Teruel ¿existe?
Ya lo creo que existe. La semana pasada, al menos, estaba ahí. Me hubiera emocionado entrar en Teruel en bicicleta, pero tengo que reconocer que el último día de la excursión por la vía verde cayo tal manta de agua que hasta las ranas iban con paraguas.
Pero da igual. Teruel es interesante llegues como llegues. Pocas campañas populares han tenido tanto éxito mediático como la de “Teruel existe”. No se si habrá merecido la pena en réditos políticos y económicos para la ciudad (ahora por lo menos hay una autopista que la comunica con Valencia y Zaragoza), pero como reclamo turístico fue todo un hallazgo.
Si vais a Teruel en un día de fiesta siempre encontrareis un montón de turistas. Y seguro que muchos llegan para comprobar el famoso, ¿existe? Pues sí, hombre, claro que existe. Lleva siglos ahí, en un altozano sobre el río Turia. Y es una ciudad deliciosa donde todas las topografías urbanas confluyen antes o después en la plaza del Torico, el escenario del teatrillo social turolense.
Los principales comercios, las tertulias, los paseos matinales, la pastelería Muñoz, los buenos bares de tapas tienen siempre como compañía a este diminuto toro, que recuerda la leyenda de fundación de la ciudad, cuando un astado con fuego en los cuernos señaló a las tropas cristianas el cerro sobre el que debían edificarla.
Y luego están las torres mudéjares, los rascacielos del medioevo. Decía Menéndez Pidal que el mudéjar es el único arte enteramente español (y es verdad, el resto, desde el románico al barroco, son importaciones de allende los Pirineos).
Pues ya sabe. Acérquese a Teruel, que existe, y además tiene las cuatro torres mudéjares más bonitas del reino.
Esto parece que contradice lo que he escrito en un montón de reportajes, que lo bueno de las vías verdes es que no tienen cuestas. Y es cierto. No las tienen... muy pronunciandas. Porque aquellas viejas locomotoras no podían salvar desniveles de más del 4%. Pero creedme, 25 kilómetros de tirón, sin descanso, al 4% de desnivel terminan por atragantársele a cualquiera. A veces miraba hacia atrás porque parecía que alguién me estaba sujetando la rueda, y que por eso me clavaba.
La plataforma pertenece a un viejo tren minero que empezó a funcionar en 1907 para llevar el hierro de las minas de Ojos Negros, en la comarca minera de Teruel, hasta el puerto de Sagunto. Existía ya un trazado ferroviario en esta zona, el que aún hoy utilizan los trenes de Renfe, que en muchos tramos circula en paralelo y a escasos metros de la vía verde, pero como la Compañía del Ferrocarril Central de Aragón, que era la que lo explotaba, le cobrara mucho por llevar el mineral la empresa minera decidió construirse su propia vía. Estuvo en funcionamiento hasta 1972.
Imaginación para los topónimos no falta
Acabo de estar en la vía verde de Ojos Negros, un antiguo ferrocarril minero entre los monte de Teruel y el puerto de Sagunto reconvertido en carril exclusivo para senderistas y ciclistas. Para quienes no sepáis de qué va esto de las
Las traviesas de madera de las vías se han reutilizado en algunos tramos para vallar los laterales de los senderos o como postes para indicar los hitos kilométricos.