07 Oct 2008
En busca de Madame Mamadú (VI): La dama de las camellas
La vida en el Gran Erg Occidental es insostenible. No hay agua, ni mucho menos asentamientos humanos, ni carretera alguna que cruce su inmensa aridez arenosa.
Así se explicaba que tanto Milady como yo hubiéramos dado por supuesto que, cuando Madame Mamadú había dejado dicho que se disponía a pasar nueve meses en el Gran Erg Occidental, lo que en realidad había querido decir era que iba a quedarse en alguno de los fértiles oasis que, como Timimoun, crecen aferrándose a sus márgenes. Por eso habíamos planificado nuestra estrategia de búsqueda centrándonos en los mismos.
Sin embargo dos meses de búsqueda infructuosa y algún que otro tirón de pelos nos habían llevado a replantearnos la hipótesis inicial.

-Quizá nos hemos equivocado. Quizá hemos querido leer entre líneas cuando todo lo que la pitonisa quería decir era que se iba, literalmente, al desierto. ¿Entiendes?
-Más o menos. ¿Y crees que un troll del desierto podría ayudaros a encontrarla?
-Claro -respondí, para gran regocijo de mi interlocutor, la cabeza de camello incorpórea, que echó a reírse a mandíbula batiente. Sus carcajadas resonaban, francas y poderosas, haciendo vibrar el confinado espacio que nos envolvía en forma de neblina roja.
-Cariño, permíteme que te diga -dijo- que eres un ingenuo. Un ingenuo adorable, pero ingenuo al fin y al cabo. Verás, es cierto que, si hay una criatura que puede hallar a cualquier otro ser que se mueva, camine o repte y respire sobre la faz del desierto, ese es el troll.
El problema es que nadie puede encontrarles a ellos. Son demasiado escurridizos. Están hechos de arena, ¿comprendes? y cuando no quieren ser vistos, que suele ser cuando están haciendo la digestión, se hacen uno con el desierto y desaparecen.
Los trolls no viven en el desierto: ellos son parte del desierto. Si tienes suerte, ellos te encontrarán a ti. Y cuando digo suerte me refiero a la mala, porque no vivirás para contarlo. Eso es lo que cuenta la leyenda, y lo que me ocurrió a mí.
-!Ajá! -exclamé triunfante- O sea que yo tenía razón: No sólo hay alguno por aquí cerca, sino que tú podrías decirme exactamente dónde.
-No tan deprisa, cariño, ni tan cerca. ¿Es que los hombres nunca escucháis cuando se os habla? En primer lugar, has de saber que los trolls del desierto no se comen las cabezas de sus víctimas. No les gustan, o al menos ésa es mi experiencia personal. Pero como son tan glotones, primero lo engullen todo, y luego escupen la cabeza como si fuese un hueso de aceituna, poniendo tal fuerza en el empeño que una sale disparada por los aires y no aterriza sino varios cientos de kilómetros después. Sospecho que lo hacen para no dejar pistas sobre su paradero. Es una experiencia muy humillante; no te la recomiendo.
A mí me ocurrió hace ya dos días -prosiguió-, por eso huelo que apesto. Formaba parte de una caravana de tuaregs. Era de noche, y me había alejado del campamento más de lo aconsejable. Fue un error imperdonable, y los errores se pagan. Los trolls son criaturas noctívagas: aprovechan las tinieblas nocturnas para salir a cazar. Visto y no visto. Cuando me quise dar cuenta era ya demasiado tarde. Eso sí, todo sucedió de una forma rápida e indolora.
A la mañana siguiente un campesino me encontró entre las palmeras de su huerto. Como no estaba en muy mal estado, me vendió al carnicero por diez dinares. Y aquí me tienes, aguardando mi triste destino: si no termino burbujeando en el puchero de alguno, sospecho que esta misma noche seré el festín de ratas, gatos y perros.
Por eso tu aparición ha resultado providencial. Necesito que me saques de aquí, cariño. ¿Tienes setenta dinares? Es todo cuanto cuesto, y todo cuanto te pido a cambio de llevarte al lugar exacto en donde me atacó el troll.
-¿Llevarme? ¿Quién ha dicho que vayas a ir conmigo? Lo siento mucho, pero ya hay demasiados personajes en esta historia. ¿No hay otra cosa que pueda hacer por ti?
-Me temo que no. ¿Qué otra cosa podrías hacer por mí? Sólo soy una cabeza. La culpa es tuya: no haberme dado pensamientos. Ahora puedo prever el futuro, y sé que quiero sobrevivir. Tú eres mi única oportunidad, y ésta la única oferta que te presento: llévame contigo y seré tu guía. De lo contrario ya puedes despedirte de mí y del troll.
-Pues entonces adiós -dije-, no te necesito. Ya me las arreglaré sin ti.
