22 Nov 2009
INCAHUASI Y EL SALAR DE UYUNI

El Salar de Uyuni es una maravilla natural, es la mayor extensión de sal del mundo, a 3600m de altitud y con 12.106km2. El blanco era cegador. Y el cielo del Altiplano boliviano era de un azul intenso.
En alguna zona había pirámides de sal que apilaban los trabajadores. Tenían que picar fuerte con el pico porque la superficie era dura. El lugar había sido originariamente un gran lago que se secó. El terreno estaba resquebrajado en fragmentos octogonales formando un mosaico hasta que se perdía la vista. Era inmenso.


La Isla de Incahuasi está situada en el centro del Salar, formada por rocas volcánicas, algo elevada, y cubierta por cientos de cactus gigantescos. Los cactus eran de la especie Trichocereus con alguna flor lila. Algunos eran enormes, de hasta seis metros de altura, y con varios brazos. Subimos a la cima de la isla para contemplar las vistas, y quedamos rodeados por un ejército de alargados cactus. Un paisaje realmente bello y curioso.


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15 Nov 2009
LAS CHOLITAS BOLIVIANAS (SOMBREROS VIAJEROS)
Bolivia es el paraíso para una coleccionista de sombreros como yo. Se veían bastantes cholitas, las mujeres con ropa tradicional: amplias faldas superpuestas que llaman polleras, mantones, sombreros de fieltro tipo bombín, negro o marrón, y largas trenzas anudadas en la espalda. Pregunté a una chica joven cuántas faldas llevaba puestas y me dijo que cuatro (¡) con las enaguas. En los mantones cargaban a los niños pequeños, o cualquier otra cosa, a modo de mochila. Todo eso les daba un aspecto bastante voluminoso.


El sombrero estaba muy por encima de la cabeza, poco encajado, parecía a punto de caerse en cualquier momento. En una librería de La Paz leí que eran del tipo de sombrero borsalino, más alto que el bombín, y era el que utilizaban las cholas, vocablo que designaba a las mestizas.
Un domingo fuimos a visitar el colorido mercado de Tarabuco, un pueblecito cercano a Sucre. Hombres y mujeres vestían ponchos y sombreros llamados “monteras”, probable herencia de los soldados conquistadores. Muchas mujeres llevaban otro tipo de sombreros negros con visera trasera, adornos y dibujos con cuentas de colores.


Cuando viajábamos en micro, las furgonetas colectivas, nos gustaba sentarnos en la parte de atrás para contemplar el panorama de sombreros y las largas trenzas de las mujeres bolivianas. Esa imagen será otro de los recuerdos de Bolivia.

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07 Nov 2009
LOS FLAMENCOS DE LAGUNA COLORADA

Bolivia es color. Los paisajes de la Ruta del Sudoeste del país impresionan, son el sueño de un pintor loco. Pueden verse lagunas de intensos colores por las algas y por los sedimentos y minerales de la zona. La región pertenece a la Reserva de Fauna Andina Eduardo Avaroa. Nos gustaron especialmente la Laguna Colorada, de un rojo tierra intenso, por las algas, y la Laguna Verde,. de aguas translúcidas.


Las lagunas están a 4400m. de altura, rodeadas por volcanes como el Ollagüe (5865m), todavía activo, cerca de la frontera chilena, o el volcán Licanbur (5960m).
En la Laguna Colorada y la Laguna Hedionda, llamada así porque huele a azufre, había miles de flamencos rosas, y no exagero. Nunca los habíamos tenido más cerca, a unos diez metros, ni siquiera en África.

Eran flamencos andinos, que se alimentan de microorganismos, con el cuello y las alas de color rosa más intenso, y el borde de las alas negro. El pico era amarillo y negro. Sus estilizadas patas parecían frágiles, y caminaban sobre las lagunas con elegancia, sumergiendo la cabeza de vez en cuando en busca de comida. Soplaba un fuerte viento y nos quedamos absortos y en silencio contemplándolos. Por todas partes se veían las manchas rosadas de flamencos sobre la superficie del agua. Fue un privilegio poder observarlos.


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01 Nov 2009
LAS MINAS DE POTOSÍ

Uno de los recuerdos más impactantes del viaje a Bolivia será, sin duda, la visita a las minas de plata del Cerro Rico en Potosí.
Las minas fueron descubiertas por los conquistadores españoles hace más de cuatrocientos años, y todo el Cerro estaba horadado con galerías, con riesgo de desplome. Era un laberinto subterráneo. Habían trabajado hasta 15.000 mineros, pero en la actualidad sólo trabajaban unos 4000 mineros. Decían que como mucho quedarían diez o quince años más de explotación.

