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    <body>Cuando varios d&#237;as despu&#233;s baj&#233; del Chepe en la estaci&#243;n final de &lt;A id=link_0 title=http://es.wikipedia.org/wiki/Chihuahua href="http://es.wikipedia.org/wiki/Chihuahua"&gt;Chihuahua&lt;/A&gt; me invadi&#243; una inmensa sensaci&#243;n de zozobra. Rodeado por aquellos grandes espacios planos del desierto chihuahuense el mundo vertical y h&#250;medo de las barrancas parec&#237;a m&#225;s lejano e irreal a&#250;n. Como si ese tren solo hubiera existido en mi imaginaci&#243;n. Y quiz&#225; as&#237; fue, porque &#191;a qu&#233; loco se le ocurrir&#237;a trazar un ferrocarril por unas quebradas como esas?

Chihuahua es uno de esos lugares de nombre m&#237;tico a los que cuando llegas compruebas que de m&#237;tico solo tienen el nombre. Como Tombuct&#250; o Samarcanda. Es una ciudad grande, agradable y tranquila, con un clima t&#243;rrido y un aire provinciano. La mayor&#237;a de los turistas viene como yo a bordo del Chepe; ellos se quedan una noche y a la ma&#241;ana siguiente salen huyendo. 

Yo sin embargo decid&#237; quedarme varios d&#237;as en Chihuahua. Aunque parezca mentira, en esta apartada ciudad del desierto norte de M&#233;xico, m&#225;s conocida por los perros hom&#243;nimos que por sus encantos arquitect&#243;ncos (que son pocos si exceptuamos la catedral colonial), se cocieron algunos de los principales episodios de la historia del pa&#237;s. En especial los relacionados con uno de los personajes m&#225;s controvertidos del culebr&#243;n que es el pasado reciente de esta gran naci&#243;n : &lt;A id=link_1 title=http://es.wikipedia.org/wiki/Pancho_Villa href="http://es.wikipedia.org/wiki/Pancho_Villa"&gt;Pancho Villa&lt;/A&gt;, h&#233;roe para muchos, villano para otros tantos.

Pero esa es ya otra historia.

&lt;IMG id=img_0 class=imgcen src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/paco-nadal/Cobre16.jpg"&gt;
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    <title>Estaci&#243;n final, Chihuahua</title>
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    <body>Mis &#250;ltimos d&#237;as en la sierra los empleo en explorar la &lt;A id=link_0 title=http://es.wikipedia.org/wiki/Urique href="http://es.wikipedia.org/wiki/Urique"&gt;barranca de Urique&lt;/A&gt;. Doug me ha invitado a ir con &#233;l en su camioneta. De Bauchivo a Urique hay 54 kil&#243;metros por una pista de terracer&#237;a muy pedregosa que demora al menos dos horas. El camino sube primero entre densos pinares hasta llegar a un balc&#243;n natural donde la tierra desaparece como por encanto y se hunde en una quebrada de cantiles sucesivos que se prolongan a derecha e izquierda del escenario. Es la Barranca de Urique. Doug pone la reductora y afronta las primeras rampas en descenso. El r&#237;o se ve mil metros m&#225;s abajo, como un fino cable de cobre retorcido entre pe&#241;ascos. 

&lt;IMG style="WIDTH: 554px; HEIGHT: 224px" id=img_0 class=imgcen src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/paco-nadal/Cobre14.jpg" width=519 height=215&gt;- &#8220;Cuando abrieron esta pista en 1976 era a&#250;n m&#225;s estrecha&#8221;, comenta sin quitar la vista de la carretera. &#8220;Era muy dif&#237;cil conducir por aqu&#237;. Menos mal que la ensancharon har&#225; unos 10 a&#241;os. Pero imag&#237;nate, &#161;no la abrieron hasta el 76! Hasta entonces todos lo que sub&#237;a y bajaba ten&#237;a que hacerlo a lomos de mulas por el antiguo sendero de los tarahumaras&#8221;.

En una de las muchas curvas observo una cruz, como las que aqu&#237; se suelen poner al borde de las carreteras para se&#241;alizar el lugar donde hubo un accidente. Diego ve que me quedo mir&#225;ndola.

- &#8220;Un conductor que se cay&#243; cuando iba borracho&#8221;, sentencia lac&#243;nico.

