todas decapitadas por el expolio que sufrió Camboya después de la guerra. Dentro de la ciudad de Angkor Tom recorrimos los templos Bayon, Bapturon y la Terraza de los Elefantes.

El Templo de Bayón, pese a lo leído, fue otra gran sorpresa. ¿Cómo no va serlo encontrar en la jungla doscientas caras de piedra sonrientes? Las caras estaban esculpidas en los cuatro lado de las cincuenta y cuatro torres góticas que formaban el conjunto. Como había varios niveles podías acercarte junto a ellas. Cada cara tenía la altura de una persona. Los labios eran gruesos, sonriendo, y las orejas alargadas. Decían que las caras representaban a su constructor, Jayavarman VII. Por todas partes había perfiles y rostros observándonos.

El Bapturon tenía forma de pirámide y representaba el Monte Meru. Caminamos por la Terraza de los Elefantes, de 350m. de longitud, donde celebraba las ceremonias el rey del imperio Khmer. Pasé todo el día preguntándome cómo una cultura capaz de construir aquellos templos tan magníficos había pasado del esplendor a la decadencia y destrucción.

Visitamos muchos más templos de forma relajada, entrando en las pequeñas capillas done un monje quemaba incienso, sentándonos en las antiguas piedras para leer, charlar, tomar frutos secos y simplemente contemplar el espectáculo. Encontrábamos algunos niños, o a algún guía oficial y guardián del templo, vestidos con un uniforme gris con un brazal blanco en la manga. Pero eran muy discretos y no imponían sus servicios.


Mi templo favorito fue Ta Prom, una simbiosis entre la naturaleza y la arquitectura. Había más árboles de lo que pensábamos creciendo sobre muros y puertas, abrazándolos, desplegando sus tentáculos. A veces parecían resquebrajar las piedra, y otras apuntalarlas. Creo que había sido un acierto no talar aquellos magníficos y altos árboles de gruesos troncos, que embellecían el conjunto del templo y le añadían encanto. Era salvaje. Esa es una de las imágenes que me quedaron grabadas con más fuerza.

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12 Jul 2008

ETIOPÍA, LA DESCONOCIDA DE ÁFRICA

Escrito por: nuri-9 el 12 Jul 2008 - URL Permanente

Etiopía es el país de la mítica reina de Saba, y se diferencia en mucho del resto de países africanos. En el norte nos empapamos con el vapor húmedo de las cataratas Tississat del Nilo Azul. Antes de verlas se oye el rugir del agua. Un gran chorro cae por la pared de una garganta, rodeada de verde vegetación. Años después de nuestro viaje construyeron una presa y dicen que las cataratas han dejado de ser lo que eran. El paisaje del norte del país es muy verde, contra la imagen que se tiene de Etiopía, con árboles de gruesos troncos cubiertos por plantas trepadoras y cultivos de maíz, café, algodón y girasoles; el sur, más seco, está salpicado de las características acacias planas y de termiteros gigantes, tan altos como una persona.

El viaje al sur, a los Parques Nacionales Omo y Mago, donde habitan las minorías étnicas de los Hamer y los Mursi es impactante. Nos avisaron de que íbamos a tener unas acompañantes indeseadas: las moscas tsé-tsé. Pensé cómo las diferenciaría de otros moscardones, pero en cuanto las vi no tuve dudas. Empezaron a aparecer amenazadoramente en forma de nube alrededor del coche, y aunque cerramos las ventanillas no pudimos impedir que entrara alguna. Mostraron una predilección especial por la cabeza del sufrido conductor. Empezamos a matarlas utilizando la guía de Etiopía, que demostró ser bastante eficaz.

Además de las tsé.tsé, cada animal y cada persona lleva consigo un cargamento de moscas, que se desplazan al mismo tiempo que van andando. Son de una especie muy terca e insistente; no basta con un simple movimiento para que se aparten sino que tienes que darles un manotazo. Y se posan indiscriminadamente en cualquier parte del cuerpo y en la cara, en los ojos, en la boca, a veces se meten por los orificios de la nariz y hay que dar un soplido. Los niños llevaban muchas moscas en la cara y a veces no se las espantan, como si estuvieran cansados de hacerlo.

Cruzamos en bote el río Omo de aguas fangosas. El bote era un tronco vaciado de frágil estabilidad, en el que sólo íbamos dos pasajeros y el barquero. Las mujeres Mursi se embellecen con tatuajes, escarificaciones e insertando platos de arcilla en su labio inferior. Algunos platos tienen un diámetro de diez centímetros. Los hombres mursi iban totalmente desnudos, sin ni siquiera protegerse los genitales; los que encontramos iba de caza, llevaban arcos con flechas y algún fúsil. Las Hamer se adornan con peinados de trencitas untadas en una pasta rojiza, con collares de conchas y abalorios de colores, y pieles como faldas. Todas transportan en la cabeza calabazas llenas de leche de camello, que tiene propiedades curativas.