En el Mercado Minero vimos todos los objetos y utensilios que compraban los mineros: botas, casco, lámparas, dinamita, mecha, cigarrillos, mascarillas...Como las minas estaban constituidas en régimen de cooperativa, eran ellos los que compraban su propio equipo y la mayoría prescindían de las mascarillas porque les molestaban para respirar y les daban calor.
Uno de los artículos que más me sorprendió fue el Alcohol Potable de 96º que bebían los mineros el primer y el último viernes del mes para ofrecer y pedir bendiciones a la Pachamama, la Madre Tierra (que falta les hacía), y al Tío, protector de la mina. Alcohol Potable de 96º!!! Como el de uso hospitalario para desinfectar. Y con buen gusto, según la etiqueta...No pude evitar probarlo...
Otro artículo imprescindible para el minero es la coca. Compraban bolsas de hojas de coca que había que mezclar con un catalizador alcalino para que desprendieran la sustancia. Hacían una bola y la masticaban todo el día para resistir el duro trabajo en la mina.


Visitamos los llamados Ingenios, las plantas donde se procesaba la plata, llenos de maquinaria polvorienta y ruidosa. En el Ingenio trituraban las piedras, las centrifugaban, las sumergían en sustancias químicas, la decantaban, secaban y finalmente obtenían el polvo de sulfato de plata. La ciudad colonial de Potosí, que es Patrimonio de la Humanidad, tenía las casas pintadas de colores intensos, tal vez para compensar el polvo y la negrura de las minas.
Después llegó el plato fuerte: la entrada en la mina. Estuvimos casi dos horas bajo tierra. En el primer tramo pudimos caminar erguidos por la galería, pero bajamos hasta el cuarto nivel y nos arrastramos y caminamos a cuatro patas por estrechas galerías. Respiramos polvo y gases tóxicos, de hecho salimos de allí con una fuerte ronquera en ese poco tiempo...

Encontramos varios grupos de mineros trabajando. Uno eran cuatro chicos jóvenes que empujaban una vagoneta cargada por los rieles. La vagoneta podía transportar hasta dos toneladas de mineral, y con la estrechez de la galería podían suceder accidentes como ser atropellado por una de ellas, porque en muchos tramos no había lugar para esquivarla. Los chicos tenían 16 años y trabajaban entre 8 y 12 horas al día. Todos mascaban coca con la mejilla hinchada, y sonreían y hacían bromas. Eran jóvenes pero sabíamos que en la mina también trabajan niños, aunque la legislación boliviana lo prohíbe y no los vimos.
Coincidimos con otro minero de 49 años, que llevaba 37 años trabajando allí, y estaba a punto de jubilarse; le pregunté si tenía hijos y si eran mineros. Siempre recordaré su mirada de orgullo al contestar que tenía siete hijos y que todos estudiaban.
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20 Sep 2009
SONRISAS DE BRASIL, y despedida


Su sonrisa me atrajo como un imán. "Ven, que te hago unas trencitas como las mías", me dijo la chica desde la puerta de la peluquería. Estábamos en Salvador de Bahía, o Bahía, como la abrevian los brasileños. La ciudad está dividida por un risco en la Cidade Alta y la Cidade Baixa. En la Cidade Alta está la zona histórica con los barrios coloniales de Terreiro de Jesús, Pelourinho y Anchieta, repletos de iglesias y casas del s.XVII.

Nos alojamos en el hotel Pelourinho, una antigua mansión de techos altos con fachada pintada de verde manzana y blanco. La habitación tenía vistas al mar. El hotel, según decían, fue el decorado de la novela "Suor" de Jorge Amado.
El encanto de Bahía estaba en sus calles empedradas y edificios antiguos coloniales de colores pastel, y en sus gentes. Allí vimos ruedas de capoeira, una ceremonia de Candomblé, el antiguo ritual africano que practicaban los esclavos, y muchas otras cosas sobre las que prometo escribir. Estuvimos siete semanas en Brasil, y conocimos a gentes de nombres sonoros e inolvidables, como Washington, Vincesvindo, Wilson, Genara, Brenda, Normando, Juma, Batista o Norberto. El encanto del país también estaba en las sonrisas de sus gentes, como estas que os ofrezco como despedida. Llegó la hora esperada de otro largo viaje...
Gracias por seguir viajando conmigo, después de un año, y hasta pronto amigos.
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13 Sep 2009
EL DR. LIVINGSTONE Y EL LAGO TANGANICA
“Dr. David Livingstone, supongo”. La famosa frase fue pronunciada en Ujiji, el lugar donde se produjo el mítico encuentro entre Livingstone y Stanley, en 1872. Ujiji, en Tanzania, era uno de los pueblos más antiguos de África y el principio de la antigua ruta del marfil. Era un pueblecito agradable, con casas de adobe y caña, y a las puertas se asomaban los niños para gritarnos “Mwzungu, mwzungu!” (blanco, en swahili). Los caminos de tierra roja serpenteaban entre la hierba verde donde crecían grandes mangos, plataneros, el estilizado árbol de la papaya y cientos de palmeras. Seguimos uno de aquellos caminos de tierra roja, y los niños nos señalaron la dirección que debíamos tomar para llegar al lugar donde se encontraron Stanley y Livingstone. Era un jardín frondoso en el que crecían dos enormes mangos, bajo los que decían se sentó Livingstone a meditar sobre la esclavitud, con un pequeño Museo. El museo tenía cinco o seis cuadros de estilo un tanto naïf reproduciendo escenas de la biografía del explorador. Junto a los cuadros dos estatuas de cartón-piedra de tamaño mayor que el natural, representaban a ambos aventureros saludándose.

