05 Oct 2011

Tranströmer y el Memento Mori

Escrito por: operezsantiago el 05 Oct 2011 - URL Permanente

Tranströmer y el Memento Mori

La maestra Helmy Tranströmer, el 15 de abril de 1931, dio a luz a un niño que llamó Tomas. El niño es hoy el poeta sueco vivo más significativo.

La familia vivía en la calle Swedenborgsgatan del barrio Söder de Estocolmo. Helmy se divorció de su marido, el periodista y redactor de la editorial Bonniers, Gösta Tranströmer, cuando el niño tenía 3 años. Entonces ellos se cambiaron a Folkungagatan, en el mismo barrio de clase media baja. Tenían una criada que lo cuidaba y su mamá salía temprano y se iba caminando a su trabajo, la escuela Eleonora de Östermalm, donde se ocupaba del tercer y cuarto curso. Se afirma que Gösta, luego del divorcio, fue padre ausente y que el niño lo vio ocasionalmente durante su infancia y se estima que su soledad pudo haber influenciado su poesía. Su abuelo materno, el piloto náutico Carl Helmer Westerberg, fue la figura masculina que Tomas tuvo en su niñez. El joven Tomas, desde los once años hasta los quince, recoge insectos y escarabajos y forma insectarios, (que hoy se exponen en museos), cuando visita a su abuelo en el verano en Runmarö.

Tomas hizo la secundaria en la escuela Södra latin, a cuadras de su casa. Atrapado en una crisis de ansiedad, tuvo un ataque de epilepsia hacia los 15 años que cambió su vida. La música lo rescató y se dedicó al piano. Y luego estudió en la Universidad de Estocolmo y se recibiría de sicólogo, de la corriente conductista.

Tenía 23 años cuando publicó su primer libro, 17 poemas (17 dikter) en 1954. Con habilidad técnica expuso los temas que lo acompañaría por la vida: el misterio y la naturaleza, como en este poema, Tormenta, escrito en estrofa sáfica:

De pronto el viajero halla el viejo

gran roble, como un alce de piedra,

ancha copa en el cenizo fortín del

mar de septiembre.


Tormenta del norte. Tiempo de serbas

Maduras. Despierto en la noche él oye

Las constelaciones estampadas

sobre el roble

La crítica lo justiprecia de modo unánime y la fama de “poeta de la metáfora” le llegó de inmediato.

Monica Bladh y Tomas Tranströmer se conocieron en Estocolmo en 1957. Ella era una liceana de 17 años. Se casarían y serían pareja para toda la vida. Tendrían dos hijas, Emma y Paula.

Tranströmer trabajó de terapeuta en una cárcel para jóvenes y en la Oficina del trabajo. Sólo hasta después de los años 70 Tranströmer pudo vivir de su poesía y viajar dentro y fuera de Suecia. Entonces se hizo popular en Suecia y conocido internacionalmente. Vive intensamente como poeta y escribe sus mejores y más populares poemas:

Los recuerdos me miran de 1983:

Tan cerca, que los escucho respirar

A pesar que el trino de las aves es estridente.

Arcos romanos de 1988:

Un ángel sin semblante me envolvió

Y me susurró a través de todo el cuerpo:

“No te avergüences de ser persona, ¡sé orgulloso!

Dentro de ti se abre cúpula tras cúpula infinitamente

Tú nunca estarás completo, y así es como debe ser.”

Pero, por no haber hecho caso a un síntoma -la migraña que lo persigue desde niño-, en noviembre de 1990, a los 59 años, Tomas Tranströmer sufre un ataque cerebral que le inhibe para siempre el habla -afasia-, y paraliza parte de su lado derecho. Al comienzo, Tranströmer no se preocupa mucho. Sus recuerdos y su capacidad intelectual no habían sido afectados. El habla y la capacidad de movimientos en la mano derecha volverían, pensó. Pero después de un largo tiempo de rehabilitación llegó la convicción de que sería difícil –sino imposible- tener de vuelta la capacidad de hablar. El movimiento de su mano derecha estaba definitivamente perdido y quedó inmóvil pegada en su pecho como un ala.

Curiosamente, el año 1969 escribió el poema llamado Concierto de la mano izquierda (Vänsterhandskonsert) y que termina así:

El trabajo de la mano izquierda llega en fragmentos
O brilla como un arco iris

¿Qué hace mi mano izquierda, la del corazón?

Mi mano toca alto

Y en su poema del año 1974, Bálticos (Östersjöar) escribió un poema sobre un músico que sufre un ataque vascular y una ”paralización del lado derecho y solo puede entender frases cortas y decir mal las palabras.”

La música y su capacidad de tocar el piano con la mano izquierda lo rescató nuevamente de la oscuridad. Después de este accidente su mujer, Monica, se convirtió en su voz y su secretaria. Tranströmer puede contestar si o no y usa gestos y mímica, pero es Mónica que interpreta. Con dificultad lograron publicar dos poemarios más ”Sorgegondolen” (1996) y ”Den stora gåtan” (2004), un libro con sus famosos haiku, poemas breves de tres versos de cinco, siete y cinco moras respectivamente.

El sol está bajo
Nuestras sombras son largas.
Ya somos sombras.