Unos zopilotes sobrevuelan la escena. La pista se convierte en un zigzag continuo de curvas que a veces vuelven sobre si mismas pr&#225;cticamente 360&#176;. El r&#237;o sigue vi&#233;ndose all&#225; al fondo como una cinta almagre sobre la que espejean los min&#250;sculos remolinos blancos de los r&#225;pidos.

Urique fue uno de los pueblos mineros m&#225;s importantes de la sierra. Pero eso fue hace mucho tiempo. Hoy es un pueblo fantasma, un sinsentido que habla del apeg&#243; at&#225;vico de los hombres al lugar en el que han nacido, aunque ese lugar est&#233; sepultado en vida. Las minas de Urique fueron descubiertas en 1690. A partir de entonces las sendas de la sierra se llenaron de mineros, gambusinos, comerciantes, ingenieros, buscavidas, soldados del rey y dem&#225;s personas relacionadas con la miner&#237;a que cambiaron en un corto per&#237;odo de tiempo el panorama econ&#243;mico y social de la comarca. 

Urique naci&#243; de una fiebre, la del oro y la plata, y en el peor lugar del mundo, al fondo de la barranca, donde el clima es insano y caluroso e incomunicado del resto del mundo. Un pueblo de frontera, hecho al asalto, sin m&#225;s planificaci&#243;n que la codicia que generaba el dinero. A lo largo de su &#250;nica calle, la misma que sigue existiendo hoy, se pararon barracones, tugurios, mansiones, negocios, prost&#237;bulos, cafetines y hospedajes al pairo de la calentura econ&#243;mica. Pero el mineral se agot&#243; a principios del siglo XX y la comarca inici&#243; un largo declive. Urique cay&#243; en el olvido. Y ah&#237; sigue. Perdido al fondo de un abismo insondable, entre polvaredas resecas y remolinos de aire podrido. 

&lt;IMG id=img_0 class=imgdcha src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/paco-nadal/Cobre15.jpg" width=427 height=280&gt;Paseo por la calle principal y me fijo en una de las casas ricas que destaca sobre las dem&#225;s. Una construcci&#243;n de dos pisos que un d&#237;a tuvo que ser una elegante mansi&#243;n y que hoy, llena de desconchones, est&#225; fragmentada en varias viviendas y locales comerciales. Sobre su frontispicio, un r&#243;tulo: &#8220;La Central, 1910". En el bajo comercial que hace chafl&#225;n hay una tienda de ultramarinos en el que no ha debido de cambiar ni un tornillo en los &#250;ltimos cien a&#241;os y la que entro de forma casi ceremonial, como si de repente una m&#225;quina del tiempo me trasladara a aquellas viejas tiendas de coloniales que conoc&#237; en la Espa&#241;a pobre y atrasada del franquismo. El se&#241;or que la atiende se llama Carlos Silva y es el due&#241;o del edificio, que hered&#243; de su padre. 

- &#8220;Antes ven&#237;an burros cargados con mercanc&#237;as casi a diario. Ahora sobra g&#233;nero. Aqu&#237; uno se muere en vida. La casa la fuimos vendiendo a trozos; era muy grande para mantenerla una familia sola&#8221;, me confiesa.

En el mostrador de madera se suceden cajas llenas de huauzontles, romeritos, verdolagas, elotes, cebollas, chiles, &#8230; adem&#225;s de una balanza y un mazo de papel de estraza para envolverlos. Apoyado al pie de la repisa hay grandes capazos de esparto con nopales, guisantes, huitlacoches, toronjas, ajitomates... Es como si el tiempo se hubiera detenido. Como si de repente me hubiera ca&#237;do dentro de un relato de Juan Rulfo. 






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    <title>La barranca de Urique</title>
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    <body>&lt;IMG id=img_1 class=imgcen src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/paco-nadal/Cobre11.jpg"&gt;No me refiero a la magn&#237;fica pel&#237;cula de Roland Joff&#233;, protagonizada por Jeremy Irons y Robert de Niro, Aunque podr&#237;a ser. Hablo de la misi&#243;n jesuita de Cerocahui, uno de los m&#225;s importantes centros religiosos de la sierra tarahumara. Siempre me produjo inter&#233;s el fen&#243;meno de las misiones y su importancia dentro del proceso colonizador de Am&#233;rica. 

