07 Feb 2009
Índice
Para falicitar la lectura a los que se han incorporado recientemente a las aventuras de John Shark.
PROYECTO CHRONOS
CAP I: Sólo en este extraño planeta
CAP II: Primer objetivo - ¿Civismo?
CAP V: Segundo objetivo – Respeto y autoridad
CAP VI. Operación backtime – Punto y aparte
CAP VIII: Tercer objetivo – Ocultar los sentimientos
CAP IX: operación takeout – L’Escurçó
CAP XI: Cuarto objetivo – La violencia
CAP XII: Operación blackshadow – Conflicto
NOTA DEL AUTOR: San Valentín – Vídeo Proyecto Chronos
CAP XIV: Quinto objetivo – El ritmo de vida
CAP XV: Operación ballpoint – El Gan Capitán
CAP XVII: Sexto objetivo: - Temores
CAP XVIII: Operación sunstorm – La leyenda
CAP XX: Operación Juggler – Se cierra el círculo
NOTA DEL AUTOR: Sant Jordi – Vídeo Montblanc
Próximamente – Vídeo Diario de guerra
DIARIO DE GUERRA
CAP XXVI: Leif Hallgrimskirkja
CAP XXIX: Boturuni Motecuhzoma
CAP XXXI: Es muß geschlossen sein
CAP XXXII: Una leyenda que toca a su fin...
Cerrado temporalmente por traslado del autor al blog de BLACKDRAGON
11 Jul 2008
Cerrado temporalmente por traslado del autor al blog de Blackdragon
Quien me iba a decir hace unos meses, cuando unos compañeros de trabajo empezaron con el ÁREA RESTRINGIDA que me iba a complicar tanto la vida. Fue entonces cuando descubrí que escribir podía ser divertido, relajante,... y bastante más barato que acudir al psiquiatra.
Han sido muchos viernes de publicar relatos, aunque reconozco que la trama la he ido complicando tanto que he podido perder lectores por el camino. Ya lo haré mejor poco a poco, lo prometo.
Pero esta etapa llega a su fin, aunque no creáis que os vais a librar de mí, porque no será así. Para los que no lo sepáis aún, no hace mucho puse las bases de un nuevo proyecto: Blackdragon.
La idea es después del parón veraniego unir noticias reales con relatos de ficción, para intentar demostrar que no todo lo que leemos en los periódicos tiene porque ser verdad.
Ya veremos como sale todo pero debéis saber que me encuentro a gusto entre vosotros y que haré lo posible por seguir por aquí, a pesar de los problemas técnicos de la comunidad.
Sabiendo lo mucho que os debo, sólo puedo acabar este post agradeciendo el esfuerzo de todos los que han seguido las aventuras de John y especialmente el de los que habéis enriquecido los textos con vuestros comentarios.
Un abrazo muy especial para mi maestro Oscar y su revolución de mariposas.
Si crees todo lo que lees, ya estás preparado para las aventuras de BLACKDRAGON. Porque no siempre la versión oficial se ajusta a la realidad.
04 Jul 2008
CAP XXXII: Una leyenda que toca a su fin...
Me acerqué a mi colaborador y por unos instantes volvieron a mi memoria el pequeño y asustadizo cervatillo, los elefantes y todos aquellos que también habían puesto su granito de arena para que ahora estuviera aquí.
Sólo pretendía agradecerle su arriesgado esfuerzo por salvarme, pero algo me hizo pensar que las cosas no habían acabado aún. No parpadeaba y su vista, al igual que la de Anne, estaba fija en algún punto detrás de mí.
- Mi nombre es Louis – balbuceó – pero creo que todavía no es el momento de agradecerme nada.
Algo estaba pasando a mis espaldas, así que tomé aire y poco a poco empecé a girarme. Pude comprobar que los diminutos trozos de la piedra se estaban reagrupando en el centro de la estrella dibujada en el suelo y que se estaba formando una pequeña bola de luz sobre ella.
La luz fue cogiendo cada vez mayor intensidad y la temperatura de la sala aumentó súbitamente. El ambiente empezaba a ser irrespirable por lo que grité a Louis que se alejara rápidamente de allí.
Miré a Anne y, por un momento dudé sobre lo que debía hacer, sólo fueron unos breves segundos, aunque fueron los suficientes para que desistiera en mi intento de llegar a la puerta. Me encontraba demasiado lejos así que, separando mi vista de Anne, consciente que realmente no era ella, y encomendándome a vuestro Dios, decidí iniciar la carrera y salir a través de la cristalera. El gran ventanal cedió al contacto con mi cuerpo, en el mismo instante que se produjo la gran explosión.
De lo que vino después sólo tengo vagos recuerdos debido a la conmoción que había sufrido. Aparecí entre unos arbustos que se encontraban al otro lado de la muralla, que debí saltar propulsado por el estallido.
Aunque me dolía todo fruto del aterrizaje que había realizado, intenté llegar al interior de la fortaleza. Nada más entrar, en medio del patio, pude ver a Louis, que miraba de ponerse en pie, aunque he de reconocer que sus intentos eran infructuosos. A su espalda las ruinas del edificio me hicieron desistir en el intento de buscar supervivientes.
Me llevé a Louis de allí, después de algún tiempo vagando, fuimos acogidos en un pequeño templo donde hemos podido reponernos, al menos de nuestras heridas visibles.
Realmente han sido unos meses intensos, física y emocionalmente, y pasará mucho tiempo hasta que pueda acabar de asumir todo lo que me ha pasado. Se requiere una templanza y una fortaleza de espíritu para sobrevivir a todo esto sin que tu mente se vea afectada. Y cada vez estoy más convencido que yo no soy de ese tipo de personas porque me siento hundido,... totalmente derrotado. Pero teniendo en cuenta que todo en lo que fundamentaba mi existencia se ha desmoronado, quizás sea hasta normal que me sienta así.
Me ha afectado especialmente todo lo que hace referencia a mi querida Anne. La que llenó mi corazón de emociones,... la que logró cambiar el rumbo de mi vida,... Mi enemigo encontró mi punto más débil,... y lo peor es que ha sabido explotarlo, consiguiendo una ventaja que estuvo a punto de ser fatal. Porque movido por el corazón, desvié toda mi atención hacia ella, olvidando los protocolos y por ello me engañé a mí mismo olvidando que las señales de mi brazalete sólo podían corresponder a otro stormer.
La explosión ha afectado a Louis de una manera extraña. Supongo que algún tipo de radiación ha modificado su estructura molecular. No hay que ser un entendido para notarlo, sólo hace falta ver como, a voluntad propia, genera bolas de fuego con sus manos.
Habla de superpoderes y de salvar a la Tierra de no sé que peligros que no llego a entender, pero creo que bajo la personalidad de BLACKDRAGON explotará esos poderes que parece tener.
Ha pasado mucho tiempo desde que sucedió todo lo que os he ido explicando y cada vez estoy más integrado en este grupo de monjes, que nos acogieron como hermanos de sangre y como tales nos han tratado. No descarto volver a vivir alguna que otra aventura pero, estando en este ambiente de meditación y más preocupado por la salud de Louis Darval, mi compañero accidental de aventura, quizás pase mucho tiempo más hasta que me pueda plantear dejar este retiro para volver al mundo real.
Sólo algunas dudas, que aún corren por mi cabeza, me obligan a salir mentalmente de los muros de este templo. En primer lugar, como no comprobamos si existían supervivientes entre las ruinas, no estoy seguro que Anne haya realmente fallecido. En segundo lugar, los dos stormers que desaparecieron en Islandia y México entregaron sus objetos al hombre delgado, pero no han dado señales de vida. Por último, no sé si podré volver a Dirdam aunque, quisiera dejarlo claro, tampoco estoy seguro de quererlo.
No quisiera finalizar mi relato sin hacer referencia al resultado de mi investigación sobre vuestra civilización. Quedará por siempre en los informes que publiqué en la red y sólo espero que estos sirvan para que vuestra civilización vaya modificando esta línea que os lleva directos a la destrucción y que, poco a poco, las generaciones venideras sean conscientes de lo importante que es el respeto por todo y todos los que les rodean y, en especial, a vuestro hábitat natural, la Tierra.

