05 Ago 2012
Sabiduría productiva
Hijo mío, pon atención a mi sabiduría
y presta oído a mi buen juicio,
para que al hablar mantengas la discreción
y retengas el conocimiento.
Proverbios 5:1-2
Imagínense por un momento a una persona que nunca recibió ningún tipo de crianza o educación de parte de sus padres. Tampoco asistió a escuelas o colegios y nunca tuvo la oportunidad de aprender de las experiencias y sabiduría de otros. ¿Cómo piensan ustedes que se comportaría una persona así cuando le tocase vivir en sociedad? Para comenzar, nuestro hipotético y bisoño personaje tendría que enfrentarse con una cultura y unas costumbres que resultarían totalmente ajenas a las prácticas que pueda haber acumulado durante su inexperta existencia. Su comportamiento sería muy probablemente el de un perfecto salvaje o animal. Creo que nadie discrepa de lo anterior. Lo notable es que la gran mayoría de los miembros de la sociedad moderna se comporta como ese salvaje a pesar de todos los esfuerzos realizados por impartirles una educación acorde con los tiempos y con la naturaleza del ser humano. La respuesta está en que nuestra naturaleza humana y pecaminosa no está interesada en aprender lo bueno ni lo que conviene. Se nos hace más fácil aprender las mañas y los hábitos de aquellos que se dedican a hacer el mal en todo momento.
La respuesta a esta comprometida situación la ha preparado Dios desde antes de la creación del universo. Para deslastrarnos de la carga de la ignorancia, la inexperiencia y la indiscreción, Dios nos provee de su sabiduría celestial. La sabiduría de Dios nos ayudará a mantenernos lejos del peligro y de las tentaciones. Aún cuando estemos peligrosamente cerca de fallar, la sabiduría nos permitirá conocer el riesgo al que estamos a punto de ser expuestos y nos habilitará para alejarnos de la tentación y no pecar. Pongamos, pues, mucha atención a las enseñanzas y a la sabiduría con las que Dios nos capacita para que podamos ser efectivos servidores. La sabiduría está a nuestra disposición, ella sólo requiere que le prestemos atención. ¡Sólo a Dios sea la gloria!
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