Livingstone fue mi inmejorable compañero literario de viaje. Su libro "El último diario del doctor Livingstone" me hizo sufrir y disfrutar con él, era un testimonio único.
David Livingstone (1813-1873) fue un explorador británico que fue enviado a África por la Sociedad Misionera de Londres. Se adentró en el desierto de Kalahari, la cuenca del Zambeze, buscó las fuentes del Nilo y exploró la región del lago Tanganica, donde le encontró Stanley. Al final fue otro aventurero, Richard Burton, quien descubrió las fuentes del Nilo.
Henry Stanley (1841-1904) fue un periodista y explorador británico que en 1871 emprendió viaje a Tanganica en busca de Livingstone. Descubrió otra fuente del Nilo en el lago Victoria y también exploró el Congo.
El lago Tanganica, estaba cercano. Encontramos una playa de arena, con barcas de pescadores, y un lago tan grande que parecía el mar. Se perdía en el horizonte. Leímos que era el segundo lago más grande del mundo en volumen, después del lago Baikal en Siberia. Aunque por superficie era más grande el lago Victoria. Sus aguas eran de color azul intenso y tenía oleaje. Nos quedamos a contemplar la puesta de sol. Salían las barcas de los pescadores y veíamos sus siluetas recortadas contra el horizonte. Pensé que aquella misma escena habría sido contemplada por la mirada de Livingstone.

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06 Sep 2009
LAS NORIAS ÁRABES DE HAMA

Hama es una ciudad siria, cruzada por el río Orontes, y conocida por sus viejas norias de madera. Está situada a pocas horas de autobús de las históricas y preciosas ciudades de Damasco y Alepo. Las norias habían existido desde el s.V o antes. Eran grandes ruedas hidraúlicas de madera que sobrepasaban los veinte metros de diámetro y tenían la altura equivalente a 4 o 5 pisos. Desde cerca la madera estaba tan gastada que parecía metal gris. Actualmente se conservan 17 norias.
La mayor parte de la ciudad fue destruida por un bombardeo en 1982. Estaban reconstruyéndola con piedra nueva. La Ciudad Vieja tenía Mezquitas y una Sinagoga. Era un gusto pasear por los verdes y tranquilos jardines de la orilla del río. Y en el centro las calles eran un hervidero de familias paseando y comprando en los comercios del bazar. Allí probamos un dulce típico de Hama, hecho de queso y miel, enrollado en una torta.
Cuando estuvimos, un grupo de adolescentes jugaba a lanzarse al agua desde las palas de la noria, compitiendo en altura. Al ver que les hacíamos fotos no dudaron en posar y tirarse desde más alto y haciendo acrobacias, entre risas. Luego se acercaron a ver sus fotos y a charlar con nosotros en el atardecer, mientras el sol teñia de dorados la ciudad vieja y contemplábamos el reflejo de las norias en las tranquilas aguas del río Orontes. Uno de esos momentos buenos de los viajes.


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29 Ago 2009
LOS DOCE APÓSTOLES AUSTRALIANOS

Caminamos al borde de los impresionantes acantilados verticales de piedra caliza, de colores ocre y amarillo. Junto a ellos, en el mar, había gigantescos pináculos o agujas marinas que llamaban los Doce Apóstoles. Estábamos en el Parque Nacional de Port Campbell, próximo a Melbourne. Sólo quedaban ocho apóstoles y decían que debido a la erosión marina acabarían por desaparecer. Leímos que cada catorce segundos la piedra recibía el impacto de una ola. Esa erosión formaba cuevas y agujeros arqueados en las rocas. El mar tenía fuerza en aquella zona y una franja de espuma blanca festoneaba los acantilados.
Vimos la ensenada donde naufragó un barco que viajaba de Londres a Sidney en 1878, tras tres meses de travesía. Estaba a punto de llegar y haciendo los preparativos de una fiesta para celebrarlo, cuando naufragó. Sólo sobrevivieron dos personas. El lugar se bautizó Loch Ard Gorge en recuerdo del barco. A pesar de lo dramático de los sucesivos naufragios en aquellas costas, las playas eran bellísimas.