Capitán John Shark, ex-jefe de operaciones y siempre miembro de La comunidad.
27 Jun 2008
CAP XXXI: Es muß geschlossen sein
La cabeza me iba a estallar, no tenía muy claro si era por el accidente o por el uso tan continuado de la pulsera interrealidad. Quizás tanto salto me estaba afectando al cerebro.
Consciente de que no había tiempo que perder, cogiéndome del brazo, Anne me dijo que debíamos desaparecer de allí, pero miraba el mapa y sólo veía cinco puntos y una frase que, escrita en alemán, decía que algo debía ser cerrado. Pero no acababa de entender de qué demonios hablaban.
Cogiéndonos por sorpresa, una pareja de turistas se acercó a nosotros. Tuvieron suerte que el dolor de cabeza centralizaba mi atención y no fui capaz de reaccionar. No hice ni el ademán de ponerme a la defensiva.
Su intención era agradecernos que les hubiéramos salvado la vida. Supongo que no entendían nada de lo que les había pasado, pero tenían claro que de no haber estado allí, quizás ahora también estarían muertos.
Nos habían estado escuchando y señalando el plano ella dijo: - Parece el dibujo de un sobre, ¿no?
De repente todo empezó a tener sentido, debía cerrar el sobre y donde señalara la punta debía ser nuestro próximo destino. Realmente, muchas veces la solución a nuestros problemas está delante nuestro y sólo espera ser descubierta, aunque sea con ayuda.
Concentrado como estaba en el plano, no fui capaz de agradecerles la ayuda, por lo que Anne les acompañó a su vehículo.
Esta vez el cálculo de las coordenadas no era tan sencillo, pero no había otra salida que seguir adelante así que me abracé a Anne y forcé el salto, sin tener muy claro si ambos podríamos realizar el mismo salto con un único brazalete.
- Llegué a pensar que no volvería a sentir esto – Dijo Anne, mientras se abrazaba a mí y alineaba sus ojos con los míos.
Sin saber si se refería al abrazo o al salto que íbamos a realizar apreté el botón que nos debía llevar a la isla de Madeira, o a algún punto muy cerca de allí.
Rápidamente la sensación de dolor cambió por la de caer al vacío,
y es que el salto nos había llevado a un punto en el que no había tierra firme. Estabamos a unos tres metros por encima del mar.
Nos encontrábamos a escasos metros de la costa. Frente a nosotros se encontraba el puerto de Funchal, su capital, al que llenaban de color los barcos pesqueros que había allí amarrados.
Una vez que llegamos a tierra pude comprobar que el remojón había estropeado el brazalete que dejó de funcionar, aunque no sabía si era algo temporal. Quizás este podría haber sido nuestro último salto, con todo lo que ello pudiera conllevar.
Por encima del pueblo, destacaba una fortaleza que, preguntando a un pescador con el que nos cruzamos, nos dijo que era la Fortaleza de São João Baptista, aunque también era conocida como la fortaleza do pico.
Pensé que aquel edificio tenía toda la pinta de ser nuestro próximo destino así que, sin perder más tiempo, nos dirigimos directamente hacía allí. Anne comentó que si no era allí, quizás desde el punto más alto podríamos ver alguna señal para orientarnos mejor.
A pesar que la subida no era excesivamente pronunciada, nuestro ritmo fue aflojando a medida que nos íbamos acercando al castillo. El esfuerzo para llegar a nado hasta tierra firme ahora nos estaba pasando factura.
Cuando llegamos al gran arco de la entrada, no lo pensamos dos veces y nos adentramos en la fortaleza y, una vez en el patio interior, nos dirigimos hacia el edificio que teníamos enfrente. No sé muy bien porque éste y no cualquiera de los otros tres, pero la intuición de mi querida compañera le decía que ese era el camino correcto.
Con suavidad, pero con firmeza, sujeté el brazo de Anne, frenando su camino. La miré y no hizo falta palabra alguna para que entendiera que deseaba ir el primero, no quería poner su vida de nuevo en peligro. No tenía muy claro que supondría perderla de nuevo, pero tampoco tenía ganas de averiguarlo.
Al entrar, nos encontramos frente a nosotros una gran escalera que nos disponíamos a subir hasta que un ruido nos hizo prestar atención a la sala que teníamos a nuestra derecha.
Un sexto sentido me dijo que debía desconfiar y empuñando mi S15 acabé de abrir la puerta e hice una rápida evaluación de la sala. Sólo había un hombre al fondo de todo, por lo que decidí entrar.
Sin dejar de apuntarlo me fui acercando a él. En medio de la sala había un dibujo realizado directamente sobre la piedra,... parecía una estrella de cinco puntas, y en dos de las puntas se encontraban la piedra de Rök y el calendario de los méxicas.
Algo me resultaba conocido en aquella persona y descubrí que era, cuando se volvió. Era el hombre delgado. Nuevamente lo tenía en mi punto de mira, pero esta vez no estaba dispuesto a volver a perderlo,... otra vez, no.
Empezó a hablarme y me detuve frente a él, sin dejar de estudiar todos y cada uno de los detalles de la sala. No podía quedar la más mínima posibilidad de escapar.
- Bienvenido capitán Shark. Me ha asombrado que haya llegado hasta aquí en tan poco tiempo. Le esperaba dentro de unos días.
La verdad, no sé si me desconcertó más verlo o tener que oír que todo lo que había vivido recientemente estaba previsto.
- Supongo que es consciente que no tiene nada que hacer para evitar lo que ya ha comenzado – prosiguió – Este es el principio de un fin que hace tiempo que ya estaba escrito y es mejor que deje que todo siga su curso. Ha demostrado ser un valiente e inteligente guerrero, capaz de renunciar a su propios sentimientos por el bien de la comunidad, pero ahora todo acabó. Su única opción es unirse a mí, juntos podemos llegar a ser...
¿Juntos? ¿Acaso creía que había llegado aquí sólo para dejarlo correr? ¿Abandonar ahora que me encontraba tan cerca del éxito final?
Le hice callar e intenté, en vano, hacer que se pusiera de rodillas. Me repitió que no tenia opción alguna de vencerlo, a lo que contesté lanzando mi puño izquierdo que impactó en su mentón, desequilibrándolo.
Ahora que se encontraba en el suelo, encañonando su sien, me planteaba la posibilidad de ejecutarlo cuando algo impactó contra mi nuca. Todo empezó a nublarse ante mí y acabé cayendo al suelo. Mientras caía, la oscuridad se apoderó de mí.
No tengo muy claro cuanto tiempo permanecí inconsciente, pero si sé que cuando volví a abrir los ojos Anne estaba ante mí,... sonriente,... observándome. Intenté moverme pero mis brazos estaban sujetos, por detrás de mí, y no era capaz de aflojar la cuerda.
No me podía creer lo que estaba sucediendo, mi mente luchaba por centrarse en la situación pero no podía dejar de pensar que mi querida Anne no era más que otro... stormer.
Todos aquellos sentimientos,... todas aquellas emociones,... todo aquel dolor que tanto esfuerzo me habían costado dejar atrás... y todo volvía a pasar, como si el tiempo hubiera entrado en un bucle sin fin del que no podía salir.
Mientras empezaron a preparar todo para algún tipo de ritual, volvieron a mi mente las hormigas africanas. Sin quererlo, se habían convertido en mi mayores aliadas. Pensando en ellas, comencé a estudiar la situación, como queriendo calcular todas las opciones posible para elegir la mejor. Sin poder evitarlo, mi vista se desvió hacia Anne y mis ojos se nublaron. Una pequeña lágrima recorrió mi cara y se lanzó al vacío.
El hombre delgado, al que Anne llamó Maestro Vorclerk, tomó los objetos que se encontraban en mi mochila y los fue colocando en cada una de las puntas de la estrella que quedaban libres, mientras le hablaba de una leyenda sobre un dragón negro,... o algo así.