La neblina comenzó a evaporarse, el tiempo recobró su continuo discurrir y el mercado sus ritmos y colores, todos sus olores y su frenesí. Sólo entonces percibí, por el rabillo del ojo, que el carnicero llevaba un buen rato observándome y que parecía no estar haciéndole mucha gracia cuanto estaba viendo.
Veinte minutos más tarde, tras haber deshecho mi camino a través del dédalo de callejuelas que conformaban la medina de Timimoun, tomé la estrecha cinta de asfalto que, saliendo de la ciudad, discurría a través de jardines, huertos y palmerales para devolverme al camping "Roses des sables", a la sombra del porche de una de cuyas casitas de adobe me esperaba, enfrascada en la lectura de un libro, Milady, comandante en jefe del Equipo COES y compañera de andanzas e infortunios. Anuncié mi presencia con todo el rigor y la profesionalidad que la situación y las ordenanzas requerían:
-!Yujuuu! Ya estoy en casaaaa...
-Rayos y truenos capitán, ¿dónde se había metido? Empezaba a preocuparme su tardanza. ¿Ha traído usted las semillas de cardamomo y la canelita en rama que... ¿Qué diablos es eso?
-¿Esto? -dije yo, alzando la cabeza de camello que traía en la mano. Noventa dinares me había costado. No estaba mal, teniendo en cuenta que en el precio iban incluidos el garfio del que colgaba y una hermosa cabeza de ajo de regalo.
-No me habías dicho que íbamos a ser un trío, cariño -dijo la cabeza, relegando mis explicaciones a un segundo y posterior plano-, aunque bien pensado, mejor así. Dos son compañía, tres son diversión.
-Capitán -atajó a su vez Milady, dirigiéndose de nuevo a mi egregia figura-: dígame usted que no es cierto que se ha traído usted consigo una cabeza de camello y que la susodicha está hablando.
-Todo tiene una explicación -dije.
-Creo que te has metido en un buen lío, cariño -dijo la cabeza.
-Dígame que no estoy soñando, capitán -dijo Milady.
-También he traído la ramita de canela y el cardamomo -apunté hábilmente, sacando del zurrón la bolsita con las especias y agitándola levemente con la vaga esperanza de rebajar así la espiral de tensión que se estaba creando y amenazaba con explosionar de un momento a otro.
-¿Querida, no tendrás una una aspirina, por un casual? -preguntó a su vez la cabeza-. Tanto ajetreo ha terminado por darme jaqueca. Por cierto, aún no me he presentado, !qué cabeza la mía! Me llamo Camelia, y no soy camello sino camella.
Resumen de lo ocurrido hasta la fecha
Protagonajes y otros personistas
Si quieres leer el relato de nuestras andanzas desde su comienzo, puedes hacerlo haciendo click aquí:
http://lacomunidad.elpais.com/odysteus/2008/4/3/una-manana-muy-productiva-
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24 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Nire dijo
Bueno, menos mal, esta vez he cogido el hilo a la primera gracias al "Resumen de lo ocurrido hasta la fecha". Además me he metido en la intriga. Espero al siguiente capítulo para ver si encuentran al troll y qué pasa con él. Muy interesante.
mayca1523 dijo
Vírgen Santa!!!!! Y qué se supone que se hace con una cabeza?????? jejejeje
Me encanta, que imaginación, nunca sabe uno por dónde vas a salir.
Un beso muy grande, otro para milady y otro para la cabeza, jejeje
elefanteblancoster dijo
Ten cuidado, ya sabes que un trío es siempre cosa funesta aunque, eso sí, siempre hay que hacer caso al sexo femenino, adopte la forma que adopte.
Y menos mal que llevas las especias.
Gracias y un abrazo.
celia-lor dijo
Joer para la camella!! mira que tiene labia , no me extraña que Milady haya puesto el grito en el cielo, y tiene retranca la puñetera, quiere una aspirina, jeje si no se calla!!. En fin Capitán y ahora tendrás que buscar un troll del desierto, hummmm tenga usted cuidado. Bicos.
Odys Guankenobis dijo
Sí Celia, así son ellas... las camellas
Mi próximo post hará el número cien desde que empecé, hace ya un año y... bueno, y pico. Lo que no sé es cuántos post llevo desarrolando ésta, ejem ejem, crónica. ¿Treinta y pico? No sé, luego igual lo miro. En cualquier caso, un número lo suficientemente elevado como para ir pensando en darle carpetazo, o al menos a su Primera Parte, porque para terminarla aún queda cuerda para rato
Hugs and kisses, y gracias por pasaros.
Jose Alberto dijo
¡que cabeza la mía!..esa frase ha estado genial, teniendo en cuanta que quien la pronunciaba sólo tenía cabeza. Eres un surrealista de tomo y lomo, Odys..Seguiremos esperando el desenlace (y si Dyland tiene que fallecer, por lo que sea, Diós no lo quiera), lo aguantaremos como valientes.
