¡Cumbre!
Hay momentos en la vida en que a una persona le está permitido que se le desboquen los sentimientos, se le suelte alguna lágrima y chille como un poseso para dar rienda suelta a sus emociones.
Un momento así me ocurrió a mí ayer cuando alcanzamos la cima del nunataq al que hemos bautizado como el Gusano Grande (del grupo de los nunataq Paparajotes, por supuesto). Yo nunca había hecho antes una travesía polar de estas características, nunca había hecho una escalada larga y menos en hielo y roca. Y nunca antes, había visto una panorámica de 360 grados tan perfecta, tan armónica y tan mágica como la que se veía desde esa cima. Por eso la emoción. Por eso las lágrimas. Por eso los gritos.
Pero quienes de verdad fueron mágicos, fueron mis tres compañeros: Huberto, Jose Luis y Caracoles, que me llevaron de paquete en mitad de la corrala como buenos colegas. Nunca les podré recompensar por lo que hicieron. Aunque ellos dicen que lo podría hacer con buen vino a la vuelta.
Al final atacamos la montaña por la arista este que parecía bastante asequible.
Tiene un corredor de acceso en hielo y nieve bastante inclinado aunque corto y luego progresa por una pendiente moderada y no muy difícil, aunque con la roca muy fracturada y caídas verticales por los dos lados. Tardamos unas cuatro horas en llegar a la cima. Aunque yo fui el que más chilló de emoción, creo que los otros tres, aunque van de rudos montañeros, también chillaban por dentro por la conquista de este sueño.
Mola ser los primeros en escalar una montaña. Mola lo de ser los primeros seres humanos en pisar un trocito de este planeta Tierra tan superpoblado. Y mola no por la hazaña, que no es ninguna: este es un pico menor de apenas 2200 metros, en medio de una isla continente llena de montañas más grandes y más bellas que esta sin escalar. No creo que pasemos a los anales de la historia del alpinismo. Ni lo pretendemos porque no hemos venido aquí por esto.
Lo que mola, lo que nos enorgullece, lo que creo que merece la pena de una aventura como esta, es confirmar que si quieres, puedes. Que no hay más freno entre nosotros y nuestros sueños que nosotros mismos. Y que no merece la pena vivir con el freno de mano echado. Aunque seamos una panda de cincuentones.
Sigue nuestros pasos (la clave es:tierraspolares), aunque ahora estamos parados esperando al helicóptero.
Uno de esos grupos era el que habíamos elegido como destino. Fue la primera vez que los veíamos, ya que nadie antes había ido hasta allí. Fue una visión increíble y nos dio alas para progresar. Salvamos los 3 días de marcha, que calculábamos que nos quedaban, en solo dos a pesar de que tuvimos que cruzar dos glaciares llenos de grietas muy peligrosas.
Me he traído un pequeño libro sobre Groenlandia y algunas noches si me quedan fuerzas leo un poco sobre este territorio y sobre los inuit, sus pobladores originarios.
Los trineos de perros siguen siendo el medio de transporte fundamental de la isla y tienen siempre preferencia frente a los coches.
Los días se suceden con una repetición pasmosa. Un bucle sin principio ni fin. Nos solemos levantar a las 6 o 7 de la mañana y si el día está bueno, en un par de horas preparamos el desayuno, desmontamos el campamento y nos ponemos en marcha.
La otra buena noticia es que casi hemos alcanzado el nunataq solitario, una montaña aislada que emerge de la llanura del hielo y que está en mitad de la ruta que seguimos hacia nuestro objetivo: otro nunataq que hasta ahora no ha escalado nadie y que está a 3 días de distancia de éste.
Seguimos teniendo muy mal tiempo. No hemos visto el sol en una semana y mucho menos las estrellas. Progresamos muy lentos porque hay días que tenemos que estar 6 o 7 horas dentro de la tienda esperando a que pase la tormenta.