Yo seguía intentando aflojar la cuerda cuando, como venido del cielo, alguien se asomó por la puerta de la sala. Desde donde estaba, yo era el único que podía verlo, por lo que pensé que era mi mejor baza.
Como si supiera que era mi única opción, sacó un cuchillo de una pequeña bolsa que llevaba colgando de su cintura y me lo enseñó. Ahora el siguiente paso era hacérmelo llegar.
Vorclerk mientras tomaba en sus manos un cetro, en cuya punta había una piedra que a mí me pareció un gran diamante, empezó a hablar en una extraña lengua. A medida que recitaba los versos de algún secreto conjuro, de los cinco objetos empezó a salir un pequeño hilo de humo que se dirigía directamente hacia la piedra, como si esta los atrajese.
Mientras Anne y el Maestro estaban inmersos en la ceremonia, mi desconocido salvador entró corriendo en la sala y, colocándose detrás de mí, empezó a cortar las cuerdas.
Ya no salía humo alguno de los objetos y la luz que desprendía la piedra iluminaba la sala como nos encontráramos en el exterior.
En el momento que mis manos quedaron libres, tomé el cuchillo y me lancé sobre Vorclerk. Con un empujón, eliminé la posible oposición de Anne, o quien demonios fuera, y para cuando el Maestro abrió los ojos ya fue demasiado tarde.
Tal y como el cuchillo perforó su pecho, el Maestro dejó caer el cetro al suelo.
Si en aquel momento hubiera tenido la información que tengo ahora, quizás hubiera actuado de otra forma, pero... hay cosas que ya no tiene remedio.
Al caer el diamante al suelo se rompió en miles de pequeños trozos que se esforzaron por separase unos de otros, como polos que se repelen.
- No sabes lo que has hecho – me dijo Vorclerk, antes de expirar.
Pero no quise dar importancia a ese aviso y me concentré en mi salvador que había conseguido reducir a Anne y la estaba sujetando con unas cuerdas que debía haber traído en su mochila.
20 Jun 2008
CAP XXX: Katchina Hopi
La información que ha llegado a mis manos me ha permitido saber que Hopi es el nombre de una tribu de los Estados Unidos de América.
Es así como he podido saber que los indios Hopi afirman que sus antepasados fueron visitados por seres procedentes de las estrellas. Se desplazaban en escudos volantes o pájaros tronantes, y dominaban el arte de cortar y transportar enormes bloques de piedra, así como de construir túneles e instalaciones subterráneas.
Estos salvadores eran los "Katchinas", que significa "sabios, ilustres y respetados". Ellos lograron poner a salvo a su pueblo de un cataclismo, y de ellos aprendieron a observar las estrellas, cortar raíces, aplicar leyes y una larga lista más de actividades.
Según ellos, se multiplicaron como pueblo y de ellos surgieron nuevos clanes y naciones que se extendieron por toda América.
Un día los Katchinas les dejaron, regresaron a las estrellas, y los pueblos olvidaron las enseñanzas de sus maestros. Pero los Hopi, como fieles seguidores de las tradiciones de sus antecesores, continúan esperando el regreso de sus maestros para cuando termine el mundo actual.
A la espera de este regreso, han venido fabricando rigurosamente con el mismo diseño, generación tras generación, unas máscaras y unos muñecos que al igual que sus maestros llaman Katchinas.
Quizás fuera uno de estos muñecos el objeto que debía conseguir, pero supuse que las pistas irían llegando a mí, como hasta ahora.
Una vez introduje las coordenadas de mi GPS en el brazalete inicié el salto en busca de la tribu que me debía proporcionar el nuevo objeto.
Un calor espantoso me recibió y, tras ponerme a cubierto, me dispuse a comprobar la situación de mi oponente. Para mi sorpresa, esta vez, aparte de mi señal, había dos más. Si hasta ahora había sido complicado ganar la partida a uno sólo, con dos se complicaba todo algo más.
Como las señales no estaban juntas, tuve que decidirme por la que tenía más cerca. No debía ser una ciudad muy grande, por la imagen que daba en pantalla y calculé que se encontraba a unos dos o tres kilómetros de mi posición.
Me pareció oportuno guardar el arma y la cartuchera dentro de la mochila, para evitar problemas e inicié la ruta.
Mientras caminaba por la carretera que debía llevarme a mi destino, me crucé con una camioneta. Debía ser un modelo muy antiguo, sólo por el estado en el que se encontraba. El óxido cubría buena parte de la carrocería y en uno de los laterales faltaba alguna pieza.
Parecía que pasaba de largo pero, cuando había pasado unos metros de donde me encontraba, frenó y comenzó la maniobra de cambio de sentido. El pulso se me aceleró bruscamente y mi instinto me obligó a mirar el brazalete en busca de alguna señal del stormer.
Mientras se acercaba a mí, el corazón empezó a recobrar su ritmo normal, después de comprobar que la señal más cercana seguía encontrándose en la ciudad. No era más que un anciano que, al verme caminar sin protección alguno para el sol, me propuso acercarme hasta Diamond Creek, que era como se llamaba la población.
Me dejó junto a la oficina del sheriff, que se encontraba en la puerta y que, bajándose un poco sus enormes gafas de sol, me estudió de arriba abajo. Creo que si con la vista se pudieran hacer radiografías os aseguro que me habría descubierto alguna fractura antigua.
Disimulando como pude, me dirigí al restaurante que tenía frente a mí, donde, después de comer un exquisito pastel de manzana, pude averiguar que la señal de mi brazalete se correspondía con la ubicación del hospital psiquiátrico que se encontraba a las afueras.
No fue excesivamente difícil llegar hasta él y, haciéndome pasar por un turista que buscaba a un familiar lejano, conseguí acceder al libro de inscripciones.
El corazón se aceleró cuando entre los ingresados pude comprobar que tenían a una Anne Danso. Mentalmente intenté convencerme que no era más que una casualidad, pero aún así me interesé por ella y, tras mucho insistir, me guiaron hasta su habitación.
Nunca una ventana había tenido tanta importancia en mi vida. Se encontraba en el centro de una puerta metálica, a prueba de evasiones, y ofrecía una fuerte resistencia a ser mirada. Como un polo que repele a otro con la misma carga.
Finalmente me decidí y miré.
Era ella,... y no estaba muerta,...
Las piernas me flojearon y un sudor frío empezó a descender por mi frente. El celador que me acompañaba me ayudó a llegar a la sala de visitas donde pude tomar asiento, sin dejar pasar la oportunidad de explicarme el dolor de cabeza que estaba sufriendo.
Allí Martin, así se llamaba el joven subalterno, me explicó que encontraron a Anne a pocos kilómetros del pueblo y que no hablaba de otra cosa que de realidades paralelas y de un proyecto con un nombre raro que él no recordaba en ese momento.
La verdad es que no me resultó excesivamente difícil convencer al médico responsable del centro, el Dr. Brompton, para que me dejara hablar con Anne, alegando que estaba casi seguro de que ella era el familiar que buscaba.
Era una situación paradójica, todos mis compañeros habían intentado convencerme que realmente había fallecido aunque durante mucho tiempo luché por eliminar ese pensamiento de mi mente. Finalmente, convencido que era la única forma de sobrevivir, me mentalicé que nunca más volvería a ver a la que persona que más sentido le dio a mi vida. Es en ese momento cuando la vida te da una sorpresa, es cuando te ofrece una segunda oportunidad,... o eso pensé. Todo lo que pasó a partir de ese momento lo recuerdo como si hubiera pasado en cámara lenta.
Entró a la sala acompañada por Martin.
Miraba al suelo, como quien no tiene nada que ver con lo que le rodea.
Su caminar resultaba torpe, como si últimamente no hubiera ejercitado las piernas demasiado.
Y la vi sentarse ante mí, aunque seguía mirando al suelo.
Cuando escuchó mi voz le cambió la cara y, poco a poco, alzó la vista. Intentó hablar, pero con un simple gesto le hice callar. No era el momento, ahora sólo debía saber una cosa, que en cuanto pudiera la sacaría de allí.
