Despedida desde el palacio de la Moneda
Si hay algún edificio representativo del Chile contemporáneo es el Palacio de la Moneda, en Santiago. No es una obra de arquitectura soberbia, como otros palacios coloniales de Suramérica, ni se alza sobre basamentos precolombinos con siglos de antigüedad, como ocurre con construcciones de Perú o de México, por ejemplo.
Pero para toda una generación, en la que me incluyo, es el icono del Chile masacrado por sus propios militares, el emblema de un golpe de estado (otro más en la castigada América Latina) que acabó con el sueño de una incipiente democracia que, con todos sus errores y fracasos, trataba de crear una sociedad más justa y además emanaba de una decisión popular legítima y soberana.
Quienes en aquel lejano 11 de septiembre de 1973 teníamos ya suficiente uso de razón como para entender lo que veíamos en los telediarios en blanco y negro tenemos grabado en la retina la imágenes de aquellos aviones bombardeando el edificio que tengo detrás de mi, el Palacio de la Moneda, y de aquellos milicos vestidos de verde y armados hasta las cejas acabando a tiros con la vida del presidente electo por los chilenos, Salvador Allende.
El Chile de hoy, por fortuna, es muy diferente al de los años de plomo de la dictadura militar, cuando se hacía desaparecer y se asesinaba impunemente a ciudadanos indefensos simplemente por sus ideas políticas. Hoy Pinochet y sus secuaces son ya un recuerdo en la memoria colectiva chilena y, me da la sensación, por las conversaciones tenidas durante estos días, que hay ganas de olvidar, de pasar página, de empezar una nueva vida en una democracia real y consolidada.
Por eso me pareció importante acabar este recorrido por Chile aquí, frente al palacio de la Moneda, el icono de una represión brutal y de la resistencia de un pueblo contra quienes aún creen que la fuerza es la solución a algo. Con la ilusión de algún día no muy lejano volver a pisar las calles de Santiago, como cantaba Pablo Milanés
"Yo pisaré las calles nuevamente
de lo que fue Santiago ensangrentada
y en una hermosa plaza liberada
me detendré a llorar por los ausentes":
(Si quieres oir completa "Yo pisaré las calles nuevamente", de Pablo Milanes pincha aquí)
Todo viaje a Chile termina igual que empieza: por Santiago. Vuelvo a la capital, pero antes de tomar el avión tengo tiempo de dar una vuelta por el Barrio Italia. Es un barrio tradicional del distrito de Providencia a la antigua usanza, muy lejos de ese Santiago hipermoderno de los primeros post. Aquí hay todavía sabor a pueblo, casitas bajas donde viven varias generaciones de la misma familia, anticuarios que trabajan sin internet ni facebook y que exponen sus mercacías en la acera, zapateros remendones y carteles surrealista que avisan de manillas asesinas.


Como el dice: "Hemos sido un país que ha vivido con vergüenza de sus orígenes, proque hemos sido un país de muchas colonizaciones". Pues nada, a volver a los orígenes. Y a popularizar las sopaipillas, que están buenísimas.
Los Andes han sido siempre una barrera formidable entre Argentina y Chile. Hasta que se construyeron las primeras carreteras la única manera de cruzar la cordillera era buscando pasos naturales. Uno de los más frecuentados históricamente fue la ruta que une
Lento, pero... ¿quién viene a estos paisajes con prisas? Aquí, como en el viaje a Ítaca, lo importante es el camino no el destino.
Pese a que Chile tiene una economía más boyante que la de otros países de América Latina, el problema de la vivienda y de la numerosa población que vive casi en la marginalidad sigue siendo elevado. Aravena y otros colegas arquitectos e ingenieros crearon
La foto de arriba ilustra uno de los proyectos que han terminado en Iquique. A la izquierda, lo que ELEMENTAL entrega. A la derecha, cómo está el barrio pasado un tiempo. Vale, no es Manhattan, pero la verdad que esa gente al final tiene una casa amplia y cerca de la ciudad. No se si es la solución definitiva, pero al menos me pareció alguién ponía imaginación y talento en mejorar una lacra mundial:la incapacidad de acceso a una vivienda digna para gran parte de la población.
Nunca me había sentido tan pollo escaldado como el otro día en unas termas naturales. Como era de esperar, en una región repleta de volcanes como ésta das una patada a una piedra y sale agua caliente. Hay muchas termas abiertas al público por toda la Región de los Lagos pero me llevaron a las más famosas: las Termas Geométricas, a unos 16 kilómetros de Coñaripe.
dra, totalmente integrados en el interior de una barranca verde y oscura. El dueño es arquitecto lo que se nota por lo pensado y bien resuelto de la instalación. Lo único que destaca es el rojo de las pasarelas y de los vestuarios. Cuando los vapores de aguas sulfurosas se mezclan con las enomes hojas y troncos que crecen al pairo de la elevada humedad se forma un ambiente sugerente y fantasmagórico.
Son un tanto caras para el país (14.000 pesos, unos 18 euros) pero hay otras muchas a mitad de precio en la comarca.
Como decía en el último post, en Pucón lo difícil es no encontrar quién te organice alguna actividad de aire libre. Hay de todo y para todos los gustos. Mucha gente viene hasta aquí para subir hasta la cima del volcán, que está a 2.847 metros de altitud. En total, unas cinco horas de caminata desde donde se deja el coche hasta la cumbre.
Y es que aquí, en la cordillera de los Andes, la tierra está aún en formación. Y la topografía no es fija, como estamos acostumbrados en Europa: puede cambiar de golpe con una erupción, como lo lleva haciendo durante los últimos millones de años.
Voy camino del sur de Chile. Y mi primera parada es
El pueblo tiene su punto. Las casas son casi todas de planta baja y están hechas obligatoriamente con madera y piedra, para guardar cierta unicidad. Hay un toque germánico en la estética, porque buena parte de los primeros colonos de esta IX Región de Araucanía, donde está Pucón, procedían de Alemania. 
Pero sobre todo tiene una terrible capacidad de absorver nuevas tendencias, tecnologías de vanguardia. No por casualidad es uno de los países con mayor porcentaje de móviles por habitante (17 millones de aparatos para 15 millones de habitante) y donde antes y más rápido se ha instalado el Iphone. Como viven en el en el culo del mundo (con perdón, por el mundo) son coscientes de que esas nuevas tecnologías y esos nuevos vehículos de intercambio de comunicación les pueden resituar más cerca del centro del planeta (aquí todo Dios está en Facebook, es alucinante).
Ayer estuve paseando por el
Tras ella llegaron docenas de nuevas galerias, entre otras la de
Todo esto se cuece ahora mismo en Santiago. Lo más "in" con lo más tradicional. Porque puedes darte un atracón de modernidad por la mañana pero irte por la noche a Bellavista, el barrio bohemio, el de Neruda, y encontrar el mismo ambiente latino y casi mediterráneo de siempre, de gente joven y no tan joven en la calle hasta las tantas bebiendo pisco sour (la bebida nacional, hecha con pisco, un aguardiente; anoche cayeron varios, confieso) o un "coctel para chicas", una modernidad del