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El blog de Paco Nadal

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paco-nadal - 16 Sep 2008 -

Cuba, epílogo con sabor agridulce

Este es el último post que escribo sobre el viaje a Cuba. La isla daría para estar hablando años, pero creo que ha llegado el momento de cambiar de aires. Este es un blog de viajes, pero siempre he creído que el verdadero viajero era aquel que se involucra con los lugares que visita. Viajar es algo más que coleccionar monumentos, restaurantes y sitios donde dormir. Viajar es aprender, es convertirte en una esponja y recibir y procesar todos los estímulos que te sean posibles. Y en Cuba, para bien y para mal, esos estímulos y sensaciones te golpean a cada segundo, te acogotan desde el momento en que pisas la isla. Llevo décadas viajando y ningún destino me había impactado tanto como este. Para bien y para mal, repito.


Por eso me entristece pensar que una inmensa mayoría de españoles viaja a Cuba para estar una semana en un hotel “todo incluído” en los Cayos o en Varadero. ¡Qué desperdicio! Acepto que cada uno viaja como quiere y como le da la gana, faltaba más. Pero sinceramente, no merece la pena cruzar un océano y aguantar diez horas de incomodidades en un avión chárter para quedarse en el escaparate más irreal de esta isla y dejar detrás todo lo que puede ofrecer. Es como ir al teatro con gafas de sol y orejeras. No te enteras de nada. Es patético comprobar como la vida tipo "show de Truman" de esos hoteles es tan aburridamente uniforme en cualquier lado del mundo, ya estés en Cuba, en Bali o en Cancún. Con el despropósito añadido de que detrás de ese megahotel de cuento en Cuba (a veces no tan de cuento, los Melia de cuatro estrellas de Cayo Santa María son de garrafón) se está viviendo uno de los experimentos sociales más intensos, crudos, dolorosos y anacrónicos de la historia reciente: la Revolución cubana.

Repito, esto es un blog de viajes. Pero un viajero no puede ser alguien estúpido que solo le preocupa fotografiarse delante de las catedrales y pasarlo bien. Es alguien también comprometido y crítico con lo que le rodea. Y solo puedo ser muy crítico con lo que he vivido en Cuba. Quienes me conocen saben que soy una persona de izquierdas, votante de partidos de izquierda. Por eso ver la palabra socialismo pintada por toda la isla me produce urticaria y desolación. Esto no es socialismo, señor Fidel. Esto es un anacronismo ortodoxo que tiene que acabar cuanto antes. Socialismo no es que los niños, los ancianos y las mujeres tengan que pasar horas bajo un sol de justicia haciendo autostop en las calzadas porque no hay transporte público. Socialismo no es que en pleno siglo XX el papel higiénico, la pasta de dientes o el pan sean un lujo. Socialismo no es que la gente viva con un sueldo de 9 € y una pastilla de jabón cueste 1 €. Socialismo no es que uno no pueda comprarse un coche o ampliar su casa porque le ha nacido un nuevo hijo. Socialismo no es que en las tiendas de pesos nacionales no haya de nada y enfrente, en la misma calle, exista una tienda de divisas en la que venden de todo, incluidos muchos productos “made in Cuba”, a precios europeos

Negar que la Revolución trajo cosas buenas serían también injusto. En ningún otro país del área (incluido EEUU) los ciudadanos disfrutan de un sistema de salud universal y gratuito como éste, en ningún otro el derecho a la educación gratuita está tan extendido y en ningún otro caminas tan seguro por cualquier calle a cualquier hora como en Cuba. Es verdad. Pero son magros resultados para 50 años de Revolución, ¿no?

Es cierto que el embargo económico de EEUU es una especie de genocidio lento y cruel igualmente condenable que está haciendo mucho daño a Cuba y a los cubanos (en este sentido hay un comentario muy bueno de Juan en el post de Cienfuegos que puedes ver pinchando aquí), pero el embargo americano no justifica el encarcelamiento de opositores, la inexistencia de prensa libre, la falta total de libertad individual, el no poder salir y entrar libremente de tu propio país, el no poder acceder a internet... etc., etc.,