Me levanté e hice llamar al Dr. Brompton. Cuando llegó, le indiqué que se sentara y prestara atención a lo que tenía que enseñarle. De la mochila saqué el brazalete, me lo coloqué en le brazo y seguidamente le explique básicamente, y muy por encima, en que consistía el proyecto Chronos.
No había acabado la explicación cuando el doctor le dijo al celador que se encontraba junto a nosotros que le ayudara a llevarme a una sala de exploraciones. Fue en ese momento cuando saqué de la mochila mi arma y, apuntando al celador, le obligué a acompañarme hasta la habitación de Anne.
A punta de pistola conseguimos salir del centro y, tras conseguir las llaves de uno de los vehículos del centro, nos alejamos de allí.
Cuando salimos del pueblo paramos para dejar libre a nuestro rehén que, por la cara que tenía, bien seguro que había temido por su vida.
Siguiendo la señal del stormer, no pusimos en camino. Pude comprobar que por la dirección que llevábamos, nuestro destino estaba muy cerca del cañón del Colorado. De hecho vimos varios carteles publicitarios del nuevo mirador, el skywalk, que permite a los turistas ver el gran cañón desde el aire, a vista de pájaro.
No podía concentrarme en el camino, había tanto de que hablar,... tantos sentimientos olvidados que volvían a aflorar,... y no sabía por donde empezar. Por unos instantes pensé en abandonar la misión e ir a algún apartado lugar donde rehacer nuestras vidas,... juntos.
Nunca antes había tenido tan claro lo importante que había sido,... y seguía siendo en mi vida. Desde que me comunicaron su desaparición hasta el día de hoy, no ha habido ni un solo día que no pensara, aunque sólo fuera un simple e insignificante segundo, en ella. Y ahora, de nuevo, estabamos juntos...
Pero, como quien cambia de canal involuntariamente, volvieron a mi mente las hormigas africanas para las que el único objetivo era el bien común, el bienestar de la colonia por encima del propio.
Era un soldado y la misión debía centrar toda mi atención. ¡Malditas hormigas!
Intentaba articular alguna frase con un poco de coherencia cuando Anne me confesó que había descartado hace mucho tiempo volver a ver a ninguno de nosotros y que sólo los recuerdos de los años vividos juntos le habían permitido sobrevivir sin caer en un estado depresivo.
Luché contra una lágrima que amenazaba con salir de mis ojos y, temporalmente, gané la batalla. Anne, mientras, me explicaba que antes de ser encerrada había conseguido estudiar a algunos de los individuos de la zona.
Fue así como pudo averiguar que, por la estructura genética de la especie humana, no era posible que fueran infectados por el parásito. De repente, todo lo vivido recientemente empezaba a cuadrar. No buscaban crear un ejercito, infectando a los habitantes de la tierra, sólo buscaban una serie de objetos,... por alguna extraña razón que nosotros desconocíamos.
Al fondo apareció un edificio que podría coincidir con la imagen que habíamos visto en alguno de los carteles promocionales. Pude ver un destello en el techo del edificio más alto y, sin poder reaccionar, un disparo rompió el silencio.
Uno de los neumáticos explotó fruto del impacto, haciendo que perdiera el control del vehículo que, sin poder hacer por nada por evitarlo, empezó a girar sobre sí mismo.
No creo que fueran más de dos o tres segundos, pero me pareció una eternidad. El vehículo quedó destrozado, pero los cinturones consiguieron que no tuviéramos mas que alguna magulladura.
Una pequeña brecha en mi frente teñía de rojo parte de mi cara, pero mi preocupación era el estado de ella. Aparentemente no tenía ninguna herida de importancia, así que la saqué del coche. Ella, aunque algo conmocionada, me ordenó dejarla allí e ir en busca de mi oponente. La misión por encima de todo,... malditas hormigas africanas.
Salí corriendo, como si de aquella carrera dependiera el éxito de m
i misión, y mientras desenfundaba mi arma entré en las dependencias del skywalk. Desde la puerta pude ver que no había rastro del stormer, pero unos cuerpos sin vida indicaban que algo no iba bien.
Individuos sumergidos en una guerra a la que no fueron invitados. Simples daños colaterales de una misión totalmente ajena a sus vidas. Tuvieron la mala surte de estar en un lugar y un tiempo equivocados,... de cruzarse en el camino de un asesino para quien su misión era lo único importante.
Mi oponente no debía conocer las instalaciones en las que nos encontrábamos porque, sin querer, se había acorralado el sólo. Se encontraba en el centro del skywalk, una plataforma de cristal con la forma de una gran u, desde la que se podía ver parte del Gran Cañón a vista de pájaro.
Viendo que no había salida, tomó a uno de los turistas que había en el suelo y gritando me invitó a salir si no quería ser responsable de un nuevo cadáver. Tras dejar mi arma en el suelo, me hizo llegar hasta el centro de la plataforma, mientras él casi la abandonaba por la puerta contraria a la que yo entré.
Cada vez me resultaba más extraño todo. ¿A qué esperaba para dispararme? ¿Acaso no era yo amenaza suficiente para él?
Mientras se despedía de mí apuntó a al plataforma de cristal e hizo dos disparos, intenté cogerme bien a la barandilla para evitar caer al vacío, pero para sorpresa de ambos, el cristal no cedió. Supongo que no estaba previsto que alguien pudiera disparar contra ella, pero en ese momento pensé que quizás la habían hecho a prueba de bomba.
Empecé a correr hacia donde se encontraba mi S15, pero un nuevo disparo me hizo estremecerme y una sensación de impotencia me invadió al ver como caía el cuerpo sin vida del turista. ¡Sin compasión!
Tomé el arma y entré en el edificio, esperando tener a tiro a mi oponente. Al entrar, me lo encontré frente a mí, inmóvil, tenía el arma pero parecía que no tenía intención de usarla. Su vista parecía perdida. Como una marioneta a la que cortan los hilos, se desplomó. Fue en ese momento cuando pude ver a Anne que, agazapada tras unas chaquetas, había estado esperando el momento oportuno para herir varias veces al stormer con un abrecartas que tomó del apartado de souvenirs.
Anne parecía hipnotizada mirando el cadáver de su primera víctima, así que como pude la intenté separar de allí mientras intentaba convencerla que no había tenido otra opción.
Yo sabía lo que costaba asumir haberle arrebatado la vida a alguien pero, aunque reconozco que nunca he llegado a superar el trauma de la primera vez, me convencí de que ya no era uno de nosotros.
En realidad debíamos ser conscientes que no era más que un recipiente en el que el virus anidó. Hacía mucho tiempo que el huésped había muerto. Aún así, para Anne, supongo que no dejaba de ser un muerto.
Ajenos a nuestra aventura, los turistas empezaron a salir corriendo en busca de sus vehículos, mientras a lo lejos, se escuchaban las sirenas de los coches de policía que se acercaban.
Al dejar el muñeco Hopi que le había arrebatado al stormer, saqué mi cuaderno y pude leer la nueva pista:
Es muß geschlossen sein
13 Jun 2008
CAP XXIX: Boturini Motecuhzoma
Una vez que llegamos a la puerta de la cueva, pude ver como la mamá y su pequeño, nos estaban esperando. Separándome un poco del grupo, me acerqué a la cría para comprobar el estado de su herida, que parecía evolucionar favorablemente.
Con la satisfacción de haber concluido con éxito la misión, aunque fuera con ayuda externa, me dispuse a saltar a México.
Allí debía encontrar el palacio de Motecuhzoma, más conocido como Montezuma. Allí debía buscar el códice boturini, texto que enunciaba la ruta oficial hecha por los méxicas y que esperaba que me daría alguna pista sobre el objeto de mi nueva misión.
Con la imagen aún en mi retina de la gran manada, se produjo el salto hacia la nueva aventura.
Me encontraba en un callejón oscuro y, consultando el GPS y el brazalete, pude comprobar que esta vez había caído muy cerca de mi objetivo. Era la ciudad de México DF.
Nuevamente un punto rojo indicaba que en las inmediaciones se encontraba un stormer, por lo que me puse en camino. No podía darle ni un sólo minuto de ventaja.
