¡Hemos llegado!
¡Hemos llegado a nuestro destino! Tras 10 días caminando con esquís y arrastrando una pulka por la banquisa de Groenlandia, tras recorrer 150 kilómetros y salvar 2000 metros de desnivel ya estamos por fin al pie de los nunataqs desconocidos a los que queríamos llegar.
Hubo un momento mágico en la travesía: Cuando subimos a un collado al pie del primer nunataq, el Solitario, y vimos de repente el paisaje más fascinante que ninguno de los cuatro había visto jamás. Desde aquella altura el horizonte era infinito, una bastedad de espacios abiertos y diáfanos difíciles de ver en otro lugar del mundo. Cientos de kilómetros cuadrados de llanura helada sin ninguna huella ni rastro humano. Pura naturaleza intacta. Y, sobresaliendo de ese manto blanco, varios glaciares aislados de montañas puntiagudas, los nunataq, como gnomos de roca en un escenario de novela de Tolkien.
Uno de esos grupos era el que habíamos elegido como destino. Fue la primera vez que los veíamos, ya que nadie antes había ido hasta allí. Fue una visión increíble y nos dio alas para progresar. Salvamos los 3 días de marcha, que calculábamos que nos quedaban, en solo dos a pesar de que tuvimos que cruzar dos glaciares llenos de grietas muy peligrosas.
Nuestros nunataq: Estamos acampados en su base. Se trata de cuatro montañas de roca negra muy fracturada y alineadas a lo largo de un frente glaciar muy quebrado y peligroso. Las dos montañas de los extremos son pequeñas y romas. Pero las dos del centro son dos pináculos fieros de paredes verticales y aristas afiladas que impresiona solo verlos.
Nos lo tenga en cuenta o no la National Geographic, los hemos bautizado porque hemos sido los primeros en llegar aquí y porque nos da la gana. Le hemos puesto el grupo Paparajotes (nombre murciano donde los haya que hace mención a un postre que se prepara con hoja de limonero: Haciendo patria).
A uno de los grandes le hemos llamado la Pirámide porque tiene 3 caras verticales y 3 aristas afiladas como navajas. Al otro, que tendrá 50 metros menos de altura, le llamamos el Gusano porque parece un gusano de seda tratando de subir la cuesta del glaciar. Estamos viendo las vías posibles para escalarlo si el tiempo lo permite hoy o mañana intentaremos hacer cumbre.
Sigue nuestros pasos (la clave es:tierraspolares).
Me he traído un pequeño libro sobre Groenlandia y algunas noches si me quedan fuerzas leo un poco sobre este territorio y sobre los inuit, sus pobladores originarios.
Los trineos de perros siguen siendo el medio de transporte fundamental de la isla y tienen siempre preferencia frente a los coches.
Si algo me ha gustado siempre de los noruegos es su estilo de vida, apegado a la naturaleza. Aunque en esa naturaleza haya 2 metros de nieve y 20 bajo cero. Las ciudades noruegas son una prolongación de los bosques y lagos que las rodean. Aquí en Tromso eso parece fácil, porque está ubicada en la extrema y salvaje Laponia, pero es que incluso Oslo, con sus 500.000 habitantes, transmite esa misma sensación: vas dando un paseo a pie por el centro y si te descuidas, te sales del asfalto y apareces de repente en medio de un bosque de abedules al pie de un lago cristalino.
PD: he tenido problemas con la conxión a internet. Parece ser que aquí, en el techo del globo terráqueo, la señal de los satélites llegan torcida (eso al menos me han exlicado) y con frecuencia se pierde la conexión. Por eso he estado desaparecido un par de días. Odin, dios de los vikingos, y los satélites quieran que pueda seguir conectandome durante los próximos.