Por un lado me sorprende la determinaci&#243;n, mezcla de fe y audacia, de aquellos misioneros capaces de sortear todo tipo de obst&#225;culo para expandir su fe. Como ocurre en &lt;A id=link_0 title=http://www.decine21.com/Peliculas/La-mision-6808.asp?id=6808 href="http://www.decine21.com/Peliculas/La-mision-6808.asp?id=6808"&gt;"La misi&#243;n"&lt;/A&gt; con el padre Gabriel/Jeremy Irons. O como ocurri&#243; aqu&#237; mismo en Cerocahui. Los primeros intentos de evangelizaci&#243;n datan de 1601, cuando llegaron el padre Julio Pascual y su ayudante el padre Mart&#237;nez. Fueron martirizados y asesinados el 1 de febrero de 1632 en el pueblo de Santa Mar&#237;a de Varoh&#237;os durante una revuelta tarahumara liderada por un caudillo local de nombre Teporaca. En 1670, otro jesuita, el padre Juan Mar&#237;a de Salvatierra, solicit&#243; a sus superiores ser destinado a las misiones m&#225;s dif&#237;ciles de la Sierra. Y lo mandaron a Cerocahui, donde consigui&#243; asentar una comunidad. 

Pero tampoco se puede olvidar el papel destructor de las tradiciones y las religiones aut&#243;ctonas de esas evangelizaciones. A nadie escapa que la gran diferencia de la colonizaci&#243;n espa&#241;ola frente a la inglesa o francesa, por ejemplo, fue la necesidad de ir con la cruz por delante, la misi&#243;n divina supuestamente encomendada a la corona espa&#241;ola de expandir la fe, a fuego y espada, a lo largo y ancho del mundo. El tema es largo y complejo como para debatirlo aqu&#237;. Pero aunque reconozco que los misioneros llevaron tambi&#233;n educaci&#243;n, t&#233;cnicas agr&#237;colas, mejora de la sanidad.... contribuyeron a acabar con las culturas aut&#243;ctonas. 

Camino por las calles desiertas de Cerochui guiado por la torre de la iglesia de la misi&#243;n. Solo se ven algunos ni&#241;os corriendo y un par de hombres trabajando en la lejan&#237;a de los campos de labor. Es una tarde gris pl&#250;mbea y ventosa. La capota del cielo filtra una luz fosca y triste. La misi&#243;n ocupa un lateral de la plaza del pueblo. Es un gran edificio de piedra sillar con una &#250;nica nave y fachada tambi&#233;n de canter&#237;a de piedra rojiza. Tiene techumbre a dos aguas de teja roja y una gran c&#250;pula sobre el crucero forrada de azulejos amarillos que destacan de forma sorprendente sobre la monoton&#237;a verde y negra del paisaje. 

La puerta esta abierta y entro. El interior es de una sencillez y austeridad extrema, como casi todas las iglesias de la sierra. No hay nadie a estas horas, pero pod&#237;a imagin&#225;rmela en pleno siglo XVII repleta de ind&#237;genas tarahumaras escuchando al padre Salvatierra en el p&#250;lpito, a la luz de las candelas. O durante la Semana Santa, la fiesta religiosa cat&#243;lica que mayor aceptaci&#243;n tuvo entre los tarahumaras y que a&#250;n hoy se celebra con mayor intensidad. Cuando los jesuitas fueron expulsados los tarahumaras se quedaron durante unos a&#241;os sin sacerdotes lo que no fue impedimento para que siguieran celebrando la Semana Santa y adapt&#225;ndola cada vez m&#225;s a sus propios rituales. Cuando volvieron los curas no hubo forma de devolver la ortodoxia a la fiesta. 

&lt;IMG id=img_0 class=imgcen src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/paco-nadal/Cobre10.jpg"&gt;Cuando salgo, me cruzo con una fiesta popular. Las calles parecen haber recobrado la vida que antes no ten&#237;an y como por arte de magia empiezan a aparecer ni&#241;os disfrazados en todas las esquinas. Me quedo con una, con una bella princesa que me mira con ojos de esperanza y una varita m&#225;gica en medio del lodazal.