Apenas había caminado doscientos metros cuando vi una biblioteca. Recordé que cierta dama me enseñó que era un centro de cultura y, por ello, una buena fuente de información. Fue allí donde, leyendo una copia del códice, supe que la leyenda dice que el dios principal de los Mexicas, Huitzilopochtli (que quiere decir colibrí zurdo), les dijo que salieran de Aztlán en busca de una señal prometida.
Debían encontrar un águila posada sobre un nopal devorando una serpiente y el punto donde la encontraran marcaría el lugar donde tenían que fundar su ciudad. Pero tuvieron que pasar cientos de años hasta que los Mexicas llegaron al valle de México; ahí encontraron su señal prometida y en un grupo de islotes que se encontraban en medio del lago de Texcoco fundaron Tenochtitlan.
En el centro de la ciudad se encontraba el Templo Mayor, un recinto amurallado (con un muro en forma de serpiente, coatepantli) donde se encontraban los principales templos y la Casa de los jóvenes (telpuchcalli). Cerca de ahí se encontraba el palacio de Motecuhzoma Xocoyotzin, donde se supone que se encontraba una piedra del sol, también llamado calendario azteca, al que se le atribuían poderes sobrenaturales. ¡Este debía ser su objetivo... y también el mío!
Parecía mentira que toda la extensión que ahora ocupaba la gran ciudad hubiera podido ser el gran lago Texcoco. Pero eso ahora era lo de menos, lo importante era encontrar el templo y buscar esa piedra mágica. Sin duda ese era el objetivo de mi enemigo.
Nuevamente el stormer iba por delante de mío. Siguiendo la señal de mi brazalete llegué al lugar, pero, aparentemente, no eran más que las ruinas de lo que seguramente fue un gran templo.
Me pareció ver a alguien correr y rápidamente lo asocié a mi oponente. Emprendí la persecución por una especie de laberinto formado por las paredes del templo, o lo que quedaba de ellas. Hasta que le perdí el rastro.
Ante mi asombro, dejó de aparecer también en pantalla, en la que sólo estaba la señal que correspondía con mi posición. Intenté retroceder, pensando donde podía haberse metido, ya que era imposible que se hubiera marchado sin el calendario. Había venido sólo por la piedra y seguro que no marcharía sin haberla conseguido.
Pensé que quizás pudiera haber una trampilla o alguna puerta escondida por la que hubiera escapado, por lo que centré mi búsqueda en ese aspecto.
No tardé en comprobar que, efectivamente, una de las paredes no era más que una gran puerta giratoria de piedra, que daba a un pasillo hasta ese momento oculto. Aunque no estaba del todo oscuro, me costó adaptarme a aquel umbral de luz.
El stormer volvió a aparecer en mi pantalla, con lo que aceleré el paso para no perderlo de nuevo. El camino desembocó en una gran sala, en la que se encontraba mi oponente trasteando algo, que supuse era el calendario azteca.
Al sentir mi llegada, se giró y pude comprobar que empuñaba una pistola, con la que me disparó un par de veces. Desenfundé e intenté repeler el ataque, pero desde su posición dominaba toda la situación, así que decidí esperar.
Pero tampoco era cuestión de dejarlo escapar, así que decidí salir corriendo en su dirección. Intenté apuntar, para ahorrar munición, pero me resultó difícil ya que nuevamente había desaparecido. Realmente ese juego empezaba a cansarme un poco, por lo que convencido que debía neutralizarlo, seguí corriendo tras él por la única vía de escape, una puerta situada tras la especie de retablo en la que anteriormente se encontraba insertado el calendario.
Al final del pasillo se podía comprobar como el nivel de luz aumentaba. Supuse que daba de nuevo al exterior, pero conforme llegaba a él, un ruido, que no era capaz de identificar, aumentaba de tal manera que dificultaba oír mis propios pasos.
Frené en seco al ver que el camino acababa sin más y que el ruido no era sino el que provocaba una gran cascada que generaba un río subterráneo. Ese mismo por el que el perseguido estaba huyendo, montado en una pequeña canoa.
Decidido a no perderlo de vista, tomé una madera que había junt
o a mis pies y me lancé al agua. Pero no tardé mucho en arrepentirme de ello, ya que enseguida entramos en unos rápidos que, por momentos, llegaron a hacerme pensar en lo peor.
El río corría encabritado entre dos grandes paredes de piedra que estrechaban su cauce en determinados momentos, enfureciendo aún más sus aguas. Mi objetivo ya no era el calendario, ni mucho menos el stormer, ya sólo me preocupaba no perder la vida en el intento.
No tengo muy claro como pude salir de aquella situación, ya que debí golpearme la cabeza contra algo. Cuando desperté me encontraba ya fuera del agua y ya no había más que una señal en mi pantalla, la mía. De nuevo había fallado y parecía que el global de la misión no pintaba excesivamente bien.
Junto a mí se encontraba un anciano que, por suerte para mí, me vio luchando contra la corriente y me sacó del agua antes de ahogarme, tras golpearme. El agradable anciano me acompañó hasta su casa, donde pude descansar lo justo para que mi ropa estuviera seca.
Tras ello, ya me encontraba algo más centrado por lo que pude comprobar las claves de la nueva fase.
Ante mí aparecieron dos nuevas y extrañas palabras:
Katchina Hopi

06 Jun 2008
CAP XXVIII: Kitum Elgon
Ellos no se movían, esperando mi reacción. Poco a poco, con movimientos lentos, fui introduciendo las nuevas coordenadas.
Esta vez mi destino era la Reserva Nacional del Monte Elgon, un volcán extinto de 4.321 m de altitud, en los limites del gran Valle del Rift, en la frontera entre Uganda y Kenya. La misteriosa cueva de Kitum, en el flanco oriental del monte, es la mas profunda y se extiende horizontalmente durante 200 m hasta el corazón de la montaña.
Cuando mis ojos se apartaron del brazalete pude observar como algunos de los monjes habían abandonado sus posiciones y se empezaban a acercar a mí. Justo cuando el dolor se intensificó, pude notar como uno de ellos, el que se encontraba más cerca, me intentaba agarrar por el brazo. Como alejándose pude escuchar un chillido y, aunque no desapareció del todo, pude notar un descenso de la presión en el brazo.
Tras el dolor del salto, pude observar la espectacularidad el entorno en el que me encontraba. Una gran charca en medio de la sabana africana a la que acudían decenas de animales de diferentes especies, en busca de un poco agua que calmara el intenso calor que reinaba. En el fondo, unas montañas acababan de decorar la escena.
Un grupo de gacelas observaba como un gran elefante se remojaba con su trompa. Aunque eran muchos los animales que se acercaban, todo estaba tranquilo, como si todos conocieran muy bien las normas y supieran que no se debían molestar los unos a los otros.
Contagiado por esa calma, me acerqué al agua con la intención de refrescarme yo también. Todos el grupo de gacelas se giró hacia mí de golpe, como estudiándome.
Supongo que no vieron en mí un depredador ya que se apartaron formando un pasillo, de unos tres metros de ancho, y siguieron con lo suyo, aunque algún individuo seguía mis movimientos por si hacía falta poner espacio por medio.
De repente pude observar como un pequeño elefante se encontraba recostado a unos metros de la charca, parecía enfermo. Junto a él se encontraba otro que, por la preocupación que mostraba por el pequeño, supuse sería su madre.
Me acerqué todo lo que pude, mejor dicho todo lo que me dejó la madre, y pude comprobar que el pequeño llevaba clavado algo en una de sus patas traseras. Sin pensarlo mucho, levanté mis brazos para que mamá viera que no era ningún peligro, y me fui acercando hasta llegar al herido.
Me arrodillé junto a él y fue cuando pude sentir como la gran elefanta se ponía junto a mí. De hecho una de sus patas delanteras estaba despegada del suelo unos centímetros. Preparada para caer sobre mí si alguna de mis acciones resultaba perjudicial para su hijo.