Cheers mate¡¡
Odys Guankenobis dijo
De nada, compañero, ya falta menos. Y si fallece el batracio descuida, que te invitaremos al sepelio
Un abrazo.
mayca1523 dijo
¿Estás "enfadao"?
Odys Guankenobis dijo
psiquiatradefamilia dijo
Te pareces a Calvin, de "Calvin y Hobbes"

Odys Guankenobis dijo
No sabía quiénes eran Calvin y Hobbes, pero tras guglearlo he de decir... he de decir que... (bueeeno, igual sí)
Gracias, un saludo.
Lita Gomez dijo
nada no le pillo el hilo, pero lo releo
un abrazo
kovalam90 dijo
¡Camella , Camella...! al final ha resultado ser una más que grata compañía y, desde luego, a educación y buena conversación no la gana nadie pero ¡¡¡yo solo quería cardamomo y canela en rama, por Dios!!!.
Si es que con este Capitán una nunca sabe por donde le va a salir o con quien se va a presentar, tiene una facilidad inaudita para cruzar su camino con los seres más insospechados de la galaxia. En fín, al menos ahora, cuando me deja para irse ha hacer mandados, exploraciones o averiguaciones ya no me quedo sola con este libro que ya he leído 6 veces (en Timimoun no hay librería, biblioteca ni triste kiosko de prensa) y las tardes se me van en interesantes charlas y litros de chai con mi nueva amiga. Y en ponerle al día hasta de los más pequeños detalles sobre el Capitán, está coladita por él.
Odys Guankenobis dijo
No te preocupes Lita, los grandes escritores sabemos que siempre corremos el gran riesgo de ser unos incomprendidos en nuestro tiempo
Milady, ¿mantenéis interesantísimas conversaciones con la cabeza de una camella? me preocupa vuestra salud mental
Eso sí, qué rico está el chai!!
Besos.
kovalam90 dijo
¿Mi salud mental decís? Esto... os recuerdo que fuisteis vos quien entabló conversación con la cabeza por vez primera. Mal os veo Capitán, esos lapsus de memoria no presagian nada bueno de vuestra (cercana) vejez.
Tendré que decírselo a vuestra Camella enamorada, por aquello de que sepa a que atenerse con vos.
blasftome dijo
¡¡Copon!!. "Cacao maravillao" te has debido comer. Y como dice la cabeza, "la culpa es tuya: no haberme dado pensamientos".
(Venir aquí, es entrar en otro mundo. Y eso es bueno).
Un abrazo.
Odys Guankenobis dijo
Milady... Grrrr... la arruga es bella
; por cierto, ya os he engrasado el taca-taca. ¿Os he dicho que os dejasteis la dentadura postiza en casa? 
Gracias, Blas, también el tuyo es diferente y bueno. Un abrazo.
kovalam90 dijo
Recordaré vuestro comentario la próxima vez que acudais a pedirme un día libre o una subida de sueldo.
Dicho sea sin acritud, claro.
patita de goma dijo
A ver, creo que va a acabar en la carcel capitan............si tu te acercas a una comisaría y cuentas la historia, lo primero que pensarán es que estás drogao!!!!!, luego si le dices que has pagao por una camella.............pensarán que traficas..........esto me está empezando a preocupar, no sé como milady está tan tranquila con una camella en casa, aunque sea solo la cabeza!!!
Por otro lado, como os está costando tanto trabajo localizar a madam mamadú..........no os vale rappel que tiene un teléfono directo y todo???
f-menorca dijo
El origen de la polémica
Odys Guankenobis dijo
Hola Xarbet, he intentado dejar un comentario en ese enlace que me has puesto y no me dejan. ¿Me sorprende? Ni lo más minimo...
celia-lor dijo
Odys te mande un mail, avisame si no lo recibes. Bicos.
Juanjo Albors, arquitecto de cabecera dijo
Gracias por tu apoyo compartido, Odys, no se trata tanto de conseguir algo como de actuar como creemos que debemos hacerlo. Porque el conseguir justicia no depende sólo de nosotros, pero la actuación sí.
Y aunque "Cuando un hombre pide justicia es que quiere que le den la razón" según dijo Santiago Rusiñol, también es cierto que "Lo malo no es la maldad de los malos sino el silencio de los buenos" afirmado por Luther King.
Lo que es seguro, según Cicerón, es que "Todos los hombres pueden caer en un error; pero sólo los necios perseveran en él".
Perdona tantas citas pero estos días estoy seco de ideas propias que no sean pedir para todos transparencia, reconocimiento de errores, subsanación de los mismos y explicaciones aún no dadas a personas ofendidas o perjudicadas.
No es sólo la libertad de expresión que está en entredicho sino la exigencia de capacidad y de bien hacer en los responsables de medios como éste al que muchos nos apuntamos esperando que funcionaran responsablemente.
espe-az dijo
Grilláo, estás grilláo .... pero que bien escribes!!!!
Un beso
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