Tranströmer, con una gran dignidad, con un alto nivel de integridad, ha podido seguir participando de festivales de poesía. Ha mantenido su privacidad a pesar de su fama mundial. Pocas entrevistas, nunca un artículo de debate. Tampoco una vida bohemia, como muchos de sus colegas bacantes y deudores de la musa sedienta. Mucho menos ese mal tan común, ese muy mal hábito nuestro, los escritores, de mal hablar de los colegas.

Existen pocos escritores silenciosos con su vida privada. Pocos en los que sus aventuras privadas no se hayan convertido en parte importantes de la imagen del escritor. Tranströmer pertenece a esa categoría de poetas silentes, sin pretensiones o sin necesidad de poner su vida por delante. Tranströmer se ha ganado sus seguidores, desde el inicio, con sus poemas, que une la naturaleza con el misterio. Más que su vida, sus experiencias. Es una poesía con ciertos rasgos oscuros, y que tiene influencias de T.S. Eliot, Dylan Thomas y Rilke.

“Mi vida. Cuando pienso en esas palabras veo ante mí una línea de luz. Mirada de cerca esa luz tiene la forma de un cometa con su cabeza y su cola. La parte más luminosa, la cabeza, es la infancia y el crecimiento. El núcleo, la parte más concentrada, es la más primera infancia donde se determinan las más importantes características de nuestra vida. Yo intento recordar, yo intento ingresar allí. Pero es difícil intentar moverse en esas regiones tan tupidas, se siente como si yo pudiera estar cerca de la muerte. Más atrás se adelgaza el cometa- es la parte más larga, la cola. Se hace más y más dispersa pero también más ancha. Yo estoy muy afuera de la cola del cometa, tengo 60 años cuando yo escribo esto.” (1993)

Total unidad sobre el ícono nacional, no existe en Suecia. Hay escritores a los que les fastidia el título de Poeta Nacional de Tranströmer y cuestionan el estilo “groupie” de haber subido a Tranströmer a un pedestal, o convertirlo en un santo o en una estatua, sin mostrar sus contradicciones y debilidades. Durante los años 60 Tranströmer no se adaptó a la corriente izquierdista predominante y su poesía social. El poeta mantuvo un silencioso exilio interior. Lo acusaron de súper burgués y súper soberbio. Que escribía salmos para la clase media, que le dio la espalda a la sociedad y que su sistema poético es convencional.

Poetas más recientes como Kristian Lundberg, uno de los fundadores de la Pandilla de Malmö en los años 80, afirma que él fue amenazado de muerte cuando en una reseña escribió que la publicación de los libros de Tranströmer era una consecuencia de la carencia de valentía del mercado del libro sueco.

Personalmente, considero que Tranströmer es un grande. El “poeta halcón” lo ha llamado su colega Lasse Söderberg, por su capacidad de elevarse y ver detalles desde lejos. Sus poemas sobre la fugacidad de la vida, (el Memento mori, la finitud, la vida pasajera) son lúcidos, son luceros, son serenos y tensos y tienen, en su gran mayoría, autenticidad. Y yo diría algo más, la capacidad de Tranströmer de hablar con sus recuerdos, sus propios cementerios, es una canción envolvente a los que ya no están. Ya está dicho: Tranströmer no escribe sobre la muerte. Escribe sobre los muertos. Recordar es una forma de tributo a nuestros propios muertos y releva la importancia fantasmal que ellos tienen en nuestras vidas.

(Lee aquí poemas de Tomas Tranströmer )

Foto: La familia Tranströmer en Västerås, 1973.

Su mujer, Monica, sus dos hijas Emma y Paula y su perro

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Omar Pérez Santiago

escritor chileno, nacido en 1953.

Ha publicado

Nefilim en Alhué y otros relatos, Breve historia del comic en Chile, Escritores de la Guerra, Trompas de Falopio (novela junto a Gabriel Caldés), Negrito no me hagas mal, (novela -comic), Memorias eróticas de un chileno en Suecia, Malmö är litet y La pandilla de Malmö (de poesía sueca).

correo: omarperezsantiago@hotmail.com

Nefilim en Alhué

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NEFILIM EN ALHUE

Libro de cuentos Nefilim en Alhue http://omarperezsantiago.cl/
¿En que momento la muerte, ese espectro ridículo e irrevocable, es un motivo de desvelo literario?

Aparece en una esquina con su sonrisa macabra en sus dientes descarnados y amarillos y se lleva a un amigo, o bien, a tu madre o a tu padre. Y no sé como de pronto estoy en un lugar donde venden cajones de muertos.
La muerte, ese prosaico espectro, no es otra cosa que la gran ausencia.
Quizás, todos los hombres o mujeres, viven ese momento en que el vértigo y el silencio de la muerte, convierte todo orgullo, todo engreimiento, por la desmesura, en una sensación absoluta de vacío, un vestigio melancólico.

Ya no la entenderemos.
Al sol y a la muerte no se les puede ver de frente.
Y después, caminar al Quitapenas y beber un Nomeolvides.
A veces, la muerte es ausencia de justicia.
Un país cualquiera sin justicia real, es un país desierto, un país muerto.
Se necesita una gran holgura de espíritu para perder el respeto o el miedo a los huesos fríos de las tibias de la Señora de la Muerte.

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