Sin parar de hablar, provocado por la tensión del momento, le expliqué a mi paciente todo lo que me había sucedido estos últimos días y que ahora buscaba las cuevas kitum, donde debía encontrar... aún no sabía qué. Era plenamente consciente que no me entendía, pero no tenía otra forma de intentar tranquilizarme.
Con cuidado extraje el fragmento que había provocado todo el sufrimiento del pequeño y, tras limpiarla bien, tapé la herida con parte de la tela de mi saco de dormir y me dispuse a marchar. Algo no acababa de funcionar ya que la elefanta me cortó el paso.
Otros miembros de la manada también se fueron acercando a mi posición. En ese momento empecé a temer por mi vida. Pensé que, aunque desenfundara mi S15, no tenía nada que hacer contra aquellos gigantes.
Esperaba el ataque de alguno ellos, pero lo único que recibí fue un pequeño y delicado empujón de la trompa de uno de ellos, que me hizo separarme del herido. Ahora estaba junto a otro individuo de la manada que con otro empujón me acabó de separar del grupo.
Fue entonces cuando mamá elefanta se dirigió a mí y me indicó con su trompa una dirección. Os aseguro que me pareció que quería que tomara aquel camino.
Comprobé en el GPS y, efectivamente, las cuevas estaban en la dirección que me indicaba aquel animal. Tanto salto debía haber afectado a mi cerebro, no podían saber a donde me dirigía, ni cual era mi objetivo, pero allí estaba con una elefanta que me estaba indicando por donde seguir mi aventura.
Le acaricié la trompa y, mirándola a los ojos, inicié el camino hacia las cuevas. No acababa de entender nada de lo sucedido, pero ahora mi preocupación era el stormer que salía en pantalla y que se encontraba entre las cuevas y yo.
Según creo, esas cuevas son cementerios de elefantes. La verdad es que como la cueva de Kitum esta formada por suaves cenizas volcánicas y otras rocas, cada noche, grandes grupos se aventuran profundamente en la cueva para nutrirse con los depósitos ricos en sal.
La sal es indispensable en la dieta de los animales y la cueva de Kitum es uno de los pocos lugares en el Monte Elgon donde se puede encontrar.
Bien es cierto que existe una teoría que dice que el virus del ébola se refugia en la cueva de Kitum. Es posible que murciélagos que habitan esta cueva sean portadores del virus.
Cuando llegué a la cueva principal, saqué la linterna de mi mochila e inspeccioné el camino que, aparentemente, no parecía complicado. Con el paso del tiempo, los elefantes se habían encargado de dejarlo bien marcado.
Poco a poco fui bajando, consciente que un stormer se encontraba unos metros por delante. Sin ninguna razón aparente me detuve y, conteniendo la respiración, me concentré intentando descubrir cualquier sonido que me pudiera dar alguna pista sobre la situación de mi oponente.
Me disponía a continuar con el descenso cuando el sonido de un disparo me obligó a tirarme al suelo. No podía ver de donde había venido, pero desenfundé y me preparé para responder al ataque.
Durante unos minutos hubo un intercambio de disparos hasta que, de repente, unas rocas empezaron a caer del techo de la cueva. Nuestros disparos habían provocado un desprendimiento, que se produjo justo frente a mí.
Varias de las piedras empezaron a caer sobre mí, sin que pudiera hacer nada por evitarlo. Lo siguiente que recuerdo es estar bajo un gran número de ellas.
No sabría decir cuanto tiempo estuve allí estirado, soportando el peso de aquellas rocas, pero me pareció mucho,... demasiado.
De repente se escucho un nuevo disparo y un chillido. Después volvió el
silencio. Poco a poco fui notando como si fueran retirando las piedras. Los elefantes me habían seguido y eran los que se estaban encargando de liberarme.
Una vez retirada la última piedra, me llevaron a un gran espacio, donde se encontraba el cuerpo, al parecer sin vida, del stormer. No estaba seguro de lo que había pasado pero supongo que, fruto de la conmoción que sufría, preferí pensar que los paquidermos se habían encargado de acabar mi misión.
Tomé el bote que había junto al cuerpo y, mientras lo colocaba en mi mochila, decidí seguir a los elefantes que empezaban a abandonar la cueva.
Ayudado por mi linterna, miré mis notas y pude comprobar que la siguiente pista era:
Boturini Motecuhzoma

30 May 2008
CAP XXVII: Luoyang Wurufeng
Aprovechando el desconcierto que había por el robo de la piedra Rök, marché de la zona. La nueva misión parecía desarrollarse en algún lugar dentro del territorio de la República Popular China, y el Templo Shaolin de Luoyang tenía algo que ver.
Se encontraba al pie del monte Wurufeng, al norte de la montaña Shaoshi y fue construido en el año 495. Se le llamaba "Primer Templo del Mundo" y fue cuna de la secta Dhyana del budismo que fue creada por el monje Bodhi-Dharma de la India en el año 527.
Se consideraba a ese monje hindú como padre del budismo en China, y al templo Shaolin como la cuna de esa religión.
No fue difícil conseguir las nuevas coordenadas que intenté recalcular para ajustarme a las unidades de medida de mi brazalete. Sólo esperaba no encontrarme ninguna nueva sorpresa a mi llegada.
El salto ya no era un problema. El dolor y la sensación de mareo que me produjo los había asumido como normales. No eran más que daños colaterales.
Ahora frente a mí se extendía una gran espesura verde y detrás pude observar como el templo se erguía en lo alto de la montaña. Sólo ver el bosque, una pequeña sensación de dolor recorrió mi pierna y vino a mi memoria el incidente que me hizo llegar al Área restringida.
Observé mi Forerunner que detectaba una única presencia frente a mí, a una distancia de unos 500 metros. Seguro que se encontraba en algún punto del bosque. El mismo que debía cruzar para llegar al templo. No sé como describir como me encontraba pero era como si mis piernas se negaran a dar el primer paso.
Una vez vencida la resistencia, me encaminé a mi objetivo buscando un camino que cruzara el bosque, intentando minimizar el tiempo que debía permanecer en su interior.
Pronto pude notar que además de árboles estaba llena de olores, la mayoría malos. Tan pronto mi nariz entró en contacto con el fétido aroma, empecé a preguntarme si esta era la última vez que podría oler algo. El sudor empezó a caer sobre mi cara y mis brazos, haciendo resbaladiza la empuñadura de mi pistola, que desenfundé nada más adentrarme en la espesura.
Llevaba una media hora caminando cuando me pareció observar un movimiento en unos arbustos que se encontraban frente a mí. Me atrincheré tras el primer árbol que encontré y centré la mira de mi arma en aquel punto.
Pasaron los segundos y... nada. No parecía moverse absolutamente nada.
Fue entonces cuando aquel chasquido sonó tras de mí. El stormer me había rodeado, sin que me diera cuenta, de tal manera que ahora lo tenía a escasos diez metros apuntándome.
Mientras dejaba caer mi arma le miré fijamente, como quien mira sabiendo que tiene delante a su verdugo, esperando que todo acabara de una vez.
Un nuevo chasquido rompió el silencio reinante. Un pequeño sonido que hizo que mi oponente perdiera la concentración y me diera tiempo de recuperar mi S15. No dudé ni un momento y disparé varias veces sobre el stormer.
Me acerqué lentamente para comprobar que lo había neutralizado y, de repente, un nuevo movimiento tras el arbusto que tenía junto mí me hizo poner en tensión.
Un cervatillo asomó la cabeza, quizás tan asustado como yo, para
comprobar que no había peligro alguno y podía seguir su camino. El pequeño, que sin saberlo me había salvado la vida, me miró y salió corriendo tan rápido como pudo.
Cuando desapareció, pude comprobar que mi reloj no detectaba ninguna presencia más, por lo que tranquilamente me dirigí al templo.
Las partes del monasterio que se conservaban databan de las dinastías Ming y Qing, según los rótulos que había bajo alguno de los jarrones. Dentro del monasterio se podía admirar el Salón Qianfo (Salón de los Mil Budas), decorado con maravillosos frescos de colores en tres costados. Un gran ventanal, parcialmente oculto por unas cortinas decoradas con un paisaje que parecía copiar el entorno del templo, abría la sala al exterior.