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    <title>La misi&#243;n</title>
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    <body>Llevo ya varios d&#237;as en El Para&#237;so del Oso, un genuino rancho de la sierra tarahumara solitario en mitad de la nada cuyo due&#241;o, Doug Rodhes, se ha negado a instalar la luz el&#233;ctrica para preservar el esp&#237;ritu original de estas haciendas. Doug es estadounidense pero se cas&#243; con una ind&#237;gena tarahuamara y decidi&#243; retirarse del primer mundo para venir a vivir a &#233;ste otro mundo de las barrancas del Cobre, que no se qu&#233; posici&#243;n ocupa, pero desde luego me parece mucho m&#225;s interesante que el primero.

Al caer la noche, los quinqu&#233;s sumen el rancho en un caleidoscopio de negritudes por el que los clientes nos movemos como sombras an&#243;nimas. Doug suele convocarnos a la luz de una hoguera y nos cuenta historias de los indios tarahumaras. 

&lt;IMG id=img_1 class=imgcen src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/paco-nadal/Cobre9.jpg"&gt;Tarahumara es una deformaci&#243;n que hicieron los primeros misioneros de raramuri, el verdadero nombre de las comunidades ind&#237;genas que viven en la sierra Madre y en particular en esta comarca de las Barrancas del Cobre. Los raramuri constituyen una de las tribus ind&#237;genas m&#225;s endog&#225;micas y puras de M&#233;xico, aunque en los &#250;ltimos a&#241;os, sobre todo desde la apertura de pistas accesibles a veh&#237;culos hasta el fondo de las Barrancas, su grado de aculturizaci&#243;n y mezcla con los chabochi (como llaman a los blancos y mestizos) es cada vez mayor. 

Su cultura est&#225; &#237;ntimamente ligada y adaptada al medio vertical que les rodea: cuando llegaron los primeros misioneros viv&#237;an en cuevas naturales y abrigos de roca que cerraban con trincheras de piedras y se alimentaban de ma&#237;z y otros productos que cultivaban en las terrazas de los gigantescos cantiles de roca de las barrancas. Poco a poco fueron abandonando las cuevas para establecerse en rancher&#237;as en el fondo de los valles, en humildes casas de paredes de adobe y techo de paja de las que todav&#237;a pueden verse muchas por la sierra. 

El consumo de batari, un brebaje tradicional de poca gradaci&#243;n alcoh&#243;lica hecho con pencas del mag&#252;ey fermentado y cocido en un horno bajo tierra que se tomaba en festividades y como agasajo a los vecinos que ayudaban en el trabajo comunal, se ha sustituido por cerveza, un alcohol barato que provoca graves problemas de alcoholismo, a pesar de que su venta est&#225; prohibida en la sierra.

Una ma&#241;ana Doug me acompa&#241;&#243; hasta una cueva a poco m&#225;s de una hora a pie del hotel. Se trata de un gran abrigo de roca en forma de media luna donde estuvo viviendo un grupo de ind&#237;genas tarahumaras hasta el final de la Revoluci&#243;n Mexicana. Pero murieron casi todos en pocos d&#237;as y en extra&#241;as circunstancias.

- &#8220;&#191;Los mataron? ", le pregunto

- &#8220; No, de eso estamos casi seguros. Quedar&#237;an unos 40 o 50 y murieron todos de repente, en tres o cuatro d&#237;as. Alguien en Bahuchivo me dijo que pudo ser una enfermedad contagiosa, como la gripe espa&#241;ola. Pero en realidad sigue siendo un misterio.

- &#8220;&#191;No se investigo?

- &#8220;&#191;qui&#233;n lo iba a investigar? y sobre todo, &#191;a qui&#233;n le importaba? No te creas que en aquella &#233;poca un grupo de 40 o 50 indios supon&#237;a mucho. Los mineros y los madereros los despreciaban, para ellos no eran m&#225;s que mano de obra barata. No creo que nadie se interesara por lo que pas&#243; aqu&#237;.

&lt;IMG id=img_0 class=imgcen src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/paco-nadal/Cobre8.jpg"&gt;Pero lo m&#225;s impresionante de la cueva era el conjunto de cruces blancas pintadas a lo largo de toda la pared interior. 

- &#8220; Creo que las pintaron los propios tarahumaras&#8221;, a&#241;ade Doug al ver que me paro a fotografiar las cruces. "A lo mejor una por cada fallecido, o como s&#237;mbolo de religiosidad. La religi&#243;n es muy importante en su vida, y tambi&#233;n el culto a los muertos. Por eso siguen ofreci&#233;ndole comida a los difuntos, para ayudarle en su camino hacia all&#225; arriba. Han pasado ya muchos a&#241;os, pero algui&#233;n viene con regularidad hasta aqu&#237; y vuelve a repasar las cruces, para que no desaparezcan. Para que el alma de estos muertos siga entre los vivos. &#8221;.