Al final, cuando viajas por el interior de Cuba y te relacionas con los cubanos te das cuenta que este es un país que sobrevive robándose a sí mismo. El que trabaja en una fábrica de zapatos roba tres pares, uno se lo da al inspector que pone el Estado para que no robe y los otros dos los vende él en la bolsa negra (como llaman aquí al mercado negro) para terminar el mes. El taxista truca el taximetro para quedarse unos pesos. El inspector que controla el número de paseos que da cada calesa de La Habana Vieja con turistas se pone de acuerdo con el cochero y de cada 10 paseos ocultan dos y se los reparte. El que trabaja en un hotel todo incluido roba mantequilla, queso, mermelada.. y luego lo revende los dueños de los paladares. Y lo gordo es que el Estado lo sabe y no tiene más remedio que aceptarlo porque si tuvieran que vivir solo con el sueldo oficial y la cartilla de racionamiento sí que habría habido otra revolución. Como me decía un taxista nada sospechoso de “gusano” (como llamaba el Che a los disidentes): “Vivimos de delinquir, vivimos de robar al Estado”.

Es cierto que lo mejor de Cuba son los cubanos. Pero tampoco caigamos en clichés tópicos y estereotipados en esto. Se que a alguien le dolerá lo que voy a decir, pero una de las mayores decepciones que me he llevado en Cuba es comprobar cómo este régimen absurdo y trasnochado obliga a todo el mundo, desde profesionales a caraduras callejeros a sacar unos dólares extras como sea. ¿Y quien lleva esos dólares extras? El extranjero, el turista. Hay cierta sensación de acoso en las zonas turísticas, sobre todo La Habana y Trinidad, aunque mucho menos que en Marruecos, por ejemplo. Pero no es esto lo que más me apenó. Lo que me entristeció fue ver que al final nadie te hace un favor desinteresado, no puede haber una confianza total con los locales porque antes o después surge la cruda realidad de que esos tres dólares que llevas en el bolsillo y que para ti no son nada, para él o ella son medio sueldo. Y en esa brutal descompensación, en ese abismo de mundos y economías, es difícil entablar relaciones normales. Y los entiendo. A mi me pasaría lo mismo.

Dicho todo esto, NO DEJÉIS DE IR A CUBA. Os espera un país fascinante, paisajes soberbios y, si decidís mezclarlos con los cubanos en vez de perder el tiempo con la pulserita del todo incluido, viviréis una experiencia social única que os permitirá conocer a un pueblo maravilloso que ha sabido sobreponerse y sobrevivir a mil y una adversidades. Como decía el titular de arranque de la revista Altair dedicada a Cuba (nº26, noviembre-diciembre 2003), Cuba es “la visita inaplazable”.

PD: por cierto, la vuelta con Air Comet, en hora y sin problemas. Justo es decirlo también después del palo que les di con el viaje de ida.

paco-nadal - 15 Sep 2008 -

Malecón de La Habana

Es el escaparate nocturno de la ciudad. El mirador abierto a un océano de promesas lejanas e inaccesibles. El desahogo vespertino al bochorno pegajoso de esta ciudad tropical. El lugar al que ir a ver y a ser visto. Es el malecón de La Habana. El gran paseo urbano, la ventana por la que la ciudad masificada y sofocante mira a esa inmensidad azul que es el mar. El icono de una ciudad inclasificable. En cualquier otro lugar del mundo una sucesión de restaurantes y tiendas de marca habría colonizado su fachada. Pero esto no es cualquier lugar del mundo. Es La Habana. Y su malecón, un museo lineal de edificios en descomposición. La fachada del caos.

También es un hervidero humano cuando cae la noche. Un desfile de coches de época mil veces reparados que van de El Vedado a la Ciudad Vieja, de la Ciudad Vieja al Vedado, como si con el ellos el tiempo no fuera. Y cuando el mar se agita, el azul del decorado salta la balaustrada y decide pasearse también él por el malecón. Los habaneros más atrevidos corren al festín de la ducha refrescante, a la orgía de las olas gigantes que rompen contra el espigón, se elevan una decena de metros por encima del muro e inunda el malecón de La Habana como si fuera el fondo de un océano de cemento. La gran pasarela de una ciudad viva. Es.. el malecón de La Habana.

paco-nadal - 03 Sep 2008 -

Peso cubano / Peso convertible

De todas las contradicciones de Cuba la que peor llevo es la de la doble moneda. l gobierno cubano paga los salarios en pesos cubanos o moneda nacional a razón de unos 250 pesos mensuales (no llega a 9 euros) pero las unicas tiendas abastecidas de la isla cobran en pesos convertibles, moneda inventada por Fidel tras un cabreo con los EEUU para no tener que utilizar el dólar y que tiene paridad con esa moneda americana. Es ademas la 'unica que pueden usar los extranjeros.

