Lo bueno de la mala suerte es que no dura siempre. Por fin se ha ido la tormenta que nos ha tenido 6 días empapados y adheridos de frío. Ha salido un sol radiante y el viento ha calmado. De repente todo se ve de un color más optimista. Bueno, se sigue viendo todo absolutamente blanco, pero de un blanco optimista.
La otra buena noticia es que casi hemos alcanzado el nunataq solitario, una montaña aislada que emerge de la llanura del hielo y que está en mitad de la ruta que seguimos hacia nuestro objetivo: otro nunataq que hasta ahora no ha escalado nadie y que está a 3 días de distancia de éste.
Este nunataq solitario es una montaña bellísima como podéis ver en la foto, parece el Cervino y ejerce una poderosa atracción por su situación mágica en mitad de la planicie. Lo llevamos viendo a lo lejos desde hace un par de días, pero parece que nunca lo alcanzamos. Aparte de su belleza, para nosotros también es una referencia, una meta, por fin un punto en el lejano horizonte hacia el que avanzar. Gracias a eso y a la mejoría del tiempo, hemos empezado a ir más rápido. Hacemos unos 18 kilómetros al día. Parece poco pero el que crea que puede hacer más le ofrezco generosamente mi pulka.
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Durante todo el fin de semana nos ha azotado una tormenta con fuertes vientos y agua nieve. Ha sido un suicidio para la profesión y nos ha frenado bastante.
Como ya estamos en pleno plateau del Inlandsis, la placa de hielo que cubre todo el interior de Groenlandia, todo lo que nos rodea es una gigantesca planicie helada. 360 grados de llanura blanca sin ningún punto de referencia. En medio de la tormenta había momentos en que no distinguíamos ni la línea del horizonte. Era como nadar en un gran vaso de leche.

La navegación con la brújula se hace casi imposible porque no hay donde tomar un punto de referencia en el horizonte. Pero con todo, lo peor ha sido la nieve. Ocho horas seguidas bajo el agua, no hay equipo técnico que lo soporte y por mucho Gore-tex que te pongas, llegábamos por la noche a montar el campamento con todo empapado.
Ayer domingo salió por la mañana, mínimamente, un rato el sol y todo cambio de repente. Por primera vez tuvimos conciencia de la enorme belleza de este desierto blanco que nos rodea. Nos hemos sentido privilegiados de poder estar aquí.
Pero hoy lunes ha vuelto a amanecer con tormenta, ahora mismo nos estamos vistiendo para meternos de nuevo en el vado de leche.
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El mayor peligro durante los primeros días de progresión por el Inlandsis, el casquete de hielo que cubre el interior de Groenlandia, son las grietas que fracturan todo el frente del glaciar. Pero según se mire estamos teniendo suerte. Ha sido un invierno muy crudo, también aquí en Groenlandia y ha nevado mucho. Esto ha provocado que a estas fechas de primavera todavía quede una espesa capa de nieve sobre el glaciar, que tapa casi todas las grietas.
De momento estamos avanzando sin dificultad y sin haber tenido que esquivar grandes grietas. Claro que según se mire, esto es bueno y malo, porque las grietas siguen estando ahí abajo, pero no las ves ni sabes si el puente de nieve fresca que las cubre va a aguantar tu peso o no. Pero de momento nos vamos escapando. Creo que ya hemos pasado lo peor.
Otro problema son los ríos d agua de deshielo que se forman durante estos primeros kilómetros, donde la lengua de hielo tiene un gran desnivel, que baja hasta el mar. Tampoco este año son demasiado caudalosos y los pocos que hemos encontrado los hemos vadeado sin dificultad.
Y no lo olvides, puedes seguir nuestros pasos pinchando aquí (la clave es: tierraspolares), aunque recuerda que si no nos movemos es que estamos descansando y si vamos rápido es que un oso polar nos persigue.
Ya estamos sobre el hielo de Groenlandia. Ayer cargamos una lancha zodiac con todo el equipo y salimos hacia el glacial de los fletanes. Fueron dos horas y media de navegación fantástica por fiordos llenos de icebergs.
Grandes plataformas flotantes que se han desprendido esta primavera del frente de los glaciares y que deambulan por los fiordos como almas en pena, aguardando el buen tiempo que inexorablemente los fundirá y los convertirá en agua de mar. Pero la verdadera sorpresa ha sido cuando hemos doblado un recodo del fiordo y de repente ha aparecido la lengua del glaciar. Un rio majestuoso de hielo, blanco y azul, fracturado en mil bloques.
Llegar hasta aquí no es circunstancial: no es fácil subir hasta lo alto de plateau, del interior de Groenlandia. Está todo rodeado de paredes de roca y lenguas de hielo inaccesibles. Y esta es una de las pocas zonas que permite acceder al interior de la isla y no sin dificultad.

Hemos tenido que hacer dos viajes por la morrena de la izquierda del glaciar para poder subir en las mochilas todo lo que llevamos, hasta unos 700 metros de altitud. Pero ya estamos casi arriba. Hemos pasado nuestra primera noche en soledad. Nos rodean 2 millones de kilómetros cuadrados de hielo.
Sigue nuestros pasos pinchando aquí (la clave es: tierraspolares), pero si ves que no se mueve es que estamos descansando. Si se mueve muy rápido es que nos persigue un oso polar.