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    <title>Una cruz por cada alma en la sierra tarahumara</title>
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    <body>&lt;IMG id=img_0 class=imgcen src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/paco-nadal/239151_Cobre7.jpg"&gt;El tren de las barrancas del Cobre tarda una jornada en cubrir el trayecto entre Los Mochis y Chihuahua, pero ser&#237;a absurdo cruzar una de las zonas m&#225;s interesantes de M&#233;xico con tanta prisa. Lo aconsejable por tanto es bajarse en alguna de las estaciones intermedias y dedicar unos d&#237;as a recorrer la sierra tarahumara.

El pueblo que elijo para dejar el tren, Bahuichivo, es tan desordenado y ca&#243;tico como todos los que llevo vistos hasta el momento en la sierra. Lo componen medio centenar de casas unifamiliares muy sencillas y humildes, de planta rectangular, muros de bovedilla de hormig&#243;n y techos de chapa met&#225;lica diseminadas sin orden alguno por un pedregal sucio sobre el que despuntan algunos bosquetes de eucaliptos. 

Hay varias tiendas de abarrotes en la explanada de la estaci&#243;n, un par de restaurantes econ&#243;micos, otro par de pensiones m&#225;s espartanas a&#250;n, una ferreter&#237;a y, curiosamente, una sala de videojuegos en la que una chiquiller&#237;a vociferante se entrega a matar marcianos o enemigos estelares en las verdosos pantallas. En eso debe de consistir la globalizaci&#243;n. 

La &#250;nica zona pavimentada es la plaza principal, tan pobre y mal equipada como el resto del pueblo. Las dem&#225;s calles est&#225;n tapizadas por el mismo polvo terroso de las monta&#241;as que las rodean. Gallinas, cerdos, charcos de agua ponzo&#241;osa, basuras y muchos cables colgando de lado a lado completan el panorama. Abajo, al fondo del valle, en una zona algo m&#225;s llana, se ve un campo de f&#250;tbol en el que en este momento pasta un grupo de vacas. El pueblo es tambi&#233;n un inmenso cementerio de todo tipo de camionetas y todoterrenos de fabricaci&#243;n norteamericana desde los a&#241;os 50 en adelante. Viejos Dodge, Ford o Chevrolet reposan arruinados por las esquinas de la aldea. 

&lt;IMG id=img_1 class=imgcen src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/paco-nadal/239154_Cobre6.jpg"&gt;Al pie del tren esperan numerosas furgonetas y pick-up de hoteles de la zona en busca de clientes. Pero a diferencia de lo que imaginaba no hay por parte de sus conductores la m&#225;s m&#237;nima intenci&#243;n de pregonar las excelencias de sus productos o tratar de captar hu&#233;spedes. Simplemente, esperan. Me acerco a la ventanilla de una de ellas al azar. Es una pick-up Chevrolet blanca sin ning&#250;n r&#243;tulo a cuyo volante se aferra un hombre de rostro duro y edad incierta tocado con el inevitable sombrero blanco. Me dice que pertenece al hotel El Para&#237;so del Oso, que esta a cinco minutos de Cerocahui y que tiene cuartos desde 100 pesos. Si me interesa tengo que esperar un poco a que llegue el tren de primera porque viene a recoger a dos clientes que han reservado la estancia por tel&#233;fono. Acepto, porque visto lo visto en Bahuichivo me interesa m&#225;s situar mi centro de operaciones en Cerocahui, una poblaci&#243;n tarahumara con una interesante misi&#243;n. Me siento en la caja trasera de la pick-up y espero. El hombre no se dirige a mi ni una sola vez hasta que una hora y media m&#225;s tarde el &#8220;primera&#8221; resopla en la estaci&#243;n de Bahuichivo y se detiene con un estruendo de quejidos met&#225;licos.