Ell resultado. Dos castas sociales. Los que viven, trabajan y cobran en pesos cubanos (el pueblo llano y sufriente) y los que tiene acceso a los turistas y extranjeros y pueden ingresar (vía propinas o sablazos o vaya usted a sabr c'omo) pesos convertibles. A los cubanos no se les niega la tenecia de estos pesos convertibles, pero el cambio oficial y único (un convertible igual a 24 pesos cubanos) lo hace inaccesible para la mayoría.

Lo más sangrante es que en la misma calle te encuentras tiendas que cobran en una y otra moneda. Son fácil de distinguir. Las que cobran en moneda nacional parece sacadas de los tiempos oscuros de la Unión Soviética: tristes, oscuras, desbastecidas y con productos de ínfima calidad. Y siempre con colas en la puerta, ya vendan pan o zapatos.

Las que cobran es pesos convertibles parecen sacadas de un mall de EEUU o de un centro comercial europeo. Bien iluminadas y llenas de todo tipo de productos de importación y lo que es m'as sangrante, tambi'en productos hechos en Cuba pero que se vende a precios europeos.

Haga usted una revolución para esto.

paco-nadal - 30 Ago 2008 -

El paladar de Fresa y Chocolate

No descubro nada nuevo porque lleva abierto doce años, pero si venís a La Habana no dejéis de ir a comer al paladar La Guarida, en la calle Concordia, en el distrito de Centro Habana. Está en el último piso de un antiguo palacete de 1913 mandado construir por un acaudalado médico cubano. Cuando llegó la Revolución la casa fue confiscada y repartida entre 40 familias, que siguen viviendo allí, entre mármoles de Carrara, estatuas neoclásicas y un fabuloso salón neorrenacentista con columnas de mármol y grandes ventanales que ahora sirve de tendedero a la comunidad. Por dentro os sonara. Era la casa de Jorge Perrugorría en la peli “Fresa y Chocolate”. Se come bien, por encima de la media nacional, los precios son los mismos que en un restaurante estatal para turistas, hay aire acondicionado y además de la cuestión gastronómica permite conocer desde dentro la realidad de una casa de vecinos cubana.

Está a unas siete cuadras del Parque Central y merece la pena ir andando (si es de día) para conocer la realidad de esas otras calles no turísticas de La Habana real que los viajeros poco curiosos no llegan ni a conocer.

paco-nadal - 29 Ago 2008 -

La trivialización de los iconos

Soy el primero en reconocer que el turismo es como Atila: arrasa (o trivializa) todo lo que toca. Voy a la Bodeguita de Enmedio a tomar un mojito y solo estamos turistas (no me extraña; a 4 pesos convertibles la copa, unos tres euros, no hay cubano que lo aguante). Me acerco luego al Floridita y el ambiente es más desolador aún: autobuses enteros de turistas en bermudas en excursión de día desde Varadero con un daiquiri en una mano (¡seis pesos, un robo!) y la cámara de vídeo en la otra grabando no se qué, porque la iluminación del local es más mortecina que la de velatorio.

En una esquina, la estatua en bronce de Ernest Hemingway nos mira con sonrisa burlesca. Como si pensara para sus adentros: ¡qué gilipllas! Me pregunto: ¿le pagaran comisión los dueños de la Bodeguita y del Floridita a sus herederos por la inconmensurable publicidad que hizo de sus locales a base de destrozarse el hígado en ellos?

paco-nadal - 27 Ago 2008 -

La Habana Vieja

Siempre es un placer volver a La Habana Vieja, una de las mejores ciudades coloniales de América. La vieja Habana es una locura de palacios, casonas e iglesias en torno a cuatro plazas: la de la Catedral, la de Armas, la Vieja y la de San Francisco. Acostumbrado a las imágenes de esa otra Habana balcanizada de casas centenarias a las que no les han dado una mano de pintura desde que triunfó la Revolución, esta Habana señorial, rica y colonial parece sacada de otro mundo.