Algo me decía que me encontraba en el lugar correcto, pero por mucho que me esforzaba no acertaba a descubrir que era lo que debía tomar. Busqué detrás de los tapices, por detrás de las cortinas e incluso debajo de las dos mesas que se encontraban al fondo de la sala.
Intentando inspirarme un poco, me decidí a abrir las cortinas, quizás con una mayor cantidad de luz natural tendría un punto de vista diferente. Fue en ese momento cuando la solución a mi problema llegó como venida del cielo.
De hecho fue así como llegó, los rayos de sol iluminaron toda la sala, pero especialmente unos espejos que parecían colocados estratégicamente. Los rayos se reflejaban e iban concentrarse en una diminuta pieza dorada que empezó a brillar, destacando de todos los demás objetos de la sala.
Tomé el pequeño Buda y, mientras me dirigía a la salida del edificio, empecé a buscar las pistas del nuevo lugar. Unas nuevas palabras, extrañas para mí, eran el foco de mi atención:
Kitum Elgon
Fue tanta la atención que les presté que no me di cuenta que un grupo de monjes me rodeaba. Al alzar la vista pude verlos inmóviles, observándome, esperando mi reacción, con el único objetivo de recuperar la pequeña figura.
No sabría decir cuantos eran, pero sí que ocupaban toda la escalinata del edificio que tenía frente a mí.
Paré y los observé. Se les podía agrupar por colores, que supuse se corresponderían con alguna categoría dentro de su religión. No sabía que hacer, pero tenía claro que mis movimientos no debían provocarlos.

23 May 2008
CAP XXVI: Leif Hallgrimskirkja
Sin olvidar el dolor producido en el salto, la llegada a la Tierra fue más agradable de lo que me imaginaba. Como el niño que estrena juguete nuevo, ilusionado de estar de nuevo entre vosotros.
Me dirigí hacia la que había sido mi casa durante el tiempo que residí en esta realidad, para recoger algunas cosas que creí que me resultarían útiles en esta nueva etapa.
Entre ellas se encontraba un navegador GPS, que esperaba que me ayudara a calcular las coordenadas exactas de los puntos a los que debía dirigirme. Según mis informaciones, fueron cinco los saltos detectados y cada uno a una parte diferente del planeta.
Mi duda era si sus intenciones eran infectar a los habitantes, con el fin de crear un nuevo ejercito que les permitiera adueñarse de las diferentes realidades, o sólo habían venido aquí buscando algo.
Basándome en la información recabada, he podido saber que Hallgrímskirkja es una iglesia situada en Reikjavik. Con 74,5 metros, es el edificio más alto de Islandia.
La estatua enfrente de la iglesia representa a Leif Eriksson, hijo de Erik el Rojo. Explorador vikingo, célebre por su viaje a América. Su campamento constituiría el primer asentamiento europeo en América, quinientos años antes que Cristóbal Colón.
No había duda, Islandia era el primero de mis destinos, por lo que intenté ajustar las coordenadas que me daba el navegador a la pulsera interrealidad. No tenía ni idea de cómo sería el salto, ni si las coordenadas estaban bien ajustadas, ni... si estaba seguro de lo que iba a hacer, pero... ahora ya no había vuelta atrás.
Apreté el botón de salto y cerré los ojos, como queriéndome encomendar a vuestro Dios, esperando su ayuda.
De repente volvió el dolor, más intenso si cabe que el del salto de entrada y noté como la temperatura disminuyó rápidamente. Era la primera vez que me sucedía y me desconcertó bastante.
Realmente hacía frío, mucho frío.
No tardé en darme cuenta que me encontraba en medio de una gran superficie de nieve. Recuerdo haber leído algo sobre glaciales y aquel lugar se ajustaba a la imagen que me había creado.
Supongo que la diferencia en el cambio de unidades de medida fueron las que provocaron que no me encontrara junto a mi objetivo.
Comprobé mi reloj modelo GPS Forerunner 405, que Alvín consiguió adaptar al brazalete interrelidad. Además de dar mis coordenadas, me indicaba cuantos brazaletes stormers detectaba en mi zona.
Detectaba uno sólo y debía hallarse muy cerca dado que sus coordenadas eran casi las mías. Empecé a caminar en la dirección que me indicaba mi reloj, sin saber muy bien si era lo más correcto, y a los pocos metros, frente a mí, apareció él,... observándome,... inmóvil.
Y allí me paré, para estudiar la situación.
Me estaba esperando, no había duda. Y aunqu
e sólo una pequeña distancia nos separaba, parecía que ninguno de los dos quería dar el primer paso.
Me pareció que hacía el ademan de girarse así que me lancé contra él, mientras desenfundaba mi arma. Pero seguía sin inmutarse, por eso, mientras hacía el primer disparo sin dejar de correr hacia él, empecé a pensar que algo no funcionaba, que no podía seguir allí mientras me abalanzaba sobre él.
Pero ya era tarde, me di cuenta que estaba corriendo encima de un pequeño lago cuya superficie helada empezaba a no aguantar mi peso. Intenté cambiar la dirección de mi carrera, con el fin de acercarme todo lo posible al borde más cercano, pero fue en ese mismo momento cuando noté que el suelo cedía bajo mis pies, cayendo sin poder hacer nada para evitarlo, en el agua helada.
Mis intentos por encontrar un punto de apoyo que me permitiera salir del agua no daban resultado y, mientras mi oponente marchaba, yo seguía intentado salvar mi vida. Empezaba a no notar las piernas y el frío era demasiado intenso para concentrarme en otra cosa que no fuera mantenerme a flote.
De repente, cuando empezaba a sentir los brazos entumecidos, pude clavar la empuñadura de mi arma en el hielo, con lo que pude tener un apoyo para poder salir. No fue fácil ni rápido, pero finalmente conseguí salir, cayendo exhausto a pocos metros.
Sabía que el objeto de mi misión estaba en esa iglesia, pero era incapaz de moverme. De hecho no recuerdo cuanto tiempo estuve allí, pero sé que fue mucho, quizás demasiado, teniendo en cuenta la misión que tenía.
Cuando fui capaz de levantarme, me puse en camino a mi objetivo. Por el camino conseguí que un nativo, por nombre Olaf, me llevara en su vehículo. Me dejó muy cerca de la iglesia.
Conforme me iba acercando, la sensación de haber llegado tarde se apoderaba de mí. Mucha gente estaba frente al edificio alborotada, como si hubiera sucedido algo fuera de lo normal.
Efectivamente un desconocido, aunque no tanto para mí, había robado la piedra de Rök de la exposición que había sobre historia vikinga. Una estela rúnica de granito de grano fino, de color gris claro, con cerca de 280 inscripciones rúnicas en el frente y 450 en la parte posterior.
No entendía lo que estaba pasando ya que en mi GPS no había rastro del stromer y, entre los que se encontraban allí, no había signos de infección. Al parecer sólo se había tratado de un robo. Pero ¿con qué objetivo?
Sólo esperaba que fuera mejorando mi efectividad ya que no podía haberlo hecho peor en mi primer intento. Desanimado por el resultado, abrí mi mochila y observé la documentación de Irons en busca de la nueva pista.
Allí se encontraban las nuevas palabras:
Luoyang Wurufeng
16 May 2008
CAP XXV: El regreso
Desde lo alto del edificio tenía una visión privilegiada de la situación. Un vehículo se dirigía por la autovía que bordeaba la ciudad en dirección sudeste. En él, si nuestra información era correcta, se encontraban dos responsables de la coordinación de los stormers en Dirdam.
Cuando el vehículo tomó la salida, el jefe de equipo dio la señal y mis compañeros se desplegaron por la zona próxima. Preparé mi fusil M67 y ajusté la mira telescópica en el objetivo, mis ordenes eran esperar. Sólo eso, esperar.
Un vehículo cortó el camino de nuestro objetivo, mientras otro se cruzaba a unos metros de distancia, cortando toda posible vía de escape.