Junto a la ensenada, una roca formaba un puente natural sobre el mar. La llamaban London Bridge. Los apóstoles se erguían imponentes resistiendo los embates de las olas, cuyo impacto podíamos oir. Una muestra más del perfecto arquitecto que puede ser la erosión en la naturaleza.
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09 Ago 2009
LOS KOALAS AUSTRALIANOS
No se me ocurre ningún animal que simbolice mejor el perezoso mes de agosto que el simpático koala.
Desde Port Douglas en las costa este australiana fuimos al Parque Nacional de Daintre, donde encontramos los primeros koalas en libertad. También los vimos cerca de Melbourne. Estos curiosos animales son mamíferos y arborícolas. Estaban reposando en las ramas, algunos dormitando y otros moviendo la cabeza perezosamente. Se sentaban en las ramas altas para comer los brotes tiernos. Pero tuvimos a uno de ellos al alcance de la mano. Estaba con su cría en una rama baja, comiendo hojas. Tenía una cara simpática, con un hocico negro y plano, y ojos y orejas redondas.
Dos de ellos dormían juntos, uno sobre otro en la misma rama, convertidos en dos bolas peludas. Leí que los koalas duermen veinte horas al día. Podría decirse que llevan una vida relajada. No sé si advirtieron nuestra silenciosa observación, pero me llevé sus imágenes en la memoria.
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01 Ago 2009
LAS MEZQUITAS DE ADOBE AFRICANAS
Djenné era una de mis ciudades míticas. Fue uno de los lugares africanos que más me impresionó. Está ubicada en una isla que forma el delta del Níger, en Mali, y considerada Patrimonio de la Humanidad. Una puerta de entrada hecha de adobe enmarca la ciudad. Fue como entrar en un túnel del tiempo hacia la época medieval, el ambiente de sus calles parecía conservarse como entonces. Todas las casas estaban hechas de adobe, al igual que su preciosa Mezquita.
La Mezquita de Djenné era un ejemplo de la arquitectura sudanesa. Cada año se reunían todos los habitantes y arreglaban los desperfectos causados por las lluvias. Las estacas clavadas en el exterior les servían para trepar por la fachada. El interior de la Mezquita era sencillo, con arcos y suelo de arena, y tenía una estancia para que rezaran las mujeres, ocultas a la vista de los hombres.
En el país vecino de Burkina Fasso visitamos las siete mezquitas de adobe de Bani; una de ellas es la de esta última foto. Me senté en el suelo ante la mezquita y me quedé absorta admirando cada uno de los detalles. Eran doradas, tenían torres con ventanucos, cenefas y dibujos geométricos grabados en las paredes. Auténticas filigranas hechas por la mano del hombre y en constante lucha con el deterioro causado por la naturaleza.
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Sobre este blog
NuriaNomada
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Viajera vocacional, viajo en el tiempo y en el espacio. Admiro a viajeros como Alexandra David-Néel, Richard Burton o Ryszard Kapuscinski, cuya época y cuyos viajes son irrepetibles. Pero creo que aunque casi todo esté ya descrito y descubierto, un viajero siempre podrá ofrecer su mirada sobre aquello que ve y disfruta temporalmente.
El viajero es un testigo privilegiado y nuestros ojos tal vez pueden ver mejor las realidades lejanas gracias a los anteojos de los que nos precedieron.
Me gusta todo tipo de naturaleza (montaña y playa, selvas y desiertos, mares y ríos, lagos y glaciares), las ciudades históricas coloniales, las indumentarias y costumbres diferentes, la gastronomía, los mercados, las charlas con la gente y volverme invisible de vez en cuando para observar sin interferir. Me gustaría disponer de tiempo sin límite para viajar y escribir sobre lo que veo.
He sido trotamundos y he disfrutado en más de cincuenta países, y sigo buscando nuevos horizontes.
Me confieso letraherida, como lectora y como escritora. La literatura es parte importante de mi vida (también soy nómada en el vasto territorio de los libros) y tiene un pequeño espacio en este blog.
Bienvenidos.
"NOS TRANSFORMAMOS EN NUESTROS PROPIOS SUEÑOS"
LAWRENCE DURRELL
"...EL VIAJE PUEDE SEGUIR SIENDO AVENTURA PORQUE AVENTURA ES EL RECORRIDO DE LOS SUEÑOS. Y EL SUEÑO ES LA NATURALEZA QUE CONFORMA EL CORAZÓN DEL HOMBRE. SU DESTINO ES CUMPLIRLOS"
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