Mi plaza favorita es la de la catedral; es pequeña, irregular pero armónica, de pura piedra, sin nada que distorsione la sensación de túnel del tiempo. Por la noche, cuando solo se oye el relincho de los caballos que tiran de las tartanas o las voces de algún turista subido de mojitos que sale de la Bodeguita de Enmedio, es fácil imaginar que estás en el siglo XVIII. Aquí está el restaurante con mejores vistas de La Habana: El Patio. La comida es vulgar y ramplona (como en casi toda Cuba, para que engañarnos) pero el decorado que te envuelve si consigues una mesa en el balcón del primer piso es insuperables. La plaza Vieja en cambio es para ir al atardecer, cuando cae la noche y el aire refresca. Está también perfectamente restaurada y parece un pastel de fachadas con tonos cremas y rosas. Pero es demasiado grande, sin sombras y a mediodía, el sol del trópico se atraganta. En una esquina queda otro de mis restaurantes favoritos de La Habana Vieja: el Café Taberna; aunque es propiedad estatal, sirven con corrección y los pescados a la plancha son más que aceptables. Y me recuerda a los casinos de pueblo de la España de mi infancia.

De todas formas no nos engañemos. Esta Habana Colonial restaurada con fondos con aportaciones de numerosos países y organismos internacionales no deja de ser un decorado, una fachada monumental pero idealizada de la Cuba de verdad. Esa, la Cuba de los cubanos, empieza detrás de esos pórticos neoclásicos, en Centro Habana, sin ir más lejos, y es mucho más dramática.

Pienso en la de miles de turistas españoles que vienen una semana con todo incluido para ver solo Varadero y La Habana Vieja. ¿Qué idea se llevaran de Cuba? Para eso no merece la pena cruzar un océano entero.

paco-nadal - 23 Ago 2008 -

Los planos de La Habana

Acabo de llegar a Cuba después de un vuelo desastroso (que ya relataré más tarde y que entre otras lindezas incluyó un aterrizaje de emergencia en las islas Azores).

Cuba es isla grande, y no sólo por tamaño. La isla de los sueños en el imaginario del viajero. La visita inaplazable. Una realidad compleja con muchos planos superpuestos.

Plano general. El avión lleva horas y horas sobrevolando la inmensidad del océano. De repente la lengua de arena fina y alargada de las Bahamas anuncia que por fin estamos llegando al nuevo continente. Y tras las Bahamas, aparece allá abajo, envuelta en aguas verdes cristalinas y en bajos arenosos, la isla grande. Cuba . En este plano general se ve todo verde, perfecto, alineado. Un mundo feliz y maravilloso de cocoteros, bajíos de arena blanca y arrecifes de coral. Las ciudades son cuadrículas pulcras en las que todo parece bien planificado.

Plano medio. El avión se aproxima a tierra; está a punto de aterrizar. Desde esta altura se ven ya los baches de las carreteras, los desconchados de las fachadas. Las ciudades, que mil metros de altitud antes parecía planimetrías perfectas, son ahora barriadas mucho m'as desordenadas, con techos de chapa y de tejas arruinadas. La isla ya no se ve tan verde.

Plano corto. En el taxi que me lleva a La Habana Vieja. Calles llenas de cascotes y coches desvencijados. Edificios que no han recibido una mano de pintura en los últimos 50 años. Vanos y puertas que dan paso a humedades oscuras y colectivas donde se hacina familias enteras. Niños jugando entre adoquines. Calor. Humedad. Torsos desnudos. Sensualidad. Alegría pese a las carencias. Vida en la calle. Vida en estado puro.

No hay duda, he llegado a Cuba.

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Sobre este blog

El blog de Paco Nadal

Paco Nadal es licenciado en Ciencias Químicas y Master en Periodismo por la Fundación El País/Universidad Autónoma de Madrid. Escritor, periodista, fotógrafo, director y guionista de documentales y sobre todo, culo de mal asiento desde que tiene uso de razón. Su estado natural es el perpetuo movimiento y cuando no está de viaje, suele enfermar. Colaborador habitual del suplemento El Viajero, de El País, y del programa Hoy por Hoy, de la Cadena Ser, escribe también con asiduidad en las principales revistas de viaje (Lonely Planet. National Geographic, Altair...).

paconadalsl@gmail.com

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