El Parque Nacional de Nechisar está entre dos lagos, el Abaya y el Chamo. Visitamos el parque acompañados de un guarda armado con un fúsil kalasnikov. vimos cebras en grupos de cuatro o cinco, gacelas de Grant, antílopes, gallinas de guinea, pavos reales, halcones y otras aves. Luego cogimos una pequeña embarcación por el lago Chamo para ver lo que llaman el “mercado de los cocodrilos”, el lugar donde se agrupan para descansar, tomar el sol en las orillas y exhibir sus mandíbulas de vez en cuando.

Después de diez días por el sur, la siguiente etapa fue la mítica ciudad de Harar, que tuvo prohibida su entrada a los no musulmanes hasta el siglo pasado, cuando el explorador inglés Richard Burton vulneró esta prohibición en 1854, disfrazándose de peregrino. Y casi siglo y medio después fuimos nosotros, mientras los niños nos gritaban entre risas “faranji”, que significa extranjero en la lengua amharic. Harar fue y es una de las más santas ciudades musulmanas. Es el origen de la comunidad rastafari, aunque vimos pocos. Disfrutamos paseando por el laberinto de sus calles. En su mercado vimos a los hombres vendiendo y masticando el chat, la planta local estimulante.

En el otro extremo de Etiopía, al oeste, está la bonita ciudad de Bahir Dar, junto al lago Tana, el mayor de Etiopía. Dentro del lago hay varias islas con monasterios ortodoxos de forma circular. Desde allí una pequeña avioneta nos llevó hasta Gondar. Resulta inesperado contemplar los castillos medievales de Gondar, con escalinatas, almenas y torreones. Fueron construidos por diferentes reyes durante el s. XVII y ofrecen una imagen inusual de Africa.
Al norte, junto a la frontera Eritrea, está la histórica ciudad de Axum, donde están las ruinas del Palacio de la Reina de Saba y un conjunto arqueológico de tumbas y stelas. Las stelas son estilizadas agujas de piedra hechas de un solo bloque, Pero recordaremos Axum, además, porque fue allí donde vimos un convoy de tanques militares y otros vehículos de guerra que iban hacia el cercano frente de Eritrea.

Las iglesias de Lalibela no tienen comparación en el mundo y conservan una atmósfera muy especial. Se excavaron en la roca en el s. XII para ocultarlas de las invasiones árabes. De hecho, Lalibela es una laberíntica ciudad subterránea, conectada por túneles y pasajes, con 12 iglesias y capillas, además de sepulcros y lugares sagrados. Los sacerdotes ortodoxos tienen un aspecto imponente, con su ropajes de colores y muestran las cruces procesionales de plata y oro. Las enseñan con orgullo y con mimo, colocándolas sobre los bastones de madera envueltos en largas estolas. Alguno de los sacerdotes espantaba las molestas moscas con elegancia, utilizando un plumero hecho de cola de caballo.

La iglesia de San Jorge es la más famosa y era una de las motivaciones de nuestro viaje: tiene forma de cruz y está tallada en la piedra rojiza con una gran zanja alrededor. En el interior todavía se conserva un dibujo de San Jorge matando al dragón. Lo curioso es que la iglesia es monolítica, y se talló desde arriba abajo. Era majestuosa y extraña. Como la inolvidable Etiopía.

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NuriaNomada

Viajera vocacional, viajo en el tiempo y en el espacio. Admiro a viajeros como Alexandra David-Néel, Richard Burton o Ryszard Kapuscinski, cuya época y cuyos viajes son irrepetibles. Pero creo que aunque casi todo esté ya descrito y descubierto, un viajero siempre podrá ofrecer su mirada sobre aquello que ve y disfruta temporalmente.
El viajero es un testigo privilegiado y nuestros ojos tal vez pueden ver mejor las realidades lejanas gracias a los anteojos de los que nos precedieron.

Me gusta todo tipo de naturaleza (montaña y playa, selvas y desiertos, mares y ríos, lagos y glaciares), las ciudades históricas coloniales, las indumentarias y costumbres diferentes, la gastronomía, los mercados, las charlas con la gente y volverme invisible de vez en cuando para observar sin interferir. Me gustaría disponer de tiempo sin límite para viajar y escribir sobre lo que veo.
He sido trotamundos y he disfrutado en más de cincuenta países, y sigo buscando nuevos horizontes.

Me confieso letraherida, como lectora y como escritora. La literatura es parte importante de mi vida (también soy nómada en el vasto territorio de los libros) y tiene un pequeño espacio en este blog.
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