El mayor peligro durante los primeros días de progresión por el Inlandsis, el casquete de hielo que cubre el interior de Groenlandia, son las grietas que fracturan todo el frente del glaciar. Pero según se mire estamos teniendo suerte. Ha sido un invierno muy crudo, también aquí en Groenlandia y ha nevado mucho. Esto ha provocado que a estas fechas de primavera todavía quede una espesa capa de nieve sobre el glaciar, que tapa casi todas las grietas.
De momento estamos avanzando sin dificultad y sin haber tenido que esquivar grandes grietas. Claro que según se mire, esto es bueno y malo, porque las grietas siguen estando ahí abajo, pero no las ves ni sabes si el puente de nieve fresca que las cubre va a aguantar tu peso o no. Pero de momento nos vamos escapando. Creo que ya hemos pasado lo peor.
Otro problema son los ríos d agua de deshielo que se forman durante estos primeros kilómetros, donde la lengua de hielo tiene un gran desnivel, que baja hasta el mar. Tampoco este año son demasiado caudalosos y los pocos que hemos encontrado los hemos vadeado sin dificultad.
Y no lo olvides, puedes seguir nuestros pasos pinchando aquí (la clave es: tierraspolares), aunque recuerda que si no nos movemos es que estamos descansando y si vamos rápido es que un oso polar nos persigue.
Ya estamos sobre el hielo de Groenlandia. Ayer cargamos una lancha zodiac con todo el equipo y salimos hacia el glacial de los fletanes. Fueron dos horas y media de navegación fantástica por fiordos llenos de icebergs.
Grandes plataformas flotantes que se han desprendido esta primavera del frente de los glaciares y que deambulan por los fiordos como almas en pena, aguardando el buen tiempo que inexorablemente los fundirá y los convertirá en agua de mar. Pero la verdadera sorpresa ha sido cuando hemos doblado un recodo del fiordo y de repente ha aparecido la lengua del glaciar. Un rio majestuoso de hielo, blanco y azul, fracturado en mil bloques.
Llegar hasta aquí no es circunstancial: no es fácil subir hasta lo alto de plateau, del interior de Groenlandia. Está todo rodeado de paredes de roca y lenguas de hielo inaccesibles. Y esta es una de las pocas zonas que permite acceder al interior de la isla y no sin dificultad.

Hemos tenido que hacer dos viajes por la morrena de la izquierda del glaciar para poder subir en las mochilas todo lo que llevamos, hasta unos 700 metros de altitud. Pero ya estamos casi arriba. Hemos pasado nuestra primera noche en soledad. Nos rodean 2 millones de kilómetros cuadrados de hielo.
Sigue nuestros pasos pinchando aquí (la clave es: tierraspolares), pero si ves que no se mueve es que estamos descansando. Si se mueve muy rápido es que nos persigue un oso polar.
Ya estamos en Groenlandia. Por lo pelos, es verdad. Pero estamos. Esta mañana hemos cometido un error de novatos y nos hemos equivocado de aeropuerto (hay dos en Reijkavik). Hemos cogido el vuelo a Narsarsuaq, el aeropuerto del sur de Groenlandia, de milagro. Y no se qué me dolía más, si perder toda la expedición (solo hay un vuelo a la semana) o el manchón en mi currículo de supuesto avezado viajero reconociendo la metedura de pata de primerizo. Quizá por eso el impresionante paisaje que se divisaba desde la ventanilla de la aeronave nos ha parecido todavía más maravilloso. Solo por ver este continente helado desde aquí arriba merecía la pena el esfuerzo.
Esta noche nos quedamos en un albergue en Qassiarsuq, un asentamiento inuit (mal llamados esquimales) en el sur de la isla. Como todos estos poblados groenlandeses, se trata de un puñado de casas distribuidas de forma anárquica al pie de una bahía con apenas un centenar de habitantes dedicados a la pesca. Los inuit pintan sus casas de colores vivos, para conjurar el blanco de la nieve y el negro de la noche polar que cubre estos territorios durante el largo invierno. No deja de sorprenderme la vida en estos lugares extremos. Para los recien llegados es como sobrevivir en el infierno, aunque sea un infierno tan bello como éste. Sin embargo los inuit, que llevan 6.000 años habitando el Ártico, saben cómo sacarle provecho a un clima y una latitud tan dura como ésta.
Lo de la sonrisa es solo para la foto. En el fondo estamos acongojados por el peso con el que hay que cargar para pasar 15 días en el hielo. Llevamos toda la tarde estudiando cómo reducir peso y aunque solo llevemos una camiseta y una muda interior (una semana por un lado y otra, dándole la vuelta, por el otro, obviamente), los 50 kilos por cabeza no nos lo quita nadie. Y hay que subirlo mil metros de desnivel, que es a la altura dónde empieza el glaciar Inlandis, al que vamos.
PD. Las ciencias avanzan que es una barbaridad. Puedes seguir nuestra posición en tiempo real por el sur de Groenlandia pinchando aquí (pide una clave: tierraspolares). Si ves que no nos movemos mucho, es que estamos descansando. O echando un pitillito. Estará operativo a partir de mañana.