De nuevo en el Camino
El titular podría parecer el de una canción de Alberto Cortez. Pero no. Es que estoy otra vez en el Camino de Santiago (tengo ya más indulgencas plenarias ganadas que pecados puedo cometer en esta vida y en otra que me regalaran; como no creo en la Resurrección estoy por venderlas, como los puntos del carné, por internet).
Aunque advierto que esta vez no voy de peregrino clásico. Este año vamos a cambiar las fotos de la guía de "El Camino de Santiago Francés a pie" y estoy haciendo un nuevo reportaje fotográfico; viajo en coche.
Cada vez que vuelvo me sorprende más el cambio que ha dado este Camino Francés. Cuando lo hice por primera vez, en 1993, era difícil encontrar un teléfono público en muchas aldeas y había tramos larguisismos sin refugio ni acogida alguna para los peregrinos, sobre todo en invierno. Ahora en pueblos de nombres pintorescos y dos docenas de habitantes, como Terradillos de Templarios, o en aldeas perdidas de Galicia donde hay más ánimas que gente viva existen dos, tres y hasta cuatro albergues, media docena de bares y restauranes, tiendas y ciber cafés.
La mercantillización del Camino ha sido brutal. Todo el que tenía un terreno, una cochera, una cuadra o un chamizo al pie de la ruta jacoeba se ha inventado un negocio para dar servicios (y a veces, sablazos) a los peregrinos. Aunque en el fondo, no es nada nuevo. Como me decía el hospitalero de uno de los albergues, ya en la Edad Media éste era un camino de peregrinación pero también de comercio y de picaresca. Y ahora que ha vuelto a renacer, vuelve a ser lo mismo. El razonamiento es bueno. Solo que yo veo cada vez más picaresca y menos hospitalidad.
(la foto está hecha en el tramo que va de Hornillos del Camino a Hontanas, en la provincia de Burgos)
Estoy ya cerca de
Eso significa que mañana se acaba la soledad, los silencios, la escases de servicios para el peregrino y los tramos intimistas, como estos que veis en las dos fotos superiores. Aunque ahora, a mediados de octubre no pasa tanta gente como en verano, el Camino Francés es la romería del Rocío comparado con este del Norte por el que vengo. Su fama ha crecido como la espuma y está muriendo un poco de éxito. Un pueblo como Foncebadón, en los Montes de León, que la primera vez que pasé haciendo ese Camino en el 94 estaba abandonado y en ruinas, tiene ahora un restaurante de lujo, un hotel y dos albergues de peregrinos. Un buen día de verano es fácil ver 100 personas haciendo cola ante el albergue de Melide a las 10 de la mañana para conseguir una cama. Una locura. Mientras que por el camino del Norte y más en estas fechas, hay jornadas en las que no te encuentras a nadie por la ruta.
Os dejo también una foto de un cabeceiro, una especie de canasto gigante hecho con palos trenzados y techado con paja que en zonas de Galicia se usa para guardar el maiz. Este lo había hecho un señor mayor en la puerta de su casa a imitación de los antiguos "para conservar las tradiciones", según me dijo. Cuando le pregunté si le podía hacer una foto, puso cara seria y me contesto: "Bueno, si no va a traerme ningún problema". Gente desconfiada esta del campo.