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    <title>Matando marcianos en Bahuichivo</title>
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    <body>El mayor problema con el que se enfrentaron los ingenieros que proyectaron el ferrocarril Chihuahua al Pac&#237;fico fue la orograf&#237;a. Los mism&#237;simos misioneros jesuitas, con toda su intrepidez, tardaron decenas de a&#241;os en bajar al fondo de estas barrancas. Y ya se sabe, donde no llega un jesuita no llega ni un Mitshubisi Montero. "S&#243;lo los p&#225;jaros conocen la profundidad de este abismo", escrib&#237;a Carl Lumholtz,&lt;IMG style="WIDTH: 426px; HEIGHT: 255px" id=img_0 class=imgizqda src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/paco-nadal/Cobre6.jpg" width=422 height=222&gt; un antrop&#243;logo noruego que recorri&#243; la sierra Tarahumara en 1904. Fruto de aquella expedici&#243;n fue el libro &lt;I&gt;El M&#233;xico desconocido,&lt;/I&gt; uno de los mejores ensayos antropol&#243;gicos de la comarca, traducido a varios idiomas incluidos el espa&#241;ol. 

Se calcula que hay unos 20 ca&#241;ones o barrancas mayores en esta Sierra Madre mexicana, que ser&#237;a la continuaci&#243;n geol&#243;gica de las Monta&#241;as Rocosas de Norteam&#233;rica. La mayor&#237;a est&#225;n formadas por el r&#237;o Urique y sus afluentes. La m&#225;s famosa y la que da nombre a la sierra, aunque no la m&#225;s insondable, es la Barranca del Cobre, de 1.300 metros de profundidad. Pero tambi&#233;n son soberbias las de Urique, Sinforosa, Batopilas y Candamena, algunas con m&#225;s de 1.800 metros de desnivel. Si sumamos la extensi&#243;n de todas estas gargantas superan en cuatro veces a la del Gran Ca&#241;&#243;n del Colorado y nueve de ellas son m&#225;s profundas que &#233;ste. 

El ferrocarril utiliza algunas soluciones t&#233;cnicas que a&#250;n hoy d&#237;a siguen consider&#225;ndose geniales, como la de la estaci&#243;n de Temoris, donde salva el cauce del r&#237;o Septentri&#243;n y el desnivel existente mediante dos puentes en curva, un largo t&#250;nel y un cambio de direcci&#243;n en ascenso. O la que hay a continuaci&#243;n de la estaci&#243;n de Pitorreal, a unos 60 km de Creel, donde la v&#237;a completa un c&#237;rculo sobre s&#237; misma como si fuera &#233;l &lt;I&gt;loop&lt;/I&gt; de un avi&#243;n de acrobacia.

En total a lo largo de los casi 700 km que separan Los Mochis de Chihuahua el Chepe supera un desnivel de 2.500 m para los que utiliza 86 t&#250;neles y 37 puentes. El t&#250;nel m&#225;s largo, el del Descanso, tiene 1.823 metros de largo. El puente m&#225;s alto, el de Chinipas, tiene pilares de 105 metros. En su cons&lt;IMG id=img_1 class=imgdcha src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/paco-nadal/Cobre7.jpg" width=390 height=269&gt;trucci&#243;n se vieron envueltos muchos de los personajes hist&#243;ricos del pa&#237;s, desde el gobernador Enrique Creel hasta el que luego fuera dictador y presidente del pa&#237;s durante varias d&#233;cadas, Porfirio D&#237;az, pasando por el mism&#237;simo Pancho Villa, que seg&#250;n narra una leyenda local trabaj&#243; en las obras del ferrocarril siendo joven como capataz de una cuadrilla (versi&#243;n que no corrobora ninguna de sus biograf&#237;as; pero dado el oscurantismo de los primeros a&#241;os de vida del personaje, todo es posible).

Hacia las dos de la tarde mi tren se detiene en Bahuichivo, una min&#250;scula estaci&#243;n perdida en lo m&#225;s alto de la sierra Tarahumara, a 251 kil&#243;metros de Los Mochis y 401 de Chihuahua. Tomo mi mochila y bajo del vag&#243;n.



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    <title>Unas barrancas a prueba de jesuita</title>
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    <body>Al arrancar de nuevo, el Chepe pasa lentamente por uno de esos pueblos casi fantasmas. Un cartel oxidado con letras negras sobre un fondo blanco m&#225;s oxidado a&#250;n anuncia su nombre: Los Pozos. Me llama la atenci&#243;n un cementerio pulcramente encalado que refulge entre pitas y tascates a las afuera de la aldea. Como si intuyera mis pensamientos, Emilio, el revisor de mi vag&#243;n, un chico grandote y afable con el que he entablado conversaci&#243;n, me dice:

- &#8220;F&#237;jese en ese pueblo; hay m&#225;s gente en el cementerio que en las casas&#8221;. 

&lt;IMG id=img_0 class=imgcen src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/paco-nadal/Cobre5.jpg"&gt;En los apeaderos, donde el Chepe frena entre resoplidos, suben hombres de rostro duro, curtido por el sol, con bigote y pobladas patillas. Lo hacen en silencio, con humildad, como si su presencia molestara a los otros viajeros. Todos llevan un macuto de pl&#225;stico al hombro, el eterno sombrero blanco mexicano y un olor pegado al cuerpo que hablaba de sudor, tierra y cansancio. 
Imagino (he viajado antes en Per&#250; en este tipo de trenes solo para turistas) la pulcritud y la asepsia de los vagones del &#8220;primera&#8221;, con turistas occidentales que han pagado el doble por viajar confortablemente instalados, aislados de los olores y las miserias del M&#233;xico pr&lt;IMG style="WIDTH: 373px; HEIGHT: 245px" id=img_0 class=imgizqda src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/paco-nadal/Cobre4.jpg" width=463 height=261&gt;ofundo, pero pasando de puntillas sobre la realidad de un pa&#237;s fant&#225;stico que se personifica cada d&#237;a en estos vagones del &#8220;segunda&#8221;, atestados de familias ind&#237;genas, trabajadores silenciosos, cholas cargadas de bultos y mochileros occidentales con pocos recursos y necesidad de experiencias vitales. 
Pese a que el Chepe se zarandea y cruje como las cuadernas de un gale&#243;n en plena tormenta avanzamos a un ritmo endemoniadamente lento, a poco m&#225;s de 30 kil&#243;metros a la hora. Cuando Emilio vuelve a pasar a mi vag&#243;n le pregunto la raz&#243;n.

- &#8220;&#201;ste tramo est&#225; todav&#237;a pendiente de una mejora de las v&#237;as&#8221;, es su pol&#237;ticamente correcta respuesta. 
- 
Pero durante los d&#237;as siguientes, en que estuve viajando en el Chepe, jam&#225;s
pas&#243; a una velocidad mayor. Imagino que en realidad era todo el recorrido el
que segu&#237;a pendiente de unas &lt;EM&gt;mejoras&lt;/EM&gt;.



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    <title>Donde hay m&#225;s gente muerta que viva</title>
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    <body>&lt;IMG id=img_0 class=imgcen src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/paco-nadal/Cobre3.jpg"&gt;Es muy temprano. Tanto que las primeras luces del alba a&#250;n luchan por abrirse un hueco en el manto negroazulado de la noche mexicana. Unos bultos somnolientos permanecen acodados en los bancos de madera, en silencio, sin apenas mirarse. Un mulato con dientes de oro arrastra de forma cansina un carrito de comida en el que carga caf&#233; soluble y bollos; es el &#250;nico ser que parece dotado de movilidad esta madrugada fr&#237;a en la estaci&#243;n de ferrocarrril de &lt;A id=link_0 title=http://es.wikipedia.org/wiki/Los_Mochis href="http://es.wikipedia.org/wiki/Los_Mochis"&gt;Los Mochis&lt;/A&gt;. 

La estaci&#243;n es moderna y funcional, sin un atisbo de esa magia decadente que se supone rodea a todo lo relacionado con el ferrocarril. De repente, a las seis en punto, con una puntualidad germ&#225;nica, una locomotora diesel arrastrando tres pulcros vagones pintados de verde oliva y naranja se instala en la v&#237;a principal y una voz chilla: &#8220;&#161;El tren de segunda para Chihuahua va a salir!&#8221;. Los bultos silentes y somnolientos recobran la vida como accionados por un resorte. 

Durante los primeros kil&#243;metros, el Chepe transita por una llanura f&#233;rtil, plagada de huertas y frutales aunque los pueblos que atraviesa son mis&#233;rrimos, aldeas de cal y adobe por cuyas calles terrosas corren perros fam&#233;licos y regueros de aguas sucias. Vamos dejando atr&#225;s Sumidero, San Blas, El Fuerte y otras peque&#241;as aldeas an&#243;nimas a las que s&#243;lo se puede acceder por duras pistas de tierra o en tren. Amodorrado en la ventanilla de mi compartimento, a&#250;n bajo los efectos del madrug&#243;n, voy viendo pasar viviendas de paredes descarnadas, con ronchas de cal y barro, hombres cenicientos sobre sus monturas, viejas desdentadas de negras y hermosas trenzas y chiquillos juguetones que como en todas partes del mundo, saltan y corren en paralelo al tren saludando a los viajeros.