De repente, el silencio.
La puerta del acompañante se abrió y un individuo salió. Su cabeza ocupaba toda la mira de mi M67, pero mis ojos no dieron crédito cuando al girarse pude comprobar que se trataba del hombre delgado de Ozram.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo y una sensación extraña, unida a un sudor frío, me hizo separarme del teleobjetivo. Aunque sabía perfectamente que ahora los papeles habían cambiado y que su destino estaba en mis manos, no podía evitar la reacción fisiológica que estaba sufriendo.
Cuando empezaba a alejarme mentalmente de la misión, por mi intercomunicador recibí la orden de actuar, así que, coincidiendo con el intento de mi "amigo" de sacar su Smith and Wesson del calibre 44 de la parte trasera de su cintura, fijé como nuevo objetivo la zona donde intuía que debía estar uno de los pasajeros del asiento trasero y disparé.
Como el eco de mi disparo, una serie de nuevos impactos hicieron diana en los ocupantes del vehículo. Minutos después pude comprobar como nuestro jefe de equipo confirmaba el éxito de nuestra misión, con lo que empezamos a replegarnos.
No pude evitar acercarme al coche en busca del cuerpo del hombre delgado. Necesitaba ver su cuerpo sin vida para poder pasar página, para dejar de soñar con él, para...
Pero allí, los únicos cadáveres que había eran los de los objetivos principales, en el interior del coche, y los que supuse debían ser sus escoltas, que se encontraban a pocos metros del vehículo.
Llegué a dudar. Por unos momentos, llegué a pensar que me había imaginado la otra presencia, que quizás sólo había sido fruto de mi mente, que empezaba a padecer algún tipo de enfermedad mental que me ofuscaba, que no me permitía separar la realidad de la ficción. Y decidí no decir nada para evitar más problemas.
Al día siguiente los responsables de los blackdevils fueron convocados por el consejo del Dirdam. Pero lo que realmente me resultó extraño fue que yo también fuera invitado a la reunión.
La sala donde nos debíamos encontrar distaba mucho de parecerse a la antigua sala de reuniones de Chronos. No había puertas automáticas, ni tarjetas que permitieran el acceso. La oscuridad reinaba en ella y sólo destacaba una pequeña zona iluminada por una pequeña lámpara.
Irons empezó el orden del día hablando de los últimos descubrimientos en fisiología stormica. Después de estudiar a algunos individuos apresados en diferentes operaciones, nuestros investigadores han podido comprobar que en la parte posterior del cuello existe un pequeño bulto, una pequeña señal del tamaño de un guisante que quizás nos permitiría identificarlos más fácilmente, sin esperar a ver ese brillo de sus ojos, ganando esos segundos que te permitirían salvar la vida.
Esperando poder ampliar la información más adelante, pasaron a explicar los datos obtenidos de la operación de asalto a Chronos. Sólo destacó la preocupante existencia de una pulsera que, al parecer, permitía hacer saltos dentro de una misma realidad, dando poca importancia al hecho de que la información encontrada se refería a lugares que bien podrían corresponderse con vuestra realidad. No quedaba muy clara si su intención era invadir la Tierra, pero lo que sí se pudo constatar era que los saltos detectados fueron todos hacia allí.
Como los datos no apuntaban hacia ninguna amenaza hacia nuestras posiciones, dieron paso al siguiente tema. Realmente se había convocado la reunión para acabar de perfilar una gran operación contra los Stormers en la que se lanzaría una ofensiva sobre el monte Langols, donde se creía que estaba la sede de operaciones del sector.
No puedo explicar gran cosa del resto de reunión porque no me sacaba de la cabeza la posibilidad de que la Tierra pasara por lo mismo que estabamos pasando nosotros.
Por ello, una vez se dió por terminada la reunión, me dirigí a Michael para intentar convencerlo alegando que me parecía que no se había tomado la decisión correcta. Aunque reconozco mi estado de nerviosismo, Irons se dirigió con toda la calma del mundo para indicarme que no podíamos salvar otra realidad mientras nosotros estuviéramos en guerra. Tras decirme esto se dirigió hacia la puerta.
Sólo se había separado de mí unos metros cuando le grité que me debía dejar intentarlo. Total como mucho se iba a perder una vida,... la mía. Se paró y, sin llegar a girarse, sólo me dijo que lo pensaría, y prosiguió su camino.
Los días siguientes estuve inmerso en una nueva misión en la que resulté herido. Sólo fue un simple rasguño en la mejilla, pero mi falta de concentración pudo haber acarreado consecuencias trágicas para mi equipo. Por ello fui relevado de mi equipo hasta que se estudiara mi comportamiento en combate.
Para ese estudio, tres miembros del Consejo de Dirdam me entrevistarían para indagar en las causas de mi comportamiento. Y allí los tenía, sentados frente a mí. Dispuestos a empezar el bombardeo de preguntas para las que sólo había una respuesta: Había que salvar la Tierra.
Pensando que la mejor defensa es un buen ataque, me disponía a iniciar mi discurso cuando, de repente, se abrió la puerta de la sala. Era Irons que, tras hablar con el jurado, se dirigió a mí diciendo que no debíamos perder más el tiempo. Estaba claro que todo esto de la Tierra me estaba afectando más de lo que se imaginaba. Me pidió que le siguiera para dar por cerrado el tema.
Una vez en su despacho me dejó muy claro que, si se tiraba adelante y se me permitía volver a la tierra, estaría sólo. Nadie acudiría en mi ayuda en caso de complicaciones y, sobre todo puso especial énfasis en que en ningún caso se me permitiría volver si existía cualquier duda, por pequeña que fuera, sobre mi identidad.
Le expliqué que, aunque los datos sobre los saltos eran poco claros, confiaba en los habitantes de la Tierra. Siempre me ayudaron en mis anteriores investigaciones y estaba profundamente convencido que ahora no iba a ser menos.
No me contestó, sólo me dijo que hiciera una lista del material que necesitara y que, cuando estuviera listo, le avisara.
Tan rápido como me fue posible preparé mi mochila, repasando mentalmente todo aquello que me pudiera serme de utilidad, acabando de llenarla en el almacén con un extra de munición. Sólo podía llevar un arma corta y, por ese motivo, escogí un modelo nuevo de pistola, la S15, que se caracterizaba por su poco peso y su mira láser.
Irons, impasible, me esperaba en la sala habilitada para el salto y, mientras Alvin me explicaba como creían que funcionaba la pulsera que me permitiría saltar dentro de la misma realidad, me dio una carpeta con toda la documentación que hacía referencia a los saltos que no pudimos evitar. Allí se encontraban las pistas que debían orientarme para llegar a los posibles destinos de los stromers.
No nos dirigimos palabra alguna pero en sus ojos puede ver un mensaje de precaución. Y fue precisamente en ese momento cuando empezaron a flaquearme las fuerzas, como si mi cuerpo luchara por no iniciar esta nueva aventura, como si algo dentro de mí supiera que quizás fuera la última.
Justo antes del salto pude leer la primera pista, pero no me parecieron palabras, quizás sólo eran una clave que debía descifrar. Y, por un momento, pensé que iba a necesitar mucha ayuda de los habitantes de la Tierra, más de la que me imaginaba, para poder llegar a descubrir las coordenadas de mi primer destino. Toda mi confianza puesta en vosotros.
La pista decía así: Leif Hallgrimskirkja
Sobre este blog
PROYECTO CHRONOS
john-sharkMi nombre es John Shark y llegué a la Tierra por un accidente sufrido participando en la operación Juggler, una de la muchas en las que había tomado parte hasta el... hasta ése día.
Pero algo ocurrió. Algún detalle que se nos escapó hizo que el lanzamiento no se realizara correctamente.
Intenté realizar la misión, intentando aprender de vuestra civilización, casi sin medios y sólo con lo que encontré en la mochila del Dr. White.
Pero tras ser recuperado, Dirdam y todo lo que recordaba de mi mundo ha cambiado.
Estamos en guerra y sólo hay dos opciones luchar o morir.
Capitán John Shark
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