&lt;IMG id=img_1 class=imgcen src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/paco-nadal/Cobre2.jpg"&gt;</body>
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    <title>Amanece en la estaci&#243;n de Los Mochis</title>
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    <body>&lt;IMG id=img_1 class=imgcen src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/paco-nadal/Cobre1copia.jpg"&gt;La semana pasada, al visitar el pabell&#243;n de M&#233;xico en FITUR, me acord&#233; de los dos viajes que hice hace unos a&#241;os en el &#8220;&lt;A id=link_0 title=http://www.chepe.com.mx/esp_html/index.html href="http://www.chepe.com.mx/esp_html/index.html"&gt;Chihuahua al Pac&#237;fico&lt;/A&gt;&#8221;, el tren que une Los Mochis, en la costa del Pac&#237;fico, con Chihuahua, en pleno desierto mexicano, a trav&#233;s de los angostos y extraordinarios ca&#241;ones de la &lt;A id=link_1 title=http://es.encarta.msn.com/encyclopedia_761577133/Sierra_Madre_M%C3%A9xico.html href="http://es.encarta.msn.com/encyclopedia_761577133/Sierra_Madre_M%C3%A9xico.html"&gt;Sierra Madre&lt;/A&gt;, la de los indios tarahumaras y la de tantas leyendas de la agitada historia de esta inmensa rep&#250;blica. 

El tren de las barrancas del Cobre, o Chepe, como se le conoce coloquialmente, no es solo una de las m&#225;s intensas experiencias viajeras que se puede hacer en M&#233;xico, sino que adem&#225;s es el &#250;nico ferrocarril de pasajeros (si exceptuamos el &lt;A id=link_2 title=http://www.ferromex.com.mx/turi/tequ.html href="http://www.ferromex.com.mx/turi/tequ.html"&gt;tren tur&#237;stico del Tequila&lt;/A&gt;, en Jalisco) que queda en servicio en un pa&#237;s que hizo la Revoluci&#243;n subido al pescante de una locomotora de vapor. La desidia, la falta de inversiones y finalmente la privatizaci&#243;n acabaron con los trenes mexicanos.

La alocada idea de hacer un ferrocarril que cruzara todo M&#233;xico y ent&lt;IMG id=img_0 class=imgdcha src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/paco-nadal/Mapachepe.jpg" width=320 height=305&gt;rara en los EEUU fue de Albert Kinsey Owen, un norteamericano propietario de industrias azucareras en Los Mochis. Hasta entonces todas las mercanc&#237;as que llegaban en barco por el Pac&#237;fico en direcci&#243;n al interior de EE.UU ten&#237;an que desembarcar en San Diego o en San Francisco y desde all&#237; llevarlas por tren hasta Kansas City. En 1872, Kinsey empez&#243; a madurar la idea de construir un ferrocarril desde la bah&#237;a de Topolobambo, en el Pac&#237;fico mexicano, hasta Kansas City a trav&#233;s de la Sierra Madre. La propuesta era absolutamente ut&#243;pica para la tecnolog&#237;a de la &#233;poca pero de haberse podido llevar a cabo hubiera acortado en m&#225;s de 700 km la ruta tradicional San Francisco-Kansas City. Tan ut&#243;pica fue que tard&#243; en completarse casi 100 a&#241;os: la inauguraci&#243;n oficial del recorrido completo del Chepe no pudo hacerse hasta el 23 de noviembre de 1961.

Como ando preparando las maletas y el equipo para un nuevo viaje (ya llevo demasiado tiempo en casa y mi cama no esta habituada a trabajar tanto) se me ha ocurrido ir narrando este viaje, absolutamente recomendable para quienes quieran vivir una experiencia diferente a bordo de un tren, hasta que llegue a mi nuevo destino (que por cierto est&#225; m&#225;s cerca del Chepe que de Nueva Zelanda, por si sirve de pista).

....continuar&#225;....
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    <title>El tren de las barrancas